La Rioja

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El espejo griego
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María Antonia San Felipe | 27-06-2015 | 06:28| 0

El poder establecido, incluso en democracia, tiene como fin último tratar de mantenerse en el tiempo e igual que los poderes económicos, que nunca pasaron por las urnas, prefieren siempre tener un pueblo espectador que un pueblo involucrado en la realidad social y política. El ciudadano espectador siempre es más fácilmente manipulable que el ciudadano activista cuyo compromiso le obliga a averiguar si es verdad lo que le cuentan. Ya nos dijo Chomsky que “la propaganda es a la democracia lo que la cachiporra al estado totalitario”, así la propaganda puede utilizarse para fabricar consensos generalizados en la población sobre asuntos en los que existía una gran disparidad de opiniones. Es decir, nos pastorean para que no se altere el rebaño y la mejor manera es metiéndonos el miedo en el cuerpo. Digamos que en esta vieja técnica, en este juego de controles están instalados desde hace meses los dirigentes europeos, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo.

Las políticas de recortes sociales impuestas a países como España o Portugal con unas economías intervenidas y tuteladas han tenido un coste social tan evidente que se temía una explosión de la ciudadanía por la dimensión de los sacrificios impuestos. El triunfo de Syriza en Grecia inquietó especialmente a los miembros del Eurogrupo que más recortes habían padecido en esta prolongada crisis. Si el nuevo gobierno griego conseguía renegociar su deuda y frenar las reformas podía producirse un mimetismo en el resto de países. En España, donde el malestar por la corrupción y los recortes se estaba disparando, una nueva fuerza política, similar a Syriza, en las elecciones europeas disparó las alarmas de los poderes económicos y políticos. Al nuevo presidente griego, Alexis Tsipras le han querido dar  una lección para evitar el contagio. Tras el calvario, la posibilidad de acuerdo se ha ido incrementando ya que, en el fondo, nadie sabe cuáles serán las consecuencias para el resto de los países de la Unión Europea si Grecia abandona el euro, porque las guerras sabemos cuando empiezan pero nunca cómo concluyen.

De cara a la opinión pública europea lo que ha triunfado hasta ahora es el discurso de que las deudas hay que pagarlas y que los griegos han sido unos manirrotos viviendo por encima de sus posibilidades. Este es el relato que se han encargado de difundir desde los poderes económicos, mediáticos y políticos. Da igual explicar que en Grecia la inmensa deuda del país no fue generada sólo por el gasto público sino por el rescate de los bancos trasladando los riesgos de impago de éstos al Estado y poniendo a los griegos una soga al cuello. Tampoco es suficiente decir que las trampas contables de Grecia y las mentiras a la Unión Europea fueron pilotadas por el banco Goldman Sachs cuyo representante para Europa, entre 2002 y 2006, era Mario Draghi. Quizás por eso, en desagravio, ha estado echando una mano a la banca griega estos últimos días para evitar su colapso.

Ahora que el acuerdo está más cerca van a tratar de presentarlo ante la opinión pública como una rendición de Tsipras para desanimar a los griegos y para tranquilizar a los ciudadanos, sobre todo alemanes, contrarios a hacer concesiones. En el caso español, en puertas de elecciones, el éxito de Syriza sacaría los colores a Rajoy ya que la débil recuperación económica no cura las sangrantes heridas del paro y los recortes sociales. Europa, aplicó recetas muy distintas a las de EEUU y su crecimiento es mucho menor.  Grecia está acorralada pero Europa también. Aunque su principal fracaso, hoy por hoy, es que la democracia se ha convertido en un estorbo para la hegemonía del poder económico. Si los europeos miramos al espejo griego descubriremos que el mayor peligro no es el impago de la deuda helena, lo que de verdad está en juego es la democracia, por eso en el cielo de Europa hace tiempo que sólo se ven cuervos.

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Que corra el agua
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María Antonia San Felipe | 20-06-2015 | 07:07| 0

El agua que no se agita, se corrompe. Por eso es preciso dejar correr el agua. Las últimas elecciones municipales y autonómicas dieron un triunfo aparente al PP en muchos lugares, pero no nos engañemos, tan legítimo es dejar gobernar a la lista más votada como establecer coaliciones. No es bueno tirarse de los pelos ni por lo uno ni por lo otro. Rita Barberá ha dejado de ser alcaldesa de Valencia porque el resto de partidos se han coaligado, aunque es bueno recordar que en 1991 se hizo con la vara de mando sin haber sido la lista más votada. Es un ejemplo, pero hay cientos. Por eso, en estos momentos, es bueno solicitar un poco de sosiego a quienes parecen haber enloquecido por la pérdida de sus gobiernos.

