La Rioja
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Letra pequeña
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María Antonia San Felipe | 12-08-2017 | 07:57| 0

rajoy-puigdemontLa letra pequeña es algo en lo que no solemos detenernos en este loco mundo de la información que se transforma a la velocidad de la luz. Consumimos grandes titulares y despreciamos los jugosos detalles de las cosas que, a la postre, son los ingredientes auténticos de lo importante. Sorpréndase conmigo querido lector al conocer que, según el barómetro de julio del Centro de Investigaciones Sociológicas, intranquiliza más a los españoles “la crisis de valores” (2,7%), que la “independencia de Cataluña” (2,6%). A casi nadie desazona el tema catalán comparado con el 70,6% de españoles preocupados por el paro o el 45,3% de los alarmados por la corrupción. Sinceramente no sé si esto es bueno o malo, pero asombra la distancia entre la política y la calle, el ruido mediático y la vida cotidiana.
           No deja de ser chocante que los españoles contemplen sin desasosiego el espectáculo que tantos y tan encontrados sentimientos parece producir desde hace años y que está en el punto más álgido de tensión de los últimos tiempos. Los ríos de tinta, las largas polémicas televisivas y radiofónicas añadidos a los sesudos argumentos no parecen influir en el estado de ánimo de la ciudadanía que lo sitúa al mismo nivel que su desvelo por un concepto tan abstracto como la crisis de valores del mundo actual. Reír o llorar, esta es la cuestión.
           Los independentistas buscan urnas para votar y argumentos para convencer, los unionistas esgrimen los artículos de la Constitución y el derecho internacional y los más templados aventuran salidas imaginativas que hagan posible un marco de naciones múltiples que salvaguarde la idea envolvente de la España común. Mientras prosigue la guerra de argumentos, la inmensa mayoría de los españoles solo piensa, según el CIS, en dos cosas: conservar o conseguir empleo y confiar en que los corruptos no le roben demasiado.
           En este calorín andaban los españoles mientras extendían la toalla en la playa o tomaban una caña en la terraza del bar mientras elucubran con los amigos sobre cómo solucionar los problemas del país, cuando hemos conocido, con asombro, que al presidente del gobierno le ha sobrevenido un lumbago antes de ir a visitar al Rey. Parece ser que lo abultado de la mochila en la que transportaba los problemas que lleva tiempo eludiendo le ha producido una lesión más grave que la infligida por los casos de corrupción que afectan a su organización.
           Una vez recuperado el temple a nadie ha sorprendido que Rajoy le haya dicho al Rey que él es partidario de no hacer nada. No sabemos si es por prescripción médica o porque piensa seguir haciendo lo mismo que hasta ahora. El presidente sigue confiando en que el tiempo y el aburrimiento disuelvan, por agotamiento, el problema territorial del Estado español y frenen a sus mejores aliados que no son otros que los propios independentistas que, gracias a su inactividad, han crecido como setas. El caso resulta realmente llamativo, mientras unos viven instalados en la prisa y corren a la velocidad de Charlot en las películas de cine mudo; otros, con el presidente del gobierno a la cabeza, esperan tumbados a que se estrelle el tren contra la legalidad imaginando que ahí terminará el problema. Tengo la impresión de que unos contra otros y todos en contra del sentido común han destrozado el entendimiento que es la única forma de garantizar la convivencia.
            O todos están locos o todos nos engañan. Pudiera ser que todo este despropósito sea un invento coordinado entre unos y otros para distraernos mientras expolian nuestros derechos y dilapidan nuestros impuestos en perfecta sintonía, aquí y allí. No olvide nadie que los platos rotos siempre los pagan el pueblo, los pueblos, el ciudadano, las personas porque de sus decisiones siempre nos ocultan lo importante: la letra pequeña.

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Cómplices
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María Antonia San Felipe | 04-08-2017 | 18:57| 0

corruptos-¡Todos han robado!, los unos y los otros, los de aquí y los de allí, los del norte y los de sur.
           Con tan endeble y repetido argumento me dicen algunos lectores que no soy ecuánime porque creen que critico demasiado a unos y menos a otros.
           -Mire usted, he escrito de Rajoy porque es el primer presidente del gobierno que va a declarar ante el Tribunal Supremo por la corrupción del partido que nos gobierna. Escribo de Blesa porque se suicidó hace unos días, de Villar porque lo detuvieron la semana pasada, de Rato y de Ignacio González porque lo llevan a la cárcel, de Granados porque ingresa en la misma prisión que inauguró, de…
           A sí que al calor del verano me ha dado por pensar en este asunto. Imagino que todos estaremos de acuerdo en que dilapidar, robar o malversar el dinero público, el que procede de nuestros impuestos, es decir, del sudor de nuestra frente, lo mismo que utilizar el cargo en beneficio propio está mal, rematadamente mal y además de ser delitos tipificados en el Código Penal. Supongo que también coincidiremos en que lo dicho está fatal lo haga quien lo haga, porque el delito no es menor porque uno sea rubio o moreno, alto o bajo, de derechas o de izquierdas, nacionalista o populista. Y porque la corrupción de unos no tapa la de otros, ni el mal queda minimizado por la afiliación política del ladrón, del malversador o del prevaricador.
           Pero en este país nos gusta más dilapidar al prójimo que asumir nuestros errores,  por eso, existen diferentes reacciones ante la corrupción. Por ejemplo, hay gente que cuando roban aquellos a los que no han votado nunca ni tienen intención de hacerlo jamás, piden para ellos las penas más duras, el repudio público y la intervención de la Inquisición. Pero si los que roban, prevarican o malversan son aquellos a los que ha votado y piensa seguir votando aunque le requisen su propia cartera del bolsillo, entonces dicen: -Como todos roban, al menos que me roben los míos. Minimizando la trascendencia del delito, se disculpa como si fueran travesuras de adolescentes. Se sigue votando a quien se corrompe y consideran que las urnas absuelven de los delitos cometidos.

