La Rioja

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Contesta
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Mayte | 13-11-2014 | 17:57| 0

Ya no vale decir “no vi tu mensaje”, “estaba sin batería”, “no tenía cobertura” o “lo tenía en el bolso y no lo escuché”. WhatsApp –el servicio de mensajería instantánea para móvil más popular del mundo- ha introducido una doble marca azul que te chiva que el mensaje ha sido leído, y no sólo eso, sino que si presionas sobre ese mensaje, te indica la hora exacta a la que se ha leído. Se acabó el “lo leo, pero no contesto”.
“¿Por qué nos haces esto, WhatsApp?” Este era el título de un artículo hace unos días sobre esta nueva utilidad de la famosa aplicación. Es un paso más para la pérdida de privacidad y de intimidad en las comunicaciones. Siempre conectados y siempre controlados, así vivimos, y cada paso que se da va en esta dirección, para controlarnos aún más. Por supuesto, han empezado ya a circular trucos para evitar que sepan si has leído o no el mensaje, pero son complicados de ejecutar. Queda la opción de no abrir el mensaje, porque siempre se ve el comienzo en la pantalla, pero si es largo te quedas sin saber lo que dice.
Estamos controlados también cuando entramos en la red. Cuando haces una búsqueda en Google, por ejemplo de una ciudad, en las siguientes entradas te aparecen anuncios de hoteles o restaurantes en esa ciudad. Google lo sabe todo sobre nosotros, nuestros gustos, nuestros horarios, nuestros intereses, dónde estamos o a dónde queremos ir. Por no hablar de las redes sociales, como Facebook, a las que damos información que jamás daríamos a ningún Gobierno.
Cada vez nos relacionamos más a través de las nuevas tecnologías, que vinieron inicialmente para facilitar el trabajo y poder tener de esta forma más tiempo libre. Pero no ha sido así; cada vez somos más esclavos de ellas y cada vez nos hacen trabajar más y hacen que las jornadas laborales sean interminables. De hecho, la media de horas de sueño se ha reducido en casi hora y media en estos últimos años. Más trabajo, menos tiempo libre, y más controlados por las nuevas tecnologías.
Y vendrán cosas peores. El siguiente paso va a ser detectar nuestras emociones. Leo que están preparando una aplicación para el móvil –una app- que analiza el tono de voz para conocer el estado de ánimo y que además distingue si se está diciendo la verdad o no. Vamos, que si contestas “¡qué alegría escucharte!” y no lo piensas, la aplicación lo detecta. Creo que esto es ciencia ficción, pero en cualquier caso espero que no llegue, porque acabaría con las relaciones sociales y personales, que se apoyan en esas pequeñas mentiras piadosas, como “a ver si nos vemos pronto” o “ha estado genial, cariño”.
De momento, con la doble marca azul ya no hay escapatoria, quien nos escribe sabe que lo hemos leído y, cuando ve la doble marca azul, está pensando “contesta”.

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La verdadera crisis
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Mayte | 11-11-2014 | 18:27| 0

