La Rioja

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¡Qué paren el mundo!
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María Antonia San Felipe | 24-09-2016 | 06:39| 0

Subida en su cama la pequeña Mafalda, el genial personaje creado por Quino, miraba hacia abajo y concluía que era necesario tomar fuerzas para bajar al mundo cada mañana. No le faltaba razón, el mundo ha sido siempre un paraíso de ambiciones y violencias, de miserias humanas que devienen en catástrofes sociales y que cada día está más empeñado en autodestruirse que en regenerarse. He recordado a Mafalda y su candoroso llamamiento a la paz mundial al escuchar al Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon ante la Asamblea General. Sus palabras han sido inusualmente duras y es que, a punto de despedirse, probablemente ha querido ser más sincero que nunca.
           Ban Ki-moon ha criticado duramente el bombardeo, por aviones rusos aliados del presidente sirio Bashar al-Asad, de un convoy de la ONU que trataba de llevar ayuda humanitaria a los civiles acorralados en la zona de Alepo. “Los trabajadores humanitarios que entregaban ayuda eran héroes. Aquellos que les bombardearon son cobardes”, afirmó, aunque fue más duro al denunciar que en aquella misma sala había “representantes de gobiernos que han ignorado, facilitado, financiado, participado o incluso planeado y ejecutado atrocidades infligidas por todas las partes del conflicto sirio contra civiles” y denunció a las potencias que “siguen alimentando la maquinaria de guerra” en Siria y que tienen “sangre en sus manos”.
          Como vemos no es el lenguaje habitualmente edulcorado de los diplomáticos pero la guerra en Siria es uno de esos episodios vergonzosos en la historia de la humanidad que el tiempo recordará con amargura. Las consecuencias de más de cinco años de guerra ha tenido como resultado un elevado número de víctimas civiles y que millones de personas, tratando de salvar sus vidas, huyan hacia Jordania, hacia Europa o allí donde no caigan bombas ni patrullen francotiradores.
          No obstante, este conflicto también ha puesto a prueba la fortaleza del proyecto europeo. Puede decirse que esta guerra, que nadie quiere parar, ha evidenciado su debilidad. No es la primera vez que Europa no sabe qué hacer o no quiere hacer lo que debe. Ya ocurrió con las sucesivas guerras de los Balcanes, en especial con la de Bosnia. Europa no alteró su vida, como si la guerra no se estuviera produciendo en su mismo territorio. Parece que seguimos sin aprender nada. El concepto de solidaridad europea se ha quebrado y debemos reflexionar por qué. Estos días, en Alemania, la canciller Angela Merkel ha sufrido un serio revés en las últimas elecciones en Berlín a manos del partido ultraderechista Alternativa para Alemania. No es el único lugar de Europa donde la ultraderecha crece o incluso gobierna (Polonia). Esto es enormemente preocupante para el futuro de Europa y para la supervivencia de los valores humanísticos que la han vertebrado.
La crisis económica ha tenido dos consecuencias evidentes para los ciudadanos de la Unión Europea, en primer lugar, hemos visto y vivido un enorme retroceso en los mecanismos democráticos de nuestros países, hemos sido gobernados por tecnócratas de la austeridad que han impuesto una política económica que ha empobrecido a la mayoría social y destruido muchos de sus mecanismos de compensación públicos, es decir, su sanidad o su educación que hacen que los ciudadanos se igualen.
          En segundo lugar, estos poderes, no elegidos democráticamente, han conseguido derivar las culpas de los malos resultados de sus políticas: la persistencia del desempleo o las rebajas de los salarios hacia otros todavía más desvalidos, los inmigrantes y los refugiados. Es una jugada redonda que puede tener éxito. Azuzar el miedo siempre da votos en períodos de crisis, ya ocurrió en los años treinta del pasado siglo en Alemania y en Europa. Desgraciadamente los hombres son muy propensos a tropezar dos veces en la misma piedra y a no escuchar las lecciones de la historia. El problema es que no podemos, como diría Mafalda, parar el mundo y bajarnos.

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Cloacas
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María Antonia San Felipe | 16-09-2016 | 20:16| 1

