27 Ago 2008

El gen antiestrés

Ahora que vamos volviendo todos de vacaciones y nos topamos con el estrés del día a día, con las prisas, con los horarios y con la crisis, me ha alegrado especialmente leer que un investigador riojano, Alfredo Martínez, lidera un grupo de investigación que ha descubierto un gen que protege al cerebro de la ansiedad y el estrés, tal como se ha publicado en una prestigiosa revista de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos. Después de once años en ese país, nuestro paisano investiga desde hace cuatro años en España y me he sentido muy orgullosa al enterarme de que se viene al Centro de Investigación Biomédica de La Rioja

Una de las cosas que más me ha llamado la atención en este importante descubrimiento es que Alfredo Martínez –como afirmaba en una entrevista la semana pasada en este periódico- se ha tirado nueve años trabajando junto a su equipo hasta que ha podido publicar algo. Realmente la paciencia es la madre de la ciencia. Me imagino a tantos como él trabajando honestamente cada día, durante años, sin conseguir resultado alguno. En este mes de Juegos Olímpicos tenemos cercano el ejemplo de tantos deportistas que después de entrenar duro durante años no consiguen medalla. En la investigación cuántas veces no pasará algo parecido, aunque en este caso, el riojano, sí ha conseguido medalla.

Me parece apasionante la investigación genética, que abre tantos caminos para conocer cómo funcionamos, por qué tenemos unas determinadas predisposiciones, en definitiva, por qué somos como somos. Pero la genética no lo es todo, el factor externo es decisivo, las personas nos movemos más por nuestras actitudes, creencias y pasiones que por los instintos. Todos tenemos este gen del estrés, pero no todos lo desarrollamos igual. Los posibilidades médicas de esta investigación son enormes, no sólamente para paliar el estrés y la ansiedad excesivos –o para meterle un poco de estrés a algunos, entendido como estímulo en el trabajo- sino que también podría ayudar en la lucha contra el Alzheimer o el Parkinson. Ahí es nada.

El término estrés se ha hecho muy popular y se ha convertido casi en una palabra comodín, aceptada socialmente, de forma que no tenemos que decir “estoy angustiado” o “asustado, agobiado, desbordado, abrumado o deprimido”, que es más comprometido.

El estrés en sí no es algo negativo, un cierto grado de estrés es inevitable, e incluso necesario, porque nos mantiene en forma y nos estimula. El problema es cuando tenemos mucho estrés o cuando es continuo (por eso conviene parar de vez en cuando), porque entonces nos desbordamos y nos agotamos emocional y físicamente. Para hacer bien las cosas es necesario, incluso bueno, sentir una cierta presión, tanto en el trabajo como en los estudios o en el deporte, pero, como todo, sin exceso.

Ayer mismo podíamos leer en este periódico que la vuelta de las vacaciones provocan una avalancha de bajas laborales en La Rioja. Cuando desarrollen y apliquen esta investigación ya no pasará esto, al incorporarnos al día a día, podremos prolongar el efecto vacaciones potenciando a tope este gen antiestrés.



Escrito por: mciriza 4 comentarios 27 Ago 2008 URL Permanente

13 Ago 2008

A todo pastillas

Ya no habrá que ir al gimnasio. Ya no habrá que sudar. No habrá que esforzarse practicando un deporte ni sufrir agujetas cada vez que te da por hacer más de tres abdominales. Han inventado unas pastillas que dicen que tienen los mismos efectos y beneficios que el ejercicio físico en el organismo sin tener que moverse del sofá. Jesús, Maxi, Valentín, Héctor y mi santo no tendrán que levantarse a las seis de la mañana para correr no sé cuántos kilómetros. Al parecer, este nuevo producto es el no va más: quema las grasas, aumenta la resistencia y fortalece los músculos.

