Por Mayte CIRIZA
01 Jul 2009
Black or White

Se empeñó en ser lo que no era. Lo llevó al extremo de querer cambiar el color de su piel, algo de lo que cada uno debe estar bien orgulloso. No pudo disfrutar de su infancia y cuando llegó a la edad adulta quiso ser lo que no había sido: un niño. El cine y la música nos fabrican y nos meten en el salón de casa ídolos infantiles que acaban siendo con el tiempo muñecos rotos. Lo acabamos de comprobar con Michael Jackson, pero hay otros muchos ejemplos, con distintos niveles de drama: desde la adorable niña de E.T, pasando por el niño que se quedaba sólo en casa, Macaulay Culkin (que por cierto compartía videoclip con Jackson en “Black or White”), hasta Haley Osment, el que en ocasiones veía muertos en “El sexto sentido”. Todos no han acabado así, claro, también los ha habido que se han rodeado de las personas adecuadas y han salido adelante con toda normalidad.
No me gustaban ni la vida ni el personaje de Jackson, pero hay que reconocer que era un icono para millones de personas en todo el mundo. Ha muerto a tiempo para alimentar el mito, porque de haber vivido más años seguramente se habría desmoronado su figura. Debutó con su familia siendo un niño, con sólo cinco años, y siempre bajo la férrea disciplina de su padre. Siempre bajo los focos y en el centro de atención, no pudo disfrutar de su infancia: los escenarios secuestraron su niñez. Por las noticias que llegaban de él, siempre me pareció una persona rara, extravagante e infeliz.
Al padre de Michael Jackson lo único que le importaba era el éxito de su hijo. No hace falta ser una precoz figura de Holywood ni una estrella mundial de la canción para tener una vida infeliz. El caso del cantante me ha hecho pensar en la presión a la que sometemos a nuestros hijos, a la que los somete la sociedad en general, no sólo los padres. Nos fijamos en los resultados, en el éxito final, más que en el esfuerzo realizado. En un chaval, en un niño, importa algo más que las notas. Decía Einstein que “la educación es lo que queda cuando se olvida todo lo aprendido en la escuela”.
No todo tiene que ser perfecto con los hijos; no es necesario que sean virtuosos de un instrumento musical y que, además, destaquen en un deporte. A veces tanto control, tanta supervisión, impide a los chavales desarrollarse: los padres proyectan en ellos lo que les gustaría que fuesen, a veces lo que les gustaría haber sido ellos mismos. Carl Honoré, uno de los referentes del movimiento “slow”, trata de todo esto en último libro, “Bajo presión”, en el que afirma que presionamos tanto a nuestros hijos que no les dejamos elegir su camino, y muchas veces acaban siendo infelices. Buscando el mayor éxito no siempre se encuentra la felicidad, cuando, en cambio, lo más importante para unos padres es que sus hijos sean felices: en nuestra sociedad se traslada el mensaje de que es más importante ser admirado que querido. Y es justo al revés.
Y es que cuando se alteran los valores, es cuando todo se torna confuso, cuando la vida se ve borrosa sin distinguir, como dice la canción de Michael Jackson, si algo es “negro o blanco”.
17 Jun 2009
Galáctico
En Logroño estamos solos y desamparados, no tenemos en quién creer. Si el fútbol es la nueva religión, aquí andamos escasos de dioses futbolísticos. No soy futbolera, pero lo vivo por parte de mis hijos, que suspiran por tener un equipo cercano a quien animar. A falta de dioses locales, siguen, entre deslumbrados y alucinados, los fichajes de Florentino. Y no sólo ellos. Millones de personas en todo el mundo han seguido el multimillonario fichaje de Cristiano Ronaldo por el Madrid, y es que 94 millones de euros no se pagan todos los días por un jugador (ni por once). Esto es más que planetario, que diría Leire Pajín.
