La Rioja

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El humo
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María Antonia San Felipe | 19-05-2016 | 18:08| 0

Hasta aquí no llega el humo de los neumáticos quemados en Seseña aunque el hedor que emana el vertedero ilegal alcanza nuestras narices. Por mucho que imaginemos, la realidad es más portentosa que la ficción. Como dice la canción, “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”. Y así este pequeño municipio, a medio camino entre Toledo y Madrid, ha vuelto a ser la sorpresa nacional, protagonista y víctima de un desastre ecológico sobrevenido por la apatía de quienes niegan la realidad porque es mejor eludirla que afrontarla. El erario público soporta, con reincidente paciencia, la desidia de quienes gobiernan las administraciones públicas. Y así, entre la corrupción y la incompetencia, andan las autoridades a la gresca echándose las culpas y buscando unas soluciones que debieron adoptarse hace mucho tiempo.

Seseña hace tiempo que se descubrió como paradigma de la especulación urbanística, un ejemplo del pelotazo y el enriquecimiento súbito de muchos personajes como “Paco, el pocero”, que levantaron urbanizaciones en terrenos adquiridos a precios de desierto que, sin garantías de servicios ni dotaciones para los futuros habitantes, crecieron como setas tras recalificaciones negociadas con los regidores municipales. Hoy Seseña no sólo es un símbolo de la corrupción generalizada que ha impregnado este país sino también de la ausencia total de sensatez en la gestión pública y es que en España la irresponsabilidad no tiene precio sino que tiene premio.

Si huyen del incendio de Seseña y van hacia el norte pueden parar ustedes en Valdemoro, otra joya del mangoneo urbanístico alrededor de la capital del reino. Aquí el principal protagonista, no el único, es Francisco Granados, hijo político y predilecto de Esperanza Aguirre. Mientras en Seseña sofocaban el incendio y el empresario del vertedero, tolerado y consentido, permanece huido, David Marjaliza, declaraba en la Audiencia Nacional. Este  exsocio del que fue Consejero de Presidencia de la Comunidad de Madrid y alcalde de Valdemoro ha revelado con desparpajo y naturalidad, que tan ilustre autoridad se llevaba el 20% del lucrativo negocio a través de una sociedad que compartían y cuyas ganancias procedían de las recalificaciones de suelo, adjudicaciones y venta de viviendas. Además, Granados obtenía también entre 3.000 y 6.000 euros por vivienda entre 1999 y 2007 de forma constante, con independencia de las ganancias finales de la sociedad. Todo presuntamente, como si no supiéramos que últimamente todo concluye por ser cierto. Dice Esperanza Aguirre, en su libro, que ella no se calla, yo ante este fichaje más bien me quedo muda pero porque la ira me bloquea las cuerdas vocales y se me acelera la producción de bilis.

Si la lista de desmanes no fuera interminable, quizás pudiéramos enfadarnos y punto, pero no. La lista es demasiado larga y se une a esta cruel crisis económica. Este prolongado período de decadencia moral, hoy empíricamente constatado, nos avoca al desaliento y nos acerca a otro aniversario: el del movimiento 15-M, que nació hace cinco años en la madrileña Puerta del Sol. Podrá verse con simpatía o no, pero es justo reconocer que supuso una apertura a la esperanza. Los frutos de aquella movilización espontánea pueden parecer escasos, pero al menos ha conseguido que la sensación de impunidad se haya frenado y que el rechazo social hacia los protagonistas de aquellos tiempos haya crecido de forma plausible. No es mucho, ciertamente. Sigue sonrojando la tolerancia que todavía persiste con estos comportamientos corruptos y fraudulentos, pero Roma no se conquistó en un día y el progreso social, tampoco. Desde Seseña nos llega el humo del estercolero, es la inequívoca señal de que el extintor que sofoque el incendio que quema este país sólo puede nacer de nuestra propia conciencia siempre que sea crítica e insobornable al conformismo.

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La decadencia
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María Antonia San Felipe | 14-05-2016 | 06:43| 0

Acabamos de celebrar el Día de Europa y no es extraño que la jornada pareciera nublada, casi negra. El 9 de mayo de 1950, Robert Schuman defendió la idea de que sólo la cooperación política podría conseguir que se ahuyentara la posibilidad de un conflicto bélico en Europa. Es normal que, tras dos terribles guerras, la paz fuera el objetivo más urgente de una Europa devastada. Así nació una primera institución europea que gestionaba la producción de carbón y acero, y  que, pasado el tiempo, se transformaría en la Unión Europea actual.

Reconozcamos que en España, hubo un tiempo en el que pensar en Europa abría grandes esperanzas. Desde la dictadura del general Franco y en el período de la transición democrática los ciudadanos añoraban sus principios fundacionales, es decir, los valores de respeto a la dignidad humana, la libertad, la igualdad, la salvaguarda de los derechos humanos, la democracia y el Estado de Derecho.

