La Rioja
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Sobreviviremos
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María Antonia San Felipe | 18-05-2018 | 16:55| 0

quim-torraAl fin, en Cataluña hay president. Es éste un hecho cierto aunque todo indica que a la Generalitat no ha llegado todavía el sentido común. A la biografía de Quim Torra le precede su adscripción a la xenofobia y al supremacismo, ideologías excluyentes y parafascistas que dan mucho miedo. A mí, al menos, no me tranquiliza que en uno de los momentos más complicados de nuestra historia reciente llegue a presidir el autogobierno catalán un tipo que ha hecho del insulto racista su bandera. No sólo se ha elegido a un títere a las órdenes, no de los electores, sino de otro títere designado en su día por un Artur Mas rodeado de corrupción y de fracasos. El nuevo president ha dejado claro que no pretende serlo de todos sino de una parte a la que le están falseando la realidad. La cosa ha comenzado fatal.

Los independentistas, nacionalistas de derechas, de izquierdas o antisistemas, envueltos en contradicciones inexplicables y en una realidad paralela, han elegido a un gobernante peligroso incluso para sus propios intereses. Sus obsesiones no obedecen a las aspiraciones de la totalidad de los catalanes sino a un misterio profético que les salvará de la “crisis humanitaria” en la que dicen vivir. Torra no está al servicio de la ciudadanía catalana en su conjunto, sino a las órdenes del expresident Carles Puigdemont, que prometió liberar a su país de la opresión pero huyó sin atreverse a culminar el desafío de la República catalana. Siempre he desconfiado de los patriotas que se esconden tras las banderas y se olvidan de las personas.

¡Qué fácil es pervertir el lenguaje! Hablar de democracia y olvidar a más de la mitad de tu propio pueblo, hablar del derecho a decidir e ignorar el derecho a pensar distinto. En fin, es difícil pasar de lo abstracto a lo concreto, de verbalizar palabras grandilocuentes a mejorar la vida cotidiana, de proclamar lealtades inquebrantables a ponerse al servicio de los ciudadanos.

A Quim Torra pueden ocurrirle dos cosas a partir de ahora: que quede preso de su obediencia al prófugo que vive en Alemania o que el poder nuble, todavía más, los confines de su inteligencia. Todo es posible en aquellos políticos que se creen predestinados para culminar mandatos que el pueblo soberano no les ha encomendado. En este caso, la sentencia de las urnas nunca fue proclamar la independencia por mucho que hayan ganado las elecciones. El diputado de los Comunes, Xavier Domènech, le formuló a Torra una pregunta cuya respuesta hubiera sido interesante conocer:

“-¿Qué piensa usted de los españoles? Porque entonces sabremos qué piensa de Catalunya. Un 70% de catalanes se sienten también españoles en mayor o menor medida” (…) Si yo hubiese hecho los tuits que usted publicó, -añadió- no me atrevería a presentarme como candidato a presidir la Generalitat; un país dividido contra sí mismo es un país que no puede subsistir”.

No hubo contestación, por eso es evidente que Quim Torra será a partir de ahora, dueño de su silencio y esclavo de sus palabras. Sus palabras son los insultos, su silencio proclama que no tiene un proyecto que compartir, no pretende restablecer la convivencia entre todos los catalanes sino continuar con el desafío. Veremos.
En Cataluña la ciudadanía está partida, rota y desolada, son más los que no ven el futuro con esperanza. En el resto de España, el hartazgo nos lleva por el territorio del olvido. Es decir, estamos del procés hasta el moño. La miopía de este nuevo líder del procesismo es infinita porque siendo grave el desafío al estado, no lo es menos la factura social, soterrada o explícita, que en Cataluña se ha producido.

Creo que el gobierno de Rajoy está pagando sus propios errores, que no son pocos ni pequeños, pero tarde o temprano los independentistas, ahora envalentonados, pagarán los suyos. No soy muy optimista sobre la duración de esta locura pero tengo claro que Rajoy, pasará; Puigdemont, pasará; Torra, pasará y España y Cataluña les sobrevivirán.

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El entierro
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María Antonia San Felipe | 12-05-2018 | 06:49| 0

eta¿En qué lugar de la historia se ocultarán las mentiras? ¿Cómo interpretará el tiempo las palabras que construyen los engaños? Estas cosas me vinieron a la mente escuchando el último comunicado de ETA. De nuevo, quienes justifican la violencia como forma de participación política vuelven a transitar por el sendero de la infamia, a persistir en la falsificación de una realidad vergonzosa y vergonzante para ellos.

ETA está derrotada, fue derrotada hace tiempo, el 20 de octubre de 2011 se rindió sin conseguir ni uno solo de sus objetivos. La semana pasada, intentando cambiar la historia, anunció “el final de su trayectoria” dando “por concluidos el ciclo histórico y la función de la Organización” (sic). ¡Cuánto cinismo! Si alguien ha cursado un máster de obscenidad en el último medio siglo han sido los ideólogos de la banda terrorista ETA. Su aportación a la historia se resume fácilmente, terror y muerte. Ese es su histórico balance. La muerte y el dolor multiplicados exponencialmente desde la crueldad. Una aportación demasiado tétrica como para olvidarla tras la nueva representación teatral que han montado en el sur de Francia.

