La Rioja

img
Cosas veredes
img
María Antonia San Felipe | 19-07-2014 | 08:49| 1

Cosas veredes, amigo Sancho que farán fablar las piedras. Es más probable que veamos extraterrestres que a Esperanza Aguirre sonrojarse tras lanzar impertinencias sin mirarse en el espejo de la autocrítica, un ejercicio del que siempre se aprende. La última encuesta del CIS concluye que, en estos momentos, Podemos sería la tercera fuerza política y Aguirre dice que el partido de Iglesias ha empleado las técnicas propagandísticas del nazismo, diciendo mentiras para tratar de desprestigiar a los partidos existentes. El análisis de doña Esperanza no puede ser más simplista, ya que si la nueva formación ha surgido con ímpetu en el panorama político español ha sido gracias a los deméritos de los partidos tradicionales y, en especial, al caldo de cultivo de las reiteradas mentiras al pueblo español del gobierno del partido de Esperanza Aguirre. No sólo han mentido a los españoles incumpliendo sus promesas sino eludiendo responsabilidades en las redes de corrupción en la que muchos nadaron. No olvidemos que sin el revolcón de las elecciones europeas es más que probable, por ejemplo, que Jaume Matas hubiera sido indultado. Hoy ante el miedo a una opinión pública cada día más concienciada han preferido que ingrese en la misma prisión que él mismo inauguró. ¡Que cosas tiene la vida! El ex ministro de José María Aznar, el hombre puesto como modelo en los años de la expansión económica, atesora ya la primera condena de las múltiples causas judiciales que tiene abiertas. Estos días, Dolores de Cospedal, con gran sentido de la oportunidad, habla de que sólo su partido tiene interés en combatir la corrupción cuando nunca se extrañaron de lo que hacía Bárcenas para conseguir tan elevados sobresueldos para tantos dirigentes.

Si el ascenso en las encuestas de Podemos llegará a concretarse en votos o no, el tiempo lo dirá, pero cada vez que los dirigentes del PP lanzan críticas salidas de tono, lo único que consiguen es reforzarlos e identificar a más ciudadanos con esa fuerza política. Creo que es hora de que algunos limpien el patio de su casa y luego, tras la desinfección, se dirijan de nuevo a los ciudadanos. Según los expertos demoscópicos Podemos ha rebañado votos no sólo al PSOE sino también el PP y a UPyD, así que está claro que ha llegado la hora de los cambios o el principio del fin. Así lo ha entendido el PSOE que ha iniciado un proceso de renovación largamente demandado por sus votantes y por sus propias bases y que se había ido posponiendo en el tiempo con argumentos que obedecían únicamente a equilibrios de poder internos. Si han acertado o no, también lo dirá el tiempo pero el reto que tienen por delante es tan difícil como apasionante si lo que pretenden es salvar la pervivencia de un partido crucial en la historia de España. El nuevo secretario general, Pedro Sánchez, no lo va a tener fácil y mucho menos si los barones territoriales, que siguen sin entender nada de lo que ha ocurrido, persisten en pelear por cuotas de poder en vez de buscar fórmulas para conectar con una ciudadanía que no está dispuesta a comulgar con ruedas de molino. Así que Pedro Sánchez debe saber que a grandes males, grandes remedios. No tiene más solución para legitimarse ante los ciudadanos que ejercer con autonomía el poder que le han dado los militantes y dejarse de pasteleos de mesa camilla si quiere sobrevivir a la prueba de fuego que supone el paso por las urnas. Si quiere conectar de nuevo con la ciudadanía debe olvidar el lenguaje retórico de los políticos profesionales y dirigirse al pueblo con la sinceridad y la cercanía que sólo le otorgará el reconocimiento del verdadero problema que tiene hoy el PSOE: la falta de credibilidad. Para ganarla debe patear más la calle y menos los despachos de los barones territoriales que, en general, carecen de liderazgo social. Tampoco puede olvidar, al confeccionar su nueva ejecutiva, que es mejor rodearse de gente con ideas y capacidad de gestión que de pelotas y trepas que buscan sillones en vez de soluciones. ¡Atentos!

Ver Post >
Las barbas del vecino
img
María Antonia San Felipe | 13-07-2014 | 19:02| 0

Dice el viejo refrán español que cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pongas las tuyas a remojar y no duden que así es. El resultado de las elecciones europeas va a ser difícil de digerir no sólo en España sino también en la mayoría de los países de la Unión Europea, al ponerse de manifiesto no sólo la profunda brecha entre ciudadanos y dirigentes sino por el temor a que el proyecto europeo se arruine por la desconfianza en la bondad de las medidas adoptadas. Mientras en España unas décimas de crecimiento son recibidas como un éxito en Francia, por ejemplo, con un paro que no supera el 10% y mejores datos económicos, consideran que la situación es extrema. Los franceses contemplan con preocupación las elevadas tasas de desempleo de los países del sur de Europa y, en especial, las de España y Grecia y se sienten aterrados de que una catástrofe semejante acabe llegando a su país.