“No sé si esto va a gustar en Casa Real”, le decía Francisco Nicolás a su interlocutor durante una cena en un restaurante de lujo. “Perdona, que me llama la vicepresidenta”, le decía a otro, mientras se levantaba haciéndose el interesante, o “mi guardaespaldas tiene la documentación en el coche”, comentaba al empresario que tenía delante. Últimamente presumía de tener una orden directa del Gobierno para negociar “el tema de los Pujol”. Se las arregló incluso para estar en la coronación de Felipe VI.
Lo increíble es que durante años, muchos han creído al conocido como “pequeño Nicolás”, que, con veinte añitos de edad, se hacía pasar, entre otras cosas, por miembro del CNI. ¿Quién podría haber imaginado esta historia? ¿Quién en su sano juicio puede tomar en serio a un chaval así al nivel en que se movía? Su historia es rocambolesca y nos tiene asombrados, perplejos, y vuelve a confirmar que, como decía Oscar Wilde, la realidad supera a la ficción.
Ahora se ha colado en todos los grupos de guasap; ¿quién no ha recibido una foto en la que aparece “el pequeño Nicolás” con Obama en la Casa Blanca, celebrando un gol con Ronaldo o Messi, saludando al Papa o como uno de los asistentes en el cuadro de la última cena de Leonardo da Vinci? Ya en el colegio le llamaban Frantasma (jugando con su nombre de Francisco y lo fantasma que era desde pequeño).
Lo del “pequeño Nicolás” es una historia de momento burlesca, hasta que se sepa qué hay detrás de todo este montaje. ¿Cómo es posible que este niñato haya conseguido engañar a tanta gente? Y precisamente cara de listo no tiene. Nos reímos y hacemos chirigota de esta increíble historia, pero es una muestra de que nos fiamos más de las apariencias que de los verdaderos méritos.
Muchos han confiado en un pipiolo que iba con traje, engominado y presumiendo de buenos contactos, en lugar de mirar su currículum y comprobar qué ha hecho en la vida. Lo malo es que de estos hay unos cuantos en los partidos políticos, que van ascendiendo por contactos y apariencias, no por méritos, talento, resultados y porque sean útiles a la sociedad. Y así nos va. El problema es que nos hemos dado cuenta de que muchas cosas no son lo que parecían. Me llama la atención que mientras el país está inmerso en una profunda crisis de confianza, nos fiamos en cambio de un engominado de 20 años o de un demagogo populista.
Me temo que de esta crisis, la de confianza, nos va a costar mucho salir, pero al menos nos hemos dado cuenta de algo, aunque sea a golpes: de la necesidad de tener a los mejores en política y de la necesidad de responsabilidad cívica, de honradez, de valores éticos y morales, tanto en nuestros políticos, empresarios, sindicalistas, como en el conjunto de la sociedad. La falta de confianza es la verdadera crisis.

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El otro virus
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Mayte | 16-10-2014 | 17:11| 0

La foto es de una calle de Monrovia (Liberia). Se ve a Beaty y Arthuneh, las hijas de Mekie Nagbe, tiradas y abandonadas en el suelo en un sucio callejón (se intuye maloliente). Mekie ha muerto por el ébola, a los 28 años. Es una de las más de 4.000 personas liquidadas por el virus en estos meses. Estas son las cifras oficiales, pero vete tú a saber cuántas han sido realmente, como para llevar la contabilidad están ahí; han caído como moscas, ante nuestra indiferencia.
Como Beaty y Arthuneh hay cerca de 7.000 niños que han perdido a uno o ambos padres a causa de la epidemia en los países afectados: Sierra Leona, Liberia o Guinea. Niños abandonados y estigmatizados en su propio entorno por el miedo al contagio. Aunque no padecen la enfermedad, nadie quiere acercarse a ellos. Es estremecedor pensar lo que les espera, ante nuestra indiferencia.
Mientras se mueran lejos, en países marginados, aunque sea por miles, aunque el drama sea devastador, aunque las consecuencias para los que queden vivos sean desoladoras, no importa. No nos hemos dado cuenta de que intervenir no era solo una cuestión de humanidad, sino de protección para nosotros mismos. Los virus no entienden de fronteras y se propagan gracias a la indiferencia.
La foto es de una calle de Alcorcón. Frente a la casa en la que vive Teresa Romero, la auxiliar de enfermería afectada por el ébola, se ha montado una especie de improvisado altar con varios ramos de flores y mensajes de apoyo. Hay ocho mensajes de apoyo para el perro sacrificado y dos para ella. No defiendo que hayan matado a Excalibur, que es como se llamaba el can, pero me llama la atención el revuelo que se ha montado con el sacrificio del perro (por cierto, por orden judicial) mientras somos el país de Europa donde más perros se abandonan cada año, ante nuestra indiferencia.
La foto es del Hospital Carlos III de Madrid. Se ve a Teresa Romero con una mascarilla. Está luchando contra el ébola. En medio de la histeria, de los fallos, de las críticas, de las muchas cosas que se hayan podido hacer mal, me quedo con los médicos, las enfermeras, las auxiliares, que se ocupan de Teresa como antes se ocuparon de nuestros misioneros. Con valentía, con generosidad, con profesionalidad, con entrega. Como la que tienen los médicos y sanitarios de las ONG’s que en el corazón de la epidemia siguen trabajando para intentar salvar a los afectados por el ébola. Ellos no están infectados por la indiferencia.
Ha sido la indiferencia de los países desarrollados la que ha hecho del ébola un problema global. ¿Cuándo nos daremos cuenta de que la indiferencia es el otro virus?

