La Rioja

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Burka de madera
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Mayte | 04-02-2016 | 19:46| 0

Estaban invitados a cenar en casa de unos amigos comunes, de visita en un país oriental y, siguiendo las costumbres, se sentaron en el suelo para cenar en torno a una mesa baja por la que fueron pasando los distintos platos. Siempre he pensado que, como dice el refrán español, “allá donde fueres, haz lo que vieres” y por eso hay que saber adaptarse a las costumbres del país al que vamos. Pero con lo que no puedo es con tener que seguir normas que ofenden nuestra dignidad o que van contra la igualdad de mujeres y hombres.
Cuando uno tiene invitados, intenta complacerles y agradarles, buscar puntos de encuentro o evitar conversaciones polémicas, pero sin renunciar a sus principios. Por eso me dejó pasmada la noticia de que el gobierno italiano había tapado con unas enormes cajas de madera las esculturas de desnudos en los Museos Capitolinos, en Roma, para no molestar al presidente de Irán, Hasan Rohani, y a su delegación, en el acto de firma de importantes contratos entre Irán e Italia. De hecho, pensé que las fotos eran un montaje y que la noticia era una broma. Pero no era así, los enormes cajones eran auténticos y chirriaban en ese lugar que tiene un significado especial, porque esas obras representan la cuna de nuestra civilización y son un emblema de la libertad de pensamiento y de creación artística.
Cubrir con una caja de madera la escultura de la Venus Capitolina, de hace 2.500 años, es todo un símbolo de claudicación de la cultura europea, como ha señalado Giovanni Sartori, que ha criticado duramente la ridiculez del gobierno italiano. Lo que una se pregunta es por qué no se llevaron la firma del acuerdo a otro sitio, mejor que renegar de nuestra cultura y traicionarnos a nosotros mismos por no molestar al presidente de Irán.
En la cena oficial no se sirvió vino. Todo lo contrario que en Francia. Al día siguiente el presidente de Irán firmaba un sustancioso acuerdo comercial con el presidente francés. Había prevista una cena de Estado, y como la delegación iraní no quería que hubiese vino en la mesa, el gobierno francés suspendió la cena oficial y la sustituyó por un encuentro en el Elíseo a media tarde, con té o café, o chocolate con croissants.
Si los iraníes no beben vino, ellos se lo pierden, seguro que pensó Hollande, pero de ninguna manera quiso renunciar a quitar de la mesa un elemento característico de nuestra cultura, como es el vino. Lo que ha sucedido estos días es todo un ejemplo de cómo se defienden, o no, los valores de la cultura occidental. Siempre nos quedará París. Allí no renuncian a una cena con vino ni a la serena belleza de una Venus sin burka de madera.

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Vanidad
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Mayte | 21-01-2016 | 18:25| 0

Un tipo con una camiseta asquerosa y seguro que maloliente, con las manos esposadas, el rostro serio y desafiante, sentado al borde de la cama en una habitación cutre de un motel mexicano de carretera. Así aparecía en la foto uno de los criminales más buscados del mundo, el capo de la droga en México, reclamado también por la justicia de Estados Unidos.
La noticia de que el jefe de narcotraficantes, Joaquín Guzmán, apodado el “Chapo”, había sido detenido, tras horas de tiroteos mientras le perseguían por desagües y calles, dio la vuelta al mundo. Como la había dado su segunda fuga de la cárcel en julio del año pasado, una fuga también de película, a través de un túnel de 1,5 km. con entrada en la ducha de su celda, que recorrió en una motocicleta adaptada para rieles.
¿Qué ha permitido que detuvieran a este tipo, que vivía en la clandestinidad, rodeado de sicarios armados hasta los dientes, con un sistema de túneles siempre preparado por si lo localizaban? Su vanidad, sus delirios de grandeza. Al enterarse de que se iba rodar una película sobre su vida, “Chapo, el escape del siglo”, contactó con la dirección de la misma porque quería una versión acorde no a su altura real (mide 1,55), sino a la altura de su ego. Concedió también una entrevista al actor Sean Penn para la revista “Rolling Stone”. Y así, tirando de esos hilos de megalomanía, consiguieron localizarlo y detenerlo.
En la vida diaria no te vas encontrando con narcotraficantes megalómanos, pero sí con personas enfermas de vanidad, con un ego desmedido, siempre dispuestos a creerse y pregonar lo guapos y listos que son. Obsesionados con la apariencia y la ostentación, en el día a día es inevitable encontrarse con engreídos que se piensan que son el no va más.
Los narcisistas necesitan que los demás les reconozcan sus méritos, les adulen y les doren la píldora, piensan que son más inteligentes que el resto, que su vida es más interesante y que sus opiniones son más válidas. Lo mejor que hacen es escucharse a sí mismos. En el siglo VI, el papa San Gregorio (que estableció, por cierto, la lista de los siete pecados capitales) escribió: “la vanidad es el comienzo de todos los pecados”.
Para el Chapo Guzmán la vanidad ha sido el comienzo de todos sus males, el querer verse retratado como un héroe de película. Y sí, seguramente harán una película con la historia de su vida. Una película de la que no sabemos el título ni quién encarnará al personaje, pero sí conocemos el final: la policía lo detiene gracias a su vanidad.

