La Rioja
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Ya vale
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Fernando Sáez Aldana | 12-04-2018 | 05:30| 0

La Reconquista antimoruna comenzó en una cueva asturiana y la Independencia antifrancesa en un pueblo manchego. Propongo iniciar desde un rincón riojano la recuperación de la dignidad y de la sensatez nacionales con la siguiente propuesta programática de una nueva formación político-económico-social:

-Sustitución de la Monarquía por una República cuyo presidente deberá gozar de prestigio intelectual y moral incuestionables y carecer de antecedentes partidista

-Más libertad individual y menos Estado

-Defensa de la Espantá o salida de la autodenominada «Unión Europea»

-Supresión del Título VIII de la Constitución (Comunidades Autónomas) por una descentralización administrativa en la que todos los españoles tengan los mismos derechos y obligaciones, cobren igual por hacer lo mismo y estudien el mismo libro de Historia, veraz a poder ser

-Estado laico de una santa vez

-Reducción de las 17 comunidades autónomas a 11 regiones: Galaico-astur-cántabra, Vasconavarrorriojana, Aragonesa, Catalana, Valencianomurciana, Balear, Castellanoleonesa, Castellanomanchega (con Madrid), Extremeña, Andaluza y Canaria. Eliminación de cupos fiscales y regímenes forales

-Supresión del Senado y reducción a 100 los diputados del Congreso, dos por provincia, elegidos en listas abiertas

-Exigencias del 10% de los votos para entrar en el Congreso y de que gobierne el partido más votado, con prohibición de adelantar elecciones

-Limitar a ocho años el desempeño de un cargo electo o por designación directa en la Administración del Estado.

-Libre elección de prestaciones sociales (sanidad, incapacidad laboral, desempleo, pensiones) entre la Seguridad Social o aseguramiento privado, en este caso con deducción directa en el IRPF.

-Garantizar la subsistencia digna de todos los españoles.

-Sometimiento de los empleados públicos a la legislación laboral ordinaria.

-Dedicar el 3% del Producto Interior Bruto a Investigación y desarrollo.

-Elevar el Salario Mínimo Interprofesional a 1.200 euros y acabar con la discriminación salarial.

-Fijar un tipo único de IVA al 10%, cuatro tramos de IRPF (0% hasta 14.400, 10% hasta 28.800, 20% hasta 33.200 y 30% en adelante, por ejemplo) e impuesto de sociedades al 15% .

-Prohibición por ley de déficit presupuestario público y endeudamiento público superior al 70% del PIB.

-Derecho de los españoles no bilingües a entenderse en castellano.

-Agua, electricidad e internet gratuitos.

-Impedir que ningún futbolista cobre más que un profesor, un médico, un juez y una larga lista de profesiones, ni aunque marque de tijereta.

El nuevo partido podría llamarse Ya vale. ¿No?

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Nadie es perfecto
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Fernando Sáez Aldana | 04-04-2018 | 21:57| 0

Salir del terruño para visitar otros países puede ser instructivo, sobre todo si sus habitantes son más cívicos que los del tuyo. Como California, que fue española hasta la independencia de México en 1821 y en 1850 fue anexionada por Estados Unidos. Su capital es Sacramento y cientos de topónimos, entre ellos las principales ciudades (Los Ángeles, San Francisco, San José, San Diego) conservan su nombre sin reivindicación alguna de cambiarlos. Por doquier hay letreros en inglés y español sin lo segundo tachado, porque la función básica del idioma es facilitar la comunicación y no lo contrario. Una lección para la excluyente, cerril y pueblerina política lingüística de esas regiones que, a diferencia de Texas, Nuevo México o Arizona, también bilingües no por ley sino por sensatez, todavía son España.

