La Rioja

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La Casa de los Cuentos
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Fernando Sáez Aldana | 16-02-2017 | 07:14| 0

Ahora que la ruina originaria de la futura Casa del Cuento logroñesa se ha derrumbado quizá sea el momento de replantearse el proyecto. El coqueto chalé construido hace casi un siglo para casa de campo finalizó su vida útil como colegio público infantil, bautizado «Vuelo Madrid-Manila» en recuerdo de la hazaña aeronáutica cuyo prestigio mundial no parece suficiente para salvar de la memoria histérica al general riojano Eduardo González Gallarza, el héroe de la gesta (1926) que fue Ministro del Aire con Franco.

La Casa del Cuento, uno de los proyectos estrella del Ayuntamiento, pretende ser «un contenedor cultural pensado para incentivar la afición a la lectura entre los más pequeños pero que al mismo tiempo impulsará las relaciones intergeneracionales». Pero, tras el desplome de lo que sólo era fachada, desde la cutre zona cero del parque Gallarza surgen nuevas iniciativas: que si para niños, que si para mayores, que si para todos, que si para nada. A mí me gusta la idea de una Casa del Cuento, pero no pensando en el infantil o el literario sino en el que define el diccionario como embuste, chisme o engaño, el tipo de cuento al que aluden expresiones como «menos cuento», «dejarse de cuentos», «es un cuento chino», «echarle mucho cuento», «vivir del cuento» o «tener más cuento que Calleja».

Con esta perspectiva semántica, propondría un Centro de Interpretación del Cuento destinado sobre todo a los jóvenes, más expuestos a que les vengan con cuentos sobre la vida que les aguarda. La exposición, guiada por voluntarios de la ONG Mayores Desengañados, abarcaría áreas temáticas como El cuento de la Realización, con paneles sobre la Educación y la Formación, el Trabajo, la Familia, el Sueño hecho Realidad, la Vivienda en propiedad, el Coche, el Consumismo y demás obstáculos a la auténtica felicidad; El cuento de la Trascendencia, dedicado a las creencias en Dios, la Religión, el Alma, el Espíritu, la Vida Eterna y demás mitos consoladores de la nada; El cuento del Bienestar, o sea de la Vida Sana, el Ejercicio Físico, la Salud, la Prevención, la Regeneración, la Felicidad, el Merecido Descanso, las Pensiones y tal; El cuento de las Libertades, que abordaría el Estado de Derecho –a todo–, la Soberanía, la Independencia, la Nación, la Democracia, la Justicia, la Igualdad, la Derecha y la Izquierda y otras solemnes patrañas. Y como colleja final en la nuca del joven moviladicto, El cuento del Progreso de la especie humana, imparable, pero hacia cotas de estupidez autodestructora que parecían insuperables.

Lo que es impulsar las relaciones intergeneracionales se impulsarían, aunque se me antoja poca Casa para tanto Cuento.

 

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El Gran Mono en su jaula
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Fernando Sáez Aldana | 09-02-2017 | 06:23| 0

«Todo hombre decente se avergüenza del gobierno que lo rige»

(Henry-Louis Mencken)

 

Quizá sea pronto para certificarlo pero se acumulan los indicios de que Donald J. Trump es un peligro planetario. Desde luego, que el presiente de la primera potencia sea incompetente en el fondo y zafio en las formas no augura nada bueno para nadie. Muchos incrédulos se preguntan cómo es posible que semejante patán haya conquistado la cima del poder mundial, pero la respuesta es desoladoramente obvia: porque ha sido elegido en unas elecciones democráticas, aunque con peros: casi la mitad de los electores no votaron y la Clinton obtuvo tres millones de votos populares más que Trump, quien resultó elegido con el voto de un exiguo 27% del censo electoral. Sólo uno de cada cinco estadounidenses y de cada cuatro con derecho a votar lo hicieron por este magnate que ofrece una de las caras más duras del poliedro populista.

