La Rioja
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Mamá, yo no quiero tener «ex»
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Mayte Ciriza | 07-12-2005 | 11:24| 0

Estábamos en casa el domingo, comiendo tan tranquilos, y mi santo y yo nos miramos sorprendidos cuando la peque -8 años- pronunció de repente, sin que viniese a cuento la frase, «mamá, yo no quiero tener ex». Cuando le preguntamos a qué se refería, nos dijo que lo había hablado con sus amigas en el patio del cole, y que no querían tener «ex», porque, decía, si dejas a tu novio, te hace la vida imposible y, al final, «hasta te puede matar». Juro que la anécdota es verdad. Imagino que las informaciones y reportajes de un día sí y otro también sobre la violencia contra las mujeres calan en estas crías y motivan su reflexión.
Pero no es lo habitual que las jóvenes estén sensibilizadas contra la violencia de género. El pasado jueves 1 de diciembre se podía leer en este periódico, a toda página, que el 80% de las chicas jóvenes considera que «te pueden querer aunque te maltraten». Un dato espeluznante. Que la gente joven piense esto es alucinante. Como lo es también que el 40% de las denuncias por violencia de género son presentadas por menores de 30 años. Como lo es que el 33% de las mujeres muertas en los últimos cinco años tenía menos de 30 años. Como lo es que el 32% de los chicos considere normal obligar a su pareja femenina a mantener relaciones sexuales. ¿Qué está pasando aquí?
Algo estaremos haciendo mal cuando nuestra juventud es poco consciente de la violencia contra las mujeres y de la desigualdad de género. Y si están poco sensibilizados, son más vulnerables a muchas ideas y estereotipos sexistas y violentos.
Por eso se ha lanzado la campaña «Amar no duele», en la que colaboran empresas privadas. Se trata de evitar los modelos sociales de siempre. Vamos, que para prevenir la violencia machista -¿por qué la llaman «de género»?-, además de hacer lo que se está haciendo, hay que poner en marcha una correcta educación sexual en adolescentes. Y hay que vigilar y corregir los dos grandes instrumentos de educación: la televisión (las series de televisión, más bien) y la publicidad, donde se reproducen los esquemas machistas de siempre. Modelos en los que se proclama la supremacía del varón y se presenta a las mujeres como objetos sexuales.
Pero hay otras claves: la incapacidad creciente de los jóvenes de ponerse en el lugar del otro, la búsqueda de la satisfacción inmediata o que sean incapaces de pensar en otra cosa que no sea «yo, yo, yo»…
Si un grupo de crías de ocho años hablan en el patio de esto, hay motivos para la esperanza. Al menos se habla de ello. Y esto ya es algo. Aunque le tengamos que explicar que un «ex» no tiene por qué hacerte la vida imposible y que muchos de los que hacen la vida imposible a las mujeres no son «ex».

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Pasarlas putas
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Mayte Ciriza | 23-11-2005 | 10:55| 0

