García-Calzada, el nuevo hombre fuerte de la FER

 

Tal y como adelantó Diario LA RIOJA hace exactamente una semana, el presidente de la Asociación de Hoteles de La Rioja, Jaime García Calzada, optará a la presidencia de la FER en sustitución de Julián Doménech. Ambos han comparecido esta mañana en una rueda de prensa. García-Calzada lo ha hecho como candidato respaldado por unanimidad por la comisión permanente de la FER (para entendernos, el consejo de administración de la patronal riojana) y Julián Doménech (70 años), como presidente saliente, camino de la jubilación.

También, y como tu periódico de cabecera te informó el día 14, García-Calzada (uno de los tres vicepresidentes de la actual cúpula de la organización empresarial) cuenta no sólo con el respaldo de los cuadros dirigentes de la FER. Además registra el apoyo de  diversas asociaciones que integran la FER. ¿De cuántas? ¿En qué términos porcentuales se traducen esos avales? García-Calzada no lo ha dicho.

Director gerente del Hotel Marqués de Vallejo, el ya candidato a la presidencia de la FER lleva casi dos décadas vinculado a la patronal del sector riojano, cargo que combina en la actualidad con su participación en la comisión de Turismo de la CEOE y en el comité ejecutivo de la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (CEHAT). Con su previsible elección como nuevo presidente de la FER en las elecciones del 20 de marzo (si surgiese algún otro candidato, lo que parece improbable, tiene de plazo hasta el día 8 para presentarse) quien siempre ha defendido que el turismo está llamado a «jugar un papel fundamental en la salida de la crisis», asumirá una nueva responsabilidad en su trayectoria pública dentro el empresariado riojano.

Julián Doménech, el actual presidente de la FER, llegó a la cúspide de la patronal riojana en marzo del 2002 en sustitución de Luis Felipe Rosel, quien estuvo al mando de la Federación de Empresarios durante dos décadas.

En mayo del 2005, Doménech dimitió al estimar «cumplidos» los objetivos de su primer mandato y en junio de ese año fue reelegido con el respaldo del 98,6% de la asamblea. La tercera y última vez que compitió por la Presidencia de la patronal riojana fue en abril del 2009, transmitiendo a los asociados el mensaje de «trabajo, trabajo y trabajo» para superar la crisis.

Doménech forma parte en la actualidad de la junta directiva de la CEOE, patronal de las patronales de España, que desde el 2010 preside Joan Rosell (la comisión permanente de la FER apoyó su candidatura).

El presidente de la FER ha mantenido un tira y afloja con los principales sindicatos de la región. Junto a los secretarios generales de UGT y CCOO firmó los tres últimos grandes convenios institucionales de la región con el Gobierno de La Rioja: los ‘Acuerdos Sociales por la Productividad y el Empleo’ de enero del 2005 y de marzo del 2009, y el Pacto por el Empleo de diciembre del 2011. Sin embargo, cuatro huelgas generales (junio del 2002, septiembre del 2010 y marzo y noviembre del 2012), dos reformas laborales (una con Rodríguez Zapatero y otra con Rajoy) y el bloqueo de la negociación colectiva ‘enfriaron’ el diálogo institucional que, finalmente, logró reanudarse hace tres semanas. Una reactivación que se antoja efímera si se tiene en cuenta los avisos lanzados el miércoles por el secretario general de UGT-Rioja.

 

 

Sí o no, así de fácil

El referéndum es uno de los mecanismos de participación directa de los ciudadanos en la vida política, consistente en formular una pregunta a los votantes para que se pronuncien afirmativa o negativamente sobre cuestiones de especial transcendencia para su vida cotidiana.

La propuesta realizada por el  Ayuntamiento que dirige Cuca Gamarra para remodelar la glorieta de Vara de Rey, suprimiendo el paso subterráneo de Duques de Nájera parece, al menos por las reiteradas quejas que recoge ‘El Teléfono del Lector’ de este diario, una cuestión de especial transcendencia que, quizás, merece ser sometida a la consulta de los logroñeses.

