La Rioja

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Categoría: Actualidad
Beatriz, sé más cuca

 

«Nada me vincula a ti. Jamás hemos cruzado media palabra. Así que me siento plenamente libre para poder reflexionar en voz alta sobre el rol que te ha tocado desempeñar». Así comenzaba este suelto el 16 de marzo del 2010. Hablaba de Cuca Gamarra, cuando fue elegida candidata del PP a la Alcaldía del Ayuntamiento de Logroño. Ahora me aprovecho de aquellas palabras para dirigirme a su rival socialista, Beatriz Arráiz.

Esta semana se ha cumplido un mes desde que te convertiste en la primera candidata a la alcaldía de Logroño elegida mediante primarias. Ya sabes: más dentro que fuera de tu partido se ha tratado de poner sombras sobre el proceso, pero esa legitimidad la ganaste y siempre te acompañará. Ponla en valor y, sobre todo, ponla al servicio de tu candidatura. Ese impulso debería servirte para romper el cascarón y salir de ese discreto segundo plano que has ocupado tanto en el grupo municipal socialista de Logroño como en el PSOE

Vuelca esa experiencia en tu nueva faceta de alcaldable. Y no olvides aportar la que compartes con las madres que trabajamos fuera del hogar. Quizá sea la que más te ayude, porque hacer el encaje de bolillos que supone conciliar vida laboral y familiar enseña a saber qué es lo importante.

«Toma las riendas con decisión» le decía entonces a Cuca y me vale también para ti, Beatriz. Tienes unos meses por delante para formular la alternativa socialista en Logroño. Eres consciente de que te mirarán con lupa y de que esperan tu traspiés… en casa.

Con un «rodéate de un equipo eficaz. Abre las ventanas, orea y acomete la renovación pendiente» cerraba aquella columna para Gamarra. Hoy me sirve para ti. Hazlo Beatriz, pero no en clave interna ni con experimentos. Si te quedas en eso, como está más que demostrado, la marca blanca no llegará a los estándares de calidad. Y, sobre todo, sobre todo, da la oportunidad a la solvencia y al criterio.

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El dinero no tiene color

 

Ni de derechas ni de izquierdas. Ni liberal, ni socialdemócrata. Ni fu ni fa. El dinero no tiene color político ni ideológico, cuando precisamente se trata de dinero negro.

Lo de los caraduras de Caja Madrid (algunos siguieron tirando de tarjeta la tarde que siguió a la mañana de su cese) es la penúltima. Pandilla de desvergonzados, obscenos e indecentes. Que nos vengan ahora diciendo que era lo ‘normal’. No lo consideraron ‘normal’, que se sepa, tres consejeros de ese nido de ratas en el que se convirtió el órgano de dirección de la entidad madrileña. Cero euros. Ni un movimiento, ni un cargo, ni una retirada de efectivo en cajeros.

En ese festín de millones de euros mientras la caja se iba a la mierda participaron ricos de pedigrí y nuevos ricos, más peligrosos si cabe que los primeros, porque no están acostumbrados a gestionar un maná sobrevenido. Pero para cutres, mezquinos y roñicas, los que tienen los riñones bien cubiertos de serie (familiar) y lo mismo pasaban el cargo de la comida en El Bulli que un triste paquete de chicles o el bono del metro.

Esto se hizo en una caja de ahorros, en definitiva, dentro del modelo español de banca pública. Donde la presencia de los políticos, presupuesta como una garantía de control y rigor, sirvió para lo contrario: dilapidar en la oscuridad un dinero que, como era de todos, no era de nadie. Y todavía hoy hay quien defiende la banca pública en España.

Y Hacienda, mientras, ¿qué? Pues en su línea: fiscalizando hasta el encarnizamiento las exánimes nóminas, mientras solventaba con una sanción lo que ocurría en la osera de la torre KIO. Sin reclamar que se desmantelara el sistema de tarjetas ni exigir que cada consejero declarara ese dinero en el IRPF.

 

 

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En su casa no lo consentiría

 

De la misma forma que para comprender la macroeconomía es aconsejable reducir las variables a cifras que sean manejables para nuestro entendimiento, también parece oportuno trasladar a un ejemplo común la afrenta que representa para el conjunto de los españoles el desafío soberanista catalán.

Así que les propongo que  imaginen España como una macrourbanización de esas que se levantaron a todo trapo en Logroño en la época del boom inmobiliario: diecisiete portales, unidos por un patio central con servicio de vigilancia a la entrada, piscina comunitaria, dos pistas de pádel, zona verde salpicada de juegos infantiles, garaje de dos plantas y área de merendero con asador para las cenas de verano.

Ahora supongan que el presidente de uno de los bloques calienta los cascos a sus convecinos en las reuniones de la comunidad y que la mayoría –no todos, pero la mayoría–, se dejase seducir por un discurso victimista sostenido en el siguiente argumento: las cuentas anuales de nuestro portal se cierran en números rojos porque el resto de los bloques son unos manirrotos incorregibles. ¡Ay si nos autogestionásemos! ¡En qué paraíso viviríamos!

