La Rioja
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Autor: Mayte
Campeones
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Mayte Ciriza | 17-05-2018 | 7:31| 0

Álvaro es ordenanza en el Ayuntamiento, informa y orienta a la gente que entra, lleva  documentación de un departamento a otro, hace fotocopias y organiza y tramita la correspondencia. Tiene siempre una sonrisa en la boca y lo hace todo con un entusiasmo envidiable. Alvaro tiene síndrome de Down.

Marina trabaja como camarera en un restaurante, se encarga de tomar nota de la bebida, de recoger y limpiar las mesas, de prepararlas para la siguiente comanda y de entregar los abrigos al salir. Pone todo el empeño del mundo en su trabajo y crea un rollo estupendo con los clientes. Gloria tiene una discapacidad intelectual.

Jóvenes como Álvaro y Marina luchan por salir adelante, trabajan, no todos viven con su familia, algunos incluso viven solos, otros en pisos tutelados compartidos con otros jóvenes con discapacidad. Jóvenes como Álvaro y Marina son los verdaderos protagonistas de “Campeones” de Javier Fesser, una película que no te puedes perder.

En “Campeones”, Marco (interpretado por Javier Gutiérrez) es el segundo entrenador de un equipo español de baloncesto de primera división. Lo despiden del equipo, tiene problemas con su mujer y con casi todo lo que le rodea, y mantiene una actitud negativa ante la vida. Estrella su coche por conducir borracho y la juez le ofrece realizar trabajos sociales en beneficio de la comunidad para evitar la cárcel, en este caso entrenar un modestísimo equipo de baloncesto formado por jóvenes con discapacidad intelectual. Marco es un analfabeto emocional, que desprecia a las personas con discapacidad y que hace todo lo posible por escaquearse, pero a lo largo de la película la experiencia con estos jóvenes le transforma. Le transforma en una buena persona.

La película es una mezcla deliciosa de humor y ternura, con una capacidad extraordinaria para emocionar, que te hace reír y llorar. Los jóvenes con discapacidad no son actores, aparecen en la película tal como son, por eso es tan auténtica, que es una de las claves. En esta sociedad de postureo y de adornarse con másteres inexistentes, estos chavales son la esencia de la autenticidad, de la sencillez, de la cercanía, un ejemplo de humanidad.  En un mundo empeñado en poner etiquetas a todo, estos jóvenes rompen los estigmas y miran todo sin prejuicios.

Se aborda la realidad de estos jóvenes de frente, sin paternalismos, con naturalidad. Llama la atención su falta de prejuicios y su compañerismo, son un equipo en la victoria y en la derrota. Espero que sirva para darles visibilidad y favorecer su integración.

Los jóvenes que aparecen en esta película son la muestra de tantas personas con capacidades diferentes que luchan cada día por superarse a sí mismas, por trabajar, por salir adelante. Son más, mucho más que campeones.

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Las kellys
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Mayte Ciriza | 17-05-2018 | 7:29| 0

Sales de la habitación del hotel y siempre ves un carro alto, enorme, en el pasillo, lleno de cosas: de sábanas y toallas limpias, de productos de limpieza y de higiene personal, de trapos, de cubos y fregonas. Cerca hay siempre una mujer con uniforme entrando o saliendo de las habitaciones que limpia y pone en orden y que saluda amablemente a los clientes, aunque muchos ni las ven. Son las que se autodenominan “Las Kellys”, una manera coloquial de referirse a “las que limpian”. Son casi invisibles, pero si la habitación no está perfecta, el cliente pone el grito en el cielo. Pensando en la persona que limpia siempre intento dejar la habitación del hotel lo más recogida posible.

Las kellys son mujeres que limpian habitaciones de hotel, a través de servicios muchas veces externalizados, que cobran en torno a 2 € por habitación y que trabajan contrarreloj para dejar impecables en torno a 20 o 25 habitaciones diarias por salarios que difícilmente sobrepasan los 700 € al mes, por más de 8 horas diarias de trabajo. Los hoteles tienen que ajustar los precios por la presión de las plataformas de reserva por internet, como Tripadvisor o Booking. Y esto repercute en los sueldos de los que trabajan en el sector.

No son las únicas en estas condiciones. Fuimos con nuestros amigos a una cena que había organizado una pareja que nos querían presentar en Madrid. Era un encuentro informal y se trataba de picotear algo. Después de las presentaciones, nos dijeron que el repartidor de Deliveroo se retrasaba. Al cabo de un rato apareció sudoroso un chaval que había venido pedaleando con la comida en una enorme caja a la espalda.

Hasta entonces no había querido encargar nada a través de esas aplicaciones de móvil que hacen de intermediarios entre el restaurante y el consumidor, explotando a los que llevan el pedido. Los llaman “riders”, es decir, “jinetes”. Jinetes en bici. Nunca he querido contribuir a esta nueva esclavitud.