           Si vuelven a ganar las elecciones se argumenta que los votantes les han perdonado las travesuras y se hace borrón y cuenta nueva. Tampoco faltan aquellos a quienes les da igual que sean unos u otros los protagonistas del latrocinio, se decantan porque caiga sobre ellos el peso de la ley y punto. También hay a quienes les importa un bledo lo uno y lo otro. Sorprende, por ello, que según las encuestas la corrupción sea uno de los problemas que más preocupan a los españoles.
           Si le damos vueltas al asunto sin los apasionamientos que nublan la razón, observaremos que, al tiempo que los ciudadanos sufren las graves consecuencias de una crisis económica muy larga, se ha descubierto tan ingente cantidad de casos de corrupción que no queda institución del Estado sin contaminar. De la monarquía hacia abajo, incluyendo al estamento financiero (cajas de ahorro), al poder judicial y hasta el fútbol. Si uno no puede fiarse de nadie esa sensación conlleva un deterioro evidente de la política y de la arquitectura institucional que nace de la Constitución.
           No es bueno hacer como que no vemos, debemos ser sinceros y reconocer que si terminamos tolerando la corrupción como un mal menor, si disculpamos y absolvemos socialmente a los corruptos seremos cómplices de dinamitar la esencia del único sistema político que puede proteger nuestra libertad, nuestros derechos y nuestro bienestar: la democracia. Sin olvidar que la política debe ejercerse desde la nobleza de los principios éticos con ejemplaridad. La resignación no es el camino, o combatimos la corrupción como práctica política y saneamos el sistema o la corrupción acabará por devorarnos y lo que viene detrás ya lo conocen. Yo me niego a guardar silencio.

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Asombrados
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María Antonia San Felipe | 28-07-2017 | 19:30| 1

blesa-rajoyDescerrajarse un tiro en el pecho no debe ser tarea fácil aunque esa fue la decisión última y final de Miguel Blesa. También debió ser muy difícil colocarse la soga alrededor del cuello para ese hombre de 55 años, cuyo nombre nadie recuerda, que en Alicante, el 13 de febrero de 2013, fue encontrado ahorcado por la comisión judicial que se disponía a hacer efectivo el desahucio de su vivienda.

Ambos ejercieron su libertad, aunque el hombre anónimo no tomó la decisión de perder su empleo y quedarse sin ingresos para pagar la hipoteca. La vida hizo planes por su cuenta, sin que él resolviera darle su consentimiento. Miguel Blesa procedió libremente el 19 de julio pasado como lo hizo cuando se aventuró a burlar todos los códigos éticos y legales desde la presidencia de Caja Madrid, adonde llegó de la mano de su amigo José María Aznar en 1996. Sabemos desde la antigüedad que, como cualquier pacto con Mefistófeles, en un momento determinado de la vida el pago será reclamado. La Justicia y la sociedad, aflorada la verdad, le exigieron que asumiera el precio de sus decisiones y sentenciaron la pérdida de los oropeles del poder y limitaron esa libertad que ejerció creyéndose en la cúspide de la impunidad. A Miguel Blesa debió parecerle más liberadora la muerte que la losa de la conciencia y más reconfortante que la estancia en la prisión de Soto del Real.

Toda muerte deja un halo de melancolía pero la condescendencia que puede producir su crudeza no puede borrar el pasado ni dulcificar el presente. Miguel Blesa es uno de tantos ejemplos de ascensión meteórica a puestos relevantes de supuestos expertos que, en realidad, no eran entendidos en nada. El tiempo ha demostrado que una mayoría eran arribistas sedientos de dinero y de privilegios en este bucle infernal del capitalismo de amiguetes que se ha practicado en este país hasta poner en situación de quiebra, tanto económica como política, al propio Estado.
El otro buen ejemplo, que solo sorprendió a los más incautos, es el de Ángel María Villar, el presidente eterno de la Real Federación Española de Fútbol. Es posible que el exfutbolista llegara a la presidencia para renovar el mundo del fútbol pero su prolongado mandato ha favorecido no solo la corrupción sino la creación de una red clientelar que lo perpetuaba, mandato tras mandato, elección tras elección en la cúspide del “fúrbol”. 

