La Rioja
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Campeones
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Mayte Ciriza | 17-05-2018 | 18:31| 0

Álvaro es ordenanza en el Ayuntamiento, informa y orienta a la gente que entra, lleva  documentación de un departamento a otro, hace fotocopias y organiza y tramita la correspondencia. Tiene siempre una sonrisa en la boca y lo hace todo con un entusiasmo envidiable. Alvaro tiene síndrome de Down.

Marina trabaja como camarera en un restaurante, se encarga de tomar nota de la bebida, de recoger y limpiar las mesas, de prepararlas para la siguiente comanda y de entregar los abrigos al salir. Pone todo el empeño del mundo en su trabajo y crea un rollo estupendo con los clientes. Gloria tiene una discapacidad intelectual.

Jóvenes como Álvaro y Marina luchan por salir adelante, trabajan, no todos viven con su familia, algunos incluso viven solos, otros en pisos tutelados compartidos con otros jóvenes con discapacidad. Jóvenes como Álvaro y Marina son los verdaderos protagonistas de “Campeones” de Javier Fesser, una película que no te puedes perder.

En “Campeones”, Marco (interpretado por Javier Gutiérrez) es el segundo entrenador de un equipo español de baloncesto de primera división. Lo despiden del equipo, tiene problemas con su mujer y con casi todo lo que le rodea, y mantiene una actitud negativa ante la vida. Estrella su coche por conducir borracho y la juez le ofrece realizar trabajos sociales en beneficio de la comunidad para evitar la cárcel, en este caso entrenar un modestísimo equipo de baloncesto formado por jóvenes con discapacidad intelectual. Marco es un analfabeto emocional, que desprecia a las personas con discapacidad y que hace todo lo posible por escaquearse, pero a lo largo de la película la experiencia con estos jóvenes le transforma. Le transforma en una buena persona.

La película es una mezcla deliciosa de humor y ternura, con una capacidad extraordinaria para emocionar, que te hace reír y llorar. Los jóvenes con discapacidad no son actores, aparecen en la película tal como son, por eso es tan auténtica, que es una de las claves. En esta sociedad de postureo y de adornarse con másteres inexistentes, estos chavales son la esencia de la autenticidad, de la sencillez, de la cercanía, un ejemplo de humanidad.  En un mundo empeñado en poner etiquetas a todo, estos jóvenes rompen los estigmas y miran todo sin prejuicios.

Se aborda la realidad de estos jóvenes de frente, sin paternalismos, con naturalidad. Llama la atención su falta de prejuicios y su compañerismo, son un equipo en la victoria y en la derrota. Espero que sirva para darles visibilidad y favorecer su integración.

Los jóvenes que aparecen en esta película son la muestra de tantas personas con capacidades diferentes que luchan cada día por superarse a sí mismas, por trabajar, por salir adelante. Son más, mucho más que campeones.

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Las kellys
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Mayte Ciriza | 17-05-2018 | 18:29| 0

Sales de la habitación del hotel y siempre ves un carro alto, enorme, en el pasillo, lleno de cosas: de sábanas y toallas limpias, de productos de limpieza y de higiene personal, de trapos, de cubos y fregonas. Cerca hay siempre una mujer con uniforme entrando o saliendo de las habitaciones que limpia y pone en orden y que saluda amablemente a los clientes, aunque muchos ni las ven. Son las que se autodenominan “Las Kellys”, una manera coloquial de referirse a “las que limpian”. Son casi invisibles, pero si la habitación no está perfecta, el cliente pone el grito en el cielo. Pensando en la persona que limpia siempre intento dejar la habitación del hotel lo más recogida posible.

Las kellys son mujeres que limpian habitaciones de hotel, a través de servicios muchas veces externalizados, que cobran en torno a 2 € por habitación y que trabajan contrarreloj para dejar impecables en torno a 20 o 25 habitaciones diarias por salarios que difícilmente sobrepasan los 700 € al mes, por más de 8 horas diarias de trabajo. Los hoteles tienen que ajustar los precios por la presión de las plataformas de reserva por internet, como Tripadvisor o Booking. Y esto repercute en los sueldos de los que trabajan en el sector.

