No es serio este cementerio
A todos los que han pasado por el blog a pesar de haber iniciado el periodo vacacional gracias por interesaros por ver si estaba muerto. El jueves anterior por motivos de salud no me fue posible publicar el blog, este jueves por problemas de conexión… el caso es que los ha habido que me han escrito para ver si el blog o yo estábamos muertos…
Pues no, pero este tipo de cuestiones, de vida o muerte, se resolvían hasta hace no mucho tiempo de forma mucho más sencilla… mirando las necrológicas. Cuando yo comencé a trabajar en el ámbito sanitario la primera y obligada lectura de la mañana era la de las necrológicas, al fin y al cabo, las esquelas no dejan de ser el apartado literario en el que más veces publicamos los médicos. Uno de mis jefes favoritos me dijo un día que discutíamos como solucionar las listas de espera…”Me da igual lo que hagas con tal de que no salga publicado ni en sucesos, ni en necrológicas”. El caso es que el referente de las esquelas me ha fallado esta semana (viendo a ver si publicaba algún enemigo la mía aprovechando la oportunidad de publicar mi nombre en vano), cuando he visto que desde el 9 de Julio hasta el 11 de Julio no se ha publicado ninguna necrológica en el Diario La Rioja. Cero… patatero, Nada de nada. ¿Cómo puede darse esta situación? ¿Es que ya nadie quiere morirse en La Rioja? ¿Es que están todos los riojanos buscando el sol en Salou? ¿Es que acaso ya no es importante publicar la muerte de tus seres queridos? ¿Es que no vamos a indicar a nuestros convecinos que nuestro pariente está dentro del grupo de los que pacientemente esperan nuestra partida como los inquilinos del cementerio de Lardero?
Estaba divagando en este tipo de cosas y sacando la foto de la entrada del cementerio de mi pueblo, cuando alguien con bastante más sentido común que yo me dijo: si estamos quitando lo superfluo de nuestros gastos, lo normal es que cambiemos las esquelas por fotocopias en los portales y farolas de la vecindad. Claro, si consideramos que el precio de colocar una esquela (que no deja de ser un anuncio por palabras muy especial) nos cuesta prácticamente los obligados gastos de tanatorio y funeraria, resulta fácil comprender que en la actual situación económica se prescinda de los gastos superfluos… por ejemplo: el anuncio por palabras, la esquela. Pero, atención, ¿porqué no cubre un estado tan social como el actual gobierno socialista los gastos fijos? ¿Por qué no se pasan al sistema público los tanatorios? ¿Por qué no se hace una plataforma ciudadana a favor de los tanatorios y muerte pública? ¿Por qué tenemos que seguir pagando a sistemas privados y a los ayuntamientos, o al fisco después de muertos?
Sencillo, porque como oí el otro día acerca del fin de la clase política: “Si en los países nórdicos se muere de vergüenza, en España de orgullo”. Al nivel de cementerio que es lo que hoy nos ocupa se puede parafrasear: “Si en los países nórdicos saben morir con vergüenza, en España lo hacemos con orgullo”. Fatuos hasta la hora de morir… veremos si la crisis y la recesión nos dejan un poquito de sentido común, porque como dijeron en la canción de Mecano: “No es serio este cementerio”...

¡Aguanta un poquito, majín!
Los lectores observadores se habrán dado cuenta que, aparentemente, estoy entrando en una vertiginosa pérdida de hábitos semanales y que después de publicar tarde el anterior post, este lo edito en una fecha más habitual. El motivo del silencio es que, de nuevo, el lunes pasado volví a pasar por el quirófano para hacer retoques (sin anestesia) en el tendón que me partí hace ya año y medio, y en el tendón que no me rompí pero que estaba más delgado que una cuerda de violín a punto de romperse. Mientras el lunes aguantaba como pude los puyazos en los tendones pensaba en la de veces que operando a alguien con anestesia local (o una epidural que no había prendido) habré repetido el grito de guerra de los cirujanos del siglo XIX (cuando la anestesia aún estaba en pañales)… ¡Aguanta un poco majín!. Vamos como los pacientes de mi colección de libros de cirugía del siglo XVIII y XIX.
