La Rioja

img
Fofisano
img
Mayte | 28-05-2015 | 06:01| 0

Mi amigo Domingo estaba tan ufano esa mañana. No lo estaba porque hubiera ganado su equipo de fútbol (que, por cierto, no había ganado) o porque le hubiese tocado la lotería (que no le había tocado). Me enseñaba un artículo con unas fotos de los famosos actores Leonardo DiCaprio y Ben Affleck en las que se les ve en bañador con unos razonables michelines, y en las que, en lugar de criticar su estado de forma, se alaba su barriguita cervecera.
Ronaldo ya no está de moda, ni los abdominales de tableta ni el tradicional cachas. La tendencia estética masculina de moda es el equivalente a la “belleza real” femenina: un hombre que practica ejercicio de vez en cuando, pero que no se machaca en el gimnasio y que no se priva de tomarse unos vinos o unas cañas con unas tapas. DiCaprio ya no es el de Titanic, pero sigue siendo objeto de deseo, y marcando estilo, nuevo estilo, con su moderada barriga. El rey de los llamados fofisanos.
“Fofisano” es un nuevo término que define esta nueva tendencia estética de un cuerpo ligeramente fofo, sin estar fondón ni gordo. Ahora “lo más” es estar fofisano. No es cuestión de hacer una exaltación del barrigón, pero parece que ya no despiertan tanta atracción los hombres que viven por y para el gimnasio, con cuerpos atléticos y sin un gramo de grasa, obsesionados con su físico. Vamos, que es una muestra de normalidad esa corbata con la punta respingona a la altura del ombligo. Como dice Domingo, ¿qué hay más entrañable para tu pareja que un abdomen mullido donde recostarse en el sofá al acabar el día?
Ahora se trata de que esto llegue a las mujeres. A ver cuándo a las chicas no se les exige un cuerpo de modelo, se les perdonan las arrugas y resultan también atractivas sus canas. Una de las formas de dominación hacia las mujeres es esa esclavitud hacia cuerpos imposibles, irreales, fruto de las dietas y el bisturí. A ver para cuándo las mujeres pueden ser “fofisanas” en lugar de tener que ser esculturales.
Mientras tanto, bienvenido sea este nuevo canon de belleza de cuerpos más naturales, más reales, más normales, siempre que sean saludables, claro. El metrosexual, el esculpido, el fibroso, el musculitos, ya han pasado de moda. Ahora lo que se lleva es el hombre de cuerpo ligeramente fofo, que no gordo. Como dirían los clásicos –y con permiso de mi santo-, “mens sana in corpore fofisano”.

Ver Post >
Lo mejoramos
img
Mayte | 19-05-2015 | 18:56| 0

“No te digo que me lo mejores, sino que me lo iguales”. Esta frase forma parte de un personaje de José Mota, el Fumi de Morata, un joven de voz resacosa, siempre cubata en mano, que a sus treinta y tantos años presume, desafiante, de vivir a costa de sus padres y de no dar un palo al agua, que ni quiere estudiar ni es esfuerza en trabajar. El propio Fumi confiesa: “vivo a cuerpo de rey”, a lo que sus padres, que le secundan y defienden en esta actitud vital, contestan: “¡esa es la verdad!
Sí, es verdad que hay jóvenes que viven así, como el Fumi de Morata, y sus padres lo consienten y alientan; pero también es verdad que son más, muchos más, los jóvenes que quieren salir adelante, que se esfuerzan, que estudian, que están mucho mejor preparados que sus padres, que saben idiomas, que son innovadores, que tienen ideas, que son nativos digitales y se mueven por la red como pez en el agua.
Jóvenes preparados, educados para llegar lejos, pero que no encuentran trabajos adecuados a su formación y, por tanto, tardan cada vez más en irse de casa de sus padres. Si les pagamos unos sueldos miserables, si los tenemos como eternos becarios, no pueden emanciparse, lo que produce frustración y alarga el infantilismo. Como consecuencia, si quieren tener hijos no pueden tenerlos pronto, así que somos uno de los países europeos con el índice de natalidad más bajo.
Los jóvenes españoles están entre los que más tarde se van de casa de toda Europa, a los 29 años, mientras que la media europea es a los 26 años. Donde antes se van de casa es en Suecia, Dinamarca y Finlandia, con 20. Más tarde que en España se van en Italia, Grecia, Portugal y Bulgaria, y los más tardíos son los de Croacia, Eslovaquia y Malta, más allá de los 30 años.
Como vivo rodeada de jóvenes, puedo comprobar que esta nueva generación tiene otros valores predominantes: no pretenden tener cuanto antes un piso propio o un coche, sino que valoran más las experiencias vitales y el bienestar emocional. Hay una falta de generosidad con esta generación de jóvenes porque la sociedad no les da paso. Están ahí, son capaces, están preparados, nos piden que les demos una oportunidad, saben hacerlo, tienen ganas, empuje y energía. Al contrario que el personaje del Fumi de Morata, están pidiendo paso y nos están diciendo “no queremos igualar lo que hay, sino que os lo mejoramos”.