Lo cierto es que un elevado número de políticos, algunos con muchos trienios en el desempeño del cargo, han sido desalojados del poder: Rita Barberá y Fabra en Valencia, Luisa Fernanda Rudí en Aragón, Bauzá en Baleares, León de la Riva (un machista contumaz) en Valladolid, Dolores de Cospedal… El último ha sido el presidente riojano, Pedro Sanz, que parecía eterno y que se ha visto obligado a renunciar a su trono instalado en el Espolón logroñés muy cerca del general Espartero a caballo. Es innegable que ha quedado descabalgado y como San Pablo, cuando cayó de su montura en su camino hacia Damasco, ha visto que la realidad se transformaba ante sus ojos y que el poder se le escapaba aun reteniéndolo para su partido. Hay victorias amargas y batallas perdidas y ésta lo ha sido. Sanz, tras reconocer algo que ya sabíamos, que no es un hombre hecho para el diálogo sino para el rodillo y el martillo pilón, se ha visto obligado a dirigirse mohíno y cabizbajo hacia el Senado, un destino tranquilo y sosegado cuya utilidad es hoy totalmente desconocida. Es cierto que conserva el mando a distancia, pero ya veremos cuánto le duran las pilas del control remoto del poder que ha delegado forzado por un resultado electoral que no acepta.

Mientras Sanz y sus compañeros admiten la realidad y el nuevo mapa político, convendrán conmigo que este año 2015 se vaticinaban novedades, algunas radicales como consecuencia del hartazgo de los ciudadanos y es evidente que han llegado. Se están iniciando transformaciones en la implicación política de los ciudadanos y en su nivel de exigencia y, como ocurre en los cambios de ciclo, los puntos de vista difieren. Las mudanzas avivan el miedo a lo desconocido en algunos y, en otros, alimentan la esperanza. Sorprende sin embargo la virulencia y las presiones que están teniendo los regidores recién llegados. La polémica surgida en torno a los chistes del concejal del Ayuntamiento de Madrid, Guillermo Zapata, es el mejor ejemplo para analizar el estado de crispación que se pretende crear. No les oculto que sus chistes no sólo me parecen repulsivos, sino impropios de cualquier persona que ostente dos dedos de frente. Zoquetes los hay en todos los partidos y en todas las organizaciones humanas, alejarlos de la cosa pública es una meta a conseguir entre todos.

Dicho lo cual, convendrán conmigo que muchos de los que se han escandalizado por este hecho nunca fueron sensibles a los desprecios a otras víctimas, ni jamás pidieron dimisiones por saquear las cajas de ahorro desde gobiernos autonómicos; por forrarse con comisiones ilegales, ERES o cursos de formación; por mejorar su nivel de vida con sobresueldos o tarjetas en dinero negro; por tener cuentas ilegales en Suiza o en otros paraísos fiscales ni por tantas tropelías que llevamos soportando. Debiéramos tener la misma vara de medir para todos, ese sería un buen punto de partida. Aquellos que piensan que son los otros quienes deben cambiar quizás debieran empezar por cambiarse a sí mismos no tolerando la indignidad de las conductas de los suyos. A lo mejor, si todos comienzan dando ejemplo con el comportamiento propio consiguen que este país mejore para el bien de todos. Mientras, sería bueno que algunos se tomen una tila y dejen que corra el agua.

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No puedes volver atrás
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María Antonia San Felipe | 18-06-2015 | 17:04| 0

Se va, Pedro Sanz dice que se va, pero no del todo. Seguirá siendo senador y presidente del PP en La Rioja, en un partido en el que la presidencia la ostenta tradicionalmente quien de verdad manda. Los que le conocen, que son muchos en el pequeño ámbito de nuestra Comunidad Autónoma, no han podido sorprenderse. Sanz siempre administró el poder de una forma peculiar, a la antigua usanza. Durante veinte años, tras cinco mayorías absolutas,  lo ha ejercido a conciencia, sin dejar un resquicio a la generosidad con el adversario, ya fuera interior o exterior. El mando, a su entender, es patrimonio del jefe y se ejerce de forma jerárquica, para que nadie se llame a engaño. Controlar todos los detalles, saberlo todo de unos y otros, estar al tanto de cualquier pormenor, creerse temido le ha gustado y se ha gustado tanto en el papel que ahora le resulta difícil desprenderse del hábito y del cargo. Es comprensible, no existe adicción que uno pueda superar de golpe y mucho menos la del poder. Dicen los expertos que cuesta desengancharse, hacerse a la idea de que uno no es lo que fue, por eso Sanz se queda de presidente del PP de La Rioja. Esta es la señal que nos alerta de lo que en realidad pretende cuando dice que seguirá, por muchos años, al frente de su partido. No es el suyo, por tanto, un gesto de generosidad para lograr el pacto con Ciudadanos ni tampoco con La Rioja, que seguramente sobrevivirá a su largo mandato. Esta es la razón por la que su sucesor es un hombre de su total confianza, fiel a aquel a quien todo debe y del que todo sigue esperando.

Los resultados de las pasadas elecciones ya auguraban un posible relevo. Pedro Sanz ha disfrutado lo indecible tumbando pleno a pleno, mes a mes, año a año todas las iniciativas de la oposición, ha negado la participación, el diálogo y a veces el respeto parlamentario. Estoy segura de que Pedro Sanz, que tanto disfrutaba cuando le llamaban Pedrone, no podría superar que la realidad numérica del nuevo Parlamento no cumpliera fielmente todas sus órdenes dictadas desde el Palacete del Espolón. Para él perder una votación es como para un militar ser deshonrado al arrancarle los galones.