No es la primera vez que el Consistorio capitalino convoca un referéndum. Ya lo hizo en octubre de 1998, con José Luis Bermejo asiendo el bastón de mando, cuando pulsó la opinión de los logroñeses sobre si la futura estación soterrada del ferrocarril debía mantenerse entre Avenida de Colón y el barrio de Cascajos, o era preferible trasladarla, tal y como defendía aquel equipo de Gobierno municipal, a una zona próxima a la calle Divino Maestro. El 71% de los votantes que participaron en la consulta se decantó por la primera opción. El Ayuntamiento hizo suyo el deseo mayoritario de la población y la nueva terminal se construyó sobre la vieja estación.

La existencia de este antecedente, más allá del sentido común (los lectores que protestan el proyecto de la rotonda censuran tanto el gasto previsto como la ineficacia de modificar una infraestructura que funciona espléndidamente), sugiere la oportunidad de someter el plan a un referéndum. Y que el pueblo decida.

El fin del mundo

 

Qué atino tuvieron los mayas con su pronóstico del fin del mundo. Dudo que el día 21 gigantes lenguas de fuego desgarren el cielo o que los mares aneguen la tierra convirtiendo el Himalaya en un pequeño islote. Pero lo que resulta innegable es que el día 21 se reunirá el consejo de ministros en aquelarre y todos sabemos que cada encuentro de Rajoy con su brigada ministerial coloca a la sociedad civil, modesta y trabajadora, la que está apresada con gruesos grilletes por la Agencia Tributaria, a un paso más de despeñarse definitivamente por un precipicio mortal.

 

El fin del mundo ya ha llegado para la inmensa mayoría de la población. El Gobierno ha colectivizado la catástrofe. Pocos escapan ya de este nefasto destino. Los niños han perdido el comedor escolar y los abuelos, la posibilidad de multiplicar el pan y los peces que llevan en su cesta pensionista para sostener el comedor familiar.

 

El mundo en el que habían domesticado a los ciudadanos –derechos a cambio de deberes– se ha extinguido. Un nuevo ecosistema domina: más deberes a cambio de menos derechos, salvo si usted es un evasor fiscal porque entonces  el Gobierno le habrá tendido puentes de plata para ajustar las cuentas desfalcadas y, encima, le habrá dado las gracias.

 

Más impuestos sobre el lomo de los contribuyentes y menos justicia con los más débiles para enjugar las deudas de bancos quebrados que no cierran y de administraciones hiperdimensionadas que siguen sin trasquilar sus estructuras.

 

Más impuestos para sostener una economía agonizante con cinco millones de parados, de ellos, más de  27.000 en La Rioja. La sola cifra del desempleo es suficientemente esclarecedora de hasta qué punto se puede afirmar, sin margen de duda, que ya asistimos al fin del mundo.

 

 

La flor de su secreto

 

«Queda suspendida excepcionalmente la revalorización de las pensiones, con la excepción de las prestaciones más bajas del sistema, es decir, las no contributivas, las contributivas que reciben complementos de mínimos y las del antiguo régimen del SOVI no concurrentes con otras».  Esto que leen es un extracto del real decreto aprobado en el 2010 por el Gobierno de Rodríguez Zapatero, que congeló las pensiones durante el 2011.

Introduzco esta nota aclaratoria para ahuyentar a los oportunistas y recordarles que el último que se alojó en La Moncloa también crucificó a mi madre, a mi tía, a mi suegra, al yayo Tasio (alter ego de mi compañero Teri Sáenz) y a millones de pensionistas como ellos.

El inquilino que ocupa tan excelso palacio en la actualidad no ha llegado a meter en el frigorífico presupuestario las nóminas de jubilados,
viudos y huérfanos. Pero las ha tocado gravemente. Aduce que no tiene más remedio, porque pedir un préstamo (como hizo Aznar en 1996)
para recompensar en el 2013 la totalidad del encarecimiento que los precios han registrado este año descuadraría las maltrechas cuentas de
esta España en concurso de acreedores.

Lo que más me inflama (a estas alturas los incumplimientos electorales escuecen menos, por previsibles) son los mensajes confusos que Rajoy (pocas veces) y sus altos comisionados (las más) han ido lanzando  para desasosiego de las ‘clases pasivas’. Como quien deshoja una margarita, pétalo a pétalo: el lunes no tocamos las pensiones; el martes, sí; el miércoles, no…

Y así han echado unos meses, manteniendo en la incógnita a los pensionistas, «las personas más indefensas, las que lo tienen más difícil»,
en definición del mismísimo presidente del Gobierno de España. Pues eso.