Ver Post >
Silencio cómplice
img
Mayte | 30-04-2015 | 06:30| 0

“Los que sepan recitar el Corán son musulmanes y siguen en la barca. Los que no, son cristianos, al mar, tiradlos por la borda”. Algo así pudo suceder en una patera en medio del Mediterráneo, rumbo a Palermo, en la que la mayoría musulmana arrojó al mar, para que se ahogaran, a doce personas por el hecho de ser cristianos. Al llegar a la cuidad italiana, el 14 de abril, ante el testimonio de algunos de los que allí iban, y gracias a las fotos que habían hecho con el móvil, la policía detuvo a quince de los inmigrantes por homicidio múltiple con el agravante de odio religioso; todos ellos procedían de Senegal y Costa de Marfil.
“Los que sepan recitar el Corán son musulmanes, y quedan libres; los que no, son cristianos”, y a los cristianos los mataron aquel 2 de abril en la Universidad de Garissa. Según el testimonio de los que salvaron la vida, eso es lo que sucedió literalmente, en Kenia, donde la banda islamista Al Shabaad asesinó a 148 universitarios cristianos (dejaron otros 50 malheridos), después de liberar a los universitarios musulmanes. Los asesinaron por odio religioso.
A otros muchos, a miles, no les piden que sepan recitar el Corán, directamente los asesinan, porque ya saben que son cristianos. Son terribles las imágenes del vídeo del brutal asesinato por los terroristas del Estado Islámico de 30 etíopes, por el hecho de ser cristianos, en Libia, hace unos días, a mediados de abril. Vestidos con monos color naranja, a unos los decapitaron y a otros les pegaron un tiro en la cabeza, en una playa de Libia.
Este vídeo recuerda a otro que también los terroristas del Estado Islámico hicieron público el 16 de febrero en el que decapitan, también con mono naranja, a 21 egipcios, cristianos coptos, también en una playa de Libia.
Todas las semanas nos llegan noticias de matanzas de cristianos en África, Oriente Medio y Asia. A comienzos de año, en Nigeria, los extremistas islámicos, tristemente famosos, de Boko Haram asesinaban a cientos de cristianos (ya nos hemos olvidado de las más de 200 niñas que secuestraron por ser cristianas, y por ir a la escuela, no hemos movido ni un dedo). En Peshawar, en Pakistán, los radicales islamistas mataron a más de cien cristianos a la salida de una iglesia.
Esto está pasando ahora mismo. A estos sirios, egipcios, nigerianos, kenianos, pakistaníes, iraquíes, de tantos otros países, los están asesinando en masa por ser cristianos, y no he visto ni una sola campaña en contra de esto, ni un solo #yosoycristiano. Ni han movido un dedo las organizaciones internacionales, ni se han puesto en marcha operaciones de seguridad o ayuda humanitaria desde los países occidentales. “Los ríos de sangre desembocan en el mar de nuestra indiferencia” decía El Roto en una viñeta la semana pasada (a propósito de la muerte de cientos de inmigrantes en el Mediterráneo). Podríamos aplicarlo también a este genocidio contra los cristianos. Su sangre desemboca en el mar de nuestra indiferencia, con nuestro silencio, con nuestro silencio cómplice.

