La Rioja

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El día de la marmota
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María Antonia San Felipe | 04-02-2016 | 19:11| 0

Según la predicción de la marmota Phil, la primavera ya está aquí. Esta tradición de 130 años, que se celebra cada 2 de febrero en EEUU, es conocida como día de la Marmota y en España como la Candelaria, una conmemoración bastante más antigua. Precisamente ese día, su majestad el rey Felipe VI recibió a Rajoy y a Sánchez  para decirles que, en España, era tiempo de candelas y que se precisaba iluminar un proceso que transita hoy entre la desconfianza y la desesperación de los españoles.

Con Rajoy no hubo sorpresas, decidió comportarse como nos tiene acostumbrados, con cierta pereza ante las complicaciones del momento. Las marmotas, si deciden salir de la madriguera es porque brilla el sol, pero Rajoy ha preferido guarecerse de posibles temporales primaverales. La marmota, que se cree un lince, piensa que es mejor que otros se estrellen y así podrá aparecer como el único presidente posible. Está claro que Rajoy, rehusando el ofrecimiento del rey, ha sentado un precedente inédito en democracia. El problema es que ni lo ha intentado y eso tiene una dosis bastante elevada de fracaso con toques de cobardía, es el augurio de un obligado adiós.

Si su partido y sus votantes creen que el más votado debe gobernar, Rajoy tenía la obligación de comparecer en el Parlamento con un programa de gobierno que mostrara la solidez de su proyecto ante los españoles. Era la única forma de dejar claro que él tiene un plan tan valioso para España que no merece ser sustraído a los españoles. No hubiera obtenido los votos necesarios, vale, pero al menos hubiera demostrado que su camino merece la pena y que tiene la valentía necesaria para dejarse la piel por él. Pero no, su permanencia en la madriguera evita que nadie le reproche el halo de corrupción que envuelve al PP. Ahí tienen a Rita Barberá, que se creía a salvo en el Olimpo de la política hasta que ha comprobado que si uno cae del cielo al asfalto se queda, como en las aventuras de Mortadelo y Filemón, adherido como un sello al negro betún sin nadie que te rescate del descenso a los infiernos.

Vayamos al PSOE. Pedro Sánchez, ha comprendido que la Candelaria es la fiesta de la luz y eso es lo que ha visto al fondo del camino, una luz tenue, pero una luz, al fin y al cabo. Sánchez, tras salir ileso de una reunión interna abarrotada de lobos y lobas, ha decidido intentar algo que a muchos se les antoja imposible. Los arañazos de los suyos duelen más que los de los ajenos, pero la campaña interna contra él, de momento, no lo ha destruido. Barones y baronesas deberán continuar afilando sus uñas hasta que la ocasión se muestre de nuevo propicia. Ahora no es el momento, si se nota demasiado que van a por Sánchez pueden hacerlo un héroe ante la militancia y ya se sabe que a quienes muestran valor, aunque algunos lo estimen temerario, el pueblo los protege. Así que ojito con prepararla y dar la batalla antes de tiempo.

Sánchez lo tiene muy, muy difícil pero intentarlo, en contraposición a la postura de Rajoy, puede verse como un mérito y eso da puntos ante la ciudadanía. Esta es la causa por la que muchos en este proceso de negociación se van a tentar la ropa y espero que las formas. Las broncas declaraciones del líder de Podemos, Pablo Iglesias, contra Sánchez y el PSOE también pueden sentar mal a esa parte de votantes que ha captado en las filas socialistas y si ese es su granero, que lo es, no puede forzar la maquinaria hacia el territorio del insulto, porque ahí, se pierde. Ciudadanos también puede perder apoyos ante una nueva consulta electoral. Por eso, el territorio del encuentro debe estar en el programa que se pacte y en las prioridades de las reformas que deben marcar la acción de gobierno sin olvidar que Europa nos vigila tras fracasar en su proyecto de gran coalición. Si las marmotas anuncian buen tiempo puede que los pactos consigan un gobierno en primavera. Sólo es imposible lo que no se intenta.

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¡Había una vez… un circo!
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María Antonia San Felipe | 30-01-2016 | 08:48| 0

No sé de qué nos quejamos en España. Las desigualdades sociales crecen, los problemas cruciales se enquistan, el desasosiego ciudadano aumenta, pero el espectáculo es permanente. Los políticos danzan en el escenario y la planta de la corrupción reverdece con fuerza ya sea invierno o primavera.  Toda España es como un enorme circo de tres pistas, no nos da tiempo a mirar a tan simultáneas representaciones. Tenemos de todo: equilibristas, escapistas, malabaristas, tragafuegos y magos. Sin olvidar, a los domadores de fieras, al hombre bala y a los payasos. De estos últimos hay abundancia, aunque tragaldabas que se han inflado a cobrar comisiones y mordidas hay tantos que, en vez de reír, nos generan bilis y mala leche.         Menos mal que los malabaristas y los magos, desde la pista central del circo, ya nos han tranquilizado haciéndonos saber que en el PP los casos de corrupción son aislados. Ya han tomado medidas, el suma y sigue alcanza los 42.000 metros, están a punto de completar la maratón de la corrupción olímpica.

