Atrapados

 

No había que ser un lince para darse cuenta de la que se nos avecinaba, la pasada semana les hablaba de “lo que estaba por venir” y como han podido comprobar lo que temíamos ha llegado y de nuevo el pánico se ha instalado entre nosotros. Hace menos de un mes, un dirigente de la UE explicaba que probablemente los ciudadanos europeos no estaban preparados para aceptar que sus gobiernos acudieran de nuevo a salvar la banca con dinero público y por eso en los últimos tiempos nos han estado mentalizando para que de nuevo, como una fatalidad irremediable, lo aceptemos. Hace tiempo que nos han enseñado que nuestros amigos, hijos, sobrinos y cuñados se pueden quedar en la fila del paro o tener que pedir ayuda a los allegados para que no los echen del piso por impago, pero que es imposible dejar caer a los bancos porque lo que se hunde es el barco colectivo en el que todos viajamos. Esta es la cruel verdad del capitalismo inhumano y voraz que hemos construido y que amenaza con llevarse por delante nuestra propia dignidad colectiva y nuestra estabilidad como nación.

No es de extrañar que vivamos en una creciente depresión colectiva, no me refiero a la depresión económica que es evidente, sino a la que se mide por la cantidad de ataques de nervios que se propagan cada mañana por toda España al escuchar las noticias. A estas horas todos nosotros, a través de nuestro maltrecho estado, somos ya accionistas de Bankia sin haberlo siquiera deseado y encima, pongámonos todos a rezar (con fe o sin ella), para que todo salga medianamente bien. Les propongo que realicen una novena a su santo predilecto, para que esto que denominan pomposamente la reforma del sistema bancario no se nos lleve a todos por delante. No se olvide que por detrás va a seguir la penitencia a costa de nuestra inagotable paciencia. Hay que reconocer que ni los denominados analistas de la cosa ni tampoco la clase política saben leer  nuestro estado de ánimo, ellos leen las encuestas en una clave y los ciudadanos lo hacemos en otra. Así por ejemplo, la última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas ha sido analizada bajo la premisa simplista de: el PP pierde un poco en intención de voto y PSOE apenas sube. A renglón seguido el CIS nos dice que ningún líder político aprueba, que tanto la acción del gobierno como la de la oposición cosechan suspensos estrepitosos y por si fuera poco Rajoy inspira poca o ninguna confianza al 72% de los ciudadanos y Rubalcaba al 80%. Por tanto, a mi modesto entender, el nivel de enfado es estrepitoso, la credibilidad mínima y la desesperación creciente. No obstante, la ciudadanía está dispuesta a seguir votando porque cree en el sistema democrático, pero está exigiendo un cambio de actitudes en la forma de hacer política de manera urgente y nadie parece escuchar el mensaje. Después de todo lo que el país lleva aguantando el enojo sube de tono cuando los hechos demuestran, cada día, que en España la corrupción económica y moral ha sido un virus que ha infectado una gran parte del sistema y que en ella han sucumbido muy variados personajes agazapados tras la bonanza. El saqueo de las cajas de ahorro es un buen ejemplo que ahora pagamos con sangre, sudor y lágrimas. Urgen las medidas económicas pero también urge la regeneración política y las formas de ejercerla, apremia tanto recuperar la confianza de los mercados como la de los ciudadanos. Si la clase dirigente se conforma con el dato ramplón de que unos suben y los contrarios bajan en las encuestas vamos por mal camino, ahí tienen a Grecia. Los españoles no podemos salir corriendo como Rodrigo Rato, nosotros estamos atrapados en la dura realidad y el desamparo puede llevar a muchos a soñar con salvadores. ¡Ojo al dato!

