La UR y el traspaso de tijeras

 

Pues ya está. Poco doloroso, sin campaña electoral, sin voces discordantes, sin debate. El traspaso de poderes (más bien de tijeras) en la UR ha comenzado después de que Silvya Sastre no encontrara los apoyos que daba por seguros (al propio rector no le hacía gracia que uno de los suyos fuera el ‘heredero’) y diera un paso a un lado. Ahora sólo hace falta que se cumplan los plazos, que unos y otros se hagan la foto depositando la papeleta en la urna y que José Arnáez Vadillo nos deleite con un interesante discurso de investidura antes de ‘comerse el marrón’ y de aplicar el decreto Wert.

 

Y ahí quería llegar. ¿Qué dirá ‘Josete’ (como se le conoce en el campus) ante tanto ilustre invitado? ¿Será, como el actual, un rector tan ajeno a la polémica que desde su privilegiada posición de ‘saliente’ sólo critica la sangría que sufre la universidad española en un mail enviado a todos los trabajadores 24 horas después de que la CRUE (a la que pertenece) cargara con dureza contra el ministro? ¿Se limitará a hablar de la excelencia de la vida universitaria y el gran apoyo que se recibe desde el poder? ¿Exigirá más para que la UR no se corra el riesgo de diluirse en la vulgaridad? ¿Defenderá a los hasta 200 docentes interinos de la UR que podrían están más cerca del paro que de aportar calidad al sistema? ¿Defenderá a los alumnos ante el abusivo incremento de las tasas tras un suspenso y la supresión de becas?

Demasiadas preguntas, si, pero Arnáez Vadillo, de entrada, parece estar más dispuesto a la ‘pelea’. Muchos han querido ver una mano negra detrás de su candidatura y quizá sea sólo sea fachada, pero tras oficializar su candidatura no dudó en criticar el decreto del ministro Wert casi con más dureza que el actual equipo: “El decreto es un problema”; “Es una norma precipitada que no está clara”; “No es la línea a seguir para incrementar la calidad”; “Tiene muchas sombras”.

¿Una declaración de intenciones? Veremos.

Cicuta para la universidad

 

Ajustar hasta la extenuación; hasta que el alumno o la propia universidad no encuentren una gota de oxígeno y las reglas naturales se cumplan. Ese parece ser el objetivo que el Ministerio de Educación esconde detrás de, aseguran, el intento de dar un salto en la calidad y en el ranking mundial de la educación universitaria.

El acceso a la Universidad de La Rioja seguirá (al menos de momento y en primera matrícula) sin fijar una barrera económica insalvable para las familias. A partir de ahí se penalizará a quien suspenda. Pero más que una penalización parece una tortura. Con costes por asignatura suspendida superiores a los 500 euros, lo universidad española se convierte en una educación no superior, sino elitista.

¿Ha pensado Wert en los miles de estudiantes que, ante lo delicado de la situación, no tienen más remedio que compatibilizar estudios y trabajo? Seguro que no. ¿Ha pensado Wert en reforzar el sistema de becas para que quien quiera estudiar, estudie? Tampoco. Ha pensado en ahorrar aun a riesgo de convertir las aulas de la universidad española en eriales. De rebote, y sin alumnos en las aulas, se logra otra máxima defendida por Wert: eliminar las carreras con menos de 50 alumnos. Con esos precios lo difícil será encontrar alguna con más de 25.

Si al incremento de las tasas se suma el recorte previsto de docentes, la cuadratura del círculo está lograda. En lugar de reforzar la investigación, Educación premia a quien investiga reduciéndole horas lectivas y castiga a quien no lo ha hecho aumentándole la docencia. Hasta ahí, el argumento puede ser compartido pero, si se condena a dar clases  a los profesores más jóvenes, a aquellos que no han tenido tiempo material de investigar, ¿cuándo investigarán?