Y la verdad es que esto me chirría. Es ya lo que nos faltaba para no tener que hacer ningún esfuerzo. Tomamos pastillas para todo: en lugar de esforzarnos por adelgazar, recurrimos a pastillas que nos permiten hacerlo sin pasar hambre; pastillas para dejar de fumar en lugar de tener fuerza de voluntad para ello, y en vez de aprender a relajarnos y desconectar, con una pastilla nos quedamos groguis. Vamos, que tomando una pastilla o apretando un botón pretendemos solucionarlo todo.

Acabamos siendo también esclavos de la tecnología y dependiendo tanto de estas cosas que, cuando no funcionan, estamos perdidos. Sin ir más lejos, nunca mejor dicho, ese invento tan útil que es el GPS, tiene el peligro de que cuando falla, el conductor se pierde. Cerca de tres millones de vehículos lo llevan ya -es algo muy positivo- pero su uso cada vez mayor acabará haciendo que el sentido de la orientación caiga en desuso. No sé en que quedarán las guías de carreteras e incluso los mapas, habrá que preguntarle a algún geógrafo, como el que se encuentra el Principito en uno de los planetas en su recorrido. Antes nos sabíamos un montón de números de teléfono, ahora con la memoria de los móviles, si te quedas sin batería, estás vendida.

Precisamente la noticia de las pastillas del ejercicio, que es como podrían llamarse, coincide con las Olimpiadas de Pekín. Frente a los casos de dopaje, de los que no nos libramos, tenemos ejemplos maravillosos de esfuerzo y superación, como el de la nadadora norteamericana Dana Torres, que a sus 41 años es la medallista más veterana de los juegos olímpicos, pero que, sobre todo, ofrece el modelo de haber superado, con mucho entrenamiento y sacrificio, un serio problema de salud, como fue la bulimia que padeció.

Lo malo es que para estar bien orientado en la vida, para no perderse en las dificultades de cada día, no hay GPS que valga. Vamos por la vida a toda pastilla, pero no para todo hay pastillas. Puede que con una cápsula se evite el sudor del ejercicio físico y se consiga un efecto parecido, pero al final de alguna manera habrá que desarrollar la fuerza de voluntad, el esfuerzo, la constancia, el afán de superación o la perseverancia que hacen falta para salir adelante, para vivir. Y esta fórmula no hay pastilla que la contenga.

Escrito por: mciriza 49 comentarios 13 Ago 2008 URL Permanente

30 Jul 2008

Este verano, sandía



Este verano puede ser una buena idea comer sandía. Ya sé que muchos estarán pensando que lo digo porque se ha descubierto que la sandía tiene efectos parecidos a la viagra, es decir, aumenta la libido y la capacidad amatoria. Pues no, no va por ahí la cosa, que quede claro (por cierto, cada vez que hablo de sexo, los amigos bromean con mi santo). Me refiero a lo que supone la sandía, y otras frutas y verduras, como alimentación sana en verano.

Y es que el verano nos despoja de la ropa, la playa y la piscina lo ponen todo al descubierto. Al que no le sobra por aquí, le sobra por allá. Pero aunque a algunos pueda importarles mucho, el problema no es de estética. El problema de la obesidad es cada vez mayor y es un asunto de salud.

El pasado domingo publicaba este mismo periódico que en el estado norteamericano de California se van a prohibir las grasas saturadas en los restaurantes. Esta medida se dirige principalmente a las cadenas de comida rápida y busca fomentar una alimentación saludable en un país, Estados Unidos, en el que la obesidad es un problema nacional. Aunque no estamos tan mal, en España empezamos a padecer esta plaga. En el ranking del riesgo de población obesa, estamos los terceros, después de Estados Unidos y el Reino Unido, con el 14%. El riesgo es aún peor entre los chavales, donde se ha duplicado en diez años, y está ya en el 15%. Parece mentira que en el país de la dieta mediterránea estemos así. Mucha tele, mucho videojuego, poco o nada ejercicio y padres a los que resulta más fácil poner una hamburguesa en el plato (no hay que discutir) que acostumbrar a los chavales a tomar una ensalada.