Este hombre es tan mal político que, lejos de olvidarse de las promesas electorales que le dieron la presidencia, las está cumpliendo con atropellamiento, lo que demuestra que en los mítines no trataba de engañar, y eso hay que reconocérselo. Pero, si su gestión resultara tan desastrosa como promete, la culpa no será tanto suya como del sistema que primero permitió a este individuo presentarse a las elecciones y después ganarlas con la cuarta parte de los votos posibles. Me gustaría saber cuántos de los cien millones de electores que el 8 de noviembre se quedaron en casa lamentan ahora tenerlo de «comandante en jefe».

No discutiré que el sistema democrático siga siendo el menos malo pero aquí y allá adolece de graves fallos que pueden volverlo incluso peligroso para los ciudadanos, entre los que destacaría la manifiesta incompetencia de muchos aspirantes a gobernar y que encima puedan ser elegidos por una gran minoría. El primero se enmendaría exigiéndoles superar una prueba de idoneidad para el cargo (proceso que debería comenzar en las elecciones de candidatos por sus partidos) y el segundo obligando a la gente a votar, de modo que nadie pudiera gobernar sin el apoyo de la mayoría del censo electoral. Ello quizás invalidaría la penosa pero tantas veces acertada cita que encabeza este artículo. Mientras no sea así, y actualizando otra reflexión que el agudo Mencken nos dejó hace ya un siglo, la democracia seguirá siendo el sistema de gobierno en el cual el pueblo, pudiendo optar entre 240 millones de ciudadanos, muchos incluso inteligentes, eligen presidente a un Donald Trump. O, lo cito textualmente, «el arte y la ciencia de dirigir un circo desde la jaula de los monos».

 

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Il ritorno di Pedrusco in Babia
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Fernando Sáez Aldana | 02-02-2017 | 05:24| 0

(Secuela de la opereta Il Sorpasso)

 

Don Mariano della Casta (bajo), ya Archiduque de Génova

Sor Aya (soprano), su larga mano derecha

Pedrusco «il Cansinoesno» (tenor bastante dramático) depuesto jefe de los Ferrazzi

Paolo «il Coletto» (tenor spinto), caudillo de los indignati, cabreati, disperati

Erregionino «L’imberbbe» (voz blanca), pupilo de Paolo

Susanna (soprano ligera), Baronesa de la Bética

Pacci «Camaleone», intrigante, ex virrey de Basconia

El Vizconde de La Junquera (bajo obstinado), traidor Vicevirrey del Principat

Barones, sicarios, traidores, militantes, anticapitalistas, rufianes, indignados, la gente.

 

Acto I.

Tras un año de asedio a la fortaleza de los Casta,  ferrazzi partidarios de la baronesa Susanna levantan el sitio tras defenestrar al empecinado cabecilla Pedrusco que, arteramente aconsejado por su escudero Pacci, emprende el exilio (Aria «Compagni e compagne, e’stato un orgoglio»). Reforzado con la vuelta a casa por Navidad de su bastardo Bertino, Don Mariano recupera el control del Archiducado (Cavatina «Ora mi fumo un puro») mientras los indignati, cabreati, se repliegan a sus cuarteles de infierno donde se entregan a todo tipo de excesos (Cuplé bufo «Zuppame la minga Susanna, che mi viene la ganna»).

 

Acto II.  

La frustración por no conquistar el poder rompe a los indignati. El joven Erregionino se rebela contra su mentor mientras radicales anticapitalisti infiltrados amenazan con destruir la facción (Coro «¿Rivoluzionari? Voi siete nenazze!».

Sin cabeza, el clan de los Ferrazzi se desangra en un conflicto intestino, bastante grueso desde la violenta deposición de Pedrusco. Los otrora incondicionales del ahora llamado «il Cansinoesno» por su contumacia le vuelven la espalda y hasta su fiel Pacci «Camaleone» lo zancadillea cuando intenta regresar (Arioso «Prende pugnalata trappera, capuglio!»), mientras Susanna permanece agazapada en su baronía (Romanza «Quehto non è il momento, arma mia!»).

Para combatir la revuelta separatista del Principat, Casta envía a Sor Aya, mal vista por el Vizconde de la Junquera, con un arma temible (Recitativo y aria «Trema, furfante!.. Un dialogo leale e sensibile»).

