La Rioja

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Categoría: General
Pleitos tengas

De una forma instintiva huyo de los juzgados. Soy de
las que piensa que “pleito ahorrado, pleito ganado”, porque no es cuestión de
ganar pleitos, sino de evitarlos, de la misma manera que cuanto menos vayas a
un hospital, mejor, porque se trata de prevenir, en la medida de lo posible, las
enfermedades. Pero lo malo es que a veces los conflictos -como las
enfermedades- te vienen solos. Por mucho que intentes estar al margen de los
juzgados, te puede tocar en un momento u otro, y conste que, afortunadamente, no
es mi caso.

Tenemos, por el cine, una cierta idea de la justicia
norteamericana, pero, en cambio, la nuestra es, para la mayoría, una gran
desconocida. Sería bueno que supiésemos
algo del sistema judicial, aunque me temo que al propio sistema no le interesa
demasiado que conozcamos cómo funciona. Lo que sí tengo clarísimo es que la Justicia es un derecho
fundamental de los ciudadanos, igual que la sanidad, la educación u otras
prestaciones sociales. Es más, una Justicia rápida, imparcial y eficaz es un
pilar básico de la democracia y del Estado de Derecho.

 Cuando leo o
veo noticias sobre juicios, muchas veces tengo la impresión de que la mayor
condena, y no sólo para los acusados, es el largo, larguísimo proceso en sí. Supongo
que los jueces, fiscales, secretarios y funcionarios hacen lo que pueden, pero
algo falla en todo esto. Hace un par de meses hemos asistido a un caso más de
la lentitud de la justicia, el caso del anestesista que en Valencia contagió de
 hepatitis C al menos a 275 pacientes, y
que se ha juzgado casi diez años después. Vas a dar a luz, un médico toxicómano
te contagia su hepatitis y, además de tener que padecer la enfermedad, tardan
¡diez años! en resolver el juicio y darte una miseria de indemnización por
destrozarte la vida.

¿Cuántas veces no hemos escuchado en el telediario
que la mujer asesinada de quince puñaladas había denunciado a su ex pareja y estaba
desde hacía meses pendiente de juicio? Por cierto, cuarenta y cinco mujeres
asesinadas a manos de sus parejas en lo que va de año.

La lentitud de la Justicia es una injusticia. Necesitamos más
jueces y más medios para aplicar las leyes y para salir del atasco de cientos
de miles de casos sin atender. Aquí, en La Rioja, sin ir más lejos, además de miles de casos
pendientes, tenemos un cuchitril en el que trabajan sus funcionarios como tres
en un zapato. Necesitamos una Justicia en condiciones, que si no es ágil, no
será eficaz. Si no, mientras tanto, seguirá haciéndose buena la maldición
gitana que hace referencia a la enorme lentitud y complicación de la justicia,
porque aunque ganes el juicio acabarás desesperado: “pleitos tengas…y los
ganes”.

                           

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Mujeres como las de antes

Mi abuela nunca me había contado esta
historia. Estábamos dando un paseo por el parque cuando me dijo que su maestra
en Leiva, hace la tira de años, había propuesto a sus padres que la enviaran a
estudiar a la Universidad. Al enterarse mi bisabuela de que eso suponía cuatro
o cinco años, le dijo a la maestra que para entonces ya se habría casado y que
para qué demonios le iba a servir una carrera una vez casada. Luego se casó,
precisamente, con un maestro, y tanto tiempo después, a sus 88 años, de lo que
se lamenta mi abuela es de no haber estudiado una carrera que le hubiera
permitido tener un trabajo remunerado. Porque trabajar, ¡anda que no ha
trabajado! Crió a cinco hijos en un pueblo y en aquellos años duros de la
posguerra.

Siempre me ha dicho que lo más importante
es que las mujeres tengan una independencia económica, “así que, hija mía, tú
aplícate para que no tengas que depender de nadie”. Todo lo contrario del ideal
femenino vigente durante tantos años.

Ese modelo de mujer se recoge en un
artículo de hace 50 años en este mismo periódico, que me envió hace poco un
buen amigo. Bajo el título “¿Cómo le gustaría que fuera su novia? ¿Y su mujer?”,
se publicaba en “La Nueva Rioja” de entonces que “los hombres se reúnen en el
café y comentan y critican continuamente a la mujer… Ese ideal femenino, ese
concepto de mujer que buscan cuando son solteros y que luego desean encontrar
en la mujer una vez casados”. Y se recogen los pareceres de “un hombre de
negocios, un intelectual, un hombre de la calle, un trabajador y un
oficinista”.