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Más bebés
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Mayte | 12-01-2016 | 18:35| 0

Arancha y Adrián son los dos primeros bebés que han nacido en España en 2016, la niña en Toledo y el niño en Alicante. En La Rioja el primer bebé fue una chica, más tardía, no nació hasta las 5 y pico de la madrugada, con un nombre que también comienza por a, Aitana.
Los medios de comunicación suelen recoger en titulares los primeros bebés nacidos en la madrugada del 1 de enero, porque estos niños simbolizan el año que también acaba de nacer y sospecho que también porque el día de Año Nuevo no suele tener grandes noticias, que si no, ni caso. Pero tendríamos que prestar más atención a la baja natalidad que tenemos en nuestro país.
Y es que nuestra tasa está en mínimos históricos, por primera vez en España desde hace 71 años mueren más personas de las que nacen. La tasa de reposición está en 2,1 hijos por mujer, pero aquí tenemos una tasa de fertilidad de 1,3 hijos, mientras que nuestros vecinos franceses, sin ir más lejos, tienen una tasa de natalidad de 1,99 hijos por mujer. Además, la edad media para tener hijos aumenta cada año y está cerca de los 32 años, así que hay parejas que para cuando se lo piensan, ya casi se les ha pasado el arroz y solo les da tiempo de tener un hijo. De seguir así, ¿quién va a pagar las pensiones en el futuro?
Por eso es una urgencia nacional aplicar políticas de protección a la familia y de fomento de la natalidad. Para que los jóvenes tengan expectativas de futuro y puedan formar una familia, se necesita que mejore la situación económica, que tengan un salario digno y que puedan acceder de forma asequible a una vivienda.
Y no sólo esto. Está demostrado que en los países europeos que tienen más altas tasas de natalidad hay más mujeres trabajando y tienen más facilidades para tener hijos. Es fundamental, también, aplicar medidas de conciliación de la vida familiar y laboral y un mejor reparto del trabajo familiar. Esto pasa por el fomento del teletrabajo, horarios racionales, jornadas flexibles o reducidas, guarderías económicas y ampliación de los permisos de maternidad y paternidad.
Este año comienza en nuestro país con una subida de las pensiones para las madres jubiladas de entre el 5% y el 15%, en función del número de hijos que hayan tenido, una buena medida que servirá para igualar la brecha entre las pensiones de hombres y mujeres, una cuestión de justicia, porque son las mujeres las que, tantas veces, dejan de trabajar para atender a la familia.
Antes se decía que los niños venían de París. El futuro no viene de fuera, sino que depende de nosotros mismos, de que nazcan más Aranchas, Adrianes y Aitanas, y esto no va a pasar porque sí. A ver si tomamos conciencia, de una vez, de que hay que fomentar la natalidad, de que necesitamos más bebés.

