La Rioja
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Autor: Mayte
Buen gusto
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Mayte Ciriza | 28-09-2017 | 5:59| 0

Están en la esquina de la zona del Palacio de los Deportes con la rotonda de la circunvalación. Se sientan en grupo en sillas de camping, con su flamante chándal y gorras de béisbol, con las puertas abiertas de los coches tuneados, muchos con alerón, de los que sale a todo volumen música electrónica. Algunos grupos llevan también la mesa de camping y ahí meriendan o juegan a las cartas. ¿Qué placer pueden encontrarle a hacer esto junto a la circunvalación, bajo el ruido incesante del tráfico? Tan jóvenes y ya ejerciendo de macarras urbanos.

El verano es una época muy propicia para la horterada. En las ciudades, en los pueblos, en la playa, es como si hubiera una invasión de horteras. En realidad son los mismos que vemos durante el resto del año, pero ahora, sin los corsés del trabajo, sin la protección de las convenciones del día a día, se deja al descubierto el verdadero yo y aflora lo cutre que anida dentro de tantos.

La camiseta de tirantes con la riñonera, calcetines con sandalias, el bañador turbo (marcando paquete), las terrazas de garitos cutres llenas de gente devorando a voz en grito comida de plástico en sillas de propaganda, mientras suenan pasados éxitos del verano…

La vulgaridad avanza, no tiene fronteras, ni ideología. Ahí tenemos a Maduro y a Trump, dos tipos que coinciden en su ostentación de la vulgaridad, cada uno a su manera (los populismos son la exaltación del mal gusto). Tampoco tiene clases sociales ni sexo, porque puedes ver tanto al tipo que se baja del flamante todo-terreno-último-modelo a comprar la barra de pan en el supermercado con la camiseta de tirantes, sus buenas cadenas de oro al cuello y el anillo de sello, como a la rubia platino que se exhibe con su churri por el paseo marítimo con el top de leopardo enseñando el ombligo con piercing y zapatos de inverosímil tacón brillante.

No tiene nada que ver con el pijerío. En una austera aldea de una carretera secundaria de Galicia, he visto este verano lo más auténtico y elegante en aquella pareja de ancianos que nos ayudaron a encontrar la tasca que nos había recomendado Manolo el gallego. La sencilla elegancia de lo auténtico.

A la lujuria, pereza, gula, ira, envidia, avaricia y soberbia –los siete pecados capitales- habría que añadir uno más, la vulgaridad. En una sociedad que hace ostentación de lo cutre, de lo hortera, de lo basto, de lo kitch (la gran educadora de la sociedad, la televisión, está plagada de todo ello), es importante cultivar la sensibilidad. Si la gente es más sensible, es también más educada a la hora de pedir las cosas por favor, de no molestar al vecino con ruidos o de no invadir el espacio de otros. Hay que reivindicar una cierta armonía y enseñar a apreciar la belleza, la autenticidad, en fin, eso que llamamos buen gusto.

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Prestar atención
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Mayte Ciriza | 28-09-2017 | 5:54| 0

Llevo un buen rato intentando empezar este artículo, pero me han entrado varios guasaps que he contestado, ya de paso he navegado en larioja.com para leer las últimas noticias y he escrito un par de tuits. Vamos, que llevo media hora y todavía no he escrito una sola línea. ¿Por qué nos cuesta tanto concentrarnos?

El consuelo es que no solo me pasa a mí, esto le pasa a todo el mundo. Es algo que vemos cada día, en las conferencias, en los actos, siempre hay asistentes que están jugueteando con el móvil sin prestar atención a lo que se está contando o sencillamente en la inopia, pensando vete tú a saber en qué.

¿Es verdad que cada vez somos capaces de concentrarnos durante menos tiempo? Yo creo que no, pero es cierto que cada vez hay más estímulos externos y cuesta focalizar la atención en una sola tarea. Estamos sometidos a un bombardeo de distracciones digitales y atendemos tanto a la pantalla del teléfono móvil, que parece que no somos capaces de concentrarnos en todo lo demás. Y, además, no solo tenemos todo este ruido exterior, sino que también tenemos nuestro propio ruido interior, es decir, nuestras preocupaciones y problemas, que nos asaltan cuando intentamos concentrarnos.

Hay un meme muy ilustrativo al respecto, de los de “¿qué queremos?”. A la pregunta “¿qué queremos?”, contestan: “¡un remedio para el déficit de atención!”, y a la siguiente pregunta de “¿y cuándo lo queremos?”, replican: “¡mira, un perro!”. Es uno de los problemas a los que nos enfrentamos: prestar atención. Da la impresión de que cada vez nos acostumbramos más a estar ausentes del presente.

