La Rioja

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Vaya pinta, cámbiate
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Mayte | 19-02-2015 | 17:55| 0

“Tú no sales así de casa”, “tápate ese escote, vaya pinta que llevas”, “haces el ridículo, no me gusta que te miren”, “ni se te ocurra salir así vestida”. Estas y otras frases parecidas no pertenecen a tiempos pasados, qué va, las siguen diciendo miles de chicos cada día a sus novias y les parecen tan normales.
Hace unos días se presentaba el estudio “Percepción social de la violencia de género en la adolescencia y juventud”, realizado por el CIS. Refleja que uno de cada tres jóvenes de entre 15 y 29 años considera “aceptable” controlar los horarios de la pareja, no permitir que la pareja trabaje o estudie, o decirle lo que puede o no puede hacer.
Si alguien creía que hemos avanzado en igualdad, está muy equivocado. Llama la atención que los jóvenes no consideren que el control excesivo de la pareja es una forma de violencia. Saben que dar una bofetada es violencia, pero no asumen que lo sea el imponer a su novia cómo tiene que ir vestida o el que le tenga que dar cuenta de dónde y con quién está en cada momento. No es que no lo consideren violencia, es que lo consideran ¡una muestra de amor! Y lo peor de todo es que son ellas, las propias chicas, las que piensan que sus novios se “preocupan” por ellas cuando las controlan de esta forma, y les parece bien que sus chicos les lean los mensajes y revisen sus llamadas del móvil.
Las jóvenes rechazan la violencia física, hasta ahí podíamos llegar, pero no identifican la “violencia de control”. No saben diferenciar el control machista del interés que puede tener un chico por ellas. Por increíble que parezca, las adolescentes de ahora están más expuestas al machismo de lo que lo estuvo mi generación.
Algo estaremos haciendo mal cuando esto sucede entre nuestros jóvenes. Los estereotipos machistas de control se siguen dando en la sociedad, en las familias, sobre todo en la televisión (donde se educan de verdad). Tres de cada cuatro jóvenes han escuchado de sus mayores que “los celos son una expresión de amor”. Una relación sana se basa en la confianza mutua y tu pareja no tiene derecho a controlar tu vida.
Con las nuevas tecnologías hay más posibilidades de control hacia ellas, y lo peor es que un elevado porcentaje se sienten cómodas en ese papel de sumisas. ¿Cómo inculcar el sentido de la dignidad y de saber cuidar de sí mismas? Aunque parezca mentira, nuestras chicas no asimilan que si tu chico te controla, no te quiere, te humilla, y que los celos no son románticos. Una chica no es propiedad de su novio. El pasado fin de semana celebrábamos San Valentín, el día de los enamorados. Una buena campaña para ese día sería conseguir que los jóvenes tuvieran claro que amor y control no son lo mismo, que él no la quiere si le dice “vaya pinta llevas, cámbiate”.

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La fuerza de la ternura
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Mayte | 09-02-2015 | 17:45| 0


