La Rioja
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Autor: Mayte
Bulos
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Mayte Ciriza | 08-12-2017 | 9:15| 0

Resulta que no era un independentista catalán el que aparecía sangrando –supuestamente por un golpe de la policía nacional- en la foto el día 1 de octubre de este año, ni era en Barcelona, sino un minero en una manifestación  en Madrid en 2012. Resulta que la brecha del niño en la cabeza no era de ese mismo día ni debida a la guardia civil, sino de cinco años antes y producida precisamente por los Mossos. El 1 de octubre, en el frustrado referéndum secesionista, estas fotos trucadas y otras “noticias falsas” (como lo de los 1.000 heridos) corrieron como la pólvora por todos los medios de comunicación, colocadas por los aparatos de propaganda independentista. Hasta entonces no habíamos sufrido en nuestro país una campaña tan cruda e intensa de lo que se llama “fake news”, es decir, “noticias falsas”.

El resultado del referéndum del Brexit se debió, como se ha sabido después, a una hábil difusión de noticias falsas. En Estados Unidos, empezaron con que si Obama no era estadounidense, que si había nacido en Kenia, hasta el punto de que tuvo que enseñar su partida de nacimiento, y siguieron con que si Hilary había tenido una aventura con Yoko Ono, o que pertenecía a una red de pedofilia. Mucha gente se llegó a creer la noticia de que el Papa Francisco apoyaba a Trump. Y así, bulo tras bulo, Trump ha llegado a ser presidente. Como se ha demostrado ya a estas alturas, los rusos son los campeones de las trolas, inundan con noticias falsas para desestabilizar las democracias occidentales, también en España (como se ha visto en Cataluña).

Cada año, los editores del Diccionario Oxford seleccionan la palabra del año. Este la elegida ha sido precisamente “fake news”. El año pasado la palabra fue “post-truth”, que en español hemos traducido como “posverdad”, definida en el Diccionario de Oxford como “la actitud de resistencia emocional ante hechos y pruebas objetivas”, en fin, es creerse lo que uno quiere al margen de la realidad, y es que cada uno se engaña como le da la gana. Me llama la atención que durante dos años seguidos la mentira está en el alma de la palabra inglesa del año.

Ante la sobreinformación bajo la que vivimos, la gente no piensa cuando lee. Hay también una relación directa entre las noticias falsas y el uso de las redes sociales, en las que no hay un filtro fiable en la selección de la información, no se comprueba la verosimilitud de lo que se cuenta. Para evitar la propagación de las noticias falsas necesitamos medios serios de comunicación. La mejor manera de evitar que nos engañen es más periodismo.

La FUNDEU se encarga de elegir la palabra del año en español: el año pasado fue “populismo” (por cierto, “posverdad” fue finalista), los anteriores, “refugiado” y “selfie”. Siendo la FUNDEU, que vela por el buen uso de la lengua española –entre otras cuestiones, frente al tsunami del inglés-, al menos cabe esperar que no elija una expresión en inglés, como “fake news”. Yo voto por “noticias falsas” o “bulos”.

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Desagradables
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Mayte Ciriza | 24-11-2017 | 8:19| 0

Se acercó a su mesa de trabajo en el banco, se paró delante de ella, la miró fijamente y le dijo: ¡“Ayyyyy! ¡Con lo guapa que eras!”. Mi hermana se quedó sin palabras cuando esta clienta le espetó de repente esto, después de mucho tiempo sin verla. Casos de estos tenemos todos. A una amiga mía le pasó hace unos meses, salió su edad en la conversación y le dijeron: “¡Ah! ¿Pero solo tienes 49? Pensaba que tenías más”. Mi amiga se quedó clavada, incapaz de reaccionar.

¿Quién no se ha topado con gente que sin tener mayor confianza contigo te hace una observación desagradable? Todos los días nos toca tratar con personas así, que te dicen cosas del tipo “con ese vestido parece que estás embarazada” o hachazos que te dejan noqueada, como “Uyyy! ¡Cómo te has puesto! ¡Has engordado!”

Normalmente esta gente no tiene mala intención, expresan lo primero que les viene a la cabeza, sencillamente no filtran lo que dicen, con lo cual ya se sabe de qué manera se puede relacionar una con ellos: cuanto menos, mejor. Lo más recomendable en estos casos es aplicar el sentido del humor, no darle importancia y cambiar de tema. De todas formas, siempre he pensado que si no tienes nada bueno que decirle a la otra persona, lo mejor es callarse, no hay por qué hacerle ninguna observación.