Esta semana se celebra el Día Internacional contra la Violencia de Género, uno de cuyos rituales es inundar las páginas de los periódicos de artículos llenos de buenas intenciones. Casi todos escritos por mujeres, no sé por qué los hombres no pueden hablar de esto. Pues bien, una de las mayores violencias contra las mujeres es, sin duda, la prostitución.
Se oye muchas veces eso de que la prostitución es el oficio más antiguo del mundo (como si eso la legitimara), pero es, en realidad, la opresión más vieja y humillante del mundo, como suele replicar mi santo. En una sociedad que mira escandalosamente hacia otro lado, la prostitución es una violencia contra la mujer y un atentado a la igualdad y a los derechos humanos.
Hay casi un millón de mujeres vendidas al año, más que el número de esclavos con los que se traficó durante dos siglos. Muchas de ellas, niñas y adolescentes. Por no hablar del turismo sexual. Y casi nadie hace nada (bueno, algunos sí, practicarlo).
Detrás de las 300.000 prostitutas que ahora mismo sufren en España (datos hechos públicos hace unos días; en La Rioja la cifra está en torno a las 2.000), y que son mayoritariamente inmigrantes sin papeles, se esconden auténticas multinacionales del sexo, mafias de explotación de mujeres. Es el negocio más lucrativo del mundo, después de la venta de armas y la droga. En cada una de estas mujeres hay un caso de extorsión, de secuestro de la libertad, de necesidad de supervivencia, no tienen posibilidad de escapatoria ni horizonte vital.
En Suecia, entre otros países, está prohibido comprar servicios sexuales, pero no venderlos. La ley castiga al «comprador» con una multa o pena de prisión. La prostitución se ha reducido a la mitad desde 1999. Hay también campañas de prevención y programas formativos para las mujeres que se prostituyen, así como de rehabilitación para los puteros.
Por aquí, en cambio, algunos que van de progres, sostienen que la prostitución es una actividad como otra cualquiera y que debe ser regulada como un negocio más, vamos, como abrir una zapatería. La realidad es que en el 95 por ciento de los casos, la prostitución procede de la miseria, de sectores sociales marginales, de la inmigración ilegal y de las mafias del esclavismo. ¿Es así como algunos entienden el progreso?
Cuando un «ciudadano» alquila una puta, está ejerciendo violencia contra las mujeres y es cómplice de la situación en la que se encuentran millones de mujeres que «las pasan putas». Y contra esto, creo que también va lo que se celebra pasado mañana.

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Las barbas del vecino francés
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Mayte Ciriza | 09-11-2005 | 12:22| 0

Pasará tiempo hasta que asumamos el impacto de los disturbios de estos días en Francia. Una ola de vandalismo y destrucción recorre los suburbios de París. Incendios y destrozos de todo tipo protagonizados por miles de jóvenes franceses, ojo, nacidos en Francia, hijos de inmigrantes de países magrebíes. Una segunda generación cuyos jóvenes se definen también como musulmanes. Por cierto, los autores de los atentados de Londres del pasado julio eran británicos, descendientes de emigrantes del antiguo imperio inglés, pero nacidos en Inglaterra.
En lo económico, Francia no va bien: paro, déficit, gasto público enorme y no ha liberalizado las empresas públicas. El sistema educativo hace aguas por todos los lados, no da autoridad a los profesores en clase, los maestros apenas pueden esforzarse en otra cosa que no sea sobrevivir a sus alumnos y suspender no tiene la menor importancia. En lo social, los inmigrantes se aglomeran en los suburbios de las grandes ciudades, en auténticos guetos, con elevados índices de paro y, por si fuera poco, con una mentalidad y unos modos de vida que chocan de frente con los valores de la sociedad francesa.
La mecha ha prendido en unos jóvenes que no saben lo que son ni lo que quieren, no tienen metas, no se identifican con su padres, pero tampoco están integrados en la cultura del que es su país. Esta marginalidad produce odio al sistema y prenden fuego a todo lo que se les pone por delante como un símbolo de quemar la cultura y el sistema de valores de la sociedad en la que han nacido pero que no sienten como suya. Desprecian al país que acogió a sus padres y queman sus valores democráticos y su solidaridad.
Integración es la palabra mágica. Pero lo que de verdad tiene que pasar es que los inmigrantes y sus descendientes compartan los valores de la sociedad en la que viven y trabajan. Y también que esta sociedad invierta recursos en que haya de verdad una integración, más allá de las palabras bonitas que se lleva el viento.
En España no ha pasado todavía nada. A ver si recordamos lo de «cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar» y evitamos en esta nación (con permiso de Carod, como diría mi santo) el caldo de cultivo que se puede crear por la llegada masiva de inmigrantes y la falta de previsión.