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Hasta que duela
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Mayte | 16-10-2014 | 17:00| 0

“Este chico tiene que seguir estudiando”, les dijo mi abuelo Pedro, maestro en Tormantos, a los padres de Miguel Ángel. Los padres lo querían mandar a trabajar al campo, como el resto de la familia, al acabar la educación básica allá por los años sesenta, pero gracias a la insistencia del maestro lo mandaron a estudiar “a la capital”. Miguel Ángel tiene 61 años, es ahora médico, máster en Dirección de Empresas y Dirección Hospitalaria y es el superior en España de la orden de los Hermanos de San Juan de Dios.
Miguel Ángel es, digamos, el jefe –además de amigo- de Miguel Pajares y de Manuel García Viejo. Los dos eran miembros de la orden de los Hermanos de San Juan de Dios, los dos sanitarios (enfermero el primero y médico el segundo), los dos misioneros durante toda una vida en África, los dos trabajando en hospitales en la zona cero del ébola, los dos muertos por esa enfermedad. Miguel Pajares nos impactó más; era el primero y era agosto. A Manuel se le ha enterrado la semana pasada como si tal cosa.
Como Miguel y Manuel hay muchos más misioneros españoles llevando a cabo una labor heroica en medio de las enfermedades y la miseria más absoluta. Los que sufren esa pobreza y esas enfermedades eran los suyos, como escribió Pablo Neruda: “¿Quiénes son los que sufren? / No sé, pero son míos / No sé, pero llaman / y me dicen “sufrimos”.
Las crisis humanitarias colocan ante nuestros ojos lo peor de la condición humana, sin embargo también nos permiten descubrir lo mejor de ella: la compasión, la caridad, la solidaridad, el amor, el compromiso.
Nos sentimos muy orgullosos de los deportistas españoles que triunfan por todo el mundo, de los empresarios españoles que llevan nuestras empresas por tantos países, de los científicos españoles que ganan premios internacionales, y eso está bien, yo me siento muy orgullosa de todos esos compatriotas que son un ejemplo de trabajo, de esfuerzo y de éxito. Pero lo que hacen estos misioneros y cooperantes me conmueve profundamente y me hace sentirme especialmente orgullosa de ellos.
No suenan himnos ni se izan banderas cuando salvan vidas, no obtienen fama ni lo que entendemos por éxito, no sabemos cómo se llaman hasta que se contagian y mueren de ébola. Fueron donde más falta hacían, al corazón de las tinieblas. Cada vida que salvaron, cada madre a la que ayudaron a dar a luz, cada anciano al que paliaron su sufrimiento final, cada persona a la que ayudaron en el hospital fueron sus medallas, su fama y su éxito. Lo dieron todo para que el mundo fuera un poco mejor. Hasta el final. Ellos sí que hicieron suyo lo que decía Teresa de Calcuta, que “hay que dar hasta que duela, y cuando duela dar todavía más”.

