La Rioja
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Autor: Burudixe
Irresponsabilidades
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Fernando Sáez Aldana | 11-01-2018 | 7:17| 0

De acuerdo en que es mejor prevenir que curar, pero cuando se declara un mal la prioridad será socorrerlo donde esté y no quedarse en el sitio de retén por si sucede algo improbable, ¿no? Pues aquí se ha denunciado que bomberos desplegados ante la llegada del neciamente criticado helicóptero real a Las Gaunas tuvieran que abandonar el estadio para sofocar un incendio. No me extraña que estén hasta donde dicen, a quién se le ocurre mandarlos a apagar un fuego mientras aterrizan los Reyes Magos. Ítem más, un sindicato de funcionarios ha denunciado que ante el «caótico colapso» de Urgencias por la epidemia de gripe tenga que reforzarse esta área asistencial con personal de otras menos presionadas.

Una gestión correcta de los recursos incluye que no se deban dimensionar permanentemente paran afrontar infrecuentes picos máximos de demanda. Ningún hospital puede dotar Urgencias como si todos los días hubiese pandemia de gripe, ningún cuerpo de policía o de Protección Civil puede disponer todo el año de efectivos capaces de acudir —muchas veces con exageración de medios— a varias situaciones extraordinarias simultáneas y ninguna autovía puede disponer siempre de los quitanieves necesarios para resolver la gran nevada que cae cada cinco años, máxime si coches cruzados por no llevar cadenas o colapsando todos los carriles les cortan el paso.

El caso es que hemos creado una sociedad de trémulos solidarios con causas remotas pero incapaces de echarle una mano al compañero y de quejicas blanditos que culpamos a quien sea de nuestros infortunios sin asomo de autocrítica ni asunción de nuestra parte de responsabilidad. A una mamá atrapada en la ratonera de la AP-6 le indignaba que «allí» (dónde, ¿en el arcén?) no hubiese «ni mantas, ni agua, ni calefacción, ni biberones, ni pañales, ni nada». Y en muchos casos, señora, ni gasolina en el depósito, ni cadenas en el maletero, ni una pizca de sensatez en la mollera ante la recomendación de no coger el coche salvo extrema necesidad. Un buen temporal de nieve es un bofetón de la madre Naturaleza a esta sociedad infantilizada que ha perdido el respeto al invierno y cree que sus flamantes todoterrenos poseen superpoderes que los hacen imparables… hasta que se varan en la nieve y se los tienen que sacar a mano cientos de esos militares tan neciamente denostados por algunos que en plenos Reyes seguramente preferirían estar en casita con su familia.

Que tantos exigentes de responsabilidades a las autoridades por considerarlas culpables de los efectos de una nevada se expongan voluntariamente una y otra vez a las consecuencias de su, según ellos, manifiesta incompetencia para atajarlos, ¿no es una irresponsabilidad más evidente por su parte?

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Alta política
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Fernando Sáez Aldana | 04-01-2018 | 8:25| 0

(Diálogo apócrifo entre el Presidente de la Comunidad Gastrónoma de Tondonia-Verduria y el Ministro de Fomentos y Paños Calientes del Gobierno de la Plurinación)

– (piribipipí-piribipipí…)

– Presidente: ¿Sí?…

– Ministro: Presidente…

– P: ¡Ministro! Menos mal, ya pensaba que no querías ponerte, ni que fuera de Potemos.

– M: Disculpa, menuda semanita llevo, entre el cristo del soterramiento de Pimentonia, la huelga de maleteros de Borrajas y los malditos estibadores no doy abasto. Tú dirás…

– P: Pues perdona que sea tan canso, como decimos aquí, pero el tema del TREP[1] necesita una solución ya, te recuerdo que solo faltan quince meses para las elecciones.

– M: ¡¿Quince meses?! ¡No jodas!

– P: A ver, Ministro, para las nuestras, las autonómicas, no…

– M: ¡Uff!, qué alivio, chico, es que ya pierdo la cuenta…

– P: Para las vuestras faltan dos años largos, si aguantáis.

– M: Mmm, no sé, el Jefe parece de amianto pero cuando estás en minoría ya sabes…

– P: Razón de más, Ministro, urge aprobar el TREP, y no me refiero a un titular sino a una decisión del Consejo de Ministros.

– M (resopla): Pero ¿otra vez con esa matraca?, ¿no habíamos quedado en que tendréis alta velocidad en 2026? Para el Ministerio eso está cerrado.

– P: Ya, pero solo un ramal entre Berteta de Bayas y Laurelio, pero entre aquí y Baturria nada, así que del corredor El Botxo – Tabarnia nada…

– M: ¡Coño, pues ese es tu trabajo!, convencerlos de que acceder a la red TREP es suficiente para tu región, que sois cuatro gatos… Además vamos a mejorar la línea entre Laurelio y Cazurria, perdón, Baturria, ¿qué más queréis?