El problema no es esta gente, no. El problema son los que tienen mala leche, los que descargan en ti su rabia, su frustración, su amargura vital o su soberbia. Rufián, por ejemplo, está en cabeza de la lista de los bordes y desagradables. Y, fuera de nuestro país, Trump hace todo lo posible para mantenerse también en lo más alto de la lista.

Pero no solo los vemos en la política o en la tele, en el día a día todos tenemos que lidiar con gente así. Lo ideal sería evitarlos, aunque es irremediable tener contacto con ellos. Lo que sí podemos lograr es que no nos afecte. Hay que entrenarse para ello, esto no es innato, pero hay que conseguir que esa gente no te enfade ni te cabree, porque entonces ya han logrado contagiarte y transmitirte su amargura vital o su soberbia.

Los sabelotodo, los que solo ven las dificultades, los que nunca sonríen, los que están quejándose permanentemente de todo, los que están siempre criticando a los demás,  los engreídos que se creen más que el resto, los neuróticos que tienen que estar siempre controlando a los demás, los que no dejan de juzgarte y opinar sobre ti… Identifícalos, y no te dejes, que no te afecten. Vacúnate contra los desagradables.

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RH en el fútbol
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Mayte Ciriza | 22-11-2017 | 10:09| 0

Una de las mejores cosas que les ha pasado a mis hijos es jugar al fútbol. Uno de ellos sigue haciéndolo. Practicar deportes en equipo es mucho más que hacer ejercicio físico y llevar una vida saludable, que ya es bastante; es toda una escuela de vida, es aprender unos valores: el de la solidaridad, el esfuerzo, el compañerismo, la disciplina, el respeto, el espíritu de sacrificio, el saber ganar y perder.

He visto la infinita tristeza de uno de los amigos de mis hijos cuando le dijeron que no podía continuar en el equipo por su condición física, porque no tenía la técnica suficiente según el entrenador. Siempre he pensado que son mucho más importantes todos estos valores y la práctica deportiva escolar que la mera competición, y que por encima de todo está el valor educativo del deporte base, más que los trofeos que estos chavales puedan conseguir. Por eso no estuve de acuerdo con que se apartase a aquel joven, cuyos amigos seguían en el equipo, y así se lo trasladamos varios padres y madres a los responsables del club. No lo sacaron mucho a jugar, pero pudo seguir entrenando y viajando con sus compañeros de siempre.

Estos últimos días se ha hecho público que el Athletic de Bilbao ha expulsado a 150 niños riojanos del centro de tecnificación deportiva que tiene el club en Oyón. Los ha expulsado, una vez empezada la temporada, porque no son nacidos ni residentes en el País Vasco, Navarra o el País Vasco francés. ¿Cómo explicarles a estos niños que no los quieren por ser riojanos, y no por cómo juegan en el campo? En La Rioja ha habido siempre una gran relación con el Athletic, con destacados jugadores riojanos en el primer equipo,  con una larga tradición de apoyo a ese club y con muchos seguidores de ese equipo en esta región.

A preguntas de los medios, el Presidente del Athletic, Josu Urrutia se llama, dijo: “los chicos y chicas nacidos en el País Vasco se sienten mal cuando un jugador nacido en La Rioja viste la camiseta y no es autóctono”. Estas declaraciones tienen un tufo xenófobo y racista. Decisiones como la que se ha tomado para expulsar a 150 niños de La Rioja por el hecho de no haber nacido en el País Vasco nos recuerdan que algunos siguen defendiendo una pureza de la raza. Hace unos años Arzalluz se refería a la identidad racial de los vascos basada en el RH negativo. Pensábamos que esto estaba superado. Pero no, ese supremacismo racial sigue vivo. Es lo que ha pasado con estos niños. El RH negativo llevado al fútbol base.

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Ya estoy llegando
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Mayte Ciriza | 21-11-2017 | 9:21| 0

Habíamos quedado en la cena anual las compañeras de curso, y Pilar, para no variar, no llegaba, así que le enviamos un guasap: “¿dónde andas? ¡Te estamos esperando!”, y nos contestó que tardaba cinco minutos, que al final fueron veinte. Al llegar, que si no encontraba sitio para aparcar, que cómo está el tráfico en Logroño, que si le habían llamado justo al entrar y llevaba diez minutos hablando en la puerta…, en fin, lo de siempre, excusas atropelladas e inventadas para justificar la impuntualidad.