Quienes pensaban que la corrupción no le iba a pasar factura a este país se equivocaban. Demasiada tolerancia social con la obtención de dinero fácil, demasiada propensión partidista a proteger a los corruptos propios, demasiada connivencia institucional para usar el poder para intercambiar contratos por mordidas, demasiada complicidad política para obtener o conceder prebendas, favores o silencios. En conclusión, demasiados virus infectando un cuerpo institucional que ahora languidece, en la Unidad de Cuidados Intensivos de este gran hospital llamado España.
          No querer ver lo que es evidente es un error que no nos podemos permitir los españoles salvo que prefiramos ser encubridores y cómplices de este cáncer cuya voracidad no ha tenido límites. Entre muchos votantes se ha extendido la peculiar creencia de que cómo todos roban mejor que les roben los que consideran suyos. Esta pintoresca argumentación no es sino una forma de resignación y un cheque en blanco que ha favorecido que los corruptos se sientan impunes porque las urnas les refrendan con más generosidad que los tribunales los absuelven. En el punto en el que estamos la corrupción es un problema estratégico tan importante como la deuda que supera el 100% de nuestro PIB. Y no nos engañemos o se erradica o nos devora; o se tolera o se combate y eso debe hacerse tanto desde los tribunales de justicia como ejerciendo un voto crítico que no legitime corruptelas económicas o éticas de ningún tipo.
          La situación es de emergencia, no hay gobierno y quien se siente legitimado por las urnas para formarlo está en estos momentos cercado por la corrupción de su propio partido y de muchos de sus iconos políticos. El candidato Rajoy tiene pendiente hace tiempo una profunda reflexión por el interés general de España. Seguramente todos los partidos deben hacerla pero el PP está necesitado de una regeneración urgente.
          La investigación iniciada por el Tribunal Supremo a Rita Barberá por blanqueo de capitales es sólo el último caso conocido. Es comprensible que Rita considere que otros muchos de su partido han hecho cosas peores y no han sido humillados como ella, pero Rita tenía las horas contadas. Rajoy le ha pedido su dimisión, como antes se la pidió a José Manuel Soria,  sólo porque está entre la espada y pared se juega su supervivencia. Rita se queda el escaño pero causa baja en el partido. En el PP respiran. Ciudadanos, que se conforma cada vez con menos, se da por satisfecho y mantiene el apoyo a la investidura de Rajoy. Pero la basura generada por el PP de Valencia sigue donde estaba, no nos engañemos. Estos días otro frente judicial pondrá de nuevo en apuros a Rajoy. Jaume Matas, el que fuera todopoderoso presidente de Baleares, ministro de Aznar y ejemplo a seguir, según Rajoy expresó en su día, está negociando con la fiscalía contar parte de los amaños en adjudicaciones públicas para evitar entrar en prisión. Es decir, para salvarse, hablará y la mierda salpicará a Rajoy.
          El caso del ministro Soria sigue abierto. La comparecencia de Luis de Guindos ha confirmado lo que ya sabíamos, que el gobierno mintió a todos los españoles. Lo hizo con el descaro y la soberbia de quien es maestro del engaño y mosquetero de la mentira, uno para todos y todos al servicio del embuste. Esto también es corrupción política aunque Ciudadanos se lo trague y calle. En esta novela de aventuras no falta pícaro ni bufón, Luis Bárcenas ha renunciado, en la causa por la destrucción de su ordenador, a acusar al partido al que sirvió con diligencia durante lustros lubricando las vías de su financiación irregular, lo que alimenta la sospecha de algún pacto oscuro entre antiguos socios. El juicio por el caso Gürtel está a punto de comenzar y Rato se aproxima de nuevo al banquillo. En este horizonte de escándalos espero que en España alguien aprenda a dimitir. Es mejor abrir la puerta y salir con honor que verse obligado a escapar por la alcantarilla de la cloaca aunque vuelva a ganar las terceras elecciones.

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Era una broma
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María Antonia San Felipe | 09-09-2016 | 20:16| 2