A estas alturas, todo pende de un hilo en Europa. Si los españoles dudamos de la eficacia de las medidas impuestas tampoco parece que hayan satisfecho a los franceses. No creen que los sacrificios y el recorte de derechos sociales estén frenando la gangrena y, como nosotros, tienen la percepción de que se atiende más a los intereses de los grandes lobbys económicos y empresariales que a los de la población en general. Los totalitarismos llegaron a Europa con otra crisis y el avance de la ultraderecha liderada por Marine Le Pen es una amenaza y una advertencia de lo que puede llegar a repetirse. Con ella están coqueteando muchos franceses, huyendo de los partidos tradicionales. Como aquí, tanto la derecha (UMP) como la izquierda viven horas muy bajas en la aceptación popular. El primer ministro francés, el socialista Manuel Valls, tras cien días al frente del gobierno, acaba de aprobar un paquete de medidas económicas con la oposición de los sindicatos y de una parte de los diputados de su partido que no las han apoyado. Va a producirse un ajuste de 50.000 millones en tres años. La quiebra de la disciplina de voto en el Partido Socialista francés es un síntoma de las dudas que entrañan unas medidas con inmediatas repercusiones sociales como la congelación de pensiones, la reducción de las regiones y otros gastos de la estructura política del estado. El resultado de esta medicación está por ver pero de momento la popularidad del gobierno francés es tan escasa como la del gobierno español. Al otro lado, el partido de Sarkozy se debate en una quiebra interna más insana que la ideológica: la corrupción. La imputación a Sarkozy de financiación ilegal de su campaña electoral de 2007 con dinero del dictador libio Muamar el Gadafi, violación de secretos y corrupción activa hace temer a muchos que su intención de volver a la política favorezca aún más el ascenso de la ultraderecha. En su propia casa, sus competidores directos, Alain Juppé y François Fillon, se frotan las manos. Ya se sabe que no hay peor cuña que la de la propia madera y ellos, como dice la prensa francesa, más que su retorno, preferirían su silencio. Hace unos días Sarkozy fue retenido para declarar como lo que es, un ciudadano más que un día fue presidente de la República francesa. Es cierto que para defenderse ha invocado una teoría de conspiración de jueces y del propio presidente Hollande y que una parte de la prensa le apoya en esa teoría pero, también es verdad, nadie en Francia duda que ha sido tratado como un ciudadano más. Si es inocente o culpable ya se verá en el proceso. Por eso cuando los franceses miran a España se asombran de que los españoles aguantemos lo que estamos aguantando sin que pase nada. Ven un paro alarmante y un gobierno con la sospecha, cada vez más nítida, de que se ha financiado ilegalmente y no deja de sorprenderles que mientras el expresidente de la República francesa comparece ante un juez desnudo de privilegios, en España al rey que ha abdicado se le haya fabricado un aforamiento exprés para que pueda esconderse, con otros 10.000 más, tras un privilegio que consideran medieval. Claro que esto les ocurre porque no saben que España sigue siendo diferente.

 

Ver Post >
Elogio del Lute
img
María Antonia San Felipe | 04-07-2014 | 21:35| 0

Según los discursos oficiales, la justicia es igual para todos, aunque en España hace tiempo que nadie se lo cree. Según los últimos datos del INE, difundidos hace unos días, los españoles son los que peor nota ponen a la justicia (2,9) frente a la de los comunitarios (4,2). Si el malestar con la clase política es evidente, la desconfianza en la justicia no le va a la zaga. La sociedad observa que el peso de la ley es contundente en algunos casos y laxa según quienes sean los encausados. Tampoco hay que olvidar que si acudir a la justicia siempre ha sido artículo de lujo, con el invento de Gallardón de establecer unas tasas judiciales que desanimen de acudir al juzgado, está claro que pedir justicia en España se ha convertido en un sueño impagable.

La tan cacareada independencia del poder judicial, reiteradamente en boca de ministros, jueces y políticos en general, es hoy por hoy, percibida como falsa e hipócrita por el común de los ciudadanos. Al desapego y al descreimiento en este poder del Estado han contribuido la variedad de casos de corrupción, tan abundantes, que España parece una piscifactoría de corruptos a plena producción. Con el riñón cubierto y mucha pasta en metálico, en cuentas suizas, luxemburguesas o en las islas Caimán se pueden permitir abogados expertos en encaje de bolillos judiciales que dilaten los procedimientos de tal modo que casi resulte imposible ver el final del trayecto judicial. Pasa como con la crisis, el final del túnel sólo lo ven desde la parte alta de la pirámide pero la base de la misma, la que soporta el temporal y paga la estructura del estado no ve sino nubarrones con amenaza de tormenta. La justicia, en conclusión, es percibida como parcial porque se presiente la continua intervención del poder político y en esa alianza de intereses es imposible predecir un resultado honesto.