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Hay que reconocer
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Mayte | 09-10-2014 | 15:59| 0

“En España, si te va bien, ya le caes mal a la mitad de la población”, decía hace unos días Martin Varsavsky, el empresario residente en España de origen argentino que ha triunfado en el mundo con la creación de varias empresas tecnológicas. “Hay más admiración por el emprendedor en Alemania o en Inglaterra. Los españoles no aguantan el éxito, no soportan que un tío cualquiera tenga éxito. En cambio, en Estados Unidos, los que triunfan en el mundo de la empresa son héroes nacionales”.
Cada vez se habla más de la importancia de fomentar el espíritu emprendedor en nuestra sociedad, de que necesitamos emprendedores que creen empleo y riqueza, de que hace falta un cambio de mentalidad en nuestros jóvenes para que transformen sus ideas en empresas, para que innoven, para que vayan más allá y no se conformen con ser empleados de alguien, sino que sean ellos los que piensen en crear su propia empresa.
Todo esto hay que hacerlo, pero además tenemos que cambiar nuestra mentalidad con respecto al que triunfa; de nada servirá fomentar la creatividad y la capacidad de desarrollar ideas innovadoras si a la vez los españoles miramos con malos ojos al que destaca en el mundo empresarial o en cualquier otro ámbito.
El lenguaje revela siempre la forma de pensar. Como escribió Díaz-Plaja, la expresión “hay que reconocer…” se dice siempre de algo positivo (“hay que reconocer que es un gran empresario, o un gran escritor”), no se suele utilizar para algo negativo (“hay que reconocer que es un imbécil”), como si el reconocer lo positivo costase más, como si hubiese que esforzarse en ver algo bueno y lo normal fuese resaltar lo negativo.
Aquí los elogios llegan, en todo caso, después de muertos. Juan de Iriarte en el siglo XVIII, ya escribió “solo alabas, solo aplaudes / a los difuntos poetas / no estimo tu voto en tanto / que por lograrle me muera”. Y a veces ni aun después de muertos se acaba la envidia. Lo hemos visto estos días con dos grandes emprendedores y empresarios españoles como Emilio Botín e Isidoro Álvarez (los dos fallecidos a los 79 años).
Las redes sociales han mostrado estos días que la envidia sigue siendo uno de los pecados capitales de los españoles. Un envidioso jamás perdona el mérito, y a Botín y Álvarez algunos no les han perdonado su grandísimo mérito. Como diría con ironía Díaz-Plaja, “hay que reconocer” que han sido dos personas que han trabajado duro y han levantado dos de las más grandes empresas de España, han creado miles de puestos de trabajo, han contribuido al desarrollo económico y al progreso de nuestro país y han dado un enorme impulso a la marca España en el mundo. Por eso, “hay que reconocer” que este país necesita más personas como Emilio Botín e Isidoro Álvarez; sin duda, esto sí que “hay que reconocer”.

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Muy en serio
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Mayte | 09-10-2014 | 15:41| 0

El viceprimer ministro turco se quejaba este verano de la corrupción moral en su país porque… ¡las mujeres se ríen en público! “¿Dónde están nuestras chicas, que se sonrojaban ligeramente, bajaban la cabeza y miraban hacia otro lado cuando nosotros las mirábamos a la cara convirtiéndose en su símbolo de castidad?”, proclamó literalmente mientras reprochaba que las mujeres turcas han perdido la decencia y la moral por reírse en público. Y añadió: “la mujer debe saber lo que está permitido y lo que no. No reirá en público. No se comportará de forma seductora y protegerá su castidad”.
Puede parecer un chiste, pero no lo es. Desde luego es una muestra más de querer someter a las mujeres y de reducirlas al ámbito doméstico. Se empieza diciendo que las mujeres no se pueden reír en público y se les acaba poniendo un burka. Para contrarrestar las demenciales declaraciones del viceprimer ministro turco, ha habido este verano una campaña en las redes de mujeres y de hombres riéndose y solidarizándose con las mujeres turcas, y con tantas que sufren situaciones similares.
Reírse es la sal de la vida y las personas que se ríen tienen mejor salud física y mental. Un proverbio chino dice que para estar sano hay que reírse treinta veces al día. No sé si tantas, pero reírnos nos oxigena, nos inmuniza contra la depresión y la angustia, aumenta la creatividad y la imaginación. Físicamente hace que el cerebro genere endorfinas, que son como unos sedantes naturales del cerebro, y por tanto la risa actúa como un analgésico. Es una medicina natural extraordinaria, y no hay dosis máxima recomendada, te puedes reír cuanto quieras, sin efectos secundarios adversos. Al reírnos disfrutamos más de la vida.
Como escribió Erasmo, “reírse de todo es propio de tontos, pero no reírse de nada lo es de estúpidos”. Y aunque reírse es gratis, muchas veces pagamos por reírnos, IVA incluido, en el cine o en el teatro. La risa es contagiosa, crea buen rollo y es una de las mejores terapias que hay. Reírse de uno mismo es una costumbre muy sana y aumenta la autoestima, en cambio los que se toman demasiado en serio a sí mismos acaban pareciendo ridículos.
Todos los regímenes totalitarios están en contra de la risa y del sentido del humor. Por eso la risa es también un signo de libertad, desde luego lo es de salud, y, aunque le pese a los fundamentalistas de todo tipo, es un signo de igualdad. Y es que la risa es algo que tenemos que tomarnos muy en serio.