Cuando finalmente fuimos parte de ese proyecto europeo, nuestro país recibió un empujón económico que supuso la transformación de España. También compartimos el objetivo de que la Unión Europea se convirtiera en la Europa de las personas y de los pueblos, algo que hoy se ha tornado una quimera. Es preciso reconocer que genera un cierto regusto a decepción y, por qué no, a fracaso la situación actual de la Unión Europea. El proyecto común quedó truncado desde el inicio de la crisis económica en la que todavía estamos inmersos. Hemos retrocedido de forma evidente en uno de los pilares básicos que propiciaron su creación: la democracia. A estas alturas esta afirmación no es una opinión sino una constatación de la supeditación del poder político a otros poderes que nadie elige y que son más poderosos que los estados. Y esto es así porque se han permitido todo tipo de tropelías en una confluencia de intereses, en ocasiones, inconfesables.

Una vez que las ideas se pusieron al servicio de los intereses la desintegración de Europa como proyecto es sólo cuestión de tiempo. La contraposición interesada entre el Norte y el Sur, los ricos y los pobres, unida a la creencia entre los primeros de que los segundos éramos unos derrochadores inconscientes que progresábamos a su costa ha resultado demoledora. No crean que en algunas ocasiones no llevaban razón, sobre todo en los casos en los que la corrupción ha ido de la mano de proyectos faraónicos innecesarios. La fatal consecuencia de todo ha sido una política de austeridad que ha supuesto un brutal recorte de derechos y de servicios públicos y que no ha solucionado el problema del crecimiento económico ni la creación de empleo y de riqueza.

No es extraño que hasta el locuaz ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, haya declarado, en un alarde de sinceridad, que “nadie puede gastar indefinidamente más de lo que ingresa, pero nos hemos pasado cuatro pueblos en el tema de la austeridad”. La posterior matización de estas palabras no resta importancia a su contenido, lo cierto es que se han impuesto inmensos sacrificios a una parte muy amplia de la población, sobre todo en los países del sur y, sin embargo, los resultados no han sido los esperados. Todo indica que puede haber un replanteamiento, igual que tiene que haberlo en la regulación de los paraísos fiscales, en la vigilancia estricta del sistema bancario y en otras muchas políticas que benefician a los oligopolios por encima de las personas. En este somero balance, no podemos olvidarnos del auge de movimientos políticos de ultraderecha antieuropea en muchos países como Polonia, Austria, Francia y la propia Alemania.

Europa vive una evidente decadencia, no hay un proyecto claro, más bien no hay proyecto que supere los nacionalismos que la integran. Europa está en la encrucijada. O se recuperan sus principios fundacionales y se devuelve la confianza a la mayoría social, o el antieuropeísmo y la insolidaridad romperán el sueño de la vieja Europa.

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Pandora
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María Antonia San Felipe | 07-05-2016 | 08:07| 0

 

 

Dicen que Zeus creó a Pandora para introducir los males en el mundo de los hombres. Podemos decir que por el impulso creador de los EEUU una nueva Pandora puede estar a punto de abrir su caja sobre la vieja Europa. El nombre de la nueva amenaza que se cierne sobre nosotros se llama TTIP (Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones), aparentemente un simple tratado comercial, en realidad un acuerdo  plagado de secretos

Claro que siendo tantas las urgencias cotidianas entre las que vivimos no es de extrañar que de estas cosas ni nos enteremos hasta que comiencen a afectarnos. Entonces ya no tendrá remedio y nos echaremos las manos a la cabeza como hacemos ahora tras conocer las múltiples tropelías cometidas a nuestras espaldas en los variados paraísos, fiscales y no fiscales, que se levantan ante nuestra ignorancia y, por qué no, con la ayuda inestimable de nuestra indiferencia.

Las cotas de igualdad y bienestar conseguidas en los últimos decenios son ya parte de un pasado, una quimera que jamás volverá si seguimos tolerando tanta desvergüenza y votando a tanto caradura. No es comprensible que podamos seguir aceptando la continua sustracción de nuestros derechos democráticos por un poder político al servicio de los principales oligopolios del planeta, con tan singular paciencia.

En el caso del TTIP hay que precisar que resulta difícil conocer aquello que se nos oculta intencionada y ladinamente por las autoridades europeas, que teóricamente, gobiernan en nuestro nombre y para nuestro provecho. Ha sido Greenpeace-Holanda, filtrando más de 200 páginas de las reuniones, la que ha dado a conocer parte de las interioridades de un tratado que se negocia, en secreto, entre la Comisión Europea, el Gobierno estadounidense y los grandes lobbies empresariales desde junio de 2013.

Para abrir boca baste decir que el solo hecho de que se haya admitido una negociación tan importante a espaldas de la opinión pública es ya un escándalo en sí mismo. Si la transparencia es una cualidad de la democracia a qué vienen las habitaciones secretas para pactar un tratado, supuestamente comercial.