 

Lógicamente, el presidente de la mancomunidad, en nombre de los residentes en los otros dieciséis bloques, le recordaría al visionario independentista que con las cuotas aportadas por el conjunto de los propietarios se sufragan los gastos comunes, incluidos los del bloque secesionista que es el que, precisamente, mayor número de morosos registra en el pago de las mensualidades lastrando las cuentas del vecindario general.

¿Verdad que no tolerarían semejante ofensa?

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“Podemos es ‘hijo’ de todos los abusos de poder del bipartidismo PP-PSOE”

 

«Un golpe de suerte asociado al hecho de ser riojano» llevó a Pedro J. Ramírez (Logroño, 1952) a escribir ‘La desventura de la libertad’, un ensayo histórico sobre el fin del Trienio Liberal, que presentó recientemente  en el Círculo Logroñés, en un acto prologado por el director de Diario LA RIOJA, José Luis Prusén. Pedro J. concedió una entrevistra a este periódico en la que instaba a los principales partidos a liderar «la regeneración» del sistema constitucional para evitar «la destrucción» del modelo de convivencia.

-A veces la suerte funciona.
-Sí, sí. A mí siempre me ha interesado el Trienio Liberal, pero no hubiera descubierto el archivo del ministro José María Calatrava si no es porque antes adquirí la carta de suicidio de otro ministro del periodo, Estanislao Sánchez Salvador, riojano como yo. Ahí empezó todo.
-Finales del siglo XIX versus principios del XXI. Los españoles somos maestros en no aprender de nuestros errores…
-’La desventura de la libertad’ es un libro de historia que, como tal, se despliega como un espejo al ser abierto. Por eso, y aunque no hay alusiones al presente, mucha gente va a ver situaciones reflejadas entre la España de entonces y la actual. La Constitución de 1812 era una especie de fósil inamovible. No se introdujeron reformas y la putrefacción del sistema, como la definió Leopoldo Alas Clarín, desembocó en su destrucción. Bueno, pues este es el riesgo que estamos corriendo hoy con la Constitución de 1978, y ya hemos visto en las últimas elecciones europeas cómo hay fuerzas que están dispuestas a trabajar para destruir nuestro sistema de convivencia, tanto por el lado del separatismo como por el lado del colectivismo.
-Porque Podemos es el resultado de la crisis del sistema, no su causa…
-El ‘padre’ de Podemos es Rajoy y la ‘madre’, Rubalcaba. Podemos es ‘hijo’ de todos los abusos de poder del PP y del PSOE, que cometerían un grave error si no se dieran cuenta de que, en las elecciones europeas, la sociedad les sacó una tarjeta amarilla a la manera de ejercer el bipartidismo.
-¿Cuáles son, a su juicio, las mayores urgencias sobre las que hay que actuar?
-El primer bloque sería el de la regeneración democrática. Es necesario reformar la Constitución para que pueda haber una nueva Ley electoral que devuelva a los ciudadanos los derechos de participación política que los aparatos de los partidos les han usurpado. Además, hay que reforzar el funcionamiento democrático interno real de los partidos supeditando a ello que obtengan financiación pública. Y, en tercer lugar, fortalecer la independencia del Poder Judicial para evitar más políticos tramposos que la vulneren legislatura tras legislatura.
-¿Y el segundo bloque reformista?
-El modelo territorial. Habría que seguir las recomendaciones del dictamen del Consejo de Estado del 2006 que propuso reforzar las competencias del Estado y cerrar el mapa autonómico. En ese contexto, los separatistas tendrían que retratarse. Naturalmente, con una mayoría cualificada en todas las provincias afectadas. Y, desde luego, si no les saliese, que no lo volviesen a proponer hasta veinte años después. Es decir, se trataría de desactivar el estribillo constante de que «no nos dejan votar». Que voten, pero de acuerdo con estas normas. Eso es lo es que propongo: que cada partido acuda a las próximas elecciones generales con su propuesta de reforma constitucional.
-¿Y usted ve posible que los legisladores se autolegislen con tanta generosidad y sentido del Estado?
-Si utilizamos el símil del cuento de Blancanieves, la madrastra en la que confluyen el poder político y el poder económico ha mantenido adormecida a la sociedad durante mucho tiempo. La cuestión es cuál va ser el príncipe que despierte a la doncella: ¿un príncipe blanco, es decir, reformista, liberal, demócrata y racionalista? ¿O un príncipe negro, es decir, revolucionario, colectivista, intervencionista y con atisbos dictatoriales? Al PP y al PSOE más les vale que se les quite de la cabeza la posibilidad de que todo siga igual. Los españoles, especialmente los jóvenes, están hartos y, en consecuencia, dispuestos a votar a Podemos o a cualquiera que plantee una enmienda profunda a lo que hay.
-En el cuento de Blancanieves, además del príncipe había un rey que, por inacción, no impidió que la malvada bruja hechizase a su hija. Hábleme de Felipe VI.
-Se han creado enormes e ilusionantes expectativas en su figura y lo que me preocupa es que luego se produzca una decepción y la sensación de que hemos consumido la única bala importante de la recámara. No tiene la «auctoritas» que adquirió su padre, sobre todo tras el 23-F.
-A su juicio, ¿qué le ha llevado a don Juan Carlos a abdicar?
-No lo sé. Todo son especulaciones más propias de la dimisión de un político que de la abdicación de un monarca.
-Con sinceridad: ¿cuánta rabia le ha dado no estar al frente de la dirección de El Mundo en este momento histórico de España?
-Me ha fastidiado, es verdad. No por mandar, sino por vivir la vibración de estas jornadas históricas con mis compañeros de la Redacción.
-Más acontecimientos asombrosos: redactores de El Mundo denunciando censura de la nueva dirección. Entre ellos, su hija, que ha sido suspendida un mes de empleo y sueldo…
-Me han contado cosas, pero no estoy en los detalles, así que prefiero no dar una opinión. Lo que creo es que El Mundo sigue siendo El Mundo y que Casimiro García-Abadillo, que es un gran periodista, puede ser un gran director.
-¿Puede ser…?
-Bueno… Tiene todas las características para ser un buen director, pero sólo lleva cuatro meses en el cargo y necesita tiempo para demostrarlo.