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Veranos de pueblo
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Mayte | 07-10-2014 | 16:10| 0

Mi infancia son recuerdos de veranos en Tormantos y un río claro, el Tirón, donde cogíamos cangrejos. Los preparaba mi abuela Pilar con una fritada de chuparse los dedos, literalmente, y cuyo sabor recuerdo todavía (“vosotras estudiad, que no tengáis que depender de nadie” nos repetía). Durante todo el curso esperábamos con ansiedad el momento de que acabaran las clases para ir al pueblo. El verano era estar en la calle, ir en bici por los caminos, comer en el árbol las manzanas reinetas de sabor ácido, subir a la morera y ponernos, cómo no, morados de moras, el verano era construir cabañas en las choperas… El verano era una sensación única, infinita, de libertad.
Nos bañábamos en unas pozas del Tirón, con zapatillas en los pies para no resbalar en las piedras y vaya alboroto cuando aparecía una culebra de agua. Guardábamos el mejor vestido para los días grandes de fiesta, la Virgen y San Roque, y dedicábamos esa mañana a acicalarnos para ir a la misa y a la procesión.
Íbamos en bici o andando a las fiestas de Herramélluri o a las de Leiva, allí nos quedábamos a comer y a cenar en casa de los primos de mi madre (Gerardo, Javi, Isabel…). A Santo Domingo nos tenían que llevar en coche. Por la noche, encima del remolque de un tractor, las orquestas tocaban Formula V, Los Brincos, Nino Bravo, Peret, las rancheras de siempre. Los chicos esperaban que llegase el “agarrao” para pedirte bailar. Algún fin de semana venían amigos de Logroño, de esos que no tenían pueblo.
Recuerdo todo esto al leer en este nuestro periódico un reportaje el pasado domingo sobre la vuelta a los pueblos en verano. Imagino que parecidas sensaciones vivirán estos días los chavales en nuestros pueblos. Me parece maravilloso que esto no se haya perdido. Experiencias únicas, una riqueza intransferible, algo que te alimenta luego durante todo el curso. ¡Y el mérito que tienen los que viven durante todo el año en estos pueblos y los mantienen vivos!
Escribió el poeta Rilke que la verdadera patria del hombre es la infancia. Cuantos más años tengo, más de acuerdo estoy. Una infancia (y adolescencia) también de olores. El del trigo recién cosechado, el de la hierbabuena en la ribera del río, el de los pimientos en la mata, el de la miel de mi abuelo Pedro, el del gasoil de los tractores.
Pensábamos que no íbamos a crecer, Teri, pero crecimos. Recordando a Wordsworth, aunque nada pueda devolvernos la hora del esplendor en la hierba, perdura siempre en el recuerdo la belleza de los veranos de pueblo.

