La Rioja

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Todo cambia
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María Antonia San Felipe | 22-11-2014 | 08:39| 0

Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo

(Julio Numhauser/Mercedes Sosa)

                 Suenan vientos de cambio de eso no hay duda, aunque no sabemos si el huracán ha de llevarse por delante todo el edificio constitucional o servirá con una reforma de cierto calado para dar respuesta a la decepción que invade el país por los cuatro costados. Ya sabemos que la Constitución de 1978 fue fruto del consenso necesario en una época que precisaba clausurar cuarenta años de dictadura y abrir la puerta a la democracia, era cuando Labordeta cantaba que entre todos haríamos un camino para unidos levantar a “aquellos  que cayeron gritando libertad”. Este tiempo no es aquel, tenemos muchas dificultades pero, al menos, contamos con la libertad de poder cambiar las cosas.

            Estos días el nuevo partido Podemos ha elegido a su secretario general Pablo Iglesias y en su presentación se han escuchado el Canto a la Libertad de Labordeta, la canción de Mercedes Sosa que encabeza esta columna, La estaca de Luis Llach y el poema de Miguel Hernández, Vientos del pueblo. Es decir, están pidiendo cambios con las mismas canciones y con los mismos simbolismos y, probablemente, con la misma ilusión que en aquellos años de la transición, hoy denigrados por algunos, muchos españoles llenamos las calles pidiendo democracia. El grito de lucha era el mismo: “el pueblo unido jamás será vencido”, un aforismo que sigue vigente hoy y será válido mañana cuando de nuevo el sistema que nazca de éste se corrompa o deteriore. Es indudable que muchas cosas han fallado y ¿cuál ha sido la principal?, simplificando mucho las cosas diré que, como siempre, el factor humano. Gentes sencillas salidas del pueblo accedieron a los gobiernos municipales, autonómicos y nacionales y es indudable que muchas cosas cambiaron de golpe y para bien, pero ni lo bueno ni lo malo son eternos. Además si el concepto “pueblo” está repleto de bondad y de generosidad los componentes del pueblo, individualmente considerados, no son todos estupendos. Hay gente maravillosa y hay sinvergüenzas, arribistas e interesados que aprendieron los mecanismos de acceder al poder a través de las estructuras de los partidos que según la Constitución debían vertebrar nuestra democracia y pervirtieron el sistema ante el silencio, el interés o el encubrimiento de muchos porque eran ideológicamente los suyos. El sistema enfermó, se relajaron los controles y hemos llegado al punto en el que la decepción es tan inmensa que precisa cambios radicales.

            Respecto de la Constitución de 1978, madre de nuestro sistema político, hay varias posturas. Podemos quiere hacer saltar los candados del 78, aunque todavía no sabemos cómo. El PSOE aboga por una reforma que selle las vías de agua que están deteriorando el sistema institucional en vigor y no sólo por el grave problema territorial que se está viviendo en Cataluña. Al otro lado está el PP que no quiere que nada cambie aunque el desplome del edificio sea evidente. Se alega por Rajoy que es necesario un amplio consenso para modificarla como lo tuvo para aprobarla. Muchos españoles no podemos olvidar que la Constitución fue modificada en su artículo 135 en el verano de 2011 por acuerdo unilateral del PSOE y del PP, sin refrendo popular y a la velocidad del rayo por imposición exterior. Este hecho todavía hoy pesa como una losa en la credibilidad de los grandes partidos. A España hoy no le queda otra salida que generar cambios profundos y ello precisa modificar la Constitución. Es evidente que el consenso debe buscarse pero no sólo entre los partidos sino, sobre todo, con la sociedad que hoy reclama de nuevo el protagonismo que tuvo en la transición. Soñemos, pero no olvidemos que cuando pase el tiempo, como canta Mercedes Sosa, “lo que cambió ayer, tendrá que cambiar mañana”.

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Huyendo
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María Antonia San Felipe | 15-11-2014 | 08:38| 0

 

Quien huye de la realidad acaba topándose de bruces con ella. Mariano Rajoy, en su particular forma de entender la política, lleva tiempo evitando afrontar la crudeza de una realidad que escandaliza, desanima y cabrea a la mayoría de sus conciudadanos. Rajoy es, hoy por hoy, ya lo he dicho otras veces, el mejor descendiente del don Tancredo español. Convencido como está de que el tiempo todo lo arregla permanece quieto, emboscado, en un silencio que se me antoja cobarde, esperando que el toro pase sin verlo. España se desangra por los cuatros costados y el presidente prepara su huida a Australia para que los teletipos con las malas noticias lleguen con unas horas de retraso y quizás, cuando los lea, el nuevo problema ya se habrá solucionado. Así es el presidente Mariano Rajoy, un profesional de la política escasamente profesional, que huye de la realidad, de la prensa y de la responsabilidad pero que está atrapado en el cenagal de la corrupción, del embuste y de la indolencia como si fuese una fotocopia del mismísimo rey pasmado de la novela de Torrente Ballester.

