La Rioja

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Con buen pie
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Mayte | 14-01-2013 | 18:45

Parece que fue ayer cuando escuchaba a “Los Secretos” en los años ochenta, mis años universitarios de Madrid. Y cuando los vi el domingo en el Bretón, en el magnífico concierto con el que se cerraba el Actual de este año, me di cuenta de que habían pasado treinta años desde “Déjame” o “Por el bulevar de los sueños rotos”, y que este año cumplo cincuenta. Comprobé, como dice mi santo, “ahora que de casi todo hace más de veinte años”. En esta misma línea este nuestro periódico titulaba “la nostalgia pone el cierre a Actual”.

La nostalgia cierra Actual y cierra las Navidades, porque acaban estos días y nos invade una sensación extraña, de melancolía por estas fiestas ya pasadas y de una cierta ansiedad ante el calendario que una tiene por delante, y en el que hasta Semana Santa va todo seguido, sin una triste fiesta que echarse a la agenda. Encima, este año el final de las Navidades ha coincidido con el día mismo de Reyes, y al no haber tenido aquí fiesta al día siguiente, casi a la vez que cumplíamos con la ceremonia de los regalos nos dedicábamos a recoger los adornos de Navidad, el árbol, las bolas, las luces y el belén (con la mula y el buey).

Todo ello mezclado con una cierta sensación de nostalgia por las larguísimas sobremesas de las reuniones familiares, por los encuentros con los amigos (algunos a los que no veía desde hacía tanto tiempo) y por esa especie de tiempo detenido de las Navidades.

Pero una cosa es disfrutar en un concierto con la buena música de hace años o añorar las Navidades, y otra vivir anclados en la nostalgia. Y es que estoy convencida de que la nostalgia es un error y de que lo mejor está siempre por venir. Incluso en un año que pinta difícil como este.

De la misma manera que no podemos estar siempre ensimismados en los recuerdos, tampoco podemos vivir angustiados por el futuro, anticipando siempre algo malo. Además, la mayoría de las veces nos agobiamos por cosas que nunca ocurren.

Así que ni nostalgia, ni miedo. Por mal que estén las cosas no podemos renunciar a los sueños o, sencillamente, a que somos capaces de conseguir aquello por lo que trabajamos. A pesar de los apocalípticos, de los cínicos del pesimismo y de los agoreros, siempre creo que es mejor intentarlo que tirar la toalla, que juntos podemos y que lo mejor está por venir. Hay que saber adaptarse a las circunstancias,  hay que tener esperanza, ganas de salir adelante, fuerza para intentarlo y, en fin, aunque no esté de moda, eso que llamamos optimismo. Necesitamos este ánimo para empezar el año con buen pie.

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