La Rioja

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Fecha: abril, 2012
Un tiro en el pie
Mayte 18-04-2012 | 7:23 | 1

“No debemos olvidar que este es un país pobre y cutre” y “España está llena de mala leche”. Son titulares de este fin de semana en sendas entrevistas en la prensa nacional a dos de nuestros escritores de prestigio, Eduardo Mendoza y Luis Racionero. Titulares en los que se aprecia este estado de ánimo derrotista y catastrófico en el que estamos hundidos. Por no hablar de la ración diaria de pesimismo al abrir cualquier periódico, escuchar alguna emisora o ver un telediario. No digo ya nada de los titulares económicos, donde la palabra más repetida es “pesimismo” (“el pesimismo se duplica”, “el pesimismo se dispara”, “el pesimismo domina todo” son titulares del fin de semana sin ir más lejos).

Por eso me llamó la atención “Los españoles son gente cálida e innovadora, pero deberían tener más confianza en su país”, titular en este nuestro periódico de la entrevista al Embajador de Estados Unidos en España, durante su visita la semana pasada a La Rioja. Y creo que reflejaba perfectamente el estado de ánimo en el que está sumido nuestro país: además de una crisis real, hay un estado de psicosis social, un pesimismo colectivo, con una enorme falta de confianza en nosotros mismos, en nuestras posibilidades y en nuestra propia capacidad.

Es verdad que la situación es muy complicada y que sufrimos una crisis dura y duradera, pero hay que romper esta inercia, no ya de pesimismo, sino de fatalismo apocalíptico en la que estamos instalados. No se trata de ser un inconsciente, sino de creer en nuestras posibilidades, y en que podemos salir de aquí, intentando cada uno hacer lo mejor que podamos nuestro trabajo. De brazos cruzados no saldremos de esta, pero estamos ahora mismo paralizados, en un estado de shock. Además del estrés personal, hay también un estrés social, y si la presión del estrés es muy grande, nos angustia, nos paraliza y nuestro cerebro no funciona bien. Pues así estamos.

Me maravilla quienes todavía son capaces de aplicar el humor a esta situación. Circulaba estos días por las redes sociales algún mensaje como “Froilán y la prima de riesgo se disparan”. Tenemos que reírnos más de nosotros mismos, es una válvula de escape, y necesitamos más humor, humor sin recortes ni ajustes.

Y, desde luego, necesitamos recuperar la confianza en nosotros mismos. El optimismo no es decir que aquí no pasa nada, sino trabajar y dar lo mejor de cada uno pensando en que superaremos esta situación. Frente a la crisis, mucho trabajo y mucha paciencia (esto no se soluciona de la noche a la mañana), pero también creatividad, innovación, humor, optimismo y confianza. Hay quienes se burlan de esta actitud, pero para salir de la crisis no sólo hay que aprobar las reformas necesarias (cada uno tendrá ahí una opinión), sino que es fundamental salir de este pesimismo colectivo, de este fatalismo, de este derrotismo suicida que se vuelve contra nosotros mismos. Es como si cada día nos diéramos un tiro en el pie.

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Un tiro en el pie
Mayte 18-04-2012 | 7:21 | 0

“No debemos olvidar que este es un país pobre y cutre” y “España está llena de mala leche”. Son titulares de este fin de semana en sendas entrevistas en la prensa nacional a dos de nuestros escritores de prestigio, Eduardo Mendoza y Luis Racionero. Titulares en los que se aprecia este estado de ánimo derrotista y catastrófico en el que estamos hundidos. Por no hablar de la ración diaria de pesimismo al abrir cualquier periódico, escuchar alguna emisora o ver un telediario. No digo ya nada de los titulares económicos, donde la palabra más repetida es “pesimismo” (“el pesimismo se duplica”, “el pesimismo se dispara”, “el pesimismo domina todo” son titulares del fin de semana sin ir más lejos).

Por eso me llamó la atención “Los españoles son gente cálida e innovadora, pero deberían tener más confianza en su país”, titular en este nuestro periódico de la entrevista al Embajador de Estados Unidos en España, durante su visita la semana pasada a La Rioja. Y creo que reflejaba perfectamente el estado de ánimo en el que está sumido nuestro país: además de una crisis real, hay un estado de psicosis social, un pesimismo colectivo, con una enorme falta de confianza en nosotros mismos, en nuestras posibilidades y en nuestra propia capacidad.