“También esto es amor. No ha sido el mejor 31 de diciembre de mi vida, pero también esto forma parte de la vida. Una vez me tenías tú en el regazo, y ahora lo hago yo, y sin temor, para recordar a todos que la vida debe vivirse y combatirse. En la vida hay que estar presente siempre”.
Este texto lo escribía en Facebook, la pasada Nochevieja, Giancarlo Murisciano, un joven de 28 años de Calabria, en Italia, junto a una foto en la que aparecía sentado en una silla sosteniendo entre sus brazos a su abuela Antonia, de 87 años y enferma del terrible alzheimer, mientras esperaba a que le preparasen la cama. La foto la hizo su hermana pequeña, de 12 años, y ha tenido, además de medio millón de “me gusta” en Facebook, un amplio eco en la prensa italiana. La colgó en la red porque buscaba compartir ese momento “sin vergüenza ni miedo” y porque “la vida debe ser siempre vivida”.
La foto por sí sola es impresionante y traslada una ternura infinita, real, sin cursilerías, no está edulcorada. Traslada la radical dignidad del ser humano y el valor de la ternura. La confundimos muchas veces con el sentimentalismo o la sensiblería, pero no tiene nada que ver. Al contrario, no hay nada más sólido y poderoso que la ternura.
En esta época nuestra parece que si muestras ternura demuestras debilidad, pero la ternura no significa ser débil ni ñoño, sino fuerte y generoso, es toda una muestra de confianza y seguridad en uno mismo. No hay que tener miedo a la ternura, una de las claves de la inteligencia emocional. Y lleva, además, a la solidaridad, porque si algo no te conmueve ni enternece, no vas a hacer nada por ayudar. En esta sociedad llena de ruido y prisa, tantas veces deshumanizada, ¡cuánta necesidad de ternura tenemos!
La ternura es fundamental en el desarrollo de las personas, es el caldo de cultivo de las relaciones familiares –la que nos inspiran los hijos, por ejemplo- y, por supuesto, de las de pareja. Es el termómetro que mide la calidad de una relación. Hace tiempo mi hija me hizo la típica pregunta de adolescente, que por qué me había enamorado de su padre -mi santo-. Le dije, sin dudarlo, que por su ternura.
Cuando está presente la ternura, el mundo es un lugar más habitable, más humano, más amable, y la vida late más intensamente. Como escribió Oscar Wilde, “en el arte, como en el amor, la ternura es lo que da fuerza”. En esa foto del joven Giancarlo con su abuela enferma de alzheimer en brazos, palpita toda la fuerza de la ternura.

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Sin complejos
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Mayte | 22-01-2015 | 19:58| 1

En cientos de colegios de Francia se han registrado incidentes tras los atentados de París, porque algunos de los alumnos no estaban de acuerdo en guardar un minuto de silencio como homenaje a las víctimas de los atentados yihadistas, y llegaron a agredir a compañeros de clase que condenaban los asesinatos de Charlie Hebdo y de la tienda judía. Para todos estos chavales, los asesinados insultaban su religión y al negarse a rendir un sencillo minuto de silencio en su memoria estaban en cierta manera justificando su muerte. Es para echarse a temblar.
Tenemos que reivindicar nuestros principios: la libertad, la democracia, la igualdad entre hombres y mujeres, la dignidad de las personas. Si no lo hacemos, estaremos dando espacio no solo a los intolerantes islamistas, sino a los intolerantes de los movimientos radicales contra la inmigración.
Como escribía Savater el pasado fin de semana, uno de los tópicos más bobos y falsos es el de “todas las opiniones son respetables”. Las personas son las que tienen que ser respetadas, tengan la opinión que tengan. Las opiniones, en cambio, están para ser discutidas.
No todas las culturas son iguales, en absoluto. ¿Acaso aceptamos que las mujeres no puedan tener carné de conducir o que no puedan enseñar su cara fuera de casa y tengan que llevar un niqab? ¿Aceptamos que a un bloguero le condenen a diez años de cárcel y mil latigazos por abrir un foro de debate en el que se opina sobre el Islam? ¿Aceptamos lapidar a una mujer porque se ha acostado con un hombre sin estar casada? ¿Verdad que no? Está claro que no todas las culturas tienen el mismo valor ético, ni todas las opiniones son respetables.
Claro que nuestra civilización tiene defectos, nadie dice que sea perfecta, pero desde luego quien quiera vivir y trabajar en ella ha de aceptar sus valores y principios (y no me refiero a los religiosos, por supuesto, que cada uno crea en lo que quiera, o en nada). Ha triunfado en la red un tuit que resume todo esto: “Soy Ahmed, el policía muerto. Charlie ridiculizaba mi fe y mi cultura, y morí defendiendo su derecho a hacerlo”.
Uno de los valores de nuestra sociedad es la tolerancia, pero no hay tolerancia sin límites, y no se puede tolerar al intolerante, al que niega el respeto a los demás. No se trata del respeto a las ideas, sino a las personas. Si no entendemos esto, no entenderemos que lo que están amenazando es nuestras libertades, nuestro modo de vida, nuestra civilización. Liberté, égalité, fraternité. Hay que defenderlas con firmeza, con convicción y sin complejos.