Desde luego el nuevo presidente del Real Madrid arriesga su dinero y el de su club, por eso no entro a valorar si es una buena o mala inversión desde el punto de vista futbolístico, aunque la cifra me parece una barbaridad. Lo que para mí es un gasto desorbitado, supongo que para los directivos del club es una inversión. Como siempre, todo depende de que entre el balón: si ganan
Ni espero ni aspiro a que Cristiano salga fotografiado al día siguiente en una biblioteca leyendo a Fernando Pessoa (los dos son portugueses), ni ayudando a repartir comida en un comedor social (que no estaría mal), pero desde luego no es el mejor ejemplo para tantos jóvenes su juerga nocturna con Paris Hilton gastándose unos 18.000 euros en champán para celebrar el fichaje. Y encima con la chica esta, que es el icono de la estupidez, no ya planetaria sino galáctica. Entre galácticos anda el juego.
No sé si el jugador vale ese dinero, y me parece que el fútbol se ha vuelto loco, pero más allá de todo ello, me importa sobre todo su conducta, la imagen que proyecta, como si estuviera por encima del bien y del mal. Ser joven, guapo y ganar todo ese dinero es, sin duda, un cóctel explosivo y los que están en su situación se creen los reyes del mambo, pero tendrían que tener más cuidado, un poco más de cabeza –no sólo para los goles- aunque sólo sea por los millones de personas, sobre todo de jóvenes, que se fijan en ellos. Por no salir del Madrid, Raúl es otra cosa. Me gusta lo que simbolizan Guardiola e Iniesta, porque representan el valor de la humildad, del esfuerzo, del trabajo en equipo y eso que han ganado los tres títulos a la vez, algo que no se consigue sólo a golpe de talonario. Pero claro, Iniesta vende menos camisetas que Cristiano Ronaldo.
Globalizado, planetario, cósmico... En realidad nos movemos de lo astronómico a lo galáctico: las cifras del paro en nuestro país son astronómicas, y aquí el personal entretenido con el fichaje de un galáctico.
03 Jun 2009
Seres humanos
Por la reconstrucción del cráneo se ha descubierto que era una niña deforme, seguramente con algún tipo de retraso mental, que nació enferma y, a pesar de sufrir una rara malformación genética, está claro que no la abandonaron ni mataron al nacer, que la cuidaron y pudo sobrevivir hasta el final de la infancia. La llaman Cráneo 14, tiene 530.000 años, que se dice pronto, y la han reconstruido a partir de los fragmentos óseos que han encontrado en
Este descubrimiento se ha dado a conocer precisamente hace un par de meses. No soy paleontóloga, habrá que preguntarles a los directores de la excavación de Atapuerca si eran seres humanos, antecesores de los humanos o, como diría Bibiana Aído, seres vivos sin más, a secas. Por cierto, que uno de los tipos más interesantes que he conocido en los últimos tiempos ha sido Juan Luis Arsuaga, co-director de la excavación, apasionado de su trabajo, con una gran capacidad para explicar con sencillez cosas complicadas, cercano, muy humano, y un gran conversador.
Hay todavía un ejemplo más antiguo de solidaridad entre seres humanos: en Georgia se encontraron los restos de un anciano desdentado de 1,8 millones de años de antigüedad (tres veces más que los de Atapuerca), al que le masticaban la comida para que pudiera sobrevivir.
Algo que diferencia a los seres humanos vivos (para no entrar en discusiones con la ministra Aído) de los seres vivos no humanos es que estos últimos dejan morir a los enfermos, a los discapacitados, a los que tienen algún tipo de malformación porque no pueden acarrear con ellos: es la supervivencia del más fuerte, como ya formuló Darwin. En cambio, el altruismo, la solidaridad con los más débiles, se encuentra ya en los primeros comportamientos humanos. Si hay algo humano es precisamente ayudar a los demás. La historia de la humanidad nos ha dado ejemplos terribles de crueldad, guerras, muertes y miseria. Sin embargo, el hombre y la mujer, cada uno de nosotros, está más preparado para ayudar, para el amor y la compasión que para el egoísmo, la destrucción, la envidia o la maldad: y pocas cosas nos hacen más felices que ayudar a los demás.
No sabemos qué sentían hace miles de años nuestros antepasados, no sabemos qué emociones tenían, qué les pasaba por la cabeza, pero sí que cuidaban a los que no podían valerse por sí mismos. Seres humanos.

20 May 2009
Machismo del día de antes
“Me la tiro, paso del condón, y que se compre ella mañana la pastilla, es responsabilidad de ella, que no necesita ni receta, que no me venga con chorradas”. Éste es uno de los mensajes que se traslada a los jóvenes a propósito de que la píldora del día después se administre a cualquier edad y sin control médico. Ojo, el problema no es la pastilla, que me parece muy bien que se administre, el problema es que pretenden dispensarla sin receta y sin límite de edad, como si fuera una pastilla para la tos.