Además de muerte su otra aportación a la historia no es menos inquietante, se llama terror y miedo. Con ambos instrumentos y la complicidad de quienes les apoyaban, exculpaban o banalizaban su violencia, sus extorsiones y sus amenazas llenaron Euskadi y Navarra de alambradas invisibles que recorrían las calles y circundaban las plazas. Con mensajes subrepticios, silenciosos o explícitos del tipo: “sabemos cómo piensas”, “sabemos dónde vives”, “conocemos a tus hijos” crearon un clima sórdido e irrespirable. Sin elecciones se proclamaron intérpretes de las aspiraciones de los vascos, la disidencia suponía un tiro en la nuca, una extorsión, el repudio de los vecinos… Un manto de silencio y plomo cubrió sus acciones y en torno a los hogares de los señalados con su dedo totalitario se levantaron unas alambradas que sitiaban su libertad. Eran invisibles pero eran reales, las malditas alambradas las levantaba el miedo.

Durante años muchos vivieron amedrentados, incluso habiendo luchado por la libertad solo podían ejercerla en el limitado recinto de su domicilio detrás de la alambrada. Porque al otro lado muchos fingían que no veían, no sabían, no escuchaban. Toda excusa era buena para no afrontar la dura realidad, la complicidad con quienes habían levantado esos muros de aislamiento que sitiaban a las víctimas de la intimidación infligida por los delatores y mensajeros de los pistoleros. Llenaron España de dolor y Euskadi y Navarra, de alambradas. Muchos se sintieron, ya lo dije hace tiempo, como en el Niño con el pijama de rayas. El niño alemán limpio y sonriente ve, al otro lado de la alambrada, al niño judío sucio y con hambre, con la diferencia de que éste no puede traspasar la valla del terror que le mata lentamente como a un perro solitario.

La quiebra de la convivencia alimentada por los etarras y sus cómplices es el otro “mérito histórico” de la banda que todavía perdura en muchos pueblos vasconavarros. Este es el reto de los próximos tiempos. Algunos ya han comenzado a reconocer sus propios errores, otros no. Tímidamente la Iglesia católica ha pedido perdón por sus “complicidades, ambigüedades y omisiones”. Es un modo de comenzar, no debemos renunciar a la esperanza.

Durante años hemos acompañado a las víctimas en su dolor, hemos sufrido con las infamias que recibieron, hemos asistido solidariamente a sus funerales y hemos llorado a sus muertos. Desde ese dolor incalculable les recordaremos siempre. Sabemos que cuando termina un funeral solo pervive el dolor. El pasado 3 de mayo de 2018 vimos pasar ante nuestros ojos el cadáver de ETA, querían engañarnos pero su olor delataba que hacía tiempo que había muerto. En el funeral no hubo flores solo el desprecio lo cubrió por completo. Por primera vez no sentí dolor en un entierro.

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Ni miran ni ven
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María Antonia San Felipe | 04-05-2018 | 17:28| 0

manada2Hay quienes ni miran, ni ven. En España la distancia entre la calle y las instituciones se estira como el chicle. Vivimos un problema de interpretación de la realidad social por parte de nuestros representantes. Desde el gobierno no van abriendo camino sino rectificando de posición a golpe de encuestas electorales. En sus palabras hay más marketing que verdad, de hecho la verdad es irrelevante para ellos.

Analicemos lo ocurrido con la dolorosa sentencia sobre La Manada que ha desbordado la indignación por todo el país y fuera de él. A estas alturas está todo dicho. Más allá de sutilezas jurídicas, las mujeres se han sentido desprotegidas, abandonadas y, esencialmente, humilladas. Hemos visto como se describía una violación múltiple y se condenaba un abuso. Hemos visto dolor y amargura donde un juez ha visto “jolgorio y regocijo”. Hemos sentido cómo la rueda de la historia nos aplastaba. Algunos están sorprendidos de las protestas multitudinarias que ha tenido el fallo, ¡vaya ironía! Desgraciadamente solo ha causado sorpresa entre quienes añoran la Edad Media.

El hecho de que muchos hombres hayan temido por sus mujeres, sus hijas, sus hermanas o sus nietas los ha unido a nosotras solidariamente en la protesta. Hasta las clarisas de Villaviciosa y las carmelitas de Hondarribía, todas ellas mujeres de la iglesia católica, han alzado su voz. Es justo reconocer que han superado el viejo atavismo religioso de culpabilizar a la mujer. Ha sido como si sor Juana Inés de la Cruz renovara su voz con su conocido poema “hombres necios”, escrito allá por el siglo XVII. Así que el ejército de la indignación crece cada día. Hay esperanza porque la protesta cívica se ha dignificado, incluso quien no sale a la calle se solidariza con los manifestantes y comparte las reivindicaciones. Hay un movimiento transversal que insiste en mostrar problemas que algunos no quieren ver. Hoy las mujeres se están convirtiendo en la vanguardia intelectual de este siglo y todo indica que van a ser el motor de un nuevo cambio.