Como señala el psicólogo Daniel Goleman, “la atención es un músculo que se debe entrenar”. Hay buenas técnicas para mejorar la atención plena, para conseguir lo que se llama “Mindfulness”, es decir, combatir las distracciones y concentrarse en lo que se está haciendo, en el aquí y el ahora. El cerebro no es multitarea, solo podemos concentrarnos en una cosa a la vez. Aunque también es verdad que la atención que le prestamos a una tarea está relacionada con la atención que requiere esta tarea, es decir, no es lo mismo operar a corazón abierto que poner una tirita.

No prestar atención puede tener consecuencias muy graves, como la semana pasada en el metro de Roma, cuando una mujer quedó atrapada en el último vagón del metro y fue arrastrada por todo el andén, porque el conductor iba comiendo en la cabina, se despistó y no prestó atención. Hace años cantaba Radio Futura en “Escuela de calor”: “vas por ahí sin prestar atención, y cae sobre ti una maldición”. Por eso, en la vida hay que estar a lo que se está y no distraerse. Si has llegado al final de este artículo es que he conseguido, y te lo agradezco, que durante estos minutos me hayas prestado atención.

 

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Despacito
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Mayte Ciriza | 28-09-2017 | 5:39| 0

“Una vieja y un viejo van p’Albacete, van p’Albaceteee… Y en mitad del camino va y se la mete, va y se meteee. La mano en el bolsillo y saca un billete, saca un billeteee…” Aún recuerdo la letra chabacana de aquella canción del verano de hace mil años. Canciones soeces de este tipo las sufrimos a menudo, pero una cosa son canciones cutres como esta y otra las que hacen apología del machismo y de la violencia hacia las mujeres.

No creo que ahora haya más canciones de este segundo tipo, pero prestamos más atención y estamos más vigilantes ante este machismo con ritmo pegadizo. La polémica ha surgido por la propuesta del Instituto Vasco de la Mujer que ha sugerido una lista de canciones en Spotify “libres de violencia sexista” para el verano, la época por excelencia de las fiestas, en las que tan presente está la música. ¿En qué pueblo no hay una fiesta con verbena estos meses?

En esa lista no se incluyen algunas de las que más están sonando este año, como “Despacito” de Luis Fonsi y Daddy Yankee, “Súbeme la radio” de Enrique Iglesias, o “Me enamoré” de Shakira. A partir de aquí, han sido muchos los que han interpretado esto como un veto o un intento de prohibición, pero no es así. Lo que el Instituto Vasco de la Mujer propone son canciones que no tienen un contenido sexual degradante para las mujeres y que defienden su capacidad de decisión. Por cierto, que esas tres canciones son sensuales, sí, pero las letras no tienen contenidos que inciten al machismo, no sé por qué no las han incluido. Más allá de las canciones de la lista, lo importante es este debate.

La música es una fuente de culturización y de educación, especialmente para los más jóvenes. Bajo esos ritmos pegadizos y divertidos que escuchamos se esconden muchas veces, demasiadas veces, mensajes que degradan a la mujer, que la presentan como sumisa y a las órdenes del macho alfa.

Lo peor de todo es que los jóvenes no sólo están reproduciendo conductas discriminatorias, que pensábamos superadas, sino que entre ellos el machismo y la violencia de género están aumentando. Por desgracia, las leyes contra la violencia machista no implican su erradicación. Y un ejemplo lo tenemos en las letras de algunas de las canciones que triunfan.

El cantante colombiano Maluma, uno de los reyes del reguetón, con millones de reproducciones de sus vídeos y millones de seguidores en las redes, en su canción “Cuatro Babys”, canta: “estoy enamorado de cuatro babies/siempre me dan lo que quiero/chingan cuando yo les digo/ninguna me pone pero”. El famoso rapero Eminem, también con millones de seguidores en todo el mundo, en uno de sus más conocidos raps, dice: “Puta, tienes que salir corriendo…Y hacerme el desayuno, perra, eso es un requisito previo”. Rap y reguetón, dos géneros en los que el machismo está muy presente.

No se trata de que las canciones no tengan contenido sexual (esto no es Arabia Saudí, afortunadamente), pero desde luego se trata de que no tengan un contenido degradante para las mujeres, que no las presenten como un trofeo para los hombres, que no aparezcan como sumisas ante los machos. Y en esto no habría que ir despacito.

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Agosto
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Mayte Ciriza | 28-09-2017 | 5:20| 0

Los primeros días de agosto te despiertas a la misma hora, aunque no pusiste el despertador la noche anterior. Te despiertas, pero te quedas en la cama, remoloneando, un par de horas más. Vacaciones es eso, es no tener que levantarse a las 6 de la mañana, es cambiar el orden en que haces las cosas cada día. Es escaparte de la tiranía de la rutina, de los horarios fijos, del despacho, de las reuniones, de tener que leer y contestar correos electrónicos, es poder olvidarse de la esclavitud del móvil, es poder tener tiempo libre para no hacer nada

Pues sí, yo estoy a favor de las vacaciones, son muy necesarias. Da igual adonde vayas, lo importante es desconectar. Desconectar para reconectar después. Es una manera de ser más eficaz en el trabajo, porque si no descansas no rindes. Y para recargar las pilas y sentirnos mejor, hay que dedicar tiempo a uno mismo. Aunque siempre hay quienes les cuesta cogerse tiempo libre, los que son adictos al trabajo, los que se creen insustituibles, a los que les estresa romper la rutina.