 Yo me cuento entre las muchas personas a las que el Presidente Sanz negaba el saludo en los actos oficiales. Esos comportamientos eran para él una chanza con la que pretendía humillarte, sin darse cuenta de que el poder, como la vida, son finitos por muy longevos que sean y que algún día a él  habrá, no sólo quien le niegue el saludo sino que muchos, más pronto que tarde, le olvidarán. Así son las cosas don Pedro, efímeras, fugaces y pasajeras. En su despedida yo le deseo lo mejor, no deje que ningún rencor ni rencilla alguna le reconcoman por dentro. Si me permite, ahora que desea no sólo que le admiren sino que le quieran, debiera ejercer el altruismo, deje que su sucesor no sienta en sus espaldas su permanente tutela. Deje a los suyos organizarse a su antojo y disfrute, se lo merece. Con todo el respeto y viendo, desde hace tiempo, los toros desde la barrera, me atrevo a sugerirle que deje a los suyos, a los más jóvenes o a los más dotados que vuelen solos, que tracen su camino que, a buen seguro, ya no es el suyo.

Puede que ahora sepa con certeza que debió renunciar a presentarse a estas elecciones, que quizás no debió hacer esto o lo otro, pero como dice el poeta, José Agustín Goytisolo, “tú no puedes volver atrás, porque la vida ya te empuja, con un aullido interminable”. Efectivamente, lo hecho, hecho está y ahora pasará a integrar los tiempos del recuerdo. Quiéralo o no, Pedro Sanz es ya parte del pasado.

Publicado el 17 de junio de 2015

 

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El llanto
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María Antonia San Felipe | 13-06-2015 | 06:25| 0

Este fin de semana se elegirán alcaldes en toda España y no duden que, en muchos salones y en apartados rincones de las casas consistoriales, habrá llanto y crujir de dientes. Múltiples serán los ejemplos de quienes tras permanecer lustros blandiendo la vara de mando serán expulsados a sus oficios anteriores, si los tienen, desde los paraísos del poder municipal. Es lo que significa la democracia, que nadie es eterno, que el poder es transitorio y que cuando se accede a él se inicia el camino que resta hasta abandonarlo. Algunos serán felices en la bienvenida, los recién llegados estarán pletóricos fruto del voto mayoritario o del pacto. Por el contrario, habrá otros que mirarán por última vez su escaño, ya ocupado por otro, y emulando a Bécquer, íntimamente, le dirán: -Como yo te he querido… desengáñate, ¡así… no te querrán!

Mientras unos vienen, otros se van. La vida continúa. En medio de estos trajines desde Moncloa se anuncian cambios, dicen que no serán sólo de chapa y pintura así que estamos expectantes por conocer si habrá renovación de ruedas, de motor, de cojinetes o si finalmente todo se resumirá en un cambio de aceite. Parece que el presidente del gobierno ha hecho caso del consejo de Juan Vicente Herrera, presidente en funciones de Castilla-León, que le instó a mirarse en el espejo de los derrotados, clara premonición de lo que se avecina. Cualquiera con dos dedos de frente sabe que una remodelación del gobierno en pleno verano, cuando se avistan ya las elecciones de noviembre, no puede ser la solución. Será un parche para tratar de frenar la sangría de un partido unido por el poder. La amplitud del poder absoluto que han detentado en toda España les ha permitido aparentar una cohesión ficticia, alrededor de un líder gris que cada vez está más cuestionado por los suyos y más alejado de la sociedad que lo encumbró. Si la reacción presidencial se hubiera producido el año pasado, tras la celebración de las elecciones europeas que cambiaron el panorama electoral, las cosas hubieran podido ser diferentes. Estaremos atentos a las tardías decisiones del presidente adoptadas a la luz del desamor electoral.

Veamos. Mientras se pactan alcaldías y presidencias de gobierno autonómicos y mientras el presidente Rajoy, el don Tancredo español, reflexiona sobre las encuestas, el Fondo Monetario Internacional acaba de reaparecer en escena para darnos una de cal y otra de arena. La parte buena es que augura que la economía española crecerá por encima de las últimas previsiones al 3,1%. La mala, debe ser de cal viva, porque sugiere la necesidad de nuevas reformas y, ya saben ustedes, que cuando los señores del FMI pronuncian esas palabras, es porque se avecina  un nuevo calvario para la mayoría de la población. Los consejos son abaratar y facilitar el despido, subir el IVA y extender el copago en sanidad y educación. ¡Madre mía!, con sólo el enunciado se me hiela la sangre porque a los nuevos alcaldes los hemos votado nosotros libremente pero a estos señores no sé quien los ha elegido. Sin olvidar que al frente de este organismo, que no vio venir la mayor crisis económica del último siglo, estuvieron personajes tan innobles como Rodrigo Rato o Dominique Strauss-Kahn.

