La Rioja
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Programados
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Mayte Ciriza | 31-01-2018 | 19:50| 0

Mi móvil funcionaba a las mil maravillas hasta que un día me apareció un mensaje que informaba sobre una “actualización disponible”, le di al botón de “actualizar” pensando que el nuevo sistema iba a mejorar las prestaciones y el rendimiento del teléfono, pero en realidad, esa nueva actualización ralentizaba el sistema del Iphone de forma deliberada. Quién iba a decirme que esto en la práctica me obligaría a tener que comprar otro modelo, dos años después de haberme comprado el que tengo ahora, porque esta supuesta nueva mejora que la propia compañía, Apple, ofrecía, consumía la batería en un santiamén.

No pocos compran el último modelo de móvil como un símbolo de estatus, y lo exhiben a la primera de cambio, allá cada uno. Lo que da rabia es que sin querer cambiar el móvil tengas que hacerlo. Y tengo que comprarme otro, no porque el que tengo ahora sea muy antiguo y se haya desgastado con el tiempo o esté deteriorado, sino porque al instalar ese sistema inducido por la propia compañía, el móvil ha dejado de ser útil, va mucho más despacio y se muere rápidamente. Es como ir con un teléfono fijo por la calle porque lo tienes que tener enchufado para que funcione. El propósito es forzarte a que te compres un modelo más caro y te obligan a consumir.

¿Cómo defenderse de este abuso? De este y de tantos otros relacionados con lo que se llama la “obsolescencia programada”, es decir,  de esta reducción intencionada de la vida útil de los aparatos móviles o electrónicos. Cómo será la cosa que es más barato comprar un móvil o un electrodoméstico nuevo que repararlo. Hace poco se nos estropeó la tostadora, la llevé al servicio técnico y me dijeron que se había quemado la resistencia y que costaba más el arreglo que una nueva. Y a mi santo le ha pasado lo mismo con su inseparable aspirador, con lo que lo cuida y limpia cada semana.

Todo lo fabrican para que se rompa, para que se estropee. La muerte súbita de la lavadora, del microondas, de la tostadora o del móvil, a traición y justo después de que se cumpla la garantía. No se trata de que todo sea como esa bombilla del parque de bomberos de Libermore en California que sigue brillando de forma ininterrumpida más de un siglo después. Los coches y los electrodomésticos de hoy consumen menos que los de antes, son más eficientes energéticamente, pero ni se trata de que todo sea eterno ni del mantra de hoy en día de comprar, usar, estropearse al poco tiempo, tirarlo y volver a comprar. A lo largo de la vida se calcula en torno a 60.000 euros el coste de la obsolescencia programada. Además de que el volumen de desechos que se genera es inabarcable y esto no hace sostenible el planeta.

En los países europeos empieza a haber legislación al respecto. En Francia, por ejemplo, ya hay una ley contra la obsolescencia programada. En España todavía somos rehenes de las grandes empresas tecnológicas y estamos desprotegidos ante la ley. Las compañías programan que se acorte la vida de sus productos para que el usuario se vea obligado a comprar una y otra vez. Y para esto no estamos programados.

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Con entusiasmo
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Mayte Ciriza | 31-01-2018 | 19:44| 0

De repente, empecé a prestar atención al soniquete de aquella niña que estaba cantado los premios de la lotería de Navidad, “miiiiil eeeeeeeeeuros”. Tarareaba la cantidad premiada desde que cogía la bola del bombo hasta que la introducía en el alambre. Al ser más pequeña, tenía que estirarse completamente del bombo a la mesa y al hacerlo alargaba la cantinela de los “miiiiiiil eeeeeeeuros”, y lo hacía como si cada vez cantase el Gordo.

Cómo será la cosa, que un miembro de la organización se le acercó en una pausa para indicarle que aflojase, que cantase el premio “más cortito, más cortito”. Pero ella siguió haciéndolo igual, con un entusiasmo indescriptible, y con el apoyo del público asistente en el Palacio Real, que coreaba cada bola como si fuera el Premio Gordo de la Lotería. Cómo sería la cosa que al salir, la despidieron al grito de “tú sí que vales, tú sí que vales”, en referencia al programa-concurso de jóvenes promesas de la televisión.