 

 

Pudo ser peor

 

En vísperas de que los nacionalistas catalanes, como ya vaticinó este suelto en octubre, acudiesen a la despensa electoral a atiborrarse de independentismo ‘pata negra’ y despreciasen a Casa Mas, Caja Rioja se volatilizó como entidad de crédito.

Los responsables de la extinta Caja, la Comunidad y el PP se afanan en revestir con una aureola de ‘normalidad’ la mutación jurídica en fundación. Y así es, efectivamente, porque Bankia ha heredado la función financiera que ejercía la Caja y ésta sólo se queda para organizar exposiciones, patrocinar conciertos y ayudar en proyectos sociales, actividad, por otra parte, sumamente de agradecer hoy.

Pero limitarse a esa lectura incompleta no conduce a ningún sitio, salvo a un redentor autoengaño. La realidad es que Caja Rioja (como las otras socias satélites de la integración con Caja Madrid y Bancaja) no tuvo toda la información de las cuentas al cierre de la operación. Pero las dio por buenas. Porque, aun en el hipotético caso de haber dudado, su voz no iba acompañada del voto que concedía estar sentada en el consejo de administración de Bankia.

Los dos primeros sillones cedidos a los minoritarios los ocuparon los presidentes de Insular (que ya ha visitado los juzgados a jugar al ‘Pasapalabra’) y de Caja Ávila. Caja Rioja se quedó a la espera de turno, lo que despertó suspicacias en la oposición y los sindicatos  por la carencia de una voz permanente que hiciera valer su capacidad de decisión e influencia.

Año y medio después, sin embargo, que el entonces presidente de Caja Rioja no estuviese sentado en la misma mesa de juntas que Rodrigo Rato supone un enorme alivio. Ver declarar ante el juez a Fernando Beltrán es lo único que  faltaba para rematar a una entidad que merecía un mejor epílogo.

La foto está fechada el 9 de julio del 2010 y su autoría corresponde a mi compañero Justo Rodríguez. En ella aparecen el presidente regional, Pedro Sanz, junto al entonces presidente de Caja Madrid y futuro máximo mandatario de Bankia, Rodrigo Rato, quien visitó Logroño para presentarle el Sistema de Protección Institucional (SIP) que alió a las siete entidades de ahorros. Rato se hizo acompañar por los otros seis máximos directivos del resto de las cajas participantes en la integración, entre ellos, Fernando Beltrán, que en la imagen aparece flanqueado por Pedro Sanz y José Luis Olivas (Bancaja). En el extremo derecho de la fotografía posan los dos presidentes de las minoritarias que entraron en el consejo de administración de Bankia: Juan Manuel Suárez del Toro (Caja Insular de Canarias) y Agustín González (Caja de Ávila).

 

Sanidad a tres bandas

 

¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!, se dolía sobre el asfalto mojado. La moto derrapó y se le vino encima, machacando su tobillo como quien desmiga una teta de pan.

La ambulancia tardó, me contó, pero a quién no se le hace eterno el tiempo en una de esas, pensé. Cuando por fin llegaron los sanitarios, se lo llevaron al Hospital San Pedro. ¡Niiinaaa! ‘Niiinaaa! Y empezó su desventura.

Que no, que aquí no puede ser, llevárselo a Los Manzanos. ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! Pero ¿qué coño pasa? ¡Y qué  sabemos nosotros! ¡Hala! ¡Todo el mundo adentro! ¡Niiinaaa! ¡Niiinaaa!

Por fin se presentan en la clínica. ¿Aquí? No, no, tampoco. ¡Pues a mí, ¡Ay! ¡Ay! ‘Ay! , no de dais más vueltas! Vale, vale, aquí te quedas chato.

Placas. Ufff… Esto hay que operar. Mañana a la diez. Un chute de calmantes ayuda a pasar la noche.