Tras el saqueo al que se ha sometido a España en los últimos años todavía nadie ha pagado las culpas del expolio. Por el contrario, hemos visto cientos de desahucios, despidos procedentes e improcedentes, encarcelamientos y causas contra manifestantes y huelguistas y un intento de criminalizar las protestas. De Francia llega un buen ejemplo, Sarkozy ha sido retenido, acusado de tráfico de influencias y de financiar ilegalmente su campaña presidencial y nadie arremete contra la imparcialidad del juez. Ya ven, como aquí, que la larga sombra de la financiación ilegal rodea la Moncloa y nadie sabe nada. Prietas las filas.

La guinda para adornar la crema del pastel judicial la ha puesto el caso Noos y la imputación de la infanta Cristina de Borbón. De las cosas sorprendentes que nos ha regalado este procedimiento, además de los sabrosos correos de Urdangarín y la vergonzante proclamación de inocencia de aquellos altos cargos políticos que pagaban al duque de Palma a cambio de humo, se encuentra la estimulante declaración de la infanta enamorada que, con un ataque de amnesia, pretende exculparse de responsabilidad. Hasta aquí llega la parte vistosa del sainete. Pero lo que asombra es que el fiscal anticorrupción de Baleares, Pedro Horrach, haya encontrado más argumentos para intentar desacreditar al juez instructor, acusándolo de prevaricador, que para representar dignamente al ministerio público. Como ha respondido el propio Castro, si cree lo que ha escrito, ya sabe lo que tiene que hacer, porque si no lo hace está él mismo desprestigiando su propia función. Si la justicia es igual para todos, la sentencia será la que corresponda en derecho. No debe haber miedo al juicio si es que vivimos en un estado sometido al imperio de la ley y no al que imponga una clase social dominante. No es de extrañar que muchos crean que estamos volviendo a la época del Lute, en la que mientras él iba a la cárcel por robar gallinas, en los salones del Pardo se convocaba a las élites y allí, reunidos los verdaderos delincuentes que saqueaban el país, brindaban con champán mientras sobornaban a los jueces.

Ver Post >
Tomarnos por tontos
img
María Antonia San Felipe | 28-06-2014 | 08:34| 0

Se atribuye a Ana María Matute, esa gran escritora que se nos ha ido, que escribir es también una forma de protesta  y que casi todos los escritores comparten el malestar con el mundo. Tiene razón, por eso ella construyó otros mundos seguramente para tratar de entender éste en el que vivimos. Como aprendiz de escritora, no dejo de sentir ese malestar general por el mundo en el que vivo. La ilusión de que el mundo cambiaría a mejor me parece hoy una utopía no sólo inalcanzable sino imposible.

            En España el estercolero moral en el que vivimos no para de crecer a la  velocidad del rayo. Si repasamos la semana no hay día sin sorpresa: 14 detenidos en UGT-Andalucía por la emisión de facturas falsas para cobrar fondos de formación, el portavoz del PP en el Senado está acusado de cobrar sobornos en la investigación del caso Pokemon, el asunto de los ERE impulsa la dimisión de Magdalena Alvárez, la trama Gürtel sigue apestando. Y ahora sale el increíble misterio de los 100 familiares de dirigentes del Tribunal de Cuentas que forman parte de su plantilla, un asunto que no deja de ser asombroso. Este organismo es el encargado de fiscalizar la legalidad de los gastos de todas las administraciones públicas y partidos políticos. Esto es de risa, en vez de Tribunal de Cuentas parece de cuentos, de cuentos chinos que nos están narrando como si fuera una historia inventada por nuestra querida Ana María Matute. Ésta es una prueba más de la desvergüenza general de nuestras instituciones. Allí donde más cautos, transparentes y ejemplares debían ser, es donde menos se practican esos principios. Pues ya ven, en el Tribunal de Cuentas se colocan los amigos y familiares como en el cortijo del señor marqués. Yo no salgo de mi asombro cada día una corruptela nueva y una grieta más en el edificio de nuestra débil democracia. Lo último conocido es el caso de los fondos de pensiones de los 39 eurodiputados españoles unidos a una Sicav luxemburguesa, con la única finalidad de tributar menos. Para colomo, el producto lo ofrecía el propio europarlamento. Ya ven, los burócratas de Bruselas nos demuestran, una vez más, que son unos linces y luego ¡hala!, a pedir austeridad a otros. Mientras la Agencia Tributaria poniendo anuncios de que si no pagamos el IVA, no hay escuelas ni hospitales. Yo pregunto, si el diputado de IU ha dimitido avergonzado por el mal ejemplo, ¿deben dimitir todos? Yo ya no me aclaro señores. Y por fin, la guinda del pastel: el juez Castro ha confirmado la imputación de la infanta Cristina, hija del Rey abdicado y hermana del Rey proclamado, por delito fiscal y blanqueo de capitales. ¿Alguien da más? Creo que si España parece un circo sólo nos falta que nos crezcan los enanos.