Pertenezco a una generación que se sintió muy orgullosa de lo conseguido por las mujeres tras la restauración de la democracia en España. Hoy queda claro que nos habíamos relajado en la reivindicación de la igualdad. La violencia contra las mujeres no cesa, las generaciones jóvenes siguen reproduciendo los viejos esquemas, lo que indica un problema en la educación. La precarización del empleo también tiene rostro de mujer, afecta al 70%, igual que las pensiones más bajas, en especial, las de viudedad. En definitiva, la desigualdad está impulsando la reacción consciente de las mujeres para intentar dar la vuelta a la situación no solo en beneficio propio sino para mejorar una sociedad injusta y todavía muy machista como ha dejado claro el contenido de la dichosa sentencia y, en especial, su voto particular.

Entretenidos en peleas inanes el gobierno y muchos políticos viven en las nubes, siguen sin ver lo que todos vemos. No es de extrañar que vayan de sorpresa en sorpresa. Llevan tiempo subestimándonos y llevamos mucho tiempo tolerando lo intolerable por eso la reacción social les ha pillado desprevenidos. Se quedaron boquiabiertos primero con los jubilados y las jubiladas (hay más de un millón de mujeres que de hombres). Después minusvaloraron la huelga del 8 de marzo y cuando las calles se llenaron de madres, abuelas nietas y de muchos hombres, se apuntaron al carro como ahora con la sentencia de La Manada. Dejar claro en el código la diferencia entre abuso y violación o el concepto de violencia desde una posición prevalente, no necesita dinero sino sensibilidad.

Reconozco que yo también me estoy radicalizando. No podemos seguir retrocediendo en derechos, en salarios, en condiciones laborales, en igualdad y en libertad. Las mujeres pelean con muchas miserias cotidianas y solo falta que tengamos que sobreponernos a la humillación. Por la víctima de La Manada, de todas las manadas, por su dignidad y por la nuestra hemos llenado las calles. Llámenme ilusa pero presiento que algo va a ocurrir y creo que el cambio tiene el rostro y el tesón de las mujeres.

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Tiempo de venganza
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María Antonia San Felipe | 27-04-2018 | 20:48| 0

cifuentes-eroskiDesgraciadamente esto es lo que parece: un estercolero. En él se acumulan miserias, latrocinios, embustes y venganzas. De lo único que permanece limpio el basurero es de dignidad, ética, altruismo y esfuerzo. El daño que está causando a la política española la actitud del PP frente a la corrupción es imperdonable.

 Cristina Cifuentes ha dimitido. Un vídeo de hace siete años sobre la sustracción de dos botes de cremas, oportunamente filtrado, ha terminado con ella. Ya lo dije hace dos semanas, la expresidenta era un cadáver político incluso antes de ir a la convención del PP en Sevilla en la que tanto la aplaudieron, fue la premonición del final. El martes, como el Cid Campeador después de muerto, acudió a la entrega del premio Cervantes montada en el corcel de la soberbia. Allí, en presencia de los Reyes, Rajoy la besó como un Judas. Don Quijote, presente en el acto, al observar la escena desde su rocín flaco exclamó: -¡Cosas veredes, amigo Sancho!

 Y nosotros, como Sancho, vimos al día siguiente, al mismo Judas que la besó ordenar que se quitara de en medio. Consideró, tras visionar el bochornoso vídeo, que haberse llevado unas cremas del Eroski de Vallecas, algo que ya sabía cuando la nombró delegada del Gobierno, era la puntilla. Para Rajoy un pequeño hurto es más grave que apropiarse de un título de máster usando las influencias políticas, mintiendo con desparpajo y desacreditando a la Universidad. Lo que puede cuantificarse en cuarenta euros es más escandaloso que la Gürtel, la Púnica y toda la basura que conocemos. Está claro que con Cristina Cifuentes no ha terminado un último ápice de dignidad, ni el reconocimiento de sus errores, sino la venganza. Si Cifuentes en vez de ponerse chula hubiera pedido perdón, reconociendo que nos mintió a los ciudadanos y hubiera dimitido hace un mes se hubiera ahorrado este linchamiento personal al que la han sometido desde círculos próximos a ella. No hay peor cuña que la de la misma madera, acierta el refrán.

Seguramente quienes han filtrado este vídeo, quienes lo han guardado tanto tiempo, son personas acostumbradas a moverse con mucha soltura por cloacas y estercoleros, quienes saben de sobornos, chantajes y todo tipo de prácticas mafiosas que llevan años negando pero que practican con la misma eficacia que el cirujano el bisturí. Seguramente podían haber elegido otro medio para conseguir la dimisión de Cifuentes pero han optado por el más zafio, algo que todo el mundo comprende, un hecho vulgar y humillante que la desacredita situándola, en el ideario popular, al mismo nivel que cualquier ratero de barrio.