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Postureo
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Mayte | 08-01-2015 | 19:10| 0

Al momento empezaron a circular por la red vídeos “compilatorios” (así los llaman, son muy divertidos, por cierto) de las reacciones de familias andaluzas a las no-campanadas de fin de año en Canal Sur. Me llama la atención que tantas familias se dediquen a grabar con el móvil cómo se toman en casa las uvas de Nochevieja y que inmediatamente lo cuelguen en internet.
Ya hay más teléfonos móviles que personas en el mundo, es uno de los datos más llamativos del año que empieza. Y es una muestra de la época en que vivimos, todos conectados y siempre conectados. Si algo no se envía por mensaje, whatsapp o se cuelga en las redes sociales, es que no existe.
En estos días navideños, además de recibir felicitaciones en el móvil por la Navidad o el Año Nuevo, se ha podido comprobar a través de las fotos que te envían, con quién y cómo pasan estas fiestas tus contactos del teléfono (que, siguiendo la clasificación de Josep Pla, podrían dividirse entre amigos, conocidos y saludados). Si no has enviado cómo has celebrado la última noche del año, es como si no la hubieses celebrado,
Cómo será la cosa que la palabra del año según la Fundéu (Fundación del Español Urgente, de la Agencia EFE) ha sido “selfi”, sin e, castellanizada. Es curioso que la palabra española del año sea una palaba inglesa, un indicio más del mundo globalizado en que vivimos y también de la fuerza del inglés. En español tenemos la palabra “autofoto”, pero no he escuchado a nadie decir “¿nos hacemos una autofoto?” y sí, en cambio, “venga, vamos a hacernos un selfi”.
Ahora con los selfis y con las redes sociales parece que tienes que demostrar continuamente que eres muy interesante y muy feliz. Y como somos mucho más receptivos a una imagen que a un texto, con una foto lo decimos todo: mira lo que hago, mira con quién estoy, mira qué bien lo estoy pasando.
El selfi no es solo cosa de adolescentes, sino que ha pasado a ser algo generalizado, que forma parte de la cultura social. No hay momento compartido con alguien en el que no se haga una foto para enviarla por el móvil. De hecho, más de una vez, se va a un sitio o se hace algo para, sencillamente, hacer la foto, para que se vea que se ha estado en ese lugar o con esas personas; en fin, lo que ahora se llama “postureo”.
Antes le llamábamos “aparentar”, “hacer las cosas de cara a la galería”, vamos, que el postureo siempre ha estado ahí, aunque ahora lo enviamos por foto. Sí, selfi ha sido una de las palabras del año. Y gracias al selfi hemos descubierto que otra es “postureo”.

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Cuentos de Navidad
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Mayte | 02-01-2015 | 18:54| 0