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Un loro, doce cisnes y un pato
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Mayte Ciriza | 26-10-2005 | 11:09| 0

Mi santo entra en casa anunciando que se ha cruzado con un periquito por la escalera. Los peques salen en tropel a comprobarlo (cualquier excusa es buena para dejar de estudiar, ¡menudos pájaros!) y, en efecto, alguien ha soltado al ave de la jaula y ha encontrado acomodo en el portal. Por lo visto, no es algo único, últimamente se ven muchos canarios, que hasta ayer estaban en una jaula, desorientados y sin saber adónde emigrar.
Estos días está saliendo el ornitólogo que todos llevamos dentro en las conversaciones privadas y en todos los medios de comunicación. El virus de la gripe aviar, también conocida como gripe del pollo, virus extremadamente contagioso, se está extendiendo desde Asia por todo el mundo y aquí no hay alambradas que valgan; ya ha llegado a Europa y han caído un loro inglés, doce cisnes croatas y un pavo griego. Es la globalización aviar, que no conoce fronteras. En Rumanía han encontrado una garza con el virus, pero ya han dicho las autoridades que no es rumana, que es de Moldavia (apareció muerta en el río que les sirve de frontera).
A los europeos no nos llegan terremotos, ni huracanes, pero la amenaza de pandemia de la gripe aviar nos recuerda que podemos ser tan vulnerables como cualquiera. Nos bombardean con mapas mundi con las rutas de vuelo de todas las aves habidas y la alarma ante el contagio a los humanos ha agotado las vacunas contra la gripe normal. Porque en este caso corremos de un lado para otro como pollos sin cabeza: no podemos protegernos con vacuna alguna contra la gripe aviar. Primero nos alarman y nos anuncian una pandemia de dimensiones bíblicas pero no podemos hacer nada para protegernos. Entonces, ¿para qué nos asustan? Después de asustarnos nos dicen que nos calmemos, pero ya no cuela, y aunque la vacuna contra la gripe normal no sirve para la aviar, vamos todos volando a vacunarnos por si las moscas, mejor dicho, por si los pollos. A todo esto, ningún europeo ha sido contagiado todavía, pero da igual, ya no quedan vacunas en las farmacias, baja el consumo de pollo (aunque comiendo pollo o pato o perdiz no se contagia, ya se sabe, ave que vuela a la cazuela) y en Internet se subastan dosis de antivirales y mascarillas contra el virus. Eso sí, se ha creado la correspondiente comisión interministerial que se podría denominar ‘Dinamita pa los pollos’.
El problema, como siempre, es que el virus vuela hacia África, lugar de refugio de las aves migratorias. Y allí, como llegue de verdad, sí que puede ser una catástrofe. Porque, siempre, la magnitud de la tragedia está en función de la magnitud de la miseria. Y esto sí que me pone la carne de gallina.

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Me equivoqué
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Mayte Ciriza | 13-10-2005 | 10:00| 0

Se habla y se escribe sobre el éxito, pero se reflexiona poco o nada sobre el error. Para empezar, hay que reconocer los errores. Y después hay que tener la capacidad de reaccionar en positivo para convertir un error en acierto. En estos tiempos en los que todo se considera suerte o intuición, a ver si enseñamos a nuestros jóvenes que los que más arriba han llegado han tomado alguna vez decisiones incorrectas, pero que esas decisiones les han señalado dónde estaba el camino correcto.
Precisamente un libro reciente de Pilar García de la Granja recoge el testimonio de trece empresarios y directivos españoles que están en activo y de primerísima fila, que cuentan algunos de los errores profesionales que han cometido a lo largo de su carrera. Tiene mérito que en este mundo de triunfos infalibles, hayan accedido a hablar de sus errores, reconocerlos y explicar lo que aprendieron de ellos. Siguieron trabajando, esforzándose y, a pesar del error, salieron adelante.
Pensar que el error puede desterrarse es una utopía, lo raro es no equivocarse; eso sí, el que nunca se equivoca es el que no toma decisiones. Hay gente tan perfeccionista que nunca hace nada. Tampoco se trata de presumir de los errores, nadie se confiesa en la concha del Espolón, pero el temor a cometerlos no debe acobardarnos, hay que tirar para adelante y tenemos toda la vida para mejorar. No hay que vivir en el error ni quedarse estancando ahí, pero no debemos renunciar a la enseñanza del error. Lo importante no es haber cometido errores, sino qué hacer con ellos.
Como les explica mi santo a los peques, muchos grandes inventos surgen de errores en las investigaciones, pero los científicos estaban trabajando y perseveraban en su trabajo. Y es que cuando uno acierta, triunfa, y cuando se equivoca, aprende.
Todos los que en la vida piensan que equivocarse es un error, se equivocan. Lo malo es que algunos, como Maragall, aún reconociendo sus errores (estos días confesaba que había cometido errores en el Estatut), no rectifican y se equivocan doblemente.