 Ante ninguna crisis importante que nos ha afectado en los últimos años ha tenido agallas para dar la cara, coger el toro por los cuernos y plantear una solución imaginativa o coherente. Si analizamos su acción política observaremos que siempre ha vivido de las escusas o eludiendo la responsabilidad. Los recortes los hacía porque no le quedaba más remedio, órdenes de Bruselas. Sobre la corrupción, ¡ay amigos! ¡que temazo!: -Sé fuerte, Luis, sé fuerte. Le dijo a Luis Bárcenas cuando éste ya estaba en la cárcel y no pasó nada de nada. Mentira tras mentira, mientras se engordaba el ovillo hasta abrazar a Monago (viajero por amor a costa del erario público) ¡Cuánto habrá que esconder para no pedir dimisión alguna ni a imputados ni reimputados ni plurimputados. ¡Ya escampará!, piensa don Tancredo. De la crisis del ébola, ni palabrita del niño Jesús. Cuando amainó el temporal dijo que le habían informado los expertos de que la cosa iba bien.

Tres días ha tardado en dar la cara con el pseudoreferéndum de Cataluña y lo ha hecho ante la presión de propios y ajenos sobre las nefastas consecuencias de su increíble silencio. Obligado por las circunstancias ha dicho lo de siempre, la ley está para cumplirla. Ya, ya, Mariano, pero siempre y todo el mundo, ¿verdad señor presidente? Después de tres días se ha percatado de que si en el simulacro de referéndum, sin garantías democráticas, han votado sólo un tercio de los catalanes es porque dos tercios no lo han hecho. Brillante conclusión a la que ya habíamos llegado los españoles sin necesidad de que la astucia presidencial nos alumbrara con su matemática conclusión. La tardía reacción de don Tancredo ha hecho que Artur Mas se apuntara como un éxito el apoyo a su consulta de más de dos millones de catalanes, una cifra que evidencia que algo más habrá que hacer que amenazar con la Fiscalía General del Estado. Sin olvidar el hecho de que, una vez más, la líder del PP catalán Alicia Sánchez Camacho haya anunciado una actuación que sólo compete a la fiscalía evidenciando la continua confusión de poderes de esta España sumida en la degradación progresiva de todas las instituciones de un Estado enfermo a todas luces.

Creo que la grandeza de la política y del poder democrático consiste en enfrentar los problemas reales no desde la miopía de ganar votos a corto plazo sino de buscar soluciones a largo. Hoy por hoy, después de que dos millones de personas, da igual que sean muchas o pocas según las opiniones, ya han votado aunque sea desobedeciendo, recurrir a la vía judicial es sólo la constatación de un fracaso, de su fracaso señor Rajoy. Lo que está claro es que el único que tenía un plan era Mas, porque Rajoy no tenía ninguno. Ya ven lo que son las cosas, antes del referéndum simulado el que parecía un cadáver político era Artur Mas y ahora el que lo aparenta es Mariano Rajoy. Pero nada, señor presidente váyase a Australia que es una forma de seguir huyendo.

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Peor es imposible
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María Antonia San Felipe | 08-11-2014 | 11:52| 1

Por fin ha llegado el otoño y antes de que llegue el invierno el tablero nacional se va a poner tan calentito que no vamos a notar ni el frío. El gobierno asesorado por el supercomisario de la energía Arias Cañete, recomienda al ciudadano español que, al precio que está la electricidad, se sienten en torno al brasero de las abuelas a ver la tele y a hablar de que viene el lobo, es decir, Podemos. Las últimas encuestas tienen asombrados a los partidos y al gobierno. Mariano y sus ministros no acaban de comprender la ingratitud y la inconsciencia del personal que ahora quiere votar a un parlanchín con coleta. ¡Cómo es la gente!, ahora que empiezan a ir bien las cosas, que parece que la economía algún día de algún año remontará, la gente ingrata se niega a reconocer el éxito del trabajo de muchos dirigentes de este país. Gentes desprendidas que han estado, día a día y año a año esquilmando, engañando, saqueando, recortando, destruyendo y arruinando a un país que debe tanto como produce. Y la gente no quiere ver lo bonito que es un país repleto de chorizos de primera y en el que los delitos de corrupción, blanqueo, evasión de capitales, sobornos y otras mamandurrias pueden acabar prescribiendo antes de que los jueces terminen de recabar las pruebas e instruir las causas.

Ahora algunos quieren aparentar aflicción y propósito de la enmienda pero, como dice La Rochefoucauld, el arrepentimiento no lo produce el pesar por el mal causado, sino el temor por lo que puede sobrevenirles. Esta es la clave de lo que está ocurriendo. Los partidos tradicionales han irritado tanto a sus votantes que muchos han decidido no perdonarles porque ya no les creen. Hay que reconocer que, al menos, el PSOE lo intenta con Pedro Sánchez ante el pánico que les produjo el resultado de las elecciones europeas. Pero el PP sigue enrocado en una espiral de soberbia autodestructiva imposible de perdonar porque está sustentada en una sucesión de mentiras y de corrupción que parece generalizada.

