La Rioja
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Los cinco sentidos contra el botellón
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Mayte Ciriza | 14-09-2005 | 10:13| 0

Sábado al caer la tarde en Logroño. Mi santo vuelve horrorizado con la compra de la semana. Grupos de jóvenes quincieañeros se agolpan en las filas de los supermercados con botellas de alcohol. Todos hacen la vista gorda: el resto de clientes de la fila, las cajeras, la patrulla de la policía que los ve acera arriba mientras echan los primeros tragos de la botella. No puede ser más fácil conseguir alcohol. Y, por supuesto, los padres, que preferimos mirar para otro lado, pensar que nuestros retoños nunca están en uno de esos grupos. Los quinceañeros se desparraman después por las plazas y parques de la ciudad a “hacer botellón”. Cualquiera puede comprobarlo un sábado cualquiera a última hora de la tarde en un supermercado cualquiera de una ciudad cualquiera.
Tiene narices que la polémica sobre el botellón no viene por el consumo de alcohol, sino por las molestias que ocasionan a los vecinos. No importa que se trasieguen litros de vodka, güisqui o ginebra, con tal de que no hagan ruido. El alcohol antes acompañaba al ocio de los jóvenes, ahora se ha convertido en el ocio mismo, y cada vez a edades más tempranas. Hacemos oficiales las aperturas de curso bañadas en litronas, miramos con comprensión el primer día de curso a chicas y chicos de catorce vomitando a las 12 del mediodía en la Glorieta, ahí no molestan a nadie.
Nos encontramos ante una generación de jóvenes que ha vivido entre algodones y no han sido preparados psicológica ni éticamente contra la adversidad. Tenemos la juventud más frágil que ha habido nunca. Ésta es la generación que más cosas tiene y menos cariño recibe. El papel del núcleo de la sociedad, la familia, algo tendrá que ver en todo esto. Todo porque los padres han dimitido de la tarea de educar y preferimos delegar la responsabilidad en otros: en la administración, en los profesores, en la televisión. La gran educadora, la televisión, transmite la falsa y terrible idea del éxito fácil y rápido, en lugar de enseñar el triunfo del esfuerzo. Del sistema educativo nos hemos cargado los valores y la disciplina. El botellón no es sino el grito de unos chavales que nos reclaman valores, que les pongamos límites, que les informemos, que les demos tiempo y cariño.
A ver si entre todos, en esta tierra del vino, le echamos ganas e imaginación y atraemos a los jóvenes a la cultura de El vino y los cinco sentidos y les alejamos del sinsentido del botellón.

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Sea positivo y diga no
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Mayte Ciriza | 31-08-2005 | 09:48| 0

Volvemos de las vacaciones quejándonos, refunfuñando, pero hay que volver y hay que superarlo. De pronto ya no somos dueños de nuestro tiempo, que eso son las vacaciones, ser dueños de nuestro tiempo, y nos enfrentamos a las responsabilidades del trabajo, a la rutina laboral, a la vuelta al cole de los niños -con toda su liturgia, cada vez más cara, de libros, mochilas, ropas, etc.- Todo esto se debe afrontar, para empezar, con optimismo y buen ánimo. De momento podemos consolarnos con que a la vuelta de la esquina está San Mateo, luego no queda nada para el Pilar, en tres semanas Todos los Santos y de un tirón el puente de la Inmaculada y Navidades.
Además, el trabajo también es divertido, puede ser creativo y darnos muchas satisfacciones. Se puede disfrutar mucho trabajando. Pero hay que aprender a no pelearse con el reloj continuamente. Para llevar bien el día a día es necesario pararnos, reflexionar, priorizar, identificar aquello que nos tiraniza, que nos aporta poco o nada y que a veces hacemos por puro acto reflejo. No hace falta irse a vivir al bosque ni romper radicalmente con todo. Sencillamente, hay que aprender a decir que no. Como afirma Steven Poelmans en Tiempo de calidad y calidad de vida, negarse a algo es tan imprescindible como afirmarse: hay que ser positivo y decir “no” más a menudo. No debemos pretender hacerlo todo o tenerlo todo, lo que puede parecer renunciar a algo, muchas veces se convierte en una liberación. Por otra parte, lo urgente no puede desplazar a lo que es importante para cada uno en nuestra vida. Hay un tiempo para cada cosa y a veces sólo se trata de pensar un poco más en nosotros mismos para conseguir un tiempo de calidad.
Pero no sólo consiste en decir que no a más cosas, sino también en incorporar a la agenda, como una obligación más, alguna de esas pequeñas válvulas de escape que todos tenemos. Yo, para empezar, ya le he dicho a mi santo que desde hoy vamos a dar uno de esos estupendos paseos, cambiando la playa por el parque de el Ebro, por lo menos un día a la semana. Espero que a esto no me diga que no.

