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De la industria
María José González 01-06-2016 | 5:29 | 0

 

En los últimos siete años, 400 industrias han cerrado sus puertas en la comunidad, con la calamidad de que cuando una empresa de este sector se hunde, en su deriva acaba con cientos de empleos. Víctimas de la crisis de la construcción, la región ha visto cómo iban desapareciendo firmas del mueble, de la madera, de la fabricación de elementos metálicos…

Altadis es la penúltima inmolación industrial confirmada en la comunidad. Por delante se llevará casi medio millar de empleos directos y un buen puñado más de puestos de trabajo indirectos. Y todavía está por ver qué pasará con Unipapel, el último disgusto para la sociedad riojana.

Más allá del impacto que supone la destrucción de tejido industrial de la región, el problema es que no hay un proceso de reestructuración que compense el desastre. De ahí que los sindicatos alerten de que La Rioja se encamina hacia un terrorífico páramo industrial. Lo grave, con todo, es que a la pérdida de músculo de este sector se le suma otro aspecto tanto o más preocupante: la desaceleración del índice de producción industrial.

Desde marzo del 2014, y como signo manifiesto de la incipiente recuperación de la actividad económica, este indicador retornó a registros positivos en la región, actuando como tractores de este repunte los bienes de equipo y los bienes intermedios, esto es, los factores que revelan que las empresas renuevan maquinaria y herramientas ante la perspectiva de tener un incremento de pedidos. Y así se mantuvo hasta diciembre del año pasado. Sin embargo, los porcentajes negativos han vuelto durante los tres primeros meses de este año, coincidiendo exactamente con el periodo político más complejo, inestable e incierto de España. Consecuencias: las empresas paralizan sus inversiones, el consumo entra en pánico y la producción se ralentiza.

Olé.

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Ver para no creer
María José González 05-04-2013 | 12:15 | 0

 

En su habitual comparecencia trimestral ante los medios de comunicación para analizar la situación de la Comunidad, el presidente del Gobierno riojano afirmó hace una semana que observa «signos de recuperación económica». Débiles aún, reconoció, pero señales a fin de cuenta que le invitan a sostener que el final del 2013 supondrá «el inicio de una nueva etapa».

Lo que no se le puede negar a Pedro Sanz es su valentía. Osadía dirán algunos. Ningún experto económico y financiero se atreve en estos momentos a realizar un pronóstico ni para bien ni para mal de lo que está por venir. Han fallado el tiro más veces que las escopetas de feria, así que prefieren examinar el pasado que vaticinar el futuro. Más cómodo y seguro, menos comprometido y arriesgado.

Sanz, sin embargo, se ha lanzado a una piscina semivacía, interpretando los indicadores macroeconómicos de la región con una confianza que difícilmente puede compartir la mayoría de la sociedad. A los ciudadanos no les conforma ni tranquiliza saber cuántos puntos estamos menos arruinados que la media nacional. Esos datos no llenan las ollas de patatas. Lo que les preocupa es que estamos empobrecidos y en peligro de perder las patatas… y hasta las ollas. Ya está ocurriendo. Si lo sabrá Cáritas.

Así que el optimismo del jefe del Ejecutivo regional resulta anacrónico e insólito. Insultante dirán otros. Colisiona brutalmente con el realismo que la ciudadanía razona en sus dificultades del día a día. Una objetividad de los acontecimientos que algunos intentan desdeñar confundiéndola con pesimismo. No, en absoluto. No hay que esforzarse mucho, ni manosear alambicadamente los números hasta que arrojen la lectura apetecida. Es tan simple como abrir los ojos y querer ver.

 

 

La fotografía que ilustra este post es de mi compañera María Félez. Está datada en Pradejón, en el año 2007, durante las fiestas de San Antonio. Pedro Sanz observa la elaboración de una gigantesca tortilla de patatas.

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“La sensación de haber fracasado es espantosa”
María José González 19-03-2013 | 1:43 | 0

 

La familia Grillo Álvarez ejemplifica la terrible experiencia de muchos inmigrantes que vuelven a sus países tras hacerse añicos el «sueño riojano». Silvia y Gabriel atendieron mi llamada con suma amabilidad y desde aquí quiero agradecerles a ambos que aceptasen compartir su historia conmigo y con todos los lectores de Diario LA RIOJA. El reportaje se publicó el pasado domingo. Ahí va:

No pudieron más. Sin trabajo, embargados, con una ejecución hipotecaria sobre sus hombros y sin ninguna esperanza de remontar, en navidades hicieron las maletas y el 13 de enero ya estaban de vuelta en Argentina, en concreto en Remedios de Escalada, municipio situado al sur de la provincia de Buenos Aires. Atrás dejaban diez años de vida en Calahorra.

