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Perro rabioso

Hugo Chávez, el autodenominado como político "bolivariano", vuelve a montar el espectáculo. Y es que sus salidas de tono son ya más que habituales. Por lo que se ve, el mandatario venezolano no puede callarse y, lo que es peor, no puede expresarse con un mínimo de educación y respeto hacia sus adversarios políticos. Hagamos una pequeña recapitulación de los ataques de este perro rabioso. En primer lugar, sus insultos fueron dirigidos contra el ex-presidente mejicano, Vicente Fox, al que calificó como "el perrito faldero del imperio". Más tarde fue Donald, secretario de Defensa estadounidense, el que recibió la puñalada al decir de él que es "uno de los perros del demonio"; ese demonio del que dijo que olía a azufre en la tribuna de la sede de las Naciones Unidas de Nueva York. Y podríamos seguir la cuenta de quienes han recibido puñaladas. Entre ellos, por ejemplo, los directivos de Globovisión o los líderes de la oposición venezolana.

Esta vez le ha tocado a Ángela Merkel. La canciller alemana es para Chávez "de la derecha alemana, la misma que apoyó a Hitler y la misma que apoyó el fascismo". Bajo el agudo análisis del ex-golpista, la derecha alemana no ha sufrido un proceso de depuración que le llevó a ser uno de los máximos garantes de la democracia cristiana en Europa y que incluso ha podido hacer coalición con los socialdemócratas del SPD. No. Todo se puede reducir a bueno y malo, a Dios y el diablo, a fascismo y socialismo. Pero ahí no quedó todo. "Señora canciller, se puede ir a..." y "porque es una mujer no voy a decir nada más" siguió diciendo Chávez. Además le ha invitado a que no acuda a la próxima cumbre entre América Latina, Caribe y Unión Europea (ALC-UE) que se celebrará en Lima, Perú.

¿Y todo esto a qué viene? ¿Es un simple capricho? Pues, la verdad, no es que sea un arrebato. La dirigente alemana había aconsejado a los gobiernos latinoamericanos que no se acercaran mucho al gobierno venezolano. Viendo esto, pues la verdad es que hay razones para el enfado, pero las formas deslegitiman todo lo que se puede llegar a decir con razón o no. Pese a esto, comparto las palabras formuladas por la canciller. Chávez, como he dicho en muchísimas ocasiones, no debe ser el referente de la izquierda en Sudamérica. Hay otros modelos, más eficaces y estables como pueden ser los de Bachelet en Chile, Lula Da Silva en Brasil o Tabaréz Vázquez de Uruguay. A otro lado deben quedar los Correa o los Evo Morales, ejemplos de la buena mezcla entre populismo y nacionalismo.

Cómo no, el perro rabioso, como si se encontrara acorralado desde la derrota que sufrió en el último referendo celebrado, sabe que tiene que lanzar sus últimos ataques infructuosos contra quien pueda. Así que, siguiendo este principio, ha vuelto a referirse al Rey Juan Carlos y su famoso "¿por qué no te callas?". Le da mucho juego el Borbón. Usando la figura del monarca consigue activar el victimismo frente a la aristocracia. No es que sea yo un firme defensor del Jefe de Estado, pero ya vale de tanta manipulación interesada.

Dicen que un perro, cuando tiene la rabia y babea mucho por la boca, se esconde en lugares oscuros y muerde todo lo que encuentra por su camino. En ese momento tienen el cerebro inflamado y no puede evitar los interminables dolores. ¿Hace cuánto no sale Chávez del estudio de 'Aló Presidente'?

Objetivo: Hitler

No todo fueron apoyos para el Führer. Al contrario de lo que pensaban muchos por aquellos años, había sectores del pueblo alemán se sentía identificado con el brazo de hierro teutón. Entre estos podemos encontrar no sólo a políticos y militantes de organizaciones democráticas o izquierdistas, sino también a unos cuantos militares de esos que tuvieron que ir a los frentes occidental y oriental. Sí es verdad que una gran mayoría de los ciudadanos veneraban el ritual de símbolos, los discursos nacionalistas y la promesa de un nuevo Reich tras la eliminación sistemática del enemigo político, racial o religioso. Ese tono mítico que rodeaba a la gran figura conseguía muchas simpatías.

Corría el año 1944. El régimen nacionalsocialista iba a conocer poco después su final a manos de las tropas aliadas. Pero antes de que pasara esto hubo un intento de eliminar al máximo representantes de la barbarie. No tuvieron suerte quienes estuvieron planeando el más conocido intento de atentado contra el dictador alemán. Entre ellos estuvieron Georg y Philipp von Boeselager, dos hermanos oficiales de la Wehrmacht, el ejército alemán maquinado por el sistema. 'Matar a Hitler era una cuestión de honor' ha dicho Philipp para el diario "El País". Puede que lleve razón teniendo en cuenta el contexto en el que tuvieron que vivir. Quizá con una hipotética muerte del autor de Mein Kamp se hubieran evitado muchos sinsabores de la improductiva resistencia nazi frente al Ejército Rojo. Quizá no.