Está claro que en el gobierno han sido obedientes pero no son tontos, por eso se han apresurado a decir que no piensan hacerles caso, al menos por ahora que hay elecciones, pero la hoja de ruta ya se la han marcado. Además los señores del FMI aconsejan no retroceder en las reformas, que se va por el buen camino, una forma velada de querer orientar el voto de los españoles acongojándolos pintando negro el horizonte. Eso sí, sobre la creciente desigualdad y empobrecimiento de la sociedad española no se ha pronunciado el FMI, al fin y al cabo, sus analistas, que no viven con el salario mínimo, aconsejan a los pobres a conformarse porque, al fin y a la postre, todo en la vida es susceptible de empeorar. Ya lo decían, hace dos siglos, los absolutistas añorantes del Antiguo Régimen: ¡Vivan las cadenas!

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Falsos patriotas
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María Antonia San Felipe | 05-06-2015 | 23:23| 0

Pan y circo, señores. Entretener al personal para que lo importante pase desapercibido ha sido el viejo truco del poder a lo largo de la historia. En España, aunque no haya pan para todos, al menos que no falte el circo. Según el INE el porcentaje de personas en riesgo de exclusión social alcanza ya el 29,2% y se sitúa en el 35,4% en menores de 16 años. Es decir, que casi un niño de cada tres se encuentra en el umbral de la pobreza y las clases medias y trabajadoras están a punto de despeñarse por el acantilado del que no llega a fin de mes. Pero según Montoro, de estas cosas es mejor no hablar porque deterioran la marca España.

Ahora lo importante, lo prioritario, es la pitada en el Camp Nou al himno nacional español y al Rey. Lo urgente es cambiar leyes y prohibir, sobre todo prohibir lo que sea, pero que se vea que se actúa con mano dura contra tanto sinvergüenza que se expresa sin decoro ni pudor alguno. Anticipo que a mí estas pitadas no me gustan nada, pero nada de nada. Me parecen de mal gusto, irrespetuosas y que no consiguen sino separar en vez de unir, aunque eso sí, reconozco que los que gritan sueltan la adrenalina y se quedan tan panchos sabiendo que están cabreando a mucha gente. Dicho esto, explicaré que me parecen tan mal estas rechiflas como las que se promocionaban contra el presidente Zapatero, año tras año, en el desfile de las fuerzas armadas el día de la Fiesta Nacional. Pitadas que, como es público y notorio, eran promocionadas e impulsadas por los que ahora se rasgan las vestiduras ante otras algaradas. Lo peor es cambiar cada día la medida de las cosas.

            Estos días la prensa ha refrescado nuestra memoria recordándonos que el dictador Miguel Primo de Rivera clausuró el campo de FC Barcelona tras un partido entre el Barça y el CD Júpiter en homenaje al Orfeó Catalá, el 14 de junio de 1925. La banda de música de la Marina inglesa interpretó el himno británico, que fue aplaudido, y después la Marcha Real, que fue pitada por los 14.000 espectadores que llenaban el campo. También es conocido que la Audiencia Nacional, en el año 2009, ya concluyó que no había reproche penal alguno que hacer a otro alboroto semejante porque entraba dentro del ámbito de la libertad de expresión.

            Lo que resulta urgente reconocer es que las relaciones entre Cataluña y España han sido convenientemente deterioradas por intereses contrapuestos que han sacado provecho político y también económico, como ahora bien sabemos, del enfrentamiento de los unos con los otros. Ese es el problema principal que no se quiere afrontar, bien sea por cobardía, bien por ausencia de un proyecto que nos una en vez de separarnos, que fomente el entendimiento y no el odio mientras la desigualdad y el fatalismo nos comen por los pies a todos los españoles incluidos los catalanes. Porque por mucho que piten unos y por mucho que prohíban los otros, el amor, el respeto y el entendimiento mutuo no se consiguen porque se publique una norma en el Boletín Oficial del Estado.

            Por otro lado, no deja de sorprenderme la diligencia que muestran en este asunto desde el gobierno y desde su partido cuando han sido tan tolerantes con otras grandes ignominias. La corrupción ha sido consentida, minimizada, ocultada y utilizada para medrar políticamente. El país se desangra por una enfermedad terrible que está poniendo en riesgo el sistema, pero ahora lo urgente pasa porque el himno nacional no sea objeto de silbidos y chanzas. Lo cierto es que la peor imagen de esta España enferma, que quiere superar sus males y frenar el empobrecimiento general, la provoca la putrefacción de un sistema burlado por falsos patriotas que miran a Suiza al tiempo que, hipócritamente, se envuelven en nuestra bandera y aplauden nuestro himno. Yo no olvido que estos símbolos son más nuestros que suyos, como el resto de las instituciones que han saqueado. Pero nada señor Rajoy, prohíba y sancione a los díscolos y sigan protegiendo a falsos patriotas que evaden capitales y trafican con nuestros símbolos mientras desde los paraísos fiscales se ríen de los empobrecidos españoles.

