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Escuela de la muerte

Por sus aulas no podían verse libros que hablaran de Derechos Humanos, de democracia o de respeto a las personas. Más bien se veía lo contrario: técnicas de interrogatorio y tortura o formaciones adecuadas para la lucha. Era un centro educativo, pero no una normal con alumnos jóvenes que tienen ganas o no de aprender cosas nuevas para poder avanzar en su vida -depende del caso claro está. Cuando hablamos de la Escuela de las Américas tendríamos que hablar más bien de un instituto de la muerte o del terror. En él se entrenaron, y aún se siguen entrenando, a miles de cadetes para que aprendan a luchar contra el enemigo imaginario que muy pocas veces se hace notar. Ayer eran los marxistas apoyados por la URSS, hoy son los terroristas fundamentalistas.

Pongámonos en contexto. Corría el año 1946 cuando el mundo estaba dividido entre dos grandes bloques. Uno el capitalista, adaliz de la democracia, el otro el comunista, emblema de la patria proletaria. Así que en este panorama tanto EEUU como la URSS desarrollaron innumerables proyectos dedicados a la defensa de sus intereses no sólo a nivel nacional, sino global. Uno de estos fue el anteriormente citado que se encargaba de instruir a miles de militares para defender los regímenes apoyados por el vecino norteamericano. Nace así para contrarrestar el avance de los movimientos izquierdistas y marxistas en Latinoamérica que empezaron a hacerse fuerte entre los años 60 y 80.

En esta institución, según se pueden ver en los documentos desclasificados por el Pentágono en 1996, se defendía la vulnerabilidad de los Derechos Humanos en favor de los intereses del bloque occidental en Sudamérica. Más o menos todo valía; el fin, por lo que se ve, justificaba los medios. Estos medios fueron los que desarrollaron muchos de los cadetes que salieron graduados de esta escuela ubicada hasta 1984 en Panamá. Si pudiéramos hacer una fiesta de ex-alumnos encontraríamos entre los invitados a muchos de los grandes dictadores de América Latina aparte de un número considerable de miembros de guerrillas paramilitares. Entre estos están Augusto Pinochet, Anastasio Somoza, dictador de Nicaragua o Leopoldo Fortunato Galtieri, precursor de la Guerra de las Malvinas y líder de la Junta Militar de Argentina.

En 1993, en una carta abierta, el comandante Joseph Blair, antiguo instructor de la Escuela de las Américas, declaró: "En mis tres años de servicio en la Escuela nunca escuché nada acerca de objetivos tan excelsos como los de promover la libertad, la democracia y los Derechos Humanos. El personal militar de América Latina venía a Columbus únicamente en busca de beneficios económicos, oportunidades para comprar bienes de calidad exentos de los aranceles de importación de sus respectivos países, y con transporte gratuito, pagado con los impuestos de los contribuyentes estadounidenses". Ya no había Guerra Fría, pero el enemigo mental permanecía y por ello había que seguir enseñando entre esas paredes ya ubicadas en EEUU desde 1985.

Esta institución ha sido objeto de reformas. La última fue la desarrollada en 2001 que ha sido criticada por Amnistía Internacional como un "lavado de cara". Quizá lleven razón y, ante la duda, lo mejor sería acabar con este lastre que algunos no entenderán. No hace falta entrar en una perspectiva antiamericana; no sería lo más responsable. Precisamente porque son el ejemplo de la democracia en el mundo hay que exigir a la gran potencia global que se deshaga de vestigios anquilosados en el pasado y que no tienen, ni han tenido, razón de existir. Sólo eliminando estas iniciativas antidemocráticas podremos exigir desde las libertades que caigan esas dictaduras que tanto hacen a sus pueblos. Acabemos con la locura, hagamos democracia.

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El Espectador

Poco han de saber sobre mi. Ignacio Rubio Pérez, intento de periodista. Estudio 3º en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense.

Los hay más atentos y menos, más aburridos del espectáculo o entusiasmados con él. El Espectador debe intentar ser crítico y observar con detalle todo lo que se le pasa por sus narices. Así lo intentaremos ser aquí.

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