 

Acto III.

En la refriega de Vistallegra sicarios de Paolo liquidan al piccolo Erregionino poniéndole cicuta en la leche (Nana «Caro bambino, prende il biberonino»). La guerra civil de los Ferrazzi se precipita. Ignorado por los barones, Pedrusco solivianta a sus partidarios, los feroces milittanti, y emprende una marcha sobre su antiguo castillo (Coro «C´è acqua in piscina!»). Pacci sale a su encuentro en plan conciliador (Arioso «Era uno scherzo, tonto!») pero es aplastado por la chusma. La baronesa moviliza sus huestes y se hace fuerte esperando el ataque, que logra repeler. Abandonado por todos, Pedrusco pone rumbo al reino de León, donde el ex caudillo Zetapero le ofrece asilo en su feudo de Babia (Dúo «Addio Ferrazze, addio ciollo divino!»).

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Doble sentido común
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Fernando Sáez Aldana | 26-01-2017 | 06:24| 0

Hay una serie de televisión titulada «Mil maneras de morir» que ilustra las más extrañas y estúpidas formas de cascarla que se pueda imaginar. En verdad, las causas de morir en el momento y del modo más inesperados son incontables, pero las más frecuentes en nuestro privilegiado entorno son la vejez, la enfermedad y el «accidente» que mata violentamente a un individuo sano contra su voluntad. Habrá también mil clases, pero el accidente por antonomasia, el que más merece la atención de autoridades, medios y opinión pública, es el de tráfico. No importa que durante un fin de semana perezca más gente por caídas accidentales o hábitos insalubres; los noticiarios solo darán el preceptivo parte de «siniestralidad vial», o sea los muertos y heridos en las carreteras. Y es que, aunque estemos tan acostumbrados, la imagen de dos vehículos que han chocado, reducidos al inevitable «amasijo de hierros», sigue impactando. Tan trágica manera de morir visibiliza de un modo brutalmente espectacular la fragilidad de la existencia humana segada de un modo tan absurdo como, casi siempre, evitable.

El caso es que últimamente en La Rioja parece que sólo hubiera o preocupara una manera de morir: de colisión en el tramo riojano de la carretera nacional de Vinaroz a Santander, la célebre N-232. Ni siquiera en otras vías de la provincia: solo en la «fatídica» enedostredós. La satanización de esta carretera ha llegado al descerebrado extremo de calificarla en las redes como «asesina en serie cuyos cómplices son los políticos». Cuando, como sabemos, las principales causas de los accidentes son las distracciones, el exceso de velocidad, no respetar la distancia, el cansancio, guiar bajo efectos de drogas o alcohol y, sobre todo, las imprudencias. Para viajar a Haro siempre uso la autopista (gratis con Vía-T) pero el otro día se me ocurrió volver de noche por la N-232 y en tan corto trayecto fui objeto de varios adelantamientos temerarios por potenciales homicidas incapaces de chupar rueda pacientemente el tiempo que haga falta y que al final son esos pocos minutos por los que se juegan la vida pero poniendo en grave peligro la de los demás.

Hay mil maneras de morir, pero pocas achacables a una recta de carretera en perfectas condiciones y bien señalizada, y demasiadas al constante peligro que supone la circulación de tanto vehículo deficiente y, sobre todo, de tanto conductor imprudente o capaz de cometer un error fatal en cualquier momento, aunque sea gratis total circular por la vecina autopista. Reivindicación que también apoyo, faltaría más, igual que una autovía Foncea-Alfaro y otra Logroño-Soria. Pero, mientras tanto, no imputemos al doble sentido nuestra falta de sentido común.