Aquí todos viven en casas independientes con sus cocheras y sorprende no ver jamás un vehículo aparcado delante de ellas sin necesidad del sacaperras municipal del vado. Al ser de sentido común que los vehículos puedan salir y entrar en sus garajes, a nadie se le ocurre obstaculizarlos. También asombra que si no estás en casa te dejen un paquete en la puerta con la seguridad de que nadie se lo llevará. Y si estás puedes dejarla abierta por fuera sabiendo que no entrará ningún delincuente, entre otras cosas porque si le disparas la ley se pone de tu lado (por eso hay tantas armas y tanta gente que se sentiría desprotegida si las prohibieran). Ninguna casa se protege con tapia, alarma o ventanas enrejadas.

Pero hay dos cosas que especialmente envidiables en esta tierra donde todo el mundo te sonríe cuando te cruzas con ellos. Una, que los restaurantes ofrezcan agua fría ilimitada gratis. La otra es algo que solo un aborigen riojano puede apreciar en todo su valor: el exquisito respeto de los automovilistas hacia el peatón. No tienes que encomendarte a tu santo o virgen preferidos cuando te echas a la calle porque sabes que regresarás a casa sano y salvo, sin necesidad de llamativos pasos de cebra superseñalizados: basta con una raya blanca de la que nadie se pasa. Porque, lejos de salir a la caza del viandante, los coches circulan muy despacio y cuando te ven a dos metros del paso frenan hasta casi detenerse a cinco o seis y no prosiguen hasta que lo cruzas del todo.

A menudo se piensa que este es un país de bárbaros pero hay menos víctimas tiroteadas por zumbados que atropelladas por conductores agresivos en el nuestro. La violencia tiene muchas caras y la conducción temeraria es una de ellas, por mucho que sigamos calificando al intento de homicidio al volante de «accidente». Por supuesto, ellos también tienen cosas que aprender de nosotros. A comer bien, por ejemplo. Y, desde luego, a mejorar pero que mucho la relación calidad-precio de sus vinos. Nobody’s perfect.

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De rebelde a mártir
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Fernando Sáez Aldana | 29-03-2018 | 03:14| 0

Roma era muy tolerante con las creencias religiosas de los pueblos conquistados, pero si algo no perdonaba era la rebelión contra el Imperio. Y ese fue el delito por el que el judío Yeshua (Jesús) fue juzgado y condenado al castigo que aplicaban a quienes osaban alzarse contra la autoridad imperial en la Palestina sometida: la muerte por crucifixión.

Por muy acostumbrados que estemos a verla desde la infancia todos los habitantes de la llamada cristiandad, no deja de sorprenderme que el símbolo primordial del cristianismo, la cruz, sea un patíbulo, un terrible instrumento de tortura especialmente atroz donde los reos eran atados o clavados a un madero hasta su muerte tras una horrenda agonía que podía durar días. Que el icono de la religión más extendida en el mundo sea un preso político torturado es un escándalo que los cristianos devotos sólo han podido soportar por creer en su gloriosa resurrección.

Hoy por fortuna ya no se utiliza este bárbaro método de aplicar la siempre condenable pena de muerte, pero en nuestro lenguaje coloquial «crucificar» a alguien significa criticarlo con saña hasta causarle la muerte social. En esta santa semana marcada informativamente por la detención del fugitivo Puigdemont, mesías imposible de la independencia catalana, es inevitable comparar su pasión particular con la que según los evangelios sufrió Jesús. Como éste, el iluminado president se rebeló contra el reino anunciando la inminente instauración de la república; cuando cayó en desgracia los suyos lo negaron tres veces en el Supremo, fue flagelado por las CUP y tras un conflicto de competencias y extradiciones entre Herodes y Pilatos ha acabado preso en una cárcel del Imperio. Abandonado por sus seguidores y en el exilio, casi estaba muerto pero su detención lo ha resucitado y ante su segunda venida la chusma españolista exige más que nunca su crucifixión mientras el prefecto Mariano se lava las manos y lo entrega a la justicia para que apure el cáliz de sus horas más amargas en Soto del Real.

Si Pilatos hubiese vencido la presión del populacho absolviendo a Jesús hoy nadie se acordaría de él; el altar de nuestros templos estaría presidido por la menos desagradable y muy hispánica imagen del dios Mitra matando al toro y la trayectoria de la Humanidad hubiera sido bien distinta. Pero la Historia está repleta de incómodos revoltosos y falsos profetas que se convierten en mártires cuando, en lugar de dejarlos languidecer predicando en el desierto, el poder decide ajusticiarlos. El independentismo catalán ya tiene el suyo. Si querían reactivar el procés, lo han clavado.

