La Rioja
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Tiempo de decepción
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María Antonia San Felipe | 17-06-2017 | 06:33| 0

rajoy-y-granadosEn la vida cuando una puerta se cierra, otra se abre. Al tiempo que concluía la votación de moción de censura de Podemos contra Mariano Rajoy, se cerraba la puerta del Congreso y se abría la puerta de la prisión de Estremera para que Francisco Granados, presunto cabecilla de la trama Púnica, pudiera respirar al aire libre tras depositar una fianza de 400.000 euros. ¡Qué cosas tiene la vida! Ha podido Granados comprobar de primera mano el buen estado de las obras de la cárcel que él mismo inauguró en julio del año 2008, cuando era consejero de Justicia de la Comunidad de Madrid. Como conoce la administración y sus recovecos podrá ejercer de Defensor del Preso y encauzar las reivindicaciones de los reclusos, sus nuevos compañeros.
           Granados no es el único, muchos antiguos altos cargos del PP siguieron desde las diferentes cárceles el debate parlamentario, en otros tiempos lo hubieran visto desde el propio hemiciclo o en lugares preferentes. Hoy lo hacen desde la sala de televisión de Soto del Real, Alcalá de Henares, Estremera y otros lugares de retiro carcelario. Hace mucho calor pero ellos han sentido el frío y la sonrisa hipócrita de sus excompañeros cuyas campañas electorales contribuyeron a financiar, al tiempo que se enriquecían. Unos negocios muy convenientes para todos.
           En la parte glamurosa y fingidora del actual PP se dice que Mariano Rajoy, rodeado de basura por todas partes, ha ganado el debate y ha salido reforzado como si de un d’Artagnan parlamentario se tratara y Rafael Hernando, fuera su fiel mosquetero. Dice Rajoy, desde la soberbia, que se ha vencido a los radicales y extremistas pero a los españoles, a los que se les han mostrado los pañales sucios de quienes nos gobiernan, hubieran preferido que él hubiera sido un poco más radical contra las comisiones ilegales que financiaban su partido. Puede que la corrupción siga sin castigarles electoralmente pero estar inmersos en ella es un lastre muy difícil de superar porque cada día hay un escándalo que no tapa el anterior sino que lo aumenta. Mariano Rajoy exhibe éxitos económicos pero esos pequeños avances ni pueden ni deben ocultar tanta corrupción como niegan creyendo que todo el mundo es además de ciego, tonto.
           En el otro lado, el líder de Podemos, Pablo Iglesias, necesitaba darse una pátina institucional que hasta ahora había evitado, pese a los consejos de Errejón y otros compañeros. Ha mostrado otra cara, va comprendiendo que mantener un clima de tensión en la calle no es tan fácil como parecía y como otros partidos ya saben. En Podemos ha surgido con fuerza otra prometedora parlamentaria, Irene Montero, que por superar ha superado hasta las menciones machistas del bocazas de Rafael Hernando. El PSOE ha estrenado portavoz y tras el intercambio de reproches, lógico, de que podía haber otro gobierno en España si Podemos hubiera optado por abstenerse en la investidura de Pedro Sánchez, parece haberse inaugurado un nuevo clima de relaciones parlamentarias y políticas que solo el tiempo marcará en su recorrido.
           Ciudadanos y su líder, Albert Rivera, han sido más duros incluso que el PP contra Iglesias, es la única forma que tienen de sustraer votos al partido de Rajoy y de tratar de esconder que son el aire que respira su gobierno.
           Realmente el debate no ha dado para más puesto que no había grandes expectativas ante un instrumento parlamentario cuyo fracaso se conocía de antemano. Es innegable que en la ciudadanía queda un regusto de decepción porque hoy en España todo sigue igual que ayer. Da un poco de melancolía que pueda hablarse de ganadores y perdedores de un debate en medio de este basurero que tiene un notable administrador.
           Queda por saber, ahora que la sesión ha terminado, que opinarán Jaume Matas, Rodrigo Rato, Ignacio González, Francisco Granados, Francisco Correa y los más de 800 imputados del PP sobre el desparpajo parlamentario de su presidente al que, en otro tiempo, con tanta pasión sirvieron y, algunos, todavía sirven.

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Hipocresía
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María Antonia San Felipe | 10-06-2017 | 07:16| 0

may-y-trump
Que el objetivo de los terroristas y asesinos del autodenominado Estado Islámico es desestabilizar Europa y propiciar un clima de enfrentamiento social mediante el terror no es a estas alturas ningún secreto. Tampoco lo es que los atentados de Manchester y del puente de Londres han vuelto a hacer brotar la semilla del miedo que germina entre los ciudadanos europeos tras el extremo dolor que dejan los atentados. Lo normal, lo humano, lo comprensible es que ese temor anide en muchos ciudadanos que observan cómo, desde el enorme desprecio por la vida, se puede asustar a millones de personas. Conseguir un cuchillo y una furgoneta es sencillo, no hacen falta grandes infraestructuras, ni siquiera una pistola, solo fanatismo, dogmatismo y odio. Esos son los ingredientes que inoculan los dirigentes del DAESH.