Fíjense ustedes que, desde las elecciones, hemos visto a un diputado/comisionista del PP sentarse tan fresco en su escaño del Congreso; estallar el caso Acuamed (que se ha llevado por delante al subsecretario de la Presidencia, Federico Ramos, y amenaza con salpicar a Miguel Arias Cañete, anterior ministro de Agricultura y Comisario europeo); han imputado al PP, por presunto encubrimiento, en el caso de la destrucción de los ordenadores de Bárcenas y han sido detenidas hasta 24 personas del PP valenciano por delitos de corrupción. Como ven todo casos aislados, nada organizado ni premeditado, nada que ver con esa frase de “hay pastuki para todos”, o con la voz de Alfonso Rus sumando millones de una mordida, grabadas por la policía.

En resumen, los tres presidentes de las diputaciones valencianas, han sido detenidos. José Joaquín Ripoll, presidente de la Diputación de Alicante cayó en 2010 acusado de recibir sobornos; el de Castellón, Carlos Fabra, cumple condena por fraude fiscal y el de Valencia, Alfonso Rus, que se autoproclama Supermán, es el protagonista de la última macrorredada con acusaciones de corrupción, blanqueo de capitales y financiación ilegal. No olvidar, la dimisión obligada de Francisco Camps, las detenciones o imputaciones de un sinfín de cargos del PP y el cerco que se estrecha en torno a Rita Barberá. Como vemos, una red amplia y bien organizada en un país en el que el saqueo parece una costumbre que pronto podremos elevar a la categoría de tradición. Creo que este espléndido país no se merece tantos villanos y sinvegüenzas.

Lo que tenía que ocurrir ha llegado en el peor momento para Mariano Rajoy. Tras renunciar, cobardemente, a someterse al debate de investidura, pretende ahora, en un movimiento táctico, que sea Pedro Sánchez, que bastante tiene con los navajeos internos, quien sea derrotado en primera vuelta. Así se gana tiempo para consolidar la nueva campaña de lavado de cerebros que se ha iniciado desde Europa, la banca, los medios, los prohombres, exministros, expresidentes, el horóscopo, el oráculo de Delfos y el sustituto del pulpo vidente, Paul. Todos aconsejan una gran coalición o una abstención activa del PSOE que deje gobernar al PP antes de que las plagas bíblicas hundan (presuntamente) la economía y nuestras vidas.

Dicen que si gobiernan otros el prestigio de España se hundirá y Europa nos castigará, y saldremos del euro y de la galaxia hasta perdernos en las tinieblas estelares. A mí, sinceramente, me da la risa. Algunos creen que nos vamos a tragar que Rajoy, que no dimitió el día que le dijo a Bárcenas: -Luis, sé fuerte, puede regenerar el sistema. En este país urge recuperar la dignidad y para ello solo hay un camino: enviar a Rajoy de vacaciones a algún paraíso (fiscal, por supuesto) y que no se preocupe, que en el canal internacional hay fútbol todos los días y circo, sobre todo, circo.

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Entre la ética y la estética
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María Antonia San Felipe | 23-01-2016 | 08:43| 0

-No sé adónde vamos a llegar en este país, ¿has visto a esos diputados que van al parlamento con rastas en la cabeza, con jerséis y camisetas, en vez de llevar un traje como Dios manda? Seguro que llevan piojos y no se duchan.

-Vamos al desastre, que te lo digo yo. Con lo elegantes que iban siempre Francisco Camps o Rodrigo. Si, si. Rodrigo Rato iba siempre impecable. Y Bárcenas, tan bien peinado y tan educado, con su elegante abrigo cover coat. Eso de los sobres y los papeles, total una tontería ¡Quien no ha ocultado un pecadillo en su vida!

-Este país, se hunde. Estos nos llevan a la ruina. Lo que hace falta es un gobierno serio y con experiencia que nos proteja a nosotros, claro, que para eso son de los nuestros.

-¡Y yo que creía que ya estábamos en el desastre!, porque a la ruina ya hemos llegado la mayoría- pensó el camarero mientras servía el café a las señoras de la respetable urbanización.

            Precisamente por eso, para evitar maledicencias, el diputado comisionista Gómez de la Serna para la sesión constitutiva del Congreso eligió un traje y una corbata discretos. Quería pasar desapercibido entre la variada multitud que iba a poblar el hemiciclo a partir de ahora. No era cuestión de llamar la atención de cámaras y televisiones, ya había tenido suficiente cuajo para presentarse allí, tras adueñarse del escaño que le ha regalado el PP y que no piensa devolver, porque eso es lo que se hace con las comisiones por intermediación. Lo suyo era no desentonar y lo consiguió. A él nadie le hizo un mal gesto ni le afeó su caradura, no había tiempo, entretenidos como estaban rasgándose las vestiduras y vaticinando catástrofes para un país minado por la corrupción de los elegantes.

