La Rioja
img
Autor: Mayte
Programados
img
Mayte Ciriza | 31-01-2018 | 8:50| 0

Mi móvil funcionaba a las mil maravillas hasta que un día me apareció un mensaje que informaba sobre una “actualización disponible”, le di al botón de “actualizar” pensando que el nuevo sistema iba a mejorar las prestaciones y el rendimiento del teléfono, pero en realidad, esa nueva actualización ralentizaba el sistema del Iphone de forma deliberada. Quién iba a decirme que esto en la práctica me obligaría a tener que comprar otro modelo, dos años después de haberme comprado el que tengo ahora, porque esta supuesta nueva mejora que la propia compañía, Apple, ofrecía, consumía la batería en un santiamén.

No pocos compran el último modelo de móvil como un símbolo de estatus, y lo exhiben a la primera de cambio, allá cada uno. Lo que da rabia es que sin querer cambiar el móvil tengas que hacerlo. Y tengo que comprarme otro, no porque el que tengo ahora sea muy antiguo y se haya desgastado con el tiempo o esté deteriorado, sino porque al instalar ese sistema inducido por la propia compañía, el móvil ha dejado de ser útil, va mucho más despacio y se muere rápidamente. Es como ir con un teléfono fijo por la calle porque lo tienes que tener enchufado para que funcione. El propósito es forzarte a que te compres un modelo más caro y te obligan a consumir.

¿Cómo defenderse de este abuso? De este y de tantos otros relacionados con lo que se llama la “obsolescencia programada”, es decir,  de esta reducción intencionada de la vida útil de los aparatos móviles o electrónicos. Cómo será la cosa que es más barato comprar un móvil o un electrodoméstico nuevo que repararlo. Hace poco se nos estropeó la tostadora, la llevé al servicio técnico y me dijeron que se había quemado la resistencia y que costaba más el arreglo que una nueva. Y a mi santo le ha pasado lo mismo con su inseparable aspirador, con lo que lo cuida y limpia cada semana.

Todo lo fabrican para que se rompa, para que se estropee. La muerte súbita de la lavadora, del microondas, de la tostadora o del móvil, a traición y justo después de que se cumpla la garantía. No se trata de que todo sea como esa bombilla del parque de bomberos de Libermore en California que sigue brillando de forma ininterrumpida más de un siglo después. Los coches y los electrodomésticos de hoy consumen menos que los de antes, son más eficientes energéticamente, pero ni se trata de que todo sea eterno ni del mantra de hoy en día de comprar, usar, estropearse al poco tiempo, tirarlo y volver a comprar. A lo largo de la vida se calcula en torno a 60.000 euros el coste de la obsolescencia programada. Además de que el volumen de desechos que se genera es inabarcable y esto no hace sostenible el planeta.

En los países europeos empieza a haber legislación al respecto. En Francia, por ejemplo, ya hay una ley contra la obsolescencia programada. En España todavía somos rehenes de las grandes empresas tecnológicas y estamos desprotegidos ante la ley. Las compañías programan que se acorte la vida de sus productos para que el usuario se vea obligado a comprar una y otra vez. Y para esto no estamos programados.

obsolescencia-bateria-iphone

Ver Post >
Con entusiasmo
img
Mayte Ciriza | 31-01-2018 | 8:44| 0

De repente, empecé a prestar atención al soniquete de aquella niña que estaba cantado los premios de la lotería de Navidad, “miiiiil eeeeeeeeeuros”. Tarareaba la cantidad premiada desde que cogía la bola del bombo hasta que la introducía en el alambre. Al ser más pequeña, tenía que estirarse completamente del bombo a la mesa y al hacerlo alargaba la cantinela de los “miiiiiiil eeeeeeeuros”, y lo hacía como si cada vez cantase el Gordo.

Cómo será la cosa, que un miembro de la organización se le acercó en una pausa para indicarle que aflojase, que cantase el premio “más cortito, más cortito”. Pero ella siguió haciéndolo igual, con un entusiasmo indescriptible, y con el apoyo del público asistente en el Palacio Real, que coreaba cada bola como si fuera el Premio Gordo de la Lotería. Cómo sería la cosa que al salir, la despidieron al grito de “tú sí que vales, tú sí que vales”, en referencia al programa-concurso de jóvenes promesas de la televisión.

Esta ha sido una de las anécdotas de la Navidad este año. La niña, Aya Ben Hamdouch, conquistó no sólo al público con su contagioso entusiasmo, sino a todos los espectadores que al momento inundaron las redes sociales con mensajes apoyando a esta niña. Y es que valoramos cuando alguien lo da todo, cuando se entrega en lo que tiene que hacer, sea lo que sea.

Pocas cosas enganchan más que el entusiasmo. Una persona que vibra con lo que hace, que lo lleva a cabo con ganas, que tiene empuje, por modesta que sea la tarea, transmite energía y positividad. El entusiasmo tiene un gran poder seductor, te carga y te hace sentir vivo, es una fuerza irresistible.

En el trabajo, como en la vida en general, es importante el conocimiento, sin eso no se va a ningún sitio. Es también importante la habilidad, sin eso tampoco se va a ningún sitio. Pero sin actitud, lo anterior tampoco nos lleva a ningún sitio. Insisto en que el conocimiento y la habilidad son la base, de hecho no hay nada más peligroso que un inútil motivado. Pero la gente nos aprecia y valora no por nuestro conocimiento o por nuestra habilidad o experiencia, sino sobre todo por nuestra actitud.

Que la actitud de esta niña que conquistó Internet nos acompañe en este año que acaba de empezar. Esta niña que cantaba los premios de mil euros como si fuera lo mejor que le había pasado en la vida. En este año 2018 que acaba de empezar, ante las dificultades, que las habrá; ante los problemas, que los habrá; ante las adversidades, que las habrá; que no nos falten la pasión, la alegría ni el entusiasmo.

1513937981_256000_1513938105_noticia_normal

Ver Post >
Cuestión de corazón
img
Mayte Ciriza | 31-01-2018 | 8:41| 0

Paseo por un Madrid brillante, luminoso y animado. La música navideña y los villancicos inundan de alegría el ambiente. Hace frío, pero las aceras y las zonas peatonales están abarrotadas de gente que entra y sale de tiendas y grandes almacenes con bolsas de regalos. Luces, adornos, mercadillos, ferias de artesanía, belenes…, el espíritu de la Navidad está presente en cada rincón. Todo tiene un aspecto agradable, diferente, especial y acogedor.

A la puerta de una tienda de exquisiteces gastronómicas hay una persona casi tumbada en el suelo, sobre unos cartones, con un cartel en el que pide algo de dinero para comer junto a una lata para las monedas. No sé calcular la edad de este hombre, con su barba larga y descuidada, el pelo desaliñado, las manos negras de suciedad, la ropa andrajosa y raída. Sin mirarlo, como si fuera invisible, todos lo esquivamos. Esto se da en todas las ciudades, también en Logroño. Hay otra Navidad, olvidada, en sus casas de cartón.

Al llegar a casa veo a Richard Gere en la tele. Ha venido la semana pasada a Madrid dentro de su campaña a favor de las personas sin hogar, para pedir un mayor esfuerzo y concienciación de todos en la erradicación del “sinhogarismo”, de las personas sin techo. Hay pocos datos sobre estas  personas en España, lo que es una muestra de que el problema en su conjunto es también invisible para la sociedad, vamos, que nos da igual.

En nuestro país hay cerca de 40.000 personas sin hogar, que viven en la calle de forma permanente, y más de la mitad llevan más de tres años en esta situación. Muchos tienen graves problemas de salud y su esperanza de vida es veinte años menor que la de la población en general. El 51% ha sido víctima de un delito de odio en el último año.

El psiquiatra español Luis Rojas Marcos dirigió hace años en New York el programa “Help”, para dar tratamiento y alojamiento a los “sin techo” que vivían en las calles de la gran manzana. La mayoría sufre adicciones, tiene problemas psiquiátricos y necesita tratamiento médico. En su momento Rojas Marcos lo planteó con valentía, porque no se trata de una cuestión estética en las calles, sino de una cuestión de humanidad: a estas personas que están enfermas y sin ningún medio, que malviven entre cartones, que tienen los cajeros automáticos como su dormitorio, hay que sacarlos de las calles, hay que curarles, hay que darles una oportunidad, hay que ayudarles.

En cada una de estas personas que malviven entre cartones, o que duermen en las camas de madera de los parques que al día siguiente serán bancos, helándose de frío cada noche, o que tienen los cajeros automáticos como su habitación, en cada una de ellas está la dignidad humana. No son borrachos, ni mendigos, ni indigentes, ni vagabundos, ni yonquis, ni sucios. Son personas. Son personas que tienen graves problemas. Y que necesitan ayuda. Veo que la visita de Gere ha copado las revistas y los programas del corazón, aunque muchos no saben ni a qué ha venido. Sacar a los “sin techo” de las calles y darles un hogar es una cuestión, esta sí, de corazón.

116692-940-550

Ver Post >
Bulos
img
Mayte Ciriza | 08-12-2017 | 9:15| 0

Resulta que no era un independentista catalán el que aparecía sangrando –supuestamente por un golpe de la policía nacional- en la foto el día 1 de octubre de este año, ni era en Barcelona, sino un minero en una manifestación  en Madrid en 2012. Resulta que la brecha del niño en la cabeza no era de ese mismo día ni debida a la guardia civil, sino de cinco años antes y producida precisamente por los Mossos. El 1 de octubre, en el frustrado referéndum secesionista, estas fotos trucadas y otras “noticias falsas” (como lo de los 1.000 heridos) corrieron como la pólvora por todos los medios de comunicación, colocadas por los aparatos de propaganda independentista. Hasta entonces no habíamos sufrido en nuestro país una campaña tan cruda e intensa de lo que se llama “fake news”, es decir, “noticias falsas”.

El resultado del referéndum del Brexit se debió, como se ha sabido después, a una hábil difusión de noticias falsas. En Estados Unidos, empezaron con que si Obama no era estadounidense, que si había nacido en Kenia, hasta el punto de que tuvo que enseñar su partida de nacimiento, y siguieron con que si Hilary había tenido una aventura con Yoko Ono, o que pertenecía a una red de pedofilia. Mucha gente se llegó a creer la noticia de que el Papa Francisco apoyaba a Trump. Y así, bulo tras bulo, Trump ha llegado a ser presidente. Como se ha demostrado ya a estas alturas, los rusos son los campeones de las trolas, inundan con noticias falsas para desestabilizar las democracias occidentales, también en España (como se ha visto en Cataluña).

Cada año, los editores del Diccionario Oxford seleccionan la palabra del año. Este la elegida ha sido precisamente “fake news”. El año pasado la palabra fue “post-truth”, que en español hemos traducido como “posverdad”, definida en el Diccionario de Oxford como “la actitud de resistencia emocional ante hechos y pruebas objetivas”, en fin, es creerse lo que uno quiere al margen de la realidad, y es que cada uno se engaña como le da la gana. Me llama la atención que durante dos años seguidos la mentira está en el alma de la palabra inglesa del año.

Ante la sobreinformación bajo la que vivimos, la gente no piensa cuando lee. Hay también una relación directa entre las noticias falsas y el uso de las redes sociales, en las que no hay un filtro fiable en la selección de la información, no se comprueba la verosimilitud de lo que se cuenta. Para evitar la propagación de las noticias falsas necesitamos medios serios de comunicación. La mejor manera de evitar que nos engañen es más periodismo.

La FUNDEU se encarga de elegir la palabra del año en español: el año pasado fue “populismo” (por cierto, “posverdad” fue finalista), los anteriores, “refugiado” y “selfie”. Siendo la FUNDEU, que vela por el buen uso de la lengua española –entre otras cuestiones, frente al tsunami del inglés-, al menos cabe esperar que no elija una expresión en inglés, como “fake news”. Yo voto por “noticias falsas” o “bulos”.

img_1858

Ver Post >
Desagradables
img
Mayte Ciriza | 24-11-2017 | 8:19| 0

Se acercó a su mesa de trabajo en el banco, se paró delante de ella, la miró fijamente y le dijo: ¡“Ayyyyy! ¡Con lo guapa que eras!”. Mi hermana se quedó sin palabras cuando esta clienta le espetó de repente esto, después de mucho tiempo sin verla. Casos de estos tenemos todos. A una amiga mía le pasó hace unos meses, salió su edad en la conversación y le dijeron: “¡Ah! ¿Pero solo tienes 49? Pensaba que tenías más”. Mi amiga se quedó clavada, incapaz de reaccionar.

¿Quién no se ha topado con gente que sin tener mayor confianza contigo te hace una observación desagradable? Todos los días nos toca tratar con personas así, que te dicen cosas del tipo “con ese vestido parece que estás embarazada” o hachazos que te dejan noqueada, como “Uyyy! ¡Cómo te has puesto! ¡Has engordado!”

Normalmente esta gente no tiene mala intención, expresan lo primero que les viene a la cabeza, sencillamente no filtran lo que dicen, con lo cual ya se sabe de qué manera se puede relacionar una con ellos: cuanto menos, mejor. Lo más recomendable en estos casos es aplicar el sentido del humor, no darle importancia y cambiar de tema. De todas formas, siempre he pensado que si no tienes nada bueno que decirle a la otra persona, lo mejor es callarse, no hay por qué hacerle ninguna observación.

El problema no es esta gente, no. El problema son los que tienen mala leche, los que descargan en ti su rabia, su frustración, su amargura vital o su soberbia. Rufián, por ejemplo, está en cabeza de la lista de los bordes y desagradables. Y, fuera de nuestro país, Trump hace todo lo posible para mantenerse también en lo más alto de la lista.

Pero no solo los vemos en la política o en la tele, en el día a día todos tenemos que lidiar con gente así. Lo ideal sería evitarlos, aunque es irremediable tener contacto con ellos. Lo que sí podemos lograr es que no nos afecte. Hay que entrenarse para ello, esto no es innato, pero hay que conseguir que esa gente no te enfade ni te cabree, porque entonces ya han logrado contagiarte y transmitirte su amargura vital o su soberbia.

Los sabelotodo, los que solo ven las dificultades, los que nunca sonríen, los que están quejándose permanentemente de todo, los que están siempre criticando a los demás,  los engreídos que se creen más que el resto, los neuróticos que tienen que estar siempre controlando a los demás, los que no dejan de juzgarte y opinar sobre ti… Identifícalos, y no te dejes, que no te afecten. Vacúnate contra los desagradables.

alegre-entre-negativos-619x346

Ver Post >