Es tal la paciencia que demuestran los españoles que cada semana nos ponen un ejercicio para practicarla. Si fuera deporte olímpico, el podio sería nuestro. Sólo así pueden entenderse las continuas provocaciones a nuestra entereza. Desgraciadamente, son tantas las mentiras y las tomaduras de pelo con las que el gobierno nos ha obsequiado en los últimos tiempos que, puede decirse, que vivimos instalados en la resignación esperando que un milagro pueda liberarnos de tanta burla. No hay días sin mentira ni semana sin escarnio.
           La escandalosa designación del exministro de los papeles de Panamá, José Manuel Soria, para representar a España en el Banco Mundial, minutos después de que el candidato Mariano Rajoy perdiera su debate de investidura e hiciera trizas su pacto con Ciudadanos contra la corrupción y por la regeneración democrática, es una de esas gotas que desborda el vaso. Seguramente Rajoy y su ministro de Economía pensaron que, una vez más, el pueblo español tragaría como el Gargantúa que ponen en las ferias, pero no, esta vez la broma ha ido demasiado lejos. Tal ha sido el tsunami provocado por tan descabellada decisión que el propio Rajoy se ha visto obligado a pedir a Soria que diera un paso atrás, igual que se lo pidió en abril cuando tuvo que dimitir por tener cuentas opacas en paraísos fiscales, a cambio de una recompensa, el Banco Mundial.
           En medio de esta chirigota, que en realidad es una afrenta a los españoles, escuchar ahora a los dirigentes del PP diciendo que lo mejor para todos es aceptar la generosa decisión de José Manuel Soria de retirar su candidatura es otra obscenidad intragable para nuestra dignidad como ciudadanos. Sólo nos falta que el portavoz popular Rafael Hernando, parodiando a Miguel Gila, nos diga que era una broma y que si no sabemos aceptar una bromita que nos vayamos del pueblo, o de España.
           Piensa el gobierno y todos los que lo sostienen que nombrando a Jiménez Latorre, antiguo número dos del ministro De Guindos, cómplice necesario del despropósito, la cosa ya ha concluido. Muchos creemos que no. Este hecho, esta bromita, demuestra muchas cosas. En primer lugar, que ni Rajoy ni sus equipos tienen intención alguna de variar sus prácticas caciquiles. Pretenden seguir administrando el poder de forma patrimonial olvidando que lo ejercen en nuestro nombre. El poder no se inscribe en el Registro de la Propiedad otorgando la titularidad al presidente y sus ministros, aunque todo parece indicar que gobiernan como si suyo fuera y ningún límite legal ni ético tuviera. Porque no nos engañemos, la presión de la opinión pública ha influido en la retirada del candidato, pero también la espada de Damocles del código ético del Banco Mundial que podía haber rechazado a Soria tras el escándalo. El resultado hubiera sido que España además de perder a su representante, hubiera hecho el ridículo. Rajoy y De Guindos que, por el bien de España, tanta responsabilidad piden a otros, debieran haber sido más prudentes y menos caciques.
            Pero hay un último asunto que es todavía más grave. Para vestir el santo del nombramiento el gobierno, con su presidente a la cabeza, ha mentido a los españoles con cinismo y reiteradamente. Ni era un concurso de méritos público, ni era condición principal ser funcionario, ni era ilegal no nombrarlo, ni Soria se va por voluntad propia. Que todo era mentira es la única verdad. Quienes mienten a un país y pretenden seguir gobernando están degradando la política, las instituciones y corrompiendo el sistema. Quienes apoyan estas conductas también son cómplices de este desastre. A lo mejor ha llegado la hora de que Rajoy dé paso a otro candidato, aunque, como ha dicho Rivera, parece que Rajoy no tiene remedio. Sin embargo, España sí.

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Sí, porque sí
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María Antonia San Felipe | 03-09-2016 | 06:15| 0

Rajoy llegó el martes al Congreso viajando entre la pereza y la desgana. En otras palabras compareció en la sede de la soberanía popular porque no le quedaba más remedio. Le hubiera gustado dejar pasar el cáliz del debate de investidura, como ya lo hizo cuando despreció el anterior encargo del Rey, ya que era un fracaso anunciado. Así que, Mariano llegó a pasar la tarde mientras la ciudadanía transitaba por su quehacer diario ajena, de hartura y enfado, a lo que sucedía en el Congreso.
           Está claro que Mariano sigue viviendo en el pasado, es el genuino representante de un tiempo que ya no existe. A estas alturas todavía no ha asimilado lo que ha ocurrido en los últimos cinco años en España. Mariano no admite que el sistema político español ha sufrido una fuerte conmoción, quiere pasar de puntillas por una verdad incontestable y es que tras años de abusar de los resortes de nuestra democracia, de pervertir muchos de los engranajes del sistema con una corrupción económica y ética que lo ha carcomido hasta sus pilares, hemos llegado al callejón en el que estamos. Mariano quiere que todo sea como antes, cuando dos partidos se turnaban en el gobierno sin apenas sobresaltos, pretende olvidar que son ellos, los partidos de siempre, quienes nos han traído hasta aquí y que él tiene una inmensa dosis de responsabilidad en la indignación amarga de los nuevos tiempos.
           Mariano ni puede ni quiere cambiar y nadie en su partido cuestiona en público sus ingentes errores. Él sueña con retroceder a la mayoría absoluta que las urnas le han negado por dos veces y aspira a unas nuevas elecciones por si a la tercera va la vencida. Mariano, en realidad, desprecia el pacto con su nuevo socio Albert Rivera, no cree en él, sabe que es un papel mojado que no tiene intención de cumplir pero que le sirve para aparentar que hace algo para evitar las terceras elecciones. Sabe que gobernar en minoría es más complicado que pasar el rodillo en las votaciones trascendentes del Congreso. Gobernar pactando, acordando, cediendo y aceptando propuestas de otros es demasiado cansado para quien cree que el poder le corresponde porque sí.
          Esta es la razón por la que Rajoy compareció en el Congreso sin ofrecer nada nuevo, salvo el tedio. Su único argumento es simple: -Yo, o el caos. Cuando, en realidad, el caos lo ha originado él. No llegó al Congreso ofreciendo un programa de gobierno transversal que pueda aglutinar voluntades a cambio del apoyo explícito o de la abstención. Simplemente quiere que lo aclamen como único garante del bien de España, cuando su balance es demoledor. Gracias a él está a punto de quebrarse España, nunca el riesgo de independencia de Cataluña ha estado tan próximo. Por otro lado, sus tímidos éxitos económicos no pueden ocultar la inmensa corrupción en la que se han movido ni el destrozo al estado del bienestar, a la sanidad, a la educación, a la hucha de las pensiones o al hecho histórico de que la deuda pública supera el 100% del PIB.
           Si hubiera realizado una oferta al PSOE de enmendar este rumbo, de derogar la reforma laboral o la LOMCE o hubiera dado paso a otro candidato de su partido, limpio de corrupción, quizás Sánchez hubiera tenido más difícil justificar su voto negativo. Pero no, pide una genuflexión sin condiciones. Soy el más votado y lo merezco, ese es su lema y no va realizar concesión alguna. Mariano Rajoy quiere elecciones para ver si por aburrimiento lo consigue. Rajoy exhibió en el Congreso su experiencia como su principal valor. Hay que reconocer que su mochila está llena de trucos y por eso sabe que los novatos pueden acabar mordiendo el polvo, fagocitados en su propia ansiedad. Rajoy está culpabilizando a los demás de que haya nuevas elecciones cuando ése y no otro es su verdadero objetivo. Sabe que la abstención del ciudadano enfadado y desencantado es su principal aliado, los adictos no fallan. Por eso, ha pasado el verano tranquilo, pasará el otoño y resurgirá en Navidad.

