La Rioja

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El otro virus
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Mayte | 16-10-2014 | 17:11| 0

La foto es de una calle de Monrovia (Liberia). Se ve a Beaty y Arthuneh, las hijas de Mekie Nagbe, tiradas y abandonadas en el suelo en un sucio callejón (se intuye maloliente). Mekie ha muerto por el ébola, a los 28 años. Es una de las más de 4.000 personas liquidadas por el virus en estos meses. Estas son las cifras oficiales, pero vete tú a saber cuántas han sido realmente, como para llevar la contabilidad están ahí; han caído como moscas, ante nuestra indiferencia.
Como Beaty y Arthuneh hay cerca de 7.000 niños que han perdido a uno o ambos padres a causa de la epidemia en los países afectados: Sierra Leona, Liberia o Guinea. Niños abandonados y estigmatizados en su propio entorno por el miedo al contagio. Aunque no padecen la enfermedad, nadie quiere acercarse a ellos. Es estremecedor pensar lo que les espera, ante nuestra indiferencia.
Mientras se mueran lejos, en países marginados, aunque sea por miles, aunque el drama sea devastador, aunque las consecuencias para los que queden vivos sean desoladoras, no importa. No nos hemos dado cuenta de que intervenir no era solo una cuestión de humanidad, sino de protección para nosotros mismos. Los virus no entienden de fronteras y se propagan gracias a la indiferencia.
La foto es de una calle de Alcorcón. Frente a la casa en la que vive Teresa Romero, la auxiliar de enfermería afectada por el ébola, se ha montado una especie de improvisado altar con varios ramos de flores y mensajes de apoyo. Hay ocho mensajes de apoyo para el perro sacrificado y dos para ella. No defiendo que hayan matado a Excalibur, que es como se llamaba el can, pero me llama la atención el revuelo que se ha montado con el sacrificio del perro (por cierto, por orden judicial) mientras somos el país de Europa donde más perros se abandonan cada año, ante nuestra indiferencia.
La foto es del Hospital Carlos III de Madrid. Se ve a Teresa Romero con una mascarilla. Está luchando contra el ébola. En medio de la histeria, de los fallos, de las críticas, de las muchas cosas que se hayan podido hacer mal, me quedo con los médicos, las enfermeras, las auxiliares, que se ocupan de Teresa como antes se ocuparon de nuestros misioneros. Con valentía, con generosidad, con profesionalidad, con entrega. Como la que tienen los médicos y sanitarios de las ONG’s que en el corazón de la epidemia siguen trabajando para intentar salvar a los afectados por el ébola. Ellos no están infectados por la indiferencia.
Ha sido la indiferencia de los países desarrollados la que ha hecho del ébola un problema global. ¿Cuándo nos daremos cuenta de que la indiferencia es el otro virus?

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Hasta que duela
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Mayte | 16-10-2014 | 17:00| 0