Esto también es viejo, así se ha sustentado el poder a lo largo de muchos siglos, yo te hago un favor  con dinero ajeno y tú me lo debes. Compramos silencios y fidelizamos voluntades y aquí paz y después gloria. Pero la gloria también es efímera y en el corralito del “fúrbol” hacía tiempo que olía a corrompido y, no nos engañemos, hay cosas con las que nadie quiere meterse y este territorio ha estado blindado durante muchas décadas a una auditoría seria de sus cuentas y a un control democrático de sus instituciones. Las casis tres décadas de Villar al frente de la Federación son la demostración empírica de que es necesario en este país imponer la limitación de mandatos para todo. Es la mejor manera de mantener ventilados los cargos e instituciones sin que terminen por pudrirse contaminando a todos.

Durante mucho tiempo ha habido demasiados ojos cerrados, demasiada gente que no oía, ni veía, solo callaba. En España hay demasiados sordos, ciegos y mudos, hay mucha tolerancia con la corrupción y escaso nivel de exigencia. En la cúspide de la nación tenemos la guinda de este pastel de mierda: Mariano Rajoy. El presidente del gobierno es el único jefe del mundo que siendo jefe nada sabía, nada veía, nada escuchaba sobre la financiación ilegal de su partido. Vivir ignorando no te convierte en ignorante pero si en cómplice necesario de la perpetuación del basurero. Hoy en el PP hay un líder que niega lo que todos vemos. Desgraciadamente, lo único cierto es que hemos vivido muchos años no por encima de nuestras posibilidades, sino a la sombra de infinitas mentiras que todavía hoy nos asombra que sean verdad.

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Españolitos
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María Antonia San Felipe | 21-07-2017 | 19:13| 0
miguel-angel-blanco

Miguel Ángel Blanco

La posición firme de los españoles siempre es contra algo, sostenía Machado en su Juan de Mairena y probablemente tenía razón. Parece que en la plaza pública lo importante no es cómo son las cosas, sino quien está más en contra de tal o más a favor de cuál. Destacar sobre el otro, diferenciarse un punto más o, como diría aquel, yo siempre dos huevos más. No puedo obviar que estas cosas conducen a la desesperanza.
           El éxito obtenido por la novela de Fernando Aramburu, Patria, más allá de su calidad literaria, me hizo pensar que con ella estaba ocurriendo como cuando uno tiene una pena que lo angustia y necesita verbalizarla, contarla a un amigo para poder comenzar a superarla. Ese efecto galvanizador creo que tiene una novela de ficción que es una crónica muy pegada a la realidad psicológica y sentimental de la Euskadi envenenada por el protagonismo central de ETA en su devenir cotidiano.
           El 28 de junio en el ayuntamiento de Rentería, el alcalde de EH Bildu, Julen Mendoza, rindió un homenaje, acordado con los familiares de las víctimas, a tres de sus vecinos asesinados por ETA: Manuel Zamarreño y José Luis Caso, concejales del PP y Vicente Gajate, policía local afiliado al PSOE. Los dos primeros fueron ajusticiados después de Miguel Ángel Blanco y el tercero, en 1984. Ha sido un gesto sin precedentes que un partido como EH Bildu, con sectores todavía reacios a condenar la violencia y los asesinatos de la banda terrorista pese a la evidente derrota de la organización. A mí este pequeño gesto me pareció que, aunque sea tarde, ha llegado y que hay gente dispuesta desandar el camino y a reconocer sus errores que no son pequeños, que quebraron la convivencia durante varios lustros y dejaron más de 800 muertos.
           Después llegó el 13 de julio, fecha en la que se cumplía el 20 aniversario del secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco a manos de Francisco Javier García Gaztelu, «Txapote». Es cierto que este hecho marcó un punto de inflexión en la lucha contra ETA, que fue una conmoción en todo el país y que llenó las calles de actos de condena y repulsa pero, cuatro lustros después, la utilización partidista de un compatriota asesinado vuelve a abrir trincheras dialécticas y tensiones políticas. Parece que, ahora que ETA es solo un doloroso recuerdo, todavía hay quien se empeña en repartir carnets de buenos ciudadanos exagerando diferencias que en el fondo no existen. La polémica en torno a la posición de la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, es el mejor ejemplo de una divergencia gestual que en vez de sumar, resta; en vez de unir, separa. La exjueza, Carmena sobrevivió a un atentado de la extrema derecha en la conocida matanza de Atocha (1977) y estuvo amenazada por ETA en su etapa judicial. No creo que haya nadie tan partidario de la no violencia. El problema es que, regreso a Antonio Machado, contra algo o alguien algunos se creen más.
           Y en este clima, llegó el 18 de julio, fecha inscrita en nuestra historia con ribetes de tragedia. La sublevación de algunos mandos militares contra el gobierno de la II República derivó en una Guerra Civil cuyas heridas todavía permanecen abiertas. El entierro, el pasado 2 de julio, del padre de Ascensión Mendieta, una mujer que a sus 91 años ha podido dar sepultura a su familiar en el cementerio de La Almudena (Madrid) tras haber sido fusilado en noviembre de 1936, es una prueba de lo mucho que queda por hacer. Cada familia tiene sus muertos y todas ellas tienen el mismo derecho a llorarlos, a recordarlos y a enterrarlos. La dignidad humana debiera permanecer alejada de los intereses políticos y de quienes se esfuerzan en reescribir la historia a su antojo.
           Por todas estas cosas a veces me pregunto si este país de malquerencias encontradas tiene remedio. Recuperando de nuevo a Machado, convendremos que podemos considerar patriota a quien, por pasión, oculta y evita criticar nuestros defectos, pero solo será un buen español si trabaja por superarlos. Este es el reto que nos debemos a nosotros mismos si queremos respirar la libertad de nuestro propio futuro.

