Por Mayte CIRIZA
26 Mar 2008
¿Por qué no pone el dinero ANV?

Óscar se había quitado el capirote después de la procesión del Silencio en Calahorra y se estaba acercando a la tienda de informática que había abierto tan sólo hace seis meses, cuando le dijeron que no podía pasar, que se alejara de allí. Aviso de bomba de ETA, todo acordonado. Unos vecinos se acercan corriendo por la acera, asustados: “nos han dicho que nos fuéramos, por lo visto han puesto un coche bomba justo enfrente del cuartel”.
Cayo puso la carnicería hace un par de meses, se la han destrozado, y ahora vete tú a esperar a que le pague el seguro y a ver de qué vive mientras tanto. Hasta que le arreglen el negocio, ¿qué va a hacer? Y los que se tienen que ir de casa, ¿dónde van a ir? A Ángel le destrozaron un coche hace varios años en otro atentado y tardaron ¡tres años! en pagárselo.
Justo una semana antes del atentado terrorista comía con unos amigos y mi santo en Calahorra, y hablábamos precisamente de cómo se vive
Durante varios días muchos vecinos no han podido entrar en sus casas a recoger lo más imprescindible, cuando les avisó
Al mismo tiempo, los concejales y militantes de Acción Nacionalista Vasca campan a sus anchas en los municipios del País Vasco: no condenan los atentados, apoyan a los terroristas de ETA y se enorgullecen de ello. Dos semanas antes, los concejales y la alcaldesa de Mondragón, de ANV, se ausentaron del pleno del Ayuntamiento para no condenar el asesinato de ¡su vecino!, el ex-concejal Isaías Carrasco. Pero no se ausentan cuando tienen que cobrar las subvenciones.
Ni ellos ni el resto de dirigentes de ANV han condenado tampoco el atentado de Calahorra, y les da igual: total, siguen cobrando del dinero de los impuestos de todos. ¿Por qué no les descuentan de las subvenciones que reciben las indemnizaciones de los atentados terroristas? Para empezar, los 3,5 millones de euros del atentado en Calahorra. Y encima parece que con la indemnización económica se compensa la barbarie, pero eso nunca será suficiente. ¿Cómo compensar la ausencia del padre, del amigo, del compañero que han asesinado los terroristas? ¿O la ilusión de la tienda que Óscar o Cayo montaron hace unos meses? ¿O la tranquilidad que tenían Dolores y Manuel, recién jubilados, en su piso recién arreglado, después de toda una vida trabajando? En lo personal, en lo moral, no hay dinero para pagar tanta destrucción, tanta rabia, tanta indignación y tanto dolor.
12 Mar 2008
Himno friki
“¡Perrea, perrea! El chiki-chiki mola mogollón, lo bailan en la China y también en Alcorcón… Lo baila mi hermano, lo baila mi mulata con las bragas en la mano... Y el chiki-chiki se baila así: 1. El Breikindance; 2. El Crusaíto; 3. El Maiquel Yason; 4. El Robocop”
Ésta es parte de la letra de la canción (por llamarla de alguna manera) que nos va a representar en el festival de Eurovisión que se celebrará en Belgrado el próximo mes de mayo. La canción es friki, la propia letra habla de los frikis, y la canta un actor que se hace pasar por friki bajo el nombre de Rodolfo Chikilicuatre. Esta parodia es una exaltación de lo friki, lo friki en estado puro. Amenaza con convertirse en la canción del verano, en esa melodía pegadiza y bailona que arrasará en verbenas estivales, campings y chiringuitos de las playas. “Baila el chiki-chiki” ha sido elegida por el ciberpúblico con miles de votos en una muestra de que al personal le importa un bledo Eurovisión y lo que busca es reírse un rato y pasarlo bien. El público ha elegido a alguien que no se sabe muy bien si va a defender los colores de España o nos los va a sacar.
En cualquier caso, seguro que esta canción subirá los índices de audiencia del cutrefestival de Eurovisión. En sus comienzos se vivía el festival con intensidad: Massiel, Salomé, Karina, la movida de Serrat por no poder cantar en catalán... En los últimos años, en cambio, lo extraño era seguir el festival; sólo unos pocos lo veían. Sin embargo ahora, mira por dónde, esta gamberrada ha vuelto a poner el festival en boca de todos.