            Mientras se habla de la estética, nadie se acuerda de la ética, la única necesaria para regenerar la decadencia de un sistema democrático expoliado por algunos. Estos días las conjeturas sobre la formación de un nuevo gobierno hacen que los mentideros del país rebosen como un soufflé en pleno subidón. Lo cierto es que Rajoy, que no tiene costumbre de consenso ni de pacto, permanece recluido en su silencio, sin imaginación para romper inercias de un pasado totalmente caduco. Cree que el argumento de la necesaria defensa de la unidad de España debiera ser suficiente para conseguir adhesiones a su investidura. Se equivoca, pues ha sido precisamente con su gobierno, de amplia mayoría absoluta, cuando hemos llegado al punto de una posible ruptura. El auge secesionista es la evidenia de su fracaso. Ha sido incapaz de hablar con el nuevo presidente de la Generalitat que, le guste o no, es un cargo institucional y, hoy por hoy, parte del Estado. Tampoco ha ofrecido un programa de gobierno que permita sumar más voluntades que las propias y la abstención, activa pero insuficiente, de Ciudadanos.

            Los españoles prefieren que haya gobierno porque han votado que los partidos políticos, nuevos o viejos, se pongan de acuerdo. Cada uno deberá tener la inteligencia de interpretar ahora la voluntad de sus votantes y de qué modo no les defraudarán, porque cesiones tendrán que hacer todos para lograr un acuerdo y los ciudadanos lo saben y lo comprenden. Rajoy comienza a ser consciente de su soledad, es lo que tiene gobernar desde la soberbia. Está claro que no va a hacer grandes esfuerzos, prefiere probar suerte en nuevas elecciones. Veremos si en este país, tan maravilloso como diverso, se restaura la costumbre del consenso sobre reformas necesarias y mayoritariamente apoyadas por la población. Esta legislatura será corta y compleja pero no tiene por qué ser decepcionante ni estéril. Recuperemos la ética y desterremos la falsa estética. Y, no nos volvamos locos, tras la negrura nocturna siempre sale el sol.

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Algo nuestro se quema
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María Antonia San Felipe | 16-01-2016 | 10:02| 0

           Todavía no nos habíamos repuesto de las estériles polémicas sobre los reyes y las reinas magas cuando, en el tiempo de descuento, en Cataluña, nos nació un presidente, tras el suicidio involuntario, aunque inducido, de Mas. El acuerdo con la CUP se fraguó in extremis porque ambas partes pensaron que era mejor pájaro en mano que ciento volando. El miedo al retroceso electoral ha permitido un acuerdo sorprendente, sobre todo para los votantes de la formación anticapitalista. La justificación de que han lanzado a Mas a la papelera de la historia no parece razón suficiente para investir a un actor secundario, que simboliza lo mismo que Mas. Al fin y al cabo la corrupción de los gobiernos sucesivos del partido de Jordi Pujol y Artur Mas suponen la mayor traición jamás perpetrada al pueblo catalán. Pese a todo, la denominada desconexión con España me sigue pareciendo tan irreal y distante como el sueño infantil de abrazar la luna para regalarla. Artur Mas lo sabe y ahí les ha dejado el lío, confiamos en que nadie se cortocircuite con el calambrazo de una desconexión unilateral.

            La otra sorpresa de la semana nos la ha proporcionado la abogada del Estado, Dolores Ripoll que, en su intervención en el caso Noos, mientras ejercía una apasionada defensa exculpatoria de la infanta Cristina de Borbón ha enviado también a la papelera de la historia nuestro sagrado mito de que Hacienda somos todos. Tras años de pedagogía democrática para hacernos comprender el artículo 31 de nuestra Constitución, nos enteramos de que solamente somos Hacienda los imbéciles que a través de nuestras nóminas financiamos la sanidad, la educación y tantos servicios que nos son imprescindibles. Lo demás es publicidad engañosa como la de las cremas rejuvenecedoras o las dietas milagro. Realmente decepcionante esta confesión realizada desde el corazón del propio Estado. Esta bromita insultante a nuestra inteligencia me ha recordado otro viejo eslogan gubernamental, convertido en chiste por la sabiduría popular: “cuando un monte se quema, algo suyo se quema…, señor conde”.