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Donde hay confianza da fiasco
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Fernando Sáez Aldana | 22-03-2018 | 02:14| 0

Hace días recibí una carta del banco celebrando la confianza que según ellos debía presidir nuestra relación. Y es que, según los entendidos, la palabra clave para explicar cómo funciona el sistema financiero es esa, confianza. Una confianza que por fuerza ha de ser recíproca para evitar el colapso del tinglado económico-monetario-bancario.

Por un lado, quienes creemos tener dinero en el banco a la vista o en depósitos, fondos de inversión o planes de pensiones, debemos confiar en que así sea. Pero, más que confianza, hace falta mucha credulidad para dormir tranquilos convencidos de que el dinero que nos ingresan en la cuenta por nómina, pensión o lo que sea va a parar a una bolsa con nuestro nombre, donde está más seguro que debajo del colchón, y que podremos retirarlo cuando queramos. Porque los bancos sólo están obligados a mantener un depósito de dinero de verdad (billetes y monedas) de, pongamos un 2%. El resto lo invierten o lo prestan, lo que significa dos cosas. Primera, que los números que reflejan nuestros ingresos, gastos y saldo resultante solo son anotaciones contables. Si yo te hago una transferencia de 100 euros al momento mi saldo se reduce y el tuyo aumenta en esa cantidad, pero no ha existido un traslado real de dinero. Segunda, y peor, que si todos los clientes quisiéramos retirar a la vez nuestro teórico dinero, en el mejor de los casos no nos lo darían y en el peor quebraría y nos quedaríamos sin nada.

Por el otro lado, más que confianza, los bancos tienen la absoluta certeza de que esa retirada masiva simultánea de dinero nunca se producirá, y por eso siguen prestando a muchos años el dinero que les confiamos, incluso a gente que no podrá devolverlo, con las catastróficas consecuencias conocidas para la economía mundial menos para la suya, porque antes que permitir la muerte bancaria les inyectarán por vena la pasta de todos que haga falta.

Entonces, si la existencia real del dinero de tocar es una filfa; si, por ejemplo, yo no tengo un saldo de pongamos 12.564,87 euros reales en una cuenta corriente sino sólo esa cifra escrita en un papel o reflejada en la pantalla del ordenador, ¿qué problema habría en añadir por decreto un cerito a todas las cifras de todo el mundo al mismo tiempo? Así todos tendríamos de repente diez veces más pseudodinero, que comenzaríamos a gastar con alegría reactivando a tope una economía basada en el hiperconsumo. Total, en los bancos habría la misma cantidad de dinero verdadero que antes del subidón, ninguna. Sólo haría falta que todos multiplicáramos por diez nuestro nivel de estúpida confianza.

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Brechas
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Fernando Sáez Aldana | 15-03-2018 | 03:47| 0

Más muchas que muchos han calificado el 8-M de jornada histórica, aunque quizá fue más histérica, valga la redundancia etimológica (histeria proviene del griego hystéra, útero). Las entusiastas del presunto éxito de la convocatoria no encuentran palabras lo bastante entusiásticas, bombásticas y encomiásticas para valorar el hito histórico, el antes y después, el acabóse y el empezóse una nueva era en que las oprimidas féminas han roto al fin sus cadenas rebelándose contra los machos dominantes. ¡Arriba, tías de la tierra!, sí señor. Basta de dominación masculina desde Adán. El 8-M comenzó la revolución que permitirá a las mujeres mangonear el cotarro global, arbitrar partidos de la Champion, aporrear exaltados en las manifas, dirigir la Filarmónicas de Berlín y hasta sentir el aleteo del Espíritu Santo sobre la cónclava de la Capilla Sixtina. ¡Amigas del Primer Mundo, uníos!, pues la Libertad, la Igualdad, la Fraternidad, la Justicia, la Solidaridad, la Verdad, la Bondad, la Felicidad, las cosas más hermosas de la Vida son femeninas (la Injusticia, la Mentira, la Desgracia, la Maldad, la Enfermedad y la Muerte también, pero no seamos aguafiestas).