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Segundo aviso
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María Antonia San Felipe | 30-05-2015 | 07:02| 0
Algunos miran al horizonte y confunden la puesta de sol con el amanecer sin darse cuenta de que están atrapados por la anochecida. Digamos que algo así les sucede a muchos líderes políticos. En las últimas elecciones el PP ha perdido más de 2,5 millones de votos y el PSOE, más de 700.000. Estas son las cifras que cada cual analiza cómo le conviene. Que el PP conserva todavía una alta fidelidad entre sus tradicionales votantes es algo innegable, aunque sorprendente con la que viene cayendo, pero el resultado electoral anuncia más un crepúsculo que un renacimiento. Muchos presuntos dioses/diosas han sido derrotados en esta contienda, primer hito de un espectáculo en diferido. Quien mejor ha definido el espectáculo de esta sorprendente primavera ha sido Rita Barberá: -¡Qué hostia… que hostia!, exclamó en la noche de autos, seguramente una locuacidad verbal fruto del caloret que le produjo el escrutinio electoral.
Si nos asomamos a la barandilla del espectáculo veremos que, en el fondo de la sima, han quedado a los pies de los caballos varios iconos de los últimos tiempos. Además de Rita o Maria Dolores de Cospedal se lamen las heridas muchos alcaldes que habían disfrutado de reiteradas mayorías absolutas y que ahora se ven en la oposición o teniendo que pactar con esos locos bajitos que se han postulado por primera vez desde los partidos emergentes. Son inexpertos, pero la mayoría gozan de una lozanía de la que ellos carecen tras dos décadas de gobierno. Son, sin embargo, los novatos los que pueden permitirles llegar al cargo con condiciones pintorescas o bien relevarlos como todo indica que va a ocurrir en Madrid.
Diga lo que diga Esperanza Aguirre, aunque ella no gobierne, volverá a salir el sol cada mañana. Esta señora bien merece un estudio específico de cómo desde la soberbia puede aterrizarse en el ridículo. Vive atrapada en sus propias extravagancias sin advertir que el renacimiento del ave fénix es sólo un mito y ella no parece que pueda contribuir a regenerar la política simulando que ha estado nadando en la ciénaga de la corrupción sin mancharse. Ella, como el presidente riojano, se ha pasado veinte años dando consejos a todos, menospreciando tanto a los de su propia casa como a sus adversarios políticos y, al fin y a la postre, han sido incapaces de relevarse a sí mismos con la generosidad de quien debiera saber de la provisionalidad del poder. Como escribe León Felipe,  en la política debiera estarse de paso, con la maleta preparada: “ser en la vida romero, romero sólo que cruza siempre por caminos nuevos”, para concluir que, “no sabiendo los oficios los haremos con respeto”. Efectivamente, como señala el poeta, la rutina termina por deteriorar el ejercicio del oficio, en este caso, de una tarea que requiere de un altruismo y una entrega que la costumbre y la vanidad de creerse predestinado para ese cargo, adormecen. Pocos tienen la humildad suficiente para advertir cuándo son más una rémora que un beneficio para su propia organización. En realidad en eso consiste la grandeza de los líderes de verdad, en esa sencillez de la que en la actualidad carecen la mayoría porque se creen tocados por el dedo divino y no ven la realidad que acontece a su alrededor.
Digamos que esto le está pasando a Mariano Rajoy y así se lo ha hecho saber Juan Vicente Herrera. El hasta ahora presidente de Castilla-León le ha dado el mejor consejo: que se mire en el espejo. Muchos han recibido el mensaje claro y nítido del electorado, como consecuencia de ello han anunciado su marcha. Rajoy desde su indolencia, sus frases hechas (que son obviedades cada día pronunciadas con menos talento) y su distancia de la realidad que viven los españoles está llevando a su partido al borde del precipicio. Es libre de dirigirlo hacia la hecatombe e igualmente libre es el electorado que, movilizado y expectante, aguarda y analiza el comportamiento de unos y de otros. Tras las elecciones europeas éste ha sido el segundo aviso. Reflexionen ustedes que el pueblo soberano espera a noviembre para pronunciar su última palabra.
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Conjuros de amor
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María Antonia San Felipe | 23-05-2015 | 07:20| 0

El expresidente del Castellón CF, José Francisco Laparra, aceptó el martes una   condena de seis meses de prisión y una multa por los delitos de allanamiento de morada y tomarse la justicia por su mano al intentar recuperar los 165.000 euros que pagó a una pitonisa de la localidad zaragozana de Magallón por un conjuro de amor que no hizo efecto alguno sobre su enamorada. Sabiendo que en este país vivimos hace tiempo entre la sorpresa y el desatino ya nada nos llama la atención pues no pasa día en el que nuestra capacidad de asombro no sea puesta a prueba.