Lo que está por venir

Una empieza a pensar que las crisis son como las modas, que siempre vuelven. Lo único que permanece invariable en ellas son las víctimas. Es una verdad que podemos elevar a la categoría de científica, porque según la experiencia, que siempre fue la madre de la ciencia, el sufrimiento de las crisis siempre las pagan los mismos y así ha sido desde el principio de los tiempos. Dicho lo cual, recapitulemos sobre el momento en que nos encontramos. No me remontaré a la época en que Caín mató a Abel, porque sería complicado saber cuál es la razón por la que algunos envidian las pequeñas comodidades que hemos obtenido con tesón, trabajo y esfuerzo de siglos. Situémonos por ejemplo en el crack de 1929, en la posguerra, en la crisis del petróleo o la de los años 90 y cualquiera diría que no hayamos aprendido nada desde entonces. Como no nos gusta recordar nuestra historia y los economistas, supuestos gurús del futuro, jamás han visto llegar la catástrofe por anticipado, creemos que tras la tempestad llegará la calma y olvidamos las lecciones del pasado. Con inmensa inocencia, a lo tonto me lo bailo, dejamos que los lobos, con la colaboración de unos gobernantes poco conocedores de la historia, nos cojan como a Caperucita desprevenidos y se nos coman por los pies.

Se queja el actual gobierno, igual que lo hizo el anterior, de que no consiguen colocar bien los mensajes entre la ciudadanía y que por eso crece el malestar social y se deteriora la imagen del jefe del gobierno. A primera vista, resulta incomprensible esta excusa, sobre todo si tenemos en cuenta que los gobiernos cuentan ahora con gabinetes superpoblados de expertos en comunicación y marketing sociológico. Por tanto, me inclino más por creer que se trata de una estrategia muy bien estudiada que consiste, a groso modo, en lo siguiente:

Paso 1.- No decirnos nunca la verdadera situación en que se encuentra el país. Esta técnica hace que nos confiemos en que la cosa no va a ser para tanto, que de esta crisis salimos, que somos un país fuerte y trabajador, que nuestro sistema financiero es el mejor del mundo, aunque tengamos que meter millones de dinero público y que con un poco de ahorro arreglamos el desaguisado. Así hemos pasado los primeros años. Cuando la lista del paro superaba los 5 millones, se activó el siguiente botón.
Paso 2.- Meternos el miedo en el cuerpo hasta dejarnos acongojados y sin respiración. Una vez queda claro que el final del túnel no se divisa y estamos metidos como Jonás en la tripa de la ballena, sin saber siquiera si podremos llegar a comer turrón en Navidad, entonces viene la estocada fuerte. Se inicia la subida del IRPF, los jubilados pagando medicinas, nos van a apilar en las habitaciones de los hospitales, para ir a diálisis hay que pagar, si necesitas silla de ruedas te la pagas (no haberte quedado cojo, ¡traidor!), etc. etc. Cuando no hay forma de librarse del fuego cruzado ni tras la barricada defensiva, entonces se comienza a activar el siguiente botón.
Paso 3.- Negar, como San Pedro negó a Cristo, hasta tres veces o más, que jamás harán esto o aquello. De ese modo, mientras tomamos aliento llega el siguiente viernes y ¡zas!, a pagar autovías, a privatizar hospitales, a volver a dar dinero público a esas cajas que, aunque fusionadas, han sido saqueadas y sin duda a mentalizarnos de la obligación de reconducir el estado autonómico. Y eso también, sí, eso que usted está pensando…

Cómo todo es por nuestro bien no se le ocurra protestar porque será sancionado diligentemente, que para eso hay que acabar con el déficit. Por tanto, el gobierno se explica con claridad meridiana sólo que quieren que les comprendamos con sumisa resignación que para eso mandan.

Superar el pesimismo

 

Ya saben que caminar hacia el horizonte es la única manera de avanzar, podemos decir que él tira de nosotros con la fuerza de la esperanza. Últimamente ninguna noticia es buena, por ello, intentemos situarnos a campo abierto para superar el pesimismo buscando el horizonte. Vivimos momentos muy difíciles pero de peores  hemos salido gracias al tesón y al esfuerzo colectivo. Estos días hemos mirado mucho a Francia y pese a que, en general, los españoles somos un poco antigabachos, por razones históricas que no olvidamos, quiero pensar que desde allí puede irradiar para el resto de Europa un ápice de esperanza.