Las palabras clave en las pancartas, soflamas y consignas del 8-M fueron «igualdad» y «brecha». No creo que la desigualdad, mayormente retributiva, sea la espoleta de la explosión feminsta. En las calles había también muchas que nunca cobraron nada o que cobran lo mismo e incluso más que ellos, así que sólo por eso no sería. Y con respecto a las manoseadas brechas, hay una tan genuina de género que define anatómicamente a las hembras de todos los mamíferos como un incómodo colgajo en el mismo sitio define a los machos, y ningún igualitarismo podrá evitarlo.

El Índice WPS de Paz y Seguridad de las mujeres que elaboran prestigiosos institutos de Georgetown y Oslo sitúan a España entre los cinco países del mundo de 153 donde mejor viven las mujeres. ¿Entonces? Parece que aquí se ha desatado un vendaval imparable de protestas colectivas que revelan hartazgo, insatisfacción y cabreo, infelicidad en definitiva. Esta quejumbre nacional está fomentada por una cultura instalada en la exigencia, la reclamación y un victimismo a todos los niveles: doméstico, laboral, social e institucional. Pensionistas, mujeres, bomberos, policías, médicos, cazadores, españoles todos, tomad las calles porque ha sonado la hora de quejarse, aunque sea de vicio. Con una excepción: los autónomos. A pocos verán agitando el cartel o tocando el pito en una manifestación porque, si ni currando de sol a sol logran cobrar muchas veces, cerrando la tienda ni les cuento. La que separa lo facturado de lo cobrado es una brecha que ni la de Rolando.

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Amo de casa
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Fernando Sáez Aldana | 08-03-2018 | 06:24| 0

A medida que te vas quitando como puedes del trabajo que te ha ocupado fuera de casa durante cuarenta y dos años, currando muchos días media jornada (o sea doce horas), parece natural pero sobre todo inevitable ir asumiendo poco a poco las tareas domésticas a las que hasta ahora apenas te habías dedicado, así que hace unos meses me matriculé en un curso práctico para hombres domésticamente inútiles que imparte la Escuela Oficiosa de Labores del Hogar.

Aunque me convalidaron marías como Hacer la Cama, Poner y Recoger la Mesa, Fregotear los Cacharros, Tirar la Basura o Pasar un Poco el Aspirador, me aguardaban las asignaturas más gordas del currículo doméstico: Compra, Cocina, Limpieza y Ropa. Niños ya lo aprobé hace muchos años, Perro no tenemos y como aquí Chapuzas y Mantenimiento siempre fue como el Soberano cosa de hombres, pues me too lo que puedo.

Compra es durilla. Ya no se trata de ir algún sábado al súper con una lista otorgada de las cosas que tienes que pasar de las estanterías al carro. No. Antes hay que Pensar el Menú, una tarea ingrata que exige escoger frutas, verduras y hortalizas frescas, tajadas de carne y hasta peces crudos, que no es ninguna tontería. En la primera clase práctica de Pesca hice el ridículo recriminando a la pescadera por pesarme de más la dorada después de hacerle la autopsia y decapitarla. Aún estarán partiéndose de la risa.

Con respecto a Cocina, mis habilidades culinarias se limitaban a aliñar ensaladas, pelar, cortar y freír patatas y cuajar tortillas francesas con trocitos de algo. Pero voy progresando: ya estoy en primero de Horno y Verdura, segundo de Pasta y Tortilla de Patata y pronto le hincaré el diente a Arroz, Olla y Guisos y Cocidos. Palabras mayores.