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Marear la perdiz
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María Antonia San Felipe | 26-08-2016 | 17:57| 0

Cuando el tiempo pase y tengamos perspectiva recordaremos este año como el año en que vivimos sin gobierno y este tórrido verano como el tiempo en que los líderes, aparentes y supuestos, de los partidos, emergidos y emergentes, se lo pasaron mareando la perdiz. La finalidad de dar tantas vueltas al molino no es la de obtener agua sino la de construir un espejismo que nos seduzca con su engaño.
Tras dejar correr el tiempo hasta que finalizasen las olimpiadas los de Rajoy han decidido mover alguna ficha, aparentar que trabajan por nuestro bien y el de España. Así es que están negociando con los de Rivera para lograr no sabemos si una investidura o un pacto de gobierno. De momento, de las innegociables propuestas de Ciudadanos ya han conseguido que en el descolorido pacto anticorrupción no aparezca la palabra Bárcenas. Es normal, el PP no quiere que cada vez que se pronuncia, la palabra vedada: Luis Bárcenas toda España recuerde el mensaje de Rajoy diciéndole: ¡Luis, sé fuerte! O que cuando arrecie el temporal judicial en las causas abiertas por el caso Bárcenas, la sombra de Rajoy planee sobre ella como cuando el sol y la luna se alinean en un eclipse y nos cieguen de rabia al constatar su sintonía.
Del pacto también se ha obviado la tozuda realidad de que el PP, como organización política, está en el banquillo por ser responsable civil subsidiario en un caso de corrupción política y que el juez José de la Mata le ha impuesto una fianza de 1,2 millones de euros. O que ha sido procesado como partícipe, a título lucrativo, en el caso Gürtel y en otra trama corrupta en Boadilla del Monte (Madrid). En fin, pequeños detalles que se siguen negando en nuestras narices y que exigirían al menos una petición de disculpas a la ciudadanía, asunto sobre los que el flamante superman de la regeneración política, Albert Rivera, ha pasado de puntillas olvidando todas sus alharacas electorales y sus sermones televisivos.
Pero ahora estamos en un nuevo juego de magia potagia para hacer aceptable lo que ayer parecía indefendible. Ser o no ser, esa ha sido siempre la cuestión. Ser o no ser corrupto parece ahora el dilema y para esclarecerlo están armando entre los de Rivera y los de Rajoy un nuevo sofisma que oculte falsas verdades.
“No es lo mismo meter la pata que meter la mano en la caja”, nos han aclarado a los españolitos a los que, es evidente, consideran idiotas. Está claro que no es lo mismo robar carteras en el mercadillo que forrarse desde un elegante despacho, obtenido como favor político, quedándose con los ahorros de inocentes preferentistas a toque de campana; ni prevaricar en una adjudicación y recibir la compensación en diferido vía Suiza y que se regularice en una amnistía fiscal. Tampoco es lo mismo mendigar en la puerta de la iglesia del pueblo que pedir comisiones a cambio de favores administrativos para financiar a un partido político y después cobrar sobresueldos en B y decir que ellos no sabían de dónde venía el dinero ni nada de nada.
Esto es de locos, la verdad. Al final va a resultar que la corrupción política, uno de los males que ha minado nuestra democracia, nuestras instituciones y nuestro sistema político no ha existido y es sólo fruto de nuestra disparatada imaginación que no sabe qué hacer para desacreditar la obra ingente de unos excelentes patriotas. En fin, que todo es mentira, salvo algunas cosas, como diría Rajoy.
No hay peor mal para la credibilidad de la clase política que la incoherencia. Están mareando la perdiz y además creen que no nos damos cuenta. Estamos hartos, sí, pero no olvidemos que la mentira sólo triunfa cuando el pueblo soberano claudica en su deseo de conocer la verdad.

