La Rioja

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Perdonar
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Mayte | 28-04-2016 | 17:55| 0

Aquel sábado por la tarde, los tres amigos volvían a su pueblo en Ávila, desde Plasencia, adonde habían ido a comer, cuando el coche derrapó en una curva, se salió de la carretera y chocó con un talud. José, de 33 años, murió a los diez días en el hospital y David, el conductor del coche y amigo del alma de José, dio positivo en el control de alcoholemia.
Tres años después, en 2014, David fue condenado a dos años y medio de cárcel por homicidio imprudente. Siendo esto dramático, no se hablaría de ello si no fuera por la petición de la madre de José -el joven fallecido en el accidente-, que, además de pedir con insistencia el indulto para David, se ha dedicado a recoger firmas para conseguirlo. Tienen ya más de 200.000 solicitándolo, entre otras las de toda la familia del joven fallecido.
“Mi José iba dormido en el asiento de atrás, no se enteró de nada, le operaron de la cabeza pero no pudieron hacer nada por él. Ese día le tocó a su amigo inseparable ser el conductor, podría haber sido mi José, pero le tocó a David. ¿Qué ganamos metiéndolo en la cárcel? ¿Para qué le van a separar de su mujer y de sus hijos de siete y cinco años? David perderá su trabajo y nunca volverá a ser el mismo, ya ha padecido un suplicio”, dice la madre del joven fallecido. Y añade: “Él no es un criminal, no necesita ir a la cárcel para ser una buena persona”.
David ha pedido perdón y no solicita el indulto, sino que la pena de cárcel se le sustituya por trabajos para la comunidad, de forma que no tenga que ingresar en prisión. Aunque el perdón personal no implica el perdón de la sociedad, es decir, la decisión de perdonar no exime de hacer justicia, son cosas muy distintas.
Cuando perdonamos, salimos de una situación que también a nosotros nos provoca sentimientos negativos. Perdonar requiere una buena dosis de introspección y esfuerzo, hay que esforzarse en perdonar y, al hacerlo además de recuperar la paz interior, obtenemos también beneficios físicos: es bueno para el corazón, la tensión arterial y el sistema inmunológico.
“Yo no entiendo mucho de leyes, pero sí de sentimientos y generosidad y por eso pido clemencia para David, que no se provoque más dolor”, añade la madre de José. Perdonar en la vida seguramente es una de las cosas más difíciles; si ya lo es en el día a día, y con cuestiones menos dramáticas, más aún en un caso de estos, en el que ha muerto un hijo.
Entre el ruido y la furia que llenan las noticias de nuestros días, entre tantas cifras y titulares grandilocuentes, esta humilde historia me ha parecido una muestra extraordinaria de la humanidad y de la generosidad que implican perdonar.

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Mujer pública
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Mayte | 14-04-2016 | 16:31| 0

“Ayer fuimos al cine con unos amigos y unas amigas y luego nos encontramos al salir con mis cuñados y cuñadas, con mis sobrinos y sobrinas, que estaban con un compañero y una compañera de clase…”. Absurdo, sería absurdo, ridículo, artificial y nada eficaz tener que hablar así, desdoblando todos los sustantivos. Estos días ha surgido otra vez la polémica sobre el uso del género en el lenguaje, a propósito de un nuevo plan de la Junta de Andalucía para promover la igualdad en los centros docentes, en el que propone combatir el sexismo en el lenguaje más allá de lo que parece sensato.
Hay que utilizar el femenino siempre que se pueda, de forma razonable. Por ejemplo, decimos “la alcaldesa de Logroño, Cuca Gamarra”, y no entra en cabeza de nadie decir “el alcalde de Logroño, Cuca Gamarra”, y así con la presidenta, la ministra, la jueza o la ingeniera. A medida que las mujeres hemos ido ocupando puestos que hasta ahora solo ocupaban los hombres, se utiliza el femenino, pero seguimos diciendo “esto es un coñazo” de algo negativo o “es cojonudo” de algo positivo. Hay que seguir corrigiendo los usos del lenguaje sexista, como cuando se habla de Rajoy o Cameron (sin artículo) y, en cambio, de “la” Merkel o “la” Susana (Díaz).
La lengua española no es machista ni feminista, pero sí lo puede ser el uso que se haga de ella. El lenguaje tiene género y las personas, sexo. El plural masculino genérico referido a los dos sexos no es discriminatorio, funciona bien y se entiende perfectamente. Como escribía Pérez Reverte, si decimos “en mi barrio hay muchos gatos” entendemos también que hay gatas, no hace falta decir “hay muchos gatos y gatas”.
La Junta propone, por ejemplo, decir “el profesorado” en lugar de “los profesores”, ¡pero también “el profesorado” es masculino! En una pareja con una hija y un hijo, no imagino que la madre le pregunte al padre “¿llevas tú mañana a la descendencia a clase o la llevo yo?”, lo lógico es preguntar “¿llevas tú mañana a los niños a clase o los llevo yo?”. El camino hacia la igualdad es largo y difícil, pero propuestas como la de la Junta de Andalucía no contribuyen a allanarlo.
Es verdad que no vamos a corregir la brecha salarial entre mujeres y hombres, ni vamos a conseguir que haya más mujeres directivas, ni se va a acabar con la lacra de la violencia machista diciendo miembros y miembras, jóvenes y jóvenas. Pero es verdad también que queda mucho camino por andar mientras no sea lo mismo “hombre público” que “mujer pública”.

