Tocar fondo

Le gustan sus músculos, pero cree que son todavía demasiado pequeños. Gerardo, un joven estudiante de 2º de bachillerato, quiere convertirse en un verdadero maromo y no va a parar hasta que lo consiga. Desea parecerse a esos que salen en televisión. Si consigue emularlos, piensa que podrá ligar más por las noches y fardar ante sus amigos. Así que, con tal objetivo, el joven se apuntó al gimnasio de su barrio. Allí levantaría pesas, haría ejercicios de abdominales y correría en la cinta todo lo que pudiera. En su día le comentó a su madre la idea de hacer deporte así que esta, todo contenta porque no había visto hacer ejercicio a su hijo en la vida, le dio su apoyo y decidió pagarle las mensualidades.
Pasaron los meses y Gerardo se sentía bien consigo mismo. Notaba cómo le bajaba ese pequeño flotador de su estómago y cómo aquellos brazos fofos se convertían en verdaderas varas de hierro. A él le gustaba la idea, notaba que las chicas le miraban más, así que siguió a lo suyo. Aumentó el número de repeticiones y empezó a cuidar la dieta de tal manera que pudiera aumentar la masa muscular. También decidió que era la hora de tomar batidos de proteínas. La operación tríceps iba a toda vela, nada lo podía parar.
Lo que en un principio se había convertido en interés por mantenerse en forma se estaba convirtiendo en obsesión. Apenas terminaba las clases, Gerardo se dirigía al gimnasio. Entre sus compañeros de ejercicios se decía que parecía un "yonqui" de las pesas y quizá no les faltara la razón. Viendo tal situación, su entrenador personal tomó cartas en el asunto. Habló con Gerardo; le dijo que no tenía que tomarse tan a pecho esta historia de los ejercicios, pero el chaval pasó olímpicamente.
En una ocasión un amigo del gimnasio le ofreció a Gerardo un atajo para conseguir lo que tanto había estado buscando durante más de un año. Ya se sabe que los caminos cortos no suelen ser los mejores, pero Gerardo aceptó. Se trataba de pincharse anabolizantes. Al principio le daba un poco de repelús, pero nuestro protagonista se acostumbró pronto y los resultados no tardaron en aparecer. De golpe y porrazo Gerardo consiguió tener unos músculos hinchadísimos. A su madre le parecían un poco exagerados, pero el chico le decía que era lo normal, que no se preocupara.
Gerardo se fue enganchando sin darse cuenta. De un pinchazo semanal pasó a 14 en unas pocas semanas. Notaba cómo el dinero se esfumaba en anabolizantes. Lo que antes lo gastaba para dedicarse al ocio, iba dirigido a la adicción. Y así el ahora culturista se quedó sin blanca por lo que se lanzó al tráfico de sus tan queridas hormonas. Pero el tiro le salió por la culata. Sin apenas haberse metido en el negocio, la red en la que se metió se vio desarticulada. Gerardo había tocado fondo. Le tocaba ir a la cárcel.
Sobre este blog
El Espectador
Ignacio Rubio PérezPoco han de saber sobre mi. Ignacio Rubio Pérez, intento de periodista. Estudio 3º en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense.
Los hay más atentos y menos, más aburridos del espectáculo o entusiasmados con él. El Espectador debe intentar ser crítico y observar con detalle todo lo que se le pasa por sus narices. Así lo intentaremos ser aquí.
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6 comentarios · Escribe aquí tu comentario
plcm dijo
Estupenda historia, como siempre.
Un Abrazo
Pedro Crespo
Ignacio Rubio Pérez dijo
Pedro tenía que escribir sobre esto porque hay gente que no es consciente de los perjuicios que tienen para la salud determinados fármacos.
Gracias ;)
umaestef dijo
Ignacio, tenías razón al iniciar este blog, el espectador siempre conoce cosas curiosas que aunque a veces oye, no se para a escucharlas y tu las pones a todo volumen.
Cada día nos pensamos menos vulnerables, más fuertes y parece que hemos perdido consciencia de la muerte como algo cercano. Eso nos anima a arriesgar en muchas cosas, con las pastillas, la alimentación, la velocidad y después vienen los dramas.
Avanzamos, pero no aprendemos.
Besotes grandes.
Ignacio Rubio Pérez dijo
Así es, lo que hay que hacer es escuchar nuestro entorno y, a partir de eso, intentar entenderlo o, por lo menos, comprenderlo. No sé si estoy realizando la función de altavoz, pero sí que lo intento aunque sea dentro de esta pequeña red de blogs riojanos como hacemos todos los que aquí estamos metidos.
Y como hay que escuchar, hay que estar atentos a todo porque la caída puede venir de todos los lados.
Un beso grande.
Raquel dijo
No he podido evitar escribir sobre ello.
Un saludo.
Ignacio Rubio Pérez dijo
Gracias Raquel ;)
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