Volver a empezar

Suena el despertador. El tono chirriante metálico hace que Ester se levante de un salto corriendo directamente hacia la cocina. Son las siete y media de la mañana y debe prepararle rápidamente el desayuno a su marido que tiene que ir a trabajar. Sólo ha empezado el día, pero Ester ya está nerviosa. Tiene miedo de cometer un fallo, de hacer algo mal y dar la excusa perfecta a Manuel para que le pegue un guantazo en la cara. Ayer mismo, Manuel le dio un puñetazo en el ojo. La razón del ataque era que la sopa de la cena estaba insípida. El tío, después de hacerle un señor moratón, se quedó tan tranquilo y le pidió perdón.

Ester sabe que ahora va a poder disfrutar de esas cuatro horas de libertad que tiene hasta la hora de comer, así que, tras vestirse, se ha maquillado bien el ojo para que no se le note mucho el hinchazón y sale a la calle. Tras hacer la compra y llevar a sus hijos al instituto, visita a su amiga Julia. Esta le ha dicho en innumerables ocasiones que deje al cerdo de Manuel. Dice de él que es un machista y que no tiene derecho a fastidiarle la vida. Ester cree que lleva razón pero no quiere dejarlo por el qué dirá la gente y por sus hijos. "Esto no es vivir, no puedes permitir que siga yéndose de rositas. Tienes que denunciarle" -le comenta Julia tras tocarle el ojo. Quizás lleve razón, pero Ester aún sigue conservando la esperanza de que Manuel cambie y vuelva a ser ese chico que le llevaba flores cuando eran novios. Piensa que Manuel se arrepiente y que no sabe lo que hace porque tiene mucho estrés en el trabajo.

El tiempo pasa rápido en casa de Julia y Ester acelera la marcha para llegar cuanto antes al apartamento donde vive con Manuel y sus dos hijos adolescentes. Ha decidido que hoy va a preparar unas lentejas con chorizo y unos filetes de pollo empanados. Quiere hacer las paces con Manuel pero este no le da oportunidad. Después de llamarle puta y amenazarla de muerte, le dice que espera que la cena sea mejor, que ya está harto de que le tomen por el pito de un sereno. Ester siente entonces que todo sigue igual. Ya no sabe si es mujer o es una mierda. ¿Debe llamar a los servicios sociales? No lo ve necesario, sólo le ha pegado un par de veces, pero cada vez tiene más dudas.

Mientras hace memoria Ester se acuerda de la primera vez que Manuel le puso la mano encima. Eran novios y ella le había hecho una broma. Reaccionó mal y le dio una bofetada. Por aquel entonces Ester no le dio más importancia, pensaba que era algo aislado. El tiempo le quitó la razón. La primera vez tenía 22 años, ahora ya son 52, es decir, 30 años de calvario. Con sólo pasarle la idea que ha malgastado su vida, Ester suelta unas lágrimas pero está convencida de que hay que hacer algo.

Esta tarde ha vuelto a hablar con Julia. Le ha contado que está hasta las narices de que le trate como a una basura. Sigue diciéndole que no le ha pegado en la comida, pero que ha sentido más miedo que nunca cuando le ha dicho que la iba a matar. Julia está totalmente convencida de que hay que cortar de raíz. Habla con su amiga, le dice que coja a los chiquillos y que le mande a freír espárragos. Ya es hora de empezar de nuevo una nueva vida con esperanza, con ganas de seguir adelante. Hay que dejar atrás al cabrón de Manuel. No quiere que le pase como a otras. Julia ha aceptado a pasar la noche en su casa. Se ha traído a sus hijos, pero sigue teniendo miedo. Queda mucho camino por delante, pero tiene todas las de ganar para mandar al maltratador a la cárcel. Ahora empieza el camino para dejar atrás la miseria, pero en su corazón todavía siente algo por Manuel. No es amor, eso se olvidó hace tiempo. Hablamos más bien de odio visceral.

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Raquel dijo

Derrochas imaginación por todos lados, me encanta tu manera de narrar la actualidad.
Yo también pensaba tratar este tema. Hoy me he alarmado muchísimo. Han muerto cinco mujeres a manos de sus parejas en menos de 24 horas.

José Antonio Lázaro Espila dijo

Lamentable la situación. Nunca estas 100% seguro de convivir con un matratador/a ni tampoco si te convertiras en un@.Es muy triste.

Martina

Martina dijo

Cada vez me alegra más leerte, tenía la confianza de que no me hablaras de lo que todo el mundo habla hoy, del famoso debate, de quién gana y quién no!!

No has fallado en relatar la manera en la que se sienten muchas mujeres que como la que cuentas aquí sufren los malos tratos por parte de sus parejas. es un tema de los que desgraciadamente tenemos noticias a diario.

Cómo se sientes estas mujeres que lo sufren lo has plasmado muy bien.

Tendríamos que hablar de los agresores mucho más de lo que hacemos, Creo que no nos hemos parado a pensar en el que si hay que trabajar con estas mujeres para que no se sientan anuladas, también lo tendremos que hacer con los agresores para evitar que lleguen al extremo de utlizar la fuerza para anualarlas.

un saludo!!

Ignacio Rubio Pérez dijo

Raquel esto es una plaga y hay que hacer algo más que sacar leyes. Hay que educar en la igualdad, en el respeto al prójimo. Cada día estoy más convencido de que hay que trabajar contra el maltrato, algo que, por lo visto en el debate Rajoy-Zapatero, resulta poco importante para los políticos.

José Antonio, llevas razón, es muy triste y nunca se sabe de dónde va a salir el siguiente.

Martina, no quería hacer ayer un análisis del debate porque muchos ya lo leyeron muy bien. Pero es que, este asunto que he tratado tuvo ayer récord de muertes y hay que pararlo. Por eso hay que hablar de él, que nos sea conocido para poder atacarlo mejor.

La verdad es que elegí la posición de la mujer no sólo por víctima sino porque me encuentro más cercano a ella. El maltratador es imprevisible, un enfermo del que es difícil hacer un análisis. No sabría ponerme en su pellejo y tampoco lo quiero. Lo que hay que hacer con ellos es penarles además de tratarles psicológicamente. La educación de nuestros futuros hijos es la que conseguiría acabar con esto. Pero, sobre todo, hay que concienciar.

Un saludo a todos.

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El Espectador

Poco han de saber sobre mi. Ignacio Rubio Pérez, intento de periodista. Estudio 3º en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense.

Los hay más atentos y menos, más aburridos del espectáculo o entusiasmados con él. El Espectador debe intentar ser crítico y observar con detalle todo lo que se le pasa por sus narices. Así lo intentaremos ser aquí.

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