Esta tendencia extravagante no conoce fronteras: una marioneta con forma de pavo real representará a Irlanda, Letonia subirá a unos tipos que imitarán a los personajes de “Piratas del Caribe” y así. Los frikis tienen su Día del Orgullo Friki (www.orgullofriki.com ) el 25 de mayo, y tienen su festival, Eurovisión, que se celebra, qué casualidad, un día antes. Para frikis los finlandeses disfrazados de monstruos de hace dos años, también en Eurovisión. A este paso acabará siendo Frikivisión.
Frikis ha habido siempre, pero antes no salían en la tele. Ahora, en cambio, se ha disparado el nivel de frikismo, es un filón comercial y toda una tendencia social. ¡Qué tiempos aquellos en los que había sentido del ridículo! Personajes frikis son el reclamo principal de muchos espacios de televisión y hay cada vez más programas para hacer el friki. Se me ponen los pelos de punta cuando recuerdo esos programas de imitaciones de cantantes a cargo de niños. Lo malo es que en esos casos van sin saber que hacen el friki. Los padres se consideran normales, y eso es lo más friki. Por lo menos Chikilicuatre no engaña a nadie, va de friki, e interpreta su himno: ¡Perrea, perrea!
27 Feb 2008
Todos tiñosos
“¡Se ha hecho algo en la cara, te lo digo yo. Antes tenía muchas más arrugas. Mira, mira los ojos, fíjate bien. Pero si tenía patas de gallo y ahora casi no se le notan. Porque tener, sigue teniendo, eh, sigue teniendo. ¿A quién se creerá que engaña? Fíjate en las manos, le delatan, las tiene llenas de manchas!”. “¡Menudo pedazo de todoterreno que se ha echado, para presumir. Pero si no va nunca al monte, ya te digo yo, si no lo necesita. Y lo que ocupa al aparcar. Lo hace para impresionar, para chulear, estoy seguro!”.
¿Cuántas veces nos hemos encontrado escuchando comentarios parecidos o incluso haciéndolos? Pero una cosa es un comentario –por mal que esté-, y otra muy distinta es consumirse por dentro anhelando una sesión de bótox como la de fulanita, o deseando un coche como el de menganito. Son los que militan en el partido de “si tú tienes tres, yo quiero cinco”. La frontera entre el cotilleo y morirte de envidia está en la alegría por el mal ajeno.
Si uno piensa que es feliz, es la prueba de que es feliz. La envidia, en cambio, te quita la felicidad, y en la vida, de lo que se trata es de acumular momentos felices. Por eso el envidioso es, por encima de todo, infeliz, desgraciado, no perdona el éxito de aquéllos a los que conoce, no soporta el entusiasmo de los que le rodean, no aguanta que alguien destaque o sobresalga, siempre está al acecho para difamar, para calumniar, para afear una conducta ajena. Detrás del envidioso hay alguien inseguro, con un sentimiento de inferioridad, que no es capaz de reconocer sus propias limitaciones y la única manera de sobresalir es evitar que los demás brillen. El envidioso siempre está pendiente de la vida de los otros y se compara sin parar, sin darse cuenta de que siempre hay alguien que nos va a superar en algo o en todo. Como escribía Bertrand Russell: “Napoleón envidiaba a César, César envidiaba a Alejandro Magno, y Alejandro Magno envidiaba a Hércules, quien probablemente nunca existió”.
La envidia es ese mal que habita en nosotros. La publicidad explota terriblemente esta tendencia humana y nos muestra imágenes que alientan nuestra envidiosa rivalidad. Y muchos anuncios lo hacen, además, de una forma explícita. Pero uno de los secretos de la felicidad es relativizar. Relativizar tanto el éxito como el fracaso, porque incluso el fracaso no es más que una oportunidad para mejorar, para superarnos.
El punto G que unos ginecólogos italianos han localizado hace unos días con ecografías lo tienen –dicen- unas mujeres sí y otras no. No sé si creerme que no todas lo tienen, pero en cuanto a la envidia -a falta de trabajos científicos que avancen en el estudio y la localización de los sentimientos y las emociones-, la sabiduría popular ya se ha encargado de sentenciar, para hombres y mujeres: “Si la envidia fuera tiña... todos tiñosos”. Pero unos más que otros.

13 Feb 2008
La magia de una relación
Con la vida tan estresante de hoy en día, cuando se acaba la jornada laboral, la de casa, la de los hijos…, lo único en lo que se piensa es en tirarse en el sofá a hacer zapping o en irse a la cama a dormir. Las encuestas sobre los hábitos sexuales de los españoles reflejan que cada vez más este ritmo de vida pasa factura a la frecuencia de la actividad sexual de las parejas. Y a la estabilidad misma de las parejas. Y es que, ¿quién es capaz de mantener el deseo después de estas jornadas maratonianas de trabajo?