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Navidad
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Mayte | 29-12-2015 | 09:52| 0

“Este año no vamos a poder ir, lo intentaremos el próximo, Feliz Navidad, papá”, dice el mensaje del contestador del teléfono. Y así todos los hijos, repartidos por distintas ciudades del mundo. En el vídeo se ve al abuelo comiendo y cenando, él solo, un día tras otro, en una mesa familiar, después de preparar la cena, él solo, con la única compañía del árbol de Navidad, mientras ve por su ventana que otras familias sí se juntan y celebran la Navidad.
Como último recurso para reunirlos, les hace llegar una esquela en la que finge su propia muerte. Todos, llorosos y enlutados, acuden a la casa familiar, claro, no se puede faltar a un funeral (pero sí a la cena de Nochebuena). Al entrar se encuentran con la mesa engalanada para la cena de Navidad. Todavía sorprendidos, aparece el padre y abuelo que les pregunta, entristecido, “¿es esta la única manera de reuniros a todos?”. La tristeza se convierte entonces en alegría, los llantos en risas y lo que iba a ser un velatorio, en una cena navideña.
El anuncio es de una cadena alemana de supermercados para, aprovechando la Navidad, recordar que es hora de volver a casa y denunciar la soledad de las personas mayores, y ha sido reproducido millones de veces en Internet. Está cargado de emotividad y, a propósito de la Navidad, reivindica la familia, el hogar, las cosas que merecen la pena en la vida.
Los que tenemos a los hijos fuera de casa valoramos estos días especialmente. Como nos recuerda el anuncio de turrón de El Almendro, son fechas de volver a casa, de compartir los recuerdos y de soñar juntos, de estar, sencillamente estar en familia, que es la certeza de no sentirse perdido. En un mundo en el que todo cambia constantemente, la Navidad es algo que permanece. Frente al estrés cotidiano, por unos días podemos olvidarnos de las prisas del día a día, y lo que era tan urgente ayer puede esperar a que pase la Navidad. Tampoco hace falta demostrar nada a tu familia ni a tus amigos.
La Navidad es la alegría del reencuentro, la felicidad de lo sencillo, el recuerdo cariñoso de los que ya no están, una conversación que se alarga en torno a la mesa o en el sofá. Se trata de disfrutar de las pequeñas cosas, de lo que de verdad importa. Y, como nos recuerda este anuncio alemán, lo que de verdad importa es estar juntos en familia, sobre todo estos días. Vuelve a casa, vuelve, por Navidad.

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Listas
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Mayte | 10-12-2015 | 18:02| 0

Estos días todo el mundo anda hablando de las listas a las elecciones del 20D, pero no me quiero referir a las listas electorales, sino a esas otras listas que proliferan ahora que acaba el año. Listas de las canciones más escuchadas, los mejores restaurantes, los vinos más recomendables, las películas más vistas, los libros más vendidos o los acontecimientos más importantes. Listas también con los hombres más sexys o las mujeres más elegantes. La más envidiada es la lista Forbes, con las mayores fortunas del planeta. Y en la que no conviene aparecer nunca es en una lista negra.
Leo en este nuestro periódico que se acaba de publicar el libro “Listas memorables”, del inglés Shaun Usher, en el que se recogen 125 listas de todo tipo y condición. Las hay extraordinariamente curiosas, como la paródica de Mark Twain, sobre a quién hay que rescatar antes en caso de incendio. Las hay que desmontan mitos, como la que Einstein impuso a su mujer (no hablar con él o tener la ropa siempre a punto). Las hay que son puro sentido común, como la de Thomas Jefferson en su “decálogo de reglas a cumplir en la vida cotidiana” (la 8ª es genial: “¡cuánto dolor nos han causado los males que nunca han ocurrido!”)
También podríamos hacer una lista de libros sobre listas. En 2009 Umberto Eco publicó “El vértigo de las listas”, donde reivindica estas clasificaciones como un signo de nuestra cultura. Desde el principio de la humanidad nos hemos dedicado a hacer listas. Es una manera de concentrar el conocimiento y recordar mejor las cosas. Por eso están presentes en las religiones, como los diez mandamientos, en las tablas del Sinaí.
Estamos rodeados de catálogos, de recopilaciones, de inventarios, anuarios, agendas, almanaques, tablas… Listas de lo que merece ser recordado y de lo que queremos evitar. En lo personal es muy útil hacerse listas, desde la lista de la compra a la de los regalos que tienes que comprar en Reyes. Sirven para pensar menos, lo anotas y te olvidas hasta que llegue el momento de hacerlo.
¿Quién no se hace una lista de tareas pendientes, de ingresos y gastos, de objetivos a cumplir? El placer de los inventarios, de las enumeraciones… Por ejemplo, la lista de las cosas que nos gustan, especialmente recomendada cuando una está de bajón: el olor del mar, el zumo de naranja, el jamón, los huevos fritos con patatas, las nueces, la sensación de las sábanas recién limpias, ver una buena película en el cine, salir a tomar algo con mis amigos, el azul, la ternura de un bebé, los abrazos y los besos de mis hijos o pasear por la playa con mi santo. Hacer esa lista, repasarla, recordar lo que contiene, es una manera de volver a tenerlo. La felicidad de hacer listas.