– P: Pues mira Ministro, lo que más queremos, y te incluyo, es volver a ganar en 2019, y para eso hay que contentar a la gente, darles lo que pidan aunque sea un disparate, supongo que el Jefe no querrá perder Tondonia-Verduria aunque sea pequeña.

– M (nervioso): A ver, solo el ramal a Berteta costará mil millones, que al final serán dos mil, y ¿sabes cuántos pasajeros diarios prevemos? (silencio) ¡Cincuenta! de media, Presidente. Mandarlos en limusina sale más barato. Y ¿qué es eso del impacto sobre los viñedos? – P: ¡Buff! No me hables de eso, si la organizan por unos cables de alta tensión no te digo nada con esto…

– M: Pero qué quieren, ¿una línea subterránea para no afearles las fotos? ¡pero qué bien estaría yo jugando al golf!..

– P: A ver Ministro, si te parece tú anuncias que habrá TREP entre Laurelio y Baturria, pero en 2034 lo menos, que para entonces dónde estaremos tú y yo. La gente se calma, volvemos a ganar y el partido y sobre todo el Jefe tan contentos. ¿Qué dices?

– M (alterado): Perdona, tengo una urgencia, los taxistas están tirando coches de Uber al Manzanares, ¡Dios, qué mal día he escogido para dejar de tuitear! Mira, de momento conformaos con el titular, lo del Consejo ya veremos, adiós Presidente, un abrazo fuerte… (cuelga).

[1] TREP: Tren Rápido En Principio

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Último tajo
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Fernando Sáez Aldana | 28-12-2017 | 6:05| 0

Hace trece años, por estas fechas, la dirección de DIARIO LA RIOJA me invitó a participar en su proyecto de potenciar la sección de opinión del periódico incorporando columnistas locales. Acepté sin pensarlo y nunca estaré suficientemente agradecido a esta casa porque durante 674 jueves consecutivos me haya concedido el privilegio impagable (y de hecho impagado) de expresar mi visión de la vida y el mundo en el medio de comunicación más leído de mi terruño. Para un escritor, además, la columna semanal es un ejercicio de gimnasia intelectual y literaria que proporciona una forma patente en la mejora del estilo y el dominio del idioma.

Quizá parezca que teclear treinta líneas por semana es una tarea fácil y poco exigente para quien está acostumbrado a escribir textos más complejos. Sin embargo, en mi experiencia, una columna de opinión puede resultar un trabajo agotador. Primero hay que concebir una idea generadora del texto. Fruto unas veces de observar el mundo exterior, otras de un ejercicio de introspección, la elección del tema sobre el que vas a escribir se parece a la del cazador o el pescador que aguardan durante horas que salte o pique la pieza. La siguiente fase consiste en sentarse al teclado tratando de expresar la idea seleccionando las palabras exactas, madrugando más que los gallos y robándoles el tiempo a otras cosas. La interminable labor de corrección y pulido sólo cesa cuando el plazo de envío del texto se agota. Así que puede decirse que escribir una columna te ocupa la semana entera. Y así una tras otra desde hace trece años, hasta que llega un momento en el que crees haberlo dicho todo y repetirte como el pepino. De modo que ha llegado el momento de poner el punto y final a mi colaboración con este periódico donde solo tengo buenos amigos. Este es el último tajo de mi bisturí literario.

Sé que algunos celebrarán librarse de esta molesta mosca cojonera y espero que otros lamenten dejar de compartir cada jueves una opinión políticamente incorrecta. A estos quiero agradecerles el honor que me han dispensado leyéndome. En cuanto a aquellos, les deseo que ocupe mi puesto quien me haga bueno. Celebro que algunas columnas les hayan resultado interesantes o divertidas —sin duda a los lectores más inteligentes— y pido excusas a los picajosos que hayan podido sentirse ofendidos por alguna de mis opiniones, nunca vertidas con el ánimo de disgustar —ni de agradar— a nadie. Y a todos quienes hayan leído El bisturí alguna vez, gracias por haber recompensado de ese modo el ímprobo esfuerzo de escribirlo. Hasta siempre amigos, y feliz Día de los Inocentes.

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El Gordo y la Parca
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Fernando Sáez Aldana | 21-12-2017 | 6:27| 0

«La felicidad solo es la ausencia de dolor» (Arthur Schopenhauer)

En 2002 el británico de 19 años Michael Carrol ganó en la lotería 15 millones de euros que pulió en ocho años, mayormente en fulanas, discotecas y droga. Acabó malvendiendo la mansión y la flota de coches lujosos y volviendo a su trabajo de basurero. En 2003 José Manuel Calvo Vaz, un empleado municipal gallego, ganó 9,5 millones en la Primitiva. Además de gastarlos en lo de siempre (malas inversiones, cochazos, casoplón y tías) donó y prestó sin conocimiento. En 2008 se metió un tiro en la cabeza.