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A pecho descubierto
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Mayte | 31-03-2016 | 14:39| 0

¿Se defiende la igualdad de las mujeres mostrando los pechos? ¿Se es más feminista si se enseñan las tetas? Me llama la atención este movimiento que para denunciar situaciones de desigualdad hacia las mujeres promueve enseñar el torso desnudo en actos reivindicativos, da igual que sea en una iglesia, en el Congreso, subidas a la Cibeles o en el Parlamento Europeo.
Una de las claves de la desigualdad hacia las mujeres es reducirlas a un cuerpo, algo a lo que contribuye poderosamente la publicidad. Nos quejamos -y con mucha razón, más había que hacerlo- de los anuncios que utilizan el cuerpo de la mujer como reclamo publicitario y nos presentan como tontas del culo preocupadas únicamente por nuestro cuerpo o como sumisas amas de casa.
Si comes el chicle del anuncio, todas las chicas vendrán a besarte y comerse… tu chicle. Si compras el coche ese, todas querrán subirse (al coche y a ti) y ponerse a tus pies. Si te pones ese desodorante, se arrojarán en tus brazos. La mujer se convierte en el 2×1, en lo que te llevas gratis por comprar esas magníficas cuchillas de afeitar.
Se acaban de conceder los premios a los anuncios más machistas del año pasado, los ganadores han sido un anuncio que presentaba como plan perfecto en un centro comercial (en Sevilla), un hombre más una mujer que se había tomado cinco copas (se las había tomado ella), otro de los finalistas era un anuncio que bajo el lema de “Remajas” mostraba tres culos de chicas jóvenes, en bikini, para promocionar unas rebajas de verano de otro centro comercial (en Alicante).
Por eso, que para protestar por algo haya que enseñar el torso desnudo de una mujer, es también cosificar a las mujeres, reducirlas a un cuerpo como hace la publicidad más machista. Es verdad que llaman la atención, pero, ¿para que los medios de comunicación hagan caso hay que mostrar los pechos? Así no se reduce la brecha salarial ni se combate la violencia de género. Además, no se manifiestan por eso, sino que suelen hacerlo contra la religión católica.
Uno de los lemas que manejan estos grupos feministas radicales es “enseñad las tetas compañeras, la igualdad nos espera”. La lucha por la igualdad de las mujeres en la sociedad no puede reducirse a eso. ¡Como si no tuviéramos argumentos para hacerlo! Como si la única manera de reivindicar los derechos de las mujeres o de denunciar la desigualdad fuese montar el numerito a pecho descubierto.

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Incertidumbre
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Mayte | 04-03-2016 | 09:53| 0