          Y es que, con unas cosas y otras, nos han robado la esperanza y han quemado nuestra confianza y claro la cosa no está ni para llamar a los bomberos. Ya ven ustedes, si nos parecía un escándalo que el partido que fundó Pujol y ha dinamitado Artur Mas, tuviera 15 sedes embargadas por el “caso Palau”, ahora han sido detenidos dos altos mandos de los bomberos de la Generalitat y un exalto cargo de la Conselleria d’Interior por su presunta participación en una trama de contratación fraudulenta de aviones para la extinción de incendios a cambio de sobornos. Es lo que tienen años de impunidad en la comisión de delitos. Si no se da ejemplo desde arriba todo el mundo se cree con derecho a repartirse el pastel, es decir, nuestro pastel: el de la buena gente que cree que Hacienda somos todos y todavía soñamos con el bien común.

         Mientras este nuevo incendio prendía en Cataluña, se constituían la nuevas Cortes. Hay que reconocer que la del Congreso ha tenido un colorido especial. Tanta gente nueva en el hemiciclo augura un período que no será largo pero si de emociones intensas. El nuevo presidente Patxi López  debe contribuir a dinamizar una institución que había languidecido con la aplastante mayoría del PP en la pasada legislatura. No me cabe duda de que este período va a estar más al hilo de la calle. No obstante, confieso que me ha sorprendido la enorme repercusión mediática que ha tenido el hecho de que la diputada Carolina Bescansa haya acudido con su niño en contraposición con el escándalo que supone la toma de posesión del diputado comisionista Gómez de la Serna y que casi ha pasado desapercibida. En este país hacemos un mundo de una anécdota y olvidamos lo esencial. Está claro que nos encanta avivar hogueras más que apagar incendios, a lo mejor por eso además de incrédulos estamos tan quemados.     

             

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Supervivientes
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María Antonia San Felipe | 09-01-2016 | 09:43| 0

Me encanta la osadía de algunos en estos tiempos de pasión política. Tras la inocentada del empate a 1.515 votos  de la CUP para investirle como presidente de la Generalitat y tras el explícito “no” a su persona, el chulo que Artur Mas lleva dentro dice que no piensa dar un paso atrás. Anuncia que tiene ganas de plantar cara a Madrid y a quien se le ponga por delante. Tras humillarse suplicante ante la CUP, tras ponerse de rodillas y recibir una sonora bofetada, noqueado y dolorido se alza contra los molinos de viento con la lanza maltrecha sin advertir que la principal batalla debió haberla librado contra sí mismo: contra su orgullo, su ambición y su ceguera. Me encantan estos patriotas de tres al cuarto que creyéndose imprescindibles no ven la realidad. Algunos llevan tanto tiempo sobreactuando en el ridículo que se sienten incómodos en la sensatez, y lo juicioso ahora sería que Artur Mas, tras haber dirigido a su partido al desastre y fracturado la sociedad catalana, se fuera con viento fresco a su casa. Que no se preocupe, que la historia, a buen seguro, no lo olvidará.

Ya ven lo que son las cosas de la vida. Tras la resolución independentista de noviembre del Parlamento de Cataluña parecía que el proceso de desconexión con España iba a ser como quitar el enchufe de la red eléctrica y ahora sin la intervención de Tribunales constitucionales, ni del estado central, ni suspensiones de autonomía a través del artículo 155 de la Constitución, ni instrumentos coercitivos de ningún tipo, el proceso ha encallado. Artur Mas cegado por la ilusoria mayoría parlamentaria secesionista inició un proceso más complicado que la aventura equinoccial de Lope de Aguirre y la CUP, que ya dijo desde el principio que el plebiscito se había perdido, ha terminado por considerar que el lastre de corrupción y regresividad social en Cataluña se llama Mas. Un pacto imposible entre opciones políticas antagónicas.

En Moncloa, Rajoy, escocido por la pérdida de tres millones y medio de votos, ha brindado con cava. Sueña con la gran coalición pero el batacazo de Mas le favorece. Sin hacer nada, tras años de echar leña al fuego, se ha desinflado el globo, al menos de momento. Rajoy, que está tan rodeado de corrupción como Mas y con un resultado electoral que, aunque quieran plantearlo como un éxito, es un sonado batacazo, se lame las heridas y se regocija de las adversidades ajenas. Mas está, políticamente, como los muertos vivientes. Cualquier día anunciarán el funeral.

Para Rajoy el silencio es su mayor ventaja. Si Mas está en capilla, Pedro Sánchez está sitiado por los suyos. Las baronías del reino de taifas en que se ha convertido el PSOE están moviendo peones y tropas para intentar relevarlo del liderazgo que alcanzó por el voto de los militantes. La presidenta andaluza, Susana Díaz, parece que lidera la rebelión interna y todo indica que la apuesta es firme, aunque puede que el momento elegido para el aldabonazo se le vuelva en contra. Díaz no es garantía de mejores resultados. El problema del PSOE puede que sea de liderazgo pero también lo es de credibilidad y de fortaleza ideológica. Creo que es un despropósito lo que está ocurriendo en este partido centenario que lleva tiempo en una dinámica autodestructiva, tan peligrosa como incomprensible para sus votantes. Los votos no son propiedad de nadie y no parece que luchen por recuperarlos entretenidos como están acuchillándose unos a otros. Un par de batallas internas más y estos dirigentes tan listos pueden dejar a su partido anclado en la irrelevancia. Está claro que no necesitan enemigos externos por mucho que los busquen. Los ciudadanos, ejerciendo su libertad, votan a aquellos con los que se sienten identificados, ese es el único camino hacia la recuperación, volver a parecerse a sus potenciales electores.