Cada vez que los veo pedalear sin descanso por las calles con esos contenedores isotermos en la bici, cobrando una miseria por cada pedido y teniendo que darse de alta como autónomos –lo que se llama falsos autónomos-  haciendo un montón de horas al día, a 4,25 € el pedido (da igual la distancia), de manera que ni siquiera llegan a 700 € al mes, pienso que algo estamos haciendo mal. En cambio, las plataformas de internet que gestionan estos pedidos se forran. Por ejemplo, Deliveroo ganó en 2016, 145 millones de euros. A costa del trabajo precario de miles de falsos autónomos.

La semana pasada Rajoy recibía en Moncloa a una representación de “Las Kellys”, las camareras de piso de los hoteles. Espero que el hecho de que el Presidente del Gobierno las haya recibido sirva para que, además de hacerlas visibles y tomemos conciencia de su condición, mejore su situación laboral y aumenten sus míseros sueldos y los de tantos otros trabajadores en nuestro país. Las kellys y los repartidores de comida a domicilio son una muestra de la precariedad laboral, pero no son los únicos. Hay muchos trabajadores en nuestro país que son “Kellys”.

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Sin protección
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Mayte Ciriza | 17-05-2018 | 7:26| 0

Entré hace unas semanas a mirar casas rurales en La Rioja para unos amigos que vienen por aquí estos días de Semana Santa y poder recomendarles algo y desde entonces, cada vez que entro en internet, me aparecen anuncios de casa rurales en La Rioja y alrededores.  Salgo de casa a primera hora de la mañana para ir a mi trabajo y sin haber tecleado nada en el móvil me aparece un mensaje en el que me dice lo que voy a tardar en llegar. Consulté horarios de vuelos y desde entonces me aparecen también en internet ofertas para ese destino.

Estamos controlados por Google, en algún lugar de la nube está almacenada toda la información, saben todo de nosotros: nuestro nombre, dirección, edad, dónde trabajamos, correo electrónico, modelo de teléfono, compañía telefónica, el consumo de internet, las palabras que usamos con más frecuencia dentro de los correos electrónicos, las fotografías que hacemos con el teléfono (aunque las borremos y no las subamos nunca a una red social), qué compramos, cuándo lo hacemos, por dónde nos movemos, la fecha en que fuimos a aquel sitio y por qué ruta lo hicimos.

Lo saben todo. La culpa es nuestra. Les damos toda esa información para tener una cuenta gratis de correo electrónico, pagar con el móvil o para poder usar Google Maps. No pagamos con dinero. Pagamos en información. Información sobre cada uno de nosotros. Eso es lo más valioso.

Pero todavía pueden saber más sobre nosotros, como es el caso de Facebook, al que damos toda nuestra información personal: con quién estamos, dónde, qué hacemos, qué comemos, qué opiniones tenemos sobre cualquier cosa, qué libros leemos, qué películas nos gustan, qué días vamos a Laurel, si nos gustan más los pinchos de la calle San Juan o de San Agustín y si preferimos tinto o blanco. Los jóvenes y adolescentes son especialmente vulnerables por ser especialmente usuarios de las redes. Google lo controla todo, pero ¿quién controla a Google?

Esto es gran hermano de Orwell. Con la diferencia de que, como leía hace unos días en una entrevista a un filósofo coreano, en la novela “1984” de Orwell, la sociedad era consciente de ser dominada, mientras que hoy en día ni siquiera somos conscientes de esa dominación”. Si fuera un país, Facebook sería el país más poblado del mundo, con más de 2.000 millones de usuarios, pero ¿quién controla a Facebook? En su momento tuvieron problemas con las fake news, una manera fina de llamar a las noticias falsas. Estos días el mundo entero se ha escandalizado por el uso irregular de datos de millones de usuarios de Facebook para la campaña electoral de Trump. Vamos a ver cómo acaba todo esto y si les cae una buena sanción o queda en agua de borrajas.

Ante un poder político superado por el mundo digital, menos mal que nos quedan los medios de comunicación para denunciar este uso no autorizado de nuestros datos personales. En nuestras casas tenemos cerraduras, puertas blindadas e incluso alarmas. En el mundo digital, en cambio, dejamos la puerta abierta para que cualquiera que pase entre sin llamar y se lleve lo que quiera. En el mundo digital vivimos sin protección.

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En compañía
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Mayte Ciriza | 15-03-2018 | 5:32| 0

Me contaba un amigo médico que una parte no pequeña de las personas mayores que van a la consulta de atención primaria cada mañana con sus achaques, dolor de espalda, mareos, dolor de cabeza, molestias de estómago o debilidad en general, cuando les hace las pruebas correspondientes, no encuentra nada especial. Al fijarse un poco más en las características de estas personas se dio cuenta de que casi todas vivían solas. Personas mayores habitualmente, solas, con poca vida social y que tenían a sus hijos y nietos lejos y los veían muy poco.