Es una de las palabras de moda por la situación política que vivimos en nuestro país, sin saber si se formará gobierno o si vamos hacia unas nuevas elecciones. Pero esta incertidumbre política que ahora es excepcional (y, por cierto, nada positiva), en cambio, en la vida diaria es habitual, forma parte de la vida misma.
Sin ir más lejos, a mi amigo Diego, hace unos meses, le comunicaron que tenía que trasladarse obligatoriamente a otra ciudad a trabajar si quería seguir en la misma empresa, y el mundo se le cayó encima. No es que ese trabajo le entusiasmara, pero después de catorce años en el mismo departamento y con la misma rutina, no se imaginaba la vida de otra manera. Pero, por mucho que intentemos refugiarnos en nuestra zona de confort, el cambio se cuela en el día a día.
En una magnífica entrevista a Vargas Llosa este fin de semana en el suplemento de este nuestro periódico, reivindicaba el Premio Nobel lo imprevisible como un elemento esencial de la vida. El mundo en pocos años no solo se ha acelerado, sino que se ha hecho mucho más imprevisible. Aunque nos encontremos seguros con nuestras rutinas, en nuestros ecosistemas particulares, los cambios son oportunidades para crecer, para mejorar y para reinventarnos.
Muchas veces nos aferramos al “más vale malo conocido que bueno por conocer”, pero cuando estamos tan a gustito porque creemos que lo tenemos todo controlado, surge algo imprevisto, entonces la duda nos invade y la incertidumbre nos provoca ansiedad y preocupación. Mi amiga Isabel dice que el único cambio que nos gusta en la vida es el del pañal. Sin llegar a ese extremo, es cierto que todo cambio se suele percibir como una amenaza. Por eso es normal que el cambio produzca miedo o desazón, lo malo es cuando ese miedo se convierte en angustia y nos paraliza.
Lo que hay que hacer es afrontar el cambio y buscar soluciones, ver lo positivo que puede haber en cada situación. A menudo, ante un cambio importante hacemos anticipaciones negativas, porque los recursos habituales que tenemos para dar respuesta al día a día ya no sirven, hay que inventar otros y pensamos que no vamos a poder con el nuevo escenario. Pero, como escribió Churchill: “he pasado la mitad de mi vida preocupándome por cosas que nunca me ocurrieron”. Lo malo es que, mientras tanto, lo pasamos mal.
Lo único permanente en la vida es el cambio y cuanto más flexibles seamos al mismo, más oportunidades se presentarán ante nosotros. Esto no quiere decir que no haya que tener planes ni unos objetivos, ni un proyecto de vida, ¡ni mucho menos!, pero es imposible tener todo bajo control. Lo único cierto es la incertidumbre.

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Amor programado
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Mayte | 18-02-2016 | 19:16| 0

“La distancia me impide besarte, pero no pensar en ti, mi princesa”, “me gustas para amarte toda la vida”, “no importa el color del cielo, quien hace el día bonito eres tú”. Estas son algunas de las frases de las aplicaciones que se pueden instalar en el móvil para enviar por mensaje o guasap a tu pareja. Puede parecer que son de coña, pero las envían en serio. La cursilería y ñoñería de los mensajes es alucinante.
No solo cada vez más parejas se conocen a través de internet, sino que más que nunca se usan los móviles para alimentar una relación. El pasado domingo se celebraba San Valentín y, como decía un anuncio, “las apps (aplicaciones) pueden servir para hacer que ese día sea todavía más especial y reavivar la pasión”.
Pero lo que me parece el no va más es que encima se pueden programar, de forma que, mientras los supuestos Romeo o Julieta están reunidos, haciendo deporte o durmiendo, la aplicación envía de forma automática los mensajes que han seleccionado previamente con la periodicidad que han elegido. La aplicación te hace creer que tu pareja está pensando en ti en todo momento, porque recibes sus mensajes de amor, cuando en realidad está haciendo otra cosa (o, vete tú a saber, mientras está con otra persona).
Se supone que la aplicación elimina el mensaje programado si hay una conversación entre medias, pero me imagino el momentazo si estás con tu pareja, no tienes el móvil a mano, y de repente te llega un mensaje de estos, ¡menuda pillada!
De la misma forma que vemos el mundo a través del móvil, porque no vemos las cosas directamente, sino que nos dedicamos a hacerles fotos con el teléfono (hacemos más fotos de las que podemos ver), también guasap y los mensajes han cambiado la manera de comunicarnos. Pero una cosa es enviar un guasap y otra utilizar una aplicación de estas para demostrar la pasión amorosa con textos programados que son, además, empalagosos y horteras, y aunque parezca mentira, las utiliza más gente de la que nos podamos imaginar.
Lo que siempre me ha seducido de mi santo ha sido su sentido del humor, su inteligencia, su ternura y su autenticidad. No sé qué seducción, en cambio, pueden encontrar algunos en programar mensajes como “tal vez no sea un boxeador, pero prometo luchar por ti” o “quiero ser astronauta y perderme en tus Lunares” o ese insuperable de “ni Wikipedia podría definir lo que siento por ti”. Nada hay menos seductor y más superficial que estos mensajes de amor programados.