Ante este panorama Mariano Rajoy se frota las manos. Sabe que está tan moribundo como los otros pero puede que, por la ineptitud general, el único superviviente sea él.

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Después de la batalla
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María Antonia San Felipe | 23-12-2015 | 08:43| 0

Pues nada, los votos rebosaron las urnas con una alta participación (73,2%) y ahora la película se titula, “paisaje después de una batalla”. No hay duda de que el PP ha ganado las elecciones, aunque en la sede del partido se hace inventario detallado de desperfectos. Han perdido bastante más de tres millones y medio de votos y 63 diputados. Las urnas los han dejado malheridos y con la sonrisa de la soberbia congelada y es que, a veces, el triunfo sabe a derrota.

            En el PSOE tampoco están para muchas celebraciones, han perdido veinte diputados y millón y medio de votos. Es cierto que son la segunda fuerza pero también lo es que en grandes ciudades, como Madrid, son la cuarta fuerza política y Podemos le sigue a sólo 340. 000 votos. Sería inteligente que sus dirigentes en vez de tomar nota tomen medidas drásticas que la cuesta abajo es tan pronunciada que parece un precipicio. A Garzón con casi un millón de votos lo ha atropellado el sistema electoral, una pena para un político de raza.

Respecto a las fuerzas emergentes, Podemos y Ciudadanos, han tenido un estupendo papel dinamizador de la campaña y de la sociedad española, especialmente los seguidores de Pablo Iglesias. Entrar en el parlamento español con los porcentajes que lo han hecho no es un dato despreciable para los nuevos partidos, de hecho jamás ha ocurrido desde 1977. Probablemente ninguno de los dos se siente totalmente satisfecho pero Podemos, con más de cinco millones de votos, tiene ahora una enorme responsabilidad. Administrar la confianza que han depositado en ellos y consolidarla es una tarea bastante más difícil que haberla conseguido.

Para Nochebuena, Rajoy ha pedido de urgencia a papá Noel una calculadora, un juego de magia y una inmensa sonrisa para encandilar no sólo a Albert Rivera sino a aquellos con los que nunca ha querido hablar. Si él fracasa, lo intentará Sánchez y si no, Soraya. La ecuación es complicada sobre todo porque ya hay suficiente gente poderosa interesada en decirnos que esto es un desastre, que el país es ingobernable, que la prima de riesgo sube y la bolsa baja. Insinúan que a los mercados y a los núcleos de poder no les ha gustado el resultado, por eso quieren que nos sintamos culpables. Es la única forma de justificar una gran coalición o nuevas elecciones, a ver si aprendemos y votamos a su gusto y no al nuestro. A ver si, de una vez por todas, nos enteramos de que nuestra libertad la administran ellos. Disculpen, quizás me he vuelto loca. Nos vemos con el año nuevo. ¡Feliz Navidad!

 

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Con los ojos abiertos
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María Antonia San Felipe | 19-12-2015 | 08:51| 0

Estamos a las puertas del colegio electoral y todavía hay muchos españoles que navegan en la indecisión. Hace mucho tiempo que no se producía una situación semejante ante unas elecciones generales. Persiste un importante porcentaje de españoles que no sabe a quién votar o que prefiere no decirlo. Pese a que muchos creen que una oleada de aire limpio es lo que precisa nuestro actual sistema político y aunque algunos cambios ya se están produciendo, ya veremos si es cierto el viejo aforismo en el que algo cambia para que nada cambie. En el ánimo de muchos electores pesa una cierta responsabilidad histórica. Parece que estas elecciones van a rescatar a muchos abstencionistas que, defraudados, habían decidido ausentarse de los procesos electorales. Ahora, otra vez, son conscientes de que su voto puede cambiar las cosas y vuelven a las urnas. Creo que se está prestigiando de nuevo la fuerza del voto.