Tengo dos hijos adolescentes y otra hija de once años en fase preadolescente, por eso soy especialmente sensible a la información que se les está haciendo llegar estos días a propósito de la píldora del día después sin receta y sin límite de edad: que todo vale, que pueden hacer lo que sea sin pensar en futuras consecuencias porque, total, con una pastillita al día siguiente se soluciona el posible marrón, sin que se enteren tus padres, que te la pueden liar; y sin tener que ir al médico.
A mi hija no le darían en la farmacia ni un Nolotil sin receta, pero la píldora del día después, todas las que quiera al mes. Con tener los veinte euros que va a costar, todo solucionado. Estamos hablando de un preparado hormonal, de un medicamento que debería tener el correspondiente control médico. Precisamente, cualquier medicamento hormonal tendría que tener un mayor control médico si va dirigido a menores. ¿Nos imaginamos a crías de quince años comprando la pastilla por su cuenta?
Además, deja la responsabilidad en manos de la chica. Según este esquema, el chaval puede hacer lo que quiera sin pensar en las consecuencias. Si hay cualquier problema, que se tome la chica la pastilla. Y eso me parece profundamente machista. Se frivolizan las relaciones sexuales y los riesgos. Y, por otra parte, ¿dónde queda el uso del preservativo? ¿No han pensando en las enfermedades de transmisión sexual?
Las chicas como objeto: hace unos días subastaban a menores en una discoteca de Granada y otro día pretendían premiar la minifalda más corta. En lo que hay que insistir es en el sexo seguro, en hablar de ello sin complejos y sin tabúes a los jóvenes, en llevar a cabo campañas de sensibilización. Por no hablar de la barbaridad de que una menor de edad pueda abortar sin conocimiento ni permiso de sus padres, eso lo dejo para otro día.
Pero lo que ya me parece el colmo es que nos la quieran dar con queso, que esta forma de nuevo machismo se pinte como falso progresismo. Más allá de las consideraciones médicas o de la responsabilidad como madre, que ya sería suficiente, hay algo más: con el esfuerzo que nos está costando la lucha por la igualdad de la mujer, tanto los sexismos minifalderos de la disco como el sexo sin precaución al que lleva la pastilla del día después a menores y sin receta no son, en realidad, más que una manifestación más del machismo del día de antes.

06 May 2009
De culo
Ni el paro brutal en España, ni la crisis que no cesa, ni la gripe porcina, ni las reuniones bilaterales del Presidente francés en nuestro país, ni los acuerdos alcanzados en su visita, ni el magnífico discurso que pronunció en el Congreso, ni el firme compromiso público que hizo de lucha contra ETA. La noticia era ella. Carla Bruni. Carla Bruni visita España, acompañada de su marido, un tal Sarkozy, y durante unos días, no ya la prensa rosa, sino el resto de la prensa seria, llevaba a sus páginas, y muchos a sus portadas, la famosa foto de los culos de Carla Bruni y Letizia subiendo las escaleras de la Zarzuela. Yo creo, frente a lo que muchos han escrito, que el problema no está en la foto en sí, sino en el hecho de hacer de eso la imagen central del encuentro: duelo de culos.
Asumo que en este tipo de cumbres lo importante son los gestos de proximidad, de cercanía, los saludos, las miradas, las sonrisas: el lenguaje corporal es el mensaje que se traslada, eso lo saben muy bien Obama y Sarkozy. Pero en el caso de esta cumbre Francia-España, más importante que los acuerdos alcanzados por los Presidentes parecía ser el diseñador del vestido, los centímetros de los tacones de ambas, el peinado o las joyas elegidas para la ocasión y, sobre todo, los comentarios sobre los culos de las dos. Como se ha escrito estos días, parecía una “cumbre rosa”. Viene una mujer guapa, Bruni, y toda la prensa amarillea, como si la sección de crónica social fuera lo más importante para los periódicos ese día.
