La Rioja

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Inseguridad vial

 

Aunque parece que la causa del dramático accidente de tráfico de las Erasmus en Tarragona pudo deberse a un fallo humano (que el conductor se durmiese al volante), todas las informaciones publicadas desde aquel domingo vinieron apuntando que el tramo de la AP-7 en el que se produjo el siniestro es un punto negro según la Dirección General de Tráfico (DGT). Una línea recta en la que los accidentes son habituales, aunque no tan pavorosos por el número de fallecidos, denunciaban los alcaldes de la zona. Por su parte, la concesionaria de la autopista, Abertis, se defendió aclarando que este tramo «no está catalogado de alto riesgo».

Esa tragedia me ha hizo recordar la siniestralidad de la N-232, una carretera de titularidad pública y no privada. Toda la nacional a su paso por La Rioja está clasificada de «especial peligrosidad» y, de hecho, aglutina quince de los treinta recorridos más diabólicos de la red viaria de la región, lo que la convierte en la vía más peligrosa de la comunidad.

La N-232 se ha cobrado 170 vidas en los últimos quince años, las diez últimas en el 2015, un ejercicio especialmente mortífero (siete fallecimientos se concentraron en menos de tres meses), ya que no se registraba una cifra de víctimas mortales similar desde el 2007. La vía formó parte del primer lote de carreteras en las que la DGT intensificó el control de la velocidad. Y volvió a figurar en la segunda relación de tramos a vigilar con especial cautela.

 

 

Y mientras esta carretera continúa sembrándose de cadáveres, la Administración sigue condenándola a procesos administrativos para un pretendido desdoblamiento que no llevan a ningún sitio. Al tiempo que la autopista paralela, ahí sigue, bien gracias, apurando la concesión renovada hasta el 2026 por una decisión política que el goteo de fatalidades acredita que fue un demencial disparate.

 

Nota: La foto es de mi compañero Justo Rodríguez y se corresponde con un accidente que tuvo lugar en el punto kilométrico 376 de la N-232, en Ausejo, en junio pasado, con el resultado de tres víctimas mortales.

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Altadis (I)

 

Más allá del ‘siete’ que el cierre de Altadis le hará al PIB riojano –que ya es agujero, ya–, el mazazo social de la multinacional está provocando que el ser humano saque lo peor de sí mismo. Sólo con leer los comentarios que los internautas dejaron los últimos días en larioja.com sobre la decisión de la empresa de ejecutar el cierre conforme a las condiciones de la reforma laboral se demuestra el envilecimiento al que podemos llegar los lobos bípedos.

Al amparo del anonimato cómplice que facilita Internet, algunas críticas rozaron la crueldad: como estos de Tabacalera han gozado de envidiables condiciones laborales y sociales durante años, ahora, que se jodan. O revanchistas: ¿dónde estaban estos tíos cuando otras grandes empresas echaban el cerrojo?

Pero lo más amargo no es lo de estos bravucones digitales de incógnito, cobardes en la vida real. Pusilánimes que en el cara a cara no se atreven ni a mantener la mirada. Lo ciertamente desconsolador es escuchar el «que se jodan» de viva voz a extrabajadores de Altadis, con el lomo más que cubierto. ¿A mí que me cuentas? Que se busquen la vida. Yo lo he oído. Que no me lo han contado.

 

Por suerte son infinitamente más los jubilados o prejubilados que en esta pesadilla gestada en Londres se han solidarizado desde el minuto uno con sus antiguos compañeros. A muchos de ellos también les he observado dolidos y consternados. Así que aún se puede confiar en nuestra especie. Por lo menos nos mantenemos al nivel de los monos. Pero, claro, la fraternidad llama menos la atención que el egoísmo y la ingratitud de los indolentes que observan la desgracia de sus cercanos con indiferencia, desprecio y desconsideración. Comportamientos injustos que delatan que todavía lo hay con la bestia dentro.

 

 

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Una hora para dos minutos

 

Tengo una amiga que cada cierto tiempo debe hacer gestiones en la Agencia Tributaria para satisfacer sus obligaciones en tiempo y forma.

Hace unos días me la encontré a la salida de la sede de la AEAT en Víctor Pradera. Mordía cuando hablaba. Lo primero que me vino a la cabeza es que le habían dado un palo guapo y que bajaba de tres en tres las escaleras de la entrada recitando los árboles genealógicos de los pujoles, los correas, los gürteles, los punicas, los ERE… Pero nada más lejos de la realidad. Estaba malhumorada, profundamente enfadada, por el tiempo que le hicieron perder en la AEAT durante las gestiones.

Primero, porque una vez más tuvo que ausentarse de su trabajo para entregar el papeleo ¡Un hurra por la Administración tecnologizada!

En segundo lugar, porque para ser atendida cumplió con el requisito de solicitar cita previa. Y lo que en teoría se suponía que debía facilitarle sus gestiones se convirtió en una pérdida de tiempo: citada a las 10.30 horas no la atendieron hasta pasadas las 11.30 horas. Los diez primeros minutos, bueno, pero en los cincuenta restantes que estuvo mirando el techo y ojeando la cartelería informativa de las subastas (no tenía este su periódico a mano), los nervios se apoderaron de ella, miró el reloj infinidad de veces y su habitual serenidad se esfumó. ¡Otro hurra por una Administración ágil!

Lo que no perdió, porque eso es regla sagrada para mi amiga, fueron las formas. Ni cuando, por fin, le tocó el turno de acercarse al mostrador y se encontró con que la empleada que tenía que atenderle conversaba de un caso con un compañero. Ella esperó hasta que su interlocutora se dio la vuelta y le recogió la documentación. ¿Duración del trámite? Dos minutos. Sesenta minutos de exasperación para dos minutos. Ahora todos: ¡Hip, hip, hurra!