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Burka de madera
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Mayte | 04-02-2016 | 19:46| 0

Estaban invitados a cenar en casa de unos amigos comunes, de visita en un país oriental y, siguiendo las costumbres, se sentaron en el suelo para cenar en torno a una mesa baja por la que fueron pasando los distintos platos. Siempre he pensado que, como dice el refrán español, “allá donde fueres, haz lo que vieres” y por eso hay que saber adaptarse a las costumbres del país al que vamos. Pero con lo que no puedo es con tener que seguir normas que ofenden nuestra dignidad o que van contra la igualdad de mujeres y hombres.
Cuando uno tiene invitados, intenta complacerles y agradarles, buscar puntos de encuentro o evitar conversaciones polémicas, pero sin renunciar a sus principios. Por eso me dejó pasmada la noticia de que el gobierno italiano había tapado con unas enormes cajas de madera las esculturas de desnudos en los Museos Capitolinos, en Roma, para no molestar al presidente de Irán, Hasan Rohani, y a su delegación, en el acto de firma de importantes contratos entre Irán e Italia. De hecho, pensé que las fotos eran un montaje y que la noticia era una broma. Pero no era así, los enormes cajones eran auténticos y chirriaban en ese lugar que tiene un significado especial, porque esas obras representan la cuna de nuestra civilización y son un emblema de la libertad de pensamiento y de creación artística.
Cubrir con una caja de madera la escultura de la Venus Capitolina, de hace 2.500 años, es todo un símbolo de claudicación de la cultura europea, como ha señalado Giovanni Sartori, que ha criticado duramente la ridiculez del gobierno italiano. Lo que una se pregunta es por qué no se llevaron la firma del acuerdo a otro sitio, mejor que renegar de nuestra cultura y traicionarnos a nosotros mismos por no molestar al presidente de Irán.
En la cena oficial no se sirvió vino. Todo lo contrario que en Francia. Al día siguiente el presidente de Irán firmaba un sustancioso acuerdo comercial con el presidente francés. Había prevista una cena de Estado, y como la delegación iraní no quería que hubiese vino en la mesa, el gobierno francés suspendió la cena oficial y la sustituyó por un encuentro en el Elíseo a media tarde, con té o café, o chocolate con croissants.
Si los iraníes no beben vino, ellos se lo pierden, seguro que pensó Hollande, pero de ninguna manera quiso renunciar a quitar de la mesa un elemento característico de nuestra cultura, como es el vino. Lo que ha sucedido estos días es todo un ejemplo de cómo se defienden, o no, los valores de la cultura occidental. Siempre nos quedará París. Allí no renuncian a una cena con vino ni a la serena belleza de una Venus sin burka de madera.

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Vanidad
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Mayte | 21-01-2016 | 18:25| 0

Un tipo con una camiseta asquerosa y seguro que maloliente, con las manos esposadas, el rostro serio y desafiante, sentado al borde de la cama en una habitación cutre de un motel mexicano de carretera. Así aparecía en la foto uno de los criminales más buscados del mundo, el capo de la droga en México, reclamado también por la justicia de Estados Unidos.
La noticia de que el jefe de narcotraficantes, Joaquín Guzmán, apodado el “Chapo”, había sido detenido, tras horas de tiroteos mientras le perseguían por desagües y calles, dio la vuelta al mundo. Como la había dado su segunda fuga de la cárcel en julio del año pasado, una fuga también de película, a través de un túnel de 1,5 km. con entrada en la ducha de su celda, que recorrió en una motocicleta adaptada para rieles.
¿Qué ha permitido que detuvieran a este tipo, que vivía en la clandestinidad, rodeado de sicarios armados hasta los dientes, con un sistema de túneles siempre preparado por si lo localizaban? Su vanidad, sus delirios de grandeza. Al enterarse de que se iba rodar una película sobre su vida, “Chapo, el escape del siglo”, contactó con la dirección de la misma porque quería una versión acorde no a su altura real (mide 1,55), sino a la altura de su ego. Concedió también una entrevista al actor Sean Penn para la revista “Rolling Stone”. Y así, tirando de esos hilos de megalomanía, consiguieron localizarlo y detenerlo.
En la vida diaria no te vas encontrando con narcotraficantes megalómanos, pero sí con personas enfermas de vanidad, con un ego desmedido, siempre dispuestos a creerse y pregonar lo guapos y listos que son. Obsesionados con la apariencia y la ostentación, en el día a día es inevitable encontrarse con engreídos que se piensan que son el no va más.
Los narcisistas necesitan que los demás les reconozcan sus méritos, les adulen y les doren la píldora, piensan que son más inteligentes que el resto, que su vida es más interesante y que sus opiniones son más válidas. Lo mejor que hacen es escucharse a sí mismos. En el siglo VI, el papa San Gregorio (que estableció, por cierto, la lista de los siete pecados capitales) escribió: “la vanidad es el comienzo de todos los pecados”.
Para el Chapo Guzmán la vanidad ha sido el comienzo de todos sus males, el querer verse retratado como un héroe de película. Y sí, seguramente harán una película con la historia de su vida. Una película de la que no sabemos el título ni quién encarnará al personaje, pero sí conocemos el final: la policía lo detiene gracias a su vanidad.