            En el centro del estercolero y tras el advenimiento de Felipe VI, apareció Montoro con su maletín repleto de trucos de magia, como el señor Barragán en el programa aquel de la tele No te rías que es peor y nos presenta una reforma fiscal que es un nuevo fuego de artificio. Lo que nos rebajan por un lado nos lo suben por otro y la parte central de la tabla, la que incluye a la mayoría de contribuyentes, va a seguir soportando el peso de la crisis y aguantando que encima nos tomen a todos por tontos. El mago Montoro ha diseñado esta operación de cara al año electoral que se aproxima, a ver si por la vía del bolsillo se nos olvidan los desmanes cometidos. Creo que esta forma insultante de hacer política mirando sólo a corto plazo y sin calcular los riesgos tiene que cambiar. Es necesario ejercer el poder con más responsabilidad y más equidad. Las cosas hay que hacerlas porque son necesarias y a beneficio del interés general y no sólo mirando a las urnas y prostituyendo el sistema. Mientras el mago Montoro juega a contar mentiras, Unicef recuerda que en España hay 2.306.000 niños viviendo en el umbral de la pobreza aunque el gobierno no se lo crea. Pero nada, no se preocupen que España avanza… avanza hacia los años cincuenta.

Ver Post >
Final de ciclo
img
María Antonia San Felipe | 21-06-2014 | 07:54| 1

La vida da vueltas sin que seamos conscientes de ello, aunque tengo la impresión de que este año 2014 estará marcado por una de esas líneas imaginarias que la historia traza para indicar el final de un ciclo. Pasadas las 6 de la tarde del 18 de junio el himno nacional ponía fin al mandato del rey Juan Carlos I. Seguro que la abdicación será un hecho reseñado por la historia pero para explicarla resultará obligado profundizar en lo ocurrido los últimos años en España. Los ciudadanos desde nuestra propia percepción de la realidad en que vivimos ya hemos advertido que la rapidez en la sucesión no se ha producido por mandato constitucional, sino por cuestión de oportunidad, ante el progresivo deterioro institucional. Hace tan solo unos meses España parecía un estanque tranquilo al que ni las continuas pedradas, en forma de recortes, desempleo y desigualdad crecientes, parecían alterar sus aguas. La ciudadanía mirando a su alrededor advierte que estamos regresando al pasado y no es sólo una sensación sino que las estadísticas confirman lo que tememos. Los últimos datos de Eurostat, ratifican que en términos de PIB per cápita hemos retrocedido al nivel de 1998, es decir, 16 años atrás en nuestra convergencia con la media del PIB europeo que conseguimos igualar en el 2002. Desde hace unos años todos los datos, no sólo los económicos, son abono para el descontento.

El resultado de unas elecciones europeas, calificadas como de escaso interés, han tenido unas consecuencias imprevisibles para los supuestos sabios que creen liderar socialmente este país. El terremoto ha sido tal que en menos de un mes, el Rey se ha ido y se ha coronado otro nuevo ante el temor a que la creciente ola republicana pueda llevarse por delante el artículo 1.3 de la Constitución de 1978. Es algo impensable hace unos años cuando creíamos nadar en la abundancia y la basura sobre la que estábamos instalados la tapaba el optimismo y la despreocupación. Asimismo, Europa, es decir el proyecto europeo, está altamente cuestionado por unos ciudadanos que no ven claro que los dirigentes europeos, además de ir a remolque de los acontecimientos, estén preocupados por el bienestar de una sociedad que ya no cree en milagros cuando, en todo el sur de Europa, se abren camino a pasos agigantados el hambre, la desigualdad y la restricción de los derechos democráticos. La posible gran coalición entre conservadores y socialdemócratas en Europa, al estilo genuinamente alemán, puede acabar de dar la puntilla a las esperanzas de un cambio en una política que hasta ahora no ha dado los resultados prometidos. Estemos atentos.

En España, la crisis del bipartidismo todavía no ha sido valorada en sus justos términos pero el tiempo, que es el que escribe la historia, señalará el año 2014 como el punto de inflexión de su hegemonía. El líder del PSOE se ha visto obligado a propiciar el relevo ante el descalabro histórico de un partido histórico, que durante años lideró y aglutinó en torno a él muchos anhelos ciudadanos. Retrasar desde hace años los cambios necesarios ha obligado a improvisarlos. En el proceso lucharán, como siempre, dos fuerzas contrapuestas: quienes quieren algunos cambios para que finalmente todo siga igual y quienes propugnan renovaciones más profundas para volver a conectar con una ciudadanía de la que llevan años alejándose. En el PP, disimulan. Como han ganado, aparentan no estar preocupados, pero lo están. Que nadie olvide que España es un país en el que es más fácil morir de éxito que de reconocer errores. Aquí nos gusta el espectáculo y ver caer a alguien desde lo más alto es siempre un estímulo para el que observa y si no, que se lo digan a “la Roja”, tras el batacazo en el mundial de Brasil. Presiento, en conclusión, que 2014 no va a pasar desapercibido ni en nuestras vidas ni en nuestra historia.