Estos días recordaba cuando algunos se burlaban de los “perroflautas” del movimiento 15-M y les retaban a organizarse como partido si querían cambiar las cosas. Seguramente hoy estarán arrepentidos de haberles dado tan brillante idea porque la indignación que llenó la puerta del Sol de Madrid y las plazas de muchas ciudades es el germen del nuevo partido que está canalizando la voluntad de muchos ciudadanos que se habían refugiado en la abstención. Hay que reconocer a Podemos haber ilusionado a mucha gente al convencerlos de que el voto, su voto, puede cambiar políticos y orientar políticas que produzcan riqueza para distribuirla con equidad. No es que no lo supieran pero habían tirado la toalla y ahora han decidido volver a pelear en las urnas.

      Si algunos dirigentes políticos harían bien dimitiendo, los de Podemos deben ser prudentes porque como dice un viejo refrán español, “una cosa es que te quiera y otra cosa es que me case”. Traduzco, una cosa es decir que te voy a votar y otra cosa es que te vote. La formación que lidera Pablo Iglesias va a ser analizada con lupa y sólo consolidarán la intención de voto si consiguen un programa que además de halagar el oído del posible votante resulta factible en un país defraudado donde ya nadie se cree nada de nadie. El reto que tiene ante sí Podemos no es fácil, pero hay que reconocer que puede ser apasionante. La fragmentación de voto que ofrece la última encuesta no permite gobernar en solitario sino que va a obligar a pactos. ¿Quiénes van a pactar? ¿El PP y el PSOE?, ¿El PSOE y Podemos? ¿Todos menos Podemos? El tiempo lo dirá. De momento algunos nos van a asustar con un futuro incierto si no les votamos a ellos. Pero estando como estamos en el fondo de un pozo lleno de estiércol, yo me pregunto, ¿podemos ir a peor en España?

 

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El miedo y el perdón
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María Antonia San Felipe | 01-11-2014 | 08:31| 0

El miedo produce vértigo y de pronto el pánico se ha instalado en quienes con tanta soberbia han ejercido el poder creyéndose por encima del bien y el mal. Está visto y comprobado que en este maravilloso país las mayores cotas de dignidad personal no se encuentran en la élite política y social, sino en su base. Nos han ofendido con su comportamiento mafioso, con sus componendas a la sombra del tráfico de influencias, con actitudes indignas en el ámbito de la prevaricación y, por si fuera poco, con la avaricia del embustero, han amasado fortunas y se han procurado jubilaciones de lujo. Han insultado al anciano que sobrevive modestamente con su pensión, estirando cada euro y ahorrando cada céntimo; al auxiliar de clínica que limpia el trasero de enfermos en los hospitales, al autónomo que se autoemplea, al tendero del mercado que pelea cada día, al agricultor que suma céntimo a céntimo sus exiguas ganancias, a la cajera del supermercado, al maestro, al funcionario modesto, al parado, al médico y al bombero.  

Pero no sólo nos han ofendido y nos han insultado sino que nos han mentido, con premeditación y alevosía, y lo que es peor, nos siguen mintiendo. Porque la petición de perdón de Esperanza Aguirre, de Mariano Rajoy y de quienes se han sumado a ellos no es un reconocimiento sincero de errores, sino que ese acto de contrición es tan falso como sus promesas de regeneración. No existe arrepentimiento, se trata de una  estrategia política urdida para seducirnos de nuevo, para devolvernos al redil de la sumisión porque las encuestas que manejan, incluida la que está por publicarse del Centro de Investigaciones Sociológicas, les anuncia una hecatombe electoral, es decir, los coloca ante la pérdida de gran parte del poder que detentan. Ese es su único miedo, verse alejados del poder, tras años riéndose de nosotros a la cara.

Está claro que pedir disculpas, del modo que lo han hecho,  ni es sincero ni fruto de la vergüenza de estar en medio de un estercolero moral. Aunque algo si está claro, hemos estado gobernados por una variedad de políticos totalmente idiotas e ignorantes de todo. Ellos eran el motor de la cadena de corrupción, estaban rodeados de sinvergüenzas y nunca supieron nada, ni fueron responsables de nada, no conocían a nadie ni vieron jamás algo sospechoso. Su única preocupación era cobrar cuantiosas nóminas, sobresueldos y dádivas por no saber ni ver nada, salvo el nivel de sus cuentas corrientes. Una cosa hemos de tener clara, si el conserje o la limpiadora del ministerio hubieran cometido un fallo le hubiera caído la mundial por incompetentes. Cuando gobierna un irresponsable, si pasa algo el único culpable siempre es el bedel de la planta baja. Dice Javier Marías, que todo tiene un tiempo para ser creído, y lleva razón, porque hoy es el tiempo en el que ya nadie se cree nada, ni confía en nadie. Nos piden perdón, que es gratis, ponen cara de circunstancias y se quedan tan anchos mientras todo sigue igual. Los implicados en los cientos de tramas corruptas entrarán en la maraña judicial e irán pasando los meses y los años antes de que unos juzgados atascados por tanta corrupción puedan dictar sentencias. De momento, nadie devuelve el dinero robado.