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Inexorable maldición
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Fernando Sáez Aldana | 19-01-2017 | 05:10| 0

Hay tres clases de medicamentos: los beneficiosos, los peligrosos y los inútiles. Las categorías no son excluyentes (muchos inútiles e incluso beneficiosos son además peligrosos) y cada una comprende un tercio de los miles de fármacos comercializados por una de las industrias más siniestras, mafiosas, inmorales, corruptoras e insalubres del planeta: la farmacéutica (IF). Si esta aseveración les parece fuerte, ojeen «Medicamentos que matan y crimen organizado», de Peter C. Gotzsche, «Mala farma» de Ben Goldacre, «Los inventores de enfermedades» y «Medicina enferma» de Jörg Blech, «¿Somos todos enfermos mentales?» de Allen Frances o «Sano y salvo» de nuestro Juan Gervás, y leerán lo que es bueno.

Aunque el sector de la IF ocupe el tercer lugar en la economía mundial, tras el armamento y el narcotráfico, es el más mortífero de los tres. Sus prácticas reiteradas incluyen «extorsión, ocultamiento de información, fraude sistemático, malversación de fondos, violación de las leyes, obstrucción a la justicia, falsificación de testimonios, compra de profesionales sanitarios, manipulación de la investigación, alienación de la práctica médica, divulgación mediática de falsos mitos, sobornos a políticos y funcionarios y corrupción de la administración del estado y de los sistemas de salud. El resultado: cientos de miles de muertes cada año por efectos adversos de fármacos que no era necesario tomar» (J-R. Laporte). Y aquí, además, con la generosa financiación del Estado. España es el segundo país consumidor mundial de fármacos y uno de los que más dinero público derrocha en sufragar incluso los inútiles y/o peligrosos. La causa principal es que los médicos mantenemos hipermedicada a la población, anciana sobre todo, beneficiando menos a su salud que al inmenso negocio de la poderosa IF.

Con su ocurrencia de rascarles el bolsillo a los pensionistas como única idea brillante para atajar este complejo problemón, la ministra de Sanidad revalida una maldición desplegada sin interrupción por sus ¡veinte! predecesores desde 1976, con figuras de la talla de Sancho Rof, Griñán, Villalobos, Pajín y, toma recochineo, Mato: la ineptitud para el cargo.

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Preferible la muerte
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Fernando Sáez Aldana | 12-01-2017 | 05:22| 0

Había una definición de «segundo» que los automovilistas cabales aprobarán: tiempo que tarda el bobochorra de atrás en tocarte el claxon desde que se pone verde el semáforo (aunque algunos virtuosos de la bocina floja logran reducir este lapso a la décima parte). Todo para acabar unos metros más adelante perpetrando el recadito en doble fila y al que venga detrás que le den por delante. Pero los tiempos, no es que cambien, incorporan nuevos vicios conductuales sin renunciar a los viejos, y esta acumulación de lacras sociales acabará convirtiendo la difícil coexistencia urbana ­en insoportable. Un colega me propone esta nueva definición del «instante»: lo que tardan o en sonarle «el pu(ñe)t(er)o móvil» al paciente desde que entra en su consulta o en ponerse a toquetearlo su acompañante desde que se sienta.

Con un 95% de moviladictos, España es el país con más teléfonos portátiles del mundo, fenómeno responsable de un síndrome sociopatológico que podríamos denominar «Hipercomunicación frívola superficial permanente». Este auténtico cáncer social consiste en mantenerse continuamente conectado en red con otros afectados para intercambiarse mayormente mensajitos tontos o intrascendentes, chismes, meme(ce)s, videos graciosillos y demás chorradas, una auténtica pandemia de trivialidad propagada con eficacia acertadamente calificada de viral. El cáncer es un crecimiento desordenado de células que invade y destruye un tejido, en este caso el social. En tal sentido, resulta más acertada la denominación «celular» del teléfono móvil, porque en sentido figurado «cáncer» significa también «Mal que destruye o daña gravemente a la sociedad o a una parte de ella y es difícil de combatir o frenar», lo cual es aplicable a esta moviladicción universal.

Si un alienígena superior nos visitara de incógnito seguramente le asombraría descubrir una raza tan dependiente que es incapaz de vivir, no sin una víscera interna tan vital como el corazón o el hígado, sino sin un aparatito electrónico ajeno a su organismo, cuyo funcionamiento exige a cada espécimen utilizar ambas manos y lo que le quede de autonomía cerebral, y que los mantiene paradójicamente aislados de su entorno inmediato mientras se comunican con el remoto.