Conociendo los fines del grupo criminal los gobernantes deben actuar desde la inteligencia y no desde la rabia, como estadistas: mirando al futuro y no a las urnas. Que los ciudadanos estemos espantados y estremecidos no es extraño pero todos esperamos que quienes administran los medios de protección y seguridad colectiva, estén a la altura de las circunstancias incluso reconociendo errores y no escondiéndose en su negligencia. Los británicos han sufrido en plena campaña electoral dos golpes durísimos y la reacción de la primera ministra Teresa May la ha puesto en entredicho. Cuando se publique este artículo ya sabremos la opinión de los ingleses de su gestión de la crisis, habiendo sido la ministra del Interior que durante seis años recortó medios humanos (20.000 policías menos) y materiales de las fuerzas de seguridad y de inteligencia británicas, tan eficaces en otros tiempos.


May sabe que la fuerza del Estado Islámico en Europa la componen radicales que se transfiguran en terroristas suicidas por todo el planeta ampliando sus redes de actuación y aparentando ser una organización muy eficaz, aunque sea más débil de lo que aparenta. Por eso, las últimas declaraciones de Teresa May antes de las elecciones son una improvisación. Quien tiene decidido inmolarse no tiene miedo a las leyes vigentes ni a las futuras, se mueve por su propia irracionalidad. Debiera ser más cauta y más sincera con sus conciudadanos, aunque no ha sido capaz ni siquiera de defender al alcalde de Londres. Sorprende que en el centro de este miedo apareciera el patán que faltaba: Donald Trump. En unas patéticas declaraciones criticó al alcalde de Londres, el laborista Sadiq Khan, por pedir a sus conciudadanos que mantuvieran la calma. Trump afirmó que era hora de “dejar de ser políticamente correctos”. Ya sabemos que él es incorrecto por naturaleza pero no se puede jugar alegremente con el temor ajeno.


El lunes siguiente al atentado, Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Bahréin, Egipto y Yemen rompieron sus relaciones con Qatar por su presunto “apoyo a varios grupos terroristas” que pretenden desestabilizar la región, en referencia al DAESH. Desde Qatar se considera injustificada la medida. Según Trump, él es el inspirador de la misma. La verdad es que debiéramos reflexionar sobre esta aparente buena noticia. Muchos expertos en Oriente Medio advierten que esta presión sobre Qatar obedece a una cuestión geoestratégica de Arabia Saudí, tradicionalmente hegemónica en la región en su disputa con Irán. Es decir, hay otros intereses que no son la lucha contra el terrorismo puesto que desde muchos medios occidentales se acusa a Arabia Saudí de financiar la difusión del extremismo islámico en el mundo. Sin olvidar, que Trump acaba de cerrar con Riad un acuerdo de venta de armas por más de 100.000 millones de dólares y que EEUU tiene en Qatar la base militar más grande del Medio Oriente con más de 11.000 soldados. Todo muy contradictorio. Es decir, señor  Trump a lo mejor para luchar contra el terrorismo hay que dejarse de bravuconadas y ser menos hipócritas y más eficaces. Alguien debe extender la inteligencia más allá de sus propias narices.

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¡Viva el circo!
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María Antonia San Felipe | 03-06-2017 | 06:50| 0