En cuanto a Limpieza, ya tengo medio aprobadas Cristales, Fregado de Suelos, Lavavajillas, Aspirador y he sacado un notable en Chimenea. Pero con Ropa he tropezado con un escollo insalvable. Tras progresar adecuadamente en Lavadora (cursillo de Quitamanchas Prelavado incluido), Secadora, Tendido y Recogida, llegó el turno de la peor asignatura de todas: Plancha. Reconozco mi prejuicio contra esta tarea. ¿Qué más dará que una camisa, un pantalón y no digamos unos calzones estén arrugados mientras estén limpios? Planchar es una tarea tan penosa como innecesaria, una servidumbre doméstica de las peores con el agravante de obedecer a una estúpida convención estética: que la arruga es fea, a pesar de aquél eslogan contrario.

En la primera clase de Plancha supe que nunca aprobaría tan odiosa materia. Que seré uno de esos estudiantes incapaces de acabar la carrera porque se les atragantó una asignatura, aunque me temo que ello no me privará del título de Señor Domesticado que permite ejercerla. No me quejo porque estoy alcanzando el sueño de mi vida: teletrabajar (¿no llaman así a currar en casa?), aunque sea sin sueldo ni derecho a huelga. Es lo que tiene ser un amo de casa y no el amo de la casa.

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Historias del peloponeso
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Fernando Sáez Aldana | 01-03-2018 | 06:28| 0

La mayor prueba de la inutilidad de la ONU es que saca sus secretarios generales de países de tercera: peruano, egipcio, ghanés, coreano, surcoreano, birmano, portugués… La ONU es como un colegio de primaria mundial donde los que sujetan el planeta por el mango dejan que los niños jueguen a miembros adultos de la comunidad internacional. La ONU creó la filial UNICEF para proteger a la infancia de todo el mundo e instituyó el Día Universal del Niño, pero es incapaz de detener a los desalmados asesinos de niños sirios que ocupan un asiento vitalicio en su Consejo de Seguridad.

Otra bonita iniciativa de esta NONU (Naciones Unidas Para Nada) es el Día Internacional de la Mujer Trabajadora que se celebrará de hoy en ocho, que dicen en Haro. Estos días mundiales de algo sirven como mucho para que los agentes sociales se superen en parir ocurrencias. Para esta edición, una amalgama de organizaciones expertas en no dar palo al agua han convocado a todas las currantes a parar unas horas. La primera majadería sobre la iniciativa la soltó la ministra García Tejerina animando a las mujeres a una huelga, sí, pero «a la japonesa», que de no ser un mito sería la huelga más estúpida: trabajar más para que se joda la empresa.

La réplica se la dio la portacoz de Podemos Irene Montero: «Las mujeres ya viven en una huelga cotidiana a la japonesa y no tienen una hora del día libre para ellas mismas, para dedicarse a darse una ducha, a leer un libro o ver un programa de televisión». Huelga el comentario. Además de ser un ejemplar de libro de su denostada casta política y uno de esos zoquetes lingüísticos que confunden el género sexual con el gramatical (cambiarse el apellido es fácil, ¿por qué no Montera?), lo peor es que se trata de una política menos que mediocre que su partido nos pondrá de ministra si gobierna.

Miren, esto de la huelga de género es más viejo que el Ebro. Hace la friolera de veinticuatro siglos Aristófanes, harto de la guerra del Peloponeso, escribió Lisístrata, una divertida comedia donde las mujeres atenienses y espartanas se declaran en huelga de sexo hasta que sus hombres dejen de matarse. Al final los aguerridos varones claudican y se presentan en casa con el peloponeso más tieso que la pica. Las mujeres ponen fin a su huelga de piernas cruzadas y los reciben con los brazos igual de abiertos.

Frente a las huelgas japonesa, de celo, de hambre, salvaje o de miembros caídos (superiores), la sexual podría ser una opción en «la lucha de la mujer por su participación, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo íntegro como persona» (ONU). Pero si algunas no tienen tiempo ni para ducharse difícilmente se tragarán una comedia del siglo IV a.C., siquiera por aprender la técnica.