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Ascensión Mendieta en el entierro de su padre

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Trabajar el futuro
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María Antonia San Felipe | 08-07-2017 | 21:00| 0

europarlamentoEn ocasiones una noticia menor te impacta y te empuja a hacerte preguntas. Por ejemplo, vemos el hemiciclo del Parlamento Europeo vacío mientras en la tribuna de oradores un señor se esfuerza en hablar ante nadie y, de pronto, el cabreo surge de forma natural, como si lo hubiera convocado el asombro. El primer ministro de Malta, Joseph Muscat rendía cuentas a nadie sobre los seis meses de presidencia y a nadie le importaba porque nadie había. El ciudadano se indigna y se pregunta: ¿Por qué no nos entienden, por qué no ven que nos duele su ausencia del puesto de trabajo? La respuesta es sencilla, simplemente no dan importancia a lo que nosotros consideramos relevante y eso ocurre porque cada vez están más lejos, no en distancia kilométrica sino en porcentaje de intuición política.
          Los eurodiputados se muestran tan distantes del trabajador como del autónomo, del abogado como del médico, del barrendero como del maestro. Es tal la lejanía que no es extraño que en la Unión Europea y los países que la integran se viva una deriva política que resulta más sencillo describir que solucionar. El abismo entre la clase política y los ciudadanos, entre los representantes y los representados se incrementa por ausencia de sintonía.
           Por eso, el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, se mostró sorprendido cuando el presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, al comprobar que de los 751 diputados solo asistían a la sesión una treintena, se enfadó y afirmó que aquello era “ridículo”, exageradamente “ridículo”. Sin duda una falta de respeto a los países pequeños ya que, añadió, “Si el señor Muscat fuera la señora Merkel, algo difícilmente imaginable, o el señor Macron, más imaginable, hubiese encontrado una Cámara llena”.
           Sin embargo, quienes vemos la imagen no solo lo consideramos una falta de respeto al orador sin público sino un insulto a los ciudadanos, cuando a los trabajadores se les pide, en toda Europa, compromiso y dedicación a su trabajo para poder conservarlo, en muchas ocasiones, con salarios exiguos y condiciones laborales mucho menos favorables que las de los señores eurodiputados.
           Dicen que los señores europarlamentarios estaban haciendo otras cosas pero según Junker, si hubiera estado otro jefe de estado como Merkel, las ausencias hubieran sido menos abultadas. Es cierto que, a veces, las apariencias engañan pero las imágenes del vacío parlamentario que se repiten habitualmente son demoledoras. Europa camina a la deriva desde hace tiempo y la prolongada crisis nos ha mostrado las goteras del edificio, que son muchas. Los movimientos antieuropeos y ultranacionalistas están amenazando y minando el proyecto común y poniendo en riesgo el espacio democrático más estable desde la Segunda Guerra Mundial, pero la falta de respuestas coherentes de las élites políticas de la burocracia europea también.
           Seguramente Juncker quiso llamar la atención de sus señorías porque ahora que Trump se acerca a Putin y que la Gran Bretaña, se separa del proyecto europeo, es cuando más necesaria es una Europa fuerte y cohesionada. El primer reto, al que parecen dar poca importancia los eurodiputados ocupados en no se sabe qué, es aproximarse más a sus propios electores. Es tiempo de que, en vez de pelear por ir en las listas de sus partidos en puestos de salida, se preocupen de sintonizar la misma frecuencia vital que sus electores. Ellos también tienen un contrato con nosotros y queremos verlos en sus puestos de trabajo actuando con diligencia. Al fin y al cabo, aunque ellos no parecen darle importancia, de sus decisiones no depende su generoso sueldo sino algo más importante: nuestro futuro.