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¡Me encanta!, lo reconozco. Por fin, en España va a ocurrir algo extraordinario: va a haber circo y todos los españoles tenemos entrada reservada para la función. ¡Qué vergüenza y cuánta hipocresía! Argumentan los portavoces del PP que el hecho de que los magistrados de la Audiencia Nacional hayan decidido que Mariano Rajoy acuda en persona a declarar como testigo por el caso Gürtel y la financiación irregular del PP es “una rareza” con el fin de montar un “circo mediático”. Entiendo que les moleste ver a Rajoy rodeado de los acusados en el prolongado y presunto latrocinio de las arcas públicas pero debieran procurar no reírse de nosotros en nuestras propias narices.
           Por primera vez desde la restauración democrática un presidente de gobierno, en ejercicio, va a tener que acudir a declarar ante los jueces por la financiación irregular del partido con el que llegó al gobierno en la época en la que él era el Secretario General de la cosa y por tanto el encargado de la maquinaria interna. Es decir que el circo, el inmenso circo de muchas pistas, está instalado desde hace años por los territorios del suelo patrio y ellos han sido quienes se han ocupado de montar las carpas, fichar a los artistas y poner en cartelera el denigrante espectáculo que contemplamos cada día.
           Llevan tiempo mareando la perdiz con el presidente escondido en el silencio o detrás de sus portavoces. Tiene pánico escénico a dar la cara porque su partido y él, según los propios jueces, se han negado a realizar declaración alguna en las instancias judiciales. Nunca sabremos todos los detalles de tan abultado episodio de corrupción pero, al menos, los jueces han decidido darle al pueblo, indignado y harto, una pequeña satisfacción. De esto se trata cuando hay circo, de sonreír con el espectáculo.
           Aunque claro, la función es permanente a poco que observemos el panorama. Mientras nos distraen con cualquier minucia, el gobierno continúa haciendo de las suyas. Ahora están tomando las medidas oportunas para que ni jueces ni fiscales les den ningún disgusto con la investigación de las causas por corrupción que les afectan directamente. Mariano Rajoy quiere tranquilidad. Veamos, Concepción Espejel, fue apartada por sus propios compañeros del caso Gürtel, al igual que Enrique López. Fueron recusados por su manifiesta proximidad al PP y ahora ella es la nueva presidenta de la sala de lo Penal de la Audiencia Nacional y López el flamante titular de la nueva plaza de la Sala de Apelaciones de dicha Audiencia. Es decir, están colocando a sus cancerberos para protegerse y utilizar la justicia en su propio beneficio.
           Del fiscal General del Estado, José Manuel Maza, es ya público que ha maniobrado para auxiliar a altos cargos políticos acusados de corruptelas y por supuesto para el fiscal Anticorrupción, Manuel Moix ya no tengo palabras: el zorro custodiando el gallinero. En el centro de la pista del supercirco judicial que nos ha montado el ministro/malabarista del ramo, Rafael Catalá, apareció de pronto un trapecista dando saltos mortales sobre un pastel gigante de merengue (ya me entienden), era el fiscal Moix que, además de mucha cara, tiene una sociedad en el paraíso fiscal de Panamá y nos ha contado un montón de mentiras. El triple salto mortal debiera llevarse por delante no solo a Moix, que ha caído por el peso de la vergüenza encima del merengue, sino también a quien propició su nombramiento, el ministro de Justicia y a quien lo nombró, el fiscal General del Estado. Las declaraciones del fiscal Maza anuncian que el espectáculo por el control de la justicia por parte del gobierno continúa.
           El presidente del tribunal, Ángel Hurtado, que ha votado contra la comparecencia personal de Rajoy,  dice que “su declaración ni es pertinente ni es necesaria, y además puede ser absolutamente perturbadora”. Lo que resulta terriblemente perturbador es este circo para tratar de impedir que la justicia haga su trabajo mientras se protege la impunidad por interés político. Rajoy que es el jefe del circo sigue escondido, pero ya saben: o cerramos el circo o !viva el circo!

moix
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Tiempo de humildad
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María Antonia San Felipe | 28-05-2017 | 09:10| 0

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La humildad es una virtud que se invoca mucho y se practica poco. En política debiera ser práctica habitual pero pasa como con el sentido común, que escasea. Por eso, tras el proceso de primarias que ha vivido el PSOE muchos deben estar haciéndose preguntas en torno al uso de tan escaso bien. Algunos han cometido errores evidentes por no querer ver la realidad. Puede afirmarse, sin margen de error, que los modos con los que Sánchez fue obligado a dimitir marcarían la carrera hacia la secretaría general de un PSOE malherido si los contendientes eran los dos protagonistas del enfrentamiento fratricida. Creo que hubiera habido menos tensión interna y más debate ideológico con otros candidatos, pero en el duelo Susana/Sánchez las posibilidades de que los militantes se decantaran a favor de quien había sido victimizado cotizaban al alza.
          La grandeza de la democracia radica en el voto secreto y por eso Susana y los suyos debieron haber solicitado el voto desde la humildad y no suponiéndose dueños de la victoria. El trago para Díaz ha sido amargo y no lo ha disimulado. El sabor a hiel  es más agudo porque su único sustento programático era que ella ganaba en Andalucía y el mundo, ya se sabe, se rinde a los ganadores. Nadie quiere perder ni siquiera al mus pero ya ven lo que son las cosas, el destino le ha regalado una derrota que no esperaba. Díaz ha encajado un duro revés en su propia casa, la de un PSOE malherido, dividido y sustentado por una militancia enfadada. Se ha equivocado y ahora le toca reflexionar y aprender. ¿Qué habría sido de Susana si en vez de exhibir apoyos de notables hubiera mostrado un variado catálogo de ideas y propuestas que relanzasen el proyecto socialdemócrata en España mirando a Europa? Nunca lo sabremos. Ahora que Susana Díaz ha sido derrotada deberá, desde la humildad, demostrar que también sabe perder, es la única manera que tiene de demostrar la talla política que aparenta.
          A Pedro Sánchez, indiscutible ganador, hay que desearle además de suerte, aciertos. De estos últimos depende no solo su futuro sino el del PSOE. Es cierto que el Sánchez que ha ganado estas primarias no es ni la sombra del que ganó las anteriores. En su mochila, además de dos derrotas electorales, acumula una mochila repleta de decepciones así que hay que suponer que es un líder mucho más experimentado que el primero. Debe enderezar un partido roto y está obligado a sofocar tanta tensión, innecesaria en muchos casos, como se ha acumulado en esta interminable campaña. Es de suponer que ya ha bebido enormes dosis de humildad al quedarse fuera de la política institucional y lejos de quienes le adularon en otros tiempos tras dimitir como diputado. Este también es un bagaje del que puede extraer lecciones, la sabiduría es solo el resultado de la experiencia.
          Seguramente muchos le piden una amplia dosis de venganza interna pero no debe escuchar eso cantos de sirena, pues como en Juego de Tronos: la noche es oscura y alberga horrores. Unidos se vencen mejor los obstáculos y son muchos los que hay que sortear para lograrlo. Sánchez consolidará su liderazgo si aprovecha esta nueva oportunidad para enmendar sus errores del pasado. En vez de dedicarse a las purgas y a venganzas internas sería interesante que se dedicara a mirar hacia afuera. Hay muchos votantes, antes fieles al PSOE y ahora huérfanos o votando a otros partidos, que están dispuestos a volver si ven un partido fuerte, unido y con ideas claras. Muchos esperan que se recuperen las esencias de la socialdemocracia pero no en una vuelta al pasado, sino comprendiendo la evolución de los tiempos en que vivimos y los nuevos retos a los que nos enfrentamos. Las nuevas generaciones tienen otra forma de ver la vida pero comparten con sus mayores algunos principios básicos, como, combatir la desigualdad o profundizar en la democracia y frenar la dictadura económica de la burocracia europea. Es tiempo de humildad y de autocrítica. Es necesario que la fraternidad destierre los insultos, las ideas sepulten los errores y la esperanza regrese al territorio baldío de la izquierda española. El tiempo lo dirá.