Aunque algunos crean que la oposición ha conseguido su cabeza, es bueno insistir en que este trofeo es hijo de la venganza. Ha sido un escarmiento que se ha tramado desde dentro de un partido que lleva demasiado tiempo nadando en la corrupción. Así que aunque Albert Rivera quiera anotarse el triunfo hay demasiadas evidencias que apuntan a lo contrario.

Cifuentes en su despedida ha querido aparecer como una víctima porque no comprende lo que le ha pasado. Ella ha mentido, sí. Pero nadie mejor que ella sabe que en su partido llevan años mintiéndonos sobre Bárcenas, sobre la financiación ilegal de su partido, sobre el rescate bancario y sobre casi todo. Cierto es que ella ha tenido un tono más alto de chulería y desparpajo  precisamente cuando el estercolero se estaba desbordando. Esta vendetta no es nada edificante, enfanga mucho más la política, desacredita el sistema y desprestigia la nobleza y la ética que deben caracterizar el ejercicio de las tareas públicas. A Cifuentes le han dado una bofetada pero su caída es insuficiente para regenerar la política. Mientras se libran estas mezquinas batallas los ciudadanos pelean cada día con la vida preguntándose si ahí arriba hay alguien pensando en ellos.

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¿Adónde fue la vergüenza?
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María Antonia San Felipe | 20-04-2018 | 19:12| 0

cifuentes-gonzalez

En esta tierra abril es época de espárragos y en Calahorra tenemos a gala invitar a los amigos a comerlos. Así que mientras me dedicaba a la tarea de pelarlos, al modo en que nos enseñaron nuestras madres y nuestras abuelas, escuchaba la radio y notaba que subía a un tiempo la temperatura de cocción de los espárragos y la mía. Pensando en mi cita semanal con ustedes, me dio un escalofrío. Recordé las esperanzas que varias generaciones depositamos en la restauración de la democracia y en la angustia que hoy nos produce su deterioro. En plena tarea doméstica me he preguntado: ¿Adónde huyó la decencia en política? ¿Cuándo se desterró la vergüenza y se instauró la mezquindad? No encuentro explicación convincente pero si percibo las consecuencias que tanta falta de escrúpulos está teniendo en nuestro sistema democrático este ambiente de desvergüenza generalizada.

El caso de Cifuentes es un magnífico ejemplo que ilustra lo bajo que hemos caído. Cuando te lo dan todo hecho, no valoras las dificultades ajenas. Predican la cultura del esfuerzo pero no lo conocen. Este último escándalo demuestra que la verdad no importa porque el engaño, hasta ahora, ha prevalecido e incluso fortalecido electoralmente a quienes lo practicaban. En el tobogán de la impudicia por el que nos despeñamos podemos constatar que la ausencia de ética en el ejercicio de la política lo está enfangando y destrozando todo, incluso la convivencia. Muchos gritos y escasa reflexión, así nos va.

A la política han acudido en masa un sinnúmero de personajes que  han hecho del ejercicio de la actividad pública una feria de vanidades. Como en la magia todo es mentira, menos la cara de tontos que se nos queda a los crédulos que miramos al ilusionista ignorando que lo único cierto es truco. Se multiplican los magos y polichinelas que abusan del desparpajo con más ambición que ética. Con sus falsos currículos trepan dentro del partido, impulsados por el único mérito que acreditan, la lealtad al líder que manda, sea quien sea, en cada momento. El clientelismo es el instrumento. Una vez montados en el ascensor, el que sube no es el más sabio ni el más capaz sino el que mejor ha sabido sortear los obstáculos internos, generalmente, adulando al líder local, regional o nacional. Es decir, siempre gana el listillo que es capaz de mentir con naturalidad aunque sea un zotes. No crean ustedes que la tarea es fácil, la hipocresía es un oficio que precisa entrenamiento y destreza, en esta materia Cifuentes es de las primeras de la clase.

La dama del falso máster dice que renuncia al título pero no a su cargo, que se lo devuelve a la Universidad al tiempo que le lanza una pedrada para desacreditándola, salvarse ella. ¡Qué lista! El gesto además de soberbio, demuestra lo abultado de la mentira. Por eso a muchos estos días les gustaría que la Presidenta les devolviera, con la humildad de la que carece, su voto para no sentirse insultados en su propia dignidad.

El otro argumento que ha dado Cifuentes, la tramposa, es que cuenta con el apoyo de su partido y de su presidente. Esta es la clave de tanta inmoralidad. Lo importante no son los ciudadanos a los que debe servir, la votaran o no, sino el líder, Rajoy, que la designó y el partido que la sostiene. Ni ella ni el PP están valorando el perjuicio que su actitud está haciendo a la institución, a la universidad, a la imagen de España y a la dignidad del ejercicio de la política.

La crisis económica ha sido muy dura, nos han hecho cosas imperdonables, pero la crisis de ética y de solvencia de nuestra clase dirigente está derivando a este país hacia el sainete. Es urgente regenerar nuestro sistema político antes de que la picaresca y la corrupción lo destruyan. Por eso la pregunta que debemos respondernos los ciudadanos es sencilla: ¿podemos consentir la degradación de nuestra democracia? Si todo esto no nos avergüenza es que no hay esperanza. Podemos seguir despotricando contra los políticos en los bares mientras ellos se ríen de nosotros o podemos recordarles que es su futuro el que está en nuestras manos y no al revés.