María y Alicia Espinosa hacen con abalorios pulseras, collares, y pendientes, decoran marcapáginas de cartulina y todo ello lo ponen a la venta en el bar de su tío en Lardero y también entre sus conocidos. La cantidad de dinero recaudada la destinan a turrones y mazapanes que entregan a la Cocina Económica de Logroño. María y Alicia tienen 9 y 10 años, y dicen que lo hacen para que quienes van a la Cocina “noten que es Navidad en los postres”
Estas dos niñas, siendo tan pequeñas, saben ponerse en el lugar de los que peor lo pasan y con lo que modestamente ganan con sus ventas intentan ayudar a los que lo necesitan. Son todo un ejemplo de generosidad y solidaridad, y una muestra también de que esos valores se trasmiten en la familia. El mundo sería un lugar más habitable con más casos como el de María y Alicia.
Peter Angelina es un nigeriano de 36 años que vende pañuelos en los semáforos de un cruce del barrio de Triana, en Sevilla. Se encontró un maletín que estaba en el techo de un coche y que, al arrancar, cayó al suelo. Corrió detrás del coche pero el conductor no se percató. El maletín tenía 3.000 euros y varios cheques por importe de 13.000 euros. Pedro (así le conocen los vecinos de la zona) lo entregó a la policía, que localizó al propietario, un empresario, gracias a la documentación del maletín. Peter sobrevive con lo que saca en el semáforo, unos 15 euros al día.
Su argumento al devolver el maletín era muy sencillo, muy simple: “Aquello no era mío. Los céntimos que yo gano cada día son míos, pero ese dinero no era mío”. Los vecinos le toman el pelo diciéndole que con lo bien que le habría venido, ¿cómo se le ocurrió devolverlo? En las redes sociales comentaban con ironía, reflejando la falta de valores de nuestra sociedad, “un inmigrante devuelve un maletín con 3.000 euros, este no se ha integrado en España”. El afirma con rotundidad: “no soy tonto, soy bueno” y que volvería a hacer lo mismo una y mil veces.
Lo que aquí nos parece un acto extraordinario de honradez, para Peter es lo normal, “porque es la educación que me dio mi padre”. Dedica también todo el tiempo que puede a ayudar en la parroquia, porque, asegura que “hay gente que lo pasa peor que yo”. Frente a la podredumbre de la corrupción, este nigeriano que malvive vendiendo pañuelos en los semáforos de Sevilla es un referente de los principios y valores que necesita la sociedad. Él, precisamente él.
En las pequeñas cosas y en las más humildes personas están a veces las más grandes lecciones morales. Lo mejor de todo, es que lo de Pedro, María y Alicia son historias reales, aunque parezcan cuentos de Navidad.

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El insulto es violencia
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Mayte | 11-12-2014 | 17:01| 0

“Ese portugués, hijoputa es” (a Ronaldo); “Madrid y Español, la misma mierda son”; “puta Barça, puta Cataluña”; o “ser del Barça es, ser un subnormal” lo he escuchado en los pocos partidos de fútbol a los que he ido. No soy aficionada, pero he asistido a algún partido por acompañar a mis hijos, y me ha sobrecogido el nivel de insultos en los estadios.
Nunca podré entender cómo miles de personas gritan a coro un insulto a un árbitro o a un jugador del otro equipo. Como no me interesa lo que sucede en el campo de fútbol, y a mi edad ya no me llaman la atención los futbolistas buenorros, sino los tipos interesantes (como mi santo), me entretengo con el espectáculo de la grada y la transformación de algunos humanos en energúmenos vociferantes. En uno de los partidos estaba cerca del banquillo y pude ver cómo dos tipos se dedicaban a acordarse de la madre del entrenador del equipo visitante durante todo el partido, sin parar, ¡durante todo el partido! Yo los habría echado del campo.
Se ha avanzado en acabar con las pancartas y gritos racistas en los estadios, pero los campos de fútbol siguen siendo un espacio para el linchamiento verbal a cargo de una masa en la que desaparece el propio yo. Alguien que nunca haría eso de forma individual, se identifica con el griterío insultante de la grada.
El país entero se ha quedado impactado por el asesinato, hace diez días, de un hincha radical del Coruña a manos de los seguidores también radicales del Atlético de Madrid. Me pregunto qué hay en las mentes de esos individuos para quedar a pegarse (en secreto, para que no se entere la policía) un domingo por la mañana (con la de cosas que se pueden hacer un domingo por la mañana), porque hay un partido de su equipo de fútbol horas después. En cualquier caso, esto ha vuelto a poner de manifiesto la existencia de grupos radicales y violentos en los estadios, y estos días se ha demostrado que en demasiadas ocasiones amparados por las directivas de los clubes. Solo el Madrid y el Barça han atajado hasta ahora de raíz a los ultras. Espero que lo que ha pasado sirva para que haya de verdad mano dura con los radicales en el fútbol.
Pero no solo se trata de echar a los ultras de los estadios, sino de evitar la violencia verbal en los mismos. La secuencia está clara: primero se insulta y luego se pega. Tampoco se trata de que se coree amorosamente el nombre del árbitro o de cantar “tigres, leones, todos quieren ser los campeones”, pero que nombren –para mal, claro- a la madre de los jugadores del otro equipo tendría que ser objeto de sanción, como lo son los gritos o manifestaciones racistas. El primer paso para erradicar la violencia en los campos de fútbol y en su entorno es eliminar la violencia verbal. Lo decía ayer Ancelotti, un tipo tranquilo (que siempre viene bien en el agitado mundo del fútbol) y que tiene las cosas muy claras: “me gustaría que la afición animara cantando, no insultando. El insulto también es violencia”.