Ver Post >
Porque era malo
img
Mayte | 16-04-2015 | 05:00| 0

Pasado mañana, el viernes 17, se celebra en la catedral de Colonia el funeral de estado por las víctimas del avión de Germanwings que cubría la ruta Barcelona-Düsseldorf y que estrelló el tristemente ya famoso Andreas Lubick en los Alpes franceses. Un funeral que volverá a hacer que nos preguntemos por qué lo hizo.
Necesitamos explicar lo inexplicable. Necesitamos ponerle una etiqueta a ese tipo para intentar comprender por qué estrelló el avión con 150 pasajeros aquella mañana de marzo en los Alpes. Necesitamos encontrar una explicación al hecho de que se encerrara él solo en la cabina, iniciara el descenso y le diera la máxima velocidad al avión para causar el mayor daño posible al estrellarse. Esa explicación, esa etiqueta, la hemos encontrado en la depresión que padeció años antes, como si con eso se justificase su asesinato en masa, porque eso es lo que hizo, un asesinato en masa que nos ha conmocionado.
Lo más fácil es aceptar una depresión que tuvo en su momento como causa, como desencadenante de su crimen. Pero no nos engañemos, una depresión no tiene que ver con la maldad, ni con el afán de hacer daño, ni con el intento de matar a 150 personas. Una depresión es curable, hay tratamientos para ello, pero ¿qué tratamientos hay para la maldad, para quien es incapaz de sentir compasión por los demás, para quien quiere matar?
Además, intentar justificar con su antigua depresión el crimen del copiloto alemán, como se ha publicado en todos los medios de comunicación, es estigmatizar, todavía más, a quienes sufren una depresión o algún tipo de trastorno mental (bastante mal lo pasan ya para que les carguemos el sambenito de posibles asesinos, porque no lo son). La depresión es una de las epidemias de nuestro siglo. En España afecta a un 5% de la población, y en 2013 se registraron 1.868.713 casos (más los que no se han diagnosticado ni registrado). De hecho, es una de las principales causas de baja laboral. Esta enfermedad te roba las ganas de vivir y una de sus posibles consecuencias más amargas es el suicidio, pero esto no quiere decir que se quiera asesinar a nadie. Por no hablar de que uno de cada cuatro ciudadanos sufrirá a lo largo de su vida un problema mental, algo que se oculta, porque sigue habiendo muchos prejuicios en torno a los problemas y a las enfermedades mentales.
Nos consolamos más con una depresión como causa porque eso es tratable, se puede abordar, hay terapias y fármacos para curarla y, por tanto además de por qué, sabríamos cómo evitar que volviera a pasar. En cambio, la maldad, la intención de asesinar, no es tratable, no hay fármacos para ello, no sabemos cómo prevenirla, pero tenemos que asumir que entre nosotros habita la maldad. Pasado mañana, durante el funeral, reviviremos la tragedia, ese momento en que Lubick estrelló el avión con 150 pasajeros. Pero no lo hizo porque hubiera tenido hace años una depresión, sino porque era un asesino, porque era malo.