Ver Post >
La visible pobreza
img
María Antonia San Felipe | 14-06-2014 | 07:50| 0

Nuestros gobernantes nos quieren, de eso no hay duda. Están tan preocupados por nuestro bienestar que se han propuesto salvarnos de nosotros mismos. Temen que percibamos que vivimos en un país empobrecido y quieren escondernos la realidad. Pretenden construir un muro de apariencias y de engaños tan elevado que nos impida ver el creciente número de compatriotas pobres que viven entre nosotros. Pero no sólo lo hacen por nuestro bien, sino también por los pobrecitos pobres y, sobre todo, para que los más pobres de entre los pobres no adquieran conciencia de que lo son y conocedores de la fuerza del grupo se organicen para montarles una revolución de ciudadanos que, aunque pobres, exijan vivir con dignidad. El empobrecimiento de las familias es general en España, aunque es cierto que hay hogares en los que llueve más que en otros, pero también hemos aprendido en esta crisis que la vulnerabilidad de las familias ya no depende sólo de que tengan o no trabajo, sino de que el salario sea suficiente para sobrevivir.

Llevan tiempo las asociaciones de profesores y padres advirtiendo del problema de malnutrición infantil en España con el notable incremento de la desigualdad y la persistencia del desempleo. Son muchos los docentes que, a través de los medios de comunicación, han contado que cada vez más niños llegan a clase sin desayunar y que la única comida en condiciones que ingieren es la que reciben en el comedor escolar. La defensora del Pueblo, Soledad Becerril, se ha sumado a la petición de que permanezcan abiertos en verano los comedores tras reconocer la situación y tras las reiteradas quejas.

Hace unos días las Hermanitas de los Pobres de Málaga, que administran una residencia de ancianos, hicieron un llamamiento a través de un mensaje de móvil pidiendo leche y papel higiénico. En minutos comenzó el desfile de voluntarios por la residencia aportando cada uno su granito de arena. Un fin de semana sí y otro también las organizaciones Cáritas, Cruz Roja y el Banco de Alimentos realizan campañas de solidaridad para recoger comida, productos de higiene, alimentos para niños y todo tipo de productos básicos. La sociedad civil se está organizando con buena voluntad y notable éxito para ayudar solidariamente. Es cierto que hay quien alega que muchos tiran la comida o que los padres despilfarran en otras cosas innecesarias, puede ser, pero es mayoría la gente que recibe la ayuda con necesidad y agradecimiento.

Es este panorama el que los ciudadanos vivimos y percibimos con desazón y amargura, al tiempo que comprobamos el escaso interés de las instituciones por poner coto a un problema tan grave y tan hiriente socialmente. Los dirigentes del PP, el gobierno de Galicia y el presidente riojano Pedro Sanz, campeón olímpico de magia potagia y efectos especiales, se han declarado contrarios a esta solución de abrir los comedores en verano porque ello supondría “dar visibilidad a la pobreza infantil” además de dejar marcados a los niños para siempre. Es decir, no quieren que nosotros veamos ni que ellos vean que hay soluciones desde el estado para protegerles y no excluirles para siempre por miedo al qué dirán, ese viejo prejuicio inoculado desde siglos para que la víctima de un sistema social injusto se sienta culpable de su propio destino.

Están tratando de ocultar la pobreza con la misma diligencia con la que encubren la corrupción. El caso es que no veamos la cruda verdad que nos rodea. Nos protegen de nosotros mismos porque la certeza de la pobreza y la inmensidad de la corrupción nos pueden producir náuseas, dolor de cabeza y aversión al sistema. No se preocupen, que ellos van a ocuparse en solucionar el problema con discreción y en silencio, casa por casa, sobre por sobre, al fin y al cabo los pobres no tienen para comer pero también votan. Por favor, ustedes sonrían y no se me amontonen en el contenedor de basura.

Ver Post >
Cuando quieren, pueden
img
María Antonia San Felipe | 07-06-2014 | 06:48| 0

No es posible no darse cuenta de que ya nada será como fue, ni nada se hará como se imaginó, eso escribí el martes con motivo de la abdicación del Rey y hoy lo repito. Si nos trasladamos sólo cinco años atrás coincidirán conmigo en que la sucesión al frente de jefatura del Estado no hubiera sido igual. Seguramente, habrían preparado un relevo mucho más tranquilo y alegre, además de disponerse más fiestas de despedida y galas de bienvenida. Es cierto que la Corona ha contado tradicionalmente en España con un alto nivel de aceptación, pero también es evidente que, en los últimos dos años, su popularidad ha ido deteriorándose al mismo ritmo que la confianza en el actual sistema político. No es práctico arrepentirse de lo que debió hacerse y no se hizo, pero la rapidez en tramitar constitucionalmente el relevo demuestra un cierto nerviosismo. El todavía Rey ha percibido con claridad que en la sociedad española algo se está moviendo y por ello ha decidido acelerar el proceso porque es consciente, como dije el martes, que las mareas cuando suben son imparables y las mayorías parlamentarias, tal y como se han conocido en las últimas décadas, pueden variar para asombro de los líderes de los partidos mayoritarios, aunque no de sus militantes.