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Más bebés
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Mayte | 12-01-2016 | 18:35| 0

Arancha y Adrián son los dos primeros bebés que han nacido en España en 2016, la niña en Toledo y el niño en Alicante. En La Rioja el primer bebé fue una chica, más tardía, no nació hasta las 5 y pico de la madrugada, con un nombre que también comienza por a, Aitana.
Los medios de comunicación suelen recoger en titulares los primeros bebés nacidos en la madrugada del 1 de enero, porque estos niños simbolizan el año que también acaba de nacer y sospecho que también porque el día de Año Nuevo no suele tener grandes noticias, que si no, ni caso. Pero tendríamos que prestar más atención a la baja natalidad que tenemos en nuestro país.
Y es que nuestra tasa está en mínimos históricos, por primera vez en España desde hace 71 años mueren más personas de las que nacen. La tasa de reposición está en 2,1 hijos por mujer, pero aquí tenemos una tasa de fertilidad de 1,3 hijos, mientras que nuestros vecinos franceses, sin ir más lejos, tienen una tasa de natalidad de 1,99 hijos por mujer. Además, la edad media para tener hijos aumenta cada año y está cerca de los 32 años, así que hay parejas que para cuando se lo piensan, ya casi se les ha pasado el arroz y solo les da tiempo de tener un hijo. De seguir así, ¿quién va a pagar las pensiones en el futuro?
Por eso es una urgencia nacional aplicar políticas de protección a la familia y de fomento de la natalidad. Para que los jóvenes tengan expectativas de futuro y puedan formar una familia, se necesita que mejore la situación económica, que tengan un salario digno y que puedan acceder de forma asequible a una vivienda.
Y no sólo esto. Está demostrado que en los países europeos que tienen más altas tasas de natalidad hay más mujeres trabajando y tienen más facilidades para tener hijos. Es fundamental, también, aplicar medidas de conciliación de la vida familiar y laboral y un mejor reparto del trabajo familiar. Esto pasa por el fomento del teletrabajo, horarios racionales, jornadas flexibles o reducidas, guarderías económicas y ampliación de los permisos de maternidad y paternidad.
Este año comienza en nuestro país con una subida de las pensiones para las madres jubiladas de entre el 5% y el 15%, en función del número de hijos que hayan tenido, una buena medida que servirá para igualar la brecha entre las pensiones de hombres y mujeres, una cuestión de justicia, porque son las mujeres las que, tantas veces, dejan de trabajar para atender a la familia.
Antes se decía que los niños venían de París. El futuro no viene de fuera, sino que depende de nosotros mismos, de que nazcan más Aranchas, Adrianes y Aitanas, y esto no va a pasar porque sí. A ver si tomamos conciencia, de una vez, de que hay que fomentar la natalidad, de que necesitamos más bebés.

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Navidad
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Mayte | 29-12-2015 | 09:52| 0