Cada vez hay más parejas que anteponen el trabajo y la carrera profesional a la estabilidad en las relaciones de pareja, de forma que se está viendo un aumento de un nuevo tipo de relaciones, aquellas que optan por convivir sólo el fin de semana, o que practican el “cada uno en su casa y Dios en la de todos”. Esta convivencia de fin de semana va ganando adeptos, una especie de relaciones “a la carta” sin apenas compromiso, en las que se valora más la trayectoria profesional, el éxito, el estatus laboral, el estilo de vida personal, que cualquier otra cosa. Y es que una relación de pareja supone muchas renuncias, claro. No digamos ya si se tiene hijos. Y cada vez estamos dispuestos a renunciar a menos cosas. Las jornadas son tan largas que, cuando se llega a casa, lo que pide el cuerpo es dormir. Dormir como sustituto del sexo.
Si no te ves en todo el día, si falla la comunicación y además no tienes sexo, no hay Cupido ni San Valentín que salven esa relación. El sexo es comunicación. Sólo el sexo no construye una relación (como ha escrito Manuel Vicent, “el sexo sólo es un calambre si no se le dota de misterio”), pero sin sexo no se mantiene una relación. Se ha demostrado que hacer el amor –gracias a la producción de endorfinas- tiene un efecto equivalente a tomarse dos aspirinas. Así que el mejor remedio para el “cariño, esta noche me duele la cabeza” ya se sabe cuál es.
Mañana es San Valentín, esa celebración empalagosa inventada para vender más a costa del amor. Es sobrecogedor ver las propuestas de los regalos para este día que se recogen en revistas, periódicos y telediarios, desde cenas a la luz de la vela, fugaces escapadas románticas de un día y cajas de bombones en forma de corazón, hasta propuestas de sms, poesías y postales para enviar por correo electrónico (de ésas que te bloquean el ordenador, como si no tuviéramos bastante con las de Navidad).
“Un día para el amor” era el titular de uno de los suplementos del pasado fin de semana a propósito de San Valentín. Pero, más allá de los perfumes o de los ramos de flores, está el hecho de la atención a tu pareja, de que te has acordado y de que le has dedicado parte de tu tiempo. Por eso hay que romper las rutinas y aplazar lo que haga falta para ejercer la magia de una relación, no un día, sino todos los días.

04 Feb 2008
Supermartes
Hablamos de Iowa, New Hampsire o Carolina del Sur con familiaridad y cercanía, como si hablásemos de Alberite o Alcanadre. El mundo entero parece seguir las primarias de las elecciones presidenciales de Estados Unidos como si fueran sus propias elecciones. La verdad es que el sistema electoral engancha mucho más que los que se siguen en Europa. No se sabe muy bien cuáles son las diferencias entre los candidatos, cabe preguntarse incluso si tienen programa, pero el de las primarias norteamericanas es uno de los temas estrella en todos los medios de comunicación del mundo mundial.
Algunos se empeñan en parecer antiamericanos, pero cuando llegan las elecciones ponen la lupa allí. No admiro el sistema de vida estadounidense, prefiero, con los ojos cerrados, los derechos sociales de nuestros países europeos y nuestro modelo de sociedad, pero reconozco que sus elecciones son apasionantes. Para empezar, las primarias demócratas eligen entre un afroamericano y una mujer, dando por hecho que quien las gane será presidente. Si ganan los demócratas, por primera vez un mulato o una mujer presidirán el país.
En “Planeta americano” analizaba Vicente Verdú hace años la poderosa influencia que los Estados Unidos ha ejercido –y ejerce- sobre nuestra sociedad, a la que tantas cosas ha exportado, y de qué modo el sistema americano se filtra en nuestros sistemas.
Creo que queda poco tiempo para que esta tendencia se invierta. Vendrán otras influencias, pero mientras tanto seguimos con expectación sus primarias. Como si el próximo martes 5 de febrero, en el que un montón de estados de Norteamérica celebran sus primarias, fuera también nuestro supermartes.
30 Ene 2008
¡Recéteme algo!