Esta ha sido una de las anécdotas de la Navidad este año. La niña, Aya Ben Hamdouch, conquistó no sólo al público con su contagioso entusiasmo, sino a todos los espectadores que al momento inundaron las redes sociales con mensajes apoyando a esta niña. Y es que valoramos cuando alguien lo da todo, cuando se entrega en lo que tiene que hacer, sea lo que sea.

Pocas cosas enganchan más que el entusiasmo. Una persona que vibra con lo que hace, que lo lleva a cabo con ganas, que tiene empuje, por modesta que sea la tarea, transmite energía y positividad. El entusiasmo tiene un gran poder seductor, te carga y te hace sentir vivo, es una fuerza irresistible.

En el trabajo, como en la vida en general, es importante el conocimiento, sin eso no se va a ningún sitio. Es también importante la habilidad, sin eso tampoco se va a ningún sitio. Pero sin actitud, lo anterior tampoco nos lleva a ningún sitio. Insisto en que el conocimiento y la habilidad son la base, de hecho no hay nada más peligroso que un inútil motivado. Pero la gente nos aprecia y valora no por nuestro conocimiento o por nuestra habilidad o experiencia, sino sobre todo por nuestra actitud.

Que la actitud de esta niña que conquistó Internet nos acompañe en este año que acaba de empezar. Esta niña que cantaba los premios de mil euros como si fuera lo mejor que le había pasado en la vida. En este año 2018 que acaba de empezar, ante las dificultades, que las habrá; ante los problemas, que los habrá; ante las adversidades, que las habrá; que no nos falten la pasión, la alegría ni el entusiasmo.

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Cuestión de corazón
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Mayte Ciriza | 31-01-2018 | 19:46| 0

Paseo por un Madrid brillante, luminoso y animado. La música navideña y los villancicos inundan de alegría el ambiente. Hace frío, pero las aceras y las zonas peatonales están abarrotadas de gente que entra y sale de tiendas y grandes almacenes con bolsas de regalos. Luces, adornos, mercadillos, ferias de artesanía, belenes…, el espíritu de la Navidad está presente en cada rincón. Todo tiene un aspecto agradable, diferente, especial y acogedor.

A la puerta de una tienda de exquisiteces gastronómicas hay una persona casi tumbada en el suelo, sobre unos cartones, con un cartel en el que pide algo de dinero para comer junto a una lata para las monedas. No sé calcular la edad de este hombre, con su barba larga y descuidada, el pelo desaliñado, las manos negras de suciedad, la ropa andrajosa y raída. Sin mirarlo, como si fuera invisible, todos lo esquivamos. Esto se da en todas las ciudades, también en Logroño. Hay otra Navidad, olvidada, en sus casas de cartón.

Al llegar a casa veo a Richard Gere en la tele. Ha venido la semana pasada a Madrid dentro de su campaña a favor de las personas sin hogar, para pedir un mayor esfuerzo y concienciación de todos en la erradicación del “sinhogarismo”, de las personas sin techo. Hay pocos datos sobre estas  personas en España, lo que es una muestra de que el problema en su conjunto es también invisible para la sociedad, vamos, que nos da igual.

En nuestro país hay cerca de 40.000 personas sin hogar, que viven en la calle de forma permanente, y más de la mitad llevan más de tres años en esta situación. Muchos tienen graves problemas de salud y su esperanza de vida es veinte años menor que la de la población en general. El 51% ha sido víctima de un delito de odio en el último año.

El psiquiatra español Luis Rojas Marcos dirigió hace años en New York el programa “Help”, para dar tratamiento y alojamiento a los “sin techo” que vivían en las calles de la gran manzana. La mayoría sufre adicciones, tiene problemas psiquiátricos y necesita tratamiento médico. En su momento Rojas Marcos lo planteó con valentía, porque no se trata de una cuestión estética en las calles, sino de una cuestión de humanidad: a estas personas que están enfermas y sin ningún medio, que malviven entre cartones, que tienen los cajeros automáticos como su dormitorio, hay que sacarlos de las calles, hay que curarles, hay que darles una oportunidad, hay que ayudarles.