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Alegría de vivir
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Mayte | 26-11-2015 | 19:07| 0

Jóvenes en una discoteca o en una pizzería un viernes de noviembre por la noche. Miles de aficionados en un partido de fútbol de su selección un viernes de noviembre por la noche. Grupos de amigos en un restaurante un viernes de noviembre por la noche. Un viernes por la noche, después de una dura semana de trabajo, con la perspectiva del fin de semana por delante, la gente sale a relajarse, a bailar, a tomar algo con su pareja y sus amigos o a ver un partido de la selección de su país. Salen a divertirse.
Los terroristas yihadistas de París han atentado contra nuestra forma de vida, contra nuestra libertad, y contra nuestras costumbres, y una de ellas es la diversión, el ocio, que es, además, un sector económico importante en nuestras sociedades, que crea riqueza y empleo. Odian que tomemos una copa de vino en la terraza de un restaurante, odian que escuchemos a un grupo de rock en directo, odian que disfrutemos en un partido de fútbol, odian que vayamos al cine o al teatro.
“La capital de las abominaciones y la perversión”; así denominaba a París el Estado Islámico en el comunicado de reivindicación del ataque terrorista. Todo lo que suene a música, a reunirse en torno a una mesa con unos amigos, a salir despreocupadamente, a reírse y disfrutar, es para los terroristas islamistas el peor enemigo de su fe, porque todo ello representa la libertad.
Las escenas de Bruselas estos días, en estado de excepción, son una muestra de lo que pretenden: el metro no se abre, las calles vacías, las tiendas cerradas, nadie en los museos, ni en los bares, suspendidas las clases y también los partidos de fútbol. Todos encerrados en casa. El terror ha llegado al corazón de occidente, quieren que estemos atemorizados, paralizados, que sintamos miedo de pasear por la calle, y quieren que sacrifiquemos nuestra libertad por la seguridad.
Los radicales islamistas odian nuestra civilización, pretenden imponer su fanatismo religioso y sus creencias, y por eso están en contra de la igualdad entre hombres y mujeres, del pluralismo político. Atentaron contra Charlie Hebdo, porque representaba la libertad de expresión y de crítica, valores fundamentales de la civilización occidental.
Quieren condicionar nuestra forma de vida y derrotar no sólo nuestros valores sino también nuestras costumbres, por eso ahora atentan contra Europa en los lugares de ocio, porque quieren quitarnos nuestra forma de divertirnos y la libertad de hacerlo. No soportan que uno de de los valores de nuestra cultura sea la alegría de vivir.

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Matices
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Mayte | 18-11-2015 | 19:29| 0

Estaba en una cena con amigos en la que se cataron varios vinos y alguien comentó: “este es un vino con muchos matices”. Alguno pensará que es la típica frase de postureo sobre el vino, pero confieso que admiro a quienes saben apreciar los matices de un vino. Los que distinguen si el tinto es rojo violáceo, rojo púrpura, granate, rojo cereza, rubí, teja, marrón… Por no hablar de los matices que eran capaces de describir en los aromas de cada vino: afrutado, madera, tostado… Y pensaba que, en cambio, en el día a día, somos más de brocha gorda y no aplicamos los matices a nuestras relaciones personales o a nuestras opiniones.
Siempre o nunca. Todo o nada. Bueno o malo. O conmigo o contra mí. Muchas personas tienen la tendencia a verlo todo así, piensan en blanco y negro, sin grises, sin matices. En general, no hilamos fino, y tendemos a ser más reduccionistas, lo que lleva al tremendismo: lo bueno es buenísimo y lo malo es un desastre total. Pensar así impide ver el lado bueno de las cosas, también en los contratiempos o fracasos hay una lección que aprender.
Tenemos demasiada información, además todo es instantáneo, y no hay tiempo (ni ganas, me temo) para reflexionar de forma serena y analizar lo que sucede y, por tanto, de matizar lo que se opina. Un ejemplo lo tenemos en las redes sociales: en twitter no hay espacio para matizar, hay que condensar todo en 140 caracteres; y en Facebook hasta hace poco solo se podía marcar “me gusta” (ahora, por lo menos, se han introducido otras opciones que van del “me encanta” o “me divierte” al “me asombra” o “me entristece”).
Cada vez la sociedad es más bipolar, pero la vida son matices. No todo es sí o no, a veces puede ser un sí, pero… Entre el blanco y el negro no es que exista el gris, es que hay muchos tonos de gris. De hecho hay también muchos tonos de blanco: los esquimales, por ejemplo, distinguen más de treinta tonalidades diferentes de blanco y otros tantos nombres distintos para lo que nosotros llamamos simplemente nieve. Esto no es porque sean especiales, sino porque, como todo su paisaje es blanco, han aprendido a observar.
Si somos capaces de distinguir los colores del día a día, entenderemos mejor lo que pasa y tendremos una vida más rica. Quien no sea capaz de ver los matices de la vida cotidiana difícilmente podrá apreciar el valor de las pequeñas cosas. Aunque… quizá también esto tenga sus matices.