Me lo contaba desconsolado. No le habían recetado nada. Después de mucho insistir al médico de cabecera, había conseguido, por fin, cita con el ansiado y venerado especialista y que le hicieran pruebas y más pruebas, al cabo de las cuales ¡no le habían recetado nada!, pero a él ¡le seguía doliendo el costado! Recitaba las pruebas como una letanía, con devoción, recreándose en cada una; cuanto más novedosa era, con más entusiasmo la contaba. Pero, ¡no le habían recetado nada! “¡Es que no hay derecho!” ¿Para qué había ido entonces al médico? “Eso que tiene usted es estrés y tiene que llevar una vida más sana”. ¿Para que le dijeran eso?, ¿para eso pagaba sus impuestos?
Somos muy hipocondríacos, por eso le damos al frasco, también al de las medicinas. Según un informe de
En esto también habría que aplicar eso de que “menos es más”. Es el consumismo llevado a la medicina, la sociedad de la opulencia más que del bienestar. Queremos que nos hagan muchas pruebas médicas, que nos analicen, que nos metan en muchos aparatos, cuanto más raros mejor, que las pruebas sean largas y costosas. Y si las envían a otro especialista, nos invade un inmenso gozo. De esta forma nos sentimos atendidos, arropados, importantes, que nos hacen caso, nos calma, nos tranquiliza y nos creemos compensados. “Cotizo todos los meses, así que me lo merezco, quiero mis medicamentos”, es lo que se oye.
Es el consumismo aplicado también a la salud. Vamos a la farmacia como al súper (de hecho en los centros comerciales no puede faltar una farmacia). Y uno de los grandes negocios son las industrias farmacéuticas, por eso interesa que sigamos consumiendo más y más pastillas. Y así tomamos pastillas para poder seguir tomando pastillas, como las que nos dan para evitar la acidez de estómago que producen algunas pastillas.
Vamos al médico un montón y para eso está el sistema sanitario, faltaría más, pero el estilo de vida influye más en la salud que la asistencia sanitaria. Nos resulta más cómodo sobremedicarnos que llevar una vida sana: hacer ejercicio diario, seguir una dieta equilibrada o tener una actitud mental positiva.
Cómo será la sobreabundancia de nuestros botiquines caseros que cada poco alguna oenegé se dedica a recoger medicamentos para enviarlos a países pobres. Mientras tanto, nos atiborramos a pastillas. Sin ir más lejos, el pasado fin de semana un periódico publicaba las 100 pastillas que más nos gustan a los españoles, y detallaba en el ranking las preferidas por unos cuantos famosos. Por eso, no eres nadie si no tomas algún medicamento. Ahora entiendo por qué aquella mañana mi amigo le suplicaba al médico: “recéteme algo, por favor”.
16 Ene 2008
Una vida más lenta
Tengo no sé cuántos correos electrónicos sin contestar, prefiero no mirar las llamadas perdidas en el móvil, el buzón de voz está lleno, y no sé ni cuándo empezar a escuchar los mensajes. No llego, tengo que cerrar dos temas, y cuando por fin saco media hora, media, en las últimas semanas para ir a depilarme, me llaman para una reunión de ésas que llaman de trabajo y que, si faltas, parece que se hunde el mundo.
Las nuevas tecnologías han acercado y acelerado todo, han hecho que todo tenga que estar al instante, al momento. La urgencia es la norma y no tenemos tiempo para nada. Vivimos obsesionados por la prisa, por la rapidez, bajo la tiranía del reloj.
Leo, el pasado fin de semana, una entrevista con Carlo Petrini, el fundador de la tendencia “comida lenta” (slow food), en la que señala que “buscamos la felicidad en el exceso y acabamos tirando la comida” (donde dice comida léase cualquier otra cosa). La comida lenta frente a la comida basura (en inglés es “comida rápida”). Esta tendencia “slow” se ha extendido a otros ámbitos de la vida y cada vez cuenta con más seguidores: desacelerar, convencernos de que la calidad de vida está en reducir el ritmo cotidiano, disfrutar de la familia, de los amigos, de la lectura, de los viajes (no hay por qué verlo todo), del sexo lento.
El símbolo de este movimiento es un caracol, y no hay que ser un bohemio para seguir esta tendencia. Se trata de asumirla con normalidad, reduciendo las prisas y ganando espacios para saborear el presente.