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La bomba
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María Antonia San Felipe | 08-07-2017 | 07:08| 0

junqueraspuigdemont-655x368De nuestra primera Constitución (1812), ya saben, “la Pepa”, la de Cádiz, hay un párrafo que siempre me gusta releer, es su artículo 13. Un número mágico con un texto deliciosamente voluntarista e imposible: “El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen”. Es sencillo coincidir con nuestros antepasados en que finalmente a todos los individuos les mueve el deseo íntimo de conseguir la felicidad y para sustentarla hay que tener posibilidad de construir una vida con recursos propios. No es de extrañar que el último barómetro de CIS nos cuente que el 71,2%  de los españoles considera que el principal problema que tenemos es el paro. La gente quiere trabajar para vivir e intentar ser, al menos, medianamente feliz.

           Es por eso que casi 3 de cada 4 españoles tiene miedo al paro y solo 1 de cada 100 (1,2%) está preocupado por la independencia de Cataluña, el dato es todo un síntoma. Pese a la gravedad de la deriva que está tomando el tema del independentismo catalán la mayor parte de la ciudadanía está preocupada por su trabajo y, con enorme sentido práctico, no considera un riesgo la posible desconexión de Cataluña.

           La Generalitat está llevando el denominado “procés” al límite, pero la tensión también está minando al gobierno de Puigdemont, ya de por sí, inestable y secuestrado por los anticapitalistas de la CUP, una alianza que se está demostrando nociva para el nacionalismo de la burguesía catalana tradicional a quien estas urgencias, sin cobertura legal, la está dividiendo. A veces las prisas actúan como un boomerang y se vuelven contra quien lo lanzó como una bofetada del destino. El cese de un consejero del gobierno, Jordi Baiget, reconociendo que quizás el referéndum no pueda celebrarse es una muestra palmaria de la endeblez del proceso. Cualquiera con sentido común que sabe cómo se preparan unas elecciones libres intuye los peligros de pretender correr más de la cuenta.

           Aunque desde los portavoces del independentismo, incluido Pep Guardiola, se hable de que España es un estado “opresor” y “autoritario” la realidad desmiente tan exagerada mentira. Una cosa es que muchos consideremos que España debe mejorar su calidad democrática y otra afirmar que vivimos en un estado en el que no se respetan los derechos humanos ni las libertades civiles. En fin, sería mejor que algunos dejaran de frivolizar con estas cosas en un país que salió de la dictadura hace ahora cuarenta años y que sufrió la represión de un estado autoritario de los que se estudian como ejemplo en los libros de historia.

          Al final, abrir colegios electorales sin censos, sin funcionarios y sin cobertura legal puede resultar un fraude decepcionante precisamente para quienes desean que triunfe el sí y declarar la independencia. Una nación que añora ser un nuevo estado no puede fundarse en una mentira y en una acción que viole la legalidad si pretende quedarse en Europa y ser reconocido como tal. Lo que mal empieza mal acaba y esto bien no va a terminar.

          En el otro lado, el gobierno del PP debiera caminar con más cautela, al fin y al cabo, el independentismo y los independentistas se han fortalecido mientras Rajoy pilota la Moncloa. Una cosa será que los partidos mayoritarios apoyen al gobierno frente a una posible declaración unilateral de independencia, cada vez más improbable, y otra que se dé el visto bueno a su propia negligencia. Estamos ante el evidente fracaso de dos gobiernos ciegos que se retroalimentan el uno al otro para modelar sus propias identidades. Los dos están jugando a enfrentar los sentimientos y las emociones de la gente sin tratar de comprender su malestar, la tensión les da fuerza pero ambos deben saber que una vez que se ha soltado la espoleta es muy difícil evitar la explosión de la bomba.

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Tiempo de insolencia
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María Antonia San Felipe | 01-07-2017 | 08:11| 0

barcenas-2Dicen que no nos acordamos de los bosques hasta que se queman, con la corrupción nos pasa lo mismo, hasta que no han ardido las entrañas del sistema no nos hemos dado por enterados del barrizal en el que vivíamos. A lo mejor nuestra curiosidad evitaba saber la verdad y ahora somos conscientes de que, gracias a ese inmenso océano de indiferencia en el que nos movimos la ciudadanía, algunos fueron haciendo de su capa un sayo, forrándose a nuestra costa con la colaboración de nuestra indiferencia.

Esta semana, el prototipo de millonario que ha amasado una inmensa fortuna a la sombra del PP, Luis Bárcenas, ha comparecido ante una comisión de investigación del Congreso con la chulería propia de quien nada teme. En realidad, Luis Bárcenas lleva mucho tiempo cabalgando sobre la impunidad. Como le recomendó Mariano Rajoy, ha aprendido a ser fuerte porque nuestro sistema es débil y nuestra memoria frágil. Su fortaleza hunde sus pilares en la certeza de que el miedo en el cuerpo que recorrió a la cúpula del PP ha convertido en gatitos a quienes, insultándolo como si jamás lo hubieran conocido, aparentaban no ser cómplices necesarios y beneficiados últimos de sus aparentes tropelías. Ganaron las elecciones; Rajoy, resiste y el miedo quedó enterrado entre la basura.