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Cosa de dos
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Mayte | 29-10-2015 | 19:20| 0

“Nunca he tenido la exaltación, las ilusiones que tengo hoy en día a una edad en la que no suele haber tantos entusiasmos”, decía Vargas Llosa en una entrevista –estupenda, por cierto- este fin de semana. A sus 80 años ha comenzado una nueva relación de pareja, con Isabel Preysler, que ha acaparado la atención de todos los medios de comunicación.
En España hemos recuperado las cifras de 2007, este es otro de los síntomas de que estamos saliendo de la crisis. No me refiero al paro, ni a la compra de coches, ni a tantos otros ejemplos que podrían darse. Me refiero a las separaciones y divorcios, que están aumentando en nuestro país y que vuelven a las cifras previas al comienzo de la crisis económica. Por cierto, nuestro país tiene una de las tasas de rupturas matrimoniales más altas del mundo, junto a Bélgica y Portugal (por encima del 60%), y Chile es el país con la tasa de divorcios más baja (el 3%).
Una de las cosas más complejas es la vida en pareja. Los pilares de una relación son cuatro ces: cabeza (diálogo, buscar espacios para conversar, para compartir, para resolver problemas, complicidad, inteligencia, humor); corazón (amor, ternura, cariño, caricias); cama (el sexo, fundamental en una pareja); y compromiso (la relación es un acto de voluntad).
Las personas vamos cambiando, vamos atravesando distintas etapas y las parejas, por tanto, también tienen que saber adaptarse, evolucionar con el tiempo. Siempre hay que hacer equipo con la otra persona, pero, sobre todo, cuando hay problemas, con los hijos, en el trabajo… Hay que evitar los reproches, la lista de agravios y utilizar a la pareja como válvula de escape de nuestra propia frustración.
Estamos acostumbrados al amor romántico, al amor que nos enseñan en el cine, pero el amor, una vez pasada la magia inicial, es un trabajo diario, un aprendizaje permanente y supone un esfuerzo constante: hay que querer que dure. Una de las claves es hablar, hablar mucho en la pareja. Otra es la generosidad, uno de los grandes enemigos de la convivencia es el egoísmo. El sexo y el humor son otros dos pegamentos imprescindibles en una relación.
No critico, ni mucho menos, la nueva relación de Vargas Llosa y Preysler, allá cada uno con su vida y que sean muy felices, pero siempre dan mucho morbo las separaciones y las nuevas relaciones, sobre todo si son de famosos, como es este caso. Pero lo que de verdad me parece extraordinario, lo que admiro, lo que tiene mérito, es mantener a lo largo de los años eso que llamamos pareja, y que es cosa de dos.

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¡Qué envidia!
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Mayte | 19-10-2015 | 17:48| 0