Recibió el nombre de Operación Valquiria. Detrás de la confabulación estuvieron varios militares descontentos con las políticas de genocidio de las SS pero su figura emblemática, su mano ejecutora, fue el coronel Claus von Stauffenberg, el hombre que puso la bomba en la guarida del lobo nazi. Pero hoy hablamos de Philipp. Es el último superviviente de este grupo de valientes que intentaron hacer justicia por su mano en unos años en los que esa justicia no campaba por esos lares. Con sus 90 años consiguió resistir no sólo a las represalias de los últimos coletazos nacionalsocialistas, sino al del tiempo hasta el pasado 1 de mayo cuando falleció.

Nunca le impresionó el "mesías" alemán. Más bien le parecía antipático a pesar de lo que le impuso la guardia de las SS que lo escoltaba. Es normal que sólo se fijara en la seguridad, al fin y al cabo eran a quienes tenían que evitar para llegar al objetivo: Hitler. Dice de él que no había respetado el concordato con la Iglesia. Además la Gestapo ahogó en la bañera a uno de sus primos, así que no era precisamente admiración lo que le tenía al tirano. Cuando después se enteró del "tratamiento especial" que se le daba a cíngaros y judíos ya no había marcha atrás. Era la gota que colmaba el vaso. 'Instigó a la resistencia. Fue un gran shock para mí. Uno no se podía imaginar -insiste Phillip- que teníamos un gobierno de criminales'.

Hoy han publicado una entrevista con él. Muchos deberían aprender de este personaje que ha pasado a la Historia.

Las armas de la dignidad

El agua inunda la habitación ante la atenta mirada de unas ratas que empiezan a gruñir al lado de un búnker improvisado a base de sacos de arena y un agujero en el suelo. Lo que antes había sido una casa bastante lujosa había quedado reducida a cenizas gracias a los constantes ataques lanzados por las Walfen-SS y la Policía Azul, los colaboracionistas polacos. En una esquina está Samuel quizá abstraído, quizá pensativo. Son muchas las muertes que ha visto pasar por delante de sus ojos. Son demasiadas las despedidas que ha brindado cuando, por ejemplo, los nazis se llevaron a su hermano menor, su mujer y su sobrino. Pero a pesar de todo él sigue ahí, en la resistencia. No quiere abandonar su Varsovia natal aunque algunos deseen acribillarlo a tiros.

Todo empezó con la ocupación alemana. Hacía casi tres años de ese infierno devastador en el que se convirtió la guerra relámpago o como llamaban los teutones la "Blitzkrieg". A partir de entonces, miles de judíos como la familia de Samuel empezaron a ser recluídos en guetos donde empezaron a morir y ver marchar trenes hacia los campos de refugiados. Muchos se resignaron. Samuel y muchos más no. Se negaban a ver impasibles cómo su pueblo era masacrado, pisoteado e incendiado. Cada noche Samuel veía arder una sinagoga que prendían con las torás que había dentro.

Estando en el gueto de Varsovia, donde al principio había casi unos 380.000 judíos, Samuel decidió que ya era la hora. Así que, sin preparación militar alguna se unió a las armas. Era la única salida ante tantos trenes de ganado que sólo tenían billete de ida. Muchos fueron los que decidieron plantar cara a base de cócteles molotov, explosivos caseros, revólveres y algún que otro fusil. A Samuel no le gustaba la violencia, pero en esta situación se hacía indispensable además de ética.

El Armia Krajowa, el Ejército Territorial Polaco, les daban granadas a los insurgentes del gueto de Varsovia. Además, estos pudieron establecer enlaces con parte de la insurgencia comandada por la Guardia del Pueblo que radiaba mensajes de socorro hacia los aliados. Así que a base de valor Samuel y sus compañeros consiguieron hacerse autosuficientes gracias a la creación de una redes de túneles que les permitían defenderse de los ataques aéreos. Había días en los que muchos dedicaban 12 horas al mantenimiento de la resistencia.

Samuel se dedicó durante muchos días a atacar a los alemanes por la noche. Le resultaba incluso bonito ver arder algún tanque o a un simple colaboracionista. Con todo esto se tomaba la venganza por su mano. Pero no todo es de rosa. La vida es muy puta y Samuel lo sabía ahora que estaba ensangrentado en el salón inundado de su casa. Una bala le había alcanzado la femoral. La roja sangre caía por su pierna hasta llegar al agua donde se expandía haciéndose mucho más clara. Samuel estaba presenciando no sólo su final, sino el fin de quienes intentaron plantar cara a la barbarie de la sinrazón. El levantamiento del gueto de Varsovia estaba en las últimas, apenas quedaban trescientos "soldados" para mantener la resistencia. Muchos los recordarán pero los malos habían vuelto a ganar.

Sobre este blog

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El Espectador

Poco han de saber sobre mi. Ignacio Rubio Pérez, intento de periodista. Estudio 3º en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense.

Los hay más atentos y menos, más aburridos del espectáculo o entusiasmados con él. El Espectador debe intentar ser crítico y observar con detalle todo lo que se le pasa por sus narices. Así lo intentaremos ser aquí.

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