La obesidad no viene de fuera, depende de nosotros mismos. Hay que llamar a las cosas por su nombre, ya está bien de engañarnos. Hace unos días lo señalaba el político inglés David Cameron: “Hablamos de personas que están en riesgo de obesidad en lugar de decir por su nombre que comen demasiado y no hacen ejercicio…Como si éste y otros problemas fueran meros factores externos, como una plaga o el mal tiempo. Obviamente las circunstancias influyen, pero los problemas sociales no dejan de ser consecuencia de decisiones humanas”.

Sólo tenemos un cuerpo para toda la vida y, sin obsesionarse, hay que cuidarlo. No hay por que privarse de ningún alimento si lo consumimos de una forma racional. Y habría que volver al significado originario de “dieta” –recogido en el diccionario de la Academia-, que es “régimen de vida”, aunque luego haya pasado a entenderse como ayuno o privación de algo. Es decir, que de lo que se trata es de hacer algo de ejercicio, de moverse, al menos de caminar un rato; y de tener unos hábitos de alimentación saludables, es decir, de no saltarse el desayuno, no pasarnos el día picando, y de comer frutas y verduras.

Una buena receta para este verano puede ser tomarnos más tiempo para las comidas y apuntarnos a las verduras y frutas de temporada, por ejemplo, la sandía. Además, ahora que se ha descubierto que la parte blanca de la sandía contiene elementos similares a la viagra, más de uno matará dos pájaros de un tiro. Así que este verano, amigos, sandía.

Escrito por: mciriza 40 comentarios 30 Jul 2008 URL Permanente

16 Jul 2008

Padres despistados

Tengo dos hijos en plena adolescencia (¡socorro!) y una pequeña que se acerca a esta conflictiva etapa. Por eso estoy especialmente al tanto de todo lo que pueda ayudar a hacer de estos chavales personas de bien, y me ha llamado la atención un anuncio que acabo de ver, en el que bajo el título de “Responsabilidad” se recomienda a los padres a “proteger a tus hijos en el uso de Internet, móvil y televisión”. Este anuncio ofrece una serie de consejos, como el de navegar con los hijos, “es divertido y enriquecedor para todos”, instalar un filtro de contenidos para Internet, registrar el móvil de tu hijo sólo para uso de menores o establecer un horario para ver la televisión (www.telefonica.es/consejosparapadres).

Utilizamos el ordenador o la tele como niñeras electrónicas donde los hijos pasan las horas muertas y como medios para mantenerlos entretenidos y callados (frente a la pantalla no dan una guerra), sin darnos cuenta de lo importante que es que los padres vean la televisión o naveguen en Internet con los hijos. Hay que educar también a los padres: no sólo hay que establecer unos horarios, unos controles de tiempo y programas, sino que los chavales no estén tanto tiempo solos delante de la pantalla. Hay que saber qué les preocupa, qué les interesa, qué les seduce. Desentenderse es lo más cómodo.

A propósito de esto, es obligatorio, de verdad, ver la intervención del juez de menores de Granada, Emilio Calatayud –dura unos diez minutos-, en la que reflexiona sobre esta generación de padres despistados que han pasado del autoritarismo de sus padres a la permisividad total con los hijos, una generación que ha desertado de ejercer de padres para intentar convertirse en colegas de sus hijos. Con mucha gracia, enorme naturalidad y una lógica aplastante, dice cosas que muchos, sin duda, suscribimos (el vídeo –para enmarcar- puede verse en el blog www.blogs.larioja.com/entrenosotros).

Igual que crecen los hijos deben crecer los padres. Educar a los hijos es una tarea compleja, requiere tiempo, esfuerzo y atención, precisamente lo que menos tienen los padres. Saber decir “no”, poner límites, es una tarea difícil para muchos padres que llegan agotados a casa y que no se atreven a mandar. Hay que perderle el miedo a mandar a los hijos. A cambio de eso, compensamos todo con la sobreabundancia, primando el consumismo, ¡pobrecitos, que no les falte de nada!, los padres como cajeros automáticos y poco más. Y de esta manera, los chicos de ahora han interiorizado muy bien los derechos, pero no los deberes.