Pero los ciudadanos no hemos de olvidar que el perdón hay que otorgarlo, no basta con pedirlo y está claro que no es momento de concederlo. Yo particularmente no tengo intención ni de olvidar que han dejado este país como un erial, ni de perdonar que hayan destrozado nuestros servicios públicos que nos igualaban a todos. Como ni olvido ni perdono, creo que en situación de emergencia nacional hay que elevar el nivel de exigencia. Señores, si este país es verdaderamente democrático ante la insalubridad del clima político sólo queda una salida, contar la verdad por cruda que sea, convocar inmediatamente elecciones y que los ciudadanos decidan si perdonan o si castigan severamente a quienes, en su opinión, lo merezcan.

 

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El robo del siglo
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María Antonia San Felipe | 25-10-2014 | 10:56| 0

En España el soufflé de la corrupción no para de subir y la temperatura del horno está ya a punto de explotar. Vivimos en un país de asombrosas maravillas inventadas por profesionales del malabarismo y de la estafa. A fecha de hoy, Rajoy guarda un silencio cómplice y cobarde y permanece tan mudo como José María Aznar. El que fuera definido por algunos como el mejor presidente democrático, tiene hoy a todos sus hombres de confianza enmarañados en tramas de corrupción. En 2010, presentando el libro España: claves de prosperidad, calificó a Rodrigo Rato como el “mejor ministro de Economía de la democracia”, algo así como el Cid Campeador del milagro económico español. Los dos se creían las claves del éxito que compartían en ese acto simbólico con Rajoy, el sucesor designado por Aznar. En aquellos días Rato acababa de llegar a la en la presidencia de Caja Madrid sucediendo a Blesa, el amigo de Aznar, en un tejemaneje político que hoy conocemos con toda su crudeza. Aznar sabe mejor que nadie que si hay que salvar a Rajoy habrá que sacrificar otras piezas para tranquilizar al personal y su cabeza puede ser la próxima tras la que esconderse de la verdad.

En 2010 todavía colaba en la opinión pública que Rodrigo Rato era un superdotado en el terreno económico y financiero. Nosotros no conocíamos nada de nada, pero ellos sabían muy bien lo que habían hecho y lo que estaban haciendo con Caja Madrid y con la caja B del partido. Ahora que los pájaros Blesa y Rato, junto a otros muchos pajaritos, han sido cazados, somos conscientes de la voracidad y la ausencia de escrúpulos con la que manejaban los ahorros de los impositores. Sintiendo náuseas de tanto latrocinio, me pregunto: cuándo Rato, Acebes, Álvarez Cascos, Jaume Matas o el resto de los que cobraban sobresueldos en negro, iban al Consejo de Ministros que presidía Aznar o al Consejo de Administración de Bankia ¿en qué pensaban?, ¿en la sociedad a la que debían servir?, ¿en España? Yo creo que sólo pensaban en su lucro personal. La lista de invitados a la boda de la hija de Aznar, en plena efervescencia económica y política, cuando se creían intocables, resulta hoy esclarecedora y acusatoria. En ella aparecen todos los imputados por los jueces, bien sea por la trama Gürtel, por el caso Noos, por la gestión de las preferentes de Bankia, por el uso de las tarjetas opacas o por tantos etcéteras que ya ni recuerdo. Lo que no puedo olvidar son, entre otras nimiedades, los más de 30.000 millones de euros que nos ha costado a los españoles el rescate de Bankia, tras el atraco planificado desde el interior por sus propios gestores. Esa inmensa deuda la estamos pagando estrangulando nuestra sanidad pública y nuestro sistema educativo y empobreciendo a la población. Resulta desolador el espectáculo y es demoledor que a día de hoy, tras todo lo ocurrido desde que estallara el caso Bárcenas, ellos sigan negando y mintiendo para eludir una responsabilidad política indiscutible, ya que las civiles y penales espero que las diriman los jueces con ecuanimidad.

Tengo la impresión de que durante años en España se ha estado perpetrando el robo del siglo por ambiciosos sin escrúpulos que se creían los más listos del país y que no tuvieron en cuenta que el sentimiento de impunidad suele inducir a errores. En el fondo estos personajes han perpetrado el atraco al puro estilo Torrente en el asalto a Eurovegas, es decir, a lo cutre. La democracia que tenemos es imperfecta pero, al menos, el reproche social ha comenzado a dar sus frutos y ojalá que la justicia actúe como tal, todavía hay esperanza. Escuchando las declaraciones de algunos dirigentes tildando de antisistemas a nuevos movimientos políticos, yo me sonrío. En realidad son hijos suyos, son la reacción a su incoherencia y a su inmoralidad. Todo indica que el sistema político nacido de la transición ha sido destruido por la voracidad de sus falsos guardianes.