Leyendo tan extravagante noticia no he podido evitar que mi mente jugara con una pequeña malignidad de alguien que, en otros tiempos, también fue candidata a ser alcaldesa de su municipio. Me he preguntado, ¿cuánto pagarían muchos candidatos para que una pitonisa les anticipase los resultados de las elecciones a las que se presentan? O, ¿cuánto darían otros por conseguir un conjuro de amor que atrayera el voto de ese ciudadano al que, en ocasiones, desprecian? De entre los miles de candidatos que concurren me ha venido a la mente elucubrar, por ejemplo, con el pensamiento íntimo de doña Esperanza Aguirre. ¿Cuánto daría esta mujer, que abandonó la política sin jamás retirarse, por conseguir una pócima encantada para lograr seducir mayoritariamente a los madrileños? Su grado de ansiedad es tan evidente, su ambición tan desmedida y tan impostada resulta su pretensión de parecer salida del pueblo llano que está comenzando a perder el oremus. Se ha paseado vestida de chulapa, ha cantado chotis y se ha sentado en un sofá trashumante por todo Madrid. No es la única que ha hecho cosas extravagantes. Las redes sociales y las televisiones están llenas de excesos de candidatos que precisan de nuestro amor y sobre todo de nuestro voto.

Es evidente que no todos se juegan lo mismo. Quienes llevan muchos, muchísimos años en el poder tienen el vértigo que produce la proximidad de un precipicio y quienes jamás lo tuvieron ven el horizonte con añoranza. Los nuevos tampoco están tranquilos, las encuestas les anuncian un buen estreno en el gran teatro de la política española, pero como dice el viejo refrán: una cosa es que te quiera y otra muy distinta que me case contigo. Es decir, veremos a ver si la intención se convierte en voto. Aunque, sin duda, los momentos más duros los están viviendo los dos partidos mayoritarios hasta ahora. Está claro que sufren el desamor creciente de sus fieles amantes a los que no se han cansado de darles desplantes en los últimos tiempos y quieren conjurar el desafecto pidiéndoles que olviden los desmanes cometidos y, en otros, que no volverán a fallarles jamás. Unos agitan el miedo a lo nuevo, otros exhiben lo mejor de su pasado y otros se atribuyen la capacidad de reconstruir la esperanza de un futuro hipotecado por la corrupción y el desatino.

Lo cierto es que nos encontramos en un escenario apasionante y el más abierto en cuanto a resultados desde los primeros años de la transición política. Hay muchos ciudadanos que todavía estos días están indecisos, hay una lucha entre el corazón y la cabeza, entre la necesidad de producir un cambio o contribuir a que todo siga igual, aunque mayoritariamente todos quieren participar en este momento que se presiente decisivo. Todo indica que el año 2015 va resultar un año crucial en la historia de España. Ya veremos. Siempre que hay elecciones el pueblo se convierte en protagonista indiscutible, aunque algunos aposentados en el poder crean que gobiernan nuestras voluntades. La democracia nos da idéntica voz a todos, nuestro voto vale igual que el de los grandes empresarios del Ibex o el del propio presidente del gobierno. No es bueno olvidar que sólo influimos en cambiar las cosas cuando votamos porque luego no nos convocan a reunión alguna. En el fondo esta vez algunos temen nuestro voto, así que votemos, sería triste que un nuevo Machado nos recordara de nuevo que vivimos entre una España que muere y otra España que bosteza.

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Rivera y el sarampión
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María Antonia San Felipe | 16-05-2015 | 06:57| 0

Está comprobado a través de los tiempos que la inteligencia y la necedad, la sabiduría y la estupidez no están ligados ni a la edad ni a la condición social, ni tampoco a la raza o al lugar de nacimiento. De igual modo, hay quien desde la tierna infancia muestra una total ausencia de principios y hay quien la desarrolla con la edad. En fin, señores que no hay que hacer ningún estudio de investigación patrocinado por alguna universidad de reconocido prestigio para afirmar que listos y estúpidos, honrados y sinvergüenzas existen en todos los lugares del mundo y puedes encontrarlos de cualquier edad.

Las campañas electorales han sido siempre épocas propicias para que florezcan las ocurrencias que atraigan la atención. Claro que no siempre los exhibicionismos verbales están sembrados de cordura sino que, en muchos casos, nos encontramos ante verdaderos desatinos alejados del sentido común. Recientemente Albert Rivera, líder del partido emergente Ciudadanos, ha formulado una propuesta insólita. Considera que un proceso de regeneración política en España debe pasar “por gente que haya nacido en democracia, por gente que no tenga mochilas, ni dinero en Suiza, ni casos de corrupción”. Debe pensar este joven político que la historia de España comienza ahora que él ha llegado y que hemos de levantar un muro de olvidos, sin darse cuenta de que lo que hoy somos es el resultado directo de lo que hemos sido en el pasado. De igual modo, el futuro de este país será la consecuencia de lo que los españoles decidamos en estos años convulsos que alimentan una urgente necesidad de cambios y, pasado el tiempo, lo nuevo se habrá hecho viejo igual que Albert Rivera terminará siendo un anciano.