“Este chico tiene que seguir estudiando”, les dijo mi abuelo Pedro, maestro en Tormantos, a los padres de Miguel Ángel. Los padres lo querían mandar a trabajar al campo, como el resto de la familia, al acabar la educación básica allá por los años sesenta, pero gracias a la insistencia del maestro lo mandaron a estudiar “a la capital”. Miguel Ángel tiene 61 años, es ahora médico, máster en Dirección de Empresas y Dirección Hospitalaria y es el superior en España de la orden de los Hermanos de San Juan de Dios.
Miguel Ángel es, digamos, el jefe –además de amigo- de Miguel Pajares y de Manuel García Viejo. Los dos eran miembros de la orden de los Hermanos de San Juan de Dios, los dos sanitarios (enfermero el primero y médico el segundo), los dos misioneros durante toda una vida en África, los dos trabajando en hospitales en la zona cero del ébola, los dos muertos por esa enfermedad. Miguel Pajares nos impactó más; era el primero y era agosto. A Manuel se le ha enterrado la semana pasada como si tal cosa.
Como Miguel y Manuel hay muchos más misioneros españoles llevando a cabo una labor heroica en medio de las enfermedades y la miseria más absoluta. Los que sufren esa pobreza y esas enfermedades eran los suyos, como escribió Pablo Neruda: “¿Quiénes son los que sufren? / No sé, pero son míos / No sé, pero llaman / y me dicen “sufrimos”.
Las crisis humanitarias colocan ante nuestros ojos lo peor de la condición humana, sin embargo también nos permiten descubrir lo mejor de ella: la compasión, la caridad, la solidaridad, el amor, el compromiso.
Nos sentimos muy orgullosos de los deportistas españoles que triunfan por todo el mundo, de los empresarios españoles que llevan nuestras empresas por tantos países, de los científicos españoles que ganan premios internacionales, y eso está bien, yo me siento muy orgullosa de todos esos compatriotas que son un ejemplo de trabajo, de esfuerzo y de éxito. Pero lo que hacen estos misioneros y cooperantes me conmueve profundamente y me hace sentirme especialmente orgullosa de ellos.
No suenan himnos ni se izan banderas cuando salvan vidas, no obtienen fama ni lo que entendemos por éxito, no sabemos cómo se llaman hasta que se contagian y mueren de ébola. Fueron donde más falta hacían, al corazón de las tinieblas. Cada vida que salvaron, cada madre a la que ayudaron a dar a luz, cada anciano al que paliaron su sufrimiento final, cada persona a la que ayudaron en el hospital fueron sus medallas, su fama y su éxito. Lo dieron todo para que el mundo fuera un poco mejor. Hasta el final. Ellos sí que hicieron suyo lo que decía Teresa de Calcuta, que “hay que dar hasta que duela, y cuando duela dar todavía más”.

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Hay que reconocer
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Mayte | 09-10-2014 | 15:59| 0

“En España, si te va bien, ya le caes mal a la mitad de la población”, decía hace unos días Martin Varsavsky, el empresario residente en España de origen argentino que ha triunfado en el mundo con la creación de varias empresas tecnológicas. “Hay más admiración por el emprendedor en Alemania o en Inglaterra. Los españoles no aguantan el éxito, no soportan que un tío cualquiera tenga éxito. En cambio, en Estados Unidos, los que triunfan en el mundo de la empresa son héroes nacionales”.
Cada vez se habla más de la importancia de fomentar el espíritu emprendedor en nuestra sociedad, de que necesitamos emprendedores que creen empleo y riqueza, de que hace falta un cambio de mentalidad en nuestros jóvenes para que transformen sus ideas en empresas, para que innoven, para que vayan más allá y no se conformen con ser empleados de alguien, sino que sean ellos los que piensen en crear su propia empresa.
Todo esto hay que hacerlo, pero además tenemos que cambiar nuestra mentalidad con respecto al que triunfa; de nada servirá fomentar la creatividad y la capacidad de desarrollar ideas innovadoras si a la vez los españoles miramos con malos ojos al que destaca en el mundo empresarial o en cualquier otro ámbito.
El lenguaje revela siempre la forma de pensar. Como escribió Díaz-Plaja, la expresión “hay que reconocer…” se dice siempre de algo positivo (“hay que reconocer que es un gran empresario, o un gran escritor”), no se suele utilizar para algo negativo (“hay que reconocer que es un imbécil”), como si el reconocer lo positivo costase más, como si hubiese que esforzarse en ver algo bueno y lo normal fuese resaltar lo negativo.
Aquí los elogios llegan, en todo caso, después de muertos. Juan de Iriarte en el siglo XVIII, ya escribió “solo alabas, solo aplaudes / a los difuntos poetas / no estimo tu voto en tanto / que por lograrle me muera”. Y a veces ni aun después de muertos se acaba la envidia. Lo hemos visto estos días con dos grandes emprendedores y empresarios españoles como Emilio Botín e Isidoro Álvarez (los dos fallecidos a los 79 años).
Las redes sociales han mostrado estos días que la envidia sigue siendo uno de los pecados capitales de los españoles. Un envidioso jamás perdona el mérito, y a Botín y Álvarez algunos no les han perdonado su grandísimo mérito. Como diría con ironía Díaz-Plaja, “hay que reconocer” que han sido dos personas que han trabajado duro y han levantado dos de las más grandes empresas de España, han creado miles de puestos de trabajo, han contribuido al desarrollo económico y al progreso de nuestro país y han dado un enorme impulso a la marca España en el mundo. Por eso, “hay que reconocer” que este país necesita más personas como Emilio Botín e Isidoro Álvarez; sin duda, esto sí que “hay que reconocer”.