Me explicaré. Pese a la enorme decepción de los ciudadanos europeos con su clase política, el índice de participación en las presidenciales francesas rondó el 80%, lo que no deja de ser un elevado nivel de participación. Obama pasa por ser el presidente de los EEUU más votado de la historia americana y, sin embargo, la participación superó ligeramente el 64%. Podemos decir, por tanto que los europeos valoran la democracia, pese a sus defectos, porque nadie ha ensayado un sistema político mejor e incluso los movimientos reivindicativos, como el 15-M, sólo hablan de profundizar y mejorar el sistema pero nunca de sustituirlo. Pues bien, pese al pesimismo reinante los franceses, que gustan de votar dos veces consecutivas para elegir a su jefe del estado, han dibujado con su voto un mapa político que debe mover a muchos europeos hacia la esperanza. España e Italia se tambalean, de Grecia, Irlanda y Portugal ni hablamos, Francia está en apuros, Reino Unido acaba de entrar en recesión y Holanda, una de las economías más sólidas del Eurogrupo, se ralentiza peligrosamente y hace temer una rebaja de su triple A. Sarkozy ha basado su política en fortalecer el eje franco-alemán pero finalmente ha sido la poderosa Merkel la que ha doblegado al temperamental presidente francés. La reelección de Sarkozy es difícil ya que necesita todos los votos de la ultraderechista Marine Le Pen, cuyo ascenso ha sorprendido y preocupado a muchos, pero sus programas son incompatibles porque la ultraderecha en toda Europa está proponiendo salirse del euro, volver a las monedas nacionales y liquidar el proyecto común europeo tan desastrosamente gestionado últimamente por los burócratas de Bruselas. En ese mismo caldo de cultivo se mueve Geert Wilders, el político populista que está precipitando el adelanto electoral en Holanda añadiendo una nueva incertidumbre a la estabilidad de Europa.

En estas circunstancias es más que probable que el candidato socialista François Hollande concite en la segunda vuelta más voluntades que Sarkozy, entre otras razones porque, aunque considera necesario el control del déficit, ha apostado por la necesidad de adoptar medidas que impulsen al mismo tiempo el crecimiento económico, única forma de garantizar ingresos al estado y empleo y seguridad a los ciudadanos que de ese modo volverían a incrementar la demanda interna, es decir, el consumo. Si como está demostrado en España sólo se crea empleo cuando crecemos por encima del 3% algo distinto habrá que hacer para conseguirlo. Estamos de nuevo en recesión y no está demostrado que los ajustes realizados vayan a fomentar el crecimiento en el medio plazo. Si el paro sigue subiendo estaremos pronto al borde del estallido social. Es momento de unirse a esas voces y aliarse con los que piden estímulos al crecimiento y esa es la razón por la que creo que el triunfo de Hollande supondría un cambio en el eje franco-alemán que precisamente ahora puede ser beneficioso para España. Miremos a Francia y, con permiso de Merkel, no me pierdan la esperanza.

 

Lo siento mucho

 

El rey ha dicho: “Lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir”. Todos insisten en destacar que el gesto real no tiene precedentes y así es, pero, a renglón seguido, conviene apuntar que la topinada cometida tampoco los tiene. Los contextos son muy importantes en política y en historia y el marco en que se ha producido la memorable imprudencia no es ajeno al sentimiento mayoritario de rechazo que ha producido entre la ciudadanía con independencia de su adscripción ideológica. Mientras los mercados bombardeaban sin tregua la deuda soberana española, se fraguaba el conflicto con Argentina, los anuncios de profundos recortes en educación y sanidad se multiplicaban y las escasas posibilidades de que se reanime nuestra economía en el corto plazo hundían la moral de los más de cinco millones de parados, el jefe del Estado planificaba confortablemente desde el sofá del palacio real una cacería en África. A sus 74 años y con una salud relativamente frágil irse de safari a matar elefantes, al estilo de las superproducciones cinematográficas tipo las Minas del Rey Salomón,  no parece la terapia más indicada para un anciano ni una actividad propia de un jefe de estado que se precie de estar al lado de su pueblo y, mucho menos, cuando los escándalos de corrupción rondan el palacio de la Zarzuela.