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Lágrimas en la lluvia
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María Antonia San Felipe | 20-05-2017 | 09:47| 0

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Hubo un tiempo en que creímos, con inocencia de novatos en democracia, que la división de poderes era esencial. Pasado el tiempo sufrimos una profunda desilusión. Nada es como parece y mucho menos, como debiera. Estoy hablando de la justicia esa balanza independiente que equilibra los poderes y que se administra en nombre del pueblo. En España más bien parece que se imparte tomándonos por los tontos del pueblo. ¡Qué espectáculo, señores! Todo tiene tintes de tragicomedia.          

          El ministro de Justicia, el Fiscal General del Estado y el Fiscal Anticorrupción acaban de ser reprobados por el Parlamento pero no va a pasar nada. Son fuegos artificiales, una regañina sin importancia ya que hace tiempo que lo importante dejó de importar a nadie. El Fiscal General, José Manuel Maza ya ha declarado que no le incomoda ser reprobado, al fin y al cabo, ¿quiénes son los diputados si él es nombrado a propuesta del Gobierno? Tampoco él se arrepiente de haber nombrado un Fiscal Anticorrupción, Manuel Moix, que cuida y protege a los acusados de corrupción en el caso Lezo. Todo muy ejemplar en este merduquero en que han convertido la justicia.
           Y por supuesto, a Rafael Catalá, el deslenguado ministro de Justicia no lo va a cesar Rajoy que, por cierto, nunca pensó que gobernando en minoría tuviera tanta paz. Al fin y al cabo solo es una pirueta de una oposición dividida que patalea de cuando en cuando pero no es capaz de oponer una alternativa que limpie las cloacas del sistema. Es lo que hay señores, así que paciencia y a seguir tragando cada mañana una mentira nueva y cada tarde una rectificación o una chulería sin propósito de enmienda.
          Nos cuentan que quieren acabar con la corrupción pero no notamos ningún cambio ni de actitudes, ni de palabras, ni de hechos. Rajoy tiene que declarar como testigo por el caso Gürtel y si tan grande es su deseo de limpiar el vertedero que rodea la corrupción en torno a sus campañas electorales tendría que personarse a pecho descubierto en la Audiencia Nacional y contar toda la verdad y nada más que la verdad. Claro que si lo hace todos sabemos que el precio es alto: la dimisión irrevocable.
Nada de esto va a ocurrir porque la valiente elección del presidente Rajoy va a ser declarar a través de televisión, es decir, abusando de privilegios, como siempre. Está blindado y protegido y nadie a su alrededor advierte que debiera está rojo de vergüenza. Claro que Rajoy mirará a su colega presidencial, Donald Trump y pensará que no solo él tiene líos irresolubles. Ahí está el presidente norteamericano, rodeado de escándalos a cada cual más llamativo.
          El New York Times acaba de publicar que Trump le pidió a Comey, al que fulminantemente cesó como director del FBI, en un encuentro en el Despacho Oval de la Casa Blanca,  que “se olvidara” de la investigación a Flynn.  Es decir, que paralizara las pesquisas sobre la relación del entonces consejero de Seguridad Nacional, Mike Flynn, con el Gobierno ruso. La prensa americana cita las propias notas de Comey tras la reunión. De ser así, Trump podría ser acusado de obstrucción a la Justicia, ya que las notas de un agente del FBI tienen valor legal como prueba en un juicio. Un nuevo Watergate está naciendo. Cuentan que Rajoy ya le ha enviado un telegrama a Trump diciéndole: -Donald, sé fuerte. Haz como yo. Quédate quieto y no te verán.
          En fin, que el poder solo sueña con burlar a la justicia y a nosotros. Cuanto más nos engañan a los de a pie, menos les incomodamos. Cuanto más silencio guardemos más fuertes serán quienes lo ostentan y más débil será la justicia. Si algún día las generaciones venideras consiguen perfeccionar esta democracia maltrecha, podremos contarles, igual que el replicante Roy Batty en la película Blade Runner: – Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Para añadir: -He visto amordazar a la justicia mientras se escuchaba un atronador silencio. Y nunca pasó nada, todo se perdió en el tiempo como lágrimas en la lluvia.