Nos fijamos en los síntomas pero no en la causa. Y la soledad es el origen de muchos de los males de quienes la sufren. Las personas que viven y se sienten solas suelen padecer tristeza, angustia, apatía, falta de autoestima y depresión. Y tienen también más problemas de salud física, niveles más altos de colesterol e hipertensión. Además de que todo esto hace que tengan menos esperanza de vida, supone un alto coste económico para las arcas públicas.

No se trata de la soledad elegida, sino del que no tiene con quién hablar, con quién compartir su tiempo, lo que piensa, lo que hace o lo que siente. Ya escribió Machado que un corazón solitario no es un corazón. Esta soledad negativa, no elegida, es una enfermedad crónica más y hay que tratarla antes de que quienes la sufren vayan el centro de salud a ver a su médico de atención primaria, con las consecuencias. De esto se han dado cuenta ya en el Reino Unido, donde la Primera Ministra, Theresa May, ha nombrado una Ministra de la Soledad, para solucionar un problema que May ha calificado como “la triste realidad de la vida moderna”.

Los ingleses han reconocido que la soledad es un problema nacional que afecta a nueve millones de personas en su país. Como cada vez hay más gente mayor, cada vez va a haber más gente solitaria. En la Unión Europea hay 87 millones de personas mayores de 65 años y para 2060 habrá 150 millones, que supone alrededor de un 30% de la población. Y la mayor parte de ellos vivirán solos.

Es paradójico que en los países del sur la gente se siente más sola que en los del norte. Y es que la soledad está unida a la economía. Cuanto más renta se tiene, menos solo se siente uno. Hay un vínculo muy fuerte entre pobreza y soledad. También en nuestro país es un problema social, con un alto coste económico. Hay ONGs y voluntarios que se enfrentan con mucho mérito a este problema, pero esto no es suficiente, hay que llevar a cabo políticas públicas antes de que esto vaya a más.

Relacionarnos y estar con otras personas mejora nuestra calidad de vida. No se trata de tener, como dice la canción, un millón de amigos, pero la vida es más plena y más saludable cuando se vive en compañía.soledad

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Becario a los 45
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Mayte Ciriza | 07-03-2018 | 8:35| 0

Estaban encantados. Habían cogido a su hija para hacer las prácticas de fin de carrera en una empresa durante tres meses seis horas al día y, aunque no le pagaban absolutamente nada, lo celebraban como si les hubiera tocado la lotería, a pesar de que nadie le aseguraba que después de las prácticas fueran a hacerle un contrato.

Seguro que casos de estos conocemos todos, sobre todo los que tenemos hijos que han acabado o están acabando sus estudios, y además de vivirlo en primera persona, te cuentan los casos de sus compañeros y la mayoría no percibe ni un euro durante el contrato en prácticas, no les pagan ni el transporte siquiera.

¿Cómo se van a emancipar los jóvenes si les hacen contratos sin pagarles o con sueldos de miseria? Se habla mucho de la tasa de natalidad, pero ¿cómo van a poner en marcha una familia y tener hijos si no tienen un sueldo digno para salir adelante? Y si son chicas lo tienen más difícil. La hija de unos amigos se quitó el anillo de casada en una entrevista de trabajo porque le dijeron que le convenía hacerlo para que la cogieran para ese puesto.

Estamos en estas cuando la CEOE ha hecho público un documento bajo el título “El aprendizaje: clave de la mejora de la empleabilidad y la competitividad”. Hay un problema en España con el contrato de “formación y aprendizaje”, y es que ha bajado de 174.000 contratos de este tipo en 2015 a 48.000 en 2017. El documento plantea alguna propuesta razonable, como deducciones fiscales para las empresas que faciliten la integración de estudiantes en prácticas, pero hay otras que son para echarse a temblar.

Se propone, por ejemplo, que pueda utilizarse a estos becarios para trabajos a turnos, por la noche, en fines de semana y que puedan realizar horas extra. O que este tipo de contrato pueda suscribirse con mayores de 45 años parados que hayan agotado la prestación por desempleo. ¡Y a cero euros! A este paso va a haber que pagar por trabajar. Esta propuesta es una nueva esclavitud.

Es estupendo que los parados de larga duración de más de 45 años puedan acogerse a un contrato de formación, pero pagándoles, y con la perspectiva de lograr un contrato al acabar las prácticas. En cambio, lo que se pretende es que la gente trabaje gratis, y esto es inmoral. Se está jugando con la esperanza de futuro de los jóvenes y con la desesperación y la angustia del que no encuentra trabajo con cincuenta años.

Hay quien se lo ha tomado con humor, y ante esta iniciativa ha hecho un spot con el lema: “siéntete joven, consigue un contrato de mierda… hazte becario”. Becario a los 45.oroz-644x362

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