Según ese ideal femenino, “si el hombre
trabaja, si somos nosotros los que tenemos que ganarnos la vida, la mujer debe
atemperar sus planes a nuestras ocupaciones. Obligo a que me tenga los
calcetines dispuestos, la camisa planchada, los botones zurcidos”. “Exijo un
hogar ordenado, las zapatillas en su sitio, el batín… Que sepa cocinar bien
para poderme mostrar orgulloso de invitar a cualquier compañero de trabajo o a
mi jefe de sección”, o “exactitud en las comidas y en los desayunos. Por eso
busco una mujer que sea puntual en levantarse. Debe tener buen carácter para
cuando venga malhumorado”. Menos mal que no todo era así, al “hombre
intelectual” le “horroriza la idea de que la mujer sea sólo una máquina de
fabricar hijos y una criada que continuamente esté limpiando la casa”, pero es
la excepción (se puede encontrar una trascripción íntegra del artículo en
http://blogs.larioja.com/entrenosotros).

Aunque a muchos nos parezcan del
paleolítico, por desgracia algunos siguen funcionando con estos mismos esquemas
mentales y sociales. Lo que se esconde
en estos comentarios es la idea de posesión y sumisión de la mujer, que es lo
que está detrás de la incesante violencia contra las mujeres. ¡Que razón tiene
mi abuela! La mayor revolución de los últimos tiempos es la emancipación de las
mujeres. Y es que, afortunadamente, cada vez quedan menos mujeres como las de
antes.


Artículo publicado en Diario La Nueva Rioja. 1957

¿Cómo le gustaría que fuese su novia? ¿Y su mujer?

¡Las mujeres!… ¡Las mujeres!…
Los hombres se reúnen en el café, en el plácido casino a media luz, y comentan
y critican continuamente a la mujer. Opinan y discuten, y de esas discusiones
nace el ideal tipo. Ese ideal femenino, ese concepto de mujer que buscan cuando
son solteros y que luego desean encontrar en la mujer una vez ya casados.

Escuchemos algunos pareceres:

Un hombre de negocios.-
Cuando era soltero, exigía de mi novia la comprensión. Soy un hombre que
dispongo de poco tiempo y por lo mismo me resulta muy complicado el que ella me
obligase a estar todas las tardes, de siete a diez, haciéndole compañía. Si el
hombre trabaja, si somos nosotros los que tenemos que ganarnos la vida, la mujer
debe atemperar sus planes a nuestras ocupaciones. Ya después de casado me gusta
que mi mujer sea hogareña. Obligo a que me tenga los calcetines dispuestos, la
camisa planchada, los botones zurcidos…

Un hombre intelectual.-
Para mí, la mujer es algo compañero. En la vida de un hombre, la novia, al
igual que la esposa, es un ideal maravilloso. Sirve de estímulo, de inspiración. Busco, pues, en
ella la colaboración más perfecta. Que viva mis alegrías y mis fracasos, que
espiritualmente seamos también uno. Me horroriza la idea de que la mujer sea
sólo una máquina de fabricar hijos y una criada que continuamente esté
limpiando la casa. Me alegra que tenga inquietudes intelectuales, que lea, que
guste de la música y pintura, y a ser posible que tenga una bonita profesión
liberal.

Un hombre trabajador.-
Cuando era novio, exigía de mi mujer una completa fidelidad. Nada de coqueteos
ni de trajes escotados. Ya de casados, exijo que sea hogareña. Que tenga a los
hijos limpios y cuidados, que la comida esté preparada a tiempo y que sea buena
administradora.

Un hombre de la calle.-
Para mí, la mujer debe dedicar un cuarto de hora al pensamiento de que hay algo
más importante que el tamaño de su cabellera, y otro cuarto de hora a
compenetrarse de la importancia de sus condición. Me gusta encontrar en la
mujer-novia audacia para trabajar, prudencia, tenacidad, blandura y sentido
hogareño. Ya de casados, que tenga siempre la idea de que el matrimonio no es
un fin, sino un comienzo. Que sea bondadosa, que cuide de la casa y que se
preocupe por los hijos. Eso, para mí, es lo fundamental.