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Sainetes
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María Antonia San Felipe | 23-10-2014 | 16:15| 1

Está claro que la proclividad hacia el sainete que tenemos en este país es parte de nuestra esencia. En las noticias de la semana hay materia de sobra para escribir varios, pero como el sainete siempre tiene su parte de drama, aquí estamos, llorando de risa, de pena y de rabia al mismo tiempo. Estos días, como muchos españoles, me he preguntado: ¿para qué sirve un ministro? Está claro que si tomamos como ejemplo a la ministra de Sanidad, Ana Mato, concluiremos que para poco o nada. Es más, la sinsustancia de sus declaraciones nos ha demostrado que sus comparecencias pueden causar más desconcierto que tranquilidad en la ciudadanía. De ella sólo sabemos que no vio jamás un supercoche Jaguar aparcado en su garaje y que nunca supo quien pagaba el confeti de los cumpleaños ni los viajes de lujo de su familia. Puede decirse que por no saber ni ver nada de nada llegó al gobierno de España. Es ya evidente que la actuación conjunta de Ana Mato y del deslenguado consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid pasará al libro de los disparates de este aciago período de la historia de España. El viejo sueño de ser gobernados por los “mejores” es una indudable utopía, pero al menos, seríamos más felices si consiguiéramos que no nos administraran los más incompetentes.

Mientras Teresa Romero se debate entre la vida y la muerte la incontinencia verbal de Javier Rodríguez ha desparramado despropósitos sin ningún pudor culpabilizándola de un supuesto error, insultando a la inteligencia de cualquiera con dos dedos de frente. Por otro lado, la actuación de Ana Mato ha sido incalificable tanto por acción como por omisión. Que el propio presidente del gobierno, que jamás mueve un dedo hasta que el edificio se desploma,  haya tenido que poner al frente de la desastrosa gestión de la crisis del ébola a Soraya Sáenz de Santamaría, que parece la administradora única de todas las áreas del gobierno de España, es la mejor prueba de la incapacidad de la ministra. La petición de perdón del consejero de Sanidad, forzado por la ola de indignación que sus palabras chulescas y salidas de tono han producido, no borran ni su imprudencia ni la mala fe de sus acusaciones contra Teresa.

En la España actual, desangrada por la corrupción y la incompetencia, cualquier mediocre sin sentido puede ser nombrado ministro. En este caso la única virtud conocida de Mato son los servicios prestados a Mariano Rajoy cuando se tambaleaba como líder del PP. Premiar fidelidades con cargos de tan alta responsabilidad sin estar capacitados es una temeridad y un riesgo para el conjunto de un país asolado por la avaricia y la ambición de quienes creen que gobernar consiste en asistir a saraos y recepciones. Resolver problemas y no crearlos es sólo uno de los méritos que debe exigirse a cualquier gobernante. Pero, Ana Mato ni siquiera sabe para qué sirve un ministro. Ella y el consejero de Sanidad de Madrid son dos buenos ejemplos, aunque no los únicos, de la mediocridad instalada en las alturas del poder. Esto es para echarse a temblar. Cuantas más veces dicen que todo va bien, más miedo tengo. Mientras el viento sopla a favor el barco avanza pero al menor contratiempo, es decir, cuando un dirigente político debe demostrar su valía, es cuando se evidencia el grado de ineptitud de unos falsos líderes que sólo saben echar balones fuera y derivar las responsabilidades hacia los más débiles de la cadena. No se olviden de que la culpa de esta terrible crisis nos la han echado a nosotros por vivir, supuestamente, por encima de nuestras posibilidades, mientras ellos se afanaban, por ejemplo, en saquear las cajas de ahorro. En cualquier otro país, Mato y Rodríguez, hubieran dimitido por vergüenza torera o estarían ya fulminantemente cesados. Por cierto, en esta crisis, ¿dónde ha estado el presidente? Lejos, muy lejos de todos nosotros.

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Águila Roja
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María Antonia San Felipe | 11-10-2014 | 07:47| 0

España se encuentra últimamente en fase de deshielo, como el Ártico. Cuando la nieve desaparece deja al descubierto las montañas y aquí la temperatura de la indignación está descubriendo un monte Everest poblado de estiércol. Si en las épocas gloriosas, se proclamaba que en el imperio español no se ponía el sol, hoy podemos afirmar que en España no pasa día sin que se descubra un nuevo sinvergüenza. No anochece sin constatar que la mayor ambición de una gran parte de la élite social y política no ha sido construir un país mejor sino forrarse. Ciertamente las excepciones existen y por eso los buenos, los que han sido coherentes, se merecen un monumento.