No son las únicas en estas condiciones. Fuimos con nuestros amigos a una cena que había organizado una pareja que nos querían presentar en Madrid. Era un encuentro informal y se trataba de picotear algo. Después de las presentaciones, nos dijeron que el repartidor de Deliveroo se retrasaba. Al cabo de un rato apareció sudoroso un chaval que había venido pedaleando con la comida en una enorme caja a la espalda.

Hasta entonces no había querido encargar nada a través de esas aplicaciones de móvil que hacen de intermediarios entre el restaurante y el consumidor, explotando a los que llevan el pedido. Los llaman “riders”, es decir, “jinetes”. Jinetes en bici. Nunca he querido contribuir a esta nueva esclavitud.

Cada vez que los veo pedalear sin descanso por las calles con esos contenedores isotermos en la bici, cobrando una miseria por cada pedido y teniendo que darse de alta como autónomos –lo que se llama falsos autónomos-  haciendo un montón de horas al día, a 4,25 € el pedido (da igual la distancia), de manera que ni siquiera llegan a 700 € al mes, pienso que algo estamos haciendo mal. En cambio, las plataformas de internet que gestionan estos pedidos se forran. Por ejemplo, Deliveroo ganó en 2016, 145 millones de euros. A costa del trabajo precario de miles de falsos autónomos.

La semana pasada Rajoy recibía en Moncloa a una representación de “Las Kellys”, las camareras de piso de los hoteles. Espero que el hecho de que el Presidente del Gobierno las haya recibido sirva para que, además de hacerlas visibles y tomemos conciencia de su condición, mejore su situación laboral y aumenten sus míseros sueldos y los de tantos otros trabajadores en nuestro país. Las kellys y los repartidores de comida a domicilio son una muestra de la precariedad laboral, pero no son los únicos. Hay muchos trabajadores en nuestro país que son “Kellys”.

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Sin protección
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Mayte Ciriza | 17-05-2018 | 18:26| 0

Entré hace unas semanas a mirar casas rurales en La Rioja para unos amigos que vienen por aquí estos días de Semana Santa y poder recomendarles algo y desde entonces, cada vez que entro en internet, me aparecen anuncios de casa rurales en La Rioja y alrededores.  Salgo de casa a primera hora de la mañana para ir a mi trabajo y sin haber tecleado nada en el móvil me aparece un mensaje en el que me dice lo que voy a tardar en llegar. Consulté horarios de vuelos y desde entonces me aparecen también en internet ofertas para ese destino.

Estamos controlados por Google, en algún lugar de la nube está almacenada toda la información, saben todo de nosotros: nuestro nombre, dirección, edad, dónde trabajamos, correo electrónico, modelo de teléfono, compañía telefónica, el consumo de internet, las palabras que usamos con más frecuencia dentro de los correos electrónicos, las fotografías que hacemos con el teléfono (aunque las borremos y no las subamos nunca a una red social), qué compramos, cuándo lo hacemos, por dónde nos movemos, la fecha en que fuimos a aquel sitio y por qué ruta lo hicimos.

Lo saben todo. La culpa es nuestra. Les damos toda esa información para tener una cuenta gratis de correo electrónico, pagar con el móvil o para poder usar Google Maps. No pagamos con dinero. Pagamos en información. Información sobre cada uno de nosotros. Eso es lo más valioso.

Pero todavía pueden saber más sobre nosotros, como es el caso de Facebook, al que damos toda nuestra información personal: con quién estamos, dónde, qué hacemos, qué comemos, qué opiniones tenemos sobre cualquier cosa, qué libros leemos, qué películas nos gustan, qué días vamos a Laurel, si nos gustan más los pinchos de la calle San Juan o de San Agustín y si preferimos tinto o blanco. Los jóvenes y adolescentes son especialmente vulnerables por ser especialmente usuarios de las redes. Google lo controla todo, pero ¿quién controla a Google?