Un hombre oficinista.- La
vida de la mujer debe atemperarse a mi horario. Exactitud en las comidas y los
desayunos. Sobre todo en los desayunos. Por eso busco una mujer que sea puntual
en levantarse y en recogerme a la salida de la oficina. Debe de tener buen
carácter para cuando venga malhumorado. Exijo un hogar ordenado, las zapatillas
en su sitio… el batín… Que sepa cocinar bien para poderme mostrar
orgullosos de invitar a cualquier compañero de despacho o a mi jefe de
sección…

  

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Cambio espermático

 
Resulta que los europeos se quedan sin espermatozoides: el cambio climático, por un lado, y el cambio espermático, por otro. La competitividad, la acumulación como sinónimo de bienestar, las prisas, el estrés, el consumo sin fin, los aditivos, los productos químicos (no sólo pesticidas y aditivos, incluso los utilizados para fabricar plásticos, o cremas o champús…), el tabaco, la mala alimentación, ¡la ropa ajustada!, están acabando con los espermatozoides. El progreso no puede ser esto.
 
Un reportaje del suplemento XL Semanal de este periódico recogía la semana pasada un estudio sobre el semen de los europeos, que ha caído en picado en el último medio siglo (http://www.xlsemanal.com/web/articulo.php?id=17537&id_edicion=1867). En algo está España a la cabeza en Europa: somos los primeros en esterilidad. Por eso se va a llevar a cabo el “Primer estudio nacional del semen”, entre 600 jóvenes españoles de 18 a 25 años.
 
¿Qué tal si se dedicara más tiempo a las relaciones humanas y a nosotros mismos?
 
                   
               
 
 

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Wapo bsts

Mi hijo mediano cumplía 13 años la semana pasada y
no, todavía no tiene novia, pero la mayor parte de los mensajes de felicitación
que recibía en su móvil iba en esta línea: “WnasS wapiximoO!! FELICIDADS!!! K
tl? k t lo pass mu bn k t regaln muxss kss kiero k spas k tqeroO y k no perdams
nunca nuestra amstad. Wen wapo dw bsts tqmxooooO!! :-)

Así se comunican chicas y chicos por el móvil o el
Messenger en Internet. La traducción aproximada sería: “Buenas guapísimo.
¡Felicidades!. ¿Qué tal estás? Deseo que te lo pases muy bien y que te regalen
muchos besos. Quiero que sepas que te quiero y espero que no perdamos nunca
nuestra amistad. Bueno, guapo, adiós, besitos, ¡te quiero muchoooooooo!”.
 
        Los chavales son expresivos, no ocultan sus
emociones, tienen un lenguaje muy afectivo. En mis tiempos esto no era así, nos
costaba más manifestar el cariño y no teníamos móvil. Los mensajes del
ordenador están también llenos de lo que llaman emoticonos: :-) , :-( , unos
símbolos que expresan los estados de ánimo. Me llama la atención que, más allá
de la gramática, hay una necesidad imperiosa de comunicarse y de diferenciarse.
 
        La misma “llamada perdida” que se hacen, sin más, es
una manera de decirse “me acuerdo de ti”, “estoy contigo”, “¿qué haces?”. Es el
no va más: se comunican sin comunicarse. Los jóvenes necesitan escribir de
forma rápida y directa, economizando tiempo, adaptándose a la pequeña pantalla
del móvil, y necesitan relacionarse y expresar lo que sienten.
 
       Los profesores alertan del empobrecimiento del
lenguaje, de que estropean su ortografía. Pero el problema no viene por
escribir así en el móvil, sino porque no leen lo suficiente, y porque no les
enseñamos a redactar. Ahí es donde tenemos que insistir mucho más, todos los
días. El móvil e Internet han cambiado
la forma de comunicarse, y no podemos ir en contra de los tiempos, pero lo que
no puede ser es que no sepan expresarse correctamente o que esto sustituya al
contacto personal y los aísle detrás de una pantalla.
 
        Ambos lenguajes pueden convivir, lo importante es
saber cambiar de registro según las circunstancias y el interlocutor. Este
moderno dialecto de los mensajes de móvil cumple su función en la sociedad
actual. Una sociedad condenada a este peculiar bilingüismo, del que todos
empezamos a estar contagiados. Sin ir más lejos, el otro día, me vi
escribiéndole a mi santo al móvil para decirle que antes de ir a casa no se
olvidara de comprar patatas y cebollas para la cena: “N t lvides d cmprar ptats
i ceboyas ants dir a cas. Wapo bsts”.