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El precipicio
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María Antonia San Felipe | 14-04-2018 | 07:21| 2

cifuentes-rajoyNo hay cosa peor que estar muerto (políticamente, hablando) y no saberlo. Eso le ha pasado a Cristina Cifuentes. La lideresa madrileña ya era una reliquia antes de ir a Sevilla a la convención del PP. Ha sido tras los cerrados y bochornosos aplausos con los que la obsequiaron cuando ha sido consciente de que su futuro político pasa por la retirada, voluntaria o impuesta. Cuanto más prolongue la agonía, más dolorosa será. Con la hipocresía habitual que gastan en el PP le hicieron creerse una estrella cuando, en realidad, Mariano la estaba condenando al basurero de la galaxia. El código de comportamiento del PP es la simulación en grado extremo y ello, sin olvidar, que los abrazos de Mariano son más mortíferos que la puñalada de Bruto, teniendo en cuenta que Cifuentes tampoco es César.

Yo entiendo a Cristina, tras treinta años siendo una disciplinada meritoria del PP su estrella, bajo el manto de la corrupción madrileña, brilló en el firmamento popular. Ella solita se autoproclamó martillo de la corrupción y lideresa de la regeneración, pura apariencia, como el máster. Pero, de pronto, un asunto tildado como menor en el PP ha terminado con ella. Entiendo que esté atónita, con la larga lista de implicados en casos de corrupción que conoce va a resultar que unas florituras en su currículum la van expulsar de las cumbres del poder. Su sorpresa es comprensible, los votantes de su partido llevan mucho tiempo perdonando lo imperdonable, han sido pacientes y comprensivos, al fin y al cabo, los del PP eran los suyos.

-¿Qué ha pasado?, se pregunta Cristina y la respuesta es bien sencilla. Cuando la gota colma el vaso de la paciencia, la gente exclama: “hasta aquí hemos llegado”. Se lleva mucho tiempo insultando a la inteligencia de los ciudadanos y lo que ayer se tragaba hoy resulta intolerable. Ella ha mentido y lo ha hecho con la chulería habitual de su partido. Con todo lo que hoy sabemos, lo escandaloso no es que Cifuentes tenga un máster o no, lo insultante es su persistencia contumaz y burlesca en la mentira cuando las evidencias son clamorosas. Lo peligroso es que ha demostrado a todos los españoles que la igualdad de oportunidades no existe. Los votantes más jóvenes no se lo van a perdonar porque tras mucho esfuerzo, personal y económico de sus familias, han  cursado sus másteres y doctorados mientras trabajan de camareros o de lo que pueden. Ella no ha dudado en desprestigiar la Universidad poniéndola en entredicho, que lo está, solo para situarse por encima de su propia mentira porque ella sabe mejor que nadie que todo es falso. Burlarse de la sociedad es una intolerable pedrada a su propio prestigio.

Cifuentes se cree una víctima en comparación a sus compañeros que se han forrado en tramas corruptas pero no ha calculado que la gente se ha hartado. Tendrá que apechugar con sus errores, le ha faltado humildad y lealtad a sus votantes. Se ha quemado a lo bonzo en público y la mecha ha prendido de su propia soberbia. Ha comprobado que en política uno puede pasar del Olimpo al Averno en cuestión de horas, porque la ambición es más destructiva que la prudencia. El asunto de su falseado máster, un tema que pareció una broma en el PP, ha terminado por sepultarla. ¡Quién se lo iba a decir! Las risas de Esperanza Aguirre se escuchan por todo Madrid. 

Desde Sevilla,  Mariano, desde su perpetua indolencia, ha pedido sentido común. Menuda broma. Ahora reza para que otros le resuelvan el problema. Ha hecho lo mismo que con Cataluña cuya única estrategia ha sido delegar en los jueces la resolución del grave conflicto que él ha creado. Por eso lo ocurrido en Alemania con la euroorden es otro de sus fracasos. Dejar que el tiempo, la universidad, la fiscalía, los jueces o el maestro armero hagan su trabajo es lo que ha generado la desafección de sus votantes. Con tesón han puesto a España al borde del precipicio y, ahora, para tratar de salvar su pellejo, Mariano entregará a Cifuentes y se fumará un puro a costa de nuestra paciencia.

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En la charca
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María Antonia San Felipe | 07-04-2018 | 07:54| 0

cifuentesLa semana santa ha terminado pero creo que para la presidenta madrileña, Cristina Cifuentes, el calvario acaba de comenzar. Está siguiendo el mismo guión que sus antecesores en esa inmensa ciénaga que capitaneaba Esperanza Aguirre, la otra campeona en la lucha contra la corrupción, que vivía rodeada de ranas por todas partes y jamás las escuchó croar. Cifuentes también estaba alrededor de la charca hasta que Esperanza cayó en desgracia y ella se autoproclamó azote de la podredumbre pasada. Es posible que sean sus anteriores compañeros caídos en desgracia, Ignacio González o Francisco Granados, quienes hayan facilitado la munición del máster, ella misma lo ha insinuado. La política siempre ha sido un territorio abonado para las venganzas.