En cada una de estas personas que malviven entre cartones, o que duermen en las camas de madera de los parques que al día siguiente serán bancos, helándose de frío cada noche, o que tienen los cajeros automáticos como su habitación, en cada una de ellas está la dignidad humana. No son borrachos, ni mendigos, ni indigentes, ni vagabundos, ni yonquis, ni sucios. Son personas. Son personas que tienen graves problemas. Y que necesitan ayuda. Veo que la visita de Gere ha copado las revistas y los programas del corazón, aunque muchos no saben ni a qué ha venido. Sacar a los “sin techo” de las calles y darles un hogar es una cuestión, esta sí, de corazón.

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Bulos
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Mayte Ciriza | 08-12-2017 | 08:15| 0

Resulta que no era un independentista catalán el que aparecía sangrando –supuestamente por un golpe de la policía nacional- en la foto el día 1 de octubre de este año, ni era en Barcelona, sino un minero en una manifestación  en Madrid en 2012. Resulta que la brecha del niño en la cabeza no era de ese mismo día ni debida a la guardia civil, sino de cinco años antes y producida precisamente por los Mossos. El 1 de octubre, en el frustrado referéndum secesionista, estas fotos trucadas y otras “noticias falsas” (como lo de los 1.000 heridos) corrieron como la pólvora por todos los medios de comunicación, colocadas por los aparatos de propaganda independentista. Hasta entonces no habíamos sufrido en nuestro país una campaña tan cruda e intensa de lo que se llama “fake news”, es decir, “noticias falsas”.

El resultado del referéndum del Brexit se debió, como se ha sabido después, a una hábil difusión de noticias falsas. En Estados Unidos, empezaron con que si Obama no era estadounidense, que si había nacido en Kenia, hasta el punto de que tuvo que enseñar su partida de nacimiento, y siguieron con que si Hilary había tenido una aventura con Yoko Ono, o que pertenecía a una red de pedofilia. Mucha gente se llegó a creer la noticia de que el Papa Francisco apoyaba a Trump. Y así, bulo tras bulo, Trump ha llegado a ser presidente. Como se ha demostrado ya a estas alturas, los rusos son los campeones de las trolas, inundan con noticias falsas para desestabilizar las democracias occidentales, también en España (como se ha visto en Cataluña).

Cada año, los editores del Diccionario Oxford seleccionan la palabra del año. Este la elegida ha sido precisamente “fake news”. El año pasado la palabra fue “post-truth”, que en español hemos traducido como “posverdad”, definida en el Diccionario de Oxford como “la actitud de resistencia emocional ante hechos y pruebas objetivas”, en fin, es creerse lo que uno quiere al margen de la realidad, y es que cada uno se engaña como le da la gana. Me llama la atención que durante dos años seguidos la mentira está en el alma de la palabra inglesa del año.

Ante la sobreinformación bajo la que vivimos, la gente no piensa cuando lee. Hay también una relación directa entre las noticias falsas y el uso de las redes sociales, en las que no hay un filtro fiable en la selección de la información, no se comprueba la verosimilitud de lo que se cuenta. Para evitar la propagación de las noticias falsas necesitamos medios serios de comunicación. La mejor manera de evitar que nos engañen es más periodismo.

La FUNDEU se encarga de elegir la palabra del año en español: el año pasado fue “populismo” (por cierto, “posverdad” fue finalista), los anteriores, “refugiado” y “selfie”. Siendo la FUNDEU, que vela por el buen uso de la lengua española –entre otras cuestiones, frente al tsunami del inglés-, al menos cabe esperar que no elija una expresión en inglés, como “fake news”. Yo voto por “noticias falsas” o “bulos”.