Ver Post >
En la otra esquina
img
Mayte | 02-04-2015 | 21:47| 0

El sábado lo dedicamos a visitar unas bodegas y a recorrer por la noche Laurel y San Juan con unos amigos que habían venido a pasar un fin de semana a La Rioja. Repitieron, cómo no, chuletillas al sarmiento en la comida, y por la tarde probamos más de una vez el champi del Soriano, la ensalada del Soldado de Tudelilla, el cojonudo del Muro, la careta de La Tavina y la chistorra de la Taberna del Tío Blas. Cuando pudimos sacarlos de ahí, nos tomamos un helado en DellaSera en Portales, que les supo como si no hubieran tomado otro igual en su vida.
Mientras yo les hablaba de las bondades del clima del sur –viven cerca de Sevilla-, del sabor del ajoblanco, del ambientazo del barrio de Triana, del rebujito y del olor a pescaíto frito, ellos no querían levantarse de la terraza de Bretón de los Herreros.
El domingo, después de visitar los monasterios de San Millán (lo hicieron casi en éxtasis) y el Museo Vivanco (no daban crédito a las joyas artísticas que contiene), nos pasamos un momento por el San Pedro a ver a un amigo común recién operado el día anterior. Estos amigos se quedaron pasmados con el estupendo Hospital que tenemos, “¡pero si parece un hotel de cinco estrellas!”, repetían, y se deshacían en elogios con nuestra ciudad y con nuestra calidad de vida. Pensé entonces que no nos damos cuenta de lo que tenemos hasta que nos lo dicen de fuera o hasta que salimos y vemos otras cosas.
Por eso es tan saludable viajar. Hay que salir del entorno inmediato, escaparse del día a día, no solo por oxigenarse mentalmente y por enriquecimiento cultural, sino para cargar las pilas, abrir la mente y estimular la creatividad. Por cierto, no hay nada mejor que hacer un viaje juntos para conocer al otro y comprobar la resistencia de una pareja.
Pero también una de las buenas cosas de viajar es que así se valora mejor lo que uno tiene. Si en el viaje visitas lugares mejores que el tuyo, te servirá para tomar nota, aprender y mejorar tu entorno. Si los visitas peores, te hará valorar más lo tuyo. La distancia, de vez en cuando, es fundamental. No apreciamos lo que tenemos cerca, no estamos nunca contentos con lo que tenemos al alcance de la mano, siempre nos parece mejor lo que no tenemos, lo que no está aquí. Como el título de la magnífica novela de Vargas Llosa, siempre nos parece que el Paraíso está en la otra esquina.

Ver Post >
Aisha
img
Mayte | 19-03-2015 | 16:08| 0

De lunes a jueves mi amiga da clases en Logroño, como voluntaria en una ONG, a mujeres pakistaníes, la mayoría jóvenes. No se trata solo de que aprendan español, sino también de que salgan de casa y puedan relacionarse con otras mujeres. Esta misma amiga me contaba que, cuando alguna de las jóvenes despunta y la encarrilan para obtener el graduado escolar, la familia toma cartas en el asunto y la envían a Pakistán, donde le espera generalmente un matrimonio obligado con alguien a quien ni siquiera conoce. Una vez casadas, algunas vuelven de nuevo aquí, con su marido y con el horizonte vital de obedecerle y tener hijos. Por supuesto, ni se contempla volver a las clases o trabajar fuera de casa.
Hace unos días, una maestra denunciaba en Barcelona el caso de una niña de 10 años de origen musulmán, a la que la madre prohibía ir a la piscina a clases de natación, porque tenía que ir con bañador y sin velo (¡y eso que hay que llevar gorro!). En cambio, al hermano sí le dejan ir, claro. Como es inmigrante, da igual, pero ¿quién vela por los derechos infantiles de esta niña?, ¿cómo podemos permitir casos tan sangrantes de discriminación? En Alemania la justicia ha sentenciado que ser musulmana no exime a las chicas de aprender a nadar.
La semana pasada detenían a una mujer en Martorell por clavar un cuchillo a su hija, que se negaba a llevar el velo islámico, y por descubrir que la chica tenía un móvil. Esta es una muestra, excesiva y violenta, pero una muestra, de que si estas chicas tienen que irse a Pakistán obligadas a casarse, si tienen que someterse a la voluntad de los hombres, si no pueden ni ir a clase de natación para no llevar bañador en público, es porque también hay madres que lo permiten.
Que envíen a una chica a una boda concertada, con un desconocido, a Peshawar en Jaiber Pajtunjuá, en Pakistán, no está pasando en lugares remotos, sino aquí mismo, en nuestra ciudad, en nuestras calles, con la chica – pongamos que se llama Aisha- que seguramente ayer nos cruzamos en la fila del supermercado y que tenía sus propios planes, de estudiar, de trabajar, de salir con el chico al que veía en el parque… sueños rotos.
Más de uno pensará que allá se las compongan, pero mientras miramos para otro lado, el caso de esta chica pakistaní representa el triunfo de la barbarie sobre la libertad, representa la dejación de nuestra sociedad en la defensa de la igualdad. Aisha representa los derechos pisoteados de todas las mujeres.