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Muy en serio
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Mayte | 09-10-2014 | 15:41| 0

El viceprimer ministro turco se quejaba este verano de la corrupción moral en su país porque… ¡las mujeres se ríen en público! “¿Dónde están nuestras chicas, que se sonrojaban ligeramente, bajaban la cabeza y miraban hacia otro lado cuando nosotros las mirábamos a la cara convirtiéndose en su símbolo de castidad?”, proclamó literalmente mientras reprochaba que las mujeres turcas han perdido la decencia y la moral por reírse en público. Y añadió: “la mujer debe saber lo que está permitido y lo que no. No reirá en público. No se comportará de forma seductora y protegerá su castidad”.
Puede parecer un chiste, pero no lo es. Desde luego es una muestra más de querer someter a las mujeres y de reducirlas al ámbito doméstico. Se empieza diciendo que las mujeres no se pueden reír en público y se les acaba poniendo un burka. Para contrarrestar las demenciales declaraciones del viceprimer ministro turco, ha habido este verano una campaña en las redes de mujeres y de hombres riéndose y solidarizándose con las mujeres turcas, y con tantas que sufren situaciones similares.
Reírse es la sal de la vida y las personas que se ríen tienen mejor salud física y mental. Un proverbio chino dice que para estar sano hay que reírse treinta veces al día. No sé si tantas, pero reírnos nos oxigena, nos inmuniza contra la depresión y la angustia, aumenta la creatividad y la imaginación. Físicamente hace que el cerebro genere endorfinas, que son como unos sedantes naturales del cerebro, y por tanto la risa actúa como un analgésico. Es una medicina natural extraordinaria, y no hay dosis máxima recomendada, te puedes reír cuanto quieras, sin efectos secundarios adversos. Al reírnos disfrutamos más de la vida.
Como escribió Erasmo, “reírse de todo es propio de tontos, pero no reírse de nada lo es de estúpidos”. Y aunque reírse es gratis, muchas veces pagamos por reírnos, IVA incluido, en el cine o en el teatro. La risa es contagiosa, crea buen rollo y es una de las mejores terapias que hay. Reírse de uno mismo es una costumbre muy sana y aumenta la autoestima, en cambio los que se toman demasiado en serio a sí mismos acaban pareciendo ridículos.
Todos los regímenes totalitarios están en contra de la risa y del sentido del humor. Por eso la risa es también un signo de libertad, desde luego lo es de salud, y, aunque le pese a los fundamentalistas de todo tipo, es un signo de igualdad. Y es que la risa es algo que tenemos que tomarnos muy en serio.