Esto es gran hermano de Orwell. Con la diferencia de que, como leía hace unos días en una entrevista a un filósofo coreano, en la novela “1984” de Orwell, la sociedad era consciente de ser dominada, mientras que hoy en día ni siquiera somos conscientes de esa dominación”. Si fuera un país, Facebook sería el país más poblado del mundo, con más de 2.000 millones de usuarios, pero ¿quién controla a Facebook? En su momento tuvieron problemas con las fake news, una manera fina de llamar a las noticias falsas. Estos días el mundo entero se ha escandalizado por el uso irregular de datos de millones de usuarios de Facebook para la campaña electoral de Trump. Vamos a ver cómo acaba todo esto y si les cae una buena sanción o queda en agua de borrajas.

Ante un poder político superado por el mundo digital, menos mal que nos quedan los medios de comunicación para denunciar este uso no autorizado de nuestros datos personales. En nuestras casas tenemos cerraduras, puertas blindadas e incluso alarmas. En el mundo digital, en cambio, dejamos la puerta abierta para que cualquiera que pase entre sin llamar y se lleve lo que quiera. En el mundo digital vivimos sin protección.

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En compañía
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Mayte Ciriza | 15-03-2018 | 16:32| 0

Me contaba un amigo médico que una parte no pequeña de las personas mayores que van a la consulta de atención primaria cada mañana con sus achaques, dolor de espalda, mareos, dolor de cabeza, molestias de estómago o debilidad en general, cuando les hace las pruebas correspondientes, no encuentra nada especial. Al fijarse un poco más en las características de estas personas se dio cuenta de que casi todas vivían solas. Personas mayores habitualmente, solas, con poca vida social y que tenían a sus hijos y nietos lejos y los veían muy poco.

Nos fijamos en los síntomas pero no en la causa. Y la soledad es el origen de muchos de los males de quienes la sufren. Las personas que viven y se sienten solas suelen padecer tristeza, angustia, apatía, falta de autoestima y depresión. Y tienen también más problemas de salud física, niveles más altos de colesterol e hipertensión. Además de que todo esto hace que tengan menos esperanza de vida, supone un alto coste económico para las arcas públicas.

No se trata de la soledad elegida, sino del que no tiene con quién hablar, con quién compartir su tiempo, lo que piensa, lo que hace o lo que siente. Ya escribió Machado que un corazón solitario no es un corazón. Esta soledad negativa, no elegida, es una enfermedad crónica más y hay que tratarla antes de que quienes la sufren vayan el centro de salud a ver a su médico de atención primaria, con las consecuencias. De esto se han dado cuenta ya en el Reino Unido, donde la Primera Ministra, Theresa May, ha nombrado una Ministra de la Soledad, para solucionar un problema que May ha calificado como “la triste realidad de la vida moderna”.

Los ingleses han reconocido que la soledad es un problema nacional que afecta a nueve millones de personas en su país. Como cada vez hay más gente mayor, cada vez va a haber más gente solitaria. En la Unión Europea hay 87 millones de personas mayores de 65 años y para 2060 habrá 150 millones, que supone alrededor de un 30% de la población. Y la mayor parte de ellos vivirán solos.

Es paradójico que en los países del sur la gente se siente más sola que en los del norte. Y es que la soledad está unida a la economía. Cuanto más renta se tiene, menos solo se siente uno. Hay un vínculo muy fuerte entre pobreza y soledad. También en nuestro país es un problema social, con un alto coste económico. Hay ONGs y voluntarios que se enfrentan con mucho mérito a este problema, pero esto no es suficiente, hay que llevar a cabo políticas públicas antes de que esto vaya a más.

Relacionarnos y estar con otras personas mejora nuestra calidad de vida. No se trata de tener, como dice la canción, un millón de amigos, pero la vida es más plena y más saludable cuando se vive en compañía.soledad

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Becario a los 45
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Mayte Ciriza | 07-03-2018 | 19:35| 0

Estaban encantados. Habían cogido a su hija para hacer las prácticas de fin de carrera en una empresa durante tres meses seis horas al día y, aunque no le pagaban absolutamente nada, lo celebraban como si les hubiera tocado la lotería, a pesar de que nadie le aseguraba que después de las prácticas fueran a hacerle un contrato.

Seguro que casos de estos conocemos todos, sobre todo los que tenemos hijos que han acabado o están acabando sus estudios, y además de vivirlo en primera persona, te cuentan los casos de sus compañeros y la mayoría no percibe ni un euro durante el contrato en prácticas, no les pagan ni el transporte siquiera.