Coincido con Rivera, como la mayoría de los españoles, en la necesidad de una regeneración urgente de la política de este país saqueado por la obscenidad de la corrupción. Pero no nos engañemos tampoco esto es novedad. La decadencia de un sistema político alienta siempre un necesario movimiento regeneracionista como ya ocurrió en España en la transición del siglo XIX al XX. En lo que no estoy de acuerdo es en que los protagonistas del cambio han de ser solamente los nacidos a partir de la Constitución de 1978. Señor Rivera, los países no se transforman por la acción de unos pocos dirigentes políticos sino cuando se suman las voluntades de una gran mayoría de ciudadanos, como ocurrió en la Transición. Es cierto que los de más edad llevan una mochila al hombro, pero no todos transportan comisiones ilegales, sobresueldos en negro ni tienen cuentas en Suiza. Muchos de los que cambiaron este país la portan llena de experiencias y de renuncias. Jóvenes y mayores compartieron el sueño de un cambio radical y consiguieron pasar de una dictadura a una democracia y muchos de ellos, entre los que me cuento, creemos que también ahora es precisa una transformación radical en esta España malherida por el abuso de poder y por la corrupción de muchos dirigentes que han hundido el prestigio de la mayor parte de las instituciones del estado. Cuando su partido gobierne, ¿podrá usted garantizar la honestidad de todos los que están llegando a él con el viento favorable de las encuestas? Creo que no.

Hoy los españoles estamos en otro de esos momentos cruciales de nuestra historia y sería de necios excluir de la participación política a los que peinan canas, salvo que queramos recluirlos a todos en asilos o en lugares donde los muros oculten las  ventanas para ver la realidad.  ¿Qué sería este país sin la aportación madura y sabia de José Luis Sampedro, José Saramago, José Manuel Caballero Bonald o Josep Fontana? Tomaremos esta salida de tono por un error, imperdonable, pero un error. Yo que en mi juventud, como todos, también los cometí, le aconsejo un poco menos de soberbia porque este país necesita del esfuerzo de la mayoría y no de quienes creen saberlo todo. En fin, todos hemos aprendido que el sarampión sólo lo cura el tiempo.

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Cuestión de conciencia
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María Antonia San Felipe | 09-05-2015 | 07:25| 0

Dicen que el universo es insondable pero mucho más lo es nuestra propia conciencia. Esa idea me ha rondado la cabeza tras leer que la nave rusa Progress-59  navega por la galaxia fuera de control, tras un fallo en su puesta en órbita y se espera que vuelva a entrar en la atmósfera terrestre en cualquier momento, según ha indicado el Centro Espacial Johnson en Houston. Tal y como estamos en el planeta con tantas catástrofes sucesivas causadas bien por la naturaleza como en Nepal o por la mente humana, como la provocada por el copiloto de Germanwings que estrelló su avión en los Alpes franceses, sólo nos falta una desgracia que provenga del espacio exterior. Confiemos en que el carguero espacial no aterrice de pronto sobre nuestras atolondradas cabezas. Aunque sinceramente no vendría mal que algo así como un revulsivo supersónico impactara sobre nuestras mentes y agitara nuestras adormecidas conciencias. Todos sabemos muchas cosas pero no queremos saber; miramos pero no queremos ver; debiéramos hacer pero no hacemos y es que el mundo de los otros nos es ajeno, lejano, extraño. No es nuestro problema, la ignorancia de la realidad aligera el peso de nuestras conciencias.

En el bosque de Sambisa, en los lejanos bosques de Camerún, en el corazón de la pobreza africana centenares de mujeres y de niñas son apaleadas, explotadas y reiteradamente violadas por los fanáticos de Boko Haram que recientemente han jurado su adhesión al Estado Islámico. Algunas de esas mujeres han muerto, mejor dicho, han sido asesinadas por una organización de extremistas islamistas que se declaran contrarios a que las niñas accedan a la educación alegando que Occidente sólo quiere pervertir sus mentes. Todos los dictadores, todos las organizaciones terroristas, al igual que estos violadores de derechos saben que la educación crea personas conscientes de su libertad y capaces de superar la adversidad para luchar por una vida con un mínimo de dignidad. Por eso se oponen a la educación de las mujeres con la escusa de la religión y por eso secuestran niñas en escuelas, por eso las violan y si es necesario las matan o asesinan a sus hermanos, maridos o padres ante sus ojos. Muchas de ellas están embarazadas de sus propios captores, intentan robarles la dignidad pero son ellos los que carecen de ella. Estos días el ejército nigeriano ha conseguido, afortunadamente, liberar a un nutrido grupo de ellas que han sido encontradas en un lamentable estado físico y psíquico, esto último de más difícil reparación que lo primero, aunque todavía quedan muchas niñas cautivas en manos de Boko Haram.