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Mirar y ver
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María Antonia San Felipe | 13-05-2017 | 06:00| 0

Que mirar y ver no son la misma cosa es algo que sabemos pero que olvidamos con demasiada frecuencia. En Francia se ha frenado a la ultraderecha de Le Pen pero el germen sigue intacto ya que sus principales apoyos han sido cosechados entre la clase obrera que se siente abandonada por sus representantes tradicionales.
           El estrepitoso fracaso del Partido Socialista ha sido tan importante que no es posible predecir sus consecuencias. Habrá que ver si en el escaso tiempo que resta para las elecciones legislativas de junio puede reorganizar a los supervivientes. En Inglaterra, que está ya en campaña electoral, el Partido Laborista puede cosechar desastrosos resultados. No podemos olvidar que tanto Benoît Hamon como Jeremy Corbyn fueron elegidos en las primarias correspondientes y que ambos levantaron grandes pasiones frente a sus rivales pero no ocurrió lo mismo entre sus votantes. Ello indica que no sólo los dirigentes de ambos partidos, sino también sus militantes han caminado por senderos divergentes a sus potenciales votantes. En el caso francés (6,3%) el abismo que se ha abierto bajo sus pies produce el vértigo de un desmoronamiento.
           En España el PSOE está entregado a su propia batalla y sería conveniente que todo el partido (dirigentes, candidatos y afiliados) reflexionasen sobre el proceso en el que están participando. Si miran bien lo que ha ocurrido en el país vecino debieran poner las barbas a remojar. El ambiente en que se está celebrando la campaña electoral interna es de una crudeza extrema, la tensión se vislumbra de arriba abajo y de abajo arriba. No es de extrañar, pues el proceso de primarias nace de un Comité Federal cainita que ha dejado heridas sangrando y mucho resquemor entre la militancia que se siente manejada e incomprendida. Los dos candidatos que han obtenido más avales de la militancia, Susana Díaz y Pedro Sánchez, esgrimen sus razones legítimas pero las afrentas previas que ambos acumulan hacían aconsejable que no fueran los protagonistas de esta carrera en la que el PSOE se juega su supervivencia.
           Susana Díaz esgrime a su favor la fuerza que le da ser la presidenta de Andalucía y representar a la mayor federación socialista, aunque no sea secundada por todos. Cree que puede ganar, tiene apoyos notables y se ha educado en la organización interna del PSOE para llegar a lo más alto. La distribución geográfica de sus avales ha puesto de manifiesto que Sánchez gana en 11 federaciones y Susana en 6. Es decir, que tiene un nivel de rechazo que, quizás, no esperaba.
           Pedro Sánchez se queja de que Díaz tiene a su favor al aparato del partido y, sin duda, sabe de lo que habla porque él lo controló con mano de hierro a través de César Luena. Él ya ha concurrido dos veces a las elecciones con exiguos resultados. Sin embargo, lo sucedido en el Comité Federal del 1 de octubre pasado le ha dado una fuerza de la que carecía tras su segunda derrota electoral. Fue victimizado ante todo el país en una reunión muy poco edificante, lo que significa que del infierno puede pasar al cielo del poder interno. Pedro Sánchez tiene posibilidades de ganar, más de las que creían sus enemigos e incluso sus amigos que se pasaron a la candidatura de Patxi López que, hoy por hoy, tiene menguadas posibilidades.
           Quedan todavía muchos militantes socialistas sin candidato claro, que hubieran preferido otros rostros y más ideas que cuchillos para ganar sus voluntades. Todo es muy incierto, puede ocurrir que quien gane las primarias obtenga su último éxito. Si no se pone en juego algo más que pelea interna, si no se produce una profunda regeneración ideológica que abandone la complicidad con las políticas aceptadas por el PSOE en el año 2010, si no hay un proyecto sincero que devuelva la confianza a los votantes maltratados y excluidos, a los que se lleva tiempo dando la espalda, ese partido ganador, que todos dicen querer, puede convertirse en un partido con más ambiciones que líderes y con más historia que futuro.

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Podemos arder
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María Antonia San Felipe | 06-05-2017 | 07:09| 0