Existe la impresión de que esta campaña se ha seguido con más interés. La audiencia de los debates ha sido elevada, aunque la repercusión en el voto no sabemos hasta donde alcanza. El debate de los cuatro candidatos de los partidos políticos con mayores posibilidades electorales fue interesante y fue el acontecimiento más vibrante del inicio de la campaña. No podemos pasar por alto que, tras el cara a cara entre Rajoy y Sánchez, la contienda electoral subió el tono y las expectativas de la misma. El inesperado sartenazo verbal del candidato del PSOE al presidente del gobierno ha supuesto un punto de inflexión. Sorprende que quienes han sido aventajados maquiavelos del insulto hacia los otros se asombren ahora de lo que duelen la maldades y las salidas de tono directas al hígado del contrincante, como en el boxeo. Las hemerotecas son ricas en descalificaciones de tono grueso de los líderes del PP. Lo cierto es que en ningún otro país de solera democrática se hubiera permitido que un presidente, rodeado de corrupción por todas las partes, fuera de nuevo candidato. Posiblemente si Rajoy hubiera dimitido el día en que envió a Bárcenas su recordado: -Luis, sé fuerte, su partido hubiera podido hoy presentarse con traje nuevo e impoluto ante sus electores. Desconozco a estas alturas si la bofetada dialéctica va a ser electoralmente eficaz pero es lo que tiene la espiral endiablada del “y tú más” que tanto aburre por ausencia de argumentos. Hace tiempo que debimos exigir más frescura intelectual.

Pero la realidad es persistente. Según las encuestas parece que pese a la anunciada muerte del bipartidismo el partido de Rajoy resiste, aunque muchos de sus votantes lleguen a la urna con una pinza en la nariz como tributo a la fidelidad. Así parece que va a ocurrir, pese a todo lo que seguimos conociendo, como el asunto del embajador y diputado comisionistas y otras tropelías. Todo apunta a que el PP va a volver a ganar las elecciones. Si lo consigue, aunque quede diezmado por las enormes pérdidas de diputados que se le anuncian, es posible que consiga una alianza (activa o pasiva) con Ciudadanos que le permita continuar al frente del gobierno con lo que el relevo del actual presidente será una quimera, un sueño que hizo a muchos felices hasta que llegó la realidad. Los cambios producen vértigo y por eso es normal que los más conservadores se resistan a las novedades. No conviene olvidar que en este país los mayores logros, los principales avances sociales, vinieron siempre de la mano de los que se arriesgaron a cambiar.

Aunque el actual sistema político hace aguas no está claro si la mayoría de la población lo quiere cambiar. La noche del 20 de diciembre es indudable que va a ser apasionante y el día siguiente también. En fin, votemos. Seamos libres y sobre todo permanezcamos con los ojos bien abiertos hasta conocer qué deciden los españoles antes de sentarse a la mesa esta Navidad.

Nota: Condeno la violencia como instrumento político y la agresión sufrida por Mariano Rajoy.

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¡Mariano, sé fuerte!
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María Antonia San Felipe | 12-12-2015 | 09:03| 0

Ganar una batalla sin darla, es tan imposible como la pretensión de hacernos creer que tras el 20-D puede llegar la primavera en vez del invierno. Hay quien insiste en que hemos de creer en los Reyes Magos, pero hace tiempo que los españoles perdieron la edad de la inocencia política sobre todo cuando la realidad desvanece las fantasías. Ha pasado el debate, la vida sigue y la carrera electoral continúa. No creo que sea un hecho histórico pero si un acontecimiento relevante en una campaña electoral que es más vibrante que otras porque el resultado es hoy incierto. Lo que está claro es que el nuevo parlamento va a gozar de un dinamismo inédito desde 1977. Sin duda hay emoción electoral y eso en política incentiva la participación de los ciudadanos.

            El debate  interesó a una elevadísima audiencia y marca un precedente que va a ser difícil obviar en los años venideros. Algunos opinan que no sirvió para nada y que no movió un voto. Yo tengo mis dudas al respecto. Los tres candidatos a la presidencia del gobierno, Sánchez, Rivera e Iglesias desarrollaron su papel con dignidad. El candidato socialista intentó argumentar con aplomo y parecer presidenciable presentándose como la única alternativa a Rajoy aunque, en algunos momentos, se perdió en asuntos menores y en capacidad de réplica. Rivera estuvo nervioso, su mejor golpe de efecto fue su argumento sobre la ausencia de Rajoy, exhibiendo la portada del diario El Mundo sobre los sobresueldos del presidente en la libreta de Bárcenas. Iglesias estuvo eficaz dirigiéndose a los suyos e intentando ampliar su espectro electoral a costa de Sánchez apelando a los sentimientos de la calle con mayor nitidez que ningún otro. En el haber de los tres candidatos hay que anotar que, errores y aciertos aparte, todos ellos se postulan a la presidencia del gobierno con el orgullo de representar a los suyos con la mayor dignidad posible, algo de lo que el candidato Rajoy no puede presumir porque prefiere permanecer oculto, escondido y ausente como si se avergonzara de ser lo que es y lo que pretende seguir siendo. Un líder lo es, solamente si lo demuestra y él parece el candidato furtivo que teme ser interpelado pero que añora ser votado.