Esperemos que no traten ahora de culpabilizar a Greenpeace por querer abrirnos los ojos. Lo que está en proceso de acuerdo es, por ejemplo, nuestra seguridad alimentaria. Si Europa prohíbe la utilización de hasta 1.400 productos químicos para el consumo alimenticio, EEUU sólo 12. Este simple hecho, ya augura un retroceso en la protección de los consumidores ya que ni los alimentos ni los medicamentos pasarán por los controles actuales. En materia de derechos laborales lo que ha trascendido alerta de la segura regresión si tratan de armonizar dos modelos totalmente distintos. Se tenderá a la privatización continuada de servicios públicos como la sanidad y la educación. Se protege a las grandes empresas y se sustituyen los tribunales de justicia, pilares básicos de la democracia en caso de conflicto, por arbitrajes. Se apadrina a las grandes empresas incluso por encima de los estados y, en definitiva, priorizando los beneficios económicos sobre la vida, la salud y el medio ambiente.

La filtración de Greenpeace ha creado una alarma creciente en muchos sectores y ya veremos en qué termina esta película. Lo que hemos conocido estaba oculto y afortunadamente alguien ha querido advertirnos de los riesgos que corremos. En la leyenda de Pandora el ánfora (la caja) se cerró poco antes de que la esperanza para los hombres fuera liberada. Para devolvérnosla Greenpeace ha abierto la cámara secreta para desvelarno la parte malvada de un negocio tan celosamente escondido.

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El que espera…
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María Antonia San Felipe | 30-04-2016 | 08:04| 0

           Dice el refrán popular que el que espera, desespera. Qué apropiado resulta recordarlo en estos momentos. En las últimas elecciones, esas que no han producido un gobierno por primera vez en nuestra democracia, muchos acudieron a las urnas con ilusión y otros abandonaron la abstención militante porque creyeron que se había abierto una ventana a la ilusión. Hoy se ha cerrado de un portazo y nos ha devuelto al territorio de la realidad, a la constatación de los sectarismos excluyentes que tantos males han causado en este país tan propenso a la desmemoria.
          Una vez más el fracaso ha hecho historia. Ahora no pueden hacernos creer que no había más remedio que repetir las elecciones, porque no es cierto. Que no les gustara lo que los españoles votamos es una cosa, pero que nos reprochen lo que libremente decidimos es una tomadura de pelo. El pueblo español, cada votante, valoró pros y contras e introdujo una papeleta en la urna, decidió y opinó y con esos mimbres debió construirse la cesta del gobierno. Ahora nos convocan de nuevo a las urnas, nos devuelven la pelota como si la responsabilidad del fiasco fuera nuestra y no suya.
No es serio, pero en este país pasan cosas sorprendentes y ocurren porque las toleramos y las consentimos. Causa más desazón el resultado del Barça-Madrid o lo que pasa en la casa de Gran Hermano que la corrupción que nos está comiendo por los pies. De estas cosas si tenemos parte de culpa, de la repetición de las elecciones, no. Pero conscientes de nuestras debilidades, los líderes políticos ya están en campaña electoral.
           Cada votante hará su reflexión según en quién depositara su confianza. Los votantes de Ciudadanos que abandonaron al PP, le reprocharán su pacto con el PSOE y otros sus vaivenes entre ambos. Los de Podemos estarán divididos entre los que consideran que creían en su propuesta de gobierno de coalición y que el PSOE y algunos dirigentes regionales, como Susana Díaz, han impedido y entre quienes valoraban la abstención al pacto PSOE-Ciudadanos como salida al laberinto. Entre los que votan PSOE también hay diferentes opiniones, unos creen que Sánchez se ha esforzado lo indecible, otros no entienden el pacto con Ciudadanos mientras culpan a Podemos del fracaso del líder socialista. Y por fin tenemos a los votantes del PP. Algunos no comprenden la pasmosa tranquilidad de un líder chamuscado por la corrupción y por el inmovilismo, pero la mayoría, según las encuestas, piensan seguir votándole aunque no les convenza. Mariano, sin duda, ha estado muy tranquilo estos meses de vacaciones sin hacer otra cosa que esperar a que pasara el cadáver de Pedro Sánchez con el ataúd de su desengaño.
            Eso sí, el martes cuando concluía la audiencia con el rey, Mariano inició la campaña diciendo que afortunadamente para los españoles se ha frustrado un gobierno de izquierdas que podía llevar a España a un desastre mayor que el erial en que vivimos. Era el primer mensaje a sus votantes: tiemblen de miedo porque lo que puede venir es peor que yo, una forma de fidelizar su voto. A continuación, el mensaje fue para los periodistas: “Venga, que a menos cuarto empieza el fútbol”. Esta era su principal prioridad política no la corrupción o el avance de la pobreza.
          Mientras se lanzan reproches los unos a los otros y circulan múltiples encuestas, la mayoría interesadas, los ciudadanos cada uno con nuestros problemas y con la decepción colectiva a cuestas, debemos meditar qué hacemos en esta segunda vuelta. La abstención va a ser la principal resistencia a vencer por estos partidos, nuevos y viejos, que tanto se parecen cuando no nos comprenden. Como diría Miguel Hernández, al menos “dejadme la esperanza”. No debe cundir entre nosotros el desánimo. Nos han defraudado, si, pero no pueden robarnos el futuro, todavía somos libres para decidirlo.