Las crisis anticipan cambios, así ha sido siempre y en este caso podemos decir que las salvas de honor para recibir a la república las ha disparado el propio rey de España. Casualmente la noticia se conoció cuando amanecía el 81 aniversario de la proclamación de la II República española, toda una casualidad no exenta de tintes simbólicos y, quién sabe, si premonitorios. Las imágenes sobre la petición de perdón del rey han mostrado un rostro consternado y probablemente avergonzado, que recuerdan la voz y las palabras de un niño que ha sido sorprendido en una travesura de tamaño más abultado que la pillería anterior, con la diferencia de que estamos hablando de rey, que tiene asignado un papel constitucional que debe cumplir escrupulosamente y, a ser posible, con  un notable grado de ejemplaridad. A nadie se le oculta que si, en cualquier otro país europeo, el jefe del estado hubiera sido descubierto en una actividad semejante hubiera tenido que dimitir y de no hacerlo las posibilidades de perder unas elecciones se hubieran multiplicado por 100. Si además la aventura es financiada con el dinero de un magnate que gestiona intereses económicos saudíes, cuando todos sabemos que nadie da algo a cambio de nada, no cabe duda de que la torpeza ha sido mayúscula. No es de extrañar el enfado de la reina. A estas alturas, todo el mundo conoce las desavenencias por las aventuras del rey aunque esa parte sí que pertenezca al ámbito privado. El rey tiene un papel asignado y debe cumplirlo con igual diligencia y dedicación que se exige al maestro que imparta bien sus clases aunque le incrementen los alumnos por aula, al barrendero que tenga limpia la calle, al funcionario que trabaje más aunque le bajen el sueldo, al médico que atienda a más pacientes por hora o al parado que no desespere. A todos se nos piden esfuerzos suplementarios y los estamos haciendo, por ello la indignación por este hecho ha incendiado España de punta a cabo, pues crece la sensación de que a algunos siempre les toca tragar por la parte ancha del embudo.

No es extraño que en España existan hoy motivos para el pesimismo: hay que replantear la viabilidad de nuestro estado del bienestar, de nuestro sistema autonómico, incentivar un nuevo modelo de desarrollo económico y por qué no, el futuro de la Corona. Para comenzar debe ser más transparente y estar sujetos sus actos a mayor nivel de fiscalización, pública e institucional, única manera que se conoce de evitar tentaciones. Está claro que como en la vieja película de Henry Hathaway, Juan Carlos I ha protagonizado su último safari.

La democracia bajo el ciprés

Dimitri Christulas, decidió el pasado 4 de abril no contribuir a las preocupaciones que el Fondo Monetario Internacional y los gurús de los mercados que lo inspiran tienen en estos momentos. La última recomendación consiste en pedir que se recorten las prestaciones y se retrase la edad de jubilación ante “el riesgo de que la gente viva más de lo esperado”. Anticipándose a estas inquietudes de tan altos organismos y para evitar causarles más desazones a sus dirigentes, un desconocido anciano griego, a sus 77 años, decidió quitarse de en medio pegándose un tiro, bajo un ciprés, en la emblemática plaza Sintagma de Atenas. Fue su forma de contribuir a la salida de una crisis que este humilde farmacéutico no había provocado. Así el Estado se ahorra el pago de su modesta pensión, que él había obtenido durante varias décadas de cotizaciones, y que ha sido progresivamente reducida tras el estallido de esta decadencia del mundo occidental que llamamos crisis.

Es difícil eludir lo que este terrible suceso simboliza para el resto de compatriotas y de ciudadanos del mundo. El gesto de este anciano es una intencionada y desesperada denuncia de la forma en que se están haciendo las cosas en Europa. En su carta de despedida Dimitri, “el rebelde”, ha dejado claro que prefiere la muerte a la indignidad de verse obligado a rebuscar comida en la basura, pese a haber trabajado toda su vida, a la vez que desea íntimamente que los jóvenes griegos sin futuro decidan un día, no lejano, empuñar las armas y colgar a los traidores a la patria como un día los italianos colgaron a Mussolini. Dos alusiones evidentes a dos presidentes no elegidos por el pueblo e impuestos por los sacrosantos mercados, el de Italia y el de Grecia, presidido por Lukas Papademos, antiguo vicepresidente del Banco Central Europeo al que él ha comparado con Georgios Tsolakoglu, que también en abril, aunque de 1941, se abrió paso hacia la presidencia del país heleno tras entregar su patria a los nazis.