Me temo que lo que han hecho los medios es adaptarse a la demanda de la gente, porque vende. De la misma manera que venden también los programas del corazón, esos programas auténticamente basura que ocupan largas horas de televisión, en los que se exhiben las miserias más íntimas de los protagonistas de las revistas del corazón y que con más frecuencia de la deseable cruzan todas las barreras de la ética. ¿O es que alguien considera ético a estas alturas que la agresión brutal sufrida por un profesor por defender a una mujer sea motivo de tertulia barriobajera con los implicados como invitados, previo pago, eso sí? ¿O que la salida de la cárcel de un delincuente se convierta en espectáculo televisivo remunerado con cifras que los españoles honrados no consiguen en uno o varios años de duro trabajo?
Algunos lo justifican diciendo que tenemos lo que nos merecemos porque sin público no hay audiencia, y si se publican y se programan ciertas cosas es porque hay gente dispuesta a leerlas o mirarlas. Toda mi vida escuchando que lo importante es formarse, estudiar, tener una cabeza bien amueblada, escuchando que la belleza está en el interior, y ahora resulta que lo que de verdad importa es el culo. Y, claro, así nos va, de culo.
22 Abr 2009
Eterna juventud

Un diputado inglés leía en el Parlamento un discurso en el que criticaba a las nuevas generaciones de jóvenes de su país –me contaban en una cena el pasado sábado-, porque no compartían sus mismos valores, porque vestían como les daba la gana, por sus modales, su comportamiento social, etc. Según la historia, todo el parlamento le aplaudió de forma unánime al acabar su intervención, con gestos de asentimiento, que venían a decir “dónde vamos a parar como sigamos así”. Pero el parlamentario dejó a los diputados pegados y desconcertados cuando les dijo que el texto era de varios siglos antes.
Y es que todas las épocas han criticado a las generaciones posteriores. En su época los Beatles eran para muchos adultos unos melenudos indecentes, y ahora, echando la vista atrás, nos llama la atención que se escandalizaran por esa música genial y esa estética casi inocente.
Es fácil criticar a los jóvenes, parece que hay quienes les culpan de todos los males de la sociedad, descargando en ellos las culpas que no son capaces de asumir. Nunca he estado de acuerdo con estos planteamientos, que son la mejor forma de levantar barreras entre el mundo de los adultos y el de la juventud. Precisamente, a propósito de esta crisis tan dura y duradera, se oye a menudo que, claro, los jóvenes no tienen cultura del esfuerzo, les da todo igual, que hay que darles todo hecho, y que pasan de todo. Yo creo que no es así, pero, en todo caso, si lo fuera, la culpa será de nosotros, de la sociedad adulta, primero de los padres, y después del resto.
Nuestra crisis es, sobre todo, una crisis de valores, y saldremos de ella cuando pongamos el acento en valores como la disciplina, el esfuerzo o la humildad para salir adelante con éxito en la vida; que el dinero no llueve del cielo, que a nadie se le regala nada y que tendremos que ser más austeros y trabajar más para ganar lo mismo o seguramente menos.
Me llamaba la atención hace poco que la escuela de negocios IESE presentaba en sus aulas el caso de nuestro tenista Rafa Nadal como ejemplo para analizar la importancia de identificar y gestionar el talento desde la infancia. Un caso que van a llevar a sus clases en España y en todo el mundo, y que extrae del ejemplo del tenista lecciones como que hay que tener mentalidad positiva, que el entorno familiar es clave, que hay que tener gente alrededor que no te diga únicamente lo que quieres oír, que la única forma de soportar la presión es relativizar y saber que hay algo más que ganar una copa, que hay que convertir los problemas en oportunidades, que hay que tener un carácter decidido, que hay que convivir con el error de una forma natural y estar dispuesto a aprender, que por muy brillante que sea alguien, siempre habrá otro que le supere y le ponga en su sitio, o que hay que ser solidario.
Cada joven tiene un talento que desarrollar, todos no somos Nadal, claro, pero en la vida, como en la cancha de tenis, hay que tener en cuenta todo lo anterior para poder dar lo mejor de nosotros mismos. Todos podemos llevar un campeón dentro que puede aflorar si creemos en ello y ponemos todo de nuestra parte para demostrarlo. Y lo primero en lo que debemos confiar si queremos ganar el futuro es en nuestros jóvenes. Un joven como ejemplo para otros jóvenes (y para los adultos). Todos estos ingredientes son los que componen el preciado elixir de la eterna juventud.