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Dragones
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María Antonia San Felipe | 20-08-2016 | 06:44| 0

          En este mundo loco a algunos les gusta capturar pokémons y otros prefieren cazar dragones. El cardenal de Valencia, Antonio Cañizares, durante años ha buceado en el Apocalipsis y por eso combate en cruzadas contra los dragones. Ya saben, el diablo siempre vuelve pese a que el “ángel que bajaba del cielo con la llave del abismo  y con una cadena en la mano, prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años” (Apocalipsis 20, 1-3). Pues eso, que Cañizares no puede dejar de perseguir dragones y trata de lancearlos con menos acierto que don Quijote con los molinos.
Dice el cardenal de Valencia que “hay ideologías que matan al hombre, como la ideología de género, que todo lo fija en lo que decide el hombre y desaparece Dios y la Naturaleza” para, como ya ha hecho en otras ocasiones, afirmar que el anhelo la igualdad entre hombres  mujeres  es “la peor de todas las ideologías de la historia”. Según advierte Cañizares el nuevo dragón que amenaza a Jesucristo y que se une a la legión de dragones que hasta ahora han sido vencidos por el amor de Dios, es la perniciosa búsqueda de la igualdad la que va a destruir a la humanidad. Dice hablar contracorriente porque “Dios quiere que os enseñe la verdad, aunque algunos no la crean, aunque me crucifiquen”. Es decir, que en este deseo de martirio Cañizares ha comparado la igualdad de derechos de hombres y mujeres con el nazismo.
           Yo desconozco, pues ningún historiador lo ha acreditado, si entre las tropas aliadas que sometieron al dragón nazi, cuya serpiente visible era Hitler, había algún batallón de tropas angélicas capitaneadas por el arcángel San Miguel pero lo cierto es que al III Reich lo derrotaron las tropas aliadas y de su victoria emergió una Europa en libertad. A mí me preocupan hace tiempo estas declaraciones sorprendentes de algunos miembros de la jerarquía católica española porque se inscriben en un círculo ideológico tan excluyente como pernicioso. Cañizares olvida, por ejemplo, que cuando Pío XI publicó su encíclica Mit brennender Sorge, contra el nazismo, la jerarquía católica española, siguiendo indicaciones del cardenal Gomá, decidió no difundirla para, ocultándola, favorecer los intereses de los militares sublevados al mando del general Franco. Probablemente entonces este dragón, les pareció una pequeña culebrilla veraniega y por eso callaron. Primó el interés político sobre el evangelio. Esto es historia comprobada. Cuando se liberaron los campos de concentración nazis y se vio la magnitud destructiva de los dragones totalitarios sólo entonces hablaron.
            El cardenal Cañizares puede emplear su libertad para expresarse como quiera pero, al menos, cuando insulte a quienes luchan por los derechos de hombres y mujeres, que lo haga desde el rigor histórico. Cuando escucho a algunos representantes de la jerarquía católica española siento un cierto estremecimiento interno porque se inscriben en una tradición rancia, que se aleja del respeto al que no piensa igual con la misma vehemencia que lo hacen los fundamentalistas de cualquier credo. Eso sí que es peligroso. Me gustaría poder felicitar a Cañizares, por ejemplo, por iniciar una cruzada para aniquilar los dragones que habitaron y habitan en seminarios y colegios donde cientos de niños fueron abusados por las serpientes del infierno sin que nadie les haya pedido perdón ni los haya defendido en sus derechos. Esos dragones sí que asustan, sobre todo porque algunos pretenden que en vez de la justicia humana los juzgue Dios en otro mundo.
           Al señor cardenal, modestamente, le sugiero que piense en Jesucristo viviendo en este siglo y a lo mejor lo vería encabezando una manifestación por la igualdad de derechos de mujeres, gays, lesbianas y transexuales. Además del Apocalipsis también es bueno leer el Eclesiastés, porque siempre hay tiempo de hablar y tiempo de callarse.

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Gustavo Bueno y los Pokémons
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María Antonia San Felipe | 12-08-2016 | 22:14| 0