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Intimidades

Una mujer desnuda toma plácidamente el sol en el ático de su casa. Piensa que nadie la ve, pero millones de usuarios de Internet pueden estar observándola en ese momento. No está en una playa, no está en un sitio público. Está en su casa, en su ático o en su terraza, fuera del alcance de ninguna ventana. No hay ningún otro edificio alto cerca. ¿Es la intimidad un derecho?
Google pone la información geográfica de todo el mundo al alcance de una pantalla de ordenador. Y no sólo esto, su nuevo servicio “Street View”, disponible ya en varias ciudades de Estados Unidos, te permite ver lo que ocurre a pie de calle. Se puede acercar la imagen hasta el punto de ver con detalle quién cruza la calle en ese momento, quién se asoma al escaparate del sex-shop, quién salta la verja, quién se ha jugado la clase (todas estas situaciones son pilladas reales). Lo que pasa detrás de una ventana también se ve en la red. Ni las paredes de tu casa te protegen.
La sociedad del conocimiento quiere visibilidad. La intimidad no lo tiene fácil, se había convertido hace tiempo ya en un espectáculo en televisión. En la mesa de una terraza de verano las parejas cuentan su vida sexual sin ahorrar detalles. El pudor no está de moda.
Ahora en la red todos podemos ser el Gran Hermano, el ojo que todo lo ve. Y todos podemos ser vistos. Definitivamente la intimidad ya no es lo que era.
 
 

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Noventa gramos en lata

        Estos días la Tizona, la espada del Cid, ha librado, ella sola,
una nueva batalla, no sabemos si la última. Resulta que el Ministerio de
Cultura no ha querido comprar la espada, que estaba en manos de un particular,
y lo ha tenido que hacer la
Junta de Castilla y León, que ya la ha depositado en un
Museo, en medio del fragor del debate sobre la autenticidad del arma.
 

Esto me recordaba que una cosa es la tradición, la
cultura, la historia de una sociedad, lo que son sus raíces y sus señas de
identidad, y otra muy distinta esta locura colectiva que se ha desatado con los
nuevos mitos de nuestra sociedad: famosos, cantantes, actores y demás.

 

Las reliquias de los santos o de los personajes de la Historia han sido
sustituidas por los nuevos iconos, por los que se pagan cifras millonarias.
Para los admiradores de las estrellas, poseer uno de sus objetos no tiene
precio. Así, por ejemplo, se han pagado cantidades desorbitantes por el piano
en el que ensayaba John Lennon, por la guitarra de Paul McCartney, por el
certificado de matrimonio de Elvis (la Beatlemanía y la Elvismanía son capítulo
aparte), por el sombrero de John Wayne o por la peluca de Andy Warhol. Uno de
los mitos modernos que más cunde es Marilyn Monroe, de la que se ha subastado
casi todo, ¡hasta sus bragas!

 

Hay todo un negocio montado alrededor de estos
fetiches, lo que es una muestra más de los excesos de esta sociedad de la
opulencia. Para diferenciarse, para sentirse únicos, algunos quieren poseer ese
objeto que les contagie del glamour del mito, como si esto les hiciera
parecerse a ellos: lo último es un frasco de “aire” envasado, respirado por
Angelina Jolie y Brad Pitt. Algo similar a los globos hinchados por un artista
italiano, Piero Manzoni, y que, bajo el título de “Aliento de artista”, los
vendió como una de sus obras de arte.

 

El no va más son, precisamente, las latas de mierda
que llevan la firma de ese mismo artista. Sí, como suena. El tal Piero decidió
enlatar sus propios excrementos en la década de los sesenta. 90 latas de 90 gramos. Pues bien, a
finales de mayo, la famosa casa de subastas Sotheby’s subastaba y lograba
vender una de estas latas, la número 18, por nada más y nada menos que 124.000
euros. Ojo, que en 2002 la prestigiosa Tate Galery de Londres compró la número
4 por unos cuantos miles de libras en medio de una gran polémica al tratarse de
dinero público.

 

Cualquier día nos encontramos con una subasta de
latitas de éstas de los famosos del cine, o del fútbol, o de la canción. Unas
latas que demuestran hasta qué punto lo excéntrico y lo irracional anidan en
nuestra sociedad. Quizá en el fondo el joven Manzoni, al enlatar sus
excrementos, no hacía otra cosa que criticar esta sociedad mitómana en la que
vivimos. Quizá quiso pagarle con la misma moneda: con una provocación de 90 gramos en lata.

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Sobre el autor Mayte