Pero el ‘castigo’ no afecta sólo a los no investigadores, sino a todos los docentes. En lugar de impartir 24 créditos al año (240 horas lectivas, aproximadamente), quien no tenga reconocidos esos méritos impartirá 32 (320). La regla de tres es sencilla: por cada cuatro profesores funcionarios no investigadores (por vocación o por obligación) se podrá prescindir de un docente laboral a tiempo completo.

¿Puede competir así la universidad española con los mejores centros del mundo? Difícil. Eso sí, estará entre las más baratas.

Video| Parodia de los alumnos de la Universidad de Oviedo de cómo será la universidad del futuro.

‘Buried’ educativo

 

Otro disgusto más para Gonzalo Capellán. Si el consejero de Educación no tenía suficiente con tener que trasladar a la región las medidas impuestas-propuestas por el ministro Wert para ahorrar 3.000 millones en la educación española, ahora tiene ‘okupas’ en la Consejería.
El diálogo se antoja imposible entre sindicatos y Consejería. Las versiones de lo que pasó ayer en la mesa sectorial son antagónicas aunque, paradójicamente, comparten el mismo argumento: “No quieren negociar”. ¿Quién tiene razón? Probablemente nadie; seguramente los dos.

Siendo un tema tan delicado como es el de la educación, y habiendo precedentes de ‘malos rollos’ entre sindicatos y Gobierno, lo suyo hubiera sido que unos y otros hubieran cedido dando cierto ‘asilo’ a las pretensiones ‘contrarias’. Pero no. Lo que hubo, dicen los sindicatos, fue “diálogo de besugos”; “boicot de CCOO”, dice Educación.

El ambiente previo al encuentro fue tenso. Demasiado tenso como para esperar un final feliz. Educación se equivoca al no conceder cierto cuartelillo a los sindicatos. Quizá aceptar un calendario de negociación para hablar sobre cómo se aplicará el aumento en dos horas del horario de los docentes no implique rendirse. Los sindicatos, por su parte, también se equivocan por acudir a un encuentro con una única idea: encerrarse si no se aceptan todas sus pretensiones. Quizá sería mejor una visión de conjunto de las medidas.

¿Habrá acuerdo? Debería haberlo. Deberían ser capaces de sentarse en una mesa, dejar en la puerta sus diferencias-odios-recelos-manías y hablar por el bien, no suyo, sino de los alumnos.

Que los encierren… pero a todos y no les dejen salir hasta que no lleguen a una solución.

Y ahora… a por la Universidad

 

Acumula kilómetros Gonzalo Capellán. Logroño-Madrid-Logroño, el lunes; Logroño-Madrid-Logroño, mañana (o hoy, jueves, según cuándo lo lean). Wert ha vuelto a quedar con los consejeros de Educación para ver qué hacen con las universidades.

De momento los expertos ya están, se supone, reflexionando sobre un modelo universitario de futuro que responda a los gustos del ministro; y ahora, mientras Wert se enzarza con los rectores en un estéril debate dialéctico en el que él defiende un sistema quizá más anglosajón y, sobre todo, con presencia en los clasificaciones de las mejores universidades del mundo y los rectores le recuerdan que el problema es que las alforjas son las que son, toca tirar, también, de tijeras.

Y Wert ha sido claro: los profesores, a dar más horas de clase; los alumnos, a pagar más; los que suspendan, a pagar aún más; y, ya de paso, mirar qué universidad o campus cerramos; cómo nos ahorramos unas cuántas becas; y cómo situamos a las universidades españolas en el top 150 del mundo.

¿Es posible alcanzar ese objetivo con esos principios? Un ejemplo: el Barça es el mejor equipo del mundo. Lo sabemos todos, pero no ha sido ni por ahorrar en entrenadores, ni por hacer pagar más a los socios/aficionados, ni por cerrar las puertas de sus instalaciones, ni por escatimar en proyecto. Es el mejor del mundo, porque en su momento apostó e invirtió en la cantera. El problema es que Wert aboga por un modelo en el que es más importante vender camisetas que en enseñar a hacerlas.