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Estrellas Michelín
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Mayte | 01-12-2014 | 19:46| 0


El cuerpo perfecto. En la foto diez tías despampanantes, delgadísimas pero con talla 100 de sujetador, anuncian prendas de ropa interior de la famosa marca de lencería Victoria’s Secret bajo el slogan “El cuerpo perfecto”. Todas cumplen a rajatabla lo que se ha denominado PIB: Patrón Imposible de Belleza. Cuerpos espectaculares e irrealmente perfectos, para lo cual las fotos han sido incluso retocadas con photoshop y así parecer más delgadas. Un anuncio que no da igual. Demasiadas mujeres no son felices porque no pueden alcanzar ese patrón de cuerpo perfecto; afortunadamente a otras nos da igual.
Al verlo, tres estudiantes universitarias lanzaron una campaña en internet contra este anuncio, recogieron miles de firmas y, aunque no consiguieron que se retirase la campaña, lograron que cambiase el lema, “El cuerpo perfecto”, por otro, “Un cuerpo para cada cuerpo”; aún así, en el anuncio siguen apareciendo las mismas modelos, como de plástico, con sus cuerpos esqueléticos luciendo una lencería de ensueño. Vamos, que rectificaron, pero solo un poco, solo en el lema.
El problema es que modelos como estas son el espejo en el que se miran muchas jóvenes en todo el mundo, y campañas así trasladan el mensaje de que si no tienes “el cuerpo perfecto” no eres atractiva y tu físico no es el adecuado. Como si la autoestima de las mujeres tuviera que basarse solo en el aspecto físico y en esos cánones de belleza que nos intentan imponer. ¿Quién ha dicho que ese es el cuerpo perfecto? ¿Tengo que avergonzarme si no cumplo con esas medidas irreales? Y como si los hombres solo se sintiesen atraídos por estos cuerpos irreales (por cierto, muchos firmaron también contra la campaña).
Esto, además de problemas de salud y trastornos de alimentación, provoca que muchas chicas se lancen a seguir todo tipo de tratamientos para adelgazar o para luchar contra esa incipiente celulitis –aunque muchas veces sea una cuestión hormonal-. Como el cuerpo de las campañas de publicidad es inalcanzable, demasiadas mujeres están a disgusto con el suyo, insatisfechas consigo mismas. Nuevamente la dominación y el sometimiento de las mujeres a través de la publicidad planteando cuerpos imposibles, cuerpos irreales. Mujeres avergonzadas por no ser como las de las fotos.
Otra marca de lencería, Dear Kate, reaccionó con rapidez con una contracampaña y lanzó el mismo anuncio con mujeres reales, de diferentes tallas, con sus curvas, unas con demasiada cadera, otras con poco pecho, alguna con unos michelines, mujeres normales, de las de carne y hueso, no de photoshop. Para sentirte una estrella no tienes que tener un cuerpo perfecto de anuncio de Victoria’s Secret. Puedes sentirte como una estrella aunque tengas algún michelín. Estrellas Michelín.