El primero en llegar a La Rioja fue Gabriel Grillo, en el 2003. Vino directamente a La Rioja Baja donde ya residían su hermana y su cuñado. El padre de familia encontró «rápido» trabajo en «una agencia de coches» y en el 2004 pudo traer a su mujer, Silvia Álvarez, y a sus dos hijos: una bebé de año y medio, y un muchachito de ocho años. Silvia comenzó a trabajar en una gasolinera. Por fin, el sueño de prosperar y de disfrutar de una vida mejor que les negaba su país comenzaba a cuajar.

Con la estabilidad de tener empleo los dos (Gabriel pasó a trabajar en una empresa cerámica y Silvia fue contratada en un supermercado) se pudieron comprar una vivienda por la que abonaban 500 euros al mes. Las cuotas se fueron encareciendo «y terminamos pagando mil euros al mes», explica Silvia en conversación telefónica con Diario LA RIOJA.

Los problemas comenzaron hace tres años. Gabriel, que era voluntario en Cáritas desde su llegada a La Rioja, perdió el trabajo y «empezó a enviar currículos a todos los sitios que ‘vos’ puedas imaginar, pero todo estaba muy complicado». «Con mi sueldo era imposible pagar la hipoteca e intentamos hablar con el banco, pero no nos dieron ninguna posibilidad», recuerda. Entregaron las llaves de su piso «sin esperar a que nos «sacaran» por orden judicial y, por suerte, encontramos a gente muy buena que nos echó una mano enorme». Así fueron «tirando, muy difícilmente», pues una parte de la nómina de Silvia estaba embargada para resarcir la deuda contraída con el banco. Así que Cáritas, a la que hasta entonces habían ayudado, pasó a ayudarles a ellos: «Nos gusta más ayudar a que nos ayuden, pero…»

La situación, de por sí angustiosa, se tornó insoportable a partir de agosto del año pasado. Silvia perdió el empleo y la decisión de volver a Argentina, «donde con mi mamá no nos iba a faltar un plato de comida para nuestros hijos», se precipitó.

El sentimiento de fracaso, el amargor de volver de España con las manos vacías fue «espantoso». O no tan vacías… porque «hemos conocido gente espectacular, gente muy afectuosa, gente increíble». «Eso es lo que nos hemos llevado de La Rioja», concluye agradecida en su despedida.

 

 

 

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Palabras malditas
María José González 15-06-2012 | 12:12 | 0

 

A ver si me aclaro. El rescate europeo a la banca española, no es un rescate. Como tampoco lo fue la subida de impuestos, que es una «ponderación fiscal»; ni el abaratamiento del despido, que es «una flexibilización y modernización de las relaciones laborales»; ni la amnistía a los defraudadores, que es una «regularización de rentas y activos».

El Gobierno hizo dos cosas importantes el pasado fin de semana: pedir el auxilio multimillonario a los socios comunitarios y sorprendernos con una nueva lección magistral sobre cómo prostituir el lenguaje y retorcerlo a demanda para enmascarar nuestro sufrimiento con eufemismos y volteretas dialécticas vergonzosas.

Es mencionar el vocablo rescate, y desde el Gobierno y el partido que lo sustenta se movilizan hordas de académicos autodidactas dispuestas a pervertir nuestro precioso y preciso idioma.

Esa es la clave en estos momentos: decir lo que no es, para más adelante, con los ciudadanos aturdidos por este sinsentido dialéctico, profundizar sobre las contrapartidas que este «no rescate» descargará sobre sus costillares. Así que durante unos días vayan preparándose para soportar todo tipo de memeces verbales: préstamo, línea de crédito y/o ayuda versus redención, liberación y/o salvamento.

No olviden, sin embargo, que a su favor cuentan con tener callos en las manos de bregar con estos políticos tan dados a huir de las palabras malditas. Si en el 2008 ya supieron soportar que un Gobierno llamase a la crisis «desaceleración económica», ahora serán tanto o más capaces de sobrellevar que otro Gobierno nos venda el rescate bancario como un «éxito» del país.

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Sobre el autor María José González
María José González Galindo. Bilbao. Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco (UPV). Periodista de Diario LA RIOJA desde 1992. Redactora de Local en las áreas de Economía, Infraestructuras y Laboral.