Pero no hay que confundirse. No se trata de ser lento en el trabajo: la vida lenta no es ineficacia en el trabajo, más bien consiste en marcar un ritmo distinto en la vida privada, en aprender a decir “no” de vez en cuando, en curarse de la “enfermedad del tiempo”, según la cual el tiempo se aleja y para alcanzarlo hay que ir más y más rápido. Precisamente, la eficacia en el trabajo te permite ganar tiempo. Además, las personas que concilian la vida personal y laboral –es decir, que tienen tiempo- son mucho más competentes y efectivas, a ver si nos metemos esto en la cabeza de una vez.
La falta de tiempo no es sólo un problema personal, es un problema social. Y eso que en ciudades como la nuestra no perdemos tanto tiempo como en las grandes ciudades para ir al puesto de trabajo y volver a casa. Las administraciones tienen que trabajar para ahorrarnos la mayor cantidad de tiempo posible. Por cierto, en un estudio de finales del año pasado, en todos los países de Europa, en todos, que se dice pronto, los hombres tienen más tiempo libre que las mujeres.
Hay que reivindicar mejores horarios para vivir mejor. Tenemos que reconquistar el tiempo. Nos ponemos tantas metas que nos olvidamos de que la meta es la propia vida. Una vida a menudo devorada por el frenesí y la velocidad que nos envuelven en una vorágine sin sentido, de la que sólo saldremos si empezamos a vivir una vida más lenta.
02 Ene 2008
Año Nuevo, ¿vida nueva?
“¿Para qué te apuntaste al gimnasio? ¡Sólo has ido dos días!”, o “¿no habías dicho que ibas a dejar de fumar este año?”, o el terrible “pues no te veo más delgada, estás igual que siempre”. El problema de contar los planes para el nuevo año es que una acaba oyendo lo que no quiere.
El uno de enero no cambia nada, pero nos ponemos a organizar el año que empieza con planes y objetivos, con buenos propósitos y otros deseos que queremos cumplir de una vez por todas. Agendas de todas las formas y tamaños, de papel o digitales, dietarios, almanaques, calendarios, anuarios… hacen furor estos días.
Necesitamos planificar, saber qué vamos a hacer los próximos meses, recordar fechas señaladas, hacer planes para los puentes y las vacaciones. En definitiva, saber cómo vamos a organizarnos para ser felices… en el futuro. Diseñar el futuro nos aporta seguridad, y quienes creen que son dueños de su destino, tienen más posibilidades de conseguir sus planes que quienes se abandonan en manos de la suerte.
El sentido del futuro es esencial para el ser humano. El pasado, bueno o malo, no se puede cambiar. La única posibilidad que tenemos de mejorar, de cambiar, está en el futuro. Lo bueno de estrenar un año es que tenemos la esperanza intacta. Como dice Rojas Marcos, “la esperanza es el pan del alma. La esperanza o la confianza en que lograremos lo que anhelamos”. El comienzo de año es un buen momento para la esperanza y eso nos da fuerzas y optimismo. Todos hacemos un esfuerzo inicial, pero en general dura poco.
Precisamente, la depresión es básicamente la pérdida de la esperanza. Para la persona deprimida, el tiempo es una carga, no la continuidad de proyectos vitales, como si el futuro fuera una negra sucesión de catástrofes. Por eso la mejor terapia es hacer que quien está deprimido recupere la esperanza, ese motor, esa fuerza interior. Y una manera de hacerlo es ayudarle a planificar y conseguir pequeños logros.
Quien más o quien menos se propone adelgazar, apuntarse al gimnasio (otra cosa luego es acudir), quedar más con los amigos, ser más eficaz en el trabajo, incluso hay quien se empeña en parecer más joven aunque pasar de año signifique serlo un poco menos. Además de que los objetivos sean realistas y alcanzables, una buena estrategia para cumplirlos es escribir una lista con las metas y ponerla en un lugar visible. Nada te hace tan feliz como ir tachando alguno de los modestos propósitos. Al fin y al cabo, la felicidad está hecha de muchos poquitos. Es una buena fórmula para cumplir en Año Nuevo, por fin, con los viejos planes de siempre, para que sea cierto de una vez lo de “Año Nuevo, vida nueva”.
27 Dic 2007
Cenas de Navidad
Lo malo es que a la mañana siguiente no se acordaba de lo que le había dicho a la jefa después del concierto de matasuegras que le ofreció en la oreja, con los cuernos de reno puestos en la cabeza y la barba de Papá Noel. Al llegar, ojeroso, al trabajo pensó que, en efecto, habría sido mucho mejor hacer la cena de Navidad en viernes. Al menos, en el fin de semana se habría diluido el recuerdo de la noche anterior. Y además del dolor de cabeza, tenía que soportar las miraditas risueñas de los compañeros.