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Desagradables
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Mayte Ciriza | 24-11-2017 | 19:19| 0

Se acercó a su mesa de trabajo en el banco, se paró delante de ella, la miró fijamente y le dijo: ¡“Ayyyyy! ¡Con lo guapa que eras!”. Mi hermana se quedó sin palabras cuando esta clienta le espetó de repente esto, después de mucho tiempo sin verla. Casos de estos tenemos todos. A una amiga mía le pasó hace unos meses, salió su edad en la conversación y le dijeron: “¡Ah! ¿Pero solo tienes 49? Pensaba que tenías más”. Mi amiga se quedó clavada, incapaz de reaccionar.

¿Quién no se ha topado con gente que sin tener mayor confianza contigo te hace una observación desagradable? Todos los días nos toca tratar con personas así, que te dicen cosas del tipo “con ese vestido parece que estás embarazada” o hachazos que te dejan noqueada, como “Uyyy! ¡Cómo te has puesto! ¡Has engordado!”

Normalmente esta gente no tiene mala intención, expresan lo primero que les viene a la cabeza, sencillamente no filtran lo que dicen, con lo cual ya se sabe de qué manera se puede relacionar una con ellos: cuanto menos, mejor. Lo más recomendable en estos casos es aplicar el sentido del humor, no darle importancia y cambiar de tema. De todas formas, siempre he pensado que si no tienes nada bueno que decirle a la otra persona, lo mejor es callarse, no hay por qué hacerle ninguna observación.

El problema no es esta gente, no. El problema son los que tienen mala leche, los que descargan en ti su rabia, su frustración, su amargura vital o su soberbia. Rufián, por ejemplo, está en cabeza de la lista de los bordes y desagradables. Y, fuera de nuestro país, Trump hace todo lo posible para mantenerse también en lo más alto de la lista.

Pero no solo los vemos en la política o en la tele, en el día a día todos tenemos que lidiar con gente así. Lo ideal sería evitarlos, aunque es irremediable tener contacto con ellos. Lo que sí podemos lograr es que no nos afecte. Hay que entrenarse para ello, esto no es innato, pero hay que conseguir que esa gente no te enfade ni te cabree, porque entonces ya han logrado contagiarte y transmitirte su amargura vital o su soberbia.

Los sabelotodo, los que solo ven las dificultades, los que nunca sonríen, los que están quejándose permanentemente de todo, los que están siempre criticando a los demás,  los engreídos que se creen más que el resto, los neuróticos que tienen que estar siempre controlando a los demás, los que no dejan de juzgarte y opinar sobre ti… Identifícalos, y no te dejes, que no te afecten. Vacúnate contra los desagradables.

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RH en el fútbol
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Mayte Ciriza | 22-11-2017 | 21:10| 0

Una de las mejores cosas que les ha pasado a mis hijos es jugar al fútbol. Uno de ellos sigue haciéndolo. Practicar deportes en equipo es mucho más que hacer ejercicio físico y llevar una vida saludable, que ya es bastante; es toda una escuela de vida, es aprender unos valores: el de la solidaridad, el esfuerzo, el compañerismo, la disciplina, el respeto, el espíritu de sacrificio, el saber ganar y perder.

He visto la infinita tristeza de uno de los amigos de mis hijos cuando le dijeron que no podía continuar en el equipo por su condición física, porque no tenía la técnica suficiente según el entrenador. Siempre he pensado que son mucho más importantes todos estos valores y la práctica deportiva escolar que la mera competición, y que por encima de todo está el valor educativo del deporte base, más que los trofeos que estos chavales puedan conseguir. Por eso no estuve de acuerdo con que se apartase a aquel joven, cuyos amigos seguían en el equipo, y así se lo trasladamos varios padres y madres a los responsables del club. No lo sacaron mucho a jugar, pero pudo seguir entrenando y viajando con sus compañeros de siempre.

Estos últimos días se ha hecho público que el Athletic de Bilbao ha expulsado a 150 niños riojanos del centro de tecnificación deportiva que tiene el club en Oyón. Los ha expulsado, una vez empezada la temporada, porque no son nacidos ni residentes en el País Vasco, Navarra o el País Vasco francés. ¿Cómo explicarles a estos niños que no los quieren por ser riojanos, y no por cómo juegan en el campo? En La Rioja ha habido siempre una gran relación con el Athletic, con destacados jugadores riojanos en el primer equipo,  con una larga tradición de apoyo a ese club y con muchos seguidores de ese equipo en esta región.