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Contesta
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Mayte | 13-11-2014 | 17:57| 0

Ya no vale decir “no vi tu mensaje”, “estaba sin batería”, “no tenía cobertura” o “lo tenía en el bolso y no lo escuché”. WhatsApp –el servicio de mensajería instantánea para móvil más popular del mundo- ha introducido una doble marca azul que te chiva que el mensaje ha sido leído, y no sólo eso, sino que si presionas sobre ese mensaje, te indica la hora exacta a la que se ha leído. Se acabó el “lo leo, pero no contesto”.
“¿Por qué nos haces esto, WhatsApp?” Este era el título de un artículo hace unos días sobre esta nueva utilidad de la famosa aplicación. Es un paso más para la pérdida de privacidad y de intimidad en las comunicaciones. Siempre conectados y siempre controlados, así vivimos, y cada paso que se da va en esta dirección, para controlarnos aún más. Por supuesto, han empezado ya a circular trucos para evitar que sepan si has leído o no el mensaje, pero son complicados de ejecutar. Queda la opción de no abrir el mensaje, porque siempre se ve el comienzo en la pantalla, pero si es largo te quedas sin saber lo que dice.
Estamos controlados también cuando entramos en la red. Cuando haces una búsqueda en Google, por ejemplo de una ciudad, en las siguientes entradas te aparecen anuncios de hoteles o restaurantes en esa ciudad. Google lo sabe todo sobre nosotros, nuestros gustos, nuestros horarios, nuestros intereses, dónde estamos o a dónde queremos ir. Por no hablar de las redes sociales, como Facebook, a las que damos información que jamás daríamos a ningún Gobierno.
Cada vez nos relacionamos más a través de las nuevas tecnologías, que vinieron inicialmente para facilitar el trabajo y poder tener de esta forma más tiempo libre. Pero no ha sido así; cada vez somos más esclavos de ellas y cada vez nos hacen trabajar más y hacen que las jornadas laborales sean interminables. De hecho, la media de horas de sueño se ha reducido en casi hora y media en estos últimos años. Más trabajo, menos tiempo libre, y más controlados por las nuevas tecnologías.
Y vendrán cosas peores. El siguiente paso va a ser detectar nuestras emociones. Leo que están preparando una aplicación para el móvil –una app- que analiza el tono de voz para conocer el estado de ánimo y que además distingue si se está diciendo la verdad o no. Vamos, que si contestas “¡qué alegría escucharte!” y no lo piensas, la aplicación lo detecta. Creo que esto es ciencia ficción, pero en cualquier caso espero que no llegue, porque acabaría con las relaciones sociales y personales, que se apoyan en esas pequeñas mentiras piadosas, como “a ver si nos vemos pronto” o “ha estado genial, cariño”.
De momento, con la doble marca azul ya no hay escapatoria, quien nos escribe sabe que lo hemos leído y, cuando ve la doble marca azul, está pensando “contesta”.

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La verdadera crisis
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Mayte | 11-11-2014 | 18:27| 0

“No sé si esto va a gustar en Casa Real”, le decía Francisco Nicolás a su interlocutor durante una cena en un restaurante de lujo. “Perdona, que me llama la vicepresidenta”, le decía a otro, mientras se levantaba haciéndose el interesante, o “mi guardaespaldas tiene la documentación en el coche”, comentaba al empresario que tenía delante. Últimamente presumía de tener una orden directa del Gobierno para negociar “el tema de los Pujol”. Se las arregló incluso para estar en la coronación de Felipe VI.
Lo increíble es que durante años, muchos han creído al conocido como “pequeño Nicolás”, que, con veinte añitos de edad, se hacía pasar, entre otras cosas, por miembro del CNI. ¿Quién podría haber imaginado esta historia? ¿Quién en su sano juicio puede tomar en serio a un chaval así al nivel en que se movía? Su historia es rocambolesca y nos tiene asombrados, perplejos, y vuelve a confirmar que, como decía Oscar Wilde, la realidad supera a la ficción.
Ahora se ha colado en todos los grupos de guasap; ¿quién no ha recibido una foto en la que aparece “el pequeño Nicolás” con Obama en la Casa Blanca, celebrando un gol con Ronaldo o Messi, saludando al Papa o como uno de los asistentes en el cuadro de la última cena de Leonardo da Vinci? Ya en el colegio le llamaban Frantasma (jugando con su nombre de Francisco y lo fantasma que era desde pequeño).
Lo del “pequeño Nicolás” es una historia de momento burlesca, hasta que se sepa qué hay detrás de todo este montaje. ¿Cómo es posible que este niñato haya conseguido engañar a tanta gente? Y precisamente cara de listo no tiene. Nos reímos y hacemos chirigota de esta increíble historia, pero es una muestra de que nos fiamos más de las apariencias que de los verdaderos méritos.
Muchos han confiado en un pipiolo que iba con traje, engominado y presumiendo de buenos contactos, en lugar de mirar su currículum y comprobar qué ha hecho en la vida. Lo malo es que de estos hay unos cuantos en los partidos políticos, que van ascendiendo por contactos y apariencias, no por méritos, talento, resultados y porque sean útiles a la sociedad. Y así nos va. El problema es que nos hemos dado cuenta de que muchas cosas no son lo que parecían. Me llama la atención que mientras el país está inmerso en una profunda crisis de confianza, nos fiamos en cambio de un engominado de 20 años o de un demagogo populista.
Me temo que de esta crisis, la de confianza, nos va a costar mucho salir, pero al menos nos hemos dado cuenta de algo, aunque sea a golpes: de la necesidad de tener a los mejores en política y de la necesidad de responsabilidad cívica, de honradez, de valores éticos y morales, tanto en nuestros políticos, empresarios, sindicalistas, como en el conjunto de la sociedad. La falta de confianza es la verdadera crisis.