Ahora que es verano y tenemos más tiempo libre, es una buena ocasión para hacer actividades familiares, estar con los hijos y compartir con ellos el ocio, que también es muy formativo, acercarnos, hacer planes juntos y hablar con ellos.

Los centros educativos organizan durante el curso charlas para padres, pero éstos están trabajando y muchos no pueden ir y, además, suelen interesarse habitualmente los que menos lo necesitan. Así que habrá que pedir más anuncios y campañas publicitarias para que los padres aprendan a ser padres y no compadres o colegas. Para que no andemos tan despistados.

Segunda parte:

Escrito por: mciriza 60 comentarios 16 Jul 2008 URL Permanente

02 Jul 2008

Sí, podemos


Sólo cuando juega la selección se puede gritar “España, España” sin ningún complejo y sin ningún afán excluyente. Lo que no consigue la política lo logra el fútbol. Las banderas se venden como rosquillas y el kit selección (camiseta, gorra, banderín y cara pintada) hace furor. Mas allá del partido político o de si uno es monárquico o republicano, el orgullo de país está en esa bandera que tantos jóvenes se han puesto como capa estos días.

Incluso yo, que nunca he visto entero un partido de fútbol, me enfundé la camiseta y disfruté con la selección. Siempre me ha hecho gracia esa perogrullada de que “el futbol es así”, pues, en efecto, el fútbol es así y ha conseguido unirnos a todos, bueno, a casi todos.

A casi todos, porque antes del España-Rusia el presidente del PNV, Urkullu, anunció su apoyo al equipo ruso, y desde luego no será porque Rusia sea un modelo de país descentralizado. Por su parte, Puigcercós, de Ezquerra Republicana de Cataluña, declaró que prefería a Turquía –esa nación que aplasta los sentimientos autonomistas- antes que a España. Poco caso les han hecho catalanes y vascos, porque han seguido masivamente el partido en televisión.


Pero hasta eso me da igual. Más allá de camisetas y de banderas, una de las cosas que más me ha gustado y más me ha llamado la atención es que los jugadores de la selección española son chavales normales: no van de divos, no parecen portentos físicos, ni tipos especialmente musculosos, ni armarios empotrados estilo NBA. ¡Qué buen ejemplo para tantos jóvenes que se proyectan en ellos! Han hecho grupo, se han propuesto un objetivo y lo han conseguido, con esfuerzo, con trabajo, con disciplina, con humildad. Y sobre todo, con inteligencia. No se ha ganado por la furia, sino por el talento. Lo resume muy bien un artículo que leía estos días, “De la testosterona a la neurona”.

Y además, han recordado a todos los que lo han intentado y se han quedado por el camino: la camiseta de Arconada que llevaba uno de los porteros recoge esta memoria colectiva. No han ido de chulos ni de sobraos. Y esto tiene mérito, porque no todos, cuando llegan a la cima, se acuerdan de los que antes sufrieron y no lo lograron.

La cosa no acaba aquí, nos espera un verano en el que seguiremos con el subidón de autoestima nacional si los Gasol y compañía repiten éxitos en las Olimpiadas de Beijing. No es lo mismo que la selección, pero seguiré teniendo a mano la camiseta y la bandera. Disfrutemos mientras dure y que nos quiten lo bailao. Un sentimiento de felicidad colectiva con el que superar por un momento la frustración y las preocupaciones ante el día a día. En esto y en tantas cosas, hay que proponérselo, soñar y luchar. Y creer que se puede, que sí, que podemos.