Puede que la causa de estar siempre dale que te pego al guasap o al feisbuc sea nuestro arraigado hábito de abusar de lo que es o nos parece gratis. Unos céntimos por cada mensaje innecesario y por cada reenvío de ocurrencia chistosa o de video bueníssimo bastaría para frenar la compulsiva necesidad colectiva de compartirlos. Dicen que renunciar al esmarfón te condena a la muerte social. Pues a lo mejor es preferible suicidarse tirándolo al Ebro que participar en la agónica degeneración de una sociedad que ha convertido la comunicación en un insufrible coñazo.

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Leña al coche
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Fernando Sáez Aldana | 05-01-2017 | 05:26| 0

Fiscalmente hablando, en España no hay sujeto más pasivo, ni más pringao, que quien toma la funesta decisión de comprarse un coche. Desde el feliz día de la entrega de llaves hasta su baja para el desguace, el vehículo para uso particular o «turismo» es una formidable máquina sacaperras al servicio del Estado despilfarrador. En agradecimiento, todos los españoles al volante somos potenciales delincuentes, más vigilados, perseguidos y sancionados que los muchos pícaros, chorizos, maltratadores o defraudadores que campan a sus anchas por ahí. Por si fuera poco, la combustión de derivados del petróleo es una contribución criminal al fin de los tiempos por provocar el calentamiento planetario que derrite polos, desertiza bosques y extermina especies.

La sangría tributaria al propietario de coche comienza con el pago del IVA (21%) y del Impuesto de Matriculación (hasta un 14,75% más, según el CO2 emitido). Repostar significa apoquinar casi la mitad en impuestos y circular por la vía pública supone atravesar una jungla infestada de coches patrulla, multacares y radares fijos, móviles y aéreos acechando a los conductores con una eficacia depredadora desconocida en otros ámbitos de la Administración. Además de pagar un seguro, el impuesto de Circulación y hasta por aparcar en la calle, a los cuatro años deberá pasar por la caja de la ITV aunque su auto esté en mejores condiciones que los chismes que lo inspeccionan. Y cuando tenga más de diez y usted no pueda comprarse otro, aparte de ser estigmatizado como peligroso agente patógeno y degradador ambiental, si un tipo hasta arriba de alcohol o anfetas le arrea por detrás y declaran siniestro total a su coche en lugar de a su agresor, a ver en qué irá al trabajo o al cole con los quinientos a mil euros que le soltarán por su chatarra.

El acoso al coche se agravó la semana pasada en Madrid. Resulta que los vehículos sólo causan el 25% de la contaminación urbana, cuya causa principal en invierno son las calefacciones. Entonces, ¿por qué no prohibir encenderlas los días pares en las aceras pares y por supuesto en todos los edificios oficiales, Ayuntamiento al frente, para dar ejemplo? La última carmenada ha evidenciado una gestión municipal basada en la improvisación, el parcheo y la chapuza, sí, pero de paso ha revalidado el viejo encarnizamiento público contra el vehículo particular con la demagógica excusa de proteger la salud frente al nuevo «asesino invisible», el dióxido de nitrógeno (NO2), que cada año causa muchas menos muertes que el consumo de alcohol, tabaco o fármacos. Pero claro, es más fácil cebarse con el coche, o sea con su conductor, esa presa indefensa atrapada en su habitáculo, ese mezquino sujeto que sufre pasividad en silencio, esa suculenta carne de sanción.

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Tocapitos
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Fernando Sáez Aldana | 29-12-2016 | 06:21| 0

En 1208 el Papa Inocencio III lanzó una espantosa cruzada de exterminio contra cristianos disidentes (los cátaros) en el Languedoc francés. Pero ni las conquistas militares, matanzas indiscriminadas, quemas masivas y demás atrocidades contra los «buenos hombres» y sus protectores debilitaron una fe que incluso salió fortalecida tras la masacre. Entonces la Iglesia Católica cambió su estrategia inventando un medio de persecución más lento y sutil pero mucho más efectivo: la Inquisición. Su éxito –acabaron con todos– se debió en gran parte al fomento de la delación, que amparada en el anonimato envió al tormento a muchos inocentes que acababan confesando lo que quisiera el verdugo. La siembra del terror rompió los lazos de confianza de una sociedad civil moralmente degradada y convirtió la denuncia en una cuestión de supervivencia: acusar era colaborar y quedar a salvo.