A Cristina le han aplaudido mucho sus compañeros en el pleno de la Asamblea de Madrid donde debía dar explicaciones de su máster virtual. Es normal, les va el futuro en ello y no está la cosa cómo para salir a buscar empleo viendo cómo están los salarios en España. Al menos, ha reconocido que no fue a clase, pese a ser presencial, ni tampoco a los exámenes en el aula y que, por tanto, fue objeto de un trato de favor. Todo estupendo y habitual, según su versión.

He visto a Cifuentes gritar muy enérgica pero no convincente. Como sus antecesores, haciéndose la víctima de una nueva conspiración. El PP ha sobrevivido a tantas conjuras inventadas en sus múltiples episodios de corrupción que sugiero pueda ser materia de un nuevo máster virtual “Cristina Cifuentes”. Yo diría que el tema da, incluso, para varias tesis doctorales. Por ayudar sugiero un título para el trabajo fin de máster: Cómo sobrevivir a la corrupción hundiendo el prestigio de España y seguir ganando elecciones. Pudiera completarse con una tesis sobre, Cómo devaluar la democracia haciendo de la impunidad y la mentira un mérito para mantenerse en el poder. Con ambos estudios se podría publicar un manual para futuros políticos que quieran adornar su currículum: Cómo reírse de los españoles y conseguir que te voten (diez lecciones y un epílogo).

La presidenta madrileña se ha mostrado enérgica pero lo único que hubiera despejado todas las nieblas que todavía oscurecen su futuro y su credibilidad es haber aparecido con su Trabajo Fin de Máster (TFM), que sigue siendo un misterio dónde está o si alguna vez llegó a existir, y el justificante de su entrega. No hubiera sido necesaria ni una palabra más. Se facilita una copia a cada diputado y aquí paz y después gloria. Ni comisiones de investigación ni mociones de censura ni tampoco, victimismos impostados. Cifuentes ha trasladado la pelota a la Universidad que deberá elegir entre salvar su prestigio como institución o salvar el prestigio de la presidenta madrileña que, a su vez, la financia. La Universidad no puede permitir que muchos crean que sus títulos son como la lotería, que incluso toca sin comprar boletos. A su vez la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas que ha nombrado dos inspectores debe arrojar luz sobre lo ocurrido porque está en duda la calidad de la enseñanza superior en España.

En fin, estoy consternada, el cúmulo de irregularidades es tan variado y tan abundante que si la Universidad funciona como Cristina Cifuentes justifica es para echarse a temblar. En cualquier caso, estamos en lo de siempre: mentir, disimular, aparentar, resistir. Al fin y al cabo, como diría Mariano, siempre que llueve escampa y si no llueve, ya se verá. Como en España mentir no tiene coste político, Cifuentes se siente segura. La regeneración sigue sin llegar a la política. Prometer una cosa y hacer la contraria tampoco se paga así que como todos ustedes pueden ver la crisis institucional y política persiste. Los españoles seguimos mirando con resignación el lodazal corrupto de la infinita charca.

Nota: este artículo fue escrito inmediatamente después de la comparecencia de Cifuentes en el pleno de la Asamblea de Madrid. Es decir, antes de que el rector de la Universidad rey Juan Carlos desvelara lo que hoy sabemos.

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Waterloo
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María Antonia San Felipe | 31-03-2018 | 07:01| 0

puisgdemont-alemaniarajoy-y-puigdemontSiempre pensé que la elección de Waterloo, por parte de Puigdemont para fijar su gobierno en el exilio, era un mal presagio. Claro que quienes no ven la realidad es difícil que se dejen influir por lo esotérico. No sé si el culebrón del procés descarrila o se recrudece pero lo cierto es que, pese a la gravedad, el asunto resulta agotador.

Así que aquí estoy de nuevo en medio de la penitencia. La detención de Puigdemont el domingo de Ramos nos ha pillado por sorpresa, ya nos habíamos acostumbrado a verlo viajando por los exilios como a Superman por la galaxia. Aunque ni él ni sus amigos huyen, como proclaman,  del fascismo español sino de sus propios actos. Lo único cierto es que no han sido capaces de asumir su propia responsabilidad. Sabían que estaban vulnerando gravemente las leyes de un estado democrático pero les importó un bledo. No lideraban una lucha heroica contra una dictadura que tiene leyes ilegítimas que justifican rebelarse. No es el caso. Ellos se muestran como víctimas, se presentan como los defensores de la libertad mientras los otros son los represores o los amigos de los verdugos que no les dejan votar en referéndums ilegales al tiempo que ellos obvian la libertad de quienes no secundan ni su estrategia ni sus objetivos.