A preguntas de los medios, el Presidente del Athletic, Josu Urrutia se llama, dijo: “los chicos y chicas nacidos en el País Vasco se sienten mal cuando un jugador nacido en La Rioja viste la camiseta y no es autóctono”. Estas declaraciones tienen un tufo xenófobo y racista. Decisiones como la que se ha tomado para expulsar a 150 niños de La Rioja por el hecho de no haber nacido en el País Vasco nos recuerdan que algunos siguen defendiendo una pureza de la raza. Hace unos años Arzalluz se refería a la identidad racial de los vascos basada en el RH negativo. Pensábamos que esto estaba superado. Pero no, ese supremacismo racial sigue vivo. Es lo que ha pasado con estos niños. El RH negativo llevado al fútbol base.

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Ya estoy llegando
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Mayte Ciriza | 21-11-2017 | 20:21| 0

Habíamos quedado en la cena anual las compañeras de curso, y Pilar, para no variar, no llegaba, así que le enviamos un guasap: “¿dónde andas? ¡Te estamos esperando!”, y nos contestó que tardaba cinco minutos, que al final fueron veinte. Al llegar, que si no encontraba sitio para aparcar, que cómo está el tráfico en Logroño, que si le habían llamado justo al entrar y llevaba diez minutos hablando en la puerta…, en fin, lo de siempre, excusas atropelladas e inventadas para justificar la impuntualidad.

Pero el no llegar, con la nueva opción de guasap, se va a acabar. La red de mensajería va a activar una opción que permite localizarnos al instante, es decir, que muestra a nuestros contactos dónde nos encontramos en ese momento. La opción puede ser muy práctica, como dice Facebook (propietaria de Guasap) al presentarla: puede servir “para reunirte con tus amigos, avisar a tus familiares de dónde estás o compartir tu trayecto”.

Realmente esta opción de localización puede ser muy útil para los adolescentes que vuelven a casa, para que te localicen si te ha sucedido algo o para los aficionados a la montaña. En cambio, no está recomendada para los adúlteros, para los que no quieren que se sepa dónde están o para los que llegan siempre tarde.

Si para algo va a servir esta opción de guasap es para que lleguemos puntuales a los sitios. La puntualidad  tiene mucho que ver con el respeto a los demás, es una muestra de rigor personal, una virtud. Ser impuntual, sin embargo, es una falta absoluta de educación, es un acto de desprecio hacia el que espera, es una falta de empatía porque el impuntual no se pone en el lugar del otro y considera su tiempo más valioso que el tuyo. Ser puntual, obviamente, no quiere decir llegar una hora antes, porque tampoco eso está bien visto, puede parecer más bien una muestra de ansiedad o de despiste.

Llegar tarde da una imagen pésima del tardón y en lo profesional es algo muy negativo. Quien llega tarde demuestra que es poco fiable y es un irresponsable. Y lo que es peor, el impuntual hace perder el tiempo a los demás, y el tiempo es lo más valioso que tenemos. Si alguien no es capaz de organizar su agenda, de cumplir sus compromisos y de llegar a tiempo, ¿cómo va a desarrollar bien su trabajo?

En lo personal somos más comprensivos con el que llega tarde, pero es igualmente una falta de respeto. En cualquier caso, si ya es la hora a la que habías quedado y aún no has salido de casa, ya puedes ir desactivando la opción de localización en el guasap, porque cuando te pregunten: “pero, ¿dónde te metes? Estamos todos y solo faltas tú”, no podrás contestar, mientras te estás vistiendo: “ya estoy llegando”.

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Jetas
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Mayte Ciriza | 21-11-2017 | 20:17| 0

La semana pasada tuve reunión de la comunidad de vecinos, y el administrador nos contó que hay un vecino que lleva varios meses sin pagar el recibo de la comunidad, y no tiene precisamente problemas económicos, más bien todo lo contrario. Utiliza el ascensor, da la luz de la escalera cuando vuelve de cenar por ahí, se ducha con agua caliente y pone la calefacción (que son centrales), pero no paga ni un euro de todos estos gastos comunes. Si coincides con él te saluda tan campante, ni un asomo de mala conciencia. Me pregunto cómo es posible tener tanto morro, y también cómo somos tan excesivamente educados el resto de vecinos que no le reprochamos lo caradura que es.