Escrito por: mciriza 91 comentarios 02 Jul 2008 URL Permanente

18 Jun 2008

Ladrones de tiempo

Llega 15 minutos tarde y tan campante. Ni siquiera pide disculpas, lo considera normal. Es de ésos que vive con retraso, que por sistema se da 15 minutos de margen. Ya no es sólo una mera cuestión de cortesía, como nos han enseñado, es una exigencia ética: la impuntualidad supone robarle tiempo a la persona con la que se ha quedado, y el tiempo es lo más valioso que tenemos.

En nuestra sociedad se piensa que el consumo es el camino que conduce al bienestar, y no es así. Tener tiempo, poder disponer de tiempo para uno mismo es una de las claves de la felicidad. Vivimos en la sociedad del tiempo. Por eso hay que identificar a los ladrones de tiempo, y luchar contra ellos. Yo misma conozco a unos cuantos.

Me pregunto a veces si no habrá algún tipo de organización secreta, algo así como OSF, “Ociosos Sin Fronteras”, cuyos miembros no tienen ninguna prisa, se plantan sin avisar y te roban el tiempo con total impunidad, “no te preocupes, que no tengo prisa, te espero”, te cuentan su vida y consideran sus asuntos superficiales lo más importante del universo. Muchos de éstos se apalancan en la consulta del médico a “echar la mañana”, como bien sabe el vecino de columna de los jueves.

Están también los de ATUTI, “Abusadores de Tu Tiempo”, que actúan sobre todo en el ámbito doméstico y sus miembros (y “miembras”) suelen estar disfrazados de hijos adolescentes que pretenden quedar exentos de todas las tareas cotidianas y, si pueden, se escaquean de hacerse la cama, bajar la basura, recoger el cuarto de baño o poner la mesa.

Otro grupo que hay que tener en cuenta es el de los Jetas Profesionales, compañeros que te largan el trabajo sin pestañear, bien porque remolonean hasta que lo tienes que hacer tú o bien porque son inútiles reconocidos e incapaces de hacerlo por sí mismos. También están las Reuniones Absurdas y los JAS (Jefes Amantes de la Silla), que equiparan productividad con presencia y que no entienden que las nuevas tecnologías te permiten llevar a cabo tu trabajo sin tener que estar permanentemente pegado a la silla.

No todas las llamadas ni todos los correos electrónicos son importantes ni hay por qué contestarlos inmediatamente. Todo lo anterior resta eficacia y te produce estrés, infelicidad. Lo más importante es ser dueño de tu tiempo, aislar a todos esos vampiros que te chupan el tiempo, saber priorizar y decirles que no. Los ladrones de tiempo acechan aún más a las mujeres, porque tienen triple jornada: la laboral, la familiar y la de cuidarse para ofrecer una buena imagen.

Se trata de no despilfarrar el tiempo y usarlo para conseguir nuestros propios objetivos profesionales y personales, para lo que de verdad queremos hacer, para lo que nos hace felices y para nosotros mismos. Di “no” a los ladrones de tiempo, todavía estás a tiempo.

Escrito por: mciriza 56 comentarios 18 Jun 2008 URL Permanente

04 Jun 2008

Hacer menos ruido

Los de las despedidas de soltero y de soltera son inasequibles al desaliento. Lo pude comprobar el sábado pasado al salir de una cena. Llovía a cántaros, pero allí seguían en medio de la calle, en el casco antiguo, grupos de chicos y de chicas, con disfraces esperpénticos, gritando bajo la lluvia, con unos amenazantes megáfonos en las manos. Mal que griten a las dos de la mañana, pero que lleven sirenas y tambores es el colmo (también los había con esos artilugios). No me extraña que los vecinos estén que trinan. La semana pasada, hasta un canal nacional emitía un reportaje sobre el ruido nocturno de Logroño; es decir, que somos noticia por la contaminación. Sí, por la contaminación acústica.

