Hoy es un gran día

Cuando Fernando se acercaba por esa plaza no podía evitarlo, pero las tripas se le revolvían sobremanera. No era la estética de sus adoquines o el diseño de sus papeleras y farolas. Era otra cosa. Algo que no tenía nada que ver con lo material, sino más bien con la implicación emocional, con la simbología. Como si fuera el mismo diablo en una iglesia, sentía cómo un escalofrío le recorría la cabeza y le pinchaba en la nuca cuando tenía que pasar por ese lugar de la vergüenza; de esa vergüenza de quienes se creen con el derecho de quitar o no la vida.

Nada malo le había pasado a Fernando por aquel lugar. Ninguna chica le había dicho que no a su oferta de noviazgo o ningún familiar le dijo que no le quería volver a ver. Nada. Pero Fernando no podía evitarlo cuando tenía que ver la Plaza Joxe Arregui de Zizurkil. Arregui era un conocido etarra que según algunas versiones había sido torturado en la cárcel de Carabanchel donde murió. Fernando sabía esto, pero también era consciente de que quienes habían permitido esa vejación contra la democracia habían saldado cuentas con la señora Justicia. Pero ante esto los abertzales parecían no darse cuenta. Ellos seguían, y siguen, con su mito de la lucha por la independencia a través de la "insurrección militar". Fernando no se lo podía creer durante todos estos años. No le entraba en la cabeza cómo en su pueblo se levantó un homenaje a un asesino. Pero al fin se ha hecho justicia.

Hoy, cosas de la vida, parece que se ha lavado la cara a su querido pueblo. Fernando se siente menos extraño, menos raros ante quienes defienden la violencia. Siente que hay más gente que piensa como él, aunque precisamente no comparta ideología con ellos. Resulta que hoy el pleno del ayuntamiento ha decidido sacar brillo a la memoria y cambiar el nombre a esa plaza donde a Fernando le temblaban las piernas. Por una vez en mucho tiempo, se han puesto de acuerdo el PNV, el PP, el PSOE e incluso EB-Aralar. Parece ser así que las cosas cambian poco a poco. Eso sí, Fernando es consciente de que aún queda mucho por hacer.

Cuando estaba en el pleno ha decidido saludar a Rubén Múgica, hijo de otro Fernando que desgraciadamente se hizo más conocido. No sabía que decirle. No le conocía de nada pero sentía que tenía que mostrarle su apoyo. Así que, todo decidido, se ha sacado una rosa de su chaqueta, se la ha entregado y le ha dicho que siga adelante, que son muchos los que aún luchan por la verdadera libertad en el País Vasco. Fernando no es víctima del terrorismo, tampoco se dedica a la política, simplemente es un ciudadano que hoy ha cumplido con su deber cívico. Después ha bajado las escaleras del consistorio y ha levantado el puño de la dignidad frente a los perros rabiosos reunidos.

PD: siento no haber escrito nada estos días. Eso sí, ha sido por razones técnicas y es que nunca funciona el internet cuando quieres. Más aún, cuando estás en un Colegio Mayor.

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El Espectador

Poco han de saber sobre mi. Ignacio Rubio Pérez, intento de periodista. Estudio 3º en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense.

Los hay más atentos y menos, más aburridos del espectáculo o entusiasmados con él. El Espectador debe intentar ser crítico y observar con detalle todo lo que se le pasa por sus narices. Así lo intentaremos ser aquí.

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