La Rioja

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Fecha: diciembre, 2012
Nuevo fin del mundo
Mayte 28-12-2012 | 7:39 | 2

Los hemos visto en grupos multitudinarios practicando bailes rituales o haciendo meditación en torno al calendario maya, por todo el mundo. Este fin del mundo vaticinado por los mayas para el pasado viernes ha sido uno de los acontecimientos más comentados en los medios y en las redes sociales. Unos por convicción y muchos más por hacer el friki, han seguido y celebrado el último fin del mundo y quedan a la espera del siguiente. Este, como todos los apocalipsis amarillistas ha sido un fiasco, un aburrimiento, no ha pasado nada. Y eso es lo malo, porque parece que el fin del mundo no es lo peor que podría pasarnos.

He perdido la cuenta de todos los fines del mundo a los que he asistido ya. Me llama la atención esta fascinación humana por asustarse con algo, este afán por sentir temor. ¿Nos acordamos todavía del efecto 2000? Pues ni los ascensores se cayeron, ni los programas informáticos dejaron de funcionar. En fin, como escribió Chesterton, “lo malo de que la gente haya dejado de creer en Dios, no es que ya no crea en nada, es que cree en cualquier cosa”.

Ni el fin del mundo va a venir de fuera, ni tampoco desde fuera hay una solución mágica para todos nuestros problemas. Todo depende de nosotros mismos, aún con nuestros miedos y nuestros temores. La misma situación para unos puede ser el fin del mundo y para otros, en cambio, es una prueba de superación, de coraje y de demostrar que se puede salir adelante.

En nuestro país andamos sobrados de agoreros apocalípticos, muchos por interés político, y estamos instalados en una especie de fin del mundo permanente, vamos, lo de los mayas pero a la española. Son los que anuncian el fin de la sanidad o de la educación públicas, o los que profetizan que se acaba con el sistema de pensiones. Pero este fin del mundo hispano también lo superaremos, como hemos superado otros, y saldremos adelante, con trabajo, con sacrificio, con esfuerzo, con solidaridad y con humor.

El mismo día del supuesto fin del mundo maya recibía un  guasap (whatsapp) que decía que la verdadera profecía de los mayas era más o menos esto: que no “maya” tocado la lotería, que no “maya” ido de vacaciones, que no “maya” dicho mi santo “yo me encargo de preparar todo para Nochebuena”, que mi jefe no “maya” subido el sueldo” y que hoy “maya” visto con más arrugas en el espejo.

El fin del mundo y el comienzo del paraíso podemos encontrarlos cada día. Depende de nuestras decisiones habitar el cielo o el infierno, aunque nos olvidemos de ello. Va a resultar que no nos viene mal que de vez en cuando vengan unos, en este caso los mayas, y nos lo recuerden con el anuncio de un nuevo fin del mundo.


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Cardo a la riojana
Mayte 16-12-2012 | 7:12 | 1

Se limpia el cardo, se parte en trozos pequeños y se pone en agua fría (esto es lo más latoso al prepararlo, yo esto se lo dejo a mi santo). Se cuece hasta que esté tierno y luego se escurre y se guarda el agua de cocción. Para hacer la salsa se fríe una taza de aceite con un diente de ajo, se rehoga una cucharada de harina y se vierte sobre el cardo. A continuación se le añaden unas almendras machacadas y una taza del agua de cocción. Se hierve todo junto durante diez minutos y a comer.

Nos complicamos la vida extraordinariamente en la cena de Nochebuena, cuando lo mejor es muy sencillo, un cardo a la riojana. Y bien barato. Este año, con la crisis, volvemos a las recetas de toda la vida. Y volvemos no solo en las comidas familiares, sino en tantas otras cosas. Sin ir más lejos, en los regalos.

Ya no vale aquel “me lo pido y me lo pido” con el que hemos convivido estos últimos años. Hay que pararse a pensar qué es lo que de verdad se necesita o cuál es ese regalo con el que queremos acertar porque solo podemos hacer uno. Así que hay que hacer de la necesidad virtud y afinar más.

Muchas veces se regalaba por regalar y a los niños se les inundaba con juguetes que no tenían ni tiempo de disfrutar. Ese exceso devalúa el regalo y es poco formativo. Se hacían cartas a los Reyes que parecían una copia del catálogo de juguetes, cuando se trata precisamente de hacer pocos regalos pero bien elegidos. Todos tenemos que interiorizar, no solo nuestros chavales, que no se puede tener todo.

Frente al furor consumista y a la locura por comprar, la crisis ha impuesto una cierta sensatez, evitando los excesos y el despilfarro. Ojo, no hay que pasar del todo a la nada, no se trata de no comprar nada, porque entonces nos derrumbamos como sociedad, sería el acabose. De lo que se trata es de hacerlo con sentido común, en los regalos y en las comidas y cenas navideñas.

Lo “no material” ha recobrado sentido: reunirse la familia o verse con los amigos es lo importante, no el hecho de que lo que se cena tenga que ser más caro de lo normal. De hecho, la mitad de los alimentos navideños termina en el contenedor, más del 50% de lo habitual. Es decir, se compra más caro, mucho más y encima se acaba tirando. La felicidad no reside en cenar angulas en Nochebuena (el que pueda que las compre, eso no lo critico), sino en poder juntarse la familia y disfrutar del mazapán casero y del cardo de la huerta de al lado. El espíritu de la Navidad y de estos tiempos está en ese sencillo (y exquisito) cardo a la riojana.

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