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Veranos de pueblo
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Mayte | 07-10-2014 | 16:10| 0

Mi infancia son recuerdos de veranos en Tormantos y un río claro, el Tirón, donde cogíamos cangrejos. Los preparaba mi abuela Pilar con una fritada de chuparse los dedos, literalmente, y cuyo sabor recuerdo todavía (“vosotras estudiad, que no tengáis que depender de nadie” nos repetía). Durante todo el curso esperábamos con ansiedad el momento de que acabaran las clases para ir al pueblo. El verano era estar en la calle, ir en bici por los caminos, comer en el árbol las manzanas reinetas de sabor ácido, subir a la morera y ponernos, cómo no, morados de moras, el verano era construir cabañas en las choperas… El verano era una sensación única, infinita, de libertad.
Nos bañábamos en unas pozas del Tirón, con zapatillas en los pies para no resbalar en las piedras y vaya alboroto cuando aparecía una culebra de agua. Guardábamos el mejor vestido para los días grandes de fiesta, la Virgen y San Roque, y dedicábamos esa mañana a acicalarnos para ir a la misa y a la procesión.
Íbamos en bici o andando a las fiestas de Herramélluri o a las de Leiva, allí nos quedábamos a comer y a cenar en casa de los primos de mi madre (Gerardo, Javi, Isabel…). A Santo Domingo nos tenían que llevar en coche. Por la noche, encima del remolque de un tractor, las orquestas tocaban Formula V, Los Brincos, Nino Bravo, Peret, las rancheras de siempre. Los chicos esperaban que llegase el “agarrao” para pedirte bailar. Algún fin de semana venían amigos de Logroño, de esos que no tenían pueblo.
Recuerdo todo esto al leer en este nuestro periódico un reportaje el pasado domingo sobre la vuelta a los pueblos en verano. Imagino que parecidas sensaciones vivirán estos días los chavales en nuestros pueblos. Me parece maravilloso que esto no se haya perdido. Experiencias únicas, una riqueza intransferible, algo que te alimenta luego durante todo el curso. ¡Y el mérito que tienen los que viven durante todo el año en estos pueblos y los mantienen vivos!
Escribió el poeta Rilke que la verdadera patria del hombre es la infancia. Cuantos más años tengo, más de acuerdo estoy. Una infancia (y adolescencia) también de olores. El del trigo recién cosechado, el de la hierbabuena en la ribera del río, el de los pimientos en la mata, el de la miel de mi abuelo Pedro, el del gasoil de los tractores.
Pensábamos que no íbamos a crecer, Teri, pero crecimos. Recordando a Wordsworth, aunque nada pueda devolvernos la hora del esplendor en la hierba, perdura siempre en el recuerdo la belleza de los veranos de pueblo.

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Kit playero
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Mayte | 07-10-2014 | 16:07| 0


Bajan a primera hora de la mañana y toman posesión de su parcela playera, clavando ufanos en la arena el palo de la sombrilla. Ni los conquistadores de Julio Armas, al tomar posesión de las tierras descubiertas en América, se sentían tan satisfechos clavando en la tierra la bandera de la Corona como estos modernos conquistadores de la playa. Después, en rigurosa y calibrada primera línea, despliegan meticulosamente sobre la arena esterillas y toallas, y completan la fortificación con sillas y tumbonas, ocupando todo el espacio posible.
A esa temprana hora todavía quedan los surcos del rastrillo del tractor que ha peinado poco antes la arena. Algunos, incluso, esperan acechando a que el tractor acabe su tarea para tomar posesión del terreno. Al pisar esa arena recién removida sienten la emoción de quienes desembarcaban en aquellas tierras del Nuevo Mundo por primera vez. Luego suben a desayunar, o a hacer la compra, o a cualquiera de las tareas matutinas propias del mes de agosto. Así que para cuando consigo que mi santo baje, por fin, a la playa, me encuentro, como el común de los mortales, con varias filas de toallas y sillas (muchas de ellas vacías) que harían imposible el desembarco de Normandía.
Cómo será la cosa que hay municipios que han empezado a tomar cartas en el asunto. En Cunit (en la provincia de Tarragona) el ayuntamiento ha aprobado una ordenanza por la que se pueden retirar sombrillas, tumbonas y toallas si no hay nadie que las esté ocupando. Si pasado un mes no lo reclama nadie, se los queda el Ayuntamiento. Vamos, que el reservar se va a acabar.
Así que ahora, además de que no se va a poder ocupar la playa a primera hora para empezar a usarla horas después, siempre se va a tener que quedar alguien de guardia, mientras los demás se bañan, juegan a las palas, o se van a dar un paseo por la orilla, esas actividades playeras que hacen las delicias de Fernando Sáez Aldana.
Me temo que esta nueva normativa, que supongo que se irá extendiendo por el resto de la costa, además de evitar que se cometan excesos en la ocupación de un espacio público, pretende fomentar el uso de las hamacas de alquiler, que asociadas a los chiringuitos, supone una fuente de ingresos para los Ayuntamientos. En estos casos, como el género humano se adapta con facilidad a las nuevas situaciones, ya que hay que alquilar la tumbona para tener un espacio de playa, cada vez son más habituales los que bajan pertrechados con la nevera y echan el día.
De todas formas, si esto se generaliza, seguro que surge la figura del ocupador de toalla, que por un módico precio (más barato que las tumbonas de alquiler) se tumba al sol hasta que llegan los propietarios del kit playero.