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Kit playero
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Mayte | 07-10-2014 | 16:07| 0


Bajan a primera hora de la mañana y toman posesión de su parcela playera, clavando ufanos en la arena el palo de la sombrilla. Ni los conquistadores de Julio Armas, al tomar posesión de las tierras descubiertas en América, se sentían tan satisfechos clavando en la tierra la bandera de la Corona como estos modernos conquistadores de la playa. Después, en rigurosa y calibrada primera línea, despliegan meticulosamente sobre la arena esterillas y toallas, y completan la fortificación con sillas y tumbonas, ocupando todo el espacio posible.
A esa temprana hora todavía quedan los surcos del rastrillo del tractor que ha peinado poco antes la arena. Algunos, incluso, esperan acechando a que el tractor acabe su tarea para tomar posesión del terreno. Al pisar esa arena recién removida sienten la emoción de quienes desembarcaban en aquellas tierras del Nuevo Mundo por primera vez. Luego suben a desayunar, o a hacer la compra, o a cualquiera de las tareas matutinas propias del mes de agosto. Así que para cuando consigo que mi santo baje, por fin, a la playa, me encuentro, como el común de los mortales, con varias filas de toallas y sillas (muchas de ellas vacías) que harían imposible el desembarco de Normandía.
Cómo será la cosa que hay municipios que han empezado a tomar cartas en el asunto. En Cunit (en la provincia de Tarragona) el ayuntamiento ha aprobado una ordenanza por la que se pueden retirar sombrillas, tumbonas y toallas si no hay nadie que las esté ocupando. Si pasado un mes no lo reclama nadie, se los queda el Ayuntamiento. Vamos, que el reservar se va a acabar.
Así que ahora, además de que no se va a poder ocupar la playa a primera hora para empezar a usarla horas después, siempre se va a tener que quedar alguien de guardia, mientras los demás se bañan, juegan a las palas, o se van a dar un paseo por la orilla, esas actividades playeras que hacen las delicias de Fernando Sáez Aldana.
Me temo que esta nueva normativa, que supongo que se irá extendiendo por el resto de la costa, además de evitar que se cometan excesos en la ocupación de un espacio público, pretende fomentar el uso de las hamacas de alquiler, que asociadas a los chiringuitos, supone una fuente de ingresos para los Ayuntamientos. En estos casos, como el género humano se adapta con facilidad a las nuevas situaciones, ya que hay que alquilar la tumbona para tener un espacio de playa, cada vez son más habituales los que bajan pertrechados con la nevera y echan el día.
De todas formas, si esto se generaliza, seguro que surge la figura del ocupador de toalla, que por un módico precio (más barato que las tumbonas de alquiler) se tumba al sol hasta que llegan los propietarios del kit playero.

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Vacaciones
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Mayte | 07-10-2014 | 16:05| 0