Cada día que pasa se vulnera nuestra capacidad de asombro. El asunto de las tarjetas en negro de Caja Madrid es otro de los latrocinios que nos ha dejado boquiabiertos. Cuando Diego Medrano y Treviño creó, por Real Ordende 3 de abril de 1835, las Cajas de Ahorro, ya advirtió de la necesidad de mantenerlas “libres de las invasiones de la autoridad bajo pretexto de préstamos forzosos u otros semejantes medios”. Si viera el páramo que han dejado las autoridades de las diferentes Comunidades Autónomas interviniendo directamente en el control de las cajas de ahorros y orientando los criterios de concesión de créditos a amigos y afines políticos se escandalizaría del expolio y del saqueo que se ha perpetrado. No sólo estafaron para enriquecerse sino que, además de vivir muy por encima de sus posibilidades y de las nuestras, todo les parecía insuficiente. Los ancianos que fueron inducidos por los directores de las sucursales de Bankia a cambiar los ahorros de toda su vida por preferentes debían entender lo que firmaron pero Blesa y Rato, el primero inspector de Hacienda y el segundo, exministro de Economía  no sabían que las tarjetas en negro eran ya de por sí un fraude, además de un desfalco encubierto. De pronto, parece que hubiera estallado una bomba racimo y uno a uno van cayendo los más de ochenta directivos que han vivido a todo tren a costa de los incautos ahorradores. El antiguo jefe de la casa del rey Juan Carlos I, Rafael Spottorno ha sido el último. No es por vergüenza torera que se van sino porque el clima social está tan subido de tono que temen que los apedreen e insulten por la calle.

Este es un país de ciegos, nadie ha visto nada durante años pero todos lo sabían. Como en el Lazarillo de Tormes cuando decidieron comerse las uvas de una en una, pero mientras el ciego se comía dos, Lázaro comía tres y por eso callaba. En España todo indica que eso es lo que ha pasado. Parece que en este país las leyes se hacen para incumplirlas y quien mejor las vulnera es el que las escribe porque ya conoce de antemano donde está la trampa.

Para completar el cuadro costumbrista de la picaresca española, tenemos a Gallardón en un nuevo trabajo en el que se paga por no hacer nada, una prueba más de que en este país a algunos se les ha ido la olla, la mano o ambas cosas. La guinda del pastel la ha puesto la investigación abierta, por ocultar a Hacienda 1,4 millones de euros, al histórico dirigente minero José Ángel Fernández Villa quien ha sido durante 35 años líder del sindicato asturiano SOMA-UGT. Que un símbolo de la lucha obrera caiga de bruces al suelo por corromperse con más zafiedad que los que se enriquecían vulnerando los derechos de los trabajadores a los que prometió defender, es realmente demoledor y pone la puntilla al ya decadente modelo sindical de la transición. Una puñalada al sindicalismo semejante a la que Pujol ha perpetrado al catalanismo.

Llegados a este punto y sin nadie en quien confiar, sólo nos queda esperar que aparezca de una vez por todas el Águila Roja y nos salve del Comisario que siempre está al servicio de los que nos saquean y nos desprecian. Si no llega a tiempo Águila Roja no olviden que la mejor arma es ejercer libremente nuestro voto a modo de castigo.

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De puta a puta, taconazo
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María Antonia San Felipe | 04-10-2014 | 07:59| 0

En 1880 Guy de Maupassant escribió un magnífico relato que tituló Bola de sebo. La historia se desarrolla durante la ocupación prusiana de Francia y en ella diez personajes con salvoconductos huyen de Ruan en una diligencia. Viajan tres matrimonios adinerados tratando de salvar sus fortunas, dos monjas, un político (presuntamente revolucionario) y una conocida señorita de la vida galante, mal mirada por el resto dada la “inmoralidad” de su profesión. Ella compartirá sus viandas cuando todos tenían hambre, pese al desprecio que le habían mostrado. Al parar en una posada un capitán prusiano les impide seguir adelante si Bola de Sebo, no pasa una noche con él. La prostituta se niega, algo que no comprenden las damas ricachonas ni las monjas dado su oficio y los hombres tratan de convencerla, olvidando tanto su patriotismo como su hipócrita moral. Al final Bola de Sebo acepta y al día siguiente pueden partir repitiéndose en la diligencia iguales desprecios hacía quien, con su generosidad, había permitido que huyeran con sus fortunas y con sus falsos principios morales.

Cuando observo estos días el teatrillo de la política española no puedo sino evocar el comportamiento de esa mujer, más ejemplar que quienes se consideran padres de la patria. También veo que los ciudadanos de a pie somos un poco como la prostituta del cuento, que además de ser insultados con engaños estamos poniendo la cama. El asunto del referéndum catalán se ha convertido en el centro de la vida española y ello es así porque tanto el gobierno de España como el de Cataluña están dirigidos por supuestos líderes que ejercen su poder con una miopía que puede convertirse en histórica catástrofe. Yo me pregunto si les interesa de verdad lo que les ocurra a los españoles, catalanes incluidos, porque de momento todo somos España.