Este problema debió haberse solucionado hablando y pactando, haciendo de la política algo grande y no un mezquino conflicto de intereses. Tanto Rajoy como Puigdemont (y quienes les aplauden) eludieron entenderse porque ambos se fortalecían fomentando el desprecio hacia los otros. Pero, ni Rajoy es España, ni Puigdemont es Cataluña aunque ambos simbolicen el naufragio de la política. En medio de este fracaso el secesionismo decidió, tan libre como irresponsablemente, vulnerar la Constitución y el Estatut, forzando la máquina  y olvidando que nadie está por encima de la ley. Una vez que el asunto llegó a los tribunales hay que interpretar que los jueces defienden al Estado y no a Rajoy. Yo me pregunto, si estamos en un estado de derecho con división de poderes ¿puede ahora intervenir la política para forzar decisiones judiciales? Yo creo que no.

Habrá que hablar, sí, pero sin interferir en la labor de los jueces. Es decir, más allá de las mutuas mezquindades.
Habrá que buscar una salida, espero que con mejores interlocutores. Pero una vez que la política se ha rendido a los jueces y éstos han iniciado los procedimientos, ¿pueden ahora, unos y otros, decir que todo era una broma, que todo era de mentirijillas? ¿Pueden el gobierno o el Parlament decir quién sale o entra en prisión? ¿Puede acusarse de injustos a los jueces antes de que dicten sentencia?  ¿Puede hacerse, borrón y cuenta nueva? No me gustaría nada ser juez de tan graves imputaciones pero si lo fuera, tampoco me gustaría que nadie me presionara desde ningún ámbito. Si en esta democracia mejorable ciertos delitos deben regularse de otro modo o hay leyes que no nos gustan habrá que cambiarlas en los parlamentos pero, mientras la Constitución y el Estatut estén vigentes, corresponde al poder judicial, no a los políticos ni mucho menos a las barricadas callejeras, dirimir los conflictos en ese marco y no en otro futuro.

Mientras seguimos en un callejón sin salida y el Parlament de Cataluña continúa manteniendo la farsa del procés y cuestionando la democracia española desde la libertad que ésta les otorga, el expresidente fugado ha recibido la primera visita tras su detención. No han acudido los embajadores ante Puigdemont sino Bernd Lucke, el cofundador del partido antieuropeo y xenófobo de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD). Asustan las relaciones del secesionismo con la ultraderecha europea, salvo que nos estén mostrando su verdadera cara quienes niegan el supremacismo que practican. Como quería Puigdemont el procés es ya como un saltamontes que recorre Europa. El tiempo nos dirá si, como Napoleón, él también ha descubierto en la Alemania democrática su Waterloo.

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Perdiendo el miedo
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María Antonia San Felipe | 24-03-2018 | 08:12| 0

jubilados-2Las placas tectónicas se mueven despacio, muy despacio, pero se mueven y en ese desplazamiento, a veces, friccionan entre sí produciendo terremotos o cambios inesperados. En España se han estado produciendo microterremotos impulsados por un malestar general y por la ausencia de sintonía entre la política y la calle. Mientras en el Parlamento se gasta la pólvora en salvas, los ancianos y las mujeres se han lanzado a las calles sin que ningún partido político, ni nuevo ni viejo, hubiera llegado a intuir la intensidad de las movilizaciones. Primero fueron los jubilados quienes se plantaron en el Congreso para advertir al gobierno que no todos ven la situación del color de rosa que nos pintan. Los abuelos que levantaron este país, las generaciones de la guerra y la posguerra, se han rebelado al observar que están desmantelando el incipiente estado del bienestar que habíamos conseguido.

Después tomaron el relevo las mujeres que alzaron su voz, alta y clara, pidiendo igualdad real. Las calles de España se llenaron de abuelas y nietas, de madres e hijas y de muchos hombres que expresaron su solidaridad. Ha sido un movimiento transversal que ha impulsado un nuevo tiempo y que ha pillado por sorpresa a quienes creen que el feminismo es una ideología extremista y no un movimiento igualitario y también a quienes dicen entendernos solo cuando necesitan nuestro voto. Ciertamente el 8 de marzo de este año hubo orgullo y alegría. Ese día se escribió una página en la historia de las mujeres. El éxito, reconocido internacionalmente, ha asombrado a muchos, sobre todo, a quienes quieren que nada cambie.
 Algunos se preguntan por qué ahora, cuando la economía despega y la crisis comienza a superarse, jubilados y mujeres inundan las calles. Los portavoces del partido del gobierno han formulado reiteradamente esta pregunta insinuando una manipulación de las voluntades de jubilados y mujeres por alguna fuerza maléfica que solo pretende la destrucción del sistema corrupto en el que hemos vivido en los últimos años. La respuesta es bien sencilla y se obtiene simplemente mirando lo que sucede a nuestro alrededor. En España lo que más crece no es el Producto Interior Bruto (PIB) sino la desigualdad y lo que más ha disminuido no es la corrupción sino la calidad de la clase política encumbrada.

Lo más grave es que la desigualdad, la quiebra social y la mejora de la redistribución de la riqueza nacional son asuntos que parecen desterrados de la agenda política española, por eso, no es de extrañar que sean los jubilados y las mujeres quienes se hayan puesto en pie de guerra. Es evidente que el incipiente estado del bienestar que consiguieron los hoy jubilados se está desmantelando. Ellos lo ven no solo en la dimensión de sus pensiones sino en el deterioro de la sanidad pública de las que son usuarios habituales. A su lado las mujeres padecen más la precariedad y los bajos salarios y ven, por ejemplo, menos medios en la educación pública de sus hijos.