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Vacaciones
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Mayte | 07-10-2014 | 16:05| 0


Santos días de desconexión. Ya queda menos para agosto. Ya queda menos para desconectar del tiempo y del mundo. Para hacer lo que te da la gana, o para tirarte en la tumbona y no hacer nada. Para escaparte del estrés cotidiano, de las prisas, de tener que cumplir unos horarios. Nada tan imprescindible como las vacaciones de verano. Esto es especialmente necesario para las mujeres y más en nuestro país, porque las españolas tenemos los niveles más altos de estrés de toda Europa.
¿A qué se debe? Pues a nuestros horarios: en España todo se hace tarde, comemos tarde, salimos tarde de trabajar, cenamos tarde, nos acostamos tarde, excepto levantarnos -nos levantamos pronto-, de ahí viene el déficit de sueño y el desfase horario que arrastramos. A esto hay que añadir que todavía muchas mujeres al llegar a casa tienen horario extra. En nuestro país trabajamos de media 41,06 horas a la semana, más que la mayoría de los países de Europa, y mucho más que los países más avanzados de nuestro entorno, que trabajan menos horas, pero por lo visto trabajan mejor, porque son más productivos.
Veo que Portugal –el país que tiene la tasa más baja de natalidad de Europa- ha lanzado un plan de choque para fomentar la natalidad. España es el sexto con la tasa más baja. Está muy bien esto de lanzar planes de fomento de la natalidad, pero para empezar tenemos que racionalizar los horarios, europeizarlos, es decir, reducir la pausa del mediodía, salir antes del trabajo por la tarde y adelantar los horarios nocturnos de las teles para cenar antes e irnos antes a la cama.
Con la crisis la tendencia que se ha marcado es precisamente al revés: ampliación de horarios laborales y disponibilidad permanente aun fuera del trabajo. Todo ello supone un estrés mayor para las mujeres, porque todavía hay demasiados hombres que practican el absentismo en el hogar, vamos, que no meten las mismas horas que las mujeres en casa.
Flexibilizar los horarios, medir la calidad y no la cantidad, no solo tiene ventajas para las mujeres, sino para toda la sociedad, porque si tienes más tiempo lo puedes dedicar a otras cosas, a mejorarte a ti mismo (formación, deporte) o a mejorar la sociedad (voluntariado). En vacaciones hay que tener tiempo para perderlo, tiempo para no hacer nada, algo imprescindible para luego hacer mucho y bien durante todo el año. Si no te distraes, nunca te concentrarás. Por eso, hay que tomarse muy en serio las vacaciones. Para ser más productivos, para bajar el estrés y para poder concentrarnos mejor en el trabajo, son imprescindibles las vacaciones.