A La Rioja no le gusta (del todo) el recorte del ‘Plan Wert’

Hagamos la interpretación contraria (o libre). Imaginémonos que el jefe nos llama a su despacho y nos dice que hay que tomar medidas, que la empresa se va a pique y que o nos ponemos las pilas o vendrán los mercados. Y empieza a lanzar ideas: que si tú tienes que ahorrar en la impresora; que si se ha acabado Internet; que si el café durará 10 minutos en lugar de 30; que si la cesta de navidad sólo tendrá aire… En ese momento le decimos: “Vale”, pero de todo lo anterior sólo me parece bien lo del café. ¿Qué pensaría el jefe?

Algo así debe pensar José Ignacio Wert, ministro de Educación, después de que alguno de sus propios consejeros (del PP) le hayan dicho que sí, que tiene razón, pero que no se pase de frenada. Uno de ellos, Gonzalo Capellán. “Acepto el fondo… pero…”. Y ese pero es más que importante y, probablemente, el que permitirá que la educación riojana no vuelva a los años en el que en 8ºB de Bretón de los Herreros Zurita era el número 36 de clase.

¿Qué ha pasado? Pues que, entre otras medidas, el ministro de Educación propone aumentar la ratio de alumnos por aula el 20 por ciento; propone incrementar el número de horas de docencia directa en Primaria y Secundaria; anima a paralizar la ampliación de las horas de los módulos de Formación Profesional; y deja eliminar la oferta de modalidad de Bachillerato. “Me quedo con la segunda y con parte de la tercera”, contestó Capellán a lo que yo me pregunto: ¿Está a favor o en contra de los recortes de Wert? Cada uno que responda como quiera y que haga las interpretaciones que estime oportunas pero así a bote pronto, parece que no le han parecido especialmente brillantes las medidas propuestas desde Madrid (incluso no dudó en admitir la pérdida de calidad que implica la medida relativa al Bachillerato).

Acepta el fondo (tampoco hay más remedio siendo un Decreto Ley que se aprobará el viernes), pero no lo aplica acogiéndose a la flexibilidad que les concede el ministro ¿Será porque las medidas están pensadas para ciertas autonomías? ¿Será porque la Educación sí es un problema en Castilla La Mancha y no en La Rioja? ¿Será porque La Rioja tiene más margen de maniobra? ¿Será  porque un nuevo ajuste de la Educación riojana supondría su propia asfixia?

Sea como fuere, y visto el escenario que se podría haber instalado en la región, la decisión de aceptar únicamente la ampliación del horario de docencia directa es una buena noticia. O la menos mala porque tendrá consecuencias: el paro aumentará con los entre 170 y 300 interinos (según si se hace caso a UGT, ANPE o a CCOO) que se irán a la calle y que dejará la plantilla de docentes de la Comunidad. Un mal menor cuando desde ANPE aseguran que ejecutar la reforma de Wert a pies juntillas implicaría 700 interinos (hay 900) menos en el cuerpo docente riojano.

Eso sí, la calidad está asegurada… incluso con 300 docentes menos. Habrá que ver.

Los liquidadores

 

¿Se acuerdan de los liquidadores de Fukushima? Hace poco más de un año ellos se convirtieron en los grandes protagonistas de los informativos. Arriesgaron todo para desmantelar la central nuclear afectada por el terremoto y, sobre todo, el tsunami que sacudió a la costa norte de Japón. Limpiaron de polvo y paja una central nuclear que se había convertido en un arma de destrucción masiva en potencia.

Las comparaciones son odiosas pero la reunión del ministro José Ignacio Wert con los consejeros de Educación de todas las comunidades autónomas tiene ciertas similitudes con la misión de los héroes de Fuskushima. El objetivo es asegurar la calidad de la Educación, aunque para ello haya que renunciar a muchas cosas. Aquellos liquidadores desmontaron la central y eliminaron (o al menos lo intentaron) los elementos contaminantes. ¿Qué harán estos? La solución, esta tarde (o no, quién sabe).

La Rioja

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