En la vida diaria nos encontramos con muchos tipos de jetas. Los del trabajo, esos que están siempre olisqueando lo que haces para aprovecharse de tus ideas, de tu esfuerzo, de tu conocimiento o de tus contactos. O los que se piden la baja a la primera de cambio y sus compañeros tienen que apechugar con su parte del trabajo. ¿Quién no ha tenido, siendo estudiante, compañeros de esos que estaban todo el día pidiendo los apuntes y los resúmenes de los libros, pero nunca compartían los suyos?

Durante mucho tiempo llevé a los entrenamientos de fútbol a un compañero del equipo de mi hijo, que vive cerca, en la misma manzana, pero cuando varias veces necesité que sus padres acercaran al mío a casa, nunca les venía bien. Y qué decir de esos que se despistan cuando hay que pagar la ronda de vinos o nunca llevan suelto.

Todos tenemos parásitos conocidos, y todos sufrimos las consecuencias de los parásitos sociales: los que piratean películas o libros, los que defraudan a Hacienda, los que hacen trampas con los subsidios o las ayudas sociales, los que no pagan el IVA… ¿Cuánto dinero se nos va a todos en estos jetas?

La mentira, la manipulación y el victimismo son las técnicas habituales del caradura. En lo personal se aprovecha de la amabilidad del vecino, de la buena fe del compañero de trabajo, de la bondad del amigo. En lo social se aprovechan de que no se les denuncia y de la dejadez de las administraciones en perseguir estas conductas. Todos se benefician de que nunca se les planta cara.

Lo único bueno de los jetas es que se les pilla pronto, se les ve venir. Hay que dejarse de buenismos y establecer límites una vez detectado el chupóptero, mantener una distancia vital de seguridad y, en la medida de lo posible, evitarlos. La vida es mucho más agradable, más fácil, más tranquila y más feliz sin tener alrededor jetas.

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Disfrutar
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Mayte Ciriza | 28-09-2017 | 17:03| 0

Aunque no he podido estar toda la semana, he disfrutado a tope de los días que he estado en San Mateo, al poder compartir buenos ratos con buenos amigos, algo que muchas veces el día a día no te lo permite. Pero no solo hay que aprovechar las fiestas para disfrutar. El secreto de la felicidad está en disfrutar cada día con lo que se hace y en sufrir lo menos posible, aprovechar los buenos momentos que te ofrece la vida.

La semana que viene, y aunque no lo parezca, me caen cincuenta y cuatro años, uno detrás de otro, y con el paso del tiempo cada vez se valoran más esos momentos de felicidad en los que de verdad disfrutas de la vida. Hay personas que viven atrapadas en el pasado, siempre pensando en las oportunidades que perdieron o en la mala suerte que tuvieron en determinado momento; hay otro tipo de personas que viven angustiadas por el futuro -no se trata de no preocuparse por el futuro-, pero tampoco de que nos atenace y paralice pensando que puede ir mal; y hay un tercer grupo que, pensando razonablemente en el futuro, se centran más en el presente y en la vida, son los que hacen suyo el lema mi santo, citando a sus clásicos, “carpe diem”, algo así como “disfruta cada momento”. Conviene rodearse siempre de “disfrutones”,  porque todo se pega (menos la hermosura).

Hay que disfrutar cada instante de vida, cada segundo, porque lo único que no se recupera jamás es el tiempo perdido. Hay que tener una planificación de futuro, pero sin volverse loco, Como escribió John Lennon, “la vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes”.