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A la riojana
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Mayte | 07-10-2014 | 16:00| 0

En La Rioja no hay tranvía, tampoco tenemos metro, como canta la jota, tampoco tenemos playa, ni Corte Inglés, y todavía no llega el AVE, pero aún sin todo eso y mucho más somos los más felices de España. Eso dice al menos, una encuesta que se ha hecho pública la semana pasada, según la cual estamos los primeros en el ránking nacional de felicidad, después están los vascos, aragoneses y cántabros, siendo los más infelices los gallegos, asturianos y en último lugar los catalanes.
Por cierto, que el mismo jueves de la semana pasada se hacía público el estudio de la Asociación Civismo, según el cual los riojanos somos los que menos días tenemos que trabajar al año para pagar impuestos, y los catalanes los que más. No sé si esto tendrá algo que ver, pero me pareció una curiosa coincidencia. En cualquier caso, nos fijamos mucho en indicadores económicos y en cuestiones materiales, pero la felicidad no se tiene solo por eso. En la vida hay más cosas que el PIB y que la renta per cápita, aunque está claro que sin una buena renta es más complicado ser feliz. Generalmente, medimos todo excepto lo que de verdad hace que la vida merezca la pena.
La felicidad hay que currársela, no viene dada. Tenemos que ser capaces de crear entornos acogedores, para ello son necesarios, claro está, unos servicios sociales, educativos y sanitarios de calidad, y, por supuesto, que haya empleo; pero también hay que tener la actitud personal, el empeño vital de ser feliz. Hace unos 500 años escribió Erasmo de Rotterdam que la felicidad es “querer ser lo que uno ya es”, es decir, querer lo que uno hace, no hacer lo que uno quiere. Este indicador no lo recogen los análisis económicos.
También es fundamental la interacción social, y en La Rioja somos, como decimos por aquí, muy “roceros”. La felicidad es un estado de ánimo y, -eso sí- teniendo salud, es saber disfrutar de la familia, de los amigos, de una buena conversación, de un buen vino, en fin, de lo que nos sienta bien y nos hace vida más agradable. Me hace gracia uno de los vídeos de la última campaña de publicidad para promocionar La Rioja como destino turístico, en el que se dice “preguntar a un riojano dónde comprar un buen vino y que te contesten ocho”, “brindar con un desconocido y que te cuente cómo ir donde los turistas no llegan”.
Esta estupenda campaña de publicidad lleva como título “Viajar a la riojana”. Después de esta encuesta parece claro que no solo es recomendable viajar a la riojana, sino vivir a la riojana.

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Crecer sin hambre
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Mayte | 03-07-2014 | 19:02| 0

Me contaban los responsables del Banco de Alimentos que estaban haciendo en Logroño una campaña de recogida en una cadena de supermercados hace unas semanas, y que una persona que estaba pidiendo en la puerta de uno de los supermercados se levantó y con el dinero que tenía en el cartón, compró unos kilos de arroz y los entregó a los voluntarios encargados de la recogida de alimentos. La anécdota es impactante, porque incluso alguien que está tan mal como para ponerse a pedir en la puerta de un supermercado es capaz de pensar que puede haber alguien que esté todavía peor que él.
La pobreza en España ha aumentado con la crisis en estos últimos años para vergüenza de todos. Nadie pone en duda que hay familias que no pueden permitirse comer tres veces al día, y esto afecta, cómo no, a los más vulnerables, los niños de esas familias. Para solucionarlo, algunos han propuesto que se abran los comedores escolares en verano para que estos niños puedan comer en condiciones.
Está claro que hay que hacer algo, está claro que hay que buscar soluciones urgentes, pero lo que no está tan claro es que esa sea la solución más acertada. Como dice Savater, “el populismo es ofrecer soluciones falsas a problemas verdaderos”. Y en la propuesta de abrir los comedores escolares en verano para estos críos hay algo de esto, de populismo y demagogia. Y no lo digo por hacer visible o no la pobreza, no se trata de ocultarla, sino que lo digo por el propio chaval, se trata de la integración de estos niños, de su dignidad, de no estigmatizarlos.
Todo depende de cómo se haga; es una buena idea abrir los comedores en verano en el marco de actividades educativas, de ludotecas, de campamentos urbanos, que todos los que vayan puedan quedarse a comer y que haya becas de comedor para los que lo necesiten. Pero desde luego, abrirlos para que vayan a comer solo los chavales de familias con dificultades, no es la mejor solución. Se trata de buscar soluciones de verdad, de que las ayudas lleguen directamente a las familias que lo necesiten y los críos puedan comer en verano en su casa. Bueno, la verdadera solución es encontrar un puesto de trabajo que te permita vivir dignamente. Mientras tanto, ayudas sociales urgentes para quienes lo necesiten. Pero, en cualquier caso, ¿cómo es posible que las alarmas se disparen a final de curso? ¿Por qué no se planteó esto hace meses? ¡Vaya falta de previsión!
Los comedores escolares surgen para conciliar la vida familiar y laboral, no se trata de convertirlos en comedores sociales. Ahora nos enfrentamos a otra conciliación: algo que no nos podíamos ni imaginar en nuestro país, el derecho a la alimentación y el derecho a la intimidad y a la dignidad de los niños, para algo tan básico y fundamental como es crecer sin hambre.