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El otro virus
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Mayte | 16-10-2014 | 17:11| 0

La foto es de una calle de Monrovia (Liberia). Se ve a Beaty y Arthuneh, las hijas de Mekie Nagbe, tiradas y abandonadas en el suelo en un sucio callejón (se intuye maloliente). Mekie ha muerto por el ébola, a los 28 años. Es una de las más de 4.000 personas liquidadas por el virus en estos meses. Estas son las cifras oficiales, pero vete tú a saber cuántas han sido realmente, como para llevar la contabilidad están ahí; han caído como moscas, ante nuestra indiferencia.
Como Beaty y Arthuneh hay cerca de 7.000 niños que han perdido a uno o ambos padres a causa de la epidemia en los países afectados: Sierra Leona, Liberia o Guinea. Niños abandonados y estigmatizados en su propio entorno por el miedo al contagio. Aunque no padecen la enfermedad, nadie quiere acercarse a ellos. Es estremecedor pensar lo que les espera, ante nuestra indiferencia.
Mientras se mueran lejos, en países marginados, aunque sea por miles, aunque el drama sea devastador, aunque las consecuencias para los que queden vivos sean desoladoras, no importa. No nos hemos dado cuenta de que intervenir no era solo una cuestión de humanidad, sino de protección para nosotros mismos. Los virus no entienden de fronteras y se propagan gracias a la indiferencia.
La foto es de una calle de Alcorcón. Frente a la casa en la que vive Teresa Romero, la auxiliar de enfermería afectada por el ébola, se ha montado una especie de improvisado altar con varios ramos de flores y mensajes de apoyo. Hay ocho mensajes de apoyo para el perro sacrificado y dos para ella. No defiendo que hayan matado a Excalibur, que es como se llamaba el can, pero me llama la atención el revuelo que se ha montado con el sacrificio del perro (por cierto, por orden judicial) mientras somos el país de Europa donde más perros se abandonan cada año, ante nuestra indiferencia.
La foto es del Hospital Carlos III de Madrid. Se ve a Teresa Romero con una mascarilla. Está luchando contra el ébola. En medio de la histeria, de los fallos, de las críticas, de las muchas cosas que se hayan podido hacer mal, me quedo con los médicos, las enfermeras, las auxiliares, que se ocupan de Teresa como antes se ocuparon de nuestros misioneros. Con valentía, con generosidad, con profesionalidad, con entrega. Como la que tienen los médicos y sanitarios de las ONG’s que en el corazón de la epidemia siguen trabajando para intentar salvar a los afectados por el ébola. Ellos no están infectados por la indiferencia.
Ha sido la indiferencia de los países desarrollados la que ha hecho del ébola un problema global. ¿Cuándo nos daremos cuenta de que la indiferencia es el otro virus?

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