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Prepararse para vivir cien años
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Mayte Ciriza | 28-09-2005 | 10:21| 0

Hace casi dos millones de años, unos humanos con un cerebrode la mitad de tamaño que el nuestro ya cuidaban de sus ancianos enfermos. Releo la frase varias veces, no por lo del cerebro (mi santo dice que alguno que conoce ha evolucionado poco, lo tiene igual), sino por lo que conlleva la humanidad, y eso no sé si ha aumentado tanto como el cerebro en estos dos millones de años. Ojo, dos millones de años, que se dice pronto.
Mi hijo comienza el curso con un trabajo sobre los primeros homínidos. Entre la bibliografía que empieza a manejar, hay un artículo de una revista científica en el que se recoge lo que acabo de contar, a partir de unos restos hallados entre Turquía y Georgia, que muestran que tenían una organización social lo bastante compleja para cuidar de una persona anciana y enferma. El codirector de Atapuerca, E. Carbonell, ha destacado que incluso utilizaban utensilios para ayudarles a triturar la comida.
El anciano de entonces, por supuesto, sería un chaval para nosotros. Sin ir más lejos, a principios del siglo XX una mujer apenas podía esperar alcanzar los 35 años. En cambio, ahora la esperanza de vida de una riojana es de 85. En nuestra vida es más lógico pensar que vamos a ser más tiempo viejos que jóvenes.
Y es que somos más viejos que nunca. El futuro ha sido y será generoso con la edad. Nunca ha habido una sociedad con tantos abuelos y bisabuelos. Sin embargo, dos millones de años después de aquellos homínidos, en la era de la tecnología, de la información, de la comunicación, dejamos solos a los mayores de nuestra tribu. Los dejamos enfermar de soledad. Hemos profesionalizado tanto el cuidado de los ancianos que nos hemos olvidado de la dimensión familiar, en la que están la ternura y el cariño. Y esto no se puede profesionalizar, no es responsabilidad de las administraciones.
Todos esperamos, y consideramos un derecho, programar razonablemente nuestro futuro y vivir una vida segura, satisfactoria y completa. La longevidad es quizá la mejor medida de la calidad de vida. Después de todo, si estamos muertos, no podemos hacer nada para ser felices.

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Los cinco sentidos contra el botellón
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Mayte Ciriza | 14-09-2005 | 10:13| 0

Sábado al caer la tarde en Logroño. Mi santo vuelve horrorizado con la compra de la semana. Grupos de jóvenes quincieañeros se agolpan en las filas de los supermercados con botellas de alcohol. Todos hacen la vista gorda: el resto de clientes de la fila, las cajeras, la patrulla de la policía que los ve acera arriba mientras echan los primeros tragos de la botella. No puede ser más fácil conseguir alcohol. Y, por supuesto, los padres, que preferimos mirar para otro lado, pensar que nuestros retoños nunca están en uno de esos grupos. Los quinceañeros se desparraman después por las plazas y parques de la ciudad a “hacer botellón”. Cualquiera puede comprobarlo un sábado cualquiera a última hora de la tarde en un supermercado cualquiera de una ciudad cualquiera.
Tiene narices que la polémica sobre el botellón no viene por el consumo de alcohol, sino por las molestias que ocasionan a los vecinos. No importa que se trasieguen litros de vodka, güisqui o ginebra, con tal de que no hagan ruido. El alcohol antes acompañaba al ocio de los jóvenes, ahora se ha convertido en el ocio mismo, y cada vez a edades más tempranas. Hacemos oficiales las aperturas de curso bañadas en litronas, miramos con comprensión el primer día de curso a chicas y chicos de catorce vomitando a las 12 del mediodía en la Glorieta, ahí no molestan a nadie.
Nos encontramos ante una generación de jóvenes que ha vivido entre algodones y no han sido preparados psicológica ni éticamente contra la adversidad. Tenemos la juventud más frágil que ha habido nunca. Ésta es la generación que más cosas tiene y menos cariño recibe. El papel del núcleo de la sociedad, la familia, algo tendrá que ver en todo esto. Todo porque los padres han dimitido de la tarea de educar y preferimos delegar la responsabilidad en otros: en la administración, en los profesores, en la televisión. La gran educadora, la televisión, transmite la falsa y terrible idea del éxito fácil y rápido, en lugar de enseñar el triunfo del esfuerzo. Del sistema educativo nos hemos cargado los valores y la disciplina. El botellón no es sino el grito de unos chavales que nos reclaman valores, que les pongamos límites, que les informemos, que les demos tiempo y cariño.
A ver si entre todos, en esta tierra del vino, le echamos ganas e imaginación y atraemos a los jóvenes a la cultura de El vino y los cinco sentidos y les alejamos del sinsentido del botellón.