08 Abr 2009
La joya de la corona
Una foto enmarcada de ella y su marido, el duque de Edimburgo, es el regalo de la Reina de Inglaterra al Presidente de los Estados Unidos en su primera visita oficial al Reino Unido. Es el regalo que hace a todos sus invitados, una foto dedicada. Como es la Reina, regala historia, está dando una página de los libros de historia, algo así como para que el obsequiado pueda decir “yo estuve con la Reina de Inglaterra”, o que tus hijos o nietos puedan contarlo. Claro, no se trata de que vaya regalando las joyas de la corona. Además, es una manera de decir que los Presidentes de las naciones pasan, por muy Obama que sea uno, pero que las Reinas de Inglaterra quedan. Es lo que tienen las monarquías, que no hay que votarles cada cuatro o cinco años.
Obama, por su parte, le regaló un ipod con canciones e imágenes de la visita de Estado que Isabel II hizo a Estados Unidos en 2007, un regalo más personalizado y más práctico que una foto que no sabes dónde poner o que no te apetece poner. Lo malo es que cuando vaya la Reina a visitarles buscará su foto en la repisa de la chimenea del salón de la Casa Blanca, y vete tú a saber dónde la habrán metido.
Todas las épocas y sociedades comparten la cultura de regalar. Siempre nos hemos regalado de todo a lo largo de la historia y del mapamundi. Se puede regalar por protocolo de Estado, por interés, por compromisillo –para quedar bien-, para que te deban un favor, para impresionar, por rutina –el día de la Madre, de los Enamorados...- o por amistad.
En estos regalos, en los de amistad, hay una forma de felicidad. Regalar, por altruismo, hace más felices a las personas. Hay una felicidad en dar: cuanto más damos, más recibimos. Las personas que son altruistas y generosas son más felices que las egoístas. La generosidad, la solidaridad en estos tiempos de crisis, es especialmente necesaria, y nos une como sociedad. No se trata únicamente de regalos materiales, los regalos son un ejemplo del altruismo, pero esto es mucho más, abarca otras muchas conductas. Nos fijamos en lo negativo, en lo que nos entristece, y hay numerosos estudios sobre todo ello, pero lo positivo y lo que nos hace felices ocupa mucho más en la sociedad, aunque pase desapercibido.
La búsqueda de la felicidad nos lleva a compartir con los demás, a dar algo de lo nuestro. “Sólo tenemos lo que damos”, que dice mi santo. El regalo es una muestra de estima, de afecto hacia el otro, una manera de transmitirle tu aprecio personal, tu cariño. Para que un obsequio consiga su finalidad no es preciso que sea caro. Cuando recibimos un regalo queremos pensar que somos únicos, especiales, para la persona que te lo da, que ha pensado en ti. Precisamente todo lo contrario que la Reina de Inglaterra, que regala a todos lo mismo. Aunque sea el regalo más humilde, cuando se ha hecho con cariño, con amistad, pensando en ti, para ti es como si fuera la joya de la corona.

25 Mar 2009
Paciencia
No había terminado mi santo de hacer la foto de rigor en la última comida familiar cuando ya estaban todos encima al grito de “a ver qué tal ha salido”, disputándose la cámara, y casi coreando “pásamela, pásamela”.
Desde que entra en el ascensor hasta que se cierra la puerta pasan cinco segundos, exactamente cinco segundos, pero el vecino le da sin parar al botón de cerrar las puertas. Me parto internamente de risa cuando, en ese momento, algo interfiere en el halo inferior de luz y vuelven a abrirse las puertas; entonces, es que ya no quita el dedo del botón.
Por no hablar del mando del garaje: ¿cuántas veces le damos, aunque con la primera ya se ha activado la apertura de la puerta? Lo mismo nos pasa con la velocidad de Internet: ¿a quién no le ha pasado que si una página de Internet tarda en abrirse un poco más de lo habitual, decimos inmediatamente que “va fatal”? Y, por si acaso, reiniciamos el equipo.