Es verdad que la situación es muy complicada y que sufrimos una crisis dura y duradera, pero hay que romper esta inercia, no ya de pesimismo, sino de fatalismo apocalíptico en la que estamos instalados. No se trata de ser un inconsciente, sino de creer en nuestras posibilidades, y en que podemos salir de aquí, intentando cada uno hacer lo mejor que podamos nuestro trabajo. De brazos cruzados no saldremos de esta, pero estamos ahora mismo paralizados, en un estado de shock. Además del estrés personal, hay también un estrés social, y si la presión del estrés es muy grande, nos angustia, nos paraliza y nuestro cerebro no funciona bien. Pues así estamos.

Me maravilla quienes todavía son capaces de aplicar el humor a esta situación. Circulaba estos días por las redes sociales algún mensaje como “Froilán y la prima de riesgo se disparan”. Tenemos que reírnos más de nosotros mismos, es una válvula de escape, y necesitamos más humor, humor sin recortes ni ajustes.

Y, desde luego, necesitamos recuperar la confianza en nosotros mismos. El optimismo no es decir que aquí no pasa nada, sino trabajar y dar lo mejor de cada uno pensando en que superaremos esta situación. Frente a la crisis, mucho trabajo y mucha paciencia (esto no se soluciona de la noche a la mañana), pero también creatividad, innovación, humor, optimismo y confianza. Hay quienes se burlan de esta actitud, pero para salir de la crisis no sólo hay que aprobar las reformas necesarias (cada uno tendrá ahí una opinión), sino que es fundamental salir de este pesimismo colectivo, de este fatalismo, de este derrotismo suicida que se vuelve contra nosotros mismos. Es como si cada día nos diéramos un tiro en el pie.

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Tópicos peligrosos
Mayte 04-04-2012 | 6:07 | 8

Hace días, en el tanatorio, acompañaba a una amiga por el fallecimiento de su padre después de una larga enfermedad y las frases que más escuchaba eran: “es ley de vida”, “por fin ha descansado, el pobre”, “tú has hecho lo que has podido, ahora cuídate”. No es ese momento para discursos originales, se trata de transmitir el afecto y la condolencia, pero me dio qué pensar que la vida está plagada de estas frases hechas, de estas muletillas, que todo el mundo acepta sin pestañear, como cosas ciertas, que nos ahorran el trabajo de pensar y que nos hacen sentir cómodos.

Lo que son las cosas, ese mismo día leía una entrevista con Aurelio Arteta a propósito de su último libro “Tantos tontos tópicos”, en el que desmenuza una serie de lugares comunes, políticos y morales, con los que convivimos como si tal cosa.

Me llama la atención ese que reivindica el ser normal como un mérito, que evita el destacar en algo, apelando a la mediocridad, al igualitarismo, parece que nos sentimos aliviados al ver que nadie es mejor que nosotros, es ese que dice: “es una persona muy normal”.

Hay algunos inofensivos, como el mencionado “es ley de vida”, pero hay muchos, recogidos en el libro, que más que tontos tópicos, son lugares comunes peligrosos, como “bueno, es su cultura”, “seamos tolerantes”, “una cosa es la teoría y otra la práctica”, o “respeto sus ideas, pero no las comparto”.

Por ejemplo, el relativismo moral en “eso es muy relativo”; el saltarse las normas de “todos harían lo mismo” (¿todos defraudaríamos a Hacienda?); el justificar prácticas inaceptables (como la poligamia o la ablación) con “bueno, es su cultura”; o el “seamos tolerantes” cuando en realidad no se puede ser tolerantes con los intolerantes, con los terroristas, con los pederastas o con las redes de trata de mujeres. No es lo mismo la violencia de los antisistema de Barcelona –terroristas callejeros- que la del policía para detenerlos, por eso es tan peligrosa la frase hecha “condenamos la violencia, venga de donde venga”.

La mayoría son frases tan comunes como injustas. No recoge el libro todo ese catálogo de lugares comunes con los que simplificamos las relaciones entre hombres y mujeres: “los hombres no son románticos” (mi santo lo es) como si la sensibilidad fuese exclusiva de las mujeres, o ese “todos los hombres son iguales” como si sólo ellos pensaran en el sexo, “los hombres no lloran”, o “a todos los hombres les gustan las tetas gordas”, y si no, que se lo digan al líder de IU en Andalucía. O ese que se oye cuando el macho adelanta a un coche conducido por una mujer al grito de “mujer tenía que ser”. Tópicos peligrosos.

 

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