Ver Post >
De cabeza
img
Mayte | 05-03-2015 | 07:12| 0


Los implantes han mejorado la vida a muchas personas. Bueno, es que se la han cambiado completamente. Primero se implantaron dientes, luego unos dedos, más tarde una mano, un brazo, después una pierna, y se han llegado a implantar las dos. A un chaval de Fuenmayor, hijo de unos amigos, le han implantado su propia oreja -arrancada por un caballo- después de tenerla durante una temporada injertada…en la tripa.
El no va más me parecía el implante de cara, porque resulta un cambio de identidad, supone acostumbrarse psicológicamente a que se es otra persona. Pero todo queda superado por el anuncio de un neurocirujano italiano, Sergio Canavero, que declara que ya es posible trasplantar la cabeza a otro cuerpo. Por cierto, que en cuanto lo ha hecho público ya se han presentado cincuenta voluntarios para trasplantar su cabeza.
Sostiene Canavero que la ciencia está preparada para ello, pero no tengo claro que la humanidad lo esté. La clave, por lo visto, está en el polietilenglicol, el “pegamento” que puede unir la sustancia celular del donante y del receptor, porque el quid de la cuestión está en que funcione la conexión del cerebro con la médula espinal.
Para quienes sufren una enfermedad degenerativa, una esclerosis múltiple, una paraplejia, un cáncer avanzado (que no afecte a la cabeza, claro), o cualquier enfermedad relacionada con la médula espinal, esto abre posibilidades inimaginables. ¿Y quiénes serían los donantes? Lógicamente los que hayan fallecido sin tener el cuerpo afectado; por ejemplo, las víctimas de un derrame cerebral o de un golpe en la cabeza.
Como siempre sucede con los avances científicos, se pueden utilizar para hacer el bien… o no. No sé si llegaremos a ver estos trasplantes de cabeza, pero se me pasa por la mía imaginar que quien tenga mucho dinero o poder podría trasplantar su cabeza a un cuerpo joven. Lo que no sabemos es cuántos años es capaz de seguir funcionando un cerebro. Pero, en cualquier caso, podríamos tener a Warren Buffett o George Soros ganando cantidades millonarias en bolsa durante muchísimos más años. No habría, incluso, que descartar voluntarios para que el líder máximo pudiera seguir en activo, para que, por ejemplo, Kim Jong-un siguiera en Corea o Nicolás Maduro en Venezuela, por los siglos de los siglos.
Esto ya lo hemos visto en la ficción, ahora tendríamos a Frankenstein hecho realidad. En la película “Mars Attacks!” -que es, por cierto, una parodia- los marcianos injertan la cabeza de Jessica Parker en el cuerpo de su perro chihuahua. Pero aquí no hablamos de ninguna parodia. No sé si Canavero es un científico loco o hay alguna posibilidad de que estos trasplantes vayan adelante. Esto sí que nos podría traer de cabeza.