El vacío que dejan los sabios sólo lo ocupa la inmensidad de su obra. Esa es la prueba empírica de que ellos nunca serán materia de olvido. Es el recuerdo, renovado como un bucle que rota, el que certifica su permanente presencia. Nos ha dejado Gustavo Bueno un pensador de los grandes, un filósofo con mayúsculas. Un Sócrates, un Platón, un Aristóteles del siglo XX, un hombre que se hacía preguntas, perseguía respuestas, cuestionaba lo que a otros parecía evidente, indagaba sobre el hombre y el universo. En definitiva, don Gustavo pensaba y haciéndolo alimentaba el verdadero motor de la existencia: el anhelo de conocimiento del mundo, nuestro mundo.
Puede decirse que Gustavo Bueno, riojano ilustre y español excelso, se ha ido cuando la vitalidad de su discurso y el apasionamiento en exponerlo todavía permanecían intactos. Es lo que tienen los grandes hombres que siempre están construyendo algo desde sus mentes preclaras entrenadas a diario en la travesía del inmenso océano de las dudas. A él le ocurrirá como a Ortega y Gasset, a José Saramago, a José Luis Sampedro o al poeta Ángel González que su obra garantizará su presencia entre nosotros hasta la infinitud del recuerdo.
Mientras don Gustavo partía hacia otros mundos ignotos buscando un ágora lejana donde reunirse con sus iguales, en nuestro mundo todo transitaba por los senderos de su decadencia cotidiana. Mientras leía obituarios he conocido que estos días se han multiplicado las noticias de los usuarios de Pokémon Go. Imaginé que si el profesor Bueno llegó a conocer este fenómeno estará ahora contando a los contertulios del ágora la última novedad que distrae al mundo. Con su pasión habitual les ilustrará de cómo en la actualidad millones de personas se dedican a perseguir con sus teléfonos móviles a unos animalitos inexistentes que de forma virtual ocupan parques y plazas. Les explicará que la caza de los pokémons está enloqueciendo al universo humano hasta el límite de que algunos llegan a poner en riesgo su propia integridad física (y mental) tratando de capturar muñecos que sólo pueden verse en las pantallas de sus aparatos. El furor por las reuniones de cazadores de pokémons es tal que algunos hasta tienen miedo a sentarse en el parque no vaya a ser que entre la hierba se esconda alguno de estos seres que no existen pero que son vistos por sus ardorosos seguidores. En resumen, contará que una legión de seres humanos, presuntamente racionales, sólo piensan en reunirse en pokeparadas de adictos en todas las plazas del mundo.
Yo imagino que, pese a su capacidad y vehemencia discursiva, don Gustavo tendrá dificultades para hacerse entender entre los sabios de su ágora lejana al comprobar que las preocupaciones actuales distan mucho de parecerse a esas categorías universales que siempre ocuparon a los hombres desde el comienzo de los tiempos. Les contará que en el planeta Tierra se multiplican los bombardeos sobre población civil en Siria, los atentados en Irak, Afganistán, Turquía, Niza o París, que millones de refugiados llegan a Europa desolados si antes no han muerto en el Mediterráneo, que la represión y las violaciones persisten en países sin democracia, que crece la desigualdad y la desesperanza, que Europa se desmorona como proyecto… Que en su país, España, la población lleva meses sin gobierno, que mientras la sanidad y la educación se deterioran los corruptos y corruptores del sistema disfrutan de sus botines. Dígales que al tiempo que los problemas se multiplican una parte importante de su juventud, en vez de pensar cómo luchar contra la injusticia, se dedica a perseguir quimeras atados a un teléfono móvil del que no se separan ni para ir al urinario, un lugar tan íntimo que no debiera ser invadido ni por un pokémon ni por un humano inteligente. En fin, don Gustavo, cuénteles que el mundo ha enloquecido y que no se divisa en el horizonte suficiente inteligencia para salvarlo.
P.D.: A la familia y amigos de don Gustavo Bueno desde Calahorra, donde nacieron su padre y su abuelo, el sincero abrazo de esta calagurritana.

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El genio de Rajoy
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María Antonia San Felipe | 05-08-2016 | 19:45| 0