El dedo en la llaga lo ha puesto el anciano al recordar precisamente la Segunda Guerra Mundial ya que la vieja Europa, de la que tan orgullosos nos hemos sentido durante años, es precisamente el resultado de una lucha sin cuartel de la democracia contra los totalitarismos. Entonces se luchó por la libertad y se combatió la ausencia de ella. La Unión Europea era, hasta ahora, una institución cuya esencia estaba basada en la democracia representativa y en la protección de los derechos individuales. En la actualidad, el déficit democrático de Europa es un lastre todavía mayor que el déficit de nuestras cuentas públicas: se imponen gobiernos, nos mangonean Merkel y Sarkozy, nos asustan con la intervención, esclavizan las relaciones laborales y todo ello para que la resignación sea la norma básica de nuestro comportamiento. Por si esto fuera poco, se premia a los que han saqueado nuestras arcas y la corrupción y la ausencia de ética en los comportamientos públicos aparecen como un mal crónico. Yo creo que de esta dolencia grave no se sale sólo con docilidad y obediencia a todo lo que nos impongan como ha denunciado el anciano Dimitri. Yo sólo albergo un enorme temor al futuro porque presiento que, al final de esta crisis, además de al funeral de Dimitri puede que, junto al mismo ciprés, asistamos al entierro no sólo la Europa del bienestar sino de una Europa democrática y libre.

La guerra y el monte Calvario

Pasada la jornada de huelga nos encaminamos inexorablemente a la semana de pasión y no hay duda de que el vía crucis comenzó a buena hora. Los presupuestos largamente  reclamados por Europa y celosamente guardados hasta que pasaran las elecciones andaluzas nos han sido por fin desvelados a los ciudadanitos de a pie, aunque los detalles ya habían sido anticipados a un agente que la canciller Merkel envió a España para comprobar si nuestro país se desmandaba o cumplía con el sacrificio impuesto. Previamente, el ministro alemán de Finanzas declaró que la huelga del día 29 de marzo no había tenido suficiente éxito como para frenar las reformas programadas. En otros tiempos alguien le hubiera dicho a este señor:
– Oiga, ¿por qué no se mete usted en sus asuntos?

Sin embargo hoy, al borde del precipicio y con el vértigo que produce la altura del mismo, nos hemos congratulado sumisamente de que la presidenta de Europa, nuestra querida Angela, nos enviara a un representante de cuarta fila de su partido para comprobar si estábamos todos en posición de firmes dispuestos a cumplir sus órdenes y a digerir sacrificios. Digamos que la presidenta Merkel, después de que hablara su general, el ministro de Finanzas, envió a un sargento a pasar revista.
Rajoy ha tomado estos días una buena dosis de aceite de ricino y lo ha hecho en proporciones semejantes a las que en su día tomó Zapatero. Independientemente de que la huelga fuera más o menos exitosa, el rechazo social a la reforma laboral es mayor del que reflejan las cifras de los que secundaron la huelga. Hay mucho miedo y desaliento entre los que ven que su trabajo no vale nada, que pueden ser puestos de patitas en la calle sin previo aviso y, además, conviven con amigos o familiares en paro. En Andalucía los ciudadanos no han otorgado al gobierno el refrendo que esperaba y ello ha supuesto otro ácido trago para Rajoy. Aunque el gobierno proclama que la huelga ha sido un descalabro sindical y las elecciones andaluzas un éxito histórico para el PP, podemos resumir que jamás un fracaso tan deseado y la proclamación de un éxito resultaron tan amargos para un líder político.