Podría llenar no sé cuántas páginas con ejemplos de situaciones cotidianas, normales y corrientes, en las que se pone de manifiesto que vivimos en un mundo sin paciencia, en un mundo donde todo tiene que ser inmediato, donde no podemos esperar. Podemos poner a prueba en el semáforo lo que digo: cuando el semáforo se pone verde, si tardas medio segundo en salir pitando, te pitarán todos los de atrás.
Lo queremos y lo queremos ya. Vivimos en una sociedad de impacientes y los jóvenes lo son especialmente. Una de las cosas que traerá esta crisis que atravesamos es que nos va a enseñar a ser pacientes. Precisamente la semana pasada leía una entrevista a Clint Eastwood (por cierto, no te pierdas su última película, “Gran Torino”, es obligatoria), en la que decía que hay que ser pacientes, “todos tenemos que tener paciencia”. Explica en esa entrevista, a propósito de la crisis, que “antes sólo contabas con el dinero que tenías en el bolsillo”, ahora, en cambio, con las tarjetas de crédito no tenemos que esperar a tener el dinero para conseguir esos zapatos o esa chaqueta de moda. No hemos sabido esperar, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, y esto ha sido una de las causas de la crisis.
Hay que tener paciencia en las pequeñas cosas y en las importantes. Por ejemplo en la educación. Cuando se educa a un hijo, a un joven, hay que tener claros los objetivos, las metas, y tener a partir de ahí infinitas dosis de paciencia. Y es muy importante educar a los chavales en la paciencia, en la espera, en la perseverancia, en la tolerancia a la frustración. Ojo, que paciencia no es resignación. Tener paciencia es tener autocontrol, una de las cosas más importantes que hay que enseñar.
Mi abuela suele decirme “vísteme despacio que tengo prisa”, que es todo lo contrario de la impaciencia que lo intoxica todo. Lo que de verdad importa en la vida no se consigue sin paciencia. Para ir por la vida hay que tener mucha paciencia… pero eso sí, ¡tengámosla ya!
11 Mar 2009
Un mundo feliz

“Quiero uno de ojos azules, pelo rubio, piel blanca, y que mida 1.80, no, mejor 1.85. Sobre todo, que no tenga orejas de soplillo, sí cariño, las tuyas son horribles. Y enséñenos el catálogo de narices. ¡Ah! Y que no sea calvo de mayor”. ¿Nos parece ciencia ficción? Pues no parece tan lejano. La semana pasada todos los medios se han hecho eco de que una famosa clínica de reproducción asistida de Los Ángeles anunciaba niños a la carta. Al frente está Jeff Steinberg, uno de los primeros en ofrecer la fecundación in vitro y una de las autoridades en la materia.
Hijos a la carta gracias a la tecnología reproductiva. Recuerda a la novela que Aldous Huxley publicó allá por 1932 (entonces esto sí que parecía ciencia ficción), y que en español se ha traducido por “Un mundo feliz”, todo un clásico del género. En ese “mundo feliz” las personas son incubadas y clasificadas en castas, cada una con su función, y todos viven felices después de haber eliminado, entre otras muchas cosas, la religión, la familia o la literatura. Hay varias películas sobre la novela y, al parecer, Ridley Scott está preparando una nueva versión para el cine prevista para 2010. La clave de ese “mundo feliz” es que todos son seres humanos de encargo, previamente programados genéticamente.
Este fin de semana se podía leer en la prensa nacional la pretensión de un matrimonio negro que ha solicitado en una clínica de Barcelona tener un hijo blanco (se le implanta un embrión donado por blancos y a esperar a que nazca). La legislación en España no permite, afortunadamente, este uso cosmético de las técnicas de reproducción asistida.
Una cosa es avanzar en la biomedicina con fines terapéuticos o para evitar una enfermedad degenerativa, una alteración cromosómica, el Alzheimer o el Parkinson –y esto es positivo, cuanto más se investigue en células madre, mejor; como acaba de decir Obama, “es falso el dilema entre investigación y moral. No son irreconciliables”-, y otra cosa muy distinta es que se haga para satisfacer el capricho de unos padres de tener un bebé de diseño. Lo malo es que si algo se puede hacer científicamente, acaba haciéndose.