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Playaterapia
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Mayte Ciriza | 17-08-2005 | 10:32| 0

HAY que estar unos días en la playa para que se te quiten todos los complejos. También te das cuenta de que lo de frikis no es una invención moderna. Al friki de la pistola de fogueo de Roquetas lo puedes encontrar paseando por la playa. La mayor barriga se combina con el tanga más pequeño y además de leopardo.
Por muchos complejos que tengas, en cuanto pones el pie en la playa y echas un vistazo, el subidón de autoestima es inmediato. Siempre encuentras a alguien que te supera en lo que no te gusta de tu cuerpo. Frente a esos instrumentos de dominación que son la moda y la publicidad, que tiranizan los cuerpos y que pretenden imponernos el modelo diez (no querernos físicamente es un gran carencia de los tiempos modernos), frente a eso, la playa es el mejor antídoto. El hecho de ponerse bañador junto a cientos de personas es una auténtica terapia colectiva. En la playa, la gente se quiere más a sí misma, supera sus complejos: los gorditos, los demasiado delgados, los bajitos, la celulitis, las barrigas cerveceras…
En ese Gran Hermano global que son nuestras playas, una no sabe hasta dónde llegan sus toallas y dónde las del vecino, las conversaciones dejan de ser privadas y todos los problemas se socializan en la arena. Para la gente de a pie, porque los guays no van a la playa, van en barco, y además no sudan. La playa es para el resto de los mortales, que nos peleamos por una parcela en primera línea. Por mucho que mi santo vaya pronto a la playa, siempre encuentra a algún navarro o aragonés que ha plantado la sombrilla antes de desayunar y muestra ufano su periódico regional en primera línea (el periódico es como la bandera autonómica en la playa). Incluso tiene un toque religioso esa romería diaria de colchonetas de colores, piscinas hinchables, sombrillas de marcas de refrescos y de cervezas. Esos suelen ser de Barcelona.
En el fondo nos gusta mezclarnos y sentirnos parte de la tribu. Quizá sea este uno de los motivos del éxito de las vacaciones playeras y su poder de atracción para tantos miles y miles de turistas. ¿Será que en la playa aflora ese porcentaje de frikique todos llevamos dentro? No lo sé, pero en cualquier casono dejes de darte una vuelta por la playa. Es la mejor terapia.

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Dormir más para vivir mejor
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Mayte Ciriza | 03-08-2005 | 09:41| 0

Ha disparado las alarmas y originado muchos artículos un estudio publicado el pasado mes de junio en una revista científica, cómo no, norteamericana. Resulta que en este mundo occidental nuestro, a la obesidad infanto-juvenil se añade otra epidemia: la falta de sueño de los niños y adolescentes. Según el estudio, los jóvenes duermen menos de lo que necesitan durante la semana, nada menos que dos horas le quitan al sueño cada noche, y no recuperan ese déficit los fines de semana. De lunes a viernes tienen horario de ejecutivo nipón y entre las clases, las tareas escolares, las extraescolares, hacer deporte, el ordenador, chatear, enviar mensajes, la play y ver la tele se acuestan a las mil. A mi me toca sufrirlo con el mayor, quince años, y encima a esa edad descubren que tienen hormonas.
Los adolescentes son los que más tendrían que dormir y son los que menos duermen. Por la mañana están agotados, y como los fines de semana no los dedican precisamente a dormir, esta falta de sueño lleva a un cansancio crónico, les pone insufribles, les afecta a la memoria y al aprendizaje, les produce falta de atención y por tanto una bajada del rendimiento académico. Además, en estas edades los padres no solemos vigilar las horas de sueño, como se hace, en cambio, con los más pequeños. Por si fuera poco, se suele producir un conflicto porque los padres creemos que si se quedan en la cama, son unos vagos o antisociales cuando, en realidad, lo que necesitan es ¡dormir! Nos preocupamos de sus estudios, de las compañías, de lo que hacen, de todo menos de que duerman. En fin, como tantas otras veces, se trata más de educarnos a los padres que a los hijos.
La sociedad parece imponer un modelo de hiperactividad, de dormir poco, de estar permanentemente activados, una exigencia de un mundo donde impera eso de que el tiempo es oro y por tanto, ¿dormir?, una pérdida de tiempo. Y esto en España nos afecta especialmente, porque este es un país que duerme poco: dormimos casi dos horas menos de media que el resto de los europeos. Y nuestros jóvenes duermen menos que los que menos duermen. A ver si nos convencemos de que dormimos para estar despiertos (insomnes como mi santo al margen, menos mal que es silencioso). Este mes de agosto pienso predicar con el ejemplo y dormir todo lo que pueda para levantar la media. Dormir más para vivir mejor.