 

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Por España
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María Antonia San Felipe | 22-04-2016 | 19:43| 0

A estas alturas me pregunto si nuestra paciencia colectiva es infinita o simplemente estamos anclados en la resignación. El ministro de Economía en funciones, Luis de Guindos, acaba de rebajar la previsión de crecimiento de nuestro país al tiempo que ha reconocido la desviación del déficit y ha iniciado negociaciones con Bruselas. En definitiva, seguimos estando mal y lo peor es que el desánimo se acrecienta y la esperanza se achica. Con un evidente crecimiento de la desigualdad social y con una parte de la población en la frontera de la exclusión, nuestros representantes políticos preparan ya otra campaña electoral.

Siendo mala la situación económica y social, el clima institucional, minado por la corrupción superlativa, es de emergencia, lo cual hace inexplicable la incapacidad para llegar a acuerdos de gobierno. Cuando hay un incendio lo importante es contribuir a apagarlo en vez de ponerse a discutir quien sostiene la manguera. En España hay muchos problemas pero, hoy por hoy, el mayor incendio es el de la corrupción, porque ha minado no sólo los cimientos del sistema político sino su capacidad de regeneración.

Si pensamos en lo ocurrido desde las elecciones, concluiremos que no ha habido semana sin su correspondiente pasión. Los escándalos se han sucedido hasta la irritación, salvo que nos hayamos acostumbrado y vivamos en la indolencia, que es lo peor que puede ocurrirle a nuestra democracia. Si nos rendimos en la exigencia de un cambio profundo nuestro fracaso será una claudicación que no nos podemos permitir.

Recuerdo cuando el 27 de febrero de 1995 la policía española detuvo en el aeropuerto de Bangkok, al famoso Luis Roldán, exdirector general de la Guardia Civil,  tras una rocambolesca historia, con el espía Paesa y los huérfanos de la benemérita institución estafados como trasunto de la película que vivimos en esos años. Suponíamos aquel thriller la cúspide de la corrupción política y de la zafiedad del latrocinio, creímos como ilusos que nada más grave podía suceder en los aledaños del poder. Visto con perspectiva,  podemos decir que el famoso Roldán era, además de un pájaro de cuentas, la cuenta de un largo rosario de sinvergüenzas que creyeron que la política era una forma de hacer fortuna, es decir, de forrarse a velocidad de vértigo.

Esta semana, sólo esta semana, la secuencia de sucesos es apabullante: Carlos Fabra acaba de conseguir el tercer grado penitenciario, Mario Conde ha entrado en prisión, Ignacio González (expresidente de Madrid) declara sobre la oscura compra de un ático en Marbella, Rodrigo Rato también tenía empresas opacas en Panamá, Aznar sancionado por Hacienda, el alcalde de Granada y la concejala de Urbanismo dimiten por un escándalo urbanístico… y el ministro de Industria José Manuel Soria ha tenido que irse por tener empresas en paraísos fiscales.

El caso del ministro Soria es sintomático de lo que ha ocurrido en los últimos años. Primero, negó, es decir, mintió y luego dijo que no se acordaba de nada porque los paraísos fiscales producen amnesia, te emborrachas al ver la multiplicación de las cifras. Es comprensible. El problema es que el guión de Soria lo han repetido tantos y tantas veces que Mariano se ha visto en la obligación de sacrificarlo porque la siguiente pieza a caer era él. Mariano piensa en las elecciones aunque dice que él sólo piensa en España, no como otros. Miguel Bernard y Luis Pineda, jefes de Manos Limpias y Ausbanc, cabecillas de una presunta trama de extorsionadores, provenientes ambos de la ultraderecha, han declarado, en su defensa, que todo lo hacían por España.

No podemos claudicar, hay que exigir una regeneración profunda. Es intolerable que esos miserables patriotas forrándose a costa de los españoles y abrazándose a su verdadera patria, el dinero, nos hayan dejado, como diría Machado, “a España toda, la malherida España, de carnaval vestida”.

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La mirada
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María Antonia San Felipe | 16-04-2016 | 07:17| 0

En esta sociedad, sustancialmente hipócrita, miramos las cosas dejándonos  impresionar por el envoltorio sin ver la realidad que esconden. Los convencionalismos sociales nos influyen más que la verdad, sobre todo cuando perdemos el interés por encontrarla. Por eso en este país triunfan los pillos, los corruptos, los ladrones de guante blanco y todos aquellos sinvergüenzas que han hecho fortuna, inmensas fortunas, saqueando sin escrúpulo alguno. Al final el dinero otorga al habilidoso delincuente una pátina de respeto y admiración que alimenta la fascinación por su persona en esta sociedad de apariencias.