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Pole Position

 

Si las elecciones al Parlamento europeo celebradas el pasado 25 de mayo formasen parte de un campeonato de Fórmula 1, la parrilla de salida de la siguiente carrera en La Rioja (la de las elecciones autonómicas ymunicipales del 2015) marcaría notables diferencias con todas las pruebas disputadas con anterioridad.

Una escudería campeona como el PP de Pedro Sanz perdió más de 27 puestos en la pole position, y su inmediata seguidora, el PSOE de César Luena, se retrasó 44 puestos. A los dos partidos se les gripó el motor el 25M. Un exceso de temperatura, en este caso de expectativas, o una falta de lubricante provocada por la huida de votantes desencantados fundió las piezas de ambos motores antaño irrompibles.

La avería mecánica fue mucho más grave para el PSOE. El coche no arrancó ni para retirarlo del circuito. Por su izquierda le adelantaron IU y Podemos. Los de Henar Moreno esta vez completaron la carrera sin salidas de pista y remontaron ocho puestos.

Mención especial merece Podemos. Con un SEAT Panda alcanzó una velocidad de 8.536 votantes en su primer gran premio. Y UPyD, liderado por Emilio Sáez de Guinoa, confirmó su excelente temporada volviendo a subirse al tercer cajón del podio político de La Rioja.

Por su parte, el PP perdió aceleración y sufrió los problemas dinámicos previstos porque los electores tienen la extraña manía de dar toques de atención a través de las urnas. Con todo –puf, puf, puf– el coche con la gaviota en el alerón llegó el primero a meta.

Ayer se reunieron los grandes equipos para valorar la clasificación general: el PSOE, que derrapa como un loco desde hace años, mantiene que sigue en «la buena dirección» (sic). Y el PP se consuela con ver a los socialistas estrellados sobre el asfalto político.

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Lo que ya sabíamos

 

Por fin, España es excedentaria en algo: el número de aforados. Lo sabemos desde el pasado 4 de abril, cuando el Consejo de Ministros aprobó extender tal condición a la Reina y los Príncipes de Asturias.

Diez mil españoles, 10.003 desde entonces, gozan del derecho a ser juzgados por un tribunal distinto al que corresponde a un ciudadano de a pie. Contemos: presidente del Gobierno y demás miembros del Ejecutivo, diputados, senadores, jueces, magistrados, miembros del Ministerio Fiscal… Así hasta diez mil personas, diez mil, disfrutan en España de una protección jurídica especial que encaja difícilmente con la proclamación constitucional de que, del Rey para abajo, todos los españoles somos iguales ante la Ley.

Diez mil, según los catedráticos de Derecho Procesal Iñaki Esparza y Juan Luis Gómez Colomer. Aproximemos más las cifras para entender lo exagerado de este sistema. En España hay un aforado por 4.730 habitantes, niños de teta, tronistas televisivos y jubilados incluidos. O, también, uno por 1.680 ocupados. O, por seguir buscando parámetros de comparación, uno por 480 desempleados.

Pues sí parece excesivo. Sobre todo si observamos lo que ocurre en otros países europeos: el aforamiento no existe en el Reino Unido ni en Alemania; en Italia y en Portugal está limitado a los presidentes de la República y en Francia, al presidente y a los miembros del Gobierno.

Aunque el aforamiento implique limitaciones (el Supremo es la instancia judicial más alta de este país y sobre sus sentencias no cabe recurso), supone unas garantías y un régimen excepcional (asegurar que al aforado le juzgará un juez independiente). Así que mantener esta “tradición” histórica sólo puede responder a una cosa: que la Justicia sigue politizada. Vamos, lo que ya sabíamos.

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Sobre el autor María José González
María José González Galindo. Bilbao. Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco (UPV). Periodista de Diario LA RIOJA desde 1992. Redactora de Local en las áreas de Economía, Infraestructuras y Laboral.