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El recuerdo del 68

Fuera hace frío. La lluvia que cae intensamente sobre París hace estragos entre los geranios que Emile cuida en la pequeña terraza de su piso. Precisamente son este tipo de días los que hacen brotar los recuerdos de esa juventud en la que parecía que nada podía pararle los pies a ese chico que pensaba que se podían cambiar muchas cosas. A sus 64 años, Emile se ha dado cuenta de muchas cosas. Los piñazos de la vida le han hecho despertar el recelo hacia lo novedoso y hacia los cambios. Nunca pensaba que iba a llegar a estos límites, pero las utopías en las que creyó concienzudamente han sido sepultadas en una sociedad que ha caído en el materialismo consumista.

Curiosamente, hoy es 22 de marzo. Hace cuarenta años empezaba el sueño de lo imposible en Francia. Lo que en un principio comenzó con una demostración del rechazo a la separación por sexos en las aulas universitarias, se fraguó en una nueva esperanza escenificada en el Mayo del 68. Parecía por aquel entonces que las protestas de la universidad de la Sorbona, anteriores a las de la capital y que Emile veía con buenos ojos, podían ser reprimidas con cargas policiales. Pero los porrazos de Gaulle consiguieron precisamente lo contrario; hicieron renacer una nueva concepción en la que Emile se veía muy cómodo y por la que deseaba trabajar arduamente.

Fueron muchas las horas de reuniones en el comité de estudiantes de la Facultad de Económicas. Creían que mediante la organización podían desarrollar la revolución y Emile estaba volcado totalemte en esa labor. Curiosamente fue entonces cuando conoció a su querida Sophie, una joven impulsiva que representaba fehacientemente el espíritu del 68. Con ella fueron muchos los momentos de debate y de trabajo. Junto a ella, con una rosa en la mano, gritaba esos lemas de "la imaginación al poder" o el "prohibido prohibir" por el barrio Latino.

Mientras piensa en ese periodo universitario que le ha marcado la vida a Emile se le escapan unas lágrimas. Siente que ahora, siendo anciano, ha traicionado las ideas en las que creía. Unas ideas que deseaban un renacer en el socialismo y una nueva concepción del sistema político y social. Emile era uno de los muchos que ocuparon la Sorbona bajo esas banderas rojinegras que colonizaron la marcha y ante la atenta mirada de los posters de Lenin, Marx, Trostki o el Che Guevara. ¡Quién le iba a decir que años más tarde se dedicaría a ayudar a su padre en la administración de la fábrica familiar de calzado!

Pasan unos minutos. En el horizonte de su pequeña ventana de la habitación el sol empieza a reaparecer. Emile está cansado de pensar en el pasado. Durante los últimos meses no había día que no llorara: algunas veces lo hacía en recuerdo de su Sophie, otras pensando en sus antiguos compañeros de lucha. Y entretanto, el Presidente de la República dice que hay que enterrar ese mayo que dio tantas esperanzas al anciano, que eso de recordar el pasado no sirve de nada en este mundo tan bonito y tan globalizado.

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El Espectador

Poco han de saber sobre mi. Ignacio Rubio Pérez, intento de periodista. Estudio 3º en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense.

Los hay más atentos y menos, más aburridos del espectáculo o entusiasmados con él. El Espectador debe intentar ser crítico y observar con detalle todo lo que se le pasa por sus narices. Así lo intentaremos ser aquí.

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