Así que en el Congreso no es que hubiera reparto de papeles, simplemente hubo coincidencia en la táctica y en la estrategia entre el que tenía que dar explicaciones, Luis Bárcenas y quien debía ser el más interesado en exigírselas, el PP, si fuera verdad todo lo que nos han dicho hasta la fecha. En este clima de connivencia entre compañeros de organización tanto Luis Bárcenas como los portavoces del PP se escondieron tras el silencio respecto a la financiación ilegal de su partido, las comisiones, los sobresueldos en cajas de puros de los ministros y otras miserias conocidas. El espectáculo no es que fuera indignante, fue directamente insultante. Bárcenas se instaló en el mutismo pero, más allá de su estrategia judicial, su silencio gritaba por sí solo acompañado de gestos de desprecio. El mensaje era sencillo:
           -¡Pobres diablos! A mí no me acongojan estos ilusos.

Claro que no, sabíamos que era un sinvergüenza ahora comprobamos que también es un perdonavidas que se sorprende de que alguien ponga en tela de juicio sus andanzas por las cloacas del sistema para forrarse. Por su parte, el portavoz del PP, enardecido por el silencio de su antiguo correligionario, en vez de emplear la dureza que tan indecente asunto requiere, se lanzó a contar lo bien que va España. Viento en popa a toda vela, gracias al PP. El silencio de Bárcenas alentaba vientos de propaganda para evitar irritar al compareciente no fuera a soltar alguna pedrada sobre el frágil tejado del presidente Rajoy, el verdadero jefe al que todos sirven y protegen.

           No hay que ser un lince para deducir cuánto mejor estaría este país si todo el dinero desviado de las arcas públicas y toda la variedad de sinvergonzadas que hemos soportado hubiera financiado la economía social y los servicios públicos. Los silencios del PP y de su extesorero iluminan la certeza de un pacto tan obsceno y degradante para quienes lo han aceptado que nos muestra, de forma descarnada e hiriente, una España que debe ser enterrada para siempre.

           Esta semana en el Congreso, el mismo lugar en el que Bárcenas se rió de la soberanía popular, se ha celebrado el 40 aniversario de las primeras elecciones democráticas tras la dictadura franquista. España ha cambiado mucho pero ya no podemos permitir que quienes se han hecho fuertes en las trincheras de la corrupción y quienes los encubren, sigan minando una democracia todavía vulnerable. Hay que poner fin al tiempo de la insolencia mandando al infierno la chulería del insolente y de quienes lo protegen para salvarse.

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Un tiempo que ya no existe
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María Antonia San Felipe | 24-06-2017 | 06:52| 0

pedro-sanzEsta es la crónica de un tiempo que ya no existe. Puede que movida por la nostalgia decidiera asistir, el 15 de junio, al pleno del Parlamento de La Rioja en el que se sustanciaba la reprobación del que durante veinte años fuera el omnipresente presidente de La Rioja, Pedro Sanz. Es sabido que esa desaprobación parlamentaria solo es una especie de reprimenda sin efectos jurídicos pero, indudablemente, no fue un buen día para un hombre acostumbrado a mover personalmente todos los hilos políticos de esta región. Pedro Sanz no tuvo la valentía de escuchar la censura sobre su chalet ilegal o la financiación de la sede del PP, por parte de los grupos parlamentarios a través de una propuesta materializada por Podemos y votada, en la parte de la reprobación, por Ciudadanos y el PSOE. Por eso, Pedro Sanz, popularmente llamado Pedrone, abandonó el hemiciclo huyendo de las palabras como quien huye del incendio que lo devora y que ya no puede controlar pese a haber ostentado el poder absoluto en esta región.
          Así que, el mismo día en que se cumplían los cuarenta años de que los españoles votaran las cortes constituyentes de 1977, mientras el popular Pedrone huía por la puerta trasera del hemiciclo, yo llegué a él para recordar otra fecha del pasado. El 7 de diciembre del año 2000, día en que se celebraban los actos del día de la Constitución, se recibía en el parlamento riojano al ministro Ángel Acebes, el mismo que esta semana ha prestado declaración en el juzgado por el sumario sobre corrupción del caso Gürtel, ya ven ustedes las vueltas que da la vida. Acebes llegó precedido por el presidente Sanz que, con su habitual falta de educación, se negó a saludar a quienes no le gustaban. Entre los castigados por su rencor estaba quien esto escribe.
          Sanz, en los momentos álgidos de una gloria que él creía eterna, ideó la ejecución de una venganza parlamentaria para reprobar a la diputada que denunciaba la adjudicación de importantes contratos de la Consejería de Salud a una empresa de la que era accionista el propio consejero. Hoy hubiera sido un escándalo de primera magnitud por el clima de crispación que produce la corrupción política pero, en ese tiempo que ya no existe, era posible darle la vuelta a la tortilla. A nadie le importaba, así que en vez de cesar al Consejero, se pidió la reprobación de esta columnista, entonces diputada socialista.
Para poder “censurar” a la parlamentaria que denunciaba irregularidades de su gobierno, Pedro Sanz, con su larga mano, consiguió que sus compañeros al frente del Parlamento forzaran el Reglamento y se admitiera una propuesta que no tenía precedentes. Digo forzando el Reglamento e incluso el sentido común, porque lo natural en un parlamento que tiene entre sus funciones la de controlar al gobierno, era reprobar al Consejero que adjudicaba obras de forma irregular y no a quien, lo denunciaba.
          En este nuevo tiempo, diecisiete años después, ese precedente parlamentario que promovió mi reprobación, aunque nunca llegó a efecto, es el que ha permitido tramitar el tirón de orejas a Pedrone. Casi siempre el pasado regresa, a veces, en forma de venganza y otras, de reparación del daño producido. Es lo que tienen los caprichos del tiempo.
          He aprendido que hoy nadie hubiera aplaudido ni consentido, como se hizo entonces, la salida de tono de Pedro Sanz pero es que el tiempo de la política no es el tiempo de la historia. De las risas del cortoplazo pasamos a la perspectiva que da el transcurrir del tiempo, se ve con más claridad la realidad y con más crudeza los hechos. Por eso, esta crónica es la de un tiempo que ya no existe aunque quienes quedaron seducidos por la telaraña del poder crean que siguen siendo el centro del universo. En el pasado, hasta los dinosaurios perecieron y, aunque sonreímos al recordarlos, ya no nos alcanzan ni aun en los sueños.