Dicen los dirigentes políticos que esta sucesión se hace en cumplimiento de la Constitución y Pérez Rubalcaba, consciente del sentir republicano de sus bases, apostilla que su apoyo es consecuente con el pacto constitucional que se hizo en 1978. Vale. Hace treinta y seis años se llegó a un amplio consenso que aceptaba la monarquía a cambio de un estado social y democrático de derecho. Los pactos y las palabras deben cumplirse, de acuerdo, pero siempre, no sólo cuando conviene. Tras el referéndum que ratificó la Constitución también se hizo un pacto con los ciudadanos y no hay duda que en los últimos años ese pacto se ha quebrado. La Constitución se esgrime cuando es preciso y se olvida cuando conviene. La ley orgánica de abdicación del Rey se va a tramitar a la velocidad del rayo y con un apoyo parlamentario más amplio que el que debieran suscitar asuntos mucho más perentorios para el bienestar de la sociedad española. De igual modo, en 2011, se modificó a toda prisa la Constitución para introducir el principio de estabilidad presupuestaria impuesto por Bruselas. Durante años nos predicaron que no era conveniente modificar la Constitución por el bien de la nación, pero se incumplió la palabra en cuanto Merkel apretó las clavijas al gobierno. Es decir que cuando ellos quieren no sólo se puede sino que se debe.

A estas alturas el pacto constitucional es ya parte de nuestra historia como lo son Juan Carlos I, Suárez y el resto de dirigentes políticos que lo fraguaron. A partir de ahora hay que dar por concluida una etapa y debe negociarse un nuevo pacto con la ciudadanía ya que nuestra democracia ha terminado siendo traicionada por sus supuestos guardianes. El nuevo edificio constitucional debe construirse sobre otros pilares y sobre otros principios que respeten los derechos básicos de los ciudadanos hoy sojuzgados. Para recuperar la confianza en las instituciones debe modificarse la Constitución, la ley electoral que debe recoger las listas abiertas y la limitación de mandatos, la ley de financiación de los partidos políticos, garantizarse la calidad de la sanidad y la educación públicas, la independencia del poder judicial y la dotación de medios suficientes para cercar la corrupción pública, etc. Aunque para empezar y para ello no es necesario cambiar leyes, los gobernantes debieran comenzar a ser más humildes, prescindir de tanto boato del que se han rodeado y, sobre todo, desterrar la mentira de su lenguaje engolado y vacío. En fin, que mientras coronan a Felipe VI se cerrarán los colegios y muchos niños perderán su única comida decente al día. La excusa será que para conseguir recursos hay que modificar el presupuesto y eso lleva tiempo. Ya saben ustedes que las cosas de palacio van despacio…cuando se quiere.

 

Ver Post >
Cuando sube la marea
img
María Antonia San Felipe | 03-06-2014 | 16:45| 0

Conocí al rey Juan Carlos I hace treinta años en Calahorra, cuando realizó su primera visita oficial a La Rioja. Yo siempre he sido republicana, así que antes de ir a recibirlo abrí mi caja, en la que guardo mi colección de pins y miré mi bandera tricolor con cierta sensación de pena pero aceptando la cruda realidad. La dejé en su sitio y me fui al Ayuntamiento para recibir a sus majestades en calidad de alcaldesa de la ciudad. Reconozco y confieso que, desde la noche del 23-F, el rey me caía bien. Su temperamento afable es cierto y así lo percibí en todo momento. He declarado, en otras ocasiones, que siendo republicana me sentía, como muchos españoles, juancarlista y, por ello, siempre le he tenido gran consideración y respeto como Jefe del Estado.

Nadie duda a estas alturas que su figura ha sido muy importante en la transición a la democracia de este país junto a la figura de Adolfo Suárez. Pero tengo la sensación, treinta años después, de que el ciclo de una generación que lideró la transición ha concluido en España. El fallecimiento de Suárez y la abdicación del rey marcan el fin de una etapa que alumbró, con el apoyo y la connivencia de todo un pueblo sediento de libertad. A fecha de hoy, esa democracia que creímos perfecta ha quedado tan marchita y deteriorada por los abusos de los resortes del poder que está pidiendo a gritos un cambio profundo en la arquitectura institucional.