Estos días un informe del Defensor del Pueblo, que ha pasado desapercibido, ha puesto el dedo en la llaga denunciando una fractura social irreconciliable debido al “pozo de desigualdad”. Según Fernández Marugán, “en España el ascensor social ha cambiado de sentido. El Estado social se está reconvirtiendo: los derechos civiles y los derechos sociales se reducen. Ahora arrecia la desigualdad, con el agravante de que la amenaza de exclusión ha ampliado su perímetro, yendo más allá de los tradicionales marginados”.  Este es el problema crucial de este país y, ¡manda narices!, que con lo que costó ampliar las cotas de bienestar, ahora el ascensor social en vez de subir esté bajando a velocidad de vértigo. Los viejos y las mujeres quieren pararlo, son ahora la vanguardia, el terremoto que anuncia un tiempo nuevo. Han perdido la paciencia y para no perderlo todo han decidido perder el miedo.

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Un universo de peces
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María Antonia San Felipe | 17-03-2018 | 06:21| 0
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Se van los sabios y nos dejan, en herencia, incógnitas que jamás resolvieron y premoniciones que el futuro desvelará si son certeras. Stephen Hawking nos ha dejado solos en medio del universo, cuyo origen se empeñó en descifrar. Antes que él se nos fue el niño Gabriel. A sus ocho años no se lo llevó la vida, sino la maldad. Es posible que mientras Stephen dibuja las galaxias, el niño Gabriel las esté poblando de pececillos, es posible que ambos rían juntos mientras flotan en la ingravidez del universo. Es posible sobre todo porque nada nos impide imaginar, es posible…

Pero las certezas que el astrofísico nos ha legado no alcanzan a desvelar otros misterios sobre la complejidad de la condición humana que tanto la vida de Hawking como la muerte de Gabriel nos han mostrado estos días teñidos de tristeza.

Nadie puede negar la conmoción que la desaparición, primero y la aparición de su cadáver, después, produjeron en la opinión pública. Las circunstancias que han rodeado la muerte de Gabriel resultan todavía más dolorosas para sus padres y familiares e incluso para cualquier persona que sea capaz de ponerse en el lugar del otro. Porque, como canta Rozalén en la canción que tanto gustaba a Gabriel, el mundo está lleno de mujeres y hombres buenos aunque haya tanto malvado y tanta injusticia evidente. Así que en medio de ese dolor, infinito como el universo, para sus familiares lo que más ha llamado la atención ha sido la actitud de su madre, Patricia. Abriéndose paso entre un ruido ensordecedor, en medio de actitudes llenas de rabia, superando expresiones de odio que invadían las televisiones y las redes sociales, estaban los padres pero sobre todo destacaba la grandeza de la madre. Ella, destrozada por dentro, sin dejarse vencer por la rabia pedía calma, pedía paz, pedía pescaítos y desterraba el odio de su corazón. Lo pedía precisamente la única que estaba autorizada a sentirlo porque nada sería más comprensible ni más humano. Patricia insistía en que la bruja había perdido, que estaba donde tenía que estar y que su hijo había ganado. Muchos no la entendían pero ella intuye que desde el odio no se supera el dolor de la ausencia, tiene que hacer de su hijo muerto un pequeño héroe a los ojos de su amor. No puede haber más grandeza ni más nobleza de corazón. Es la hermosura inocente y pura del amor de una madre que se muere hacia adentro.

Aunque la sociedad se ha llenado de gestos de solidaridad con la familia, no todo ha sido serenidad y comprensión. Las actitudes que hemos visto estos días en algunos programas buscando incrementar las audiencias, en algunos políticos a la caza de votos, en algunos extremistas a la siembra de odios contrasta con esa grandeza que algunos no entienden. De pronto las redes sociales, cada vez más peligrosas, parecían una competición de exabruptos, se multiplicaban los vengadores, los insultos y el odio. Supongo que estas actitudes sirven para descargar la adrenalina pero no creo que alivien el dolor, ni nos engrandezca ni como sociedad ni como personas. No puede negarse que la policía ha hecho su trabajo y es de esperar que la justicia haga el suyo. Vivimos en un estado de derecho que tiene erradicados los linchamientos. Por eso, la actitud de Patricia eleva el listón ético de nuestra sociedad y se convierte en el mejor ejemplo, sin olvidar jamás que hagamos lo que hagamos, la maldad existe y existirá más allá de las penas que se les impongan a los malvados y a los asesinos.

Pueden llamarme ingenua y seguramente lo soy pero estoy con Patricia. La bruja ya está donde tiene que estar y el pescaíto dibuja infinitos pececillos que inundan los corazones y todas las galaxias del universo. Gabriel es un héroe, pervivirá en el recuerdo,  porque el corazón de su madre lo ha hecho más grande que la dimensión de su duelo.

pescaito
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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.