¿Cómo se van a emancipar los jóvenes si les hacen contratos sin pagarles o con sueldos de miseria? Se habla mucho de la tasa de natalidad, pero ¿cómo van a poner en marcha una familia y tener hijos si no tienen un sueldo digno para salir adelante? Y si son chicas lo tienen más difícil. La hija de unos amigos se quitó el anillo de casada en una entrevista de trabajo porque le dijeron que le convenía hacerlo para que la cogieran para ese puesto.

Estamos en estas cuando la CEOE ha hecho público un documento bajo el título “El aprendizaje: clave de la mejora de la empleabilidad y la competitividad”. Hay un problema en España con el contrato de “formación y aprendizaje”, y es que ha bajado de 174.000 contratos de este tipo en 2015 a 48.000 en 2017. El documento plantea alguna propuesta razonable, como deducciones fiscales para las empresas que faciliten la integración de estudiantes en prácticas, pero hay otras que son para echarse a temblar.

Se propone, por ejemplo, que pueda utilizarse a estos becarios para trabajos a turnos, por la noche, en fines de semana y que puedan realizar horas extra. O que este tipo de contrato pueda suscribirse con mayores de 45 años parados que hayan agotado la prestación por desempleo. ¡Y a cero euros! A este paso va a haber que pagar por trabajar. Esta propuesta es una nueva esclavitud.

Es estupendo que los parados de larga duración de más de 45 años puedan acogerse a un contrato de formación, pero pagándoles, y con la perspectiva de lograr un contrato al acabar las prácticas. En cambio, lo que se pretende es que la gente trabaje gratis, y esto es inmoral. Se está jugando con la esperanza de futuro de los jóvenes y con la desesperación y la angustia del que no encuentra trabajo con cincuenta años.

Hay quien se lo ha tomado con humor, y ante esta iniciativa ha hecho un spot con el lema: “siéntete joven, consigue un contrato de mierda… hazte becario”. Becario a los 45.oroz-644x362

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Una larga carrera
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Mayte Ciriza | 07-03-2018 | 19:32| 0

Todo el mundo llegaba con ropa de abrigo, hacía un frío helador afuera y, una vez dentro del Palacio de Congresos, unas azafatas con minifalda, manga corta y escote daban la bienvenida e indicaban la ubicación de la sala donde otras azafatas, con el mismo atuendo, te acompañaban a tu asiento. Me llamaba la atención el contraste de los abrigos y bufandas de los asistentes al evento con el escueto y entallado uniforme que llevaban ellas, siempre, por cierto, con incómodos tacones casi imposibles.

Al menos no estaban al aire libre, como en el torneo de tenis Conde de Godó, en Barcelona, donde, a pesar de lluvia y del mal tiempo, les obligaron a llevar minifalda y manga corta con unas temperaturas de menos de diez grados y bajo la lluvia. Y, si querían mantener el puesto de trabajo, no podían abrigarse. Por cierto, el mes pasado una sentencia judicial ha dado la razón a las chicas que denunciaron ese trato y ha condenado a los responsables del torneo deportivo por infracción laboral muy grave.

Estos días se ha montado un buen revuelo con la eliminación de la presencia de las azafatas en la Fórmula I, las llamadas chicas de la parrilla, contratadas para exhibir carne como reclamo a pie de pista. Durante años, mujeres despampanantes, con sus enormes tacones y escasa ropa,  han acompañado con un paraguas a los participantes, han hecho el pasillo a los vencedores de la carrera y han sufrido el riego de champán en la celebración  del eufórico piloto de turno.

No solo en la Formula I, sino en los podios de otros deportes, como en las motos o en el ciclismo, pasa lo mismo. Me ha parecido siempre lamentable esa cosificación de la mujer, esa utilización del cuerpo femenino como si fuera el premio. El mundo del deporte es una referencia importantísima para los jóvenes y todo lo que pasa tiene un efecto enorme en chavales que imitan los modos y las modas de los deportistas. Cuando las niñas ven este tipo de competiciones, el único referente es el de la mujer florero, con lo cual no tienen ningún incentivo para practicar ellas mismas esos deportes.