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Carta a Yasira
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Mayte Ciriza | 20-07-2005 | 08:50| 0

Salaam Mayte, espero que estéis todos bien, me imagino que a punto de irte de vacaciones con tu santo, como tú lo llamas, y los peques.
Se me está haciendo mucho más cuesta arriba volver a vivir en Riad de lo que nunca pude imaginarme. Por eso no te he escrito durante todos estos meses, tan largos. Pero después de este tiempo en España el regreso ha sido muy, muy duro. He tenido que dejar de trabajar, porque aquí no me permiten ejercer mi profesión. Al ser mujer tampoco puedo conducir y esto me quita toda libertad de movimiento, tengo que depender siempre de un hombre que sea de mi familia para ir a cualquier sitio. Ir tapada de los pies a la cabeza en cuanto pongo el pie en la calle es una humillación. No puedo acudir a lugares de ocio y toda mi vida se ve reducida al ámbito doméstico. No podemos salir solas a la calle y en lugares públicos, ya sea un restaurante o una universidad, no podemos mezclarnos con hombres. Por fortuna mi padre, de momento, está dispuesto a no casarme contra mi voluntad, que es lo que les ha sucedido a casi todas mis amigas. Por ser mujeres, nos está prohibido asociarnos. No podemos administrar un negocio o participar en su gestión. Una paliza a la esposa no es un delito. Los hombres juzgan lo adecuado o lo inadecuado de nuestras conductas. Pero lo peor de todo es que nuestra palabra no vale nada. Ni siquiera podemos declarar en un juicio. No tenemos voz. Esto vale una mujer aquí.
Dirás que por qué no me voy. Al menos yo tengo medios para hacerlo. Pero quiero pensar que podremos cambiar esto. Cuento con tu ayuda. No dejes nunca de defender tus valores. No dejes nunca de defender tu modo de vida. No tengáis miedo, no permitáis nunca que estas situaciones se den en tu país. Y no dejes de denunciar lo que pasa con nosotras bajo el fundamentalismo islámico. Y lucha para que un día todas las mujeres podamos disfrutar de la misma libertad e igualdad que tenéis en Europa (aunque digas que aún tenéis mucho que avanzar), porque eso será, eso sí, el verdadero diálogo de civilizaciones. Y lo demás, cuento.

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Siempre nos quedará el toro de Osborne
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Mayte Ciriza | 06-07-2005 | 17:28| 0

UNO de los chicos riojanos que este mes, tan propicio a los cursos de idiomas, se ha ido a mejorar su inglés es mi hijo mayor. Lector entusiasta junto a mi santo (alicaído estos días por su marcha) de Pérez Reverte, me cuenta precisamente en uno de sus correos electrónicos que están los ingleses celebrando por todo lo alto el aniversario de la batalla de Trafalgar. Aquí ha pasado por los telediarios en unas imágenes aéreas con un montón de barcos de casi 40 países o naciones (ya no estoy muy segura de cómo hay que llamarlas), incluidas las vencidas España y Francia.
La verdad es que me causa cierta envidia ver cómo reivindican su pasado, con sus luces y sus sombras, con sus victorias y con sus derrotas, pero suyo. En este país, en cambio, sólo lo utilizamos para tirárnoslo a la cabeza. Pero debemos ser conscientes que únicamente desde un pasado común se puede vivir un presente y construir un futuro común. Es admirable ver cómo los ingleses conservan su orgullo de nación y sus señas de identidad sin complejos. Utilizan sus pesos y medidas, pagan en libras, conducen por la izquierda y a sus antiguos territorios de la Commonwealth los consideran como hermanos gemelos; y todo ello estando dentro de la Unión Europea, a la que ahora parece encima que tienen que arreglar y dar una salida a la crisis.
Siendo, como somos, una de las naciones más antigua y más plural del mundo, parece que vamos pidiendo perdón por cada rincón de la historia. Este sitio llamado España tiene una historia rica, variada, llena de desgracias y de cosas también hermosas y luminosas. Leía estos días que los ingleses no pedirían perdón nunca por descubrir y colonizar América, que a la mejor plaza de Londres la llamarían Lepanto (en el año de Cervantes nunca mejor dicho) y que harían de nuestros navegantes y descubridores una asignatura obligatoria.
Ahora que hemos decidido no enseñar historia a nuestros hijos, una manera de que tengan autoestima y orgullo patrio es que salgan a otros países. El mío tenía que explicar estos días que el escudo de la bandera de España no es el toro de Osborne. Y es que a falta de una historia y de una bandera que lucir sin complejos, siempre nos quedará la liga de fútbol, el gordo de navidad, el Corte Inglés y el toro de Osborne.