Hay que reconocer que nada de esto reconforta al ciudadano ya que nuestros problemas persisten y vamos viendo cómo cada dato presupuestario que nos van contando, supone un nuevo latigazo sobre nuestras espaldas sin que veamos a nuestro alrededor ningún cirineo que nos socorra y nos ayude a llevar la cruz en un camino que va a resultar bastante más largo y duro de lo que parece. El camino al monte Calvario es el que hemos realizado hasta hoy pero no olvidemos que nos queda todavía el capítulo de la crucifixión y a ése todavía no hemos llegado. Tras el anuncio de las medidas presupuestarias y el reconocimiento de que la deuda va a rozar el 80% del Producto Interior Bruto, la bolsa se ha desplomado y la subasta del Tesoro se ha colocado a mayor tipo de interés. A mi modesto entender esto significa dos cosas: que dudan de nuestra capacidad para hacer frente a las obligaciones contraídas y que no han quedado suficientemente satisfechos con el recorte presupuestario. Por tanto, no olviden que, cuando nos tengan ya clavados en la cruz, nos ofrecerán un nuevo vaso de vinagre para beber y nos lo tendremos que tragar como nos vamos a zampar una intolerable amnistía fiscal a los que se han reído de todos nosotros defraudando o evadiendo capital y luego se tienen por buenos españoles, muchos de ellos ricos y famosos. Por si todo ello no fuera suficientemente insufrible, nos dicen que son unos presupuestos de guerra y efectivamente lo son. Nos han declarado la guerra a los trabajadores, a los funcionarios, a los autónomos, a los pequeños empresarios y a todo el que vive del sudor de su frente y además constata que hace tiempo que le toman por el pito del sereno.

 

La libertad y los jardines de Gallardón

 

Don Manuel, ¿cree usted que la libertad hace más felices a los hombres?
Y Manuel Azaña, respondió:
-Francamente no lo sé; de lo que estoy seguro es de que los hace más hombres.
Estas palabras del que fuera presidente de la Segunda República española fueron pronunciadas para ensalzar la libertad que los españoles, hombres y mujeres, consiguieron en España, en 1931, tras la caída de la monarquía a consecuencia del creciente desafecto popular cosechado por el rey Alfonso XIII. Es evidente que Azaña sólo quería expresar que la plenitud y la cualidad diferenciadora al hombre y a la mujer se la otorga solamente la libertad. Así lo creía pese a ser consciente, como era, de que a veces la libertad es simplemente un sueño inalcanzable por el que colectivamente se lucha aunque se ejerza después individualmente.

Pues bien esta frase, totalmente sacada de su contexto, ha sido utilizada por el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, para afirmar que solamente “la libertad de maternidad es lo que hace a las mujeres auténticamente mujeres”. Este “moderno” de salón nos demuestra cada día que, en realidad, es más antiguo que la polka y que en su obsesión por ganar notoriedad pública lo único que hace es meterse en jardines embarrados y en discusiones filosóficas tan cínicas como de pacotilla. Dentro de poco su excelencia el ministro nos dirá que las mujeres, MUJERES, sólo son felices recluidas en la cocina, pasando la mopa y preparando las zapatillas para el rey de la casa al que deben esperar con un lazo rosa en la cabeza. Como los problemas de los españolitos de a pie son pocos, el señor ministro, se esfuerza por mantenernos entretenidos con fuegos de artificio tratando de despistarnos de lo verdaderamente importante: el paro y los recortes sociales. El ministro se ha puesto épico en el Parlamento al explicar, como si tuviera que luchar contra poderosos enemigos armados hasta los dientes, que merece la pena ser ministro aunque su única misión consistiera únicamente en poder salvar a una mujer, aunque sólo existiera una sola mujer en España que deseara ejercer su derecho a la maternidad y los malvados (no identificados) se lo impidieran empujándola a abortar contra su voluntad. Esta frase ha cosechado los aplausos de sus correligionarios, estupendo.

Pero vayamos a la raíz del asunto, a mi juicio hoy por hoy el problema de que España tenga una tasa de natalidad cada día más baja va a tener a partir de ahora más que ver con la situación de recesión económica que con el aborto que tanto obsesiona al ministro Gallardón. Por otro lado, la media de edad de las madres supera los 31 años y sigue al alza, ya que en la decisión de posponer la maternidad interviene la tardía incorporación al trabajo, la precariedad del mismo, los bajos salarios y la creciente incertidumbre. Un embarazo puede suponer la pérdida del empleo o la imposibilidad de encontrarlo y esos son elementos objetivos contra los que las mujeres tienen que luchar día a día a la hora de ejercer su libertad. No puede decirse que las medidas económicas de los últimos años, la reforma laboral aprobada y los nuevos recortes y ajustes que van a anunciarse hoy mismo vayan a contribuir a que las mujeres quieran ser madres. Quizás al ministro se le ocurra promulgar una nueva norma que obligue a las mujeres a permanecer en casa en vez de dedicarse a buscar empleo, de este modo, las mujeres no serían libres pero si felices (según el concepto de felicidad del sr. ministro), ellas serían mujeres, MUJERES y las listas de paro descenderían a cifras históricas. De este modo el presidente Rajoy nombraría a Gallardón ministro de Empleo y los que de verdad gobiernan el mundo serían más felices porque se habrían comido todas las perdices, es decir todos nuestros derechos que son los únicos que alimentan nuestro ejercicio de la libertad.