Nos enseñó su coche nuevo, con todos los extras, y lo hacía con normalidad, sin chulería. La verdad es que yo me alegraba por esta amiga al verla tan contenta, pero cuando el grupo se disolvió, comprobé que no todos sentían lo mismo. Una de las que quedaba comentó: “¡bah!, el coche no está mal, pero a ella la he visto mucho más gorda”.
Hay quienes son incapaces de alegrarse de las alegrías ajenas. Ese sentimiento es la envidia que, según la Real Academia de la Lengua, es el “deseo de algo que no se posee” y eso provoca “tristeza o desdicha al observar el bien ajeno”. Cuando nos comparamos con otra persona y comprobamos que tiene algo que nosotros queremos, es cuando surge la envidia. Una buena manera de evitarla es cultivar la humildad.
Un envidioso prefiere que algo se destruya antes de que otro lo tenga. En este sentido, unos economistas ingleses hicieron un experimento en sus universidades: adjudicaron dinero a distintas personas, dinero que se iba incrementando con el paso del tiempo. En el ensayo, cada una podía destruir parte del dinero de los otros, pero a costa de perder el suyo propio. Pues bien, la mayoría de los que participaban llegó a perder la mayor parte de su dinero con tal de conseguir que los demás no se enriquecieran más que ellos.
La envidia se sufre en silencio porque supone una declaración de inferioridad, de ahí que nadie se reconozca como envidioso. Este sentimiento es universal: sin ir más lejos, por envidia Caín mató a Abel. Pero llama la atención que en España, para elogiar algo, decimos que es “envidiable”, y ya Unamuno escribió que la envidia “es el virus que infecta la vida española”.
Lo contrario es la generosidad o el sentimiento de admiración, que es reconocer lo superior. Por eso, una sociedad, además de defender la igualdad de oportunidades, tiene que reconocer los méritos, tiene que enseñar a admirar, a aplaudir lo bueno, a valorar y perseguir la excelencia. El envidiado, sin intención, hace de menos, eclipsa al envidioso. Por parte del envidiado lo mejor es hacer suya la famosa frase del Quijote: “ladran, luego cabalgamos”.
Si hay algo destructivo es la envidia, que surge de un sentimiento de fracaso. Además, no se calma nunca, es rumiadora, supone una insatisfacción permanente y es uno de los más serios obstáculos para la felicidad. Por eso, se intentan relativizar los éxitos de los otros y se pone siempre un “pero”: “es un piso nuevo y grande, pero está muy lejos del centro”, “le ha ido bien en la empresa, pero no sabe hacer otra cosa”. O como decía una de las compañeras que vio el flamante coche nuevo, “pues no es para tanto”, cuando en realidad lo que estaba pensando es “¡qué envidia!”.

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Punto muerto
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Mayte | 05-10-2015 | 18:32| 0

Cuesta muchos años, varias generaciones, crear una marca tan sólida como Volskwagen, una de las marcas de mayor prestigio de automóviles en el mundo entero. El trucaje de los motores diésel de unos once millones de sus vehículos, para vulnerar los controles medioambientales, ha supuesto una enorme indignación y decepción contra los responsables de este colosal engaño. El presidente de la compañía en Estados Unidos dijo, literalmente, “la hemos cagado por completo”, y es que no ha sido un error, sino un trucaje deliberado y así confesado por los máximos responsables de la marca.
Pienso en tantos miles de trabajadores de las fábricas y de los concesionarios, que hacen lo mejor posible su trabajo, que “confiaban” en sus directivos, y que también han sido perjudicados con este fraude. Pero el escándalo no solo les afecta a todos ellos y a la marca, sino que es una puñalada en el corazón del “made in Germany”, que siempre ha sido sinónimo de solvencia, seriedad, calidad, fiabilidad…, un prestigio que ha costado muchos años y mucho esfuerzo conseguir.
El coste de este engaño es incuantificable. Independientemente de las multas millonarias que tenga que pagar la empresa, al margen también de todas las revisiones que tengan que realizar a los vehículos, sobre todo, van a tener que hacer grandes esfuerzos para recuperar la credibilidad, porque lo que se ha puesto en cuestión es la confianza.
La confianza es el pilar de las relaciones personales, es lo que te permite creer en otra persona; confiar en uno mismo es lo que nos hace salir adelante cada día. Es también la clave de la economía, aunque a menudo saltan escándalos, como este, que parecen situarnos más en la economía del engaño que en la de la confianza. Por no hablar de la política, en la que la confianza es la base fundamental, y nada hace tanto daño en ella como los casos de corrupción.
En la política, en las relaciones personales, en la empresa, en la sociedad, la confianza es un motor muy poderoso. En general, vivimos una época marcada por la desconfianza, por eso se necesitan más transparencia y más mecanismos de control en todos los ámbitos, para generar más confianza. Porque una vez que se truca el motor de la confianza, como ha pasado ahora, cuesta mucho salir de este punto muerto.

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