Ya nos enseñó Antoine de Saint-Exupéry que no todos vemos lo mismo al mirar la misma cosa. Cuando su personaje, el Principito, tenía seis años, leyó que en la selva las serpientes boas tragaban a sus víctimas sin masticarlas y decidió dibujar una que engullía un elefante. Cuando la mostró a las personas mayores les preguntó si el dibujo las asustaba, a lo que respondieron que cómo iba a asustarles un sombrero. Como los mayores, que no los niños, siempre necesitan explicaciones dibujó la boa abierta para que se viera el elefante en su interior.

 

 

 

 

 

Pues bien, como en el cuento, miramos sin ver y nos dejamos confundir por la envoltura. Cuando Banesto fue intervenido el día de los Santos Inocentes de 1993, algunos vieron maniobras conspirativas hacia un Mario Conde al que los medios habían convertido en un ídolo. Era la época en la que los pelotazos económicos súbitos eran una muestra de la inteligencia y audacia, cuando eran producto del saqueo. Mario Conde mientras compraba su fama perpetró una forma de atracar el banco desde dentro sin necesidad de hacer butrones en los que te pones de polvo perdido, te estropeas la gomina y el botín resulta escaso. El Tribunal Supremo lo condenó a 20 años de prisión por apropiación indebida, estafa y falsedad documental. Pasó un tiempo en la cárcel y se declaró insolvente cuando el tribunal le obligó a pagar 27 millones de euros a los accionistas de Banesto estafados. Ya fuera de prisión cultivó de nuevo su imagen pública, creó un partido político y compró un hueco en tertulias televisivas. Se supone que la cárcel redime, pero ahora sabemos que llevaba 15 años recuperando el dinero del desfalco escondido a través de una red de empresas interpuestas. Esta semana ha sido detenido intentado repatriar 14 millones de euros. Como hizo Ruiz Mateos, ha tratado de lavar su imagen mientras seguía salvaguardando intereses y fortuna. El primero llegó a conseguir de nuevo tal credibilidad que muchísimos españoles volvieron a confiarle su dinero engañándolos por segunda vez. Mario Conde siguiendo su ejemplo, cuidaba su imagen de hombre estupendo con la complicidad de una parte de la prensa y de la sociedad que abría sus oídos para escuchar sus “sabias” opiniones.

En otro lugar de España, digamos que hablo de Madrid, Carmen, una mujer sin ninguna fortuna, se prostituye a diario ocultando su profesión a sus tres hijos y a los vecinos. Se casó joven, después se separó. Trabajaba en una tienda del centro y su marido le pasaba una pensión para el mantenimiento de los hijos. Con la crisis, Carmen perdió el trabajo y su exmarido, también. No han vuelto a tener empleo. Agotadas las prestaciones, sobrevivieron con los escasos ahorros y la ayuda de Cáritas. Ella, todavía joven, dirigió sus pasos hacia esa profesión socialmente maldita. Aunque trabaja con discreción tiene miedo de que sus hijos la descubran. Un día un vecino se convirtió en cliente habitual. El otro día, tomando un café en el barrio, algunos desde la barra la miraron, sonriéndose y con desprecio comentaron: -Ahí está Carmen, la puta de al lado. En la televisión del bar, daban la noticia de la detención de Mario Conde, nadie reparó en la dignidad de Carmen. La boa del Principito, en la selva humana, ya ha devorado a Carmen para siempre. A Mario Conde o a otros como él, ya veremos. Poderoso caballero es don Dinero. Esta es la eterna injusticia de todos los tiempos.

 

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Mala leche
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María Antonia San Felipe | 09-04-2016 | 06:38| 0

