La Rioja
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Autor: Mayte
Disfrutar
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Mayte Ciriza | 28-09-2017 | 6:03| 0

Aunque no he podido estar toda la semana, he disfrutado a tope de los días que he estado en San Mateo, al poder compartir buenos ratos con buenos amigos, algo que muchas veces el día a día no te lo permite. Pero no solo hay que aprovechar las fiestas para disfrutar. El secreto de la felicidad está en disfrutar cada día con lo que se hace y en sufrir lo menos posible, aprovechar los buenos momentos que te ofrece la vida.

La semana que viene, y aunque no lo parezca, me caen cincuenta y cuatro años, uno detrás de otro, y con el paso del tiempo cada vez se valoran más esos momentos de felicidad en los que de verdad disfrutas de la vida. Hay personas que viven atrapadas en el pasado, siempre pensando en las oportunidades que perdieron o en la mala suerte que tuvieron en determinado momento; hay otro tipo de personas que viven angustiadas por el futuro -no se trata de no preocuparse por el futuro-, pero tampoco de que nos atenace y paralice pensando que puede ir mal; y hay un tercer grupo que, pensando razonablemente en el futuro, se centran más en el presente y en la vida, son los que hacen suyo el lema mi santo, citando a sus clásicos, “carpe diem”, algo así como “disfruta cada momento”. Conviene rodearse siempre de “disfrutones”,  porque todo se pega (menos la hermosura).

Hay que disfrutar cada instante de vida, cada segundo, porque lo único que no se recupera jamás es el tiempo perdido. Hay que tener una planificación de futuro, pero sin volverse loco, Como escribió John Lennon, “la vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes”.

En el estupendo suplemento del pasado domingo de este nuestro periódico, el XL Semanal, venía una carta de un lector en la que se extrañaba porque el verbo “disfrutar” no se encuentra entre las 500 palabras más usadas en español. Me fui al Corpus de Referencia del Español Actual, de la Real Academia de la Lengua, y no es que no esté entre las 500 más usadas, ¡es que en el índice de frecuencia está en la posición 3.905! Si vamos a las 5.000  palabras más usadas (un ciudadano medio utiliza más o menos 2.000 vocablos), comprobamos que “sufrir” ocupa la posición 3.013 de las más usadas, es decir, que se utiliza más que “disfrutar”. También se utiliza más “triste” (posición 2.142) que “alegre” (hay que bajar hasta el puesto 3.749 para encontrarla). Y está antes “depresión” (2.167) que “felicidad” (2.494). Cómo hablas indica cómo piensas, las palabras revelan nuestra manera de entender la vida.

Así que tenemos que aprender a disfrutar todavía más, en el día a día, en cada una de las cosas que hagamos, aquí tenemos mucho que mejorar. Tenemos que hacer nuestras las palabras que Cruyff les dijo a sus jugadores en la final de la Copa de Europa de 1992 (ahora Champions League): “estáis en Wembley y vais a jugar la final de la Copa de Europa, así que salid ahí fuera y disfrutad”.

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Siempre negativos
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Mayte Ciriza | 28-09-2017 | 6:02| 0

Supongo que será una de las fotos del año, la de Rafa Nadal y Garbiñe Muguruza posando hace unos días con una enorme bandera de España desde el Campeonato Nacional de Tenis (le llaman “Open”) de Estados Unidos. Por primera vez en la historia, dos españoles ocupan el primer puesto del ranking mundial masculino y femenino. La foto ha triunfado en las redes y nos ha hecho sentir, una vez más, el sereno orgullo de ser españoles.

Pero no solamente me siento orgullosa cuando ganan nuestros tenistas o cuando veo a la selección de Baloncesto arrasar estos días en el Eurobasket o a la de fútbol dar una clase magistral ante la italiana, como la semana pasada. Nos sabemos la mayor parte de los nombres de los deportistas que ganan copas o medallas, y eso está bien, pero hay muchos más campos y nombres españoles que son referencia mundial y de los que sentirse muy orgullosos.

Jugamos, por ejemplo, la Champions Ligue de la ciencia. Es para sacar pecho de este país el tener, por ejemplo, científicos punteros en la biomedicina mundial, como los oncólogos Josep Baselga, Mariano Barbacid y María Blasco, el cardiólogo Valentí Fuster, Pedro Alonso, director del Programa Mundial de Malaria de la OMS, el neurólogo Rafael Yuste, y tantos otros.

Podemos y debemos presumir de ser uno de los países con uno de los índices más altos de esperanza de vida del mundo (83 años); somos uno de los más tolerantes y liberales; tenemos una de las mejores democracias del mundo según el Democracy Index de The Economist; nuestras Escuelas de Negocios ocupan las primeras posiciones del planeta; nuestra gastronomía es una referencia mundial; somos el segundo país del mundo en kilómetros de AVE; en definitiva, somos un país moderno y avanzado, a la cabeza de los mejores del mundo.