Hace unos días se hacía público que España es el segundo, nada más y nada menos que el segundo país más ruidoso del mundo, después de Japón. Y el ruido es una de las cosas que más estrés provoca y lo que es peor, aumenta la agresividad y la irritabilidad. Ansiedad, dolor de cabeza, insomnio, problemas de memoria son también consecuencias del ruido ambiental. El ruido afecta a nuestro sistema nervioso. Lo peor de todo es que parecemos resignados a que no se tomen medidas al respecto, resignados a seguir aguantando el ruido en el trabajo, el ruido nocturno, resignados a soportar los tubos de escape de unas cuantas motos rugiendo por la ciudad ante la mirada impasible de la policía local. Resignados a vivir en casas mal insonorizadas, con tabiques de papel, a precio de oro; con ventanas mal aisladas contra el ruido.

El no tener ruidos es calidad de vida. A los que nos gobiernan hay que pedirles que trabajen para evitar tantos ruidos en la vida diaria. Y todos tenemos que convencernos de que el ruido es algo nocivo.

Ha muerto hace unas semanas, a las 86 años, William Stewart, el médico que comenzó a investigar allá por 1966 los efectos nocivos del tabaco. Ha pasado a la historia por ser el pionero de las consecuencias de fumar para la salud, pero poco o nada se ha dicho de algo en lo que también insistió: en que el ruido fuera considerado como una clase de contaminación.

Y esto es algo en lo que no hemos avanzado mucho. En cuanto a los efectos del tabaco, hemos pasado de poner en las cajetillas de tabaco “Fumar puede ser peligroso para su salud”, hasta el contundente “Fumar mata”. A ver si se nos mete en la cabeza que el ruido es una contaminación. Acústica, sí; pero contaminación al fin y al cabo. Por eso al “Menos humos” habría que añadir ahora el “Menos ruido”.

Porque la realidad –y lo importante- de todo esto es que “El ruido puede ser peligroso para la salud”. Seguro que si lo tenemos en cuenta seremos capaces de pensar en los demás y hacer menos ruido. Al final, el ruido es también una cuestión de solidaridad, de no molestar a los otros. Eso sí, salvo que, como decía la canción de Los ilegales en su bárbara apología del ruido, hagamos ruido “porque odio a mi vecino” o “porque soy un cretino”, y de estos hay muchos. Ya sé que ahora la música y todo lo de los 80 vuelve a estar de moda, pero ya vale de “Hacer mucho ruido” y de que lo permitan.

Escrito por: mciriza 60 comentarios 04 Jun 2008 URL Permanente

21 May 2008

Algo habrá hecho

Pues no le veo la gracia al chiste del presidente de la Audiencia Provincial de Barcelona. La semana pasada, en la presentación de la memoria judicial de 2007, dijo: “Como aquel que le dijo: “y usted, ¿por qué ha matado a su mujer”, “¡Ah! Y usted, ¿no ha tenido ganas nunca?”. Y añadía el juez: “pues eso, que es un chiste, habrá gente que lo pueda entender y que no lo pueda entender”. Pues yo soy de las que no lo entiende.

Como se ha montado una buena, salió a pedir disculpas poco después por trivializar con algo que lleva tantas mujeres muertas y tantas familias rotas y tanto sufrimiento. Pero el chiste, maldita la gracia, ya estaba hecho. Y el daño. Pero, ¿hay alguien a quien le parezca el chiste gracioso?

Hace unos días el nuevo Delegado del Gobierno contra la Violencia de Género decía en una entrevista que “Hay mujeres que mueren, pero el sistema funciona bien”. Desde luego que hemos avanzado, faltaría más, pero de ahí a decir que el sistema funciona bien hay una diferencia. Es evidente que si funcionase bien no habría tantas mujeres asesinadas. Por lo pronto habrá que destinar más recursos y más dinero para que funcione y analizar en qué está fallando “el sistema” para que siga habiendo tantas mujeres muertas a manos de sus maridos o compañeros.