Y la noche pasa y llega el día. A las diez vienen las enfermeras para bajarle a la ‘ferretería’: tornillos, placas metálicas, yeso… De pronto, una administrativa da la orden de parar: no podemos. ¡¿Cómo?! No, hasta que tu seguro nos mande un documento que garantice que asume los gastos. ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¿Ytardará mucho? No creo.

Y nos dieron las once, las doce, la una y las dos. Felizmente, el papel en cuestión llegó. ¡Rápido! ¡Al quirófano! Veinte minutos después lo suben. ¿Pero qué haces aquí? Nada, que no me pueden operar. ¡¿Qué?! ¡Si lo decían las radiografías de anoche! Pues las que me han hecho ahora aconsejan lo contrario. El desengaño y la frustración se apoderan de todos.

Pero, sí, al final sí hubo operación. ¿En el San Pedro?… Nooooo. ¿En Los Manzanos?… Tampoooco. ¿Dónde entonces? En un centro intermutual de Bilbao, seis días después de sufrir el accidente.

¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!  Qué dolor de sanidad a tres bandas.

 


A la pata coja

El pasado jueves giró visita oficial a La Rioja. Su aparición (apoyándose en una muleta) fue una acertada puesta en escena de lo que lo que le espera a esta comunidad en materia de comunicaciones de titularidad estatal. Por mucha voluntad que manifieste el Gobierno central para propulsar sus grandes proyectos en La Rioja, mínimo impulso puede tomar a la pata coja, secuestrado por unos presupuestos generales, a la fuerza cicateros.

El Estado, representado en la figura de la titular de Fomento, Ana Pastor, reconoce la situación deficitaria en la que se encuentra esta comunidad en materia de infraestructuras. Y todo su empeño, palabra de ministra, es corregir ese «descubierto» «en el menor tiempo posible». Eso sí, «en función de los recursos económicos disponibles». Que es tanto como decir: qué jodidos os dejaron los anteriores y qué jodidos vais a seguir. No money paisanos.

Con todo y con eso, la ministra se mostró absolutamente compresiva con las necesidades de esta región, pero huyó astutamente del ejercicio suicida (al que se presta la mayoría de los políticos) de fijar plazos sospechosos de ser incumplidos. Así, la escuchamos establecer horizontes temporales como «en unas semanas», «a la vuelta del verano» o «en unos cuantos años». Lustros, podemos dar por hecho, en el caso del eje de alta velocidad ferroviaria.

Esa es la impresión que me transmitió Pastor. Una percepción que, acaso, sea inexacta. Lo barrunto a la vista de la satisfacción que observé en los rostros, entre otros, del jefe del Ejecutivo regional, del delegado del Gobierno en La Rioja, del consejero de Obras Públicas y de la alcaldesa de Logroño.

 


Las cuentas de la Eurocopa


La Eurocopa mueve dinero. Muchísimo dinero. Por ejemplo, los jugadores de la selección española van a cobrar una prima de 300.000 euros por ganar el campeonato. Y ésta sí que es otra prima de riesgo para el Reino de España porque no todos los futbolistas tienen obligación de tributar el 42% por esos incentivos a la Hacienda española (residen fuera del país). Y además, y esto es algo absolutamente certero, ninguno de los 23 tendrá que aportar ni un solo euro a las arcas públicas de Ucrania y Polonia, dado que en ambos países están en vigor sendas exenciones fiscales.

Claro, eso provocó ayer un volantazo en las tertulias de bares, plazas públicas y filas del INEM de este cainita país que pasa de la admiración al reproche en un pestañeo: si hasta el domingo todo giraba en torno a la excelencia del equipo, a su coraje y a su pundonor, en definitiva, a ese oasis de felicidad en medio del secarral espantoso de la crisis, desde ayer lo que se oye es: «¡Coño!, ¡pues que donen el dinero a alguna oenegé!, ¡que tienen el riñón bien forrao los tíos!».

Sin entrar a enjuiciar lo que cada uno de ellos crea más conveniente que deba hacer, sí parece necesario saber por qué cobran esas primas. Y la respuesta, de nuevo, la encontramos en otro porcentaje de la Eurocopa: el triunfo para España puede representar un crecimiento del 0,7% en el PIB nacional. En euros contantes y sonantes, unos 7.824 millones para financiar la economía, no para endeudarla, que estando el horno como está, mal pellizco no parece.

