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La salud de los terroristas

Lo dice el refrán: “Mujer enferma, mujer eterna”. Quitando la connotación sexista del refrán es cierto que aquellos que siguen religiosamente sus rutinas de visitar a sus médicos de cabecera, a sus médicos privados cada seis meses, seis semanas o seis días viven bastante más que aquellos congéneres dotados de “salud de hierro” y que a duras penas o únicamente a rastras llegan al médico.

El caso de De Juana Chaos que ha conseguido mantener la figura y el colesterol a raya gracias a sus esperpénticas huelgas de hambre durante los escasos 21 años de ingreso en prisión y de Elena Beloki que ha conseguido que le otorguen un permiso para prepararse psicológicamente a un tratamiento de fertilización in vitro, subvencionado con los impuestos de los ciudadanos y ciudadanas vascas-vascos-españoles y españolas. El caso de De Juana es de sobra conocido, pero el de Beloki no. Condenada a 13 años de prisión por pertenencia a banda terrorista como responsable de organización y comunicación del aparato internacional de ETA, está en libertad con una fianza de 6.000€ desde el 1 de Julio.


Desde luego el riesgo de fuga es nulo… considerando que va a saltarse todas las listas de espera y los criterios de admisión de un tratamiento que a cualquier otro mortal que no sea terrorista o este en la cárcel le lleva entre 2y 5 años y que en la sanidad privada puede costarle entre 8.000 y 32.000 € según el número de intentos y su viabilidad… El riesgo de fuga es nulo, porque le darán un permiso para reposar en su domicilio si queda embarazada y un permiso de maternidad, es más le darán los 2.500€ que no tendrá que cotizar a Hacienda…

En estos casos te preguntas… ¿de verdad que no es un privilegio estar en prisión? Te regalan una carrera (como a De Juana), te mantienen sin cotizar impuestos, te pagan todo tipo de tratamientos restringidos, y te pones a punto para hacer todas esas cosas que el resto de mortales deben esperar a hacer cuando se jubilen… eso sí rascando el bolsillo de sus míseras pensiones y pelándose por una receta roja…

¡Aguanta un poquito, majín!

Los lectores observadores se habrán dado cuenta que, aparentemente, estoy entrando en una vertiginosa pérdida de hábitos semanales y que después de publicar tarde el anterior post, este lo edito en una fecha más habitual. El motivo del silencio es que, de nuevo, el lunes pasado volví a pasar por el quirófano para hacer retoques (sin anestesia) en el tendón que me partí hace ya año y medio, y en el tendón que no me rompí pero que estaba más delgado que una cuerda de violín a punto de romperse. Mientras el lunes aguantaba como pude los puyazos en los tendones pensaba en la de veces que operando a alguien con anestesia local (o una epidural que no había prendido) habré repetido el grito de guerra de los cirujanos del siglo XIX (cuando la anestesia aún estaba en pañales)… ¡Aguanta un poco majín!. Vamos como los pacientes de mi colección de libros de cirugía del siglo XVIII y XIX.

Reconociendo que la cara de mi primer grabado seleccionado es un poema os adjunto algunas más:

1- El “aguanta un poco majín” del dentista. Se suele decir que una persona puede ser peor que un dolor de muelas, pero aquellos que periódicamente visitan al dentista reconocen que prefieren apoquinar 3.000 o 4.000 € que volver a sufrir un dolor de muelas, y si no, mirad con qué estoica flema aguanta este paciente de 1895 el arrancamiento de su molar, vestido con su pajarita y su trajecito de la Bavaria del siglo XIX, sin que se tuerza el bigote.

2- El “aguanta un poco, majín” del cirujano que te opera de hemorroides y se ha olvidado de ponerte la analgesia en el postoperatorio. Aquellos que lo han pasado suelen decir que nada puede ser peor que el postoperatorio de una operación de hemorroides. Es tal, que la mayoría de la gente prefiere tomar litros de aceite crudo, kilos y kilos de kiwi, y Duphalac de bote “a morro”, a volver a enseñar su culo y que le coloquen una “matrícula nueva”.