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Sea positivo y diga no
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Mayte Ciriza | 31-08-2005 | 09:48| 0

Volvemos de las vacaciones quejándonos, refunfuñando, pero hay que volver y hay que superarlo. De pronto ya no somos dueños de nuestro tiempo, que eso son las vacaciones, ser dueños de nuestro tiempo, y nos enfrentamos a las responsabilidades del trabajo, a la rutina laboral, a la vuelta al cole de los niños -con toda su liturgia, cada vez más cara, de libros, mochilas, ropas, etc.- Todo esto se debe afrontar, para empezar, con optimismo y buen ánimo. De momento podemos consolarnos con que a la vuelta de la esquina está San Mateo, luego no queda nada para el Pilar, en tres semanas Todos los Santos y de un tirón el puente de la Inmaculada y Navidades.
Además, el trabajo también es divertido, puede ser creativo y darnos muchas satisfacciones. Se puede disfrutar mucho trabajando. Pero hay que aprender a no pelearse con el reloj continuamente. Para llevar bien el día a día es necesario pararnos, reflexionar, priorizar, identificar aquello que nos tiraniza, que nos aporta poco o nada y que a veces hacemos por puro acto reflejo. No hace falta irse a vivir al bosque ni romper radicalmente con todo. Sencillamente, hay que aprender a decir que no. Como afirma Steven Poelmans en Tiempo de calidad y calidad de vida, negarse a algo es tan imprescindible como afirmarse: hay que ser positivo y decir “no” más a menudo. No debemos pretender hacerlo todo o tenerlo todo, lo que puede parecer renunciar a algo, muchas veces se convierte en una liberación. Por otra parte, lo urgente no puede desplazar a lo que es importante para cada uno en nuestra vida. Hay un tiempo para cada cosa y a veces sólo se trata de pensar un poco más en nosotros mismos para conseguir un tiempo de calidad.
Pero no sólo consiste en decir que no a más cosas, sino también en incorporar a la agenda, como una obligación más, alguna de esas pequeñas válvulas de escape que todos tenemos. Yo, para empezar, ya le he dicho a mi santo que desde hoy vamos a dar uno de esos estupendos paseos, cambiando la playa por el parque de el Ebro, por lo menos un día a la semana. Espero que a esto no me diga que no.

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Playaterapia
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Mayte Ciriza | 17-08-2005 | 10:32| 0