En el estupendo suplemento del pasado domingo de este nuestro periódico, el XL Semanal, venía una carta de un lector en la que se extrañaba porque el verbo “disfrutar” no se encuentra entre las 500 palabras más usadas en español. Me fui al Corpus de Referencia del Español Actual, de la Real Academia de la Lengua, y no es que no esté entre las 500 más usadas, ¡es que en el índice de frecuencia está en la posición 3.905! Si vamos a las 5.000  palabras más usadas (un ciudadano medio utiliza más o menos 2.000 vocablos), comprobamos que “sufrir” ocupa la posición 3.013 de las más usadas, es decir, que se utiliza más que “disfrutar”. También se utiliza más “triste” (posición 2.142) que “alegre” (hay que bajar hasta el puesto 3.749 para encontrarla). Y está antes “depresión” (2.167) que “felicidad” (2.494). Cómo hablas indica cómo piensas, las palabras revelan nuestra manera de entender la vida.

Así que tenemos que aprender a disfrutar todavía más, en el día a día, en cada una de las cosas que hagamos, aquí tenemos mucho que mejorar. Tenemos que hacer nuestras las palabras que Cruyff les dijo a sus jugadores en la final de la Copa de Europa de 1992 (ahora Champions League): “estáis en Wembley y vais a jugar la final de la Copa de Europa, así que salid ahí fuera y disfrutad”.

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Siempre negativos
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Mayte Ciriza | 28-09-2017 | 17:02| 0

Supongo que será una de las fotos del año, la de Rafa Nadal y Garbiñe Muguruza posando hace unos días con una enorme bandera de España desde el Campeonato Nacional de Tenis (le llaman “Open”) de Estados Unidos. Por primera vez en la historia, dos españoles ocupan el primer puesto del ranking mundial masculino y femenino. La foto ha triunfado en las redes y nos ha hecho sentir, una vez más, el sereno orgullo de ser españoles.

Pero no solamente me siento orgullosa cuando ganan nuestros tenistas o cuando veo a la selección de Baloncesto arrasar estos días en el Eurobasket o a la de fútbol dar una clase magistral ante la italiana, como la semana pasada. Nos sabemos la mayor parte de los nombres de los deportistas que ganan copas o medallas, y eso está bien, pero hay muchos más campos y nombres españoles que son referencia mundial y de los que sentirse muy orgullosos.

Jugamos, por ejemplo, la Champions Ligue de la ciencia. Es para sacar pecho de este país el tener, por ejemplo, científicos punteros en la biomedicina mundial, como los oncólogos Josep Baselga, Mariano Barbacid y María Blasco, el cardiólogo Valentí Fuster, Pedro Alonso, director del Programa Mundial de Malaria de la OMS, el neurólogo Rafael Yuste, y tantos otros.

Podemos y debemos presumir de ser uno de los países con uno de los índices más altos de esperanza de vida del mundo (83 años); somos uno de los más tolerantes y liberales; tenemos una de las mejores democracias del mundo según el Democracy Index de The Economist; nuestras Escuelas de Negocios ocupan las primeras posiciones del planeta; nuestra gastronomía es una referencia mundial; somos el segundo país del mundo en kilómetros de AVE; en definitiva, somos un país moderno y avanzado, a la cabeza de los mejores del mundo.

Pero los españoles seguimos evaluándonos como si esto fuese una república bananera. Esto no es de ahora, ya en el XIX escribió el poeta catalán Joaquín Bartrina, sí, ya entonces: “oyendo hablar a un hombre, fácil es / acertar dónde vio la luz del sol. / Si os alaba Inglaterra, será inglés, / si os habla mal de Prusia, es un francés, / y si habla mal de España, es español”. Los más de 80 millones de turistas que van a visitarnos este año no opinan mal de nuestro país, por algo vienen aquí: somos el tercer país con más turistas del mundo (junto a Francia y Estados Unidos) y el mejor destino turístico mundial según el World Economic Forum.

Claro que tenemos mucho que mejorar, ¡ni que todo estuviera hecho! Pero no se puede permitir ese tono apocalíptico que utilizan tantos. Unos por derrotismo, algunos por rentabilidad política, otros porque, como niegan España, necesitan presentarla siempre mal. Como decía aquel entrenador holandés del Barça, Van Gaal, demasiados se empeñan en tener una actitud “nunca positiva, siempre negativa”.

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