El caso es que hace poco leí en LA RIOJA que «Los funcionarios que denuncien casos de corrupción tendrán garantizado el anonimato». La delación quedaría así instituida por la Ley del Buen Gobierno y Estatuto del Alto Cargo de La Rioja con el objeto de «dar plena garantía a los ciudadanos de la honestidad y ejemplaridad». De este modo, la Administración riojana se sube al carro de impulsar la figura de lo que en el mundo anglosajón se denomina whistleblower o alertador, literalmente «tocapitos» por analogía con los silbatos que soplan los polis británicos cuando descubren algo feo, aplicado aquí al funcionario detector de un hecho que considera delictivo o fraudulento y lo  comunica a sus superiores. En español tenemos otras palabras menos elegantes que para definirlo: delator, chivato, soplón. Aquí, tocapitos, o más bien tocapelotas, es otra cosa. Claro que ambos conceptos pueden coincidir. Si un empleado público sin otro pito que tocar, por ejemplo, se dedica a investigar en horas de trabajo a sus superiores, compañeros o subordinados en busca de posibles prácticas ilícitas que podrá denunciar con plena garantía de anonimato, estará tocando el pito y las pelotas al mismo tiempo, lo cual tampoco requiere mucha habilidad que digamos.

Pues nada, que la noticia del futuro sistema riojano denunciador de «casos de corrupción» (así, sin el «presunta» por delante) me ha evocado la conmovedora historia de la tragedia cátara, a la que dediqué un libro que fue todo un worst seller. Esta delación funcionarial viene a sumarse a la fiscal ya implantada en España («cree el ladrón que todos son de su condición»). Quizá estén ya de camino la sanitaria, la judicial, la docente, la laboral, la policial, la deportiva, la vecinal, la familiar… Con un concepto de la honestidad tan relajado como el español, pronto nos veo a todos convertidos en tocapitos. Chivatos, vaya.

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El CIS que no cesa
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Fernando Sáez Aldana | 15-12-2016 | 07:03| 0

El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) es un organismo dependiente del Gobierno dedicado al «análisis y conocimiento científico de la sociedad española mediante la realización de encuestas y estudios cualitativos». Mensualmente elabora («cocina», según sus críticos) un barómetro encuestando a 2.500 mayores de edad para «medir el estado de la opinión pública española del momento». Ya supongo que en Estadística 2.500 encuestados al azar en 50 provincias será una muestra suficiente, pero me resisto a aceptarlo, porque si la opinión de esta minoría reflejase de verdad la de 47 millones de españoles, apaguemos y vayámonos.

Según el último barómetro, el principal problema que existe actualmente en España es el paro (48,8%) seguido de la corrupción (14,3), los políticos (9,7) y los problemas de índole económica (8,3). A mucha distancia, la educación (1,6), las pensiones (¡1,1!), la inmigración (0,5), la independencia de Cataluña (0,2) y los Estatutos de Autonomía (0,1). ¿Saben cuántos consideran que el mayor problemón de España son el medioambiental, la vivienda, el funcionamiento de los servicios públicos, las drogas, los sueldos bajos, la fuga de cerebros, el fraude fiscal y los nacionalismos? ¡El 0% pelotero! Pero, ¿dónde buscan a los encuestados? ¿Seguro que viven en este país?

En mi opinión, los problemas principales de España son dos. El más gordo con diferencia, a largo (o medio) plazo, es la insostenibilidad del estado del Bienestar en general y de las pensiones en particular en un país con la menor tasa de natalidad y la mayor esperanza de vida del mundo; y, a corto plazo, el riesgo de desintegración de la nación española a manos de politicastros traidores alentados por tontos útiles ante la timorata pasividad no sólo de los partidos llamados constitucionalistas sino, según el CIS, de la opinión pública.