Hay que fomentar que haya más mujeres deportistas, y también científicas, directivas, empresarias, profesoras, no meras mujeres florero en competiciones deportivas. Esto, desde luego, no se hace retorciendo el lenguaje y diciendo “portavozas”, sino con políticas reales. Y hay que acabar con la brecha salarial (esta semana se hacía público que en La Rioja las mujeres cobran un 29% menos que los hombres). Solo entonces habremos dado una vuelta más hacia la igualdad. Más que la de la Fórmula I, esta sí es una larga carrera.

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La mejor dieta
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Mayte Ciriza | 31-01-2018 | 19:52| 0

Quedamos el viernes a tomar un vino con los amigos y la mitad del grupo había empezado una dieta después de Navidad. No voy a citar los nombres, pero uno seguía la dieta de la alcachofa, otro la disociada (no sabía lo que era), y otra se había puesto a hacer la dieta del grupo sanguíneo. Sí, como suena, esta dieta defiende que hay alimentos beneficiosos o nocivos para cada persona según su grupo sanguíneo. Todos ellos estaban convencidos de que con esas dietas iban a adelgazar rápidamente y con poco esfuerzo. Y todos pagando un buen dinero por seguir cada una de ellas.

Estas y otras muchas dietas que nos rodean dejan de lado la racionalidad, pero siempre encuentran a algún ingenuo dispuesto a seguirlas. Detrás de todo esto hay una industria muy potente, con mucho márquetin, que maneja mucho dinero. Se dedican a poner de actualidad una serie de productos en los que se basan esas dietas depurativas y con efectos supuestamente beneficiosos para la salud, pero sin ninguna base científica.

Venden alimentos de moda como si tuviesen superpoderes: la chía, la cúrcuma, la kombucha o el teff (un cereal etíope). Cada época tiene sus “superalimentos”: ¿nos acordamos del kéfir o de las bayas de Goji? Por no hablar del furor de los alimentos “sin gluten”. Hay muchos que piensan que un alimento sin gluten es más saludable, pero salvo que seas celíaco (es el 1 por ciento), no comer gluten no solo no es beneficioso, sino que puede ser perjudicial. Lo único seguro es que sale más caro. Estos productos pueden ser muy exóticos y novedosos, pero nosotros ya tenemos una de las mejores dietas de la humanidad…, ¡la dieta mediterránea!, compuesta de, estos sí, superalimentos.

Se acaba de traducir en nuestro país el libro del inglés Anthony Warner “El chef cabreado. Toda la verdad sobre las dietas milagrosas”, donde denuncia el atraco económico y emocional de todas estas dietas milagro, que él llama las “nutripolleces”. Es una crítica certera e implacable a todos los charlatanes, profetas vendemiedos de la salud, que anuncian lo sana que es una dieta sin haber comprobado sus efectos secundarios. Una crítica de esas dietas milagrosas, como la de un actor famoso que dice que adelgazó y venció a la diabetes, o la dieta que presuntamente purifica los riñones y el hígado, o esa otra gracias a la cual, además, deja de caerse el pelo, o la que hace que adelgaces 6 kilos en una semana. El no va más es la dieta paleo, que te hace comer los alimentos como si fueras un hombre o mujer de las cavernas. De hecho venden una piedra para machacar los alimentos –como los cavernícolas- por 200 euros. Una piedra que, por supuesto, puedes coger de la ribera del Ebro.

Comer es uno de los grandes placeres de la vida. Lo inteligente es aprender a comer para sentirse en forma. No hay dietas milagro ni superalimentos. Ningún alimento previene una enfermedad por sí solo. Hay que tener una relación sana con la comida y, como afirma Warner, comer variado y hacer ejercicio regularmente. Esta es, esta sí, la mejor dieta.

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Programados
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Mayte Ciriza | 31-01-2018 | 19:50| 0

Mi móvil funcionaba a las mil maravillas hasta que un día me apareció un mensaje que informaba sobre una “actualización disponible”, le di al botón de “actualizar” pensando que el nuevo sistema iba a mejorar las prestaciones y el rendimiento del teléfono, pero en realidad, esa nueva actualización ralentizaba el sistema del Iphone de forma deliberada. Quién iba a decirme que esto en la práctica me obligaría a tener que comprar otro modelo, dos años después de haberme comprado el que tengo ahora, porque esta supuesta nueva mejora que la propia compañía, Apple, ofrecía, consumía la batería en un santiamén.