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‘Hooligans’ de andar por casa

 

Los niños practican deporte por diversión. Ahora bien, los entrenamientos que realizan entre semana y las competiciones en las que participan los sábados y los domingos no sólo propician el óptimo desarrollo físico de esta generación atrofiada por los videojuegos. Además constituyen una habilidosa herramienta para que esos bocetos de adultos interioricen valores desatendidos en la sociedad actual: esfuerzo, compañerismo, convivencia, unión, solidaridad, respeto por los propios y los extraños, y juego limpio.

Que nuestros infantes no sean conscientes de que con el deporte ganan infinitamente mucho más que tal o cual torneo es comprensible: tienen por delante todas las etapas de desarrollo psicosocial para comprenderlo y debemos darles tiempo. Lo que resulta inconcebible es que haya padres y entrenadores, los dos espejos biselados en los que los preadoslescentes suelen reflejarse, que se exalten y pierdan la compostura con los jugadores de los equipos contrarios y, sobre todo, con los árbitros, blancos de constantes agresiones verbales.

Hasta tal grado de envilecimiento se ha llegado en determinados certámenes escolares (fútbol sala y minibasket) que la Comunidad de La Rioja ha tomado cartas en el asunto. Literalmente: ha remitido una misiva a los responsables de estas actividades en los centros educativos atendiendo las quejas de los árbitros ante unos hechos «serios y preocupantes» y advirtiendo de que «cualquier incidencia redactada en el acta, pasará directamente a la comisión deportiva de la Dirección General del Deporte para ser resuelta y sancionada según corresponda». Porque «en ningún momento se puede tolerar la falta de respeto, el insulto o la intimidación». Vamos, que más vale una vez rojo que cientas colorado.

‘Hooligans’ de andar por casa: tomen nota.

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Mitos y metas

 

Nunca, ni por lo más remoto, hubiera pensado alguna vez que sus caminos discurrieran paralelos. El poder que ha adquirido la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, está despertando recelos dentro del PP. Y el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, empieza a incomodar a sus líderes territoriales, disgustados porque no ponga el mismo celo en las futuras elecciones autonómicas y municipales como el que invierte para promocionarse personalmente y consolidar su liderazgo interno y externo.

Sáenz de Santamaría ha reforzado su control e influencia con un penúltimo gesto de fuerza: el nombramiento como ministro de Sanidad de Alfonso Alonso, quien  fuera gran aliado para templar el PP vasco a principios de este año y, de paso, ganarle un nuevo pulso a Dolores de Cospedal tras el que le echó en Andalucía.

Pero no sólo por méritos propios (su habilidad para extender su influencia en todo el Ejecutivo), la vicepresidenta se agiganta. Mariano Rajoy también ha contribuido a construir el que ya llaman ‘mito Soraya’ con sus silencios y su permanente perfil plano. Una estrategia que rompió hace escasas dos semanas confirmando que se presentará a la reelección  «si el partido se lo pide». Que se lo pedirá: avivar otro incendio interno sería suicida para una formación quemada tras tres años de dura gestión.

En cuanto al PSOE entiendo la actitud de Sánchez si la meta es rehabilitar una marca arruinada por Rodríguez Zapatero y que desahució hasta al mismísimo Pérez Rubalcaba. Un liderazgo nacional que se proyecte de arriba abajo, como alternativa sólida del Gobierno de la Nación y, por ende, de las autonomías y de los ayuntamientos. Porque hay veces en las que conviene empezar a construir la casa por el tejado. 

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Macarras y cínicos

 

Todos eran responsables y ninguno quiso asumirlo. En un principio. Ni el Deportivo, ni el Atlético, ni la Liga de Fútbol Profesional (LFP). Es cierto que sus responsables no convocaron a las hinchadas a través de las redes sociales para que se diesen de palos hasta la muerte, pero por acción o por inacción fueron corresponsables del asesinato del domingo 30 en Madrid. Sí, ese mismo, el que devolvió a España a las portadas de los informativos internacionales.

Culpables los clubes de fútbol porque, aún ese día, continuaban subvencionando los abonos  y facilitando los desplazamientos a los camorristas. Y la LFP, porque no regulaba una normativa sancionadora que impusiera castigos mortificantes para penar situaciones extremas. Qué menos, pienso, que suspender el partido en el día de autos, dar por perdidos los tres puntos a cada equipo, meterles una multa guapa, clausurarles sus estadios durante varias jornadas y hasta amenazarles con el descenso de categoría.

Lo que ocurrió el último fin de semana de noviembre fue indecente. El partido se disputó con el fallecido ya en la morgue. Ni siquiera se guardó un mísero minuto de silencio que doliese a las gradas. Al contrario, los espectadores  todavía tuvieron que aguantar a los bestias del Frente Atlético corear: «A nadar, A nadar».

Por fin, el árbitró pitó el final. Los entrenadores no sabían cómo pasar el trago en las ruedas de prensa cuidándose mucho de molestar a los ‘presis’ con sus comentarios. Los futbolistas, desconcertados, intentaban no meter la zanca ante los ‘presis’ y los ‘mister’. Mucha gente abandonada el Calderón consternada.. Para sosegar los ánimos, los clubes y la LFP, cínicos y desvergonzados como ellos solos, emitieron profundos comunicados de pesar, con vehementes subrayados de repulsa a la violencia y llamamientos a la deportividad y a la confraternización.

Esto es el fútbol profesional, ese negocio de las pelotas.

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Sobre el autor María José González
María José González Galindo. Bilbao. Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco (UPV). Periodista de Diario LA RIOJA desde 1992. Redactora de Local en las áreas de Economía, Infraestructuras y Laboral.