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Su deber

Es soldado. Siempre le había gustado la idea de estar en el ejército. No sabe por qué, pero eso de trabajar por su país le apasionaba desde pequeño cuando un buen día, con 12 años, les dijo a sus padres que de mayor quería ser comandante o algo por el estilo. Muchos se extrañaban y miraban con malos ojos esta idea, pero Julián, mientras transcurría su adolescencia, seguía erre que erre. Su madre quería que fuera ingeniero, médico o cualquier cosa que no desentrañara tanto riesgo. Pero la decisión estaba tomada. Julián quería ser militar, deseaba hacer algo por su país y sus gentes. Así que, cuando cumplió los 18, se acercó al cuartel más cercano de su Canarias natal. Ya no había marcha atrás.

De este modo fue como Julián marcó su vida. Para bien o para mal, siempre iba a estar a tiro de cañón, siempre atento a lo que le mandaran. Y pasó el tiempo mientras Julián seguía haciéndose un hombre en el Ejército. Nada sería como antes, pero el joven canario sentía que estaba cumpliendo con su deber. Muchos no le entendían, otros mostraban su admiración.

Un día le dijeron a Julián que tenía que ir a Afganistán. No le sonaba mucho ese país. Lo único que sabía es que había sido ocupado por Estados Unidos cuando derribaron el poder de los talibán. También le sonaba que la OTAN y la ONU habían establecido bases para estabilizar la zona. Algunos hablan de que todo esto entra dentro de unas maniobras de misiones de paz y puede que lleven razón, pero para mantener la paz Julián tenía la impresión de que debía haber cierta tensión. Sin lugar a dudas no estaba equivocado.

Bajó del avión y notó que la tormenta de arena le tapaba los ojos, a pesar de que llevaba unas gafas especiales. Por delante le quedaban 4 meses de patrulla. Cada jornada de vigilancia podía ser la última. Cualquier grupo de insurgentes podía colocarles un bombazo en su hammer o tirotearlos tras poner un cebo en medio de la calzada. Julián sentía que cada día era un infierno de tensión, a pesar de que uno pudiera acostumbrarse. Aun así, pudo sacar algunas conclusiones positivas. Veía que el hospital que estaba manteniendo el contingente en el que se encontraba trataba a mucha gente necesitada. Así que, aunque había riesgo, su estancia era positiva.

Ahora Julián tiene que volver a España. Extrañará la tranquilidad de las noches insulares. Se le hará raro no ver la amenaza en cada movimiento de la población, pero sabrá que ha hecho bien, que era el deber que había adquirido desde los 18 años.

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El Espectador

Poco han de saber sobre mi. Ignacio Rubio Pérez, intento de periodista. Estudio 3º en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense.

Los hay más atentos y menos, más aburridos del espectáculo o entusiasmados con él. El Espectador debe intentar ser crítico y observar con detalle todo lo que se le pasa por sus narices. Así lo intentaremos ser aquí.

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