No era tan fácil

A Milene le han dicho que no es nada difícil, que han cambiado mucho las cosas en el mundo del transporte de droga y que no se preocupe porque la policía anda atrasada con respecto a la tecnología de los cacos. Es la primera vez que coge un avión en su vida desde su Brasil natal y sólo tiene que hacer de mula de una cocaína que no tiene el aspecto habitual. Milene, que tiene unos 35 años, pensaba que la "nieve" era blanca. En cuanto le dieron la mercancía se le fue esta vana idea de la cabeza. Ahora es negra, no hay que engüírla en bolas envueltas de plástico y se puede llevar en cualquier lado.

Se queda un rato mirando lo que tiene en las manos. Parece una lámina de caucho, no huele extraño y es maleable. Al lado está Julia, la que ha sido su inseparable amiga desde el colegio que tuvieron que abandonar a los 14 años para trabajar como leonas. "No se preocupen señoritas -dice Marcos, quien les paga el billete de avión a España-. La Policía no se enterará de lo que llevan". Quizá lleva razón ese hombre de rasgos indígenas, aquello no era cocaína, parecía más bien caucho que podía ser escondido de mil y una maneras. Con determinación mira a Julia. Esta parece no estar muy convencida de lo que va a hacer pero le mueve suavemente la cabeza de arriba a abajo. "Lo hacemos" sentencia Milene.

Marcos les explica lo que deben hacer. No tiene por qué pasar nada. Las láminas irán en unos falsos fondos de las maletas. Si los funcionarios revisan los enseres pensarán que son contrafuertes y no les prestarán atención. Milene y Julia lo entienden a la perfección y cogen el primer avión hacia la Terminal 2 de Barajas.

Unidas más que nunca, las dos amigas se disponen a pasar los controles del aeropuerto brasileño. Cuando jugaban en el recreo no pensaban que iban a llegar a estos límites, simplemente se imaginaban casarse con un príncipe azul y vivir en una pequeña casita en la que plantarían unas papas. Pero casi nunca se cumplen los sueños, más bien suele suceder lo contrario por lo que toca luchar para conseguir llevarse algo a la boca. Les preguntan en el control aduanero que a dónde van. Siguen las directrices marcadas por Marcos y afirman que se dirigen a España de vacaciones .

Unas 12 horas escasas les separan de quitarse la pesada carga que les dará la oportunidad de empezar una nueva vida. Julia está asustada, no puede dormir pensando en qué le puede pasar si les descubren. Milene le tranquiliza, le dice que ya está todo hecho y que lo que toca ahora es rezar. Consiguen entonces dormir un poco y se despiertan con la dulce voz de una azafata: "Estamos sobrevolando Madrid. Abróchense los cinturones porque vamos a aterrizar".

Julia y Milene salen del avión. Se les nota una cierta inquietud que les hace temblar. Un agente les pregunta el motivo del viaje y le responden. Es entonces cuando les dice que deben pasar a una sala adjunta. Es blanca y está bastante bien iluminada. Allí un hombre no muy alto les señala las placas. El sueño había acabado mientras Marcos se lamentaba porque había perdido una semana.

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El Espectador

Poco han de saber sobre mi. Ignacio Rubio Pérez, intento de periodista. Estudio 3º en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense.

Los hay más atentos y menos, más aburridos del espectáculo o entusiasmados con él. El Espectador debe intentar ser crítico y observar con detalle todo lo que se le pasa por sus narices. Así lo intentaremos ser aquí.

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