No pocos compran el último modelo de móvil como un símbolo de estatus, y lo exhiben a la primera de cambio, allá cada uno. Lo que da rabia es que sin querer cambiar el móvil tengas que hacerlo. Y tengo que comprarme otro, no porque el que tengo ahora sea muy antiguo y se haya desgastado con el tiempo o esté deteriorado, sino porque al instalar ese sistema inducido por la propia compañía, el móvil ha dejado de ser útil, va mucho más despacio y se muere rápidamente. Es como ir con un teléfono fijo por la calle porque lo tienes que tener enchufado para que funcione. El propósito es forzarte a que te compres un modelo más caro y te obligan a consumir.

¿Cómo defenderse de este abuso? De este y de tantos otros relacionados con lo que se llama la “obsolescencia programada”, es decir,  de esta reducción intencionada de la vida útil de los aparatos móviles o electrónicos. Cómo será la cosa que es más barato comprar un móvil o un electrodoméstico nuevo que repararlo. Hace poco se nos estropeó la tostadora, la llevé al servicio técnico y me dijeron que se había quemado la resistencia y que costaba más el arreglo que una nueva. Y a mi santo le ha pasado lo mismo con su inseparable aspirador, con lo que lo cuida y limpia cada semana.

Todo lo fabrican para que se rompa, para que se estropee. La muerte súbita de la lavadora, del microondas, de la tostadora o del móvil, a traición y justo después de que se cumpla la garantía. No se trata de que todo sea como esa bombilla del parque de bomberos de Libermore en California que sigue brillando de forma ininterrumpida más de un siglo después. Los coches y los electrodomésticos de hoy consumen menos que los de antes, son más eficientes energéticamente, pero ni se trata de que todo sea eterno ni del mantra de hoy en día de comprar, usar, estropearse al poco tiempo, tirarlo y volver a comprar. A lo largo de la vida se calcula en torno a 60.000 euros el coste de la obsolescencia programada. Además de que el volumen de desechos que se genera es inabarcable y esto no hace sostenible el planeta.

En los países europeos empieza a haber legislación al respecto. En Francia, por ejemplo, ya hay una ley contra la obsolescencia programada. En España todavía somos rehenes de las grandes empresas tecnológicas y estamos desprotegidos ante la ley. Las compañías programan que se acorte la vida de sus productos para que el usuario se vea obligado a comprar una y otra vez. Y para esto no estamos programados.

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Con entusiasmo
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Mayte Ciriza | 31-01-2018 | 19:44| 0

De repente, empecé a prestar atención al soniquete de aquella niña que estaba cantado los premios de la lotería de Navidad, “miiiiil eeeeeeeeeuros”. Tarareaba la cantidad premiada desde que cogía la bola del bombo hasta que la introducía en el alambre. Al ser más pequeña, tenía que estirarse completamente del bombo a la mesa y al hacerlo alargaba la cantinela de los “miiiiiiil eeeeeeeuros”, y lo hacía como si cada vez cantase el Gordo.

Cómo será la cosa, que un miembro de la organización se le acercó en una pausa para indicarle que aflojase, que cantase el premio “más cortito, más cortito”. Pero ella siguió haciéndolo igual, con un entusiasmo indescriptible, y con el apoyo del público asistente en el Palacio Real, que coreaba cada bola como si fuera el Premio Gordo de la Lotería. Cómo sería la cosa que al salir, la despidieron al grito de “tú sí que vales, tú sí que vales”, en referencia al programa-concurso de jóvenes promesas de la televisión.

Esta ha sido una de las anécdotas de la Navidad este año. La niña, Aya Ben Hamdouch, conquistó no sólo al público con su contagioso entusiasmo, sino a todos los espectadores que al momento inundaron las redes sociales con mensajes apoyando a esta niña. Y es que valoramos cuando alguien lo da todo, cuando se entrega en lo que tiene que hacer, sea lo que sea.

Pocas cosas enganchan más que el entusiasmo. Una persona que vibra con lo que hace, que lo lleva a cabo con ganas, que tiene empuje, por modesta que sea la tarea, transmite energía y positividad. El entusiasmo tiene un gran poder seductor, te carga y te hace sentir vivo, es una fuerza irresistible.