En la novela de Huxley, es un mundo feliz porque es un mundo perfecto. Se llega a la felicidad por la perfección, que es lo que se pretende con esta técnica anunciada esta semana: tener hijos perfectos. ¡Qué miedo me da esto! Convivir con la imperfección forma parte de la aventura de la vida. Es todo un aprendizaje, un reto personal, que nos ayuda a superarnos, a ser mejores personas, que nos humaniza. No se trata de tener bebés modelo, como si fuera un producto más de consumo que eliges. Porque, además, será un nuevo motivo de exclusión social: los que puedan pagarlo y los que no. Hay un trasfondo muy peligroso también: se empieza eligiendo el aspecto físico de la criatura y se termina programando superdotados genéticos. ¿No era esto lo que pretendían los nazis?
Querer a alguien es conocer sus imperfecciones, sus limitaciones y, a pesar de todo, quererle. Aceptarnos como somos, con nuestras grandezas y nuestras miserias, con lo bueno y lo malo, y querer a nuestros hijos aun conociendo sus debilidades, sus defectos y sus fallos, es una de las claves para estar en paz con uno mismo y para sentirnos, de verdad, felices en el mundo, mejor que en un mundo feliz.
25 Feb 2009
Las edades del sexo
Me recordó a la foto de mi hijo mayor, al nacer su hermana pequeña. La tenía en sus brazos y la miraba con ternura y asombro. Pero en este caso, la foto correspondía a un niño inglés que acababa de ser padre a los 13 años –el niño padre- junto a la madre, de 15 años, y entre los dos sostenían a su hija. Y lo hacían mirando a la cámara, en una muestra de todo el circo mediático que se ha montado en torno a este chirriante caso, sin darse cuenta de la responsabilidad y las graves consecuencias que puede acarrear ser padres antes de tiempo. Ahora resulta que otros chavales del barrio -en todos los casos pertenecen a familias rotas y desestructuradas- se atribuyen la paternidad de la criatura y van a hacerse las pruebas de ADN, se rumorea que pagadas por una cadena de televisión inglesa.
El pasado sábado podíamos leer en este nuestro periódico que unas 100 adolescentes riojanas se quedan embarazadas cada año. En España hubo unos 11.000 embarazos no deseados en 2007. Algo hacemos mal en la educación sexual que reciben los chicos y chicas para llegar a esta cifra, tanto en la familia como en la escuela (ya está bien de dejar todo en manos de los profesores, algo tendremos que ver los padres). La media para empezar las relaciones sexuales está en los 15 años (en los países de nuestro entorno es incluso antes), así que hay que hablar con los retoños cuando ese cóctel de hormonas que es la adolescencia va a empezar. Con los hijos no puede haber temas tabú, y las conversaciones han de ser abiertas y sinceras, sin sermones, de forma que se ayude a clarificar la cosa y a prevenir riesgos: siempre es mejor adelantarse un año que atrasarse un día.
Esta misma semana también se ha planteado en el Congreso de los Diputados el cambio de edad para mantener relaciones sexuales consentidas entre un adulto y un menor de 18 años. Para el menor, el límite de edad está ahora en 13 años y la propuesta es ampliarlo a 14. No es una cuestión mojigata, se trata de proteger a la infancia, de evitar casos de pederastia; es una auténtica barbaridad que una niña de 13 años pueda mantener relaciones sexuales con un adulto de 45. Porque aunque sean consentidas, a esa edad no se tiene la madurez suficiente para conocer las implicaciones de las relaciones sexuales y tomar las decisiones adecuadas. Si no vendemos alcohol ni tabaco a menores, ¿por qué permitimos que tengan relaciones sexuales con adultos? Espero que cambien pronto este límite de edad. Otra cosa son las relaciones entre los propios menores.
En fin, por un lado, se está sexualizando la infancia, y por otro, el sexo está presente en todo: en la tele, en el cine, en Internet, en la publicidad, sobre todo en la publicidad. En todo, menos en la educación familiar y escolar. Tienen mucha información, sí, pero no siempre es correcta. Nuestras hijas e hijos se empapan de sexo a edades cada vez más tempranas, casi sin darse cuenta y sin entender que hay edades para todo, que también hay edades para el sexo.
Sobre este blog
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mcirizaMaite Ciriza (Logroño, 1963) es licenciada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y especialista en Psicología de Empresa. Desde 2000 es directora de los centros culturales de Ibercaja en La Rioja.
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