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Tiempo de decepción
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María Antonia San Felipe | 17-06-2017 | 06:33| 0

rajoy-y-granadosEn la vida cuando una puerta se cierra, otra se abre. Al tiempo que concluía la votación de moción de censura de Podemos contra Mariano Rajoy, se cerraba la puerta del Congreso y se abría la puerta de la prisión de Estremera para que Francisco Granados, presunto cabecilla de la trama Púnica, pudiera respirar al aire libre tras depositar una fianza de 400.000 euros. ¡Qué cosas tiene la vida! Ha podido Granados comprobar de primera mano el buen estado de las obras de la cárcel que él mismo inauguró en julio del año 2008, cuando era consejero de Justicia de la Comunidad de Madrid. Como conoce la administración y sus recovecos podrá ejercer de Defensor del Preso y encauzar las reivindicaciones de los reclusos, sus nuevos compañeros.
           Granados no es el único, muchos antiguos altos cargos del PP siguieron desde las diferentes cárceles el debate parlamentario, en otros tiempos lo hubieran visto desde el propio hemiciclo o en lugares preferentes. Hoy lo hacen desde la sala de televisión de Soto del Real, Alcalá de Henares, Estremera y otros lugares de retiro carcelario. Hace mucho calor pero ellos han sentido el frío y la sonrisa hipócrita de sus excompañeros cuyas campañas electorales contribuyeron a financiar, al tiempo que se enriquecían. Unos negocios muy convenientes para todos.
           En la parte glamurosa y fingidora del actual PP se dice que Mariano Rajoy, rodeado de basura por todas partes, ha ganado el debate y ha salido reforzado como si de un d’Artagnan parlamentario se tratara y Rafael Hernando, fuera su fiel mosquetero. Dice Rajoy, desde la soberbia, que se ha vencido a los radicales y extremistas pero a los españoles, a los que se les han mostrado los pañales sucios de quienes nos gobiernan, hubieran preferido que él hubiera sido un poco más radical contra las comisiones ilegales que financiaban su partido. Puede que la corrupción siga sin castigarles electoralmente pero estar inmersos en ella es un lastre muy difícil de superar porque cada día hay un escándalo que no tapa el anterior sino que lo aumenta. Mariano Rajoy exhibe éxitos económicos pero esos pequeños avances ni pueden ni deben ocultar tanta corrupción como niegan creyendo que todo el mundo es además de ciego, tonto.
           En el otro lado, el líder de Podemos, Pablo Iglesias, necesitaba darse una pátina institucional que hasta ahora había evitado, pese a los consejos de Errejón y otros compañeros. Ha mostrado otra cara, va comprendiendo que mantener un clima de tensión en la calle no es tan fácil como parecía y como otros partidos ya saben. En Podemos ha surgido con fuerza otra prometedora parlamentaria, Irene Montero, que por superar ha superado hasta las menciones machistas del bocazas de Rafael Hernando. El PSOE ha estrenado portavoz y tras el intercambio de reproches, lógico, de que podía haber otro gobierno en España si Podemos hubiera optado por abstenerse en la investidura de Pedro Sánchez, parece haberse inaugurado un nuevo clima de relaciones parlamentarias y políticas que solo el tiempo marcará en su recorrido.
           Ciudadanos y su líder, Albert Rivera, han sido más duros incluso que el PP contra Iglesias, es la única forma que tienen de sustraer votos al partido de Rajoy y de tratar de esconder que son el aire que respira su gobierno.
           Realmente el debate no ha dado para más puesto que no había grandes expectativas ante un instrumento parlamentario cuyo fracaso se conocía de antemano. Es innegable que en la ciudadanía queda un regusto de decepción porque hoy en España todo sigue igual que ayer. Da un poco de melancolía que pueda hablarse de ganadores y perdedores de un debate en medio de este basurero que tiene un notable administrador.
           Queda por saber, ahora que la sesión ha terminado, que opinarán Jaume Matas, Rodrigo Rato, Ignacio González, Francisco Granados, Francisco Correa y los más de 800 imputados del PP sobre el desparpajo parlamentario de su presidente al que, en otro tiempo, con tanta pasión sirvieron y, algunos, todavía sirven.