Noticias como ésta nos alarman un día, quizás dos pero pronto hay otras que desplazan de nuestra mente una catástrofe tras otra: Siria, Libia, Palestina, Irak, Afganistán… Nos olvidamos con rapidez del desastre de mundo que hemos construido y nos miramos a nosotros mismos ignorando no sólo a las niñas secuestradas y violadas por Boko Haram sino a los niños que pululan entre la basura y las ratas de todo tipo que pueblan la Cañada Real de Madrid, o los poblados chabolistas que circundan las grandes ciudades, a los ancianos que viven la soledad de su destino, sin que sus familiares los atiendan. En fin, que estos días me ha dado por pensar en estas cosas al ver que todavía queda gente que trabaja por los demás, que deja su vida cómoda y se va a lugares como estos a ayudar, a poner su granito de arena, a contribuir modestamente a demostrar que otro mundo es posible. Soy consciente de que no hay nada de original en contar esta realidad, pero creo que de vez en cuando nos conviene recordar que existe aunque tratemos de olvidarla para que no moleste el bienestar de nuestras conciencias.

Estos días he conocido el testimonio de una calagurritana que trabaja como voluntaria en la Cañada Real al tiempo que escuchaba al presidente de la Diputación de Valencia contar billetes en un coche o a los futbolistas protestar por lo elevado de su fiscalidad, no puedo evitar confesarles que se me ha producido un cortocircuito en la conciencia y no encuentro a nadie que me la pueda reparar. 

 

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Amanece, que no es poco
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María Antonia San Felipe | 02-05-2015 | 07:31| 0

Quien crea que el devenir del tiempo nos impulsa siempre hacia adelante se equivoca. Hubo una época en que así fue hasta que, fruto de la especulación y la corrupción, sobrevino otra en la que comenzamos a ir hacia atrás. Como canta Ricki Martin: un pasito pa’lante María, un dos, tres, un pasito p’atrás. Nos han sustraído gran parte de lo conquistado y lo peor es que lo consentimos por miedo a perder lo que nos queda.     Estamos a 1 de mayo y ello me mueve a recordar de dónde venimos. Evocando la historia del movimiento obrero me vuelve siempre a la memoria una huelga mítica en España, la que concluyó con un decreto de 3 de abril de 1919 que estableció la jornada de 8 horas (48 semanales). El conde de Romanones se vio obligado a firmarlo tras una huelga de 44 días conocida como la Canadiense por haberse iniciado en una compañía de electricidad con capital del Canadian Bank of Commerce of Toronto. El gobierno cayó, hubo un cierre patronal y seguramente el movimiento obrero quedó exhausto pero la conquista fue histórica. Hoy algo así es impensable, ningún sindicato convocaría una huelga prolongada porque nadie estaría dispuesto a secundarla. La mejora progresiva del nivel de vida en España produjo una confusión interclasista que hace que muchos olviden de dónde venimos, aunque sería bueno analizar hacia dónde vamos.

            En la actualidad, vivimos en un país con un nivel del desempleo que tiene en la cola del INEM a uno de cada cuatro ciudadanos en edad de trabajar, sin contar los que han salido huyendo de España, los jóvenes de más talento y preparación de nuestra historia. La mayor parte del nuevo empleo no sólo es precario sino que es subempleo, una categoría que agrupa a 2,2 millones de personas. Es decir, que la mejora de la competitividad se ha logrado a costa de la rebaja salarial. En España el salario por hora cada vez se aleja más de la media europea. Hay tanta necesidad de trabajar, de tener algún ingreso por pequeño que sea, que la gente se ve avocada a aceptar cualquier salario y penosas condiciones laborales, primero para sobrevivir y segundo, porque si uno no quiere hacerlo por 600 € sabe que hay muchos que están dispuestos a hacerlo por 500. Esta es la cruda realidad amparada por las últimas reformas de la legislación laboral. Puede decirse que las antiguas plazas públicas donde los patronos iban a seleccionar trabajadores han sido sustituidas por las empresas de trabajo temporal, es más cómodo y se ve menos la aglomeración humana pidiendo trabajo.

            Pasa como con las personas “sin techo” que vemos durmiendo en los cajeros automáticos, en los bancos de los parques o bajo un refugio construido con cartones y a las que ahora Esperanza Aguirre, el hada madrina de la corrupción madrileña, quiere ocultar a los ojos de los turistas. En realidad, quiere esconderlos porque lo que no se ve, se olvida. Quiere que creamos que vivimos en un país de cuento y no en uno con casi dos millones de familias con todos sus miembros en paro. El incremento de la desigualdad y de la pobreza nos sitúa, como en el desempleo, muy por encima de la media europea. Doña Esperanza no quiere que descubramos que hay más dignidad en muchos de los actuales pobres que en los múltiples corruptos de cuello blanco de los que ha vivido rodeada en los últimos años, mientras gobernaba sin percatarse de la mugre que se traían entre manos. Eso sí que produce náuseas y no los indigentes que son la consecuencia de una política económica y un sistema que sólo protege a poderosos, corruptos y defraudadores. Creo que el sueño mayoritario de la sociedad española pasa por recuperar parte de lo perdido, aunque para ello será necesario comprometerse y rebelarse lo suficiente para que pasito a pasito no nos regresen al siglo XIX. Algunos quieren escribir nuestro destino, que nos conformemos con los recuerdos y exclamemos resignados: ¡amanece, que no es poco!

 

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.