Reconociendo que la cara de mi primer grabado seleccionado es un poema os adjunto algunas más:
1- El “aguanta un poco majín” del dentista. Se suele decir que una persona puede
ser peor que un dolor de muelas, pero aquellos que periódicamente visitan al dentista reconocen que prefieren apoquinar 3.000 o 4.000 € que volver a sufrir un dolor de muelas, y si no, mirad con qué estoica flema aguanta este paciente de 1895 el arrancamiento de su molar, vestido con su pajarita y su trajecito de la Bavaria del siglo XIX, sin que se tuerza el bigote.
2- El “aguanta un poco, majín” del cirujano que te opera de hemorroides y se ha
olvidado de ponerte la analgesia en el postoperatorio. Aquellos que lo han pasado suelen decir que nada puede ser peor que el postoperatorio de una operación de hemorroides. Es tal, que la mayoría de la gente prefiere tomar litros de aceite crudo, kilos y kilos de kiwi, y Duphalac de bote “a morro”, a volver a enseñar su culo y que le coloquen una “matrícula nueva”.
3- El “aguanta un poco, majín” del traumatólogo mientras hurga en tus tendones
pensando que interpreta un cuarteto de cuerda de Bocherinni. En eso ya tengo experiencia y podría jurar que sin algo que me deprive del poco consciente que tengo, gracias, pero no vuelvo a repetir... que uno es de Bilbao, pero no del mismísimo centro.
4- El “aguanta un poco, majín” de los rehabilitadores mientras te desenroscan la
espalda que está hecha un ocho y cada vez que te sientas en una silla no ergonómica te hace quedarte doblado como un cuatro. Aunque ya no se utiliza la técnica de la “soka-tira alemana” en los gimnasios el hecho es que esta terapia debió ser la única antes de que se comprasen los aparatos TENS en rehabilitación (lo digo porque yo no viajo sin uno de ellos, no vaya a ser que al bajar del avión me quede la pierna izquierda inmovilizada de la hernia discal que tengo hace 20 años ya).
5- El “aguanta un poco, majín” del urólogo mientras te sonda con el tubo más
gordo que tiene para ver si la próstata está lo suficientemente gorda como para que después de metan una “espada-láser-verde” para que puedas mear como si fluyese por el meato urinario el mismísimo Ebro desbordado. (El urólogo a pesar de su edad y su parecido físico no es el del hospital de Calahorra).
6- Pero de todos el que más dolor produce, precisamente por la falta de anestesia y porque le duele a todo el mundo, es el “aguanta un poco, majín… que esto pasa rápido” de Zapatero y Solbes con su abrupta desaceleración. Lo peor de todo es que los cinco primeros ejemplos realmente son dolorosos, pero pasan rápido. Este último, la recesión económica, duele lo mismo que los otros (es un dolor de muelas, un dolor de güevos, como si te diesen por el tras, te dejasen hecho un 4 u orinases un cálculo renal) pero no va a resolverse en un par de minutos…

Y lo peor de todo es que se veía venir… como esta tormenta que inundó Getxo hace unas semanas... Me pregunto si bastará con la anestesia local de los 400€ de Junio, para paliar momentáneamente este dolor de guevos que tenemos de gobierno, pero me temo que esto va a doler bastante más que los ejemplos que os he puesto... que, a Dios gracias, sólo se pueden ver ya en los libros de Historia de la Medicina.
Sobre este blog
El escalpelo armónico
Carlos Emparan García de SalazarCarlos Emparan, miembro del comité regional de UPyD en La Rioja. Cirujano de la FHC. "El paradigma se refiere al modelo, o procedimiento quirúrgico que ha demostrado su bondad y que se perpetúa a través de una escuela. En cirugía o en política se produce el cambio cuando se agota el paradigma y se formula una nueva aseveración teórica."
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