 

Utopías necesarias

En este mundo al borde del infarto dos noticias me han impresionado especialmente. Por un lado, William White, destacado dirigente de la OCDE, ha declarado que le resulta “sorprendente que tan pocos banqueros hayan ido a la cárcel”. Aunque nos indigne, a nosotros no nos sorprende, sólo van al trullo chorizos de poca monta. Casi al mismo tiempo un directivo medio de Goldman Sachs, un desconocido Greg Smith, se ha despedido de la empresa afirmando que hace tiempo que los principios del citado banco de inversiones le alarman, ya que no se preocupan por los intereses de sus clientes sino, como se imaginará usted, por forrarse. Como era de esperar, el banco ha respondido que el individuo está despechado por no haber ascendido en la empresa, una fórmula sencilla de bloquear disidentes en cualquier organización humana en la que la ética jamás tuvo cabida bajo su techo.

A pie de calle hace tiempo que ya no nos asombra nada y mucho menos lo de Goldman Sachs cuando ya está acreditado que el banco engañó a sus inversores vendiéndoles valores hipotecarios con los que sólo él obtuvo ganancias. Este hecho nos confirma que si sus clientes les importan un rábano, fíjese usted lo que les preocupa la gente que no llega ni al salario mínimo. Todo ello, sin olvidar algo que debiéramos repetir todos los días: que fue este “ingenioso” banco el que ayudó a Grecia a hacer trampas con sus cuentas, algo que ha estado, o está, a punto de tumbar a Europa y por supuesto a España. No pasemos por alto el insignificante detalle de que Mario Draghi, ex Goldman Sachs, es ahora el presidente del Banco Central Europeo aunque, por supuesto, no entraba en su negociado el asunto de las mentiras griegas que pertenecía a otro “figura” que habrá sido convenientemente ascendido en la organización. Esto es lo que hay señores, esto es el capitalismo puro.

Algunos dicen que el modelo capitalista ha entrado en crisis aunque yo considero que simplemente se está perfeccionando. El dogma era que el mercado se regulaba a sí mismo y por ello se desregularon todos los mecanismos de control y todos se lo creyeron, incluida buena parte de la socialdemocracia europea, la denominada “tercera vía”. El resultado está a la vista, nos dejaron creer durante un tiempo que éramos todos ricos o casi, mientras socavaban los resortes de la política para que finalmente sea la economía la única que gobierne el mundo sin contrapeso alguno. Los ciudadanos ven cada día cómo se amenazan los derechos progresivamente conquistados desde los albores de la revolución industrial, nunca nuestros hijos heredarán ya las conquistas sociales del último medio siglo. El edificio construido comienza a desmoronarse porque lo que se cuestiona es la “sostenibilidad del estado de bienestar”. La socialdemocracia europea, que fue artífice de muchos de sus avances, ha dejado de ser el referente ideológico al haber perdido la credibilidad en aras del pragmatismo impuesto por Angela Merkel y la burocracia europea. Sólo se me ocurre una nueva tarea que encargar a la socialdemocracia: recuperar el papel y la importancia de la política como instrumento de la mayoría social para compensar los abusos del poder económico. Para conseguirlo deben cambiar muchas cosas, entre ellas, debe dignificarse el ejercicio de la política limpiando el patio propio y el ajeno de aprovechados. Para que los ciudadanos confíen de nuevo deben sentir que la política sirve para proteger lo común no para que una casta privilegiada se forre a su costa, para eso que manden el currículo a Goldman Sachs. Una nueva revolución debe nacer, la de la recuperación de la ética como único principio rector de toda actuación política y que ésta se imponga en el derecho internacional a las transacciones económicas. Lo que no es ético no puede ser legal. Lo sé, soy una panoli que cree en cuentos de hadas pero, como dice Eduardo Galeano, o ponemos la utopía en el horizonte o nunca caminaremos hacia adelante. ¡Jamás!, porque los lobos se nos comerán.