Pero el no llegar, con la nueva opción de guasap, se va a acabar. La red de mensajería va a activar una opción que permite localizarnos al instante, es decir, que muestra a nuestros contactos dónde nos encontramos en ese momento. La opción puede ser muy práctica, como dice Facebook (propietaria de Guasap) al presentarla: puede servir “para reunirte con tus amigos, avisar a tus familiares de dónde estás o compartir tu trayecto”.

Realmente esta opción de localización puede ser muy útil para los adolescentes que vuelven a casa, para que te localicen si te ha sucedido algo o para los aficionados a la montaña. En cambio, no está recomendada para los adúlteros, para los que no quieren que se sepa dónde están o para los que llegan siempre tarde.

Si para algo va a servir esta opción de guasap es para que lleguemos puntuales a los sitios. La puntualidad  tiene mucho que ver con el respeto a los demás, es una muestra de rigor personal, una virtud. Ser impuntual, sin embargo, es una falta absoluta de educación, es un acto de desprecio hacia el que espera, es una falta de empatía porque el impuntual no se pone en el lugar del otro y considera su tiempo más valioso que el tuyo. Ser puntual, obviamente, no quiere decir llegar una hora antes, porque tampoco eso está bien visto, puede parecer más bien una muestra de ansiedad o de despiste.

Llegar tarde da una imagen pésima del tardón y en lo profesional es algo muy negativo. Quien llega tarde demuestra que es poco fiable y es un irresponsable. Y lo que es peor, el impuntual hace perder el tiempo a los demás, y el tiempo es lo más valioso que tenemos. Si alguien no es capaz de organizar su agenda, de cumplir sus compromisos y de llegar a tiempo, ¿cómo va a desarrollar bien su trabajo?

En lo personal somos más comprensivos con el que llega tarde, pero es igualmente una falta de respeto. En cualquier caso, si ya es la hora a la que habías quedado y aún no has salido de casa, ya puedes ir desactivando la opción de localización en el guasap, porque cuando te pregunten: “pero, ¿dónde te metes? Estamos todos y solo faltas tú”, no podrás contestar, mientras te estás vistiendo: “ya estoy llegando”.

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Jetas
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Mayte Ciriza | 21-11-2017 | 9:17| 0

La semana pasada tuve reunión de la comunidad de vecinos, y el administrador nos contó que hay un vecino que lleva varios meses sin pagar el recibo de la comunidad, y no tiene precisamente problemas económicos, más bien todo lo contrario. Utiliza el ascensor, da la luz de la escalera cuando vuelve de cenar por ahí, se ducha con agua caliente y pone la calefacción (que son centrales), pero no paga ni un euro de todos estos gastos comunes. Si coincides con él te saluda tan campante, ni un asomo de mala conciencia. Me pregunto cómo es posible tener tanto morro, y también cómo somos tan excesivamente educados el resto de vecinos que no le reprochamos lo caradura que es.

En la vida diaria nos encontramos con muchos tipos de jetas. Los del trabajo, esos que están siempre olisqueando lo que haces para aprovecharse de tus ideas, de tu esfuerzo, de tu conocimiento o de tus contactos. O los que se piden la baja a la primera de cambio y sus compañeros tienen que apechugar con su parte del trabajo. ¿Quién no ha tenido, siendo estudiante, compañeros de esos que estaban todo el día pidiendo los apuntes y los resúmenes de los libros, pero nunca compartían los suyos?

Durante mucho tiempo llevé a los entrenamientos de fútbol a un compañero del equipo de mi hijo, que vive cerca, en la misma manzana, pero cuando varias veces necesité que sus padres acercaran al mío a casa, nunca les venía bien. Y qué decir de esos que se despistan cuando hay que pagar la ronda de vinos o nunca llevan suelto.

Todos tenemos parásitos conocidos, y todos sufrimos las consecuencias de los parásitos sociales: los que piratean películas o libros, los que defraudan a Hacienda, los que hacen trampas con los subsidios o las ayudas sociales, los que no pagan el IVA… ¿Cuánto dinero se nos va a todos en estos jetas?

La mentira, la manipulación y el victimismo son las técnicas habituales del caradura. En lo personal se aprovecha de la amabilidad del vecino, de la buena fe del compañero de trabajo, de la bondad del amigo. En lo social se aprovechan de que no se les denuncia y de la dejadez de las administraciones en perseguir estas conductas. Todos se benefician de que nunca se les planta cara.

Lo único bueno de los jetas es que se les pilla pronto, se les ve venir. Hay que dejarse de buenismos y establecer límites una vez detectado el chupóptero, mantener una distancia vital de seguridad y, en la medida de lo posible, evitarlos. La vida es mucho más agradable, más fácil, más tranquila y más feliz sin tener alrededor jetas.

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