Hay que reconocer que Rajoy está a punto de convertirse en el genio inmutable de la política española contemporánea. Si se tratara de una disciplina olímpica este año hubiera obtenido la medalla de oro sin lugar a dudas ni rival posible. Nunca en la historia democrática contemporánea, ni seguramente en la historia antigua ni medieval ni siquiera moderna, nadie hubiera sobrevivido tanto tiempo rodeado de corrupción y escándalos simplemente permaneciendo impasible, quieto, distante y ajeno.
Mientras las llamas queman a sus contrincantes en la hoguera de los fracasos, él se fuma un puro y, mientras humea, contempla el espectáculo en la tranquilidad de que no hay mal que cien años dure. Lo dicho, Mariano es un genio de la quietud. Sin parecerse siquiera a Maquiavelo, sin aparentes dotes de liderazgo y careciendo del encanto de los líderes tocados por el dedo de los dioses, perdura en el tiempo mientras sus adversarios, incluido José María Aznar, se estrellan en su propia ansiedad.
Yo, que lo he considerado durante tanto tiempo el don Tancredo español por excelencia, estoy por fundar el club de fans “Marianistas en acción por omisión”. Nunca no hacer nada obtuvo mejores resultados. Mariano es un indudable admirador de Einstein y de su teoría de la relatividad del tiempo. Lo que a los ciudadanos nos parece eterno a él le parece un suspiro, por eso siempre espera mientras los demás, desesperan.
Aunque los casos de corrupción que afectan a su partido se multiplican como los peces en las piscifactorías, ha optado por una solución muy práctica y nada fatigosa: no hacer nada. Al final el tiempo es el mejor aliado del olvido. Sin embargo, la mancha es tan extensa que parece un mapamundi. Bárcenas, Rato, Soria, Camps, Barberá, alcaldes, diputados, senadores, embajadores, ministros,… En fin, un número indeterminado pero abultado de ladrones, estafadores y vividores del erario público forman parte de un limbo incierto que muchos recuerdan, a muy pocos importa y a muchos menos repugna, a juzgar por los resultados electorales. El olvido y la inacción han tenido recompensa. Ya se lo dijo Mariano a los impacientes: tranquilos, que cuando llueve, siempre escampa. Nosotros a lo nuestro, a conservar el poder que nos corresponde.
El 20 de diciembre, el PP ganó las elecciones de forma exigua y aunque el pánico cundió en las filas populares Mariano habló alto y claro: no hagáis nada, sólo hay que esperar. Pasó de aceptar el encargo del Rey, mucho lío y esfuerzo para no conseguir nada que el transcurrir del tiempo no le fuera a dar. Sólo pronunció una frase: soy el ganador y me corresponde gobernar. Lo suyo es de justicia, lo demás es de ambiciosos y vendepatrias. Los que se pusieron a hacer algo, fracasaron. Mariano les ganó de nuevo.
Tras las segundas elecciones, que él deseaba más que nadie, el partido de Mariano se creció en los resultados. Se han pasado un mes sin hacer nada, como si fueran vacaciones. Mientras en la calle la decepción, el hastío y la mala leche crecían ante la posibilidad de unas terceras elecciones, por fin, el rey le ha encargado formar gobierno.  Mariano ha dicho si, pero no, ya veremos. La calle está histérica pero él está tranquilo. Si hubiera terceras elecciones de nuevo saldrá ganando porque en la izquierda muchos no quieren volver a votar y eso le favorece. A estas alturas el hartazgo de la calle puede hacer que Rivera no sólo no cuestione su liderazgo, que no lo cuestiona, sino que lo vote favorablemente y que Sánchez, atrapado, se abstenga.
Es decir, imperturbable en el centro del ruedo político, con la frialdad indiferente del enterrador, Mariano engullirá a Rivera. De Sánchez ya se encargarán sus barones. Mariano con poco esfuerzo, tras la quietud del verano, antes o después, obtendrá la presidencia. Así que no se alteren, el transcurrir del tiempo y nuestra impaciencia son sus mejores aliados y nuestros mayores enemigos. Los llantos vendrán después.

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Asesinos
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María Antonia San Felipe | 29-07-2016 | 17:54| 0

Este verano está siendo especialmente sangriento en Europa y… lejos de ella. Los terroristas del DAESH hace tiempo que practican una guerra que han internacionalizado con tanta crueldad como destreza. Utilizan métodos de propaganda impactantes que amplifican su propia capacidad destructiva por la brutalidad de sus acciones. Hace tiempo que Europa se siente consternada, atacada en una guerra no convencional que no ha sido oficialmente declarada pues el autodenominado Estado Islámico no existe. Es cierto, no obstante, que ese ente actúa como organización armada y aglutina en torno a él todo el descontento y el fanatismo extremista de sus adeptos cada vez más numerosos y de muy variadas nacionalidades.
El tipo de acciones que promueve evidencia que la violencia extrema e irracional, la que produce un miedo paralizante al tiempo que conmueve por la crueldad empleada con las víctimas, es la esencia de su propia existencia y la forma de prolongar su propia supervivencia.
La brutalidad, por ejemplo del atentado de Niza, arrollando a una población indefensa y tranquila que disfrutaba de su fiesta nacional es difícil imaginar incluso en la literatura de ficción. Pero ocurrió. Los ecos de la Marsellesa todavía retumbaban en los oídos de los franceses cuando el yihadista decidió asesinar a quienes festejaban el 14 de julio. Todavía reciente la conmoción, los atentados se sucedieron en Alemania, en Kabul y de nuevo en Francia con el asesinato del anciano sacerdote católico que oficiaba misa en la iglesia Saint Etienne du Rouvray (Normandía). La atrocidad del degollamiento de Jaques Hamel, de 86 años, no deja lugar a dudas de la irracionalidad salvaje de esta organización terrorista. Si no hay idea que pueda justificar ninguna muerte mucho menos la violencia extrema, sádica y atroz puede engrandecer ideología o propósito alguno.
 El primer atentado se produce el día en que los ciudadanos franceses actualizan el lema básico de la Francia republicana: Libertad, Igualdad, Fraternidad. El segundo, el asesinato del sacerdote católico, grabado para su difusión, es un ataque a otro derecho básico de las personas: la libertad religiosa. Por eso, si analizamos el simbolismo de ambos crímenes lo cierto es que un estremecimiento te recorre todo el cuerpo.
Es comprensible que en Europa los ciudadanos estemos consternados pero hemos de superar miedo y dolor para tratar de ser cada vez más eficaces en la lucha contra el DAESH. Esta guerra indiscriminada y globalizada que practican hace que muchos países pidan a sus gobiernos soluciones drásticas como el replanteamiento de las políticas de inmigración y de refugiados. Sin embargo, sería un error que el temor lastre la idea de Europa que debe actuar no sólo desde principios éticos universales sino con más inteligencia y eficacia que sus enemigos. Esta no es una guerra de religión ni una guerra de civilizaciones, eso es lo que los terroristas pretenden, esta es una guerra de asesinos y de ambiciones. Comparto, por ello, la reacción del papa Francisco al ser preguntado por el asesinato del sacerdote francés. El papa ha dicho: “El mundo está en guerra”, pero la que estamos viviendo “no es una guerra de religión”.  Para aclararlo más ha añadido: “cuando hablo de la guerra significa guerra en serio, no una guerra religiosa. Hablo de las guerras de interés, por dinero, por los recursos de la naturaleza, por el dominio de los pueblos”.
Pues eso, no nos engañemos, no estamos volviendo a las Cruzadas sino que seguimos donde la humanidad siempre estuvo estancada en la adoración perpetua de la ambición del poder totalitario y de la riqueza. Los desalmados que, en grado superlativo, codician ambas cosas siempre han tratado de crear ejércitos de adeptos fanatizados que sirven a sus intereses y que utilizan para tratar de someter las voluntades ajenas privándoles de su libertad mediante el miedo y el terror.