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Nosotras la tenemos más grande
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Mayte | 03-07-2014 | 18:58| 0

Pensaba que era un montaje fotográfico. Mi amigo Pedro, que había ido a Zaragoza, me enseñó una foto del parking de Plaza de España en el que había plazas reservadas para mujeres. Eran unas plazas con un cartel en el que además ponía “señoras” (no “mujeres”, sino “señoras”). Lo de las plazas me llamó la atención, aunque sólo sea por lo inusual. Pero lo que me dejó perpleja fue que las plazas para “señoras” eran más grandes, no un poco más grandes, no, sino mucho más grandes, porque de tres plazas “normales” hacían dos plazas para “señoras”.
Al principio pensé que Pedro –conociendo mi implicación con la igualdad entre mujeres y hombres- me estaba tomando el pelo. Pero pude comprobar que no era un montaje, que era cierto. Los responsables del parking lo justifican diciendo que esas plazas están más cerca del control y así las mujeres tenemos mayor seguridad.
Esta explicación me parece correcta y una buena iniciativa, pero, ¿por qué dar más espacio a las plazas de las “señoras”? Eso es lo que no entiendo, porque al dar más espacio se está insinuando que conducimos peor y que aparcamos peor. Y no es así, más bien al contrario. Las mujeres no conducimos peor, las estadísticas señalan que las mujeres tenemos menos siniestralidad, y de hecho hasta 2012 las compañías de seguros cobraban menos a las “señoras” por el seguro del coche, hasta que el Tribunal Europeo de Justicia impuso las tarifas unisex porque esto iba en contra de la igualdad.
Igualdad no es que te reserven plazas de aparcamiento, sino que las mujeres cobremos el mismo sueldo por el mismo trabajo, que la brecha salarial no sea, como es ahora mismo, del 23% menos para las mujeres. No hace falta que amplíen las plazas de aparcamiento para las “señoras”, sino que se amplíen los puestos en los Consejos de Administración de las empresas: a día de hoy las mujeres sólo ocupamos el 16,8 % de los consejos de administración de las empresas del IBEX, y eso que el 44% de las mujeres tenemos educación superior frente al 34% de los hombres. Por tanto, no es solo una cuestión de igualdad, sino también de lógica empresarial: se trata de aprovechar todo el talento y la formación.
Donde de verdad tenemos que tener reservadas nuestras plazas de aparcamiento las mujeres es en los puestos directivos, porque eso vendrá bien a las organizaciones y a las empresas, y habrá más sensibilidad para facilitar el trabajo a las mujeres. Mientras tanto, no me importa, la verdad, que a la hora de aparcar, la tengamos más grande.

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