Pero los españoles seguimos evaluándonos como si esto fuese una república bananera. Esto no es de ahora, ya en el XIX escribió el poeta catalán Joaquín Bartrina, sí, ya entonces: “oyendo hablar a un hombre, fácil es / acertar dónde vio la luz del sol. / Si os alaba Inglaterra, será inglés, / si os habla mal de Prusia, es un francés, / y si habla mal de España, es español”. Los más de 80 millones de turistas que van a visitarnos este año no opinan mal de nuestro país, por algo vienen aquí: somos el tercer país con más turistas del mundo (junto a Francia y Estados Unidos) y el mejor destino turístico mundial según el World Economic Forum.

Claro que tenemos mucho que mejorar, ¡ni que todo estuviera hecho! Pero no se puede permitir ese tono apocalíptico que utilizan tantos. Unos por derrotismo, algunos por rentabilidad política, otros porque, como niegan España, necesitan presentarla siempre mal. Como decía aquel entrenador holandés del Barça, Van Gaal, demasiados se empeñan en tener una actitud “nunca positiva, siempre negativa”.

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Buen gusto
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Mayte Ciriza | 28-09-2017 | 5:59| 0

Están en la esquina de la zona del Palacio de los Deportes con la rotonda de la circunvalación. Se sientan en grupo en sillas de camping, con su flamante chándal y gorras de béisbol, con las puertas abiertas de los coches tuneados, muchos con alerón, de los que sale a todo volumen música electrónica. Algunos grupos llevan también la mesa de camping y ahí meriendan o juegan a las cartas. ¿Qué placer pueden encontrarle a hacer esto junto a la circunvalación, bajo el ruido incesante del tráfico? Tan jóvenes y ya ejerciendo de macarras urbanos.

El verano es una época muy propicia para la horterada. En las ciudades, en los pueblos, en la playa, es como si hubiera una invasión de horteras. En realidad son los mismos que vemos durante el resto del año, pero ahora, sin los corsés del trabajo, sin la protección de las convenciones del día a día, se deja al descubierto el verdadero yo y aflora lo cutre que anida dentro de tantos.

La camiseta de tirantes con la riñonera, calcetines con sandalias, el bañador turbo (marcando paquete), las terrazas de garitos cutres llenas de gente devorando a voz en grito comida de plástico en sillas de propaganda, mientras suenan pasados éxitos del verano…

La vulgaridad avanza, no tiene fronteras, ni ideología. Ahí tenemos a Maduro y a Trump, dos tipos que coinciden en su ostentación de la vulgaridad, cada uno a su manera (los populismos son la exaltación del mal gusto). Tampoco tiene clases sociales ni sexo, porque puedes ver tanto al tipo que se baja del flamante todo-terreno-último-modelo a comprar la barra de pan en el supermercado con la camiseta de tirantes, sus buenas cadenas de oro al cuello y el anillo de sello, como a la rubia platino que se exhibe con su churri por el paseo marítimo con el top de leopardo enseñando el ombligo con piercing y zapatos de inverosímil tacón brillante.

No tiene nada que ver con el pijerío. En una austera aldea de una carretera secundaria de Galicia, he visto este verano lo más auténtico y elegante en aquella pareja de ancianos que nos ayudaron a encontrar la tasca que nos había recomendado Manolo el gallego. La sencilla elegancia de lo auténtico.

A la lujuria, pereza, gula, ira, envidia, avaricia y soberbia –los siete pecados capitales- habría que añadir uno más, la vulgaridad. En una sociedad que hace ostentación de lo cutre, de lo hortera, de lo basto, de lo kitch (la gran educadora de la sociedad, la televisión, está plagada de todo ello), es importante cultivar la sensibilidad. Si la gente es más sensible, es también más educada a la hora de pedir las cosas por favor, de no molestar al vecino con ruidos o de no invadir el espacio de otros. Hay que reivindicar una cierta armonía y enseñar a apreciar la belleza, la autenticidad, en fin, eso que llamamos buen gusto.

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Prestar atención
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Mayte Ciriza | 28-09-2017 | 5:54| 0

Llevo un buen rato intentando empezar este artículo, pero me han entrado varios guasaps que he contestado, ya de paso he navegado en larioja.com para leer las últimas noticias y he escrito un par de tuits. Vamos, que llevo media hora y todavía no he escrito una sola línea. ¿Por qué nos cuesta tanto concentrarnos?

El consuelo es que no solo me pasa a mí, esto le pasa a todo el mundo. Es algo que vemos cada día, en las conferencias, en los actos, siempre hay asistentes que están jugueteando con el móvil sin prestar atención a lo que se está contando o sencillamente en la inopia, pensando vete tú a saber en qué.

¿Es verdad que cada vez somos capaces de concentrarnos durante menos tiempo? Yo creo que no, pero es cierto que cada vez hay más estímulos externos y cuesta focalizar la atención en una sola tarea. Estamos sometidos a un bombardeo de distracciones digitales y atendemos tanto a la pantalla del teléfono móvil, que parece que no somos capaces de concentrarnos en todo lo demás. Y, además, no solo tenemos todo este ruido exterior, sino que también tenemos nuestro propio ruido interior, es decir, nuestras preocupaciones y problemas, que nos asaltan cuando intentamos concentrarnos.

