De camino a La Rioja

Es la vuelta con la familia, es volver a ver a los amigos y conocidos. Por delante quedan más de cinco horas hasta llegar al especial enclave del Cidacos medio. Pero no importa, son mayores las ganas de sentir que estás en casa que la pereza o los olores corporales del que está al lados. Unos hedores a los que, tras unas horas pasadas, acaba uno acostumbrándose. Se quiera o no, cada viaje, cada vuelta se constituye como una verdadera aventura en la que un gesto o unas palabras pueden marcar mucho.
El periplo del que les hablo empieza en la estación de Avenida América de Madrid. Allí, la gran mole subterránea se abre para dejar paso a todos aquellos que, sintiéndose prácticamente madrileños, vuelven a la tierra donde mamaron su ser. Es un lugar sombrío, bien acondicionado, donde son muchas las maletas arrastradas, donde se puede ver la ilusión de que la monotonía cierra sus puertas. Es en esta estación, como en casi todas, donde se pueden ver muchas escenas: la del novio que se despide de su chica dándole un beso, la de los padres que reciben a su hija con un gran abrazo o la del inmigrante que llega directo del aeropuerto de Barajas y que con su macuto se dirige a otro lugar de España.
Una vez que se toma asiento llega la parte más aburrida que también tiene sus encantos. A cada kilómetro ves cómo cambia el paisaje: de la llanura castellana a los montes riojanos, del color amarillento a unos tonos más verdes. Estás cansado y te echas una pequeña siesta que suele verse cortada por la llegada a la pequeña, pero organizada, estación de Soria. Nada más bajar dle autobús para hacer la parada reglamentaria notas una bofetada de frío. Te espabilas un poco y vas a la cafetería. Hay hambre y por eso comes un pincho de tortilla o un trozo de panceta en un bar 100% soriano donde los camareros te sirven con una eficacia encomendiable.
Ya has descansado y te pones de nuevo en ruta. Es bonito salir de la capital serrana y llegar al Puerto de Piqueras. El paraje no puede resultar menos escandinavo con sus pinos repletos de nieve. Como siempre, el prometido túnel no funciona y quizá lo prefieras así. No es que vaya ahorrar mucho tiempo y te puede llegar a quitar uno de los mayores gustos de la vuelta a casa. Entre el manto blanco ves un cartes de bienvenida. Su lema no puede ser otro: "Comunidad Autónoma de La Rioja". Ya entrada en tu pequeña región sientes que han cambiado cosas, pero que la esencia de una tierra tan singular sigue presente. No puedes ver mucho, es de noche, pero las pequeñas luces te muestran pueblos con encanto antes de llegar a Logroño.
Da ilusión llegar a la capital riojana porque sabes que queda menos para ver a ese abuelo que espera como agua de mayo. Es entonces cuando tienes que volver a coger otro autobús. Llevas más de cuatro horas y cuarto de camino, los ojos empiezan a echar de nuevo las persianas pero te resistes a dormir porque quieres ver la llegada a tu querida Arnedo, deseas ver ese castillo iluminado del que nunca habías tenido esa imagen hasta hace poco más de un año. Por fin llegas a tu destino. Llamas al portero por el que te ve tu madre y en seguida te contestan. Estás nervioso porque sabes que allí estarán tu madre y tu abuelo esperando mientras tu padre está viendo la televisión. Al fin llegas al 3º E y sientes el abrazo que estabas esperando durante mucho tiempo pero sabes que queda menos para irte de nuevo.
Sobre este blog
El Espectador
Ignacio Rubio PérezPoco han de saber sobre mi. Ignacio Rubio Pérez, intento de periodista. Estudio 3º en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense.
Los hay más atentos y menos, más aburridos del espectáculo o entusiasmados con él. El Espectador debe intentar ser crítico y observar con detalle todo lo que se le pasa por sus narices. Así lo intentaremos ser aquí.
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6 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Martina dijo
Me has leido el pensamiento con este texto!! describes perfectamente la sensación que tengo al hacer este mismo viaje.
Suele pasar, cuando llevas bastante tiempo sin volver a tu casa te das cuenta de lo mucho que lo añoras aunque años antes no veías el momento de volar de allí!!
y que te pasa cuando haces el viaje de vuelta a Madrid? que sientes?
azul1545 dijo
Tu has escrito la vuelta a casa...yo la partida...pero al fin y al cabo no dejan de ser sensaciones que compartimos...Dan mucho de sí las horas de autobús...Nos vamos de casa, pero siempre podemos volver...
Un saludo!
Ignacio Rubio Pérez dijo
Martina crei que llevas razón en las matizaciones que has hecho. Hay ganas de irse en un principio para descubrir cosas nuevas, pero después un tiempo deseas volver simplemente para ver a tu gente, para ver lo que es al fin y al cabo tu hogar.
De la vuelta ya hablaré, aunque ya te adelanto que duermo mucho más hasta la llegada a Guadalajara que es donde te das cuenta de que ya estás llegando a Madrid.
Un saludo.
Ignacio Rubio Pérez dijo
Azul1545 ta leí tu post sobre la ida, en este caso a Leioa o Lejona (como prefieras XD), con sus sensaciones que son semejantes a las que siento yendo a Madrid, pero con unos paisajes radicalmente opuestos.
Saludos ;)
Naomi dijo
Yo todavía no he sentido esas sensaciones de las que habláis por suerte o por desgracia pero me pongo por un momento en situación y se me ponen los pelos de punta.
Ignacio Rubio Pérez dijo
Naomi, no te preocupes que tampoco es para tanto porque tiene su encanto. Todo es acostumbrarse al ir y venir.
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