“Este año no vamos a poder ir, lo intentaremos el próximo, Feliz Navidad, papá”, dice el mensaje del contestador del teléfono. Y así todos los hijos, repartidos por distintas ciudades del mundo. En el vídeo se ve al abuelo comiendo y cenando, él solo, un día tras otro, en una mesa familiar, después de preparar la cena, él solo, con la única compañía del árbol de Navidad, mientras ve por su ventana que otras familias sí se juntan y celebran la Navidad.
Como último recurso para reunirlos, les hace llegar una esquela en la que finge su propia muerte. Todos, llorosos y enlutados, acuden a la casa familiar, claro, no se puede faltar a un funeral (pero sí a la cena de Nochebuena). Al entrar se encuentran con la mesa engalanada para la cena de Navidad. Todavía sorprendidos, aparece el padre y abuelo que les pregunta, entristecido, “¿es esta la única manera de reuniros a todos?”. La tristeza se convierte entonces en alegría, los llantos en risas y lo que iba a ser un velatorio, en una cena navideña.
El anuncio es de una cadena alemana de supermercados para, aprovechando la Navidad, recordar que es hora de volver a casa y denunciar la soledad de las personas mayores, y ha sido reproducido millones de veces en Internet. Está cargado de emotividad y, a propósito de la Navidad, reivindica la familia, el hogar, las cosas que merecen la pena en la vida.
Los que tenemos a los hijos fuera de casa valoramos estos días especialmente. Como nos recuerda el anuncio de turrón de El Almendro, son fechas de volver a casa, de compartir los recuerdos y de soñar juntos, de estar, sencillamente estar en familia, que es la certeza de no sentirse perdido. En un mundo en el que todo cambia constantemente, la Navidad es algo que permanece. Frente al estrés cotidiano, por unos días podemos olvidarnos de las prisas del día a día, y lo que era tan urgente ayer puede esperar a que pase la Navidad. Tampoco hace falta demostrar nada a tu familia ni a tus amigos.
La Navidad es la alegría del reencuentro, la felicidad de lo sencillo, el recuerdo cariñoso de los que ya no están, una conversación que se alarga en torno a la mesa o en el sofá. Se trata de disfrutar de las pequeñas cosas, de lo que de verdad importa. Y, como nos recuerda este anuncio alemán, lo que de verdad importa es estar juntos en familia, sobre todo estos días. Vuelve a casa, vuelve, por Navidad.

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Listas
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Mayte | 10-12-2015 | 18:02| 0

Estos días todo el mundo anda hablando de las listas a las elecciones del 20D, pero no me quiero referir a las listas electorales, sino a esas otras listas que proliferan ahora que acaba el año. Listas de las canciones más escuchadas, los mejores restaurantes, los vinos más recomendables, las películas más vistas, los libros más vendidos o los acontecimientos más importantes. Listas también con los hombres más sexys o las mujeres más elegantes. La más envidiada es la lista Forbes, con las mayores fortunas del planeta. Y en la que no conviene aparecer nunca es en una lista negra.
Leo en este nuestro periódico que se acaba de publicar el libro “Listas memorables”, del inglés Shaun Usher, en el que se recogen 125 listas de todo tipo y condición. Las hay extraordinariamente curiosas, como la paródica de Mark Twain, sobre a quién hay que rescatar antes en caso de incendio. Las hay que desmontan mitos, como la que Einstein impuso a su mujer (no hablar con él o tener la ropa siempre a punto). Las hay que son puro sentido común, como la de Thomas Jefferson en su “decálogo de reglas a cumplir en la vida cotidiana” (la 8ª es genial: “¡cuánto dolor nos han causado los males que nunca han ocurrido!”)
También podríamos hacer una lista de libros sobre listas. En 2009 Umberto Eco publicó “El vértigo de las listas”, donde reivindica estas clasificaciones como un signo de nuestra cultura. Desde el principio de la humanidad nos hemos dedicado a hacer listas. Es una manera de concentrar el conocimiento y recordar mejor las cosas. Por eso están presentes en las religiones, como los diez mandamientos, en las tablas del Sinaí.
Estamos rodeados de catálogos, de recopilaciones, de inventarios, anuarios, agendas, almanaques, tablas… Listas de lo que merece ser recordado y de lo que queremos evitar. En lo personal es muy útil hacerse listas, desde la lista de la compra a la de los regalos que tienes que comprar en Reyes. Sirven para pensar menos, lo anotas y te olvidas hasta que llegue el momento de hacerlo.
¿Quién no se hace una lista de tareas pendientes, de ingresos y gastos, de objetivos a cumplir? El placer de los inventarios, de las enumeraciones… Por ejemplo, la lista de las cosas que nos gustan, especialmente recomendada cuando una está de bajón: el olor del mar, el zumo de naranja, el jamón, los huevos fritos con patatas, las nueces, la sensación de las sábanas recién limpias, ver una buena película en el cine, salir a tomar algo con mis amigos, el azul, la ternura de un bebé, los abrazos y los besos de mis hijos o pasear por la playa con mi santo. Hacer esa lista, repasarla, recordar lo que contiene, es una manera de volver a tenerlo. La felicidad de hacer listas.

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