Ver Post >
Vaya pinta, cámbiate
img
Mayte | 19-02-2015 | 17:55| 0

“Tú no sales así de casa”, “tápate ese escote, vaya pinta que llevas”, “haces el ridículo, no me gusta que te miren”, “ni se te ocurra salir así vestida”. Estas y otras frases parecidas no pertenecen a tiempos pasados, qué va, las siguen diciendo miles de chicos cada día a sus novias y les parecen tan normales.
Hace unos días se presentaba el estudio “Percepción social de la violencia de género en la adolescencia y juventud”, realizado por el CIS. Refleja que uno de cada tres jóvenes de entre 15 y 29 años considera “aceptable” controlar los horarios de la pareja, no permitir que la pareja trabaje o estudie, o decirle lo que puede o no puede hacer.
Si alguien creía que hemos avanzado en igualdad, está muy equivocado. Llama la atención que los jóvenes no consideren que el control excesivo de la pareja es una forma de violencia. Saben que dar una bofetada es violencia, pero no asumen que lo sea el imponer a su novia cómo tiene que ir vestida o el que le tenga que dar cuenta de dónde y con quién está en cada momento. No es que no lo consideren violencia, es que lo consideran ¡una muestra de amor! Y lo peor de todo es que son ellas, las propias chicas, las que piensan que sus novios se “preocupan” por ellas cuando las controlan de esta forma, y les parece bien que sus chicos les lean los mensajes y revisen sus llamadas del móvil.
Las jóvenes rechazan la violencia física, hasta ahí podíamos llegar, pero no identifican la “violencia de control”. No saben diferenciar el control machista del interés que puede tener un chico por ellas. Por increíble que parezca, las adolescentes de ahora están más expuestas al machismo de lo que lo estuvo mi generación.
Algo estaremos haciendo mal cuando esto sucede entre nuestros jóvenes. Los estereotipos machistas de control se siguen dando en la sociedad, en las familias, sobre todo en la televisión (donde se educan de verdad). Tres de cada cuatro jóvenes han escuchado de sus mayores que “los celos son una expresión de amor”. Una relación sana se basa en la confianza mutua y tu pareja no tiene derecho a controlar tu vida.
Con las nuevas tecnologías hay más posibilidades de control hacia ellas, y lo peor es que un elevado porcentaje se sienten cómodas en ese papel de sumisas. ¿Cómo inculcar el sentido de la dignidad y de saber cuidar de sí mismas? Aunque parezca mentira, nuestras chicas no asimilan que si tu chico te controla, no te quiere, te humilla, y que los celos no son románticos. Una chica no es propiedad de su novio. El pasado fin de semana celebrábamos San Valentín, el día de los enamorados. Una buena campaña para ese día sería conseguir que los jóvenes tuvieran claro que amor y control no son lo mismo, que él no la quiere si le dice “vaya pinta llevas, cámbiate”.

Ver Post >
La fuerza de la ternura
img
Mayte | 09-02-2015 | 17:45| 0


“También esto es amor. No ha sido el mejor 31 de diciembre de mi vida, pero también esto forma parte de la vida. Una vez me tenías tú en el regazo, y ahora lo hago yo, y sin temor, para recordar a todos que la vida debe vivirse y combatirse. En la vida hay que estar presente siempre”.
Este texto lo escribía en Facebook, la pasada Nochevieja, Giancarlo Murisciano, un joven de 28 años de Calabria, en Italia, junto a una foto en la que aparecía sentado en una silla sosteniendo entre sus brazos a su abuela Antonia, de 87 años y enferma del terrible alzheimer, mientras esperaba a que le preparasen la cama. La foto la hizo su hermana pequeña, de 12 años, y ha tenido, además de medio millón de “me gusta” en Facebook, un amplio eco en la prensa italiana. La colgó en la red porque buscaba compartir ese momento “sin vergüenza ni miedo” y porque “la vida debe ser siempre vivida”.
La foto por sí sola es impresionante y traslada una ternura infinita, real, sin cursilerías, no está edulcorada. Traslada la radical dignidad del ser humano y el valor de la ternura. La confundimos muchas veces con el sentimentalismo o la sensiblería, pero no tiene nada que ver. Al contrario, no hay nada más sólido y poderoso que la ternura.
En esta época nuestra parece que si muestras ternura demuestras debilidad, pero la ternura no significa ser débil ni ñoño, sino fuerte y generoso, es toda una muestra de confianza y seguridad en uno mismo. No hay que tener miedo a la ternura, una de las claves de la inteligencia emocional. Y lleva, además, a la solidaridad, porque si algo no te conmueve ni enternece, no vas a hacer nada por ayudar. En esta sociedad llena de ruido y prisa, tantas veces deshumanizada, ¡cuánta necesidad de ternura tenemos!
La ternura es fundamental en el desarrollo de las personas, es el caldo de cultivo de las relaciones familiares –la que nos inspiran los hijos, por ejemplo- y, por supuesto, de las de pareja. Es el termómetro que mide la calidad de una relación. Hace tiempo mi hija me hizo la típica pregunta de adolescente, que por qué me había enamorado de su padre -mi santo-. Le dije, sin dudarlo, que por su ternura.
Cuando está presente la ternura, el mundo es un lugar más habitable, más humano, más amable, y la vida late más intensamente. Como escribió Oscar Wilde, “en el arte, como en el amor, la ternura es lo que da fuerza”. En esa foto del joven Giancarlo con su abuela enferma de alzheimer en brazos, palpita toda la fuerza de la ternura.