No hay cosa más sencilla en política, ni tampoco más peligrosa, que agitar los sentimientos identitarios. Igualmente nada hay más ventajoso en los tiempos de demagogia en que vivimos que señalar un enemigo como causante de actuales o venideras desgracias. Ciertamente, todo indica que se ha llegado a un callejón sin salida con un horizonte tan negro como la crisis actual. En realidad los mayores enemigos de españoles y catalanes son el paro, el crecimiento de la desigualdad social, la corrupción y la ausencia de proyecto común, pero se están llevando las cosas a un enfrentamiento irracional que veremos dónde termina. Rajoy envuelto en la bandera de España y Mas en la catalana, impávidos y con embustes están levantando pasiones difíciles de aplacar. El referéndum convocado es ilegal, lo sabemos todos, pero más allá de una clase política irracional está la gente y para convencerla de que puede haber una convivencia y un futuro en común habrá que hacer algo más que enviar antidisturbios y negar el diálogo.

Al mismo tiempo, catalanes y españoles, observamos que el empobrecimiento y la desigualdad social son tan reales que estremecen y no creo que los solucionen ni la independencia ni la intransigencia. En medio del maremoto y ante el riesgo de una tercera recesión, se han inventado una nueva fórmula para medir el producto interior bruto (PIB). Para que las cifras macroeconómicas les cuadren mejor computan en la Contabilidad Nacional la prostitución y las drogas y gracias a ello el PIB nominal de 2013 pasa de 1.022.988 a 1.049.181 millones de euros. Es decir, las actividades ilegales representan el 0,87%. Fíjense ustedes, ahora va a resultar que, como en el cuento de Maupassant, las prostitutas nos van a salvar haciendo crecer la economía con más acierto y grandeza moral que los supuestos líderes de la política española. De momento, en una parte del territorio crecen los anticatalanistas y en el otro los independentistas y sobre la cuerda, cada vez más tensa, están Rajoy y Mas, Mas y Rajoy que hablando el mismo lenguaje parecen decirse: de puta a puta, taconazo. Sólo nos queda esperar que el daño que causen no sea irreversible y que la generosidad de las prostitutas, como en el cuento, nos salve.

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Salir del laberinto
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María Antonia San Felipe | 27-09-2014 | 08:28| 0

          Llevaba tiempo Alberto, como escribí la semana pasada, dando vueltas como loco por los pasillos del laberinto por los que andaba perdido con su anteproyecto de ley del aborto bajo el brazo. Está claro que de él sólo podía salir con ayuda de Dédalo que fue quien lo construyó, es decir, de Rajoy. La realidad ha sido terriblemente dura para Gallardón. Parece mentira que habiendo sido líder carismático de la simulación y el embaucamiento no haya aprendido que en política lo mismo te aplauden con fruición tus compañeros de partido que te tiran al cubo de la basura y precintan la tapa para que no levantes cabeza. Digamos que esto último es lo que le ha ocurrido al listo de Alberto Ruiz Gallardón. Él iba y venía con su ley a mostrársela al jefe y mientras otros gurús le llenaban a Rajoy la mesa de encuestas que le indicaban que para ganar las elecciones era necesario buscar el centro político, algo tan complicado de encontrar como el santo grial de la leyenda artúrica.

  Él amenazó con dimitir y ese órdago público, tantas veces repetido, no le ha dado esta vez resultado. Rajoy no le pidió que reconsiderase su postura, no insistió en que se quedara por el bien del PP y de España. La suerte estaba echada. Una vez que el presidente del gobierno anunció su decisión de aparcar el proyecto de ley del aborto, al listo de Gallardón no le quedaba otra salida que la dimisión si no quería ser motivo de chanzas y chirigotas. Aunque está claro que de los chistes no lo va a librar nadie. Gallardón es ya historia y no hay duda de que a ella va a pasar como el primer ministro de España que, en vez de avanzar hacia el futuro en sintonía con la sociedad española, pretendió retrotraerla al pasado criminalizando a las mujeres e intentado imponerles una moral como en otros tiempos la Inquisición trataba de condicionar las conciencias con castigos y amenazas.

Su paso por el ministerio ha sido nefasto y aunque Gallardón se ha ido porque Rajoy y su partido lo han sacrificado a cambio de un puñado de votos, su dimisión es un triunfo de la sociedad que ha mostrado su disconformidad con una visión tan retrógrada del mundo en que vivimos. Despedido Gallardón, no podemos perdonar el dolor que han causado pero si constatar la profunda hipocresía que habita en el gobierno de España. Dice Rajoy que ésta es la mejor decisión y la que menos divide a la sociedad española. Esta afirmación resulta en sí misma la prueba evidente de la falta de escrúpulos con la que se ejerce el gobierno. Cuando se adoptan disposiciones de tanta trascendencia social se supone que se han valorado todos los aspectos que concurren. Pero no, con una soberbia infinita ayer presentaban su ley del aborto como el mayor avance en la protección de los derechos del concebido no nacido y hoy se dan cuenta de que ni sus votantes demandaban esas contrarrevoluciones ideológicas.