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Hipocresía
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María Antonia San Felipe | 10-06-2017 | 07:16| 0

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Que el objetivo de los terroristas y asesinos del autodenominado Estado Islámico es desestabilizar Europa y propiciar un clima de enfrentamiento social mediante el terror no es a estas alturas ningún secreto. Tampoco lo es que los atentados de Manchester y del puente de Londres han vuelto a hacer brotar la semilla del miedo que germina entre los ciudadanos europeos tras el extremo dolor que dejan los atentados. Lo normal, lo humano, lo comprensible es que ese temor anide en muchos ciudadanos que observan cómo, desde el enorme desprecio por la vida, se puede asustar a millones de personas. Conseguir un cuchillo y una furgoneta es sencillo, no hacen falta grandes infraestructuras, ni siquiera una pistola, solo fanatismo, dogmatismo y odio. Esos son los ingredientes que inoculan los dirigentes del DAESH.


Conociendo los fines del grupo criminal los gobernantes deben actuar desde la inteligencia y no desde la rabia, como estadistas: mirando al futuro y no a las urnas. Que los ciudadanos estemos espantados y estremecidos no es extraño pero todos esperamos que quienes administran los medios de protección y seguridad colectiva, estén a la altura de las circunstancias incluso reconociendo errores y no escondiéndose en su negligencia. Los británicos han sufrido en plena campaña electoral dos golpes durísimos y la reacción de la primera ministra Teresa May la ha puesto en entredicho. Cuando se publique este artículo ya sabremos la opinión de los ingleses de su gestión de la crisis, habiendo sido la ministra del Interior que durante seis años recortó medios humanos (20.000 policías menos) y materiales de las fuerzas de seguridad y de inteligencia británicas, tan eficaces en otros tiempos.


May sabe que la fuerza del Estado Islámico en Europa la componen radicales que se transfiguran en terroristas suicidas por todo el planeta ampliando sus redes de actuación y aparentando ser una organización muy eficaz, aunque sea más débil de lo que aparenta. Por eso, las últimas declaraciones de Teresa May antes de las elecciones son una improvisación. Quien tiene decidido inmolarse no tiene miedo a las leyes vigentes ni a las futuras, se mueve por su propia irracionalidad. Debiera ser más cauta y más sincera con sus conciudadanos, aunque no ha sido capaz ni siquiera de defender al alcalde de Londres. Sorprende que en el centro de este miedo apareciera el patán que faltaba: Donald Trump. En unas patéticas declaraciones criticó al alcalde de Londres, el laborista Sadiq Khan, por pedir a sus conciudadanos que mantuvieran la calma. Trump afirmó que era hora de “dejar de ser políticamente correctos”. Ya sabemos que él es incorrecto por naturaleza pero no se puede jugar alegremente con el temor ajeno.


El lunes siguiente al atentado, Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Bahréin, Egipto y Yemen rompieron sus relaciones con Qatar por su presunto “apoyo a varios grupos terroristas” que pretenden desestabilizar la región, en referencia al DAESH. Desde Qatar se considera injustificada la medida. Según Trump, él es el inspirador de la misma. La verdad es que debiéramos reflexionar sobre esta aparente buena noticia. Muchos expertos en Oriente Medio advierten que esta presión sobre Qatar obedece a una cuestión geoestratégica de Arabia Saudí, tradicionalmente hegemónica en la región en su disputa con Irán. Es decir, hay otros intereses que no son la lucha contra el terrorismo puesto que desde muchos medios occidentales se acusa a Arabia Saudí de financiar la difusión del extremismo islámico en el mundo. Sin olvidar, que Trump acaba de cerrar con Riad un acuerdo de venta de armas por más de 100.000 millones de dólares y que EEUU tiene en Qatar la base militar más grande del Medio Oriente con más de 11.000 soldados. Todo muy contradictorio. Es decir, señor  Trump a lo mejor para luchar contra el terrorismo hay que dejarse de bravuconadas y ser menos hipócritas y más eficaces. Alguien debe extender la inteligencia más allá de sus propias narices.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.