Conviene no hacerse demasiados planes, las mejores vacaciones son las que no tienen grandes expectativas ni agendas que nos estresen de antemano. No siempre es lo mismo hacer turismo y tener vacaciones, porque algunos lo que hacen es sustituir un agotamiento por otro, el del trabajo por el de las vacaciones. Por eso, en las vacaciones no hay que imponerse una agenda intensa, hay que evitar demasiados desplazamientos, demasiadas visitas, demasiadas actividades. Ya lo escribió Lao-Tse hace dos y mil pico años: “un buen viajero no tiene planes fijos ni tampoco la intención de llegar”.

Hay una variante interesante que es la de coger las vacaciones en otro mes y quedarse a trabajar en agosto, aprovechando que la mayor parte de los jefes están de vacaciones este mes, y así no tienen la presión de tenerlo encima. Y además pueden disfrutar de la ciudad sin gente, sin prisas, sin colas, sin problemas de aparcamiento. Y se van de vacaciones en septiembre, cuando todos volvemos.

También hay quien prefiere quedarse en casa en vacaciones, o no se puede permitirse salir, lo que es peor. Pero nada como cambiar de paisajes y respirar otros aires, nada como salir del entorno habitual. Hay que disfrutar las vacaciones todo lo que se pueda y aprender a valorar la tranquilidad de no hacer nada. Después de tantos meses, del largo invierno, después del curso tan intenso, después de tantas horas de trabajo…felices vacaciones. ¡Por fin!, ha llegado agosto.

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Cansos
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Mayte Ciriza | 05-07-2017 | 8:57| 0

Se plantó en el despacho sin que hubiéramos quedado, en qué hora le dije que sí, que tenía 5 minutos, y le pregunté: ¿qué tal todo? Ahí empezó la retahíla de todos sus males: empezó a hablarme de su exmujer, de sus hijos y hasta de los problemas con los vecinos. Hablaba sin parar, no veía el momento en que parase para respirar, levantarme inmediatamente y decirle que tenía una reunión urgentísima a la que no podía llegar tarde.

Uno de los personajes más divertidos de José Mota es “el cansino histórico”, que aparece en todas las épocas y que cuando coincide con un personaje famoso del momento, comienza a elogiarle, a pedirle autógrafos y a invitarle a algo. El personaje famoso, que tiene prisa, se niega y el otro empieza a insultarle.

Hay muchas palabras para denominar a los pesados: plomo, plasta, ladrillo, pelmazo, coñazo, aburrido, cargante, pelma, petardo, palizas…  Pero la que más me gusta para definirlos es nuestro riojanismo “canso”. Los cansos o cansinos no solo están ahí desde el principio de los tiempos, en todas las épocas, como el personaje de Mota, sino que no tienen edad, ni sexo, ni clase social, ni ideología -los hay de derechas y de izquierdas-. Están en todos los lados y en todas las estaciones del año, aunque en verano les cunde más. Estás tan tranquila en la piscina o en la playa y se acercan de forma inmisericorde a darte la chapa, mientras intentas leer o echarte una cabezada. Si hay algo transversal en nuestra sociedad son los cansos.

Cada día hay que lidiar con ellos: en el trabajo, en la familia, en la calle… No se ponen en el lugar del otro y no se dan cuenta de que están molestando, incomodando o incluso resultando desagradables. Al pelmazo, en general, se le ve venir, y hay que estar prevenido para que no te dé la paliza. Lo malo es que todos en algún momento acabamos siendo cargantes para otros.

Además de en la vida real, están también en la vida virtual. Las redes son el paraíso de los cansos. Están los que meten unas chapas infinitas en Facebook, los que se pasan el día retuiteando de todo, los que no paran de enviar vídeos, fotos o larguísimos mensajes de texto a todos los grupos de guasap y encima preguntan qué te ha parecido.

Hay muchos tipos de plastas: los que están todo el día quejándose, siempre les duele algo; los monotemáticos, que solo saben hablar de una cosa; los que solo hablan de sí mismos; los de los chistes malos o inoportunos; los profundos, siempre con el sentimiento trágico de la vida; los sosos por naturaleza; los pedantes, que solo se escuchan a sí mismos…

Invaden nuestra intimidad, se comportan de una manera egoísta, no respetan tu trabajo ni tu descanso, te hacen perder el tiempo y la paciencia, te pueden llegar a amargar y son insufribles. En fin, uno de los secretos de la felicidad es evitar a los cansos.

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