            Por su parte, la suplente, Soraya Sáenz de Santamaría, salió viva por la educación y cortesía de los auténticos candidatos. La vicepresidenta se asignó a sí misma el papel de la más lista de la clase. Ella lo sabía todo de todo y parecía querer desafiar al pelotón de los tontos. Es raro que sabiendo tanto no pudiera explicar qué hacía ella allí en vez de Rajoy-el Ausente. Repitió varias veces que gobernar es difícil y lleva razón. Gobernar es complicado y ello exige tener la capacidad de dar la cara ante los españoles que te han votado y ante los que no lo han hecho. Si tan orgulloso está el presidente de su gestión debiera tener la gallardía de dirigirse a los españoles sin trampas ni tapujos.

            Es el miedo a confrontar realidad y palabrería lo que aflora en la nueva torpeza de Rajoy. Dicen que el PP va el primero en las encuestas y aunque sus electores le perdonen este desprecio, en el fondo les inquieta. Pero, una vez más, Rajoy ha sido fiel a sí mismo, ha hecho lo que lleva haciendo estos cuatro años: esconderse de los problemas tratando de que los resuelva el tiempo o su vicepresidenta. Es posible que Rajoy gane, es probable que vuelva a ser de nuevo presidente del gobierno pero incluso muchos de los que le van a votar sienten en su interior una cierta vergüenza de esta ausencia de valentía. Ningún líder deja a los suyos solos ante la batalla y se marcha a fumarse un puro. Él ha declarado que no se arrepiente, él jamás hace autocrítica. Por eso, ante el miedo a la reacción de los electores, algunos le enviaron mensajes esa noche diciendo: -¡Mariano, sé fuerte! Si tú no quieres, Soraya puede. Rajoy ha dicho: -Podía haber ganado o no. Lo seguro es que no yendo, perdió.

 

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Tu voto y el caballero de Olmedo
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María Antonia San Felipe | 05-12-2015 | 09:33| 0

Hay quien se niega a verlo, incluso a creerlo, pero hay cosas que, pese a las resistencias de los más conservadores, evolucionan, porque, quiéranlo o no en la vida, como canta Mercedes Sosa, “cambia lo superficial/cambia también lo profundo/cambia el modo de pensar/cambia todo en este mundo”. Cada ciclo histórico, cada generación deja su impronta y hace tiempo que en España se respira un cambio de ciclo democrático, lo que conlleva nuevas formas de concebir la política y la participación en ella de los ciudadanos. Que exista de nuevo un interés creciente por la cosa pública es el mejor síntoma de la eterna lucha entre lo viejo y lo nuevo, entre lo que ha entrado en decadencia y lo que pugna por nacer. Aunque, rememorando a Ortega y Gasset, somos conscientes de que el presente también está vinculado al pasado por lo que de él perdura, y porque en el fondo, lo viejo sigue siendo parte de lo nuevo.

Me gusta darle vueltas a estas ideas y hace tiempo que insisto en ellas. Tengo la sensación de que de nuevo los ciudadanos, ejerciendo como tales, han decidido volver a ser protagonistas y artífices en primera persona de los nuevos tiempos. Es decir, que empiezan a darse cuenta del poder transformador de su voto. Los “políticos”, tan despreciados en la actualidad (a veces con inmensa razón), no han llegado a regir los destinos de este país por arte de magia o por designación divina sino por votación popular. Es obvio, pero también es incuestionable que muchas veces olvidamos el poder de nuestro voto. Por ello, que las nuevas generaciones se sientan activas en todos los foros en los que se habla de la política como instrumento para cambiar las cosas y mejorar la vida de la sociedad española es, indudablemente, una buena noticia.

El debate sobre los debates que se ha producido estos días es significativo de este clima. Ya nadie entiende una campaña electoral sin que el ciudadano tenga la posibilidad de analizar la capacidad dialéctica y de propuesta de los candidatos a presidir el gobierno y la consiguiente confrontación ideológica que enriquece el punto de vista del elector. Como hemos visto Rajoy se niega a aceptar esta realidad y alega pintorescas razones para escabullirse, negando al elector su derecho a conocer mejor a quien aspira a revalidar su mandato al frente del gobierno. Sus argumentos son realmente un desprecio a la inteligencia aunque decida mandar a la vicepresidenta, Sáenz de Santamaría, a sustituirle salvo que esté reconociendo que estos cuatro años ha derivado sus responsabilidades en ella y que piensa seguir haciéndolo en el futuro, si gana. Presentar a Soraya Sáenz de Santamaría como candidata del PP a la presidencia hubiera sido entonces más honesto con sus votantes y quizás más rentable políticamente. Las justificaciones sobre las ocupaciones del presidente del gobierno chocan con la realidad de su actividad. Tras pasarse cuatro años escondido en la Moncloa, eludiendo dar la cara en momentos graves, como cuando conocíamos la magnitud de la trama corrupta en torno al PP o el rescate de Bankia tras su saqueo. Y ahora, de pronto, aparece como comentarista radiofónico de fútbol, concede una entrevista en Telecinco a la misma hora que se celebra un debate en El País, al que se ha negado a asistir, o se presenta en el Hogar del Jubilado de Olmedo para jugar al dominó.