A veces hay una realidad oculta que nos negamos a admitir, sobre todo cuando cerrar los ojos nos hace olvidar lo que la verdad esconde. Las novelas del siglo XIX nos mostraban personajes que aprendían un oficio a cambio de comida y un catre instalado en un cuchitril. Las declaraciones del chef Jordi Cruz sobre los becarios que trabajan gratis en restaurantes de a tropecientos mil el menú, nos han regresado a la época en la que se iniciaba la lucha por los derechos laborales y la dignidad de los trabajadores.
          La polémica se ha hecho fuerte en el campo abonado de la decepción y la angustia de muchos jóvenes que no hallan salida y las que encuentran son precarias y mal pagadas. Sin olvidar que lo que uno rechaza, por considerarlo una agresión, otros muchos lo aceptarán sin rechistar empujados por la desesperación. La competitividad era esto, rebajar salarios, fomentar el subempleo y destruir derechos laborales. La desmovilización de los ciudadanos es la consecuencia previsible. Una vez que se ha pasado por el aro, las voluntades quedan domesticadas y las protestas desaparecen. Por eso esta polémica no ha hecho sino recordarnos adónde hemos llegado o más bien adónde nos han traído las políticas aplicadas con mano dura desde que comenzó la crisis económica. La consecuencia puede ser la destrucción del sueño europeo.
          Estamos en medio de un gran desconcierto, origen de la incertidumbre y volatilidad política que hay en España y en toda Europa. Lo que ocurrió en Francia en la primera vuelta de las elecciones presidenciales es una prueba de la desorientación en que vivimos. Los dos partidos tradicionales que han administrado el poder desde finales de la Segunda Guerra Mundial se han desplomado. La derecha de Fillon, pasa a ser tercera fuerza (19,91%), y el partido socialista liderado por Hamon, quinta (6,3%). Enmanuel Macron, con su plataforma ¡En Marcha! ganó por poco más de dos puntos (23,75%) a Marine Le Pen (21,53%), la candidata del Frente Nacional y todo ello nos coloca ante la incertidumbre de lo que pueda ocurrir en la segunda vuelta.
          Marine Le Pen es la heredera del partido que fundó su padre en 1972, no es un partido nuevo como tampoco lo son sus ideas, pero ha conseguido el apoyo de casi 7,7 millones de franceses. Sin duda, Le Pen ha aprendido mucho. Actúa como un camaleón adaptándose a las circunstancias y recogiendo sus principales apoyos entre las clases trabajadoras que están sufriendo con más fuerza la crisis o la deslocalización industrial. Trata de ocultar su xenofobia y fomenta el sentimiento ultranacionalista que florece entre los ciudadanos indignados que han interiorizado que todo lo malo viene de Europa o de la inmigración. Estas eran características tradicionales de su discurso pero ahora ha añadido un nuevo ingrediente a su nuevo guiso ideológico. Ha copiado de Trump el discurso contra las élites políticas acomodadas, es decir contra el establishment, un matiz que tan buenos resultados reportó al actual presidente de los EEUU.
          En este terreno encuentra concomitancias, queriéndolo o no sus dirigentes, con el movimiento encabezado por Jean-Luc Mélenchon, Francia Insumisa, que ha obtenido casi el 20% de los votos. Solo así se explica que su militancia haya decidido, mayoritariamente, abstenerse o votar nulo en la segunda vuelta alejándose del resto de partidos que han decidido apoyar a Macron como mal menor. Este es el terreno en el que quiere pescar Le Pen. Puede ocurrir que una elevada abstención y un trasvase de votos diera la mayoría a la líder ultraderechista en detrimento de Macron, aunque lo más probable es que se quede en torno al 40% de los votos, un porcentaje que asusta. Pase lo que pase el domingo en Francia para evitar que el mal se propague solo hay una solución: abandonar la política actual en Europa. Algunos están jugando con fuego y la única solución pasa por sacar las mangueras y regresar a la idea originaria de la Europa social y democrática. Si algunos siguen sin ver, tarde o temprano, podemos arder.

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Sin vergüenzas
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María Antonia San Felipe | 29-04-2017 | 06:00| 0