¿En qué creer cuando todo es mentira? Esta pregunta tiene difícil respuesta en este inmenso vertedero global en el que hemos convertido el mundo. Ni siquiera individualmente nos salvamos porque, en ocasiones, nos mentimos a nosotros mismos para soportar los disgustos que nos da la vida y conseguir tirar adelante con la mochila repleta de decepciones.
Pero claro, no quiero hablar de estas mentiras piadosas que jalonan nuestra supervivencia sino de la mentira organizada, sistemática, avariciosa y despiadada que sólo puede fraguarse en esa parte de la sociedad, la de los privilegiados y los poderosos que, teniéndolo todo, todavía quieren más. Insaciables eluden contribuir con impuestos al sostenimiento de su país. Tras el último de los escándalos, el de los papeles de Panamá, los protagonistas de esta película quedan todos con la reputación manchada, pero con la fortuna intacta. Porque claro, ¿quién abre una cuenta en un paraíso fiscal? Pues quien mucho tiene y mucho quiere esconder. El origen de las fortunas será legítimo o ilegítimo, seguramente hay más de lo segundo que de lo primero, pero la finalidad es la misma: eludir al fisco burlándose de sus conciudadanos.
Lo más escandaloso es que este tipo de montajes resulta práctica habitual orientada por los grandes bancos y tolerada por las autoridades que se declaran contrarias a los paraísos fiscales pero que no mueven un dedo para evitarlos hasta que salta un escándalo. Claro que los buenos propósitos duran cuatro días, en cuanto se disipa la marimorena se olvidan de la promesa y promueven una amnistía fiscal para salvar a amigos y poderosos y vuelta a empezar. Justicia a conveniencia.
El montaje es tan sencillo y está tan poco perseguido legalmente que no es extraño, como cuenta Oxfam Intermón, que empresas como Mossak Fonseca hayan llegado a tal nivel de demanda  que cada diez minutos constituían una empresa fantasma. Hay de todo, como en botica, empresarios, futbolistas, cineastas, casas reales, amigos y familiares de dictadores, políticos y estafadores todos que se ríen de nuestra inocencia. También nosotros somos un poco culpables porque cuando los sacan en la tele se nos cae la baba y aplaudimos, por ejemplo, los goles que nos meten en nuestra propia puerta. Nuestra frágil memoria permite que cíclicamente nos escandalicemos con igual virulencia que lo echamos al olvido.
En Islandia, el escándalo se ha llevado por delante al primer ministro Sigmundur David Gunnlaugsson. La gente se ha echado a la calle y ha dimitido en menos de cuarenta y ocho horas. Aquí todavía estarían contándonos otra descomunal mentira, como con Bárcenas, con la Gürtel, con la Pujolada, con lo de Valencia y con tantas otras cosas. Aquí no es de extrañar que Arias Cañete, comisario europeo y exministro de Agricultura, haya recibido un mensaje diciéndole: -Miguel, sé fuerte. La tía del rey, Pilar de Borbón, una caja de bombones para endulzar el mal trago y Messi unas botas de oro del club de fans. En el fondo, en este país hay debilidad por los pícaros. Supongo que Montoro estará preparando explicaciones llenas de fantasía, como la gran mentira del déficit público. Yo no me creo ni la cifra que han dado, seguramente es mayor, pero la culpa es de los enfermos de hepatitis C y del maestro armero, no de la caída de ingresos del estado por defraudaciones masivas como las de Panamá o de economías sumergidas a gran escala o tantos otros trucos tolerados. Una pena que no tengamos el desparpajo de nuestra querida Chus Lampreave para soltarle una fresca en la cara a todos los desaprensivos de la famosa lista y a los que han consentido sus manejos.
Querida España: menos lamentos y más mala leche con los que tan impunemente nos engañan y nos defraudan. Por cierto, prepare la declaración de la renta que Hacienda somos todos. ¡Ay qué risa!

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Jugar con fuego
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María Antonia San Felipe | 02-04-2016 | 07:29| 0

A veces tengo dudas de si el 20 de diciembre pasado los españoles fuimos a las urnas o si por el contrario compramos un boleto de lotería, que por cálculo de probabilidades lo normal es que no toque y a lo mejor por eso todavía no tenemos gobierno. Aquel día votamos lo que votamos y ahora los partidos no pueden decirnos que no les gustó nuestra libre elección. Sería inaudito que pretendieran hacernos creer que la repetición de elecciones es algo natural porque no lo es y en España ya tenemos suficiente madurez democrática como para consentir la broma de que los que nos equivocamos fuimos nosotros.

Ha pasado la Semana Santa y Rajoy sigue tumbado en el sofá esperando el fracaso de los otros mientras él vive aislado de la realidad, ignorando la decadencia de su partido, su corrupción y su necesidad de regeneración. Por eso Aznar le ha insinuado que hay que renovar los liderazgos situándolo así en el tiempo de la historia. Rajoy, experto en dejar pasar el tiempo, corre el riesgo de convertirse en un aciago recuerdo.

Por fin, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se han reunido en un clima aparentemente más amable. Iglesias ha querido superar la paletada de cal viva del debate de investidura con sonrisas y renunciando a un puesto que, como bien sabemos, nunca tuvo: la vicepresidencia del gobierno. Él se lo guisó y él se lo ha comido, aparenta así querer un acuerdo. Está claro que Iglesias maneja los mundos virtuales con maestría y parece un prestidigitador cargado de golpes de efecto. Veremos qué ocurre, aunque también él sabe que está en situación de mayor debilidad que hace tres meses, el conflicto interno con Errejón no sólo pesa en lo personal sino en la fuerza de su propia organización.

