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Adiós Cuba

Ya pasado el cansacio del jet-lag, o eso creo yo, y las cosas vuelven a su sitio. De La Habana a Arnedo, pasando por Madrid que es donde me encuentro ahora. Durante 8 días he vivido en otro mundo totalmente distinto al nuestro, un país con otro sistema con tantos amigos como enemigos. Un lugar, a fin de cuentas, marcado sobremanera por su clima y su gente que se constituye como un pueblo que está mostrando su fortaleza día a día. No vive en miseria, es verdad, tampoco es que sea analfabeto, pero son muchas las lagunas que se pueden ver en el régimen en tan sólo una semana.

La verdad es que no me esperaba que la maquinaria dictatorial fuera tan permisible en algunos casos. Las quejas expresadas son abundantes cuando uno coge confianza con algún cubano. Ven que hay cosas que cambiar, que su país no puede seguir así, pero no hacen mucho porque saben que si lo hacen sí que pueden sufrir represalias por parte del gobierno. Es decir, se permite dar a conocer un cierto desencanto que permite justificar a fin de cuentas las posturas estatales y su sentido libertario. En una ocasión, mientras esperábamos en una de las interminables colas de un supermercado, una mujer gritó que hacía falta la llegada del capitalismo para que la gente trabajara. La respuesta del cajero y de la gente fue una sonrisa irónica y nada más.

Pese a lo que algunos dicen, se puede ver que la población tiene unos mínimos de bienestar. Eso sí, los jabones, bolígrafos y medicinas parecen ser objetos de lujo que piden los lugareños a todos los "guiris" que vamos por allí y que nos constituímos como una ventana al mundo. Las tretas para conseguir estos enseres son muchas y originales, algo que muestra el carácter cubano aderezado con ciertas brisas caribeñas.

Por lo demás todo fue genial. En La Habana vimos todos los lugares emblemáticos sin la ayuda de guías. Un grupo de ocho jóvenes nos lanzábamos a la calle a las nueve de la mañana para volver sobre las siete de la tarde. Después, por la noche, tocaba un poco de Malecón con algún amigo músico que se acercaba. No queríamos intermediarios, deseábamos adentrarnos un poco en Cuba y creo que lo conseguimos. Mientras, en Varadero la cosa no fue para más. Mucha piscina, mucha playa paradisíaca de arena blanca y mucha música y tiendas estatales. Seguramente me dejo muchas cosas, pero no os quiero cansar más.

Escrito por: Ignacio Rubio Pérez 2 comentarios 13 Mar 2008 URL Permanente Tags: ,

Se intentará

Quizá no se pueda escribir, a saber. Mañana dirijo mis huesos hacia Cuba, una isla que tiene tantos enemigos como amigos. Digamos que yo soy equidistante. Creo en su gente, en su pueblo, pero no en sus dirigentes y en su sistema. Deseo que camine hacia la democracia, pero que a la vez mantenga su independencia y orgullo. Estaré una semana fuera de nuestro país, oliendo nuevos aromas que se confunden con los habanos y viendo, sobre todo, muchos espectáculos de los que tendré que hablar y dar testimonio. ¿Podré desde el hotel hablar sobre la Habana vieja? No lo sé, pero se intentará.

Hasta pronto.

Escrito por: Ignacio Rubio Pérez 2 comentarios 03 Mar 2008 URL Permanente Tags:

Preguntas incómodas

En el anterior post comentábamos el caso de un joven que puso en jaque, por lo menos durante unos segundos, a altas instancias del gobierno cubano. He aquí un vídeo con la recopilación de varias cuestiones difíciles de escuchar, aunque fáciles de hacer.

Ahora toca esperar

"El Comandante lo ha dejado, no me lo puedo creer" -piensa Sergio mientras le están cortando el pelo al aire libre. A la par que caen los mechones en la tierra como si formaran parte de una paradoja sobre Fidel, dos hombres, uno más moreno que el otro, esperan pacientemente su turno mientras echan un trago de ron que les enciende el ingenio. No están hablando de la noticia sorpresa que afecta a la Isla, sólo se centran en vanalidades y en la mujer que acaban de ver. Quizá no sepan nada del anuncio castrista, pero resulta más creíble pensar que probable no quieran decir nada al respecto. Pueden que ahora estén vigilándolos para descubrir a los detractores internos del régimen, no podría ser nada extraño. Y es que hay que estar con los ojos bien abiertos: cualquier gesto, cualquier palabra puede delatarte.

Lo habían dado a conocer por la noche. Por lo que se ve, interesaba mucho que la noticia fuera acogida en pleno sueño, ese rebelde que no sabe de verjas ni muros pero que no sabe escuchar. El Granma se hizo eco enseguida con un titular, rojo como la sangre, que anunciaba: "Mensaje del Comandante en Jefe". Sergio siente en sus dedos, gastados por años de trabajo en la caña de azúcar, que el papel no muestra nada nuevo. Mientras terminan de quitarle los pelos que le han caído sobre los hombros, puede leer que el texto de Castro lo deja claro: "Ha llegado el momento de postular y elegir al Consejo de Estado, su Presidente, Vicepresidentes y Secretario". A pesar de ello, Sergio no se queda muy convencido. Quizá sea el fin de este Castro, pero llegará otro. En el mejor de los casos -o quizá en el peor- será un joven quien le supla en los cargos. Un amigo del club de dominó le dijo hace unas semanas que uno de los probables podría ser Carlos Lage. Puede que lleve razón, pero a Sergio, la verdad, es que le da igual. Sabe que debe elegir el pueblo.

Lucio le quita el batín y le dice que son cuatro pesos pesos. Mientras busca en el bolsillo, Sergio le pregunta que si sabe algo de lo de Castro. "Ya sabes que no hablo de política" le sentencia mientras clava sus ojos como estacas. Se despide Sergio y camina hasta la tasca más cercana. Allí vuelve a ojear su ejemplar del Granma. Cada vez que lo relee le queda más claro. No van a cambiar muchas cosas a corto plazo y si deciden dar un paso adelante, será gradualmente porque el buró se tiene que cubrir las espaldas. Fidel es tajante: "No me despido de ustedes. Deseo solo combatir como un soldado de las ideas".

El arrugado anciano no sabe cuáles serán las consecuencias de lo que ha pasado hoy. Quizá como víctima del aparato propagandístico, Sergio se muestra receloso con su vecino del norte. Sabe que no tienen por qué ser tan malos porque hay muchos cubanos en Miami, pero prefiere tenerlos más bien lejos. Guantánamo no le ayuda a creer en su talante; el embargo sobre Cuba aún menos. Se siente así solo, no cree que ningún país les de la fuerza necesaria para salir adelante: España se aprovecha con sus hoteles, la Unión Europea le sigue el juego a su gran enemigo y, para colmo, algunos se dedican a hacer la pelota a lo que consideran "el paraíso comunista".

Sergio no sabe qué sentir. Quiere cambios, quiere que sus nietos puedan vivir en libertad, pero también desea que la isla sea independiente, que no acabe en manos de nadie. No sabe si hay alguien detrás apoyando a la oposición que se calla. No sabe que su canosas cejas está en la constante incentidumbre, algo muy típico de Cuba. Sergio sabe que toca esperar.

Sobre este blog

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El Espectador

Poco han de saber sobre mi. Ignacio Rubio Pérez, intento de periodista. Estudio 3º en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense.

Los hay más atentos y menos, más aburridos del espectáculo o entusiasmados con él. El Espectador debe intentar ser crítico y observar con detalle todo lo que se le pasa por sus narices. Así lo intentaremos ser aquí.

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