Estudios sobre ganadores de grandes premios de azar concluyen que la euforia de los elegidos por la suerte es pasajera; que solo quienes no tenían sus necesidades básicas cubiertas mejoran su bienestar; que los premios perjudican la salud (más cuanto más joven sea el ganador); que a los tres meses, los nuevos ricos son tan felices o infelices como antes, y que a los cinco años el 70% habrán arruinado su economía y hasta su vida. Porque lo único que puede proporcionar cierta felicidad, «un presente soportable e indoloro», no se puede comprar. Para minimizar esos riesgos, el manual del ganador de pastón en sorteo subraya (tomen nota por si acaso) los siguientes consejos:

. No propague a los cuatro vientos que le ha tocado, y menos en esas redes en las que cae tanto besugo.

. No se le ocurra cobrarlo en el banco de su pueblo o barrio.

. Mantenga la rutina y acuda al trabajo al día siguiente a pesar de la resaca y de las ganas de mandarlo a la mierda.

. No empiece a derrocharlo comprando coches, mansiones, joyas, etc., ni prodigue generosas donaciones y menos a la familia: a Adrian y Gillian Badford, ganadores de 187 millones en el Euromillón, los suyos dejaron de hablarles después de haberles regalado millones: querían más. A los quince meses se divorciaron.

. E invierta el dinero aconsejado por buenos asesores.

En España es factible seguirlos porque, a diferencia de otros países, el anonimato está garantizado. Si lo hace bien, salvo usted y quizá Montoro, nadie sabrá que se ha enriquecido de repente.

Nuestro Sorteo de Navidad es el mayor del mundo: el 75% de los españoles participamos gastando 2.500 millones y hay miles de ganadores. Si este año también juega y mañana tampoco es afortunado por el Gordo, cuando se despierte el sábado no lo lamente y alégrese de que tampoco haya sido infortunado por la Parca: cada día les toca morirse a 1.157 españoles, y si pasado mañana usted y los suyos pueden desayunar otro día más y sin dolor físico ni psíquico considérense felices y no envidien a los nuevos millonarios que aparezcan el la foto de portada del periódico duchándose con cava Tutumba ante la administración donde compraron el décimo. Ya saben lo que les espera a esos pobres desgraciados.

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Esperpéntico
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Fernando Sáez Aldana | 14-12-2017 | 7:39| 0

Una escala que midiese el hartazgo humano establecería cuatro niveles, de menos a más: hasta la coronilla, hasta las narices, hasta cuatro palmos más abajo y hasta donde estamos del puñetero prusés, del maldito «desafío soberanista», del insoportable «pulso independentista», es decir, del intolerable golpe contra el Estado de derecho español propinado desde sus propias instituciones por funcionarios traidores que odian a España tanto como aprecian los sueldos que les paga cada mes. Pero, con ser ya irritante, insufrible y estomagante hasta la arcada, el «conflicto catalán» resulta sobre todo patético y característico de ese género literario tan español que presenta «una realidad deformada y grotesca y la degradación de los valores consagrados a una situación ridícula»: el esperpento.

Resulta esperpéntico que a un politicastro antieuropeo perseguido por la justicia española por un delito consumado de rebelión y huido a la capital de la Unión Europea no solo no lo entreguen ipso facto a un país miembro sino que pongan pegas. ¿De qué «unión» hablamos?

Resulta esperpéntico que estos canallas sin dignidad de un gobierno regional del Reino destituidos y encarcelados por proclamar la República quieran ¡y puedan! presentarse otra vez a unas elecciones autonómicas convocadas por el represor gobierno español para volver impunemente a las andadas.

Resulta esperpéntico el espectáculo de los líderes «constitucionalistas» postulándose para presidir la Generalidad con intenciones de voto inferiores al 20%. Y también que, por si pierden, los candidatos golpistas hablen ya de pucherazo cuando ellos montaron un simulacro de referéndum, ilegal y sin garantías democráticas.

Resulta esperpéntico, en fin, otorgar apariencia de «normalidad» a unas elecciones autonómicas en Cataluña tan anómalas que (1) son las terceras en cinco años, (2) las ha convocado el presidente del gobierno español en plena suspensión de la autonomía catalana y (3) se presentan los mismos que han llevado a los catalanes a la ruina económica y social y, lo más esperpéntico de todo, (4) que volverán a obtener la mitad de los votos. Ante los manifestantes que lo arroparon en Bruselas, el cobarde fantoche de Puigdemont ironizó que tantos no podían haber ido hasta allí para apoyar a delincuentes. Olvida que en el País Vasco cientos de miles de ciudadanos apoyaban y votaban a los terroristas al grito de «ETA, mátalos».

Arengo a los catalanes en sus cabales con una cita que no puede ser más actual y oportuna: «Carguemos contra los fanáticos y los malvados, destruid las aburridas declamaciones, los miserables sofismas, las falsedades históricas, impedid que la gente dotada de sentido común sea esclava de los que carecen de él. La generación futura os deberá su razón y su libertad» (Voltaire, 1765).

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