HAY que estar unos días en la playa para que se te quiten todos los complejos. También te das cuenta de que lo de frikis no es una invención moderna. Al friki de la pistola de fogueo de Roquetas lo puedes encontrar paseando por la playa. La mayor barriga se combina con el tanga más pequeño y además de leopardo.
Por muchos complejos que tengas, en cuanto pones el pie en la playa y echas un vistazo, el subidón de autoestima es inmediato. Siempre encuentras a alguien que te supera en lo que no te gusta de tu cuerpo. Frente a esos instrumentos de dominación que son la moda y la publicidad, que tiranizan los cuerpos y que pretenden imponernos el modelo diez (no querernos físicamente es un gran carencia de los tiempos modernos), frente a eso, la playa es el mejor antídoto. El hecho de ponerse bañador junto a cientos de personas es una auténtica terapia colectiva. En la playa, la gente se quiere más a sí misma, supera sus complejos: los gorditos, los demasiado delgados, los bajitos, la celulitis, las barrigas cerveceras…
En ese Gran Hermano global que son nuestras playas, una no sabe hasta dónde llegan sus toallas y dónde las del vecino, las conversaciones dejan de ser privadas y todos los problemas se socializan en la arena. Para la gente de a pie, porque los guays no van a la playa, van en barco, y además no sudan. La playa es para el resto de los mortales, que nos peleamos por una parcela en primera línea. Por mucho que mi santo vaya pronto a la playa, siempre encuentra a algún navarro o aragonés que ha plantado la sombrilla antes de desayunar y muestra ufano su periódico regional en primera línea (el periódico es como la bandera autonómica en la playa). Incluso tiene un toque religioso esa romería diaria de colchonetas de colores, piscinas hinchables, sombrillas de marcas de refrescos y de cervezas. Esos suelen ser de Barcelona.
En el fondo nos gusta mezclarnos y sentirnos parte de la tribu. Quizá sea este uno de los motivos del éxito de las vacaciones playeras y su poder de atracción para tantos miles y miles de turistas. ¿Será que en la playa aflora ese porcentaje de frikique todos llevamos dentro? No lo sé, pero en cualquier casono dejes de darte una vuelta por la playa. Es la mejor terapia.

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Dormir más para vivir mejor
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Mayte Ciriza | 03-08-2005 | 09:41| 0

Ha disparado las alarmas y originado muchos artículos un estudio publicado el pasado mes de junio en una revista científica, cómo no, norteamericana. Resulta que en este mundo occidental nuestro, a la obesidad infanto-juvenil se añade otra epidemia: la falta de sueño de los niños y adolescentes. Según el estudio, los jóvenes duermen menos de lo que necesitan durante la semana, nada menos que dos horas le quitan al sueño cada noche, y no recuperan ese déficit los fines de semana. De lunes a viernes tienen horario de ejecutivo nipón y entre las clases, las tareas escolares, las extraescolares, hacer deporte, el ordenador, chatear, enviar mensajes, la play y ver la tele se acuestan a las mil. A mi me toca sufrirlo con el mayor, quince años, y encima a esa edad descubren que tienen hormonas.
Los adolescentes son los que más tendrían que dormir y son los que menos duermen. Por la mañana están agotados, y como los fines de semana no los dedican precisamente a dormir, esta falta de sueño lleva a un cansancio crónico, les pone insufribles, les afecta a la memoria y al aprendizaje, les produce falta de atención y por tanto una bajada del rendimiento académico. Además, en estas edades los padres no solemos vigilar las horas de sueño, como se hace, en cambio, con los más pequeños. Por si fuera poco, se suele producir un conflicto porque los padres creemos que si se quedan en la cama, son unos vagos o antisociales cuando, en realidad, lo que necesitan es ¡dormir! Nos preocupamos de sus estudios, de las compañías, de lo que hacen, de todo menos de que duerman. En fin, como tantas otras veces, se trata más de educarnos a los padres que a los hijos.
La sociedad parece imponer un modelo de hiperactividad, de dormir poco, de estar permanentemente activados, una exigencia de un mundo donde impera eso de que el tiempo es oro y por tanto, ¿dormir?, una pérdida de tiempo. Y esto en España nos afecta especialmente, porque este es un país que duerme poco: dormimos casi dos horas menos de media que el resto de los europeos. Y nuestros jóvenes duermen menos que los que menos duermen. A ver si nos convencemos de que dormimos para estar despiertos (insomnes como mi santo al margen, menos mal que es silencioso). Este mes de agosto pienso predicar con el ejemplo y dormir todo lo que pueda para levantar la media. Dormir más para vivir mejor.

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