La violencia de género no es un conflicto privado, sino un problema social. El problema, precisamente, es que no se considera un problema de la sociedad; de hecho, en las encuestas del CIS tan sólo preocupa al 2% de la población. ¿Por qué hay hombres que maltratan a sus parejas? Porque confunden amor con dominación, porque consideran inferior a la mujer e intentan someterla para dejar claro que están por encima de ella. ¿Por qué tantas mujeres soportan el maltrato? Por la tradición de la superioridad masculina, que hace que la mujer sienta la obligación de respetar la autoridad del hombre y porque muchas mujeres están educadas en la sumisión, en aguantar. Es terrible, pero muchas de las mujeres que sufren la violencia de género la esconden porque sienten vergüenza o incluso se sienten culpables.

Hay que prevenir el maltrato, educar en los buenos tratos, en la igualdad y en valores. Se deben destinar muchos más medios. Otra de las claves es aislar y despreciar socialmente al maltratador. Me parece aberrante que alguien se permita hacer chistes sobre esto. Frente a esta lacra social no hay que bajar la guardia ni cansarnos de denunciar tantas situaciones.

Muchos de los que están en la cárcel por la violencia de género no se perciben a sí mismos como delincuentes o asesinos. De puertas afuera pueden parecer incluso tipos normales: “No mataría ni una mosca”, “era muy amable” dice más de un vecino cada vez que en el telediario dan la noticia de un caso de violencia contra las mujeres. Por eso me horroriza pensar que, al escuchar la noticia de la última mujer asesinada a manos de su pareja, y después de oír al vecino decir eso, haya alguien que puede pensar sobre la víctima: “algo habrá hecho”.

Escrito por: mciriza 165 comentarios 21 May 2008 URL Permanente

07 May 2008

El Museo Würth

Me contaba mi hermana Marta que la semana pasada fue a ver la exposición de Goya en el Prado, una exposición única, con cerca de 200 obras, la mayor parte de ellas de colecciones privadas, con algunos de los lienzos restaurados después de un largo proceso... En fin, el no va más. Y me contaba que uno de los del grupo con los que visitaba la exposición no hacía más que quejarse de que había mucha gente, de que si uno de los cuadros brillaba demasiado y que si la iluminación no era la más acertada.

Más o menos a la misma hora asistía yo, aquí en La Rioja, a la inauguración de una nueva exposición en el Museo Würth, en este caso de uno de los artistas vivos más importantes, el portugués José de Guimaraes, un pedazo exposición, titulada “Mundos, cuerpo y alma” y que podría estar en cualquiera de los mejores Museos de arte contemporáneo del mundo. Y al dar una vuelta por el jardín del Museo y disfrutar de las obras allí expuestas, pensaba que este espacio no es lugar para quejarse, sino más bien para disfrutar y agradecer.

Y es que vivimos instalados en la cultura de la queja, protestamos por todo. La queja es un vicio, un auténtico placer para muchos, que sólo saben quejarse y que se recrean en ello, se sienten importantes al hacerlo, y así demuestran lo listos que son, aunque el motivo de la queja sea la mayor estupidez. Es una especie de cultura de lo negativo, de subrayar los fallos, los defectos, como si señalar lo positivo fuera de simples. Conozco a unos cuantos de estos profesionales de la crítica. Ojo, no confundamos esto con las quejas fundadas, las de verdad, como cuando no te atienden bien en los servicios públicos o como cuando nos encontramos con un sistema judicial como el que tenemos.

Hay que saber quejarse cuando se lleva razón, pero igual de importante es saber dar las gracias. Además, es mucho más reconfortante agradecer y reconocer lo positivo. Por eso estoy encantada, como riojana, de la decisión de haber puesto en marcha en La Rioja el Museo Würth. Al igual que esa otra joya que es el Museo del Vino de la familia Vivanco, ambos surgen de la iniciativa privada, y eso ya es mucho de agradecer. No sólamente marcan un modelo de gestión cultural a seguir, sino que dan otra dimensión a las empresas, que no sólo están para ganar dinero –que lo están-, sino que también se implican en el desarrollo cultural y social.