Por su parte Sánchez, como sabemos, une a su mal resultado electoral la enorme presión de la presidenta andaluza Susana Díaz y de otras baronías ansiosas de administrar los restos del naufragio. Si Sánchez consigue la presidencia del gobierno los conflictos internos se aparcarán y quizás sea una manera de pacificar y de reorientar un PSOE tan confundido como el resto de la socialdemocracia europea. El mayor empeño de Sánchez es tratar de conseguir la cuadratura del círculo con su pacto con Ciudadanos y tendiendo la mano a Podemos, veremos si este reto es su mayor éxito o su mayor fracaso. Ahí reside el misterio.

El problema es que la suma de Ciudadanos y PSOE (130) no da y la de PSOE y Podemos (161), siendo mayor, tampoco. Alguno tiene que mover su posición en base a un acuerdo de mínimos sobre cuestiones que los tres comparten y entre todos tienen que superar los obstáculos, salvo que Rajoy, que es el que está más sólo, porque ha sido incapaz de intentar acuerdo alguno, se decida a permitir un gobierno sin él. Lo cierto es que tras la renuncia de Rajoy son: PSOE, Podemos y Ciudadanos los que tienen nuestro destino en sus manos. España está plagada de problemas mientras nos tienen entretenidos con estos fuegos de artificio. No podemos permitirnos el lujo de estar casi un año sin un gobierno con apoyo parlamentario suficiente para iniciar cambios urgentes y necesarios.

Deben sentarse en una mesa presidida por la sensatez y de ella debe salir un gobierno, si no es de coalición deberá ser propiciado por la abstención de Ciudadanos o de Podemos. Si finalmente se inicia la negociación a tres va a ser complicado romperla, salvo que todos nos estén engañando y estén preparando la escenografía de unas nuevas elecciones. Al final va a ser el miedo a perder lo que tienen el que, hoy por hoy, puede abrir las puertas a un acuerdo. Si habrá gobierno ni ellos lo saben, pero que no se olviden de que los ciudadanos cabreados pueden volver a votar lo mismo, situándolos en igual encrucijada o castigar al que les haya defraudado. No hay mayor riesgo que jugar con fuego.

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Victoria o venganza
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María Antonia San Felipe | 26-03-2016 | 08:22| 0

Generalizar el pánico es el objetivo último de la violencia terrorista, aunque la muerte sea la primera de sus consecuencias. La cercanía de las víctimas estremece al tiempo que convierte en indigno cualquier fin que se justifica sobre asesinatos. Los muertos, los heridos, sus familias, el dolor son lo primero que golpea nuestras mentes ante un atentando brutal como el de Bruselas, como el de París, como el de Madrid, como los de Túnez, Irak, Kuwait, Somalia y tantos otros que ya no recordamos. Tras esa primera angustia llega el momento de la solidaridad, no cura ni calma pero acompaña y mitiga la intensidad del dolor.

Después vienen las declaraciones institucionales y las palabras de dirigentes y representantes políticos. Están obligados a recordarnos que siguen ahí, que harán lo que tengan que hacer y entonces todos apelan a la unidad proclamando que sólo la fuerza de la democracia vencerá al terror. Yo también creo que la unidad es necesaria pero no estoy segura de que en esta Europa, que se resquebraja como proyecto, se esté apostando por la fortaleza de esa unión. Cabe dudarlo porque hace tiempo que esa conjunción de intereses debió pactar una política antiterrorista común. En realidad en común, totalmente en común, lo único que parece haber prosperado es una política económica errática, de dudosa eficacia, como bien sabemos.

Está claro que uno de los objetivos del grupo terrorista DAESH, autoproclamado Estado Islámico, es dividirnos a través del miedo, haciéndonos elegir entre libertad y seguridad, es decir, empujándonos a renunciar a lo que somos. No podemos dejarnos amedrentar doblegándonos a su juego. Es cierto que los atentados tienen como consecuencia directa que muchos se apresuren a pedir mano dura, cierre de fronteras, expulsiones y otras medidas extremas. Algunos desde la inconsciencia y otros desde una visión autoritaria de la vida, creen que sólo podemos defendernos fomentando la xenofobia y actuando desde el estómago y no desde la inteligencia, siempre más fría y sensata que la primera reacción de ira que provocan los asesinatos. Por eso estamos viendo reacciones irreflexivas por ejemplo contra los refugiados sirios que tratan de alcanzar Europa. Este enfoque es un tremendo error porque mayoritariamente esos refugiados también huyen de estos terroristas del DAESH que están destruyendo Siria. Hay otra circunstancia terrible y es que algunos de esos asesinos que se inmolan con cinturones de explosivos han crecido entre nosotros y han sido reclutados entre las franjas marginales de nuestra sociedad.

