La Rioja
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A mí no me grite
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Mayte Ciriza | 13-02-2012 | 09:47

Pero ¿por qué gritaba? No era eso lo que tenía que hacer. Casi todos los analistas han coincidido en que no era un mitin lo que tenía que soltar Carmen Chacón, sino un discurso ante un auditorio preparado, el del Congreso del PSOE de este fin de semana. Según cuentan, los técnicos de sonido se las vieron y se las desearon para modular el audio con sus gritillos y sus subidas de voz. Incluso soltó durante su intervención, de tono muy elevado ya de por sí, varios gallos.

Esta misma pregunta, ¿por qué grita?, me la hago a menudo cuando veo la tele. Hay cadenas que de hecho son un grito permanente. Veas el programa que veas, los chillidos entre los contertulios son constantes, como si quien más gritase tuviera más razón, y suele ser justo al revés. Normalmente el que más grita es el que menos tiene que decir, el que menos razón lleva, no tiene ideas, o se siente inseguro y, como está vacío de argumentos, quiere imponerse con los gritos (y no lo digo por Chacón, que no se me malinterprete, sino en general). No sólo pasa en esos programas del corazón de la tele, no hay más que seguir algunos debates en el Congreso de los Diputados para ver cómo hablar a gritos se ha instalado en nuestra vida pública.

Y en la privada. Los chavales hablan a gritos, en las aulas y en los recreos imitan los modelos de la tele y lo que ven en sus casas. En fin, esto es lo que hay en nuestra sociedad, y se da en todas las capas sociales.

¡Y si sólo fueran los gritos! Los insultos, las descalificaciones, el lenguaje soez, la vulgaridad y la grosería se han instalado en esas repugnantes tertulias del corazón en televisión, que, para colmo, se emiten además en horario infantil. Los educadores han constatado un aumento de los insultos de los hijos hacia los padres a imitación de esos programas, que sencillamente tendrían que estar prohibidos en su formato actual.

El peligro está en que esto no nos llame la atención. Es muy preocupante que los chillos se consideren una forma normal de relacionarse. Los gritos no son convincentes, sólo sirven para estresarnos y, además, son bastante inútiles, ya que no se presta atención a lo que dice quien grita, porque su sobreactuación se lleva todo el interés del oyente. ¡Con lo que relaja hablar bajo, con calma, pausadamente! De hecho a un bebé –aunque no entienda- se le habla en tono bajo y despacio para calmarle y estimularle.

Los gritos no son solo una muestra de buena o mala educación, sino también del respeto hacia los demás. Se trata de hablar como quieres que te hablen a ti, de tener empatía y de escuchar con atención. Por eso, como bien titula el genial Quino en uno de sus libros, hay que llevar siempre a la práctica eso de “a mí no me grite”.

  • Pretextato

    Ya estoy aquí nuevamente. Con relación al post en general, sobra perfectamente el primer punto. No veas lo que gritan los diputados del PP e incluso su presidente, cuando alguien les lleva la contraria.
    Respecto al resto: Algunas puntualizaciones. A mi, mi “religión”, no permite ver ese tipo de programas del que tu, pareces estar bien enterada, precisamente por ese afan de gritar por sistema. Suelo ver debates sobre política o deportes, y en el momento en que empiezan a solaparse las opiniones de uno con las de otro, me paso directamente al canal 60 del Plus. No veas lo bien enterado que estoy de los leones del Serengueti o los gorilas del Congo.
    Como soy asiduo visitante de colegio, de recogida de nieto, me sorprendo del griterío que se forma en el patio. Pero mas sorprendente es ver salir niños de clase, como auténticos energúmenos, arrasando y gritando como si les hubiera pillado el dedo una puerta.
    A veces intento recordar si cuando yo era pequeño vociferábamos de manera tan tarzanesca. Tengo que reconocer que no lo recuerdo. Pero simplemente y por deducción, mis hijas no han sido nunca especialmente chillonas y no tengo en la memoria unas algarabías tan sonadas cuando iba a recogerlas al mismo colegio donde hoy voy a por mi nieto.
    Saco como conclusión que esta “moda” del grito “pelao” de niños y mayores, viene dado por el stress de vida que llevamos y quizá tenga influencia, como no, la televisión.
    En lo que se refiere al lenguaje, ahí si que se le puede achacar un 75% de culpa a la tele y el cine y quizá el resto al entorno y los padres. (incluidos abuelos).
    La grosería se ha convertido en vida cotidiana, el insulto en parte de la conversación, Dios la Virgen y los muertos, son nombrados de forma habitual y no precisamente en el contexto debido.
    La famosa igualdad de sexos ha conseguido que sean igual de groseras las chicas como los chicos. Y si me apuras y por ese afan de ser mas progresistas que nadie, el sexo femenino está superando al masculino en esta carrera por decir mas oscenidades que sus compis de clase.
    Quizá mi percepción de todo este hecho sea cuestión de la edad, y la educación recibida (incluido libro de urbanidad) sea un peso demasiado grande para asimilar este tipo de lenguaje tan liberal pero tan FEO con mayúsculas.
    El miércoles pasado estuve comiendo con nuestro común amigo Julio, fuimos al Iruña donde volvía (pagaba él) despues de un tiempo sin aparecer por allí. Motivo, en cuanto tres mesas estaban ocupadas y se comenzaba a hablar, debia de haber tal reverberación y mala acustica que era necesario gritar para poder entenderse. (Ya lo han solucionado y se puede mantener una conversación a un tono sufientemente normal)
    Tengo que reconocer que en mi familia y mi entorno de amigos, el tono de voz, suele ser moderado. De lo cual me congratulo.
    Un fuerte abrazo Mayte.