Santos días de desconexión. Ya queda menos para agosto. Ya queda menos para desconectar del tiempo y del mundo. Para hacer lo que te da la gana, o para tirarte en la tumbona y no hacer nada. Para escaparte del estrés cotidiano, de las prisas, de tener que cumplir unos horarios. Nada tan imprescindible como las vacaciones de verano. Esto es especialmente necesario para las mujeres y más en nuestro país, porque las españolas tenemos los niveles más altos de estrés de toda Europa.
¿A qué se debe? Pues a nuestros horarios: en España todo se hace tarde, comemos tarde, salimos tarde de trabajar, cenamos tarde, nos acostamos tarde, excepto levantarnos -nos levantamos pronto-, de ahí viene el déficit de sueño y el desfase horario que arrastramos. A esto hay que añadir que todavía muchas mujeres al llegar a casa tienen horario extra. En nuestro país trabajamos de media 41,06 horas a la semana, más que la mayoría de los países de Europa, y mucho más que los países más avanzados de nuestro entorno, que trabajan menos horas, pero por lo visto trabajan mejor, porque son más productivos.
Veo que Portugal –el país que tiene la tasa más baja de natalidad de Europa- ha lanzado un plan de choque para fomentar la natalidad. España es el sexto con la tasa más baja. Está muy bien esto de lanzar planes de fomento de la natalidad, pero para empezar tenemos que racionalizar los horarios, europeizarlos, es decir, reducir la pausa del mediodía, salir antes del trabajo por la tarde y adelantar los horarios nocturnos de las teles para cenar antes e irnos antes a la cama.
Con la crisis la tendencia que se ha marcado es precisamente al revés: ampliación de horarios laborales y disponibilidad permanente aun fuera del trabajo. Todo ello supone un estrés mayor para las mujeres, porque todavía hay demasiados hombres que practican el absentismo en el hogar, vamos, que no meten las mismas horas que las mujeres en casa.
Flexibilizar los horarios, medir la calidad y no la cantidad, no solo tiene ventajas para las mujeres, sino para toda la sociedad, porque si tienes más tiempo lo puedes dedicar a otras cosas, a mejorarte a ti mismo (formación, deporte) o a mejorar la sociedad (voluntariado). En vacaciones hay que tener tiempo para perderlo, tiempo para no hacer nada, algo imprescindible para luego hacer mucho y bien durante todo el año. Si no te distraes, nunca te concentrarás. Por eso, hay que tomarse muy en serio las vacaciones. Para ser más productivos, para bajar el estrés y para poder concentrarnos mejor en el trabajo, son imprescindibles las vacaciones.

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A la riojana
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Mayte | 07-10-2014 | 16:00| 0

En La Rioja no hay tranvía, tampoco tenemos metro, como canta la jota, tampoco tenemos playa, ni Corte Inglés, y todavía no llega el AVE, pero aún sin todo eso y mucho más somos los más felices de España. Eso dice al menos, una encuesta que se ha hecho pública la semana pasada, según la cual estamos los primeros en el ránking nacional de felicidad, después están los vascos, aragoneses y cántabros, siendo los más infelices los gallegos, asturianos y en último lugar los catalanes.
Por cierto, que el mismo jueves de la semana pasada se hacía público el estudio de la Asociación Civismo, según el cual los riojanos somos los que menos días tenemos que trabajar al año para pagar impuestos, y los catalanes los que más. No sé si esto tendrá algo que ver, pero me pareció una curiosa coincidencia. En cualquier caso, nos fijamos mucho en indicadores económicos y en cuestiones materiales, pero la felicidad no se tiene solo por eso. En la vida hay más cosas que el PIB y que la renta per cápita, aunque está claro que sin una buena renta es más complicado ser feliz. Generalmente, medimos todo excepto lo que de verdad hace que la vida merezca la pena.
La felicidad hay que currársela, no viene dada. Tenemos que ser capaces de crear entornos acogedores, para ello son necesarios, claro está, unos servicios sociales, educativos y sanitarios de calidad, y, por supuesto, que haya empleo; pero también hay que tener la actitud personal, el empeño vital de ser feliz. Hace unos 500 años escribió Erasmo de Rotterdam que la felicidad es “querer ser lo que uno ya es”, es decir, querer lo que uno hace, no hacer lo que uno quiere. Este indicador no lo recogen los análisis económicos.
También es fundamental la interacción social, y en La Rioja somos, como decimos por aquí, muy “roceros”. La felicidad es un estado de ánimo y, -eso sí- teniendo salud, es saber disfrutar de la familia, de los amigos, de una buena conversación, de un buen vino, en fin, de lo que nos sienta bien y nos hace vida más agradable. Me hace gracia uno de los vídeos de la última campaña de publicidad para promocionar La Rioja como destino turístico, en el que se dice “preguntar a un riojano dónde comprar un buen vino y que te contesten ocho”, “brindar con un desconocido y que te cuente cómo ir donde los turistas no llegan”.
Esta estupenda campaña de publicidad lleva como título “Viajar a la riojana”. Después de esta encuesta parece claro que no solo es recomendable viajar a la riojana, sino vivir a la riojana.

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