El fraude a la sociedad española ejercido desde el gobierno de Rajoy es inmenso, ni siquiera la frágil mejora económica puede tapar el retroceso en derechos, el saqueo de la sanidad pública, la merma de servicios sociales, la subida de impuestos, el billón de euros de deuda, el paro y la corrupción… Siendo todo esto terrible no hay duda de que el fraude a sus propios votantes es todavía mayor. Obtuvieron un apoyo masivo de los españoles y hoy el inventario de mentiras, previas y posteriores, no los encubre el recuerdo de la herencia anterior. La retirada de su ley del aborto es la mejor prueba de la traición al programa electoral que los llevó al poder. Será difícil que a partir de ahora los portavoces del gobierno y del PP puedan invocar principios universales o la coherencia en sus actuaciones, seguramente en las filas de los cargos públicos del PP estos días cunde el desánimo ante la evidencia de tanto engaño perpetrado consecutivamente contra la sociedad española, pero ya sabemos que dimitir es un verbo que sólo se conjuga en España cinco minutos antes de ser cesado o depositado, como Gallardón, en el cubo de la basura.

 

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El laberinto
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María Antonia San Felipe | 20-09-2014 | 07:51| 0

Cuentan que en la antigua Creta, la tierra del rey Minos, el arquitecto Dédalo construyó un laberinto para encerrar a Minotauro e impedir que pudiera salir de él. Hoy bien podemos afirmar que el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón vaga cabizbajo y abatido por los pasillos interminables del laberinto sin encontrar la salida al embrollo de su proyecto de ley del aborto que pretendía transportarnos medio siglo atrás. No hay constancia de si en este lío se introdujo él solito o lo metió el presidente Mariano Rajoy. Tampoco sabemos si Gallardón es Dédalo construyendo su propio fracaso o, quizás, representa el papel del repudiado Minotauro, aunque también puede ocurrir que esté triste viéndose a sí mismo como si fuera el toro de la Vega al que las lanzadas se las disparan sus ingratos compañeros de partido.

Dice el refrán español que el tiempo pone a cada uno en su lugar, eso le está ocurriendo al pobre Alberto. Tras endeudar el Ayuntamiento de Madrid hasta el límite de la ruina, se lo dejó como herencia a Ana Botella para convertirse en ministro de Justicia y por tanto, Notario Mayor del Reino. Este es un título muy bonito porque ahora él mismo puede dar fe de su propio declive. La más que probable defunción de su proyecto de ley del aborto pone de manifiesto una vez más la hipocresía que se practica en política y la ausencia total de principios que se derrumban ante las encuestas de opinión.

Mariano Rajoy tras incumplir el grueso de su programa electoral y traicionar a quienes creyeron en él, encargó a Gallardón la elaboración de una nueva ley del aborto para derogar la vigente cuya aplicación no había supuesto ningún rechazo social. Queriendo complacer a una parte de sus votantes defraudados decidieron cumplir al menos una de sus promesas. Así nació un texto que no sólo es retrógrado, sino que contradice la mayoría de las legislaciones al respecto de la Unión Europea al pretender criminalizar a las mujeres. Es decir, el proyecto nació de un cálculo electoral y, por igual motivo, parece que va a ser aparcado porque las encuestas demuestran que a la sangría de votos que se produjo en las elecciones europeas puede sumarse la pérdida de los votantes más moderados. Para un ministro que en tono solemne ha manifestado que “probablemente lo más progresista que yo haya hecho en mi vida política es defender el derecho a la vida”, tener que comerse ahora su proyecto de ley, le deja pocas salidas dignas. Él ha apelado a una cuestión de conciencia, de principios morales y los principios, si son tales, no son de quita y pon. Por tanto, la única salida que le queda si quiere ser coherente consigo mismo es la dimisión.

El gobierno tampoco queda bien parado. En esta contradicción traiciona sus supuestos valores inmutables de los que se enorgullecía hace unos meses temiendo perder un puñado de votos y ahora renuncia para favorecer la elección de sus alcaldes y presidentes. El ministro Gallardón, que sigue deambulando por el laberinto, para ganar tiempo buscando la salida, ha declarado que ahora lo importante es frenar el referéndum catalán interponiendo el correspondiente recurso ante el constitucional. No es la primera vez que amaga con irse aunque al final siempre se queda. Presiento que alegando el bien de España, una vez más, se tragará los principios, se confesará por mentir y aquí paz y después gloria. Podemos concluir que desde que la nobleza del ejercicio político se sometió al imperio de las encuestas de intención de voto la degradación del sistema se ha precipitado. Actualmente un gobierno puede defender una cosa y la contraria sin que pase nada. Seamos claros, hoy por hoy, todos somos víctimas y cómplices de la situación actual, aunque también es evidente que sólo nosotros podemos cambiarla. El reto es engañar al Minotauro y vencerlo como Teseo.

 

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