España ya no es una península sino una isla rodeada por el océano de la corrupción. Al principio la ciénaga de mierda nos pareció un lago, desagradable, pero de dimensiones controlables. La voracidad de una clase política decadente e inmoral ha conseguido, con tesón, eficacia y años de dedicación a la mamandurria y al mangoneo convertir el lago en un mar de sorpresas tan inmenso como repulsivo. España ha pasado del estado del bienestar a ser un estado en permanente saqueo. El prodigio es sencillo: el enriquecimiento de unos convierte en endémica la pobreza de otros. Ese es el nuevo milagro económico español. En 2015, según los datos del Instituto Nacional de Estadística, 2,6 millones de españoles están en situación de pobreza severa. Sin estadísticas, también sabemos que una abundante y nutrida representación de políticos, mientras predicaban amor a España, nos vaciaban las arcas públicas y se forraban.
           Pese a que es imposible ocultar por más tiempo la verdad en este país todavía hay quienes pretenden hacernos comulgar con ruedas de molino, mintiéndonos sin sonrojarse, y quienes están dispuestos a perdonar que el saqueo se producía mientras nos sermoneaban con la cantinela de que vivíamos por encima de nuestras posibilidades.
           Como dice el humorista El Roto, ya no son necesarias las dictaduras porque nadie desobedece y porque, como dicen en la calle, nos tienen cogido el tranquillo. Esta es la realidad, solo levantamos la voz en los bares pero ante las urnas hay pánico al castigo. Por eso, en la cúpula del gobierno, Rajoy está tranquilo y el PP, también.
           El asunto de Nacho González, el expresidente de la Comunidad es una bomba en el corazón del Estado. Algunos duermen ya en la cárcel de Soto del Real pero los consentidores, los encubridores, los correligionarios silenciosos, los fiscales amigos y una amplia panoplia de beneficiados siguen en sus puestos de mando. Esperanza Aguirre se ha visto obligada a dimitir por no haber vigilado este sucio negocio de comisiones pero no puede olvidarse que la financiación del PP estaba entre los fines principales de esta trama organizada. Un delito que el fiscal anticorrupción, el amigo Manuel Moix, ha evitado señalar en primera instancia.
           Las escuchas telefónicas y la investigación han desvelado la tremenda complicidad y  la confusión entre las redes corruptas de políticos y el poder judicial. Todo esto es muy grave porque vulnera la división de poderes, que es la garantía del buen funcionamiento de un estado democrático. Es un escándalo tan descomunal como el dinero del que se ha apropiado la trama corrupta. Pero hay más, Cristina Cifuentes haciéndose como dice ella, “la rubia”, que es lo mismo que hacerse la tonta, está aparentado ser lo que no es. Ha sido su testimonio el que ha exonerado a Francisco Marhuenda y a otros. Una vergüenza que oculta la complicidad de intereses con la prensa sumisa, no con el periodismo libre. Sin olvidar que Cifuentes y Rajoy son, al fin y al cabo, los beneficiarios de las campañas del PP financiadas ilegalmente.
           La dimisión de Aguirre es insuficiente. Tanto Esperanza como Rita Barberá han sido utilizadas como cortafuegos para frenar el incendio del principal responsable político de todo este merduquero: Mariano Rajoy. El recado que le ha enviado Esperanza Aguirre, aunque solo sea por no vigilar, es un aguijonazo en la conciencia no solo del presidente sino de muchos militantes del PP. Mariano Rajoy está en el centro de la ciénaga, no sentado en una nube, por eso tiene que ir a declarar a la Audiencia Nacional, algo sin precedentes en esta democracia ultrajada. Si le queda un poco de  lo que debe tener un buen político, es decir, dignidad y sentido de estado, debiera dimitir antes de esa fecha. No va a hacerlo, pero puede ser que del pudridero de la corrupción salga, sin esperarlo, el final de un cuento de ranas en el que el único príncipe sea, tarde o temprano, la verdad y ojalá que también la justicia. Hace mucho que algunos extraviaron la decencia, pero la ciudadanía no puede perderla. Es hora de hacerles sentir vergüenza, no de consentir sinvergüenzas.

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El paraguas
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María Antonia San Felipe | 23-04-2017 | 15:48| 0

La corrupción en este país es como el mito del eterno retorno, siempre vuelve. Cuando una cierta calma se había instalado en Moncloa y en los cuarteles generales del PP tras el exitoso congreso que coronó de nuevo a Mariano Rajoy, sin oposición interna aparente, una gaviota negra ha sobrevolado su territorio y ha depositado sus excrementos en la hoja de ruta del gobierno. No hay como estrenar traje para que algún pájaro te regale una cagadita en la hombrera.
          Mientras conocíamos que el superministro Rodrigo Rato no había parado de hacer negocios ni de expatriar capital cuando estaba en el gobierno de Aznar ni tampoco durante su etapa al frente del FMI, en el PP se ocupaban en distanciarse del  gurú del milagro económico del PP, según su anterior doctrina. Rodrigo Rato es ya un apestado del pasado, así que respiraban ufanos cuando unos jueces, aplicando la ley, deciden que Mariano Rajoy debe declarar como testigo sobre el caso Gürtel en la Audiencia Nacional. Hay que reconocer que, incluso en esta democracia que nos parece imperfecta, todavía hay ámbitos que escapan del control del gobierno. ¡Viva la Constitución!
          El jarro de agua fría se produjo contra todo pronóstico, especialmente el de sus tutelados en la Fiscalía y en la Abogacía del Estado. Esperanza Aguirre también va a declarar y aunque dicen los juristas que los testigos no pueden mentir, lo que es seguro es que no dirán la verdad. Es la fuerza de la costumbre, porque esa es la única certeza que tenemos desde que comenzó el asunto, que llevan años mintiéndonos. Pero ahora lo que toca es hacerse el tonto que es la estrategia judicial más exitosa en este país. Recordemos a la infanta Cristina, a Ana Mato y a otros que nada sabían ni recordaban porque los millones caen del cielo los días de luna llena. Aunque a Mariano, no se hagan ilusiones, no lo veremos hacer el paseíllo hasta la Audiencia Nacional, él no es de esos toreros que esperan al morlaco a la salida de toriles a porta gayola, él es don Tancredo y su testimonio evitará el riesgo de cornada.
          Pues eso, que estaba Mariano pensando cómo salvar este trance haciendo nada mientras sus portavoces culpan a los demás de este contubernio y va el juez Velasco y ordena la detención del expresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González. El heredero de la cazatalentos Esperanza Aguirre está implicado en la trama Púnica y en la supuesta corrupción en el Canal de Isabel II. El corazón corrupto del PP madrileño ha quedado al descubierto y como guinda el juez ha imputado al mayor adulador del Reino, Francisco Marhuenda.
          Pero nada, la corrupción no existe en el PP, eso repiten sus voceros que han regresado a la vieja cantinela de que todo es un contubernio político contra ellos, un partido pulcro que no sabe nada de adjudicaciones públicas a cambio de dinero, que jamás tuvo caja B, ni conoció a Bárcenas, ni a Correa, ni a Granados ni a Rato ni a nadie de los que, todo el mundo intuye, pasaban por la ventanilla para pagar el correspondiente peaje. Dice el portavoz popular que no solo no hay derecho a esto, sino que es un abuso del derecho. Así que ahora toca desacreditar a los jueces que se venden a intereses espurios no como el PP donde solo admiten dirigentes inmaculados.
          Pero Mariano ya ha advertido a todos que estén tranquilos, no hay motivos para dimitir ni para preocuparse pues hasta ahora sin hacer nada, resistiendo y negando lo evidente han revalidado el gobierno. En el PP creen que a estas alturas la corrupción, por inmensa que sea, ya no les pasa factura electoral, pues según los sondeos de opinión son el único partido que aguanta y mejora resultados. ¡Que nadie pierda los nervios!, ha decretado Mariano argumentando que siempre que llueve escampa y tal como están las cosas ni siquiera tendrán necesidad de abrir el paraguas. A nosotros nos conviene hacerlo para evitar que tanta mierda nos caiga encima.