Lugares que Superman no conoce

Los patios traseros albergan cosas que no gusta enseñar a las visitas y cuando uno se ha convertido en un asesino en serie y almacena en ellos decenas de cadáveres no suele ser propenso a dejar pasar a nadie más allá del seto que protege el cementerio. Digamos que Siria forma parte del patio trasero del mundo y por eso Kofi Annan, delegado del Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon y de la Liga Árabe, en su reciente viaje a los dominios de Bashar Al Assad sólo ha podido ver lo que los servidores del tirano han permitido. Han querido hacerle creer que la violencia y las matanzas las promueven terroristas y no las fuerzas armadas dirigidas por su eficiente hermano. La pasada primavera los movimientos por la “dignidad” se levantaron contra el régimen de Al Assad pero, un año después, pese a la creciente escalada de detenciones y torturas a opositores y a las indiscriminadas matanzas de civiles, entre ellos mujeres y niños, la ONU todavía no ha conseguido llegar a un acuerdo entre otras cosas porque Rusia y China están protegiendo al déspota. Con esa excusa el mundo, pretendidamente civilizado al que pertenecemos, tampoco ha hecho grandes esfuerzos. No olvidemos que es China la que compra la deuda de todos los países que integran esa reserva espiritual de la hipocresía en que nos hemos convertido.

Mientras despedían a Kofi Annan y éste se declaraba esperanzado en el futuro, sin haber cerrado la escotilla del avión, una matanza de inocentes llenaba de tragedia y de indignación la ciudad de Homs, la más enfrentada al presidente Al Assad. Las imágenes de niños y mujeres, asesinados o mutilados, han dado la vuelta al mundo, entre ellas, hemos visto una fotografía de Reuters que nos acerca a una niña a la que han extraído una bala que el médico nos muestra. La niña grita y llora dolorida en un improvisado hospital. Pese a la inmensa desgracia ella podrá contarlo, puede que a sus hijos, ya que sus padres quizás se cuenten entre los muertos. Aunque no queramos ver, volvamos a mirar: la niña siria viste una camiseta en la que destaca la S de Superman sobre el color azul, al que acompañan el amarillo y el rojo del legendario superhombre. Al contemplar la imagen una se da cuenta de que los niños de todo el mundo se parecen mucho: todos quieren ser felices, todos tienen héroes que admirar y todos sueñan con mundos que jamás existirán. Nosotros, un año después, comenzamos a olvidar que hay desgracias mayores que las nuestras, también sabemos que hay lugares a los que Superman nunca viajó ni, por supuesto, viajará. En el corazón de Siria, la niña llora envuelta en las ropas de un héroe de cuento cuya ayuda nunca llegará a tiempo porque el cine jamás se hace realidad y porque hoy la cruda realidad nos enseña que la única heroína, la verdadera Superwoman, es ella aunque su fuerza, desgraciadamente, emane primero del dolor y más tarde de la ira.

La vitalidad de Mafalda

 

Mafalda acaba de cumplir 50 años pero sus viñetas no han envejecido, el mundo sigue tan increiblemnte loco como siempre y sus preocupaciones siguen siendo las mismas. El mundo está lleno de esparadrapos y de heridas abiertas, como diría ella, estos “sures” no se merecen estos “nortes” y menos hoy que cada vez se parecen más. Pertenezco a una generación que creció física y mentalmente con sus viñetas por eso hoy echamos tanto en falta su atinada visión del mundo y de la vida.  ¡Cuánta sabiduría en una viñeta! Mafalda siempre quiso ser intérprete en la ONU, ¡ojalá, lo hubiera conseguido! Yo sin embargo siempre quise ser ella. FELIZ CUMPLEAÑOS, te echamos de menos.

 

La Rioja

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.