En España han ocurrido tantas cosas y tan terribles en los últimos años que no es posible no darse cuenta de que ya nada será como fue, ni nada se hará como se imaginó. La primera etapa del reinado de Juan Carlos I será recordada en los libros de historia con más elogios que la segunda. Dicen que el rey tomó la decisión de abdicar a primeros de año, es posible, pero no es extraño que la haya materializado unos días después de las elecciones europeas cuando se ha constatado, a través de las urnas, el tremendo malestar que alberga la ciudadanía y la falta de respuestas que estaba recibiendo por parte de todas las instituciones del estado. La evidencia, reiteradamente negada, de que la corrupción está desestabilizando nuestra democracia por ausencia de transparencia y por la impunidad con la que los corruptos actúan y son amparados por sus iguales, lo crean o no, está quebrando no sólo el sistema político sino la paciencia del ciudadano que cada vez tiene más dificultades en su vida cotidiana.

Nadie ha hecho tanto en este país porque la causa republicana florezca con fuerza como los propios interesados en mantener la institución de la Corona. Tampoco es la primera vez en la historia de España que la corrupción mina la credibilidad de la institución monárquica. El rey seguramente ha visto, como más claridad que los partidos políticos mayoritarios, que puede venir una ola pidiendo cambios con tal fuerza que resulte imparable. Si varían las mayorías parlamentarias pueden modificarse las leyes y optar por solicitar al pueblo su opinión sobre si quiere vivir bajo una institución anacrónica, como es la monarquía, o si quiere elegir por votación directa al jefe del Estado. La Casa Real ha creído más práctico pasar cuanto antes la corona a Felipe, para que representando a una nueva generación trate de renovar la sintonía con el pueblo soberano, tras encerrar a Urdangarín en el cuarto oscuro del palacio. Tampoco deben los monárquicos, ni el gobierno, ni los partidos mayoritarios rasgarse las vestiduras porque muchos ciudadanos quieran ante esta decisión expresar su opinión en un referéndum y mucho menos quienes han permitido que la corrupción, la sensación de impunidad y la ausencia de transparencia carcoman y debiliten un sistema político que tanto costó construir y que tantos desvelos causó a muchos ciudadanos, incluido el rey.

Personalmente me quedo con el recuerdo de su primera época, cuando yo era más inocente que ahora y a lo mejor él también. Presiento que el rey sabe, por experiencia, que cuando sube la marea no hay quien la pare.

Ver Post >
De victorias y derrotas
img
María Antonia San Felipe | 31-05-2014 | 06:34| 1

La constatación evidente de que los dos grandes partidos, PP y PSOE, han perdido cinco millones de votos desde las europeas de 2009, con una participación semejante, pesa como una losa en los cuarteles generales de ambas formaciones hasta ahora dueñas absolutas del escenario político nacional. Por tanto, el resultado de la pasada contienda electoral arroja más damnificados que ganadores. Incluso los supuestos triunfadores exhibían una sonrisa forzada en la noche de autos ya que todo emanaba un fuerte olor a derrota. Aunque ya saben, Mariano Rajoy permanece impertérrito ante el desgaste y no tiene intención de modificar su política aunque, en la intimidad, seguro que tienen encendidas todas las alarmas del chiringuito de Génova, cuya reforma fue financiada, según la instrucción del juez Ruz, con dinero negro procedente de apaños ilícitos. Creen haber salvado los muebles y se sienten ratificados en sus recortes sociales, aunque al día siguiente el FMI ha vuelto a pedirles una vuelta de tuerca más. Veremos hasta donde aguanta la paciencia porque otra taza de aceite de ricino puede incendiar las calles.

Al otro lado, el PSOE ha cosechado una derrota histórica, en un partido histórico que lleva demasiado tiempo dando más importancia al aparato interno de su estructura de poder que al verdadero poder de la calle del que provienen las ideas, la frescura y la intuición para cambiar la realidad. Sin olvidar que, desgraciadamente, muchos de los principios de su ideario han sido traicionados por falsos socialistas que han enfangado el recuerdo del verdadero Pablo Iglesias. Rubalcaba ha tenido que rendirse a la evidencia, los votantes querían cambios y los cambios no llegaban. Comprobada la enorme distancia con la calle y perdidos millones de apoyos, ahora todos los dirigentes socialistas quieren votos directos para cualquier cargo, incluidos aquellos que han salvado el suyo gracias al voto delegado y tras haber amordazado a la militancia. En fin, las circunstancias mandan y las opiniones las impulsa el viento que sopla y el sol que más calienta. Veremos si, a medio plazo, recuperan el pulso de la calle y la confianza de sus defraudados votantes.