A más de uno le ha pasado algo así estos días, en que se llenan los restaurantes con las cenas de empresa de Navidad. Cenas largas y copiosas, en las que nos entrenamos para la más íntima de Nochebuena y la festiva de Nochevieja. Y no se suele cenar conejo, por cierto, a pesar de las recomendaciones ministeriales. También puedes estar con ése con el que te intercambias correos electrónicos pero nunca coincides, repasar las anécdotas del año y relativizar los problemas. Incluso a alguna, estas cenas le permiten mantener viva la ilusión de ligar con el informático.
A pesar de lo que pudiera pensarse, en una encuesta reciente, siete de cada diez encuestados valoran positivamente las cenas de Navidad que se organizan en las empresas para celebrar las fiestas navideñas. De hecho, son muchas las que se convocan a escote, sin que nadie invite, en una muestra de que la gente quiere celebrar
Como escribía Larra (en “
En esta sociedad, parece que se nos da mejor compartir penas que alegrías. Los problemas unen mucho, las alegrías provocan más envidias. Esto es así. Pero por muchos sinsabores que nos haya traído el año, no está mal compartir de vez en cuando alegrías, regalos y mensajes de felicidad. Aunque el día a día no se ajuste al ideal navideño, siempre será positivo mantener unos ciertos vínculos afectivos con las personas con las que tantas horas compartimos.
Y muchos piensan que siempre será mejor sentarse todos juntos que quedarse en casa. El día a día en el trabajo está lleno de problemas y tensiones, así que viene bien olvidarse por unas horas de las preocupaciones de trabajo, y en algunos casos, desinhibirse con el matasuegras y la pandereta. Más allá de las relaciones laborales, muchas veces muy jerarquizadas, te permiten dar una dimensión más humana a todo ello.
Nos permiten a menudo descubrir otras facetas –no laborales- de personas con las que convivimos todos los días en el trabajo. Y por tanto, verles y valorarles no sólo como meros compañeros de trabajo, sino con una vida propia y diferenciada de la vinculada al trabajo, y llenos de esos “misterios” que a veces nos permiten descubrir estas cenas de Navidad.


19 Dic 2007
La auténtica liga de campeones
Si la selección española no se hubiera clasificado para
Y es que los datos del ya famoso informe PISA de
En
Lo más preocupante es que estamos en un país que no aprende de los errores. En cada informe de éstos nos dan más palo, los resultados son cada vez más decepcionantes. Y seguimos en la misma línea, la de no reivindicar la responsabilidad, el esfuerzo, la disciplina, el respeto al profesor o el refuerzo de su autoridad. ¡Pero si se acaba de aprobar que se puede pasar de curso en bachillerato con cuatro suspensos! ¿Para qué trabajar?,¿para qué esforzarse? Hacen falta más horas de lengua, matemáticas o historia. Por no hablar del nivel de los contenidos. Hay que invertir más en la educación y en la formación del profesorado. Claro, luego llega el tío PISA con las rebajas.
Desde luego, alguna responsabilidad tendremos los padres, pero no por nuestro nivel cultural. A cuántos padres no conocemos con un nivel educativo mínimo y, sin embargo, sus hijos han estudiado carreras de forma brillante.
En Alemania, después del informe PISA 2000 se cargaron a toda la cúpula del Ministerio de Educación. Han trabajado y han mejorado en estos años de forma sustancial. No valen parches, maquillajes ni retoques. Si queremos salir del agujero, tenemos que llegar de una vez a un acuerdo social y político, un gran pacto por la educación, para mejorar nuestro sistema educativo y no volver a moverlo en unos cuantos años.
Hay que afrontar la realidad y reconocer las cosas. Para solucionar un problema hay que aceptar que existe. Sin una buena educación no hay futuro. Y además, si queremos corregir las desigualdades de una sociedad hay que apostar por una educación de calidad. España será lo que sea su sistema educativo. ¿Tan difícil es entender esto? Que este país esté entre los mejores del mundo en educación. Esta es la auténtica liga de campeones que tenemos que jugar y ganar.
Sobre este blog
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mcirizaMaite Ciriza (Logroño, 1963) es licenciada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y especialista en Psicología de Empresa. Desde 2000 es directora de los centros culturales de Ibercaja en La Rioja.
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