Por tanto, aun pagándoles en conjunto 6,9 millones de euros, ellos nos traen una hermosa Eurocopa e indirectamente le dan un empujón a la riqueza del país. En España sobran tantos demagogos como avinagrados.

El último lastre

 

Estoy en desacuerdo con las subvenciones a la minería. Pero, al mismo tiempo, me opongo a que miles de trabajadores se queden al raso por una mala gestión de los gestores públicos.

Todos los Gobiernos de España anteriores al de Rajoy, hablo de Aznar y de Rodríguez Zapatero, tiraron por lo fácil: subsidiar las minas, en lugar de apoyar la reconversión industrial de las cuencas y la reorientación laboral de los jóvenes llamados a heredar los puestos de sus abuelos y de sus padres en las galerías.

Los mineros son poderosos, como lo demuestran sus encierros y marchas negras. Pero si se echa la vista atrás, pongamos unos treinta años, podemos recordar a otro colectivo de trabajadores, tanto o más abigarrados que los que olfatean las entrañas de la tierra: los del naval.

En Euskalduna, con sus atarazanas a los pies de la Universidad de Deusto, los obreros se dejaron la salud en inagotables campañas de resistencia que al final se saldaron con prejubilaciones y con el encarrilamiento profesional para los muchos que aún estaban en edad de merecer para el mercado del trabajo. Hablamos de los astilleros, pero también podemos hacerlo del textil o de la siderurgia. Sectores que pasaron de ser motores económicos a lastres insoportables.

Ahora le toca a la minería, por más que los mineros se aferren a su memoria gloriosa para evitar plantar cara al presente. Lo sabe el Gobierno de Rajoy y, aunque callen o digan lo contrario, también lo saben los gestores de las comarcas y los partidos de oposición. La cuestión es si se llegará a tiempo. El dinero se malgastó en apaciguar las cuencas y postergar falsamente los cierres. El mismo que quizás falte ahora, lamentablemente, para resucitarlas.

 


Adivina, adivinanza: ¿Quiénes son los protagonistas de esta foto?

El juez juzgado


Extremadamente cortés y muy correcto en el uso de la palabra. Así es como recuerdo al presidente del Poder Judicial, Carlos Dívar, en su última visita oficial a Logroño.

Se reunió con la Sala de Gobierno del Tribunal Superior de Justicia de La Rioja y, dolido por las carencias constatadas, adquirió el compromiso -«Como cosa propia», dijo- de mediar entre el Ministerio y la Comunidad para urgir el traslado de los juzgados a unas instalaciones «dignas».

Esquivó diplomático la batería de preguntas sobre los asuntos del momento. Entre otros, la autorización de la Justicia vasca a Etxerat para exhibir fotos de etarras en Mondragón, la huelga de jueces o la punzante polémica generada por la decisión de un juez de la Audiencia Nacional de impedir declarar a una mujer que se negó a desprenderse del burka que la cubría.Con entrenado temple, Dívar respondió que no podía convertir su cargo de presidente del CGPJ en el de «juzgador de jueces», reclamó «respeto y consideración para nuestros magistrados, que tienen una gran categoría mientras no se demuestre lo contrario», y nos instó a los medios de comunicación a «seguir siendo transmisores de noticias basadas en la verdad».

Hoy veo a un Dívar plañidero en su agonía: ha perdido el respeto y la consideración por la falta de explicaciones sobre su disposición de fondos públicos, los medios han contado todas las versiones de la «verdad» y el que no quería juzgar a jueces ha terminado juzgado.

Se me olvidaba. Esta visita que rememoro tuvo lugar el 24 de septiembre del 2009, en plenos «sanmateos». Logroño no es Marbella, evidente, pero en sus fiestas te lo pasas de muerte.

Nota: La foto está firmada por mi compañero Enrique del Río. En la imagen aparece Carlos Dívar, en el centro, flanqueado por el ex fiscal jefe de La Rioja, Juan Calparsoro, y el presidente del Tribunal Superior de Justicia de La Rioja, Ignacio Espinosa.

La Rioja

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