El Museo Würth es un tesoro, un lujazo. Junto al Museo Vivanco, una de las mejores cosas que nos han pasado culturalmente en los últimos tiempos en La Rioja, algo que nos permite dar un salto espectacular, que nos da un aire de modernidad, que nos sitúa en la vanguardia de la cultura y que está haciendo que La Rioja aparezca en los medios nacionales e internacionales. La “Lillie” de Manolo Valdés en el interior del edificio, o las obras de Richard Deacon y Miquel Navarro, entre otras muchas, son obras maestras, y se complementan con otras muchas actividades culturales, desde conciertos a talleres de arte para escolares. Nunca agradeceremos lo suficiente a nuestro paisano Juan Ramírez y a los que han tenido algo que ver en esto, haber traído este Museo a La Rioja. No te lo pierdas.


Escrito por: mciriza 134 comentarios 07 May 2008 URL Permanente

23 Abr 2008

Una mente sana

Me contaba una amiga hace unas semanas que a su padre le iban a poner una prótesis de cadera y que la cría pequeña necesitaba gafas, pero tuve que enterarme por su marido de sus depresiones y de la terapia que seguía desde hace tiempo. Y es que hablamos de los problemas de colesterol o hipertensión como si tal cosa, hablamos de médicos, de especialistas y de remedios con total naturalidad, pero cuando se trata de salud mental, ¡ay!, ¡la cosa cambia!, entonces ya no se habla.


Con salud mental no me refiero sólamente a problemas graves, como ese 1% de la población que sufre esquizofrenia. Salud mental es algo más amplio: me refiero a ese equilibrio o bienestar psíquico. Ojo, no quiero decir que no se tengan problemas –quién no los tiene-, sino que su superación no te desequilibra mentalmente.


En cuestiones de salud mental todavía no hemos salido del armario: todo esto que tapamos y que evitamos reconocer, resulta que está mucho más presente de lo que quisiéramos admitir. Seguimos teniendo muchos prejuicios frente a los problemas mentales, y no los asumimos, ni de lejos, de la misma manera que aceptamos o que contamos que nos ha dado un cólico al riñón o que nos tienen que hacer una resonancia magnética. Hay una especie de pudor social que nos impide reconocer que no van bien las cosas emocionalmente, que tenemos una enfermedad del alma. Como se oculta y se sufre en silencio, mucha gente que podría mejorar su calidad de vida no va al especialista por miedo o desconocimiento (muchos no saben lo que les pasa y por eso no piden ayuda).


La última Encuesta Nacional de Salud, que se ha hecho pública en marzo, incluye por vez primera datos sobre nuestra salud mental, y resulta que estamos bien por fuera, pero no tanto por dentro: más del 20% de los entrevistados está en riesgo de padecer un trastorno mental. Llama la atención que las mujeres tienen más problemas psicológicos que los hombres y es toda una señal de alarma que uno de cada cuatro niños y adolescentes menores de 15 años presenta riesgos de mala salud mental. A medida que pasan los años es peor, y el mayor riesgo de problemas mentales está en los mayores de 75 años.


Resulta llamativo que, aunque aumenta el bienestar material y cada vez poseemos más cosas, ello no está en consonancia con el bienestar mental, con el emocional. Nos encontramos muchas veces estresados, deprimidos, desbordados o impotentes. Sin ir más lejos, la depresión es una de las plagas de nuestro siglo, es ya la dolencia con más impacto social en los países desarrollados y, de hecho, es una de las principales causas de baja laboral en España. Por muy bajos que tengas los triglicéridos, no serás feliz si no tienes una visión positiva de las cosas, si te falta el aliento, si no tienes energía y coraje para vivir, si no tienes una mente sana.


Escrito por: mciriza 157 comentarios 23 Abr 2008 URL Permanente

Sobre este blog

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Que quede entre nosotros

Maite Ciriza (Logroño, 1963) es licenciada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y especialista en Psicología de Empresa. Desde 2000 es directora de los centros culturales de Ibercaja en La Rioja.

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