Como todos los problemas demasiado complejos, el primero tiene difícil arreglo, sobre todo si a nadie en esta sociedad de clara tendencia suicida parece importarle. El segundo sería más fácil: una reforma de la Constitución de 1978, sí, pero para suprimir su Título VIII. O sea, liquidar el Estado de las Autonomías antes de que España se balcanice. Pero, según el CIS, esto sólo lo defendemos el 18,6% de los españoles. Tampoco me lo trago. Me gustaría verlo en un referéndum tan valiente como aquel con el que, hoy hace cuarenta años, los españoles liquidamos pacíficamente el régimen franquista con un 94,17% de votos a favor*. Pero una encuesta del CIS (entonces se llamaba Instituto de Opinión Pública) realizada solo tres días antes dio un 56% de síes. Algunas cosas no han cambiado tanto.

(* P.D.: Una efeméride increíblemente silenciada por la prensa de hoy)

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Manca educazione
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Fernando Sáez Aldana | 08-12-2016 | 07:00| 0

Cuando a Giulio Andreotti –aquel diablo democristiano de comunión e intriga diarias que fue siete veces primer ministro de Italia y acabó acusado de mafioso– le pidieron  a principios de los 80 su opinión sobre la Transición española, sentenció: «Manca finezza». O sea, que faltaba finura, delicadeza. Si hoy levantara la chepa seguramente añadiría que en España, además, falta educación.

Solo con el estreno de la XII Legislatura en el Congreso tendría suficiente. Qué es sino mala educación no levantar el culo del escaño –hay que ver el apego incluso físico que llegan a cogerle al sistema los antisistema–, darle al móvil sin parar durante el discurso del Rey o no aplaudirlo, y no digamos exhibir en el templo de la Constitución una bandera inconstitucional o una camiseta que además de cutre proclama una sandez: claro que nadie votamos al Rey, pero el mamarracho asaltacolmados éste ya tiene edad para recordar que en el referéndum del 6 de diciembre 1978 el 88% aprobamos que España fuese una monarquía parlamentaria, obviamente hereditaria. Y que lo diga un indocumentado, vaya, pero que un Doctor en Ciencias Políticas se arrogue más legitimidad que Felipe VI no demuestra ignorancia sino mala fe.

Si don Giulio ojease la prensa digital, seguramente se haría cruces con la absolución de la cabo (¿o caba?) de la base de Rota que en plena discusión le espetó a un sargento: «grito porque me sale del coño». Aparte de que esta mujer posiblemente ganaría más exhibiendo su rara habilidad vulvílocua en teatros eróticos y cabaretes, el exabrupto no será delito de injurias pero sí una muestra de pésimos modales mal avenidos con las virtudes castrenses que deben adornar a un militar, aunque sea mujer.

Y si Andreotti, en fin, se diera una vuelta por Logroño, ¿qué diría ante la enorme pancarta con el texto «ESTAMOS HASTA LOS COJONES» que preside el Parque de Bomberos municipal? (Hace años colgaron una idéntica en la sede de la Policía Municipal logroñesa, y una de dos, o sólo estaban hartos los guardias varones o a las policías hembras se les acaba descolgando lo suyo por simpatía). Seguro que nuestros admirados bomberos sostienen reivindicaciones aceptables. Pero, ¿lo es tal forma de expresarlo? ¿Qué sería esto si los trabajadores de centros sanitarios, colegios, juzgados, Consejerías o delegaciones provinciales de algo, habitualmente infestadas de descontentos, desplegasen en sus fachadas frases tan soeces para proclamar su insatisfacción? Y luego está, claro, la debilidad institucional que permite tanto la grosería coñiparlante como la banderita tricolor que la camiseta verbenera o la conversión del camión apagafuegos en un pasquín sindical rodante. Sí, el viejo zorro Andreotti sentenciaría hoy que en España manca educazione. Y, desde luego, autoritá. Mucha.

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