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Era por los neumáticos
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Mayte Ciriza | 22-06-2005 | 17:28| 1

Me cuentan mis hijos -ahora seguidores de la Fórmula 1 por culpa de Fernando Alonso- que una mujer colombiana-estadounidense, Danica Patrick, a la que le gusta esto de pilotar coches, se ha convertido con sus 23 años en la sensación del motor tras su excepcional cuarta plaza en su debut en las míticas 500 millas de Indianápolis. Como saben que estas cosas me encienden, me chivan en plan cómplice que hay un personaje por ahí, un tal Ecclestone, el presidente de la Fórmula 1, que al referirse a la actuación de la piloto ha afirmado tan campante que no pensaba que lo fuera a hacer tan bien porque «tenía la idea de que las mujeres deberían vestir de blanco, como el resto de electrodomésticos».
Por si fuera poco, el presidente de la Uefa, un tal Johansson, ha soltado en la BBC que las agencias de publicidad «podrían hacer un uso estupendo de la imagen de las jugadoras mojadas por la lluvia o sudando tras jugar un partido», muy en la línea de las declaraciones de quien fue otro dirigente del fútbol mundial, Joseph Blatter, para quien «las jugadoras de fútbol deberían llevar una ropa más femenina, más ajustada».
La práctica deportiva fomenta el espíritu de equipo, el compañerismo, el esfuerzo y el afán de superación (valores que nuestro sistema educativo no potencia demasiado), en fin, muchas más cosas positivas. Pero lo más relevante es que el mundo del deporte es una referencia importantísima para los jóvenes y todo lo que pasa tiene un efecto enorme en chavales que imitan los modos y las modas de los deportistas y a los que llegan más las declaraciones de los dirigentes deportivos que las de los políticos. Por eso me parece especialmente grave, no ya que esos dirigentes digan lo que han dicho, sino que no pase nada, que sigan tan felices, y que nadie de su propio circuito haya abierto la boca.
Mi santo -al que le produce un aburrimiento infinito esto de las carreras de coches- pensaba que el plante de los pilotos del domingo último en el mismo Indianápolis era como protesta ante las vergonzosas declaraciones del presidente de la organización. Pero no, era por algo de los neumáticos.

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Un poquito de por favor
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Mayte Ciriza | 08-06-2005 | 17:27| 0

Después de una tarde extrañamente zalamero, me asalta mi hijo diciéndome que muchos de sus compañeros de clase tienen tele en la habitación y que, si no, con no sé qué aparato en el ordenador podría verla.
Por supuesto, le dije que lo que nos faltaba. Antes los hijos preguntaban a sus padres ¿qué ponen hoy en la tele?, hoy son ellos los que deciden qué ver o en qué pantalla estar. ¿Qué modelo les estamos transmitiendo? El problema es que los niños aprenden por imitación: mucho más que lo que les decimos, les influye lo que hacemos, o lo que hacen sus hermanos, o sus amigos. Por eso, cuando no tienen las cosas claras, cuando no tienen modelos ni normas y cuando lo único que se comparte con ellos es ir de compras una vez por semana al centro comercial, las consecuencias pueden no ser las deseadas.
Es importante marcar un camino, que sea, eso sí, lo suficientemente ancho para que puedan moverse y seguirlo con holgura, pero que sea claro. No hay educación posible sin disciplina, que tan mala fama tiene, pero que, sin pasarse, es necesaria en la educación y en la familia.
En definitiva, dar más a nuestros hijos en el plano material no es quererles más, ni educarles mejor. Antes bien, deberíamos hacer un esfuerzo por atender otras prioridades que en el contexto de la sociedad actual pueden demandar nuestros hijos: más compañía, más comunicación, más cariño, cosas que no se pueden comprar, pero que tienen un valor incalculable.
Le dije a mi hijo que si quería también un frigorífico en la habitación; así no teníamos ni que vernos en la cocina. Mi santo, que se lo lee todo, me pasa una entrevista de este fin de semana, al famoso pediatra Eduard Estivill (el autor de Duérmete niño), en la que se escandaliza de que haya chicos que tengan en su habitación, no ya una tele o la playstation, sino ¿un microondas!. Definitivamente, la realidad supera a la ficción. ¿Y un poquito de cariño en la relación con los hijos? ¡Un poquito de por favor!.