3- El “aguanta un poco, majín” del traumatólogo mientras hurga en tus tendones pensando que interpreta un cuarteto de cuerda de Bocherinni. En eso ya tengo experiencia y podría jurar que sin algo que me deprive del poco consciente que tengo, gracias, pero no vuelvo a repetir... que uno es de Bilbao, pero no del mismísimo centro.

4- El “aguanta un poco, majín” de los rehabilitadores mientras te desenroscan la espalda que está hecha un ocho y cada vez que te sientas en una silla no ergonómica te hace quedarte doblado como un cuatro. Aunque ya no se utiliza la técnica de la “soka-tira alemana” en los gimnasios el hecho es que esta terapia debió ser la única antes de que se comprasen los aparatos TENS en rehabilitación (lo digo porque yo no viajo sin uno de ellos, no vaya a ser que al bajar del avión me quede la pierna izquierda inmovilizada de la hernia discal que tengo hace 20 años ya).

5- El “aguanta un poco, majín” del urólogo mientras te sonda con el tubo más gordo que tiene para ver si la próstata está lo suficientemente gorda como para que después de metan una “espada-láser-verde” para que puedas mear como si fluyese por el meato urinario el mismísimo Ebro desbordado. (El urólogo a pesar de su edad y su parecido físico no es el del hospital de Calahorra).

6- Pero de todos el que más dolor produce, precisamente por la falta de anestesia y porque le duele a todo el mundo, es el “aguanta un poco, majín… que esto pasa rápido” de Zapatero y Solbes con su abrupta desaceleración. Lo peor de todo es que los cinco primeros ejemplos realmente son dolorosos, pero pasan rápido. Este último, la recesión económica, duele lo mismo que los otros (es un dolor de muelas, un dolor de güevos, como si te diesen por el tras, te dejasen hecho un 4 u orinases un cálculo renal) pero no va a resolverse en un par de minutos…


Y lo peor de todo es que se veía venir… como esta tormenta que inundó Getxo hace unas semanas... Me pregunto si bastará con la anestesia local de los 400€ de Junio, para paliar momentáneamente este dolor de guevos que tenemos de gobierno, pero me temo que esto va a doler bastante más que los ejemplos que os he puesto... que, a Dios gracias, sólo se pueden ver ya en los libros de Historia de la Medicina.

¡Tuto o muete! (En la Sanidad Afgana)

Cuando vemos a los niños disfrazados el día de todos los difuntos pedir golosinas en las películas americanas podemos escuchar en las versiones originales el lema: “Trick or treat! -susto o trato- con el que comienzan a negociar como políticos… o les pagas el impuesto en caramelos o te dan un susto del carajo. En España, como no podía ser menos el lema es mucho más radical, más en el estilo de Tercios Viejos (como relata en su blog Alfredo Rodríguez)… ¡Susto o Muerte! En lenguaje infantil… ¡tuto o muete!

Pues esta semana yo he pasado por uno de esos trances dignos del lema del día de los difuntos… me han operado en mi hospital. Y es que el lema hispano se puede aplicar en su totalidad al sistema sanitario (Sin importar el país):

1- ¿Sabían que corren menos riesgo de fallecer si practican alpinismo sin cuerda que si ingresan en un Hospital? Por no hablar de que tiene menos riesgo volar en avión, viajar en tren, o vivir a 150 metros de una central nuclear, aunque sea la de Ascó. Y es que al ingresar en un Hospital, si te llamas (es un decir) José Pérez Fernández es posible que a ti o a un tocayo tuyo le bajen a quirófano a quitarle la almorrana en lugar de operarle de cataratas. Fíjate que chorrada, apellidarte igual que un tocayo al que nunca conociste y acabar operado del ojo del culo en lugar de recuperar la visión para ver los dibujitos de tu nietecita.