Sin embargo, aunque la masacre de Bruselas sea para ellos un éxito propagandístico, no hemos de pensar que hoy los terroristas son más fuertes que hace un año. Pueden matar indiscriminadamente, es eficaz para fortalecer su imagen ante los extremistas adeptos y además es más fácil que anexionar territorios para asentarse. Pero expertos en el territorio confirman que esta organización terrorista, que proclama a los cuatro vientos que ha conseguido levantar un califato desde el que gobernar el mundo islámico, ha perdido durante 2015 parte del territorio bajo su control en Siria e Irak, bien sea por la acción de Rusia o por la de las milicias kurdas que los combaten en Siria. Cortar sus fuentes de financiación, conseguida vendiendo productos que alguien compra, como el petróleo de Irak, heroína, mujeres o antigüedades es la manera de conseguir limitar su capacidad operativa.

Estamos obligados, irremediablemente, a superar el dolor, a fortalecer Europa con un proyecto de seguridad común que preserve nuestras libertades y que proteja nuestros ideales, porque a la irracionalidad asesina, aunque duela, se la vence desde la inteligencia que procura la fortaleza de los principios morales no desde el ciego y, a la larga, ineficaz deseo de venganza.

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Perdidos
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María Antonia San Felipe | 18-03-2016 | 21:33| 0

El comportamiento humano destruye los sueños y, en consecuencia, la realidad fulmina las utopías más hermosas. Puede decirse que la vieja Europa, el proyecto inacabado de Unión Europea, ha entrado en un proceso de autodestrucción, que está haciendo saltar por los aires ese sueño común, porque está traicionando sus propios principios fundacionales. Winston Churchill en un discurso en Zurich, el 19 de septiembre de 1946, abogaba por la creación de unos Estados Unidos de Europa como única forma de superar las terribles consecuencias de las dos últimas guerras mundiales. Consideraba que, tras el último conflicto bélico, “una masa trémula de atormentados, hambrientos, desposeídos y aturdidos seres humanos se encuentran ante las ruinas de sus ciudades y de sus casas y escudriñan los oscuros horizontes, temiendo un nuevo peligro, tiranía y terror”.  Y por ello se preguntaba, “¿por qué no podría haber un grupo europeo que diera un sentido de amplio patriotismo y común ciudadanía a las perturbadas gentes de este turbulento y poderoso continente…?”. Para conseguir “…perfilar los destinos de los hombres”, debía “darse un acto de fe en el que participen conscientemente millones de familias que hablan muchas lenguas”.

Este sueño de conseguir una Europa libre y, utópicamente, feliz chocaba probablemente contra la misma advertencia que él hacía, de que la Sociedad de Naciones no había fracasado “debido a sus principios o concepciones” sino que “falló porque estos principios no fueron acatados por los mismos Estados que los habían creado. Fracasó porque los Gobiernos de aquellos días temieron enfrentarse a los hechos y no se atrevieron a actuar cuando aún era tiempo”.

Podemos asegurar que a la Europa actual le ha ocurrido lo mismo, vaga desde hace tiempo por caminos que olvidan a las personas. Lo han hecho en esta larga crisis con los ciudadanos europeos, sobre todo con los más vulnerables económica y socialmente y lo están haciendo ahora con los refugiados. No supieron o no quisieron ver la que se nos avecinaba, poco antes de la dura recesión, y no han sabido o no han querido comprender que la guerra en Siria iba a producir la lógica huída de muchas personas de un conflicto que ahora cumple cinco largos años. Europa se está comportando de forma vergonzante y vergonzosa en este asunto. El preacuerdo con Turquía es humillante y alejado de la garantía de derechos universales que forman parte de los principios de la Unión y de la Declaración Universal de 1948. Si no queremos que vengan los que huyen habrá que tener una política exterior común para intentar parar la guerra en Siria y no dejarlo todo en manos de Putin y de Obama, pero eso como sociedad también nos incomoda. Debieran haberse abierto corredores humanitarios hace tiempo, pero tenemos gobiernos mediatizados por lo que dicen las encuestas y las sociedades temen lo que desconocen y más aún si se trata de confundir intencionadamente a refugiados con inmigrantes de todo tipo o con terroristas islámicos.

Los titubeos, la falta de claridad, de explicación de la realidad de la situación, de proyectos comunes que hagan superar el miedo al futuro y animen a luchar por él, hace que algunos aprovechen el río revuelto y nazcan partidos antieuropeos y xenófobos que como en Alemania han conseguido una nutrida representación en las últimas elecciones regionales dejando a Merkel y a los socialdemócratas malheridos. O que veamos escenas como la protagonizada en la plaza Mayor de Madrid por un grupo de seguidores del PSV Eindhoven que humillaron a varias mendigas que estaban en la Plaza Mayor pidiendo limosna y les gritaron “no crucéis la frontera”. Esto sí que da miedo, mucho miedo. Cuando se pierde el referente, ese punto en el horizonte hacia el que caminar, se extravía el rumbo. Repensando a Churchill diremos que es imposible “tener fe” en un proyecto que ya no existe, ese es el peor mal que hoy aqueja a Europa.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.