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La mampara de la sensibilidad
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Mayte Ciriza | 25-05-2005 | 17:27| 0

ESTOS días tengo a mis hijos y a mi santo indignados por lo que está pasando en Barcelona, y no precisamente porque el equipo de la ciudad haya ganado la liga (con eso están resignados). Cuatro niñas agredidas sexualmente por su profesor de karate en Barcelona están teniendo que declarar en la Audiencia de Barcelona delante de su presunto agresor.
El señor juez de la Audiencia no ha hecho caso de la petición de proteger a las cuatro pequeñas víctimas con una mampara, una simple mampara, o permitiendo que declararan en una sala anexa, para que no tuvieran que volver a ver al pederasta, y así se ha desarrollado el juicio, con la «indispensable confrontación visual» que dice este señor juez.
¿Somos capaces por un momento de ponernos en la piel de sus padres? ¿Nos podemos imaginar la situación de estas niñas de entre 9 y 11 años? Claro, una de las pequeñas no ha acudido a declarar ante el señor juez por problemas psicológicos. No quiero ni imaginarme el calvario por el que estarán pasando. El calvario de tantas niñas y tantas mujeres en tantas partes del mundo, víctimas de agresiones y de explotación sexual.
El presidente de la Audiencia respalda al señor juez, faltaría más. ¿No hay alguien en la Audiencia de Barcelona que salga a proteger a estas niñas y que tenga algo de sentido común? Alguien con algo de humanidad, que denuncie la desprotección absoluta en que estas pobres niñas están, con todo el respeto para el señor juez y para todos los señores jueces. Nadie ha dicho nada.
Un reciente estudio señalaba las enormes carencias del sistema judicial en cuanto a la protección de los menores víctimas de abuso sexual. La sociedad y sus instituciones tienen la obligación de evitar todo lo que se pueda el sufrimiento que un juicio, por su mismo carácter, supone para los menores. Hablamos mucho de proteger a la infancia, pero luego no les arropamos con la mampara de la comprensión, del cariño y de la sensibilidad.

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El triunfo del optimismo
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Mayte Ciriza | 11-05-2005 | 17:26| 0

ESTA semana todo se presentaba incierto. Por un lado, un buen amigo de mi santo que lleva meses preparando una importante oposición se enfrentaba a las primeras pruebas. Por otro lado, a una amiga de toda la vida le dieron un diagnóstico inquietante que requería el comienzo de un largo tratamiento. Reinaba a mi alrededor un cierto ambiente de incertidumbre en un caso y de pesimismo en el otro. Así que he hecho lo que he podido para animarles y para que cada uno sacase lo mejor de sí mismo.
Y es que el optimismo es una de las armas más poderosas que tenemos. Ojo, no hay que confundir optimismo con falta de realismo. Las personas optimistas juegan con ventaja en la vida porque sólo el esfuerzo -con ser fundamental- no es suficiente. El optimismo es una fuerza que nos ayuda a conquistar metas, a afrontar los problemas o a vencer una enfermedad: para el filósofo, el deseo de curarnos es la mitad de nuestra salud.
Leo en las páginas salmón de este domingo que para triunfar en un proceso de selección ya no basta con ser técnicamente bueno, una de las competencias más valoradas por las empresas en sus candidatos es que tengan una actitud positiva y optimista. Como dice Valdano, al campo de fútbol hay que salir a disfrutar.
Algo que ayuda son esas pequeñas cosas agradables que nos ocurren en la vida cotidiana. Esos momentos de alegría moderada influyen en las decisiones que tomamos y en la creatividad que empleamos para resolver problemas y en la capacidad para aprender. Por eso hay que intentar crear un ambiente positivo con los que tenemos cerca. Todos nos encontramos en el camino con los seguidores del arte de amargarse la vida y, de paso, amargársela a los demás, con esos que practican la tiranía del pesimismo. Detéctalos, aíslalos….. y que no te amargue nadie la vida.

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