De los pequeños partidos poco hay que decir. Quienes se creían estrellas del firmamento, como Rosa Díez, brillan menos de lo esperado porque de pronto ha surgido con fuerza un partido desconocido, PODEMOS, con un líder que se ha mostrado muy atractivo para el electorado, que ha superado a UPyD y casi alcanza a IU. Un nuevo Pablo Iglesias ha irrumpido en el escenario político tras cosechar el voto de mucha gente defraudada y descreída. PODEMOS ha reunido las voluntades de quienes añoran cambios profundos en nuestra democracia y que no se sentían identificados con sus partidos de siempre. Quienes les han votado querían que su voto se oyera. Por la reacción de los dirigentes de otros partidos parece que el mensaje esta vez ha llegado alto y claro. Es muy pronto para decir si PODEMOS va a conseguir fraguar como proyecto de cambio entre la sociedad, eso lo dirá el tiempo. Para consolidarse necesita estructurarse en todos los territorios y no resulta tarea fácil conseguirlo ni encontrar líderes atractivos en los diferentes pueblos y ciudades de España. De momento ha suplido con imaginación su falta de recursos y concentrado el voto del descontento. A juzgar por las opiniones tan airadas y las críticas tan ácidas que ha cosechado, tengo la impresión de que a Pablo Iglesias Turrión lo están reforzando como líder político y ayudando a consolidar su partido. Cuanto más furibundos sean los ataques más reforzarán la identificación con sus propios votantes. Si alguien no lo conocía, al concluir esta semana va a tener un elevado grado de popularidad y aceptación entre la ciudadanía. Está claro que el domingo hubo un terremoto político en España, todavía no conocemos sus consecuencias, pero hay una cosa clara, las cosas cambian sólo cuando la gente quiere y el cambio de nuestra democracia ha comenzado. Lo digo por si alguno todavía no se ha enterado.

Ver Post >
Con los pies en el suelo
img
María Antonia San Felipe | 25-05-2014 | 11:01| 1

Dicen que este fin de semana hay más expectación por lo que pueda pasar en Lisboa en la final de la Champions, que por el resultado de las elecciones europeas. No obstante la tensión en los cuarteles generales de los grandes partidos crece con la incertidumbre. La campaña en general había sido de perfil bajo y ausencia de grandes mítines por miedo al pinchazo. Todo anodino y plano, hasta que habló Cañete y con él llego el escándalo. Resumiré diciendo que él solito se precipitó de bruces contra el suelo al pisar la cáscara del plátano que antes se había comido. Un resbalón en toda regla que ha demostrado dos cosas: primero que el machismo sigue vivo y que la autocrítica es algo imposible de practicar por esta casta política que lleva subida al coche oficial más tiempo que lo que la higiene democrática aconseja.

           En plena campaña también irrumpió el presidente de Uruguay, José Mújica, a través de la entrevista que le realizó Jordi Évole. A algunos les asombra que este hombre haya levantando tanta expectación y entusiasmo en las redes sociales y fundamentalmente en la izquierda. La respuesta a mí me parece sencilla. Mújica no sólo sorprende por la sencillez de su forma de vida sino porque su discurso rezuma naturalidad, su forma de expresarse en sincera y cercana, se nota que cree en lo que dice y que trata de acomodar sus palabras a sus hechos. No hay cosa más difícil que practicar lo que se predica, ni tampoco existe nada tan gratificante para la conciencia. Pero esto no abunda. Mújica no es un héroe, sino un luchador infatigable que se reconoce vulnerable porque hay resortes económicos y engranajes multinacionales que superan su control. Él lo explica y añade que con el “estado” hay que conseguir contrapesar procurando que exista un reparto equitativo que evite la creación de una “subhumanidad” abandonada y sin esperanzas. Mújica también reconoce errores y los expone y, al hacerlo, los comparte. En definitiva, sigue al pie de la letra la sugerencia de Juan de Mairena, heterónimo de Machado, cuando aconsejaba huir de los pedestales y sentenciaba, “nunca perdáis el contacto con el suelo porque sólo así tendréis una idea aproximada de vuestra estatura”. Sencillo y complicado en este mundo de apariencias y de infinitas mentiras.

          Al escuchar a este hombre una entiende mejor el desafecto y la desolación que se extiende por nuestro solar patrio. Se añoran perfiles de políticos en los que poder confiar. La abstención planea sobre estas elecciones como síntoma del tipo de enfermedad que padecemos. Algunos creen que la solución consiste en no ir a votar: ¡que les den! El problema es que las bofetadas sólo las recibimos nosotros. Porque en lo que quizás algunos no han reparado, es en que con menos votos pueden conseguir prácticamente el mismo número de eurodiputados gracias al sistema electoral y que con una mínima diferencia sobre el siguiente partido van a sentirse refrendados por la ciudadanía en sus políticas. Esa es la realidad y no otra, en los cuarteles generales de los partidos creen que sólo con esa franja de votantes que consideran “fieles” pueden solventar la papeleta y salir incluso reforzados. Es decir, que algunos están rezando para que sólo voten los que consideran “suyos”, así se perpetúan, se consolidan sus pretensiones y se fortalece el sistema que muchos ciudadanos creemos que se debe reformar. Quienes luchamos por conseguir una democracia no entendemos que se renuncie a ejercer un derecho que tanto costó lograr. Cada uno hará lo que crea conveniente, la libertad individual es sagrada, pero yo miro al pasado y observo que jamás nada cambió en la historia sin pelea constante y protestas persistentes. Aunque, está claro, que cada uno es muy libre de resignarse y quedarse tumbado en el sofá

Ver Post >