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Tiempo de pasión
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María Antonia San Felipe | 15-04-2017 | 06:33| 0

Cuenta el tango “Cambalache”, que el siglo veinte fue un despliegue de maldad insolente y que eso ya no hay quien lo niegue, ya vemos que a la altura del año 17 del siglo XXI nada indica que éste vaya a ser mejor. Vivimos entre injusticias y lo peor es que estamos instalados en la indiferencia. Mientras las bombas caen sobre Siria y el ejército de Al Asad gasea a la población civil en Europa hacemos como que no nos damos cuenta. Al tiempo que planificamos las vacaciones, contemplamos procesiones o nos tomamos una caña, millones de personas sufren las consecuencias de las guerras. Por dura que sea la realidad que nos rodea ya nada nos atormenta, solo nos conmueve circunstancialmente y luego se nos olvida. Incluso pasamos de exigir a las autoridades que hagan algo para frenar una guerra que ha producido más de 350.000 muertos y millones de desplazados. Así que los gobiernos del mundo marean la perdiz según sus propios intereses estratégicos o, en el peor de los casos, alimentan el espantajo del miedo a los refugiados aprovechando la locura terrorista del Daesh, que crece y se autoalimenta porque a alguien también le interesa.
            Observando como Al Asad no tiene reparos en exterminar con gas sarín a su pueblo y otras salvajadas como bombardear hospitales, una se pregunta qué concepción tienen algunos del poder para extender la muerte como una epidemia. Mantener el poder, ese es el único objetivo. De los grupos opositores poco sabemos. Así que lo único cierto es que la gente huye de la muerte y no podemos ignorarlo por más tiempo. La ONU es una entelequia, ni siquiera son capaces de ponerse de acuerdo en una resolución de condena y si lo hacen es un papel mojado que a nadie importa.
           El ataque estadounidense, ordenado por el presidente Trump, supuso el lanzamiento de 59 misiles tomahawk sobre el aeródromo del que salieron los aviones del régimen sirio que gasearon a los civiles, fue la represalia al bombardeo que acabó con 86 muertos, 30 de ellos niños. La orden de Trump ha resultado sorprendente porque hasta ahora había defendido lo contrario, una sospechosa postura que lo aproximaba más a Putin que a su antecesor, el presidente Obama.
           Esta intervención armada ha sido apoyada mayoritariamente por los norteamericanos y ha supuesto un reforzamiento de la imagen pública de Trump en las encuestas de opinión. Esta consecuencia directa hace que resulte sospechosa esta acción de Trump. Un hombre egocéntrico en grado superlativo, más preocupado por su imagen que por cualquier otra cosa en el mundo de las vanidades en el que vive, invita a observarlo con doble mirada. Las continuas sospechas sobre sus conexiones con Putin estaban levantando una oleada de recelos sobre la injerencia de Rusia en la política norteamericana. De pronto Trump, que en agosto de 2013 cuando Barack Obama sopesaba una acción militar en Siria tras un ataque químico que asesinó a 1.400 civiles en las afueras de Damasco, se mostró contrario a la intervención, ahora en un golpe de magia se conmueve, bombardea Siria y se enfada con el amigo Putin.
           En este juego de declaraciones sobreactuadas, el portavoz de la Casablanca ha cometido un error inmenso. Para explicar lo malo que es Al Asad ha querido dulcificar la maldad de Hitler, quien según él no utilizó gases contra la población civil, como si los asesinados con gas en los campos de concentración no hubieran existido. Todo resulta muy sospechoso al igual que la aparente tensión mostrada por el régimen de Putin en la reciente visita del secretario de Estado de EE UU, Rex Tillerson. En la diplomacia el arte de la mentira es tan sutil que, si se lo proponen, el mayor embuste parece una irrefutable verdad. Todo huele a teatrillo para reforzarse mutuamente. El mundo está en sus manos, lo cual en sí mismo es ya una amenaza. Disfruten de la semana de pasión que Al Asad, Putin, Trump y algunos otros disfrutan de la suya: el poder.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.