2- ¿Sabían que uno de cada 10 ingresos en un Hospital presenta de una u otra forma una complicación y que de ellas 1 de cada 10 es mortal? Es decir, tienes la misma probabilidad de presentar una complicación a que te toque el reintegro en un decimo de lotería de Navidad, y si entras a un Hospital tienes casi las mismas posibilidades de palmarla que si juegas a un número en la ruleta. Considera todos los procedimientos que tienen que realizarte en un Hospital y el número de veces que firmas un consentimiento informado… cuantos más médicos te vean y más papeles firmes, más cercas estás de vestir un pijama de pino. Si no, fijaos en “House” cuando aparecen sus ayudantes con papeles… o llaman a la Directora Médica Caddy (ojala tuviese yo una Directora como esa en lugar de lo que nos toca en la Rioja), estate seguro que estás más palmera que hojaldre fresco…

3- ¿Sabían que el número de muertes inducido por las prescripciones médicas en Estados Unidos sobrepasa al de muertos en accidentes de tráfico? El bolígrafo con el que escribimos las recetas es “el arma letal de Rambo”. Imagínense: el médico escribe una receta (se puede equivocar de fármaco al escribirla, especialmente cuando ve 1 paciente cada tres minutos como pretenden sus jefes), con la conocida, por deplorable, letra de médico. El paciente, incapaz de descifrar la letra y sin haber entendido para qué sirve lo que le han mandado va a la farmacia, donde un farmacéutico al que no han dado como optativa una clase de criptografía durante la carrera debe descifrar lo que prescribe el médico. Suponiendo que lo descifre, entrega una medicación a un paciente, que, en el mejor de los casos, lee unas instrucciones en las que le convencen de que si prueba la medicación le ocurrirá de todo (desde impotencia hasta caída del cabello, por no hablar de las pobres embarazadas), y se quedará sin saber qué pastillas debe tomar y cuando. Guardará las pastillas en un armarito (habitualmente en el cuarto de baño) donde al cabo de un mes sólo se identificarán pastillas caducadas de colorines… y a saber para qué vale cada capsulita, todas del mismo color.

4- ¿Sabían que la posibilidad de presentar una complicación se multiplica por 15 si les opera un equipo que no se comunica que si lo hacen “amiguetes”? Efectivamente, si te encuentras en un medio sanitario “tóxico”, es decir el típico sitio en el que la gente está a mamporros todo el día, no se hablan entre ellos, no siguen procedimientos, están enfrentados equipos médicos con los de enfermería o con la dirección… la posibilidad de presentar complicaciones puede multiplicarse hasta quince veces. Así, una operación común, con una posibilidad de infección de una de cada 50 pasa a tener una posibilidad de una de tres… Manda güevos, que diría Trillo, que porque tus cirujanos no se soporten o estén a la greña con sus jefes estés comprando “de gratis” papeletas para tener una baja laboral de 6 u 8 meses.

Pues con esos ánimos me dirigí a quirófano el miércoles… Pero a diferencia de cualquier ciudadano de a pié yo sí que tuve el derecho (garantizado por las leyes de Sanidad autonómicas, pero nunca reconocida por los gestores sanitarios) de elegir cirujanos (Pablo y Roger), anestesista (el Dr. Ailand), radióloga (Lola), incluso urólogo por si había que sondarme (Chema) y me piré del Hospital en cuanto pude, que no te echan de un hospital para gastar menos dinero… te hacen un favor al quitarte papeletas para el baile de fin de año con la de la guadaña.

Bueno, yo también tuve que pagar peaje… no en forma de jamón de jabugo pues en mi equipo médico son “corruptos y les gusta el jamón” (me los tengo que llevar al Echaurren a jamar en cuanto me recupere), sino en forma de vejación miserable… porque me tumbaron con “el suero de la verdad” y debí cantar la Traviatta en quirófano, con todos los coros de Verdi…

En fín, yo también prefiero tuto y pagar con golosinas, a muete….

¿Y a ti, españolito de a pie… qué te ofrece tu Consejería de Salud: Tuto o Muete?

Sobre este blog

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El escalpelo armónico

Carlos Emparan, miembro del comité regional de UPyD en La Rioja. Cirujano de la FHC. "El paradigma se refiere al modelo, o procedimiento quirúrgico que ha demostrado su bondad y que se perpetúa a través de una escuela. En cirugía o en política se produce el cambio cuando se agota el paradigma y se formula una nueva aseveración teórica."

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