Las reconciliaciones son siempre complicadas. Es una cuestión de reflexión interna, de asumir culpas, de pedir disculpas, de hacer borrón y cuenta nueva. Otras veces es mucho más mundana. Persiste el enfado; las miradas continúan cargadas de rencor; y cualquier conversación es el conato de una nueva bronca. Pero eso es lo de menos. Hay que compartir colchón aunque los dos piensen que el otro ronca demasiado. Todo vale. Toca hacer piña para evitar otra sesión de infidelidad con el ‘enemigo’ común.

Siempre hay un culpable. O dos. Pero eso ahora (aunque no se olvida) da igual. Realmente no han trabajado esa reconciliación por lo que el ‘amor’, si es que alguna vez existió, no volverá. Es cuestión aliviar tensiones. O forzarlas, según se mire. Algo así como una noche de pasión para, a la mañana siguiente, si te he visto no me acuerdo. Pero a largo plazo.
La educación riojana ya sólo tiene dos frentes. De momento. Uno, el de siempre: la Consejería; otro, el de los sindicatos, habitualmente dividido pero ahora, todos a una. ANPE y CSIF ya son vistos con otros ojos. Ya no forman parte del lado oscuro. Tanto es así que hasta son bien recibidos en las asambleas de interinos del IES Sagasta.
¿Buena noticia? Vaya usted a saber. No tiene pinta de reconciliación, sino de conveniencia. No es algo que hayan buscado unos y otros, sino que es lo que ha forzado la Consejería de Educación, que al final ha conseguido lo que no han logrado todos los recortes habidos y por haber. El verano de los interinos y las oposiciones, o más concretamente la supresión del primero y la existencia de las segundas, conceden a la consejería una medalla de la que no se sentirá nada orgullosa. Se queda sin apoyos y ahora le toca volver a ‘enamorar’ a los ‘suyos’.