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España rota
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María Antonia San Felipe | 22-07-2016 | 19:05| 0

El tiempo dirá si Mariano Rajoy ha sido el peor presidente desde la restauración democrática en España pero, a fecha de hoy, podemos afirmar que en la historia figurará como un aventajado Maquiavelo. Durante años el PP ha alimentado el anticatalanismo para cosechar más votos en el resto de España. Era un negocio muy conveniente para las dos derechas: la española y la catalana. PP y Convergencia, dos partidos hermanados por la ideología y gemelos en la corrupción, ambos en progresivo declive que se auxilian cuando más lo necesitan. La familia es lo primero. Me gustaría ver la cara que se les ha puesto a los votantes de ambos partidos tras desvelarse que Convergencia ha prestado votos sus votos al PP en la elección de la mesa del Congreso. Está claro, hasta para el más iluso, que todo tiene un precio. El PP facilitará que Convergencia pueda constituirse como grupo parlamentario, algo que no podrían obtener reglamentariamente y que les va a facilitar dinero y medios. Rajoy espera la contrapartida en la investidura.

Como vemos todo muy prosaico y muy alejado de los principios que ambos venden a sus respectivas clientelas. Por un lado el PP y su inefable ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, crea una gestapillo para vigilar a los políticos catalanistas e independentistas que quieren romper España y por otro, Convergencia negocia con movimientos antisistemas, como la CUP, la hoja de ruta por la independencia. Pero no nos engañemos todo es un gran engaño, los inmutables principios que ambos exhiben ante sus electorados son pura mentira, la savia que los mantiene frescos. Los aparentemente enemigos se engordan en las disputas y se auxilian en los apuros. Por eso no acabo de imaginar qué pensará el votante del PP que en las tertulias del bar insulta a los catalanistas hasta hinchársele la vena o el independentista de Convergencia que defiende que España nos roba ante este pacto tan singular.

También me cuesta interpretar la cara que se les habrá puesto a aquellos barones y baronesas socialistas que, en un Comité Federal tras las elecciones del 20N, obligaron a Pedro Sánchez a no hablar con los partidos catalanes cuando hayan visto plasmarse este acuerdo. O que, sin sonrojo, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, tan preocupada por la unidad de la nación española se reúna con Oriol Junqueras, el líder de Esquerra Republicana y seguro que no han hablado del tiempo sino de lo importante: permanecer en el gobierno.

También me figuro que esos pequeños demonios morados de Podemos, los malos, malísimos que, según Rajoy, iban a arruinar España se habrán quedado estupefactos de la maniobra orquestada en la oscuridad por los magos del PP. Seguramente habrán comprendido que son todavía unos ingenuos que tienen mucho que aprender de quienes llevan años tejiendo unas redes clientelares espesas y bien arraigadas que les permiten y ayudan a permanecer en el poder. En Podemos, que no son tontos, concluirán que la vieja política sigue teniendo más fuerza de lo que parece y más apoyos que los votos que obtienen.

Si la izquierda hubiera hecho lo mismo sus líderes estarían ardiendo en la hoguera atizada por las lenguas afiladas de los tertulianos y portavoces del poder establecido. En los bares se les llamaría traidores que venden España. Un apocalipsis.

Conclusión, las derechas unidas protegen su cortijo mientras las izquierdas se culpabilizan recíprocamente hasta malherirse. Esta es la lección de este tiempo turbio. No sé si España se rompe, sé que casi todo es mentira (menos algunas cosas, que diría Rajoy). Lo cierto es que este pacto de intereses velados ha roto el discurso de los principios morales en política y quebrado los deseos de regeneración de la mayor parte de la sociedad española.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.