En el trabajo, como en la vida en general, es importante el conocimiento, sin eso no se va a ningún sitio. Es también importante la habilidad, sin eso tampoco se va a ningún sitio. Pero sin actitud, lo anterior tampoco nos lleva a ningún sitio. Insisto en que el conocimiento y la habilidad son la base, de hecho no hay nada más peligroso que un inútil motivado. Pero la gente nos aprecia y valora no por nuestro conocimiento o por nuestra habilidad o experiencia, sino sobre todo por nuestra actitud.

Que la actitud de esta niña que conquistó Internet nos acompañe en este año que acaba de empezar. Esta niña que cantaba los premios de mil euros como si fuera lo mejor que le había pasado en la vida. En este año 2018 que acaba de empezar, ante las dificultades, que las habrá; ante los problemas, que los habrá; ante las adversidades, que las habrá; que no nos falten la pasión, la alegría ni el entusiasmo.

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Cuestión de corazón
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Mayte Ciriza | 31-01-2018 | 19:46| 0

Paseo por un Madrid brillante, luminoso y animado. La música navideña y los villancicos inundan de alegría el ambiente. Hace frío, pero las aceras y las zonas peatonales están abarrotadas de gente que entra y sale de tiendas y grandes almacenes con bolsas de regalos. Luces, adornos, mercadillos, ferias de artesanía, belenes…, el espíritu de la Navidad está presente en cada rincón. Todo tiene un aspecto agradable, diferente, especial y acogedor.

A la puerta de una tienda de exquisiteces gastronómicas hay una persona casi tumbada en el suelo, sobre unos cartones, con un cartel en el que pide algo de dinero para comer junto a una lata para las monedas. No sé calcular la edad de este hombre, con su barba larga y descuidada, el pelo desaliñado, las manos negras de suciedad, la ropa andrajosa y raída. Sin mirarlo, como si fuera invisible, todos lo esquivamos. Esto se da en todas las ciudades, también en Logroño. Hay otra Navidad, olvidada, en sus casas de cartón.

Al llegar a casa veo a Richard Gere en la tele. Ha venido la semana pasada a Madrid dentro de su campaña a favor de las personas sin hogar, para pedir un mayor esfuerzo y concienciación de todos en la erradicación del “sinhogarismo”, de las personas sin techo. Hay pocos datos sobre estas  personas en España, lo que es una muestra de que el problema en su conjunto es también invisible para la sociedad, vamos, que nos da igual.

En nuestro país hay cerca de 40.000 personas sin hogar, que viven en la calle de forma permanente, y más de la mitad llevan más de tres años en esta situación. Muchos tienen graves problemas de salud y su esperanza de vida es veinte años menor que la de la población en general. El 51% ha sido víctima de un delito de odio en el último año.

El psiquiatra español Luis Rojas Marcos dirigió hace años en New York el programa “Help”, para dar tratamiento y alojamiento a los “sin techo” que vivían en las calles de la gran manzana. La mayoría sufre adicciones, tiene problemas psiquiátricos y necesita tratamiento médico. En su momento Rojas Marcos lo planteó con valentía, porque no se trata de una cuestión estética en las calles, sino de una cuestión de humanidad: a estas personas que están enfermas y sin ningún medio, que malviven entre cartones, que tienen los cajeros automáticos como su dormitorio, hay que sacarlos de las calles, hay que curarles, hay que darles una oportunidad, hay que ayudarles.

En cada una de estas personas que malviven entre cartones, o que duermen en las camas de madera de los parques que al día siguiente serán bancos, helándose de frío cada noche, o que tienen los cajeros automáticos como su habitación, en cada una de ellas está la dignidad humana. No son borrachos, ni mendigos, ni indigentes, ni vagabundos, ni yonquis, ni sucios. Son personas. Son personas que tienen graves problemas. Y que necesitan ayuda. Veo que la visita de Gere ha copado las revistas y los programas del corazón, aunque muchos no saben ni a qué ha venido. Sacar a los “sin techo” de las calles y darles un hogar es una cuestión, esta sí, de corazón.

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