Hay un meme muy ilustrativo al respecto, de los de “¿qué queremos?”. A la pregunta “¿qué queremos?”, contestan: “¡un remedio para el déficit de atención!”, y a la siguiente pregunta de “¿y cuándo lo queremos?”, replican: “¡mira, un perro!”. Es uno de los problemas a los que nos enfrentamos: prestar atención. Da la impresión de que cada vez nos acostumbramos más a estar ausentes del presente.

Como señala el psicólogo Daniel Goleman, “la atención es un músculo que se debe entrenar”. Hay buenas técnicas para mejorar la atención plena, para conseguir lo que se llama “Mindfulness”, es decir, combatir las distracciones y concentrarse en lo que se está haciendo, en el aquí y el ahora. El cerebro no es multitarea, solo podemos concentrarnos en una cosa a la vez. Aunque también es verdad que la atención que le prestamos a una tarea está relacionada con la atención que requiere esta tarea, es decir, no es lo mismo operar a corazón abierto que poner una tirita.

No prestar atención puede tener consecuencias muy graves, como la semana pasada en el metro de Roma, cuando una mujer quedó atrapada en el último vagón del metro y fue arrastrada por todo el andén, porque el conductor iba comiendo en la cabina, se despistó y no prestó atención. Hace años cantaba Radio Futura en “Escuela de calor”: “vas por ahí sin prestar atención, y cae sobre ti una maldición”. Por eso, en la vida hay que estar a lo que se está y no distraerse. Si has llegado al final de este artículo es que he conseguido, y te lo agradezco, que durante estos minutos me hayas prestado atención.

 

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Despacito
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Mayte Ciriza | 28-09-2017 | 5:39| 0

“Una vieja y un viejo van p’Albacete, van p’Albaceteee… Y en mitad del camino va y se la mete, va y se meteee. La mano en el bolsillo y saca un billete, saca un billeteee…” Aún recuerdo la letra chabacana de aquella canción del verano de hace mil años. Canciones soeces de este tipo las sufrimos a menudo, pero una cosa son canciones cutres como esta y otra las que hacen apología del machismo y de la violencia hacia las mujeres.

No creo que ahora haya más canciones de este segundo tipo, pero prestamos más atención y estamos más vigilantes ante este machismo con ritmo pegadizo. La polémica ha surgido por la propuesta del Instituto Vasco de la Mujer que ha sugerido una lista de canciones en Spotify “libres de violencia sexista” para el verano, la época por excelencia de las fiestas, en las que tan presente está la música. ¿En qué pueblo no hay una fiesta con verbena estos meses?

En esa lista no se incluyen algunas de las que más están sonando este año, como “Despacito” de Luis Fonsi y Daddy Yankee, “Súbeme la radio” de Enrique Iglesias, o “Me enamoré” de Shakira. A partir de aquí, han sido muchos los que han interpretado esto como un veto o un intento de prohibición, pero no es así. Lo que el Instituto Vasco de la Mujer propone son canciones que no tienen un contenido sexual degradante para las mujeres y que defienden su capacidad de decisión. Por cierto, que esas tres canciones son sensuales, sí, pero las letras no tienen contenidos que inciten al machismo, no sé por qué no las han incluido. Más allá de las canciones de la lista, lo importante es este debate.

La música es una fuente de culturización y de educación, especialmente para los más jóvenes. Bajo esos ritmos pegadizos y divertidos que escuchamos se esconden muchas veces, demasiadas veces, mensajes que degradan a la mujer, que la presentan como sumisa y a las órdenes del macho alfa.

Lo peor de todo es que los jóvenes no sólo están reproduciendo conductas discriminatorias, que pensábamos superadas, sino que entre ellos el machismo y la violencia de género están aumentando. Por desgracia, las leyes contra la violencia machista no implican su erradicación. Y un ejemplo lo tenemos en las letras de algunas de las canciones que triunfan.

El cantante colombiano Maluma, uno de los reyes del reguetón, con millones de reproducciones de sus vídeos y millones de seguidores en las redes, en su canción “Cuatro Babys”, canta: “estoy enamorado de cuatro babies/siempre me dan lo que quiero/chingan cuando yo les digo/ninguna me pone pero”. El famoso rapero Eminem, también con millones de seguidores en todo el mundo, en uno de sus más conocidos raps, dice: “Puta, tienes que salir corriendo…Y hacerme el desayuno, perra, eso es un requisito previo”. Rap y reguetón, dos géneros en los que el machismo está muy presente.

No se trata de que las canciones no tengan contenido sexual (esto no es Arabia Saudí, afortunadamente), pero desde luego se trata de que no tengan un contenido degradante para las mujeres, que no las presenten como un trofeo para los hombres, que no aparezcan como sumisas ante los machos. Y en esto no habría que ir despacito.

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