La Rioja

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Por España
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María Antonia San Felipe | 22-04-2016 | 19:43| 0

A estas alturas me pregunto si nuestra paciencia colectiva es infinita o simplemente estamos anclados en la resignación. El ministro de Economía en funciones, Luis de Guindos, acaba de rebajar la previsión de crecimiento de nuestro país al tiempo que ha reconocido la desviación del déficit y ha iniciado negociaciones con Bruselas. En definitiva, seguimos estando mal y lo peor es que el desánimo se acrecienta y la esperanza se achica. Con un evidente crecimiento de la desigualdad social y con una parte de la población en la frontera de la exclusión, nuestros representantes políticos preparan ya otra campaña electoral.

Siendo mala la situación económica y social, el clima institucional, minado por la corrupción superlativa, es de emergencia, lo cual hace inexplicable la incapacidad para llegar a acuerdos de gobierno. Cuando hay un incendio lo importante es contribuir a apagarlo en vez de ponerse a discutir quien sostiene la manguera. En España hay muchos problemas pero, hoy por hoy, el mayor incendio es el de la corrupción, porque ha minado no sólo los cimientos del sistema político sino su capacidad de regeneración.

Si pensamos en lo ocurrido desde las elecciones, concluiremos que no ha habido semana sin su correspondiente pasión. Los escándalos se han sucedido hasta la irritación, salvo que nos hayamos acostumbrado y vivamos en la indolencia, que es lo peor que puede ocurrirle a nuestra democracia. Si nos rendimos en la exigencia de un cambio profundo nuestro fracaso será una claudicación que no nos podemos permitir.

Recuerdo cuando el 27 de febrero de 1995 la policía española detuvo en el aeropuerto de Bangkok, al famoso Luis Roldán, exdirector general de la Guardia Civil,  tras una rocambolesca historia, con el espía Paesa y los huérfanos de la benemérita institución estafados como trasunto de la película que vivimos en esos años. Suponíamos aquel thriller la cúspide de la corrupción política y de la zafiedad del latrocinio, creímos como ilusos que nada más grave podía suceder en los aledaños del poder. Visto con perspectiva,  podemos decir que el famoso Roldán era, además de un pájaro de cuentas, la cuenta de un largo rosario de sinvergüenzas que creyeron que la política era una forma de hacer fortuna, es decir, de forrarse a velocidad de vértigo.

Esta semana, sólo esta semana, la secuencia de sucesos es apabullante: Carlos Fabra acaba de conseguir el tercer grado penitenciario, Mario Conde ha entrado en prisión, Ignacio González (expresidente de Madrid) declara sobre la oscura compra de un ático en Marbella, Rodrigo Rato también tenía empresas opacas en Panamá, Aznar sancionado por Hacienda, el alcalde de Granada y la concejala de Urbanismo dimiten por un escándalo urbanístico… y el ministro de Industria José Manuel Soria ha tenido que irse por tener empresas en paraísos fiscales.

El caso del ministro Soria es sintomático de lo que ha ocurrido en los últimos años. Primero, negó, es decir, mintió y luego dijo que no se acordaba de nada porque los paraísos fiscales producen amnesia, te emborrachas al ver la multiplicación de las cifras. Es comprensible. El problema es que el guión de Soria lo han repetido tantos y tantas veces que Mariano se ha visto en la obligación de sacrificarlo porque la siguiente pieza a caer era él. Mariano piensa en las elecciones aunque dice que él sólo piensa en España, no como otros. Miguel Bernard y Luis Pineda, jefes de Manos Limpias y Ausbanc, cabecillas de una presunta trama de extorsionadores, provenientes ambos de la ultraderecha, han declarado, en su defensa, que todo lo hacían por España.

No podemos claudicar, hay que exigir una regeneración profunda. Es intolerable que esos miserables patriotas forrándose a costa de los españoles y abrazándose a su verdadera patria, el dinero, nos hayan dejado, como diría Machado, “a España toda, la malherida España, de carnaval vestida”.

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La mirada
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María Antonia San Felipe | 16-04-2016 | 07:17| 0

En esta sociedad, sustancialmente hipócrita, miramos las cosas dejándonos  impresionar por el envoltorio sin ver la realidad que esconden. Los convencionalismos sociales nos influyen más que la verdad, sobre todo cuando perdemos el interés por encontrarla. Por eso en este país triunfan los pillos, los corruptos, los ladrones de guante blanco y todos aquellos sinvergüenzas que han hecho fortuna, inmensas fortunas, saqueando sin escrúpulo alguno. Al final el dinero otorga al habilidoso delincuente una pátina de respeto y admiración que alimenta la fascinación por su persona en esta sociedad de apariencias.

Ya nos enseñó Antoine de Saint-Exupéry que no todos vemos lo mismo al mirar la misma cosa. Cuando su personaje, el Principito, tenía seis años, leyó que en la selva las serpientes boas tragaban a sus víctimas sin masticarlas y decidió dibujar una que engullía un elefante. Cuando la mostró a las personas mayores les preguntó si el dibujo las asustaba, a lo que respondieron que cómo iba a asustarles un sombrero. Como los mayores, que no los niños, siempre necesitan explicaciones dibujó la boa abierta para que se viera el elefante en su interior.

 

 

 

 

 

Pues bien, como en el cuento, miramos sin ver y nos dejamos confundir por la envoltura. Cuando Banesto fue intervenido el día de los Santos Inocentes de 1993, algunos vieron maniobras conspirativas hacia un Mario Conde al que los medios habían convertido en un ídolo. Era la época en la que los pelotazos económicos súbitos eran una muestra de la inteligencia y audacia, cuando eran producto del saqueo. Mario Conde mientras compraba su fama perpetró una forma de atracar el banco desde dentro sin necesidad de hacer butrones en los que te pones de polvo perdido, te estropeas la gomina y el botín resulta escaso. El Tribunal Supremo lo condenó a 20 años de prisión por apropiación indebida, estafa y falsedad documental. Pasó un tiempo en la cárcel y se declaró insolvente cuando el tribunal le obligó a pagar 27 millones de euros a los accionistas de Banesto estafados. Ya fuera de prisión cultivó de nuevo su imagen pública, creó un partido político y compró un hueco en tertulias televisivas. Se supone que la cárcel redime, pero ahora sabemos que llevaba 15 años recuperando el dinero del desfalco escondido a través de una red de empresas interpuestas. Esta semana ha sido detenido intentado repatriar 14 millones de euros. Como hizo Ruiz Mateos, ha tratado de lavar su imagen mientras seguía salvaguardando intereses y fortuna. El primero llegó a conseguir de nuevo tal credibilidad que muchísimos españoles volvieron a confiarle su dinero engañándