La Rioja

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Categoría: Actualidad
Pobre español

 

Si Miguel de Cervantes Saavedra se levantara hoy de su tumba, en lugar de conmoverse por los actos organizados en su memoria, el divino escritor español buscaría sigilosamente un nuevo escondite y sellaría su sepultura a cal y canto para asegurarse de que pasaran otros 400 años despistando a los españoles. Anda y que os den desdichados.

En este sigo XXI, el español, nobilísimo idioma con el que nos entendemos casi 500 millones de personas en el mundo por vía materna (a esto añadan los cientos de miles que lo aprenden como segunda lengua), se ha prostituido como las putas en las que, según la Fiscalía de Madrid, se reivindicaban Rita Maestre (Ahora Madrid, brazo articulado de Podemos) y sus compañeras de facultad en la capilla de la Universidad Complutense.

Los extranjerismos nos están doblegando. Y aquí, en La Rioja, donde del puño y letra de un recio clérigo nació la lengua castellana, indigna un tanto más que consintamos conceder pleitesías bobas a otros idiomas.

 

Oiga usted. Si sale a correr, sale a correr. ¿Qué narices es eso del footing o del running? Si se va de compras, se va de compras. ¿De dónde ha salido eso del shopping? ¿Es usted una celebridad social? Pues reivindíquese como tal, no como una repelente socialite celebrity.

¿Lleva vaqueros? Pues no admita que le digan que su estilismo se basa en los jeans. Si en verano es de los de vestir con pantalones cortos, huya de quienes le comenten cuán bien le sientan los shorts. Si es de gimnasio, vuélvale la cara a quien le admire por cuidarse acudiendo con cierta periodicidad al gym. Y si dirige algún partido político impida que el término italiano sorpasso secuestre su lenguaje: cuánto mejor adelantar, superar o aventajar en votos al rival. Otro vocablo más que sumar a la lista de palabros que me dejan sin palabras.

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La solución de Unamuno

 

Levamos días escuchando las quejas de los vecinos de Portales, hastiados de la degeneración que está padeciendo la zona. Con toda justicia, estos logroñeses reclaman lo que otros ya podemos disfrutar: descansar, salir tranquilos de nuestros portales y vivir en un entorno cívico que nos transmita seguridad. Vamos, lo que cualquiera espera de sus administraciones, que para eso se pagan tasas e impuestos. Pero, no. A estos desesperados conciudadanos, los poderes públicos no les protegen, así lo entienden, y se han organizado públicamente para obtener soluciones.

Lo vivido estos días en Logroño me retrotrae al Bilbao de finales de la década de los 80. En pleno Casco Viejo, como puente neurálgico de conexión entre el ‘botxo’ más tradicional y la ciudad moderna, hay una plaza dedicada a Miguel de Unanumo. Durante años, sus escalinatas estuvieron ocupadas diariamente por cuadrillas rotatorias de drogadictos y litroneros que importunaban a los vecinos y les amenazaban con una navaja si no les daban dinero. Le pasó un día a mi abuela y solo una vez: mi madre, que estaba unos pasos atrás y vio la escena, les plantó cara y nunca más les molestaron. Hasta les deseaban «buenos días, jefas».

La situación se hizo insoportable. Si las críticas arreciaban, el concejal mandaba a unos ‘munipas’ a patrullar. Literalmente. Ni salían del coche.

Todo cambió con las obras del metro: al levantar la plaza para construir la boca ‘Casco Viejo’, el Ayuntamiento echó a patadas a los buscones y, una vez concluida la infraestructura que relanzó el impulso turístico de la zona con más ralea de la villa, se aseguró con vigilancia policial permanente de que no volverían. ¿No es acaso el Casco Antiguo de Logroño uno de los grandes atractivos turísticos de la ciudad? Pues ahí tienen la solución. No puede ser más sencilla y efectiva. Y no me refiero a construir una línea de metro.

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Las equis

 

Me comentaba hace unos días un compañero que un año, cuando empezaba en esto del periodismo, le tocó pagar por la Renta casi tanto como lo que ganó. El caso es que la funcionaria de Hacienda que le ayudó en la preparación de su declaración le preguntó si quería marcar la equis de la Iglesia. A lo que él contestó: «Después del palo que me habéis metido, ¿crees que aún puedo creer en Dios?»

Valga esta anécdota como preámbulo del asunto sobre el que hoy desea centrarse este post. La campaña del IRPF ya ha arrancado y con ella vuelve, cómo no, la diatriba sobre si marcar o no la equis solidaria. Rectifico. Las equis solidarias.

Porque hay dos: la destinada a fines sociales y la correspondiente al sostenimiento económico de la Iglesia Católica.

La polémica no radica en apoyar a las ONG laicas. Como cada ejercicio, la controversia está en manifestar públicamente el respaldo a la Iglesia a riesgo de convertirse en diana de comentarios maldicientes. Pero en medio del actual anticlericalismo cristofóbico todavía hay increyentes audaces que ponen los puntos sobre las íes.

Es el caso de un médico cántabro José Manuel López Vega, declarado ateo, que hace tiempo explicó en un artículo las tres razones por las que marca la equis de la Iglesia. Primera: «Ante las privaciones de muchos seres humanos(…) es natural fomentar la ayuda y la cooperación(…) a través de organizaciones eficientes(…) y dudo de que los recursos administrados por la Iglesia sean desdeñables o necesariamente sustituibles».

Segunda: «Para explicar la idea de Europa –y no digamos la de España– a un extraterrestre, sería imposible obviar el catolicismo».

Y tercera: «Me parece inexplicable el furor obsesivo por bajar los crucifijos de los colegios. No veo qué daño causan los símbolos de una fe que no me asiste, pero sí ilustra mi paisaje histórico y emocional».

Pues eso. Qué tío. Enorme.

 

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Diálogo social

 

La experiencia de concertación social tiene luces y sombras, lo que no invalida que se trate de un modelo de relación necesario para la sociedad que se debe potenciar.

En la España de la transición, los procesos de concertación sirvieron para un doble objetivo: por un lado, para establecer un consenso social frente a las medidas de ajuste que tenían que imponer los poderes públicos y, por otro, para que los sindicatos ganasen prerrogativas legales e institucionalizasen su rol.

Así es como, junto a las organizaciones empresariales, los sindicatos se fueron convirtiendo en actores decisivos para legitimar las decisiones políticas y en interlocutores con los poderes públicos. ¿Pero qué sindicatos? Ahí viene la dichosa frase: «Los que ostentan la mayor representatividad», ratio que se mide en función de las elecciones sindicales. En nuestra comunidad, los que superen el 15% de los representantes de sus respectivos ámbitos y siempre que sean al menos 1.500 representantes.

Por ello, la aprobación de la Ley del Diálogo Social en La Rioja ha enfadado a sindicatos como USO y la CSIF, que no alcanzan individualmente ese nivel de representación. No por la concesión de tan elevado rango a ese marco de relaciones si no porque se siguen quedando fuera de él (ya lo estaban sin Ley de por medio) al no alcanzar el mínimo de cuota exigida.

Y tampoco miremos como ejemplo lo que acontece al otro lado del Ebro, en Navarra. En la comunidad vecina llevan meses planteándose abrir su Consejo del Diálogo Social a más sindicatos y empresas eliminando la referencia a los agentes «más representativos». No se engañen. La decisión del Ejecutivo de Uxue Barcos obedece a intereses políticos (la incorporación de ELA y LAB sería un paso más en la euskaldunización de la región foral) que a una sincera proposición de ampliar la pluralidad de sus integrantes.

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Altadis (y II)

 

El despido colectivo se ha convertido en una fórmula de gestión empresarial en España. Altadis es la última multinacional que se ha aprovechado de ese empujón que imprimen las reformas laborales –en plural, la última del 2012 (PP) y la anterior del 2010 (PSOE)– para que estimen más que rentables los cierres.

Es una estrategia tan simple como despiadada: las corporaciones analizan la relación coste-beneficio de sus factorías y, como las cuentas no cuadran a sus intereses, pues adiós muy buenas. Dejándose por el camino, claro está, las declaraciones sobre los compromisos de responsabilidad social con sus empleados y asumiendo el perjuicio social que sufrirá su imagen.

Pero aunque las reformas faciliten esas decisiones, las corporaciones no precisan de ellas para dejar plantados a centenares de trabajadores. Sin artificios laborales ya lo hicieron Gillete en Sevilla (por cierto, que hoy sigue entre las marcas más comercializadas del país) y Schweppes y Electrolux en La Rioja.

Por tanto, que Imperial Tobacco haya confirmado el cierre de Agoncillo estaba más que cantado: el dineral que la matriz tendrá que soltar para despedir a 471 trabajadores lo recuperará a medio plazo vía Polonia y Marruecos, mercados con costes laborales muy inferiores a los de nuestro país.

Altadis es la última cuenta de un rosario de deslocalizaciones al que ya se engarzaron Roca, Telemadrid o Coca Cola generando «graves conflictos sociales» como recordó recientemente CCOO de La Rioja. ¿Altadis podría amagar de forma similar? Improbable. En ninguno de los tres casos mencionados, la parte social tenía sobre la mesa unas condiciones de negociación como las del ERE del 2009 de la tabaquera, así que resulta difícil pensar que el asunto llegue a los tribunales. Aunque ya sean numerosos los jueces que han sentado doctrina contraria a los planteamientos del paraguas normativo vigente.

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Vaya tela

 

Desde luego hay que quitarse el sombrero ante la capacidad de Podemos para copar el protagonismo absoluto de los acontecimientos políticos y sociales de este país. Pablo Iglesias logró hacerse con La Foto de los Goya. Qué tío: ‘chinos’ y camisa arremangada por encima de los codos para las audiencias con el Rey, vaqueros y cuadros de leñador para el día a día en el Congreso y etiqueta para la gala del cine español. Un esmoquin en el que cabían sus mareas, cierto, pero esmoquin al fin y al cabo como exigía el protocolo de la Academia.

Lamentablemente el hábito no hace al monje ni oculta al grosero e impertinente. Porque, aun trajeado, el profeta salvífico de España apoyó a los «compañeros» titiriteros del carnaval de Madrid, en prisión unos días no por zafios, sino por delincuentes: enaltecieron el terrorismo en un espectáculo público y eso es un delito. Así lo establece la Ley.

Pero volviendo al atavío lucido por el ungido de la nueva izquierda. No deja de ser curiosa su interpretación de los códigos de vestir: frívolo y descuidado para las instituciones que representan a todos los ciudadanos, y respetuoso y correcto con los compañeros cineastas, con los que conviene llevarse de lujo habida cuenta de las rajadas políticas con las que suelen despachar sus galardones anuales. Y eso que este año las demandas fueron más medidas.

En resumen. Iglesias, otra vez protagonista de la actualidad, sí señor. Y dejando con palmo y medio a un desconcertado Pedro Sánchez, que asumió desanudarse la corbata en pos de ‘una alianza progresista por el cambio’. «¿Pero de qué vas, figura?», presumo que pensó el líder socialista cuando ambos se encontraron en la alfombra roja. Preocupante. Si juegan al despiste con la vestimenta, ¿qué pueden deparar sus negociaciones sobre el futuro de la legislatura?

 

 

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Sobre el autor María José González
María José González Galindo. Bilbao. Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco (UPV). Periodista de Diario LA RIOJA desde 1992. Redactora de Local en las áreas de Economía, Infraestructuras y Laboral.