En un nuevo desafío a los electores el caballero de Olmedo, apegado a la tradición tragicómica de Lope de Vega, se subió en un banco de Benavente (Zamora) para dar un mitin insistiendo en que al gobierno sólo puede llegar gente con experiencia. Él tiene prolongada pericia en incumplir promesas, en eludir responsabilidades o en hundir nuestra sanidad y educación en el túnel del tiempo. El ciudadano también tiene experiencia en soportar en sus espaldas la dureza de la crisis. Así que ahora los españoles valorarán su experiencia personal de estos años y la utilidad de su voto en la tarea de regeneración política que tanto precisa este país para que, amalgamando lo viejo y lo nuevo, la democracia no sólo crezca sino que se enriquezca.

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Tiempos difíciles
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María Antonia San Felipe | 28-11-2015 | 09:19| 0

La sensación de que todo puede saltar por los aires súbitamente te hace tomar conciencia de la fragilidad de la vida y de nuestra sociedad. Ciertamente nuestro futuro siempre pende de un hilo que puede romperse de improviso. Esta semana ha resultado abundante en acontecimientos aciagos. Todavía reciente la consternación por los atentados de París o la matanza de Nigeria el desconcierto se extiende al tiempo que se suceden en Francia y en Bélgica operaciones policiales, se altera la cotidianidad  de las familias, se refuerzan los controles de seguridad, se bombardean las posiciones del Estado Islámico… Son tiempos difíciles pero hemos de vivir, nuestra libertad es la única forma de protegernos del horror aun sabiendo que estamos sentados encima de un polvorín y que nuevas tragedias nos amenazan. En la mañana del martes, Turquía derribó un avión ruso por violar su espacio aéreo en la frontera con Siria y por la tarde, un atentado suicida en Túnez mató a 12 militares de la guardia del presidente del país.

Las consecuencias del conflicto entre Turquía y Rusia son del todo impredecibles, aunque no se hayan declarado una guerra abierta. La OTAN apoya a Turquía porque es miembro de la alianza pero la acusación de Putin de que el gobierno de Erdogan está colaborando con el Estado Islámico, con el petróleo que proviene de las zonas ocupadas, es gravísima para la Europa que está siendo agredida porque es una de las formas de financiación de los terroristas. Francia se afana en la búsqueda de una coalición internacional en la que estén Rusia y EEUU, como sabemos enfrentadas por el apoyo de Putin al dictador sirio Al Assad. El gobierno español, siempre al despiste, dice que Francia no le ha pedido ayuda. Mientras reciben la carta oficial, Alemania ya ha ofrecido actuar en Malí, una posibilidad barajada por España. Pero, una vez más, el gobierno practica la táctica preferida de nuestro presidente: ponerse de perfil y soplar mirando al cielo esperando que pase la tormenta sin hacer nada, como con la corrupción. Muchas declaraciones pomposas de solidaridad y después, regreso al escondite, igual que con los debates, el caso es no dar la cara.

Rajoy y el PP temen que renazca el sentimiento del “no a la guerra” como en la intervención de Irak apoyada por Aznar. A mi juicio el peor defecto de un gobierno es la cobardía de no afrontar las dificultades con la inteligencia que precisan. Creen, en su visión patrimonial del poder, que el pueblo español es menor de edad e ignoran que lo que más odia el ciudadano es que lo tomen por tonto. Nadie desconoce lo complicado de la situación y de las soluciones. Todos recordamos lo que ocurrió en Irak, una parte de cuyo territorio está ocupado hoy por los terroristas del Estado Islámico al haberse no sólo derrocado al dictador, sino destruido el estado que aglutinaba a las tribus. Se fue a la guerra sin cobertura de la ONU y con muchas mentiras como armamento, de aquellos polvos nacen estos lodos. Pero la situación actual, es otra. Francia (Europa) y otros países como Túnez, el único que sobrevivió a la primavera árabe, están siendo agredidos en una guerra declarada por unos terroristas islamistas carentes de escrúpulos, de principios y de legitimidad que con la financiación encubierta de ciertos países se han hecho fuertes en territorios devastados por las guerras. Nuestro gobierno no es sincero porque teme que influya en el resultado electoral. Ha reunido al resto de partidos para presumir de liderazgo pero permanece en la indefinición sobre su apoyo a Francia ¿No sería mejor y más inteligente que Rajoy, en un ataque de sinceridad, nos contara su estrategia? No estaría mal que por una vez dejara de tratarnos como a ilusos. Todos debieran hacerlo, sería obsceno que tras el 20 de diciembre hicieran cosas que hoy, ni a sugerir se atreven. Es ya momento de demostrar que en Moncloa no vive escondido el líder de un partido en declive sino un estadista. Ya veremos.

Foto: Bombardeo de posiciones del ISIS en Al-Rakka, capital del autoproclamado Estado Islámico.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.