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Perder y ganar

Con permiso de mis hijos, acérrimos madridistas (además, no estoy segura de que me lean), he seguido siempre con admiración a Guardiola y por eso he sentido su salida, no tanto por el fútbol –del que no estoy al tanto-, sino por su capacidad de liderazgo, por los valores que transmite, por su serenidad y equilibrio, así como por su estilo, sin estridencias.

En general, me parece fascinante el fenómeno social del fútbol. Es lo que más conversaciones genera (el periódico más leído es un periódico deportivo, Marca, donde el fútbol ocupa la mayor parte), y con la que está cayendo es un buen refugio frente a la crisis. El fútbol es la medida de la globalización, es la nueva religión y los estadios, las nuevas catedrales. El mundo del fútbol me parece, en general, excesivo, en todos los sentidos: en lo emocional, en lo económico, en lo espectacular, en lo mediático… Se le da mucha, demasiada importancia, de hecho se le llama “deporte rey”, y en ese mundo tan “excesivo” lo habitual son comportamientos “excesivos”.

Mira que es difícil encontrarse en este excesivo mundo mediático del fútbol personajes sensatos y equilibrados, y para uno que tenemos, se retira del escenario. Guardiola es mucho más que un entrenador de fútbol, es un educador social, que ha ejercido un liderazgo emocional. Michel, uno de los históricos jugadores del Madrid y ahora entrenador, decía en una entrevista que era “madridista de Guardiola”.

Echaremos de menos sus frases (¡y en la sección de deportes!), que valen no sólo para el fútbol, sino para la vida, como el valor del esfuerzo: “perdonaré que no acierten, pero no que no se esfuercen”; la confianza en uno mismo y la importancia de la autoestima: “tenemos que ser audaces, salir al campo y hacer las cosas, no sentarnos ni esperar a que sucedan”, “tenemos que demostrar lo que podemos hacer y que merecemos ganar, tenemos que ser valientes y salir a jugar”; el peligro del inmovilismo: “no hay nada más peligroso que no arriesgarse”; el espíritu de equipo y el valor de la humildad: “¿yo gané cuatro clásicos como entrenador? ¡No!, nosotros los ganamos”; la pasión por las cosas bien hechas: “tengo pasión por mi oficio, lo adoro, lo adoraba cuando jugaba, lo adoro cuando entreno, hasta cuando discuto sobre ello”.

Si por algo el deporte, en general, es una escuela de valores, es porque no puedes ganar siempre, te enseña también a perder, a saber perder, a aceptar que hay alguien que es mejor que tú y, por tanto, a ser humildes. Y Guardiola, que lo ha ganado casi todo en estos años, ha dado ejemplo también de ello: “lo que te hace crecer es la derrota”. Casi nada, qué difícil y qué importante es saber perder y saber ganar.

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