 

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La merienda sí tiene enmienda
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Fernando Sáez Aldana | 22-02-2018 | 05:36| 0

Va para cuatro meses que, aplicando el artículo 155 de la Constitución, Rajoy destituyó a Puigdemont y comparsa y el gobierno de España asumió la gestión de la comunidad autónoma española más transferida. Y, oigan, durante todo este tiempo, además de permanecer la calle catalana como la seda, ¿acaso han dejado de cobrar los funcionarios, sediciosos incluidos? ¿Han dejado de funcionar los hospitales? ¿Los colegios? ¿Los juzgados? ¿Las empresas, los comercios? ¿El transporte público? ¿El Liceo? ¿Los semáforos?

La respuesta es no, y Cataluña seguirá vivita y funcionando —igual hasta mejor— a pesar de ese cáncer de politicastros regionales y sus metástasis en Waterloo, Suiza o Estremera (a ver si se exilian todos y no vuelven: huido el perro se acabó la rabia). Porque lo único que sabe hacer el cáncer es desarrollarse incontroladamente, minar la salud del resto del cuerpo y, si no se extirpa, matarlo.

Unos políticos nacionalistas catalanes juegan a la independencia, se pasan de la raya, el gobierno del Estado al que pertenecen los destituye y un señor que vive en Madrid y trabaja en el Tribunal Supremo los enchirona. ¿Qué más tiene que pasarle a esta gente para contactar con la realidad? Es alucinante, pero lo peor es que quien los echó, que era lo difícil, al mismo tiempo les puso en bandeja volver a las andadas. A ver cuándo nos enteramos de que los nacionalistas tiran a la independencia tan inevitablemente como las cabras (y los cabrones) al monte, no saben hacer otra cosa, está en su código genético.

Pero, como argumentaba al principio, de este insoportable embrollo se puede y debemos extraer una valiosa enseñanza: la terapéutica aplicación del 155 en una Comunidad Autónoma enferma está demostrando que no pasaría absolutamente nada si se suprimieran ésta y todas las demás. Que, por su propia supervivencia, la única reforma urgente que necesita la Constitución de 1978 es su Organización Territorial del Estado, porque ha quedado demostrado que el Título VIII era el decimoctavo pasajero de la nave Nostromo donde ha viajado el Alien del secesionismo. Si la mayoría de los españoles decidiesen en referéndum que no quieren más desorganización territorial en diecisiete taifas que van cada una por su lado y que encierra el germen de la desigualdad y la desintegración nacional, habrá que suprimirlo.

Efectivamente, todos tenemos derecho a decidir. Pues ejerzámoslo. Reconozcamos que, con ser grande la equivocación del Título VIII, la contumaz perseverancia en el error es mucho peor. Ya no tienen la culpa de esta merienda de negros en que se ha convertido la España de las Autonomías los padres de la Constitución que la redactaron, sino los hijos que nos empeñamos en sostenella y no enmendalla.

 

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Por el arco de peaje
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Fernando Sáez Aldana | 15-02-2018 | 06:11| 0

Siempre que he subido a Haro o bajado a Calahorra por una autopista casi vacía me ha parecido anormal el contraste con la carretera paralela petada de tráfico. No se comprende que, siendo la autopista mucho más segura (si no graniza), la gente prefiera jugársela en la demonizada enedostresdós si es por ahorrarse los duros mejor gastados del día. Lo ideal sería que no solo los camiones o autobuses sino también los turismos circularan por una vía de sentido único en lugar de doble, siempre que fuera posible. Hasta ahí estamos de acuerdo. Ahora bien, cuando existan varias vías para desplazarse por carretera entre dos puntos, me gustaría saber si es legal que te obliguen a circular por una de ellas a punta de multazo. Es lo que se ha hecho en La Rioja, obligando a los vehículos de cuatro o más ejes que atraviesen la región a meterse quieran o no por la AP-68, por muy subvencionada que se la hayan dejado, por supuesto a costa del contribuyente.