Ver Post >
Sin complejos
img
Mayte | 22-01-2015 | 19:58| 1

En cientos de colegios de Francia se han registrado incidentes tras los atentados de París, porque algunos de los alumnos no estaban de acuerdo en guardar un minuto de silencio como homenaje a las víctimas de los atentados yihadistas, y llegaron a agredir a compañeros de clase que condenaban los asesinatos de Charlie Hebdo y de la tienda judía. Para todos estos chavales, los asesinados insultaban su religión y al negarse a rendir un sencillo minuto de silencio en su memoria estaban en cierta manera justificando su muerte. Es para echarse a temblar.
Tenemos que reivindicar nuestros principios: la libertad, la democracia, la igualdad entre hombres y mujeres, la dignidad de las personas. Si no lo hacemos, estaremos dando espacio no solo a los intolerantes islamistas, sino a los intolerantes de los movimientos radicales contra la inmigración.
Como escribía Savater el pasado fin de semana, uno de los tópicos más bobos y falsos es el de “todas las opiniones son respetables”. Las personas son las que tienen que ser respetadas, tengan la opinión que tengan. Las opiniones, en cambio, están para ser discutidas.
No todas las culturas son iguales, en absoluto. ¿Acaso aceptamos que las mujeres no puedan tener carné de conducir o que no puedan enseñar su cara fuera de casa y tengan que llevar un niqab? ¿Aceptamos que a un bloguero le condenen a diez años de cárcel y mil latigazos por abrir un foro de debate en el que se opina sobre el Islam? ¿Aceptamos lapidar a una mujer porque se ha acostado con un hombre sin estar casada? ¿Verdad que no? Está claro que no todas las culturas tienen el mismo valor ético, ni todas las opiniones son respetables.
Claro que nuestra civilización tiene defectos, nadie dice que sea perfecta, pero desde luego quien quiera vivir y trabajar en ella ha de aceptar sus valores y principios (y no me refiero a los religiosos, por supuesto, que cada uno crea en lo que quiera, o en nada). Ha triunfado en la red un tuit que resume todo esto: “Soy Ahmed, el policía muerto. Charlie ridiculizaba mi fe y mi cultura, y morí defendiendo su derecho a hacerlo”.
Uno de los valores de nuestra sociedad es la tolerancia, pero no hay tolerancia sin límites, y no se puede tolerar al intolerante, al que niega el respeto a los demás. No se trata del respeto a las ideas, sino a las personas. Si no entendemos esto, no entenderemos que lo que están amenazando es nuestras libertades, nuestro modo de vida, nuestra civilización. Liberté, égalité, fraternité. Hay que defenderlas con firmeza, con convicción y sin complejos.

Ver Post >
Sobre el autor Mayte