  • aguadulce

    Buenos días a todos.
    Me parece un artículo muy bien razonado en primer lugar. Estamos en una sociedad de la estética de la vulgaridad, la superficialidad y la mala educación en la que los gritos y las descalificaciones forman su “atrezzo” natural. Falta profundidad, falta reflexión, falta autocrítica, falta empatía, falta respeto ….
    También me ha gustado la opinión de Pretextato. Observo con tristeza una degradación generacional en nuestros jóvenes. En esto todos ponemos nuestro granito de arena. En algo estamos fallando. Falta mucha comunicación en la gente. Se discute, no se dialoga. Uno trata de imponer su opinión a otro. Es que mi idea vale más que la del vecino…. Se trata de aprender de los de más y de uno mismo…. Los gritos, la soberbia, el insulto o la calumnia para ” llevarse el gato al agua ” en esta sociedad de ” listillos “.

  • aguadulce

    Me gustaría reproducir aquí una carta anónima de un hijo a sus padres que creo que no tiene desperdicio. Dice así:
    “No me des todo lo que pido. A veces sólo pido para ver hasta cuánto puedo coger. No me grites. Te respeto menos cuando lo haces; y me enseñas a gritar a mi también. Y yo no quiero hacerlo. No me des siempre órdenes. Si en vez de órdenes a veces me pidieras las cosas, yo lo haría más rápido y con más gusto. Cumple las promesas, buenas o malas. Si me prometes un premio, dámelo; pero también si es un castigo. No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o mi hermana. Si tú me haces sentirme mejor que los demás, alguien va a sufrir; y si me haces sentirme peor que los demás, seré yo quien sufra. No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer. Decide y mantén esa decisión. Déjame valerme por mí mismo. Si tú haces todo por mí, yo nunca podré aprender.No digas mentiras delante de mí, ni me pidas que las diga por tí, aunque sea para sacarte de un apuro. Me haces sentirme mal y perder la fe en lo que me dices. Cuando yo hago algo malo, no me exijas que te diga por qué lo hice, A veces ni yo mismo lo sé. Cuando estás equivocado en algo, admítelo y crecerá la opinión que tengo de ti; y así me enseñarás a admitir mis equivocaciones también. Trátame con la misma cordialidad y amabilidad con que tratas a tus amigos. Porque seamos familia, no quiere decir que no podamos ser amigos también. No me digas que haga una cosa y tú no la haces. Yo aprenderé siempre lo que tú hagas, aunque no lo digas. Pero nunca haré lo que tú digas y no hagas. Enséñame a conocer y a amar a Dios. Aunque en el colegio me quieran enseñar , de nada vale si veo que tú ni conoces ni amas a Dios. Cuando te cuente un problema mío, no me digas “no tengo tiempo para bobadas”, o “eso no tiene importancia”. Trata de comprenderme y ayudarme. Y quiéreme. Y dímelo. A mí me gusta oírtelo decir, aunque tú no creas necesario decírmelo.”

  • Mayte

    Pretextato, me he reído con tu comentario, sobre todo con la imagen de los chavales al salir de clase, de forma tarzanesca, jajaja. Totalmente de acuerdo con lo que dices.

  • Mayte

    Gracias, Aguadulce, por tus comentarios. Y por la carta que has transcrito, que da mucho que pensar.