La razón esgrimida para decretar el desvío ha sido reducir la alta siniestralidad de la N-232, léase colisiones con muertos y heridos, de la que por tanto se está culpando implícitamente a los vehículos pesados. A ver, ¿se han estudiado uno por uno los siniestros ocurridos en los últimos años? ¿Se han determinado con claridad las causas de cada accidente? Porque, si resultara que la mayoría de ellos se produjeron por infracciones, imprudencias o descuidos de los conductores de vehículos de dos o menos ejes, cosa bastante posible, ¿no habría que obligarlos a ellos a circular por la AP-68 en lugar de a los camiones? Y si una estadística rigurosa estableciese que la culpa de las colisiones la tienen unos y otros al 50%, pues nada, todo eje a la autopista, castigados.

El rechazo masivo del desvío obligatorio de camiones por parte de los transportistas y sus asociaciones, unido al perjuicio que están ocasionando a los proveedores de servicios junto a la carretera nacional, deberían hacer reflexionar a quienes hayan tomado bajo presión y a las bravas una decisión posiblemente injusta que perjudica a quienes no tienen la c

ulpa de que la N-232 no esté desdoblada desde hace muchos años. Ni siquiera la autopista gratuita sería la solución, porque uno de los derechos fundamentales reconocidos no sólo por la legislación española y europea sino por la Declaración Universal de los Derechos Humanos es el de libre circulación, que aquí se han pasado algunos por el arco de triunfo. O sea, por el túnel de peaje.

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Una apé nada recomendable
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Fernando Sáez Aldana | 08-02-2018 | 06:18| 0

Hay que ver las cosas que puede hacer un teléfono inteligente o, ya de manera inevitable, un smartphone, a no tardar traducido por la Real Academia como esmarfón. Suena fatal, lo sé, pero seguro que tan mal como sonaría en su día «saxofón» (no el instrumento, de bello timbre, sino el nombre debido a su inventor, Adolphe Sax, uno de los pocos belgas que han pasado a la historia por algo, y ello gracias al entusiástico apoyo de un francés, Hector Berlioz).

A los usuarios en general y adictos en particular del esmarfón no voy a descubrirles sus innumerables presuntas utilidades, muchas de ellas perfectamente inútiles, desarrolladas en cientos de aplicaciones o, lamentablemente ya, apps o apepés, apócope del inglés application, como si no pudiera abreviarse apés, que además de español es más corto. En fin, a lo que vamos.

Cuando advirtió el gran parecido que existía entre el rostro de una chica y el de su madre, un amigo mío le dijo al novio de aquella que los dioses le habían concedido el don de ver el futuro. Es cierto. No hay nada más cruel que una foto antigua, más atroz cuanto más vieja sea la foto y más joven el fotografiado. Hasta ahora se necesitaba el paso de una generación para demostrar la profetizada semejanza física de alguien con uno de sus progenitores. Pero he aquí que una de las innumerables aplicaciones del esmarfón llamada Face App (hay otras parecidas) puede modificar el aspecto facial del usuario que previamente se haga un autorretrato o, seguramente sin remedio para siempre, un selfie o «selfi».

Con un simple toque de pantalla, o sea un clic para entendernos, nuestro rostro va cambiando según le pongamos o quitemos gafas, barba, sonrisa o flequillo, le estiremos la piel (un lifting, quiero decir), lo cambiemos de sexo o lo introduzcamos en el túnel del tiempo. Esta última «utilidad» puede parecer divertida cuando se pone la marcha atrás, pero lanzándola al futuro la instantánea decrepitud resultante puede ser aterradora en una sociedad, obsesionada con luchar contra los años embadurnando las arrugas con carísimos ungüentos «anti-edad», en la que ni los mayores creyentes en otra vida dichosa y eterna quieren que se les acabe ésta.

Esta perturbadora aplicación de su móvil permitirá a los jóvenes ver cómo serán de mayores sus parejas sin necesidad de conocer a sus padres. Pero tiene sus fallos: probándola en mi propio careto, fui dándole a los botoncitos «sonrisa», «joven», «perilla», «mujer» y los cambios podían ser sorprendentes y hasta divertidos. Pero cuando pulsé «vejez», la muy impertinente y grosera me lo dejó prácticamente igual. No se la recomiendo. Menuda porquería de apé, o como se diga.

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