La Rioja
img
Autor: Mayte
Se me ha olvidado
img
Mayte Ciriza | 05-09-2012 | 6:01| 0

No quiso hacerle el favor cuando tuvo oportunidad, porque se acordaba de que en su momento –me contaba mi amiga- su compañero de trabajo no le quiso cambiar el turno una semana en que lo necesitaba, así que, en cuanto tuvo oportunidad de devolvérsela, lo hizo, “se pensaba que me iba a olvidar”, relataba toda ufana. Hay quienes recuerdan hasta el más mínimo detalle y no son capaces de olvidar, no digo grandes afrentas o momentos emocionalmente importantes –obviamente-, sino pequeños rifirrafes del día a día.

Una de las claves de la felicidad es el olvido, porque tan importante como la capacidad para recordar es la capacidad para olvidar. No me refiero al olvido o a la memoria pública de una sociedad (la sociedad no tiene por que olvidar que un tipo quemó a sus hijos o que otro monstruo enterró en vida a Ortega Lara), sino al ámbito personal. Somos ante todo memoria, pero uno no puede estar satisfecho consigo mismo y con la vida si está permanentemente recordando todo lo malo que le ha pasado. El pasado se dulcifica o se tergiversa en la memoria, es una cuestión de supervivencia, porque no podríamos vivir con el almacén (la memoria) lleno de recuerdos negativos, y es que recordarlo todo es agotador. Precisamente por eso tendemos a recordar las experiencias más positivas y tendemos a olvidar las menos gratificantes. De hecho, quien no olvida nada hace muy difícil la convivencia.

La memoria está conectada con la autoestima, porque la imagen que tenemos de nosotros mismos depende de lo que recordamos de nuestra vida. Sin memoria no hay identidad, por eso es tan cruel el Alzheimer, porque borra la identidad de quienes lo padecen y, aunque sienten dolor, pierden el recuerdo y la memoria de sí mismos. Frente a quienes pierden la memoria, Internet ni borra ni olvida. Frente a quienes reclaman el derecho al olvido (por ejemplo la foto de aquella noche de juerga que colgó con 18 años), la red se lo recuerda siempre, es incompatible con el olvido.

Como explica Rojas Marcos en su libro “Eres tu memoria”, el olvido es necesario para vivir, porque borra las heridas. Igual que vaciamos el trastero porque sería imposible guardarlo todo, hay que hacer una limpieza regular de la memoria para que entre nueva información. Para eso hay que estar tranquilo con uno mismo, pensar en el futuro y no en cobrarse viejas cuentas.

Y es que hay que tener una muy buena memoria para olvidar, de forma que cuando le recuerden a una algo malo pueda decir “se me ha olvidado”.

 

 

Ver Post >
El rescate
img
Mayte Ciriza | 05-09-2012 | 5:48| 0

Hace unos días se me acercó el familiar de un vecino, al que veo como mucho una vez al año y en vacaciones, de unos setenta años, y después del “Hola, ¿qué tal?” me espeta, sin más, y con el tono más normal del mundo, como si tal cosa: “¡Tengo un calor! Es el primer día que me pongo calzoncillos en todo el verano, así que estoy cocido”. Cocido o escocido, no sé cómo acabaría.
El verano es antiestético de por sí, las indumentarias, el sudor… Antiestético y antierótico, porque el erotismo más que en el cuerpo desnudo está “en un pliegue de tu talle” (que diría Serrat). El vecino de los jueves ha diseccionado con su doctoral bisturí los cuerpos y atuendos veraniegos, parece como si, a veces, ese despojarse de la ropa y mostrar los michelines y las miserias corporales supusiera despojarse también de las normas básicas de urbanidad y de la buena educación. Y no por llevar calzoncillos o no (y por contarlo), sino, por ejemplo, por esa música a todo volumen que ponen algunos, el de la moto que pasa justo cuando te has dormido (¿por qué la policía no hace cumplir la normativa al respecto?), o los que parece que no saben estar en la piscina sin gritar: gritan al tirarse al agua, gritan al salir, gritan mientras bracean; da igual la hora, ya pueden ser las 4 de la tarde de un domingo de agosto, que hablarán a voz en grito para que nos enteremos de las tonterías que dicen mientras se bañan.
En verano estos y otros comportamientos se ponen especialmente al descubierto. Durante el resto del año tenemos nuestras rutinas, nuestros circuitos de trabajo y de relaciones sociales, una serie de convenciones que disimulan, al parecer, la verdadera forma de ser. Ya escribió Quevedo que “no debe mostrarse la verdad desnuda, sino con camisa”, y unos cuantos parece que necesitan llevar una camisa para respetar las reglas más elementales de convivencia.
Supongo que el culto a la vulgaridad que se propicia tanto en televisión es modelo para muchos de sus espectadores, que reproducen los comportamientos de tertulianos zafios que participan a gritos en debates soeces e insustanciales. Cómo será la cosa que la estrella de los programas televisivos de la zafiedad, Belén Esteban, saltó el pasado domingo a la portada del diario francés Le Monde. Según la redactora gala “todo un fenómeno en España, a pesar de su grosera forma de hablar y de sus maneras rudas”, lo malo no es solo que seamos noticia internacional por esto, sino que si es “la reina ibérica de los talk show”, no es “a pesar de”, sino me temo que precisamente gracias a su grosería.
Habrá que esperar al comienzo de curso para que la vulgaridad vuelva a sus cuarteles de invierno y las rutinas oculten la zafiedad. El BCE puede rescatarnos un día de estos, pero de la zafiedad, de la grosería, de la vulgaridad, de la chabacanería, de programas como “Sálvame” ¿quién nos rescata? 

Ver Post >
Menú de verano
img
Mayte Ciriza | 20-08-2012 | 10:36| 0

Se prepara un sofrito con cebolla, ajo, pimiento verde y unas cucharadas de tomate frito. Se le añade una sepia pequeña bien partida, media docena de gambas (congeladas son más baratas) y unos trocitos de rape. Una vez preparado, se echa la pasta de fideuá (fundamental que el fideo sea gordo y tenga agujero interior), para 5 personas unos 400 gramos. Se le da un par de vueltas y se añade caldo de pescado, más o menos el doble del volumen de los fideos. Dejamos que se haga a fuego medio. Probablemente hay que incorporar más caldo durante la cocción si vemos que se va quedando seca y el fideo está todavía un poco duro. Al final se pueden incluir unos mejillones. Y ya está la fideuá. Es aconsejable acompañarla de una salsa alioli.

En vacaciones hay que hacer lo que a uno le gusta, a mí una de las cosas que más me relaja es cocinar (con mi santo de pinche de cocina). Cocinar es un ejercicio de creatividad, es una prueba de concentración, un festival de sabores, de olores, también de colores; es una muestra de paciencia, de equilibrio y de mesura. Como es agosto no me quiero poner trascendente, pero comer no solo es un placer, es también un acto moral. Y cocinar tiene que ver con ello (no despilfarrar, no tirar la comida, administrar bien las cantidades).

Lo de menos es dónde estés, dónde te vayas de vacaciones, lo importante es estar cómodo, poder descansar y hacer lo que a uno le apetece.  La clave es cambiar los hábitos y los horarios, salir de las rutinas, porque nuestras vidas están durante todo el año completamente pautadas por el trabajo y las tareas diarias, con unos horarios muy marcados.

Los hay que se sienten culpables si no hacen nada, no saben desconectar y siguen trabajando (como mi santo), pero para la mayoría las vacaciones son ese momento de evadirse del imperio de las rutinas. No se trata de marcarnos metas, de fijar objetivos ni de alcanzar retos, para eso ya está el resto del año, el “modo trabajo”. Las personas tenemos que tener también el “modo vacaciones”. Estar de vacaciones es poder elegir de entre un menú de actividades alguna de las cosas que difícilmente hacemos el resto del año: leer, hacer deporte, caminar, dormir la siesta, salir por ahí, ver películas, cocinar… Me voy a preparar para cenar una ensalada de salmón con aguacate y un gazpacho, dos de mis platos favoritos del menú de verano.

Ver Post >
Sumisión
img
Mayte Ciriza | 25-07-2012 | 5:25| 0

“Tápate ese escote, vaya pinta que llevas, qué quieres, que te mire todo el mundo”, “haces el ridículo, no me gusta que te miren”, le dice Jonathan a Vanesa, los dos adolescentes. Comportamientos así están a la orden del día en nuestros jóvenes porque piensan que es una manera de demostrar su “amor”, ¡y con 16 años! Lo malo es que a las chicas les parece normal que su chico les diga “hoy no sales con tus amigas” o “se te clarea la falda, pareces cualquier cosa, qué guarra”. Si alguno creía que hemos avanzado en igualdad y en respeto a las mujeres en la adolescencia, pues está muy equivocado.

Según un reciente estudio de varias Universidades sobre la violencia en la pareja entre jóvenes de 16 a 20 años, el 70,7% de las chicas no es consciente de que el insulto o la humillación sean malos tratos. Si hablamos de chicas que han sido maltratadas, el porcentaje se ha duplicado en 6 años, del 3,6% al 6,5%. Es demoledor ver que las jóvenes creen que “los celos son una muestra de amor” (siete de cada diez), o que afirman que “las mujeres necesitan protección masculina” y que la chica tiene que “complacer al chico”.

El mencionado estudio recoge testimonios sobrecogedores, muchachas que dan por normal relaciones basadas en la agresividad del chico –“te mereces una bofetada”-, y que dan por normales frases en la relación de pareja como “tú no tienes ni idea, cállate”, o que les parezca bien “que mi novio me lea los mensajes del móvil cuando quiera”. Y es que al hablar de violencia machista, no hay que pensar sólo en la física, están también la verbal o la emocional. Por increíble que parezca, las adolescentes de ahora están más expuestas al machismo de lo que lo estuvo mi generación. Lo terrible es que las jóvenes no identifican esa violencia, porque el discurso oficial es que hay igualdad, pero es una falsa situación de igualdad, ya que socialmente se siguen repitiendo los mismos clichés machistas de hace años.

Estas situaciones de control por parte de ellos y de sumisión por parte de ellas tienen un riesgo muy importante de acabar en maltrato, porque el machismo es el embrión de la violencia de género. La clave está en la educación. Cuanto antes se empiece a educar en igualdad, mejor. De todas formas lo malo es que la tele es la fuente principal de educación, y los programas y series que ven las adolescentes perpetúan esta manera machista de entender las relaciones de pareja. Por mucho que hagamos, si seguimos con programas de ese tipo, avanzaremos poco.

Si las mujeres han vivido siglos sumisas, aceptando que les impusieran su rol y su forma de vida, en pleno siglo XXI es inaceptable que a las jóvenes nadie, ni siquiera sus novios, por enamorados que estén, les digan qué deben hacer o cuál es su misión.

Ver Post >
Copas
img
Mayte Ciriza | 16-07-2012 | 8:30| 0

Eran auténticas riadas de chavales, de adolescentes, acercándose a la ribera del Najerilla, todos suficientemente pertrechados con bolsas llenas de botellas de alcohol y de refrescos con los que mezclar los licores. Eran las diez de la mañana y no me lo han contado, lo pude ver personalmente. Quizá lo más llamativo era que fuese a plena luz del día en plenas fiestas, pero esas concentraciones para simplemente beber alcohol son el pan nuestro de cada día los fines de semana en nuestras ciudades. Irse de botellón el fin de semana es la rutina juvenil.

Precisamente esta semana se ha hecho público el informe anual de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) y es demoledor. Además del paro y la prima de riesgo, otra de las cosas que crece en España son las borracheras juveniles. Nuestros jóvenes comienzan a beber cada vez antes, y la media de edad para la primera borrachera está en torno a los 13 años. Del patrón mediterráneo de beber moderadamente en familia se ha pasado al nórdico, que consiste en beber grandes cantidades de alcohol en el menor tiempo posible para emborracharse cuanto antes. En 6 años, la media de estudiantes de 14 a 18 años que se han emborrachado en el último mes ha pasado del 25 al 35%, y 7 de cada 10 jóvenes se meten una buena ración de cubatas o combinados de alcohol en el fin de semana.

Con ser demoledoras las cifras, lo peor es que la mayor parte de los jóvenes no percibe este elevado consumo de alcohol como algo negativo. Ha coincidido el informe FAD con la celebración de la Eurocopa en la que nuestros jugadores se pasearon copa en mano, no la del título precisamente, y alguno en no muy buen estado. No vamos a hacerles responsables de la situación, por supuesto, pero qué peligro tiene ese ejemplo para los jóvenes en nuestro país, que si están pendientes de algo lo están de los jugadores de la selección española. Aunque también es verdad que a muchos de los que critican este ejemplo no les he oído nunca decir nada del botellón juvenil semanal con el que convivimos en España.

Los que no lo celebraron copa en mano fueron los jóvenes a los que hace unos días pude visitar en la residencia de Proyecto Hombre en La Rioja, donde siguen el tratamiento para superar sus adicciones. Pensamos que están ahí por su dependencia de las drogas, pero sorprende comprobar que más de la mitad están ahí por problemas con esa otra droga que es el alcohol. Jóvenes a las que una u otra droga les ha destrozado la vida, y que ahora luchan por empezar de cero, por aprovechar una segunda oportunidad.

Pero no es cuestión sólo de estos casos. El consumo abusivo de alcohol es nocivo, y aunque es obvio, parece que no tenemos todavía suficiente conciencia del drama que para muchas personas supone el alcohol. Por eso no se puede comprender esta tolerancia social hacia el consumo masivo y temprano de bebidas alcohólicas. Como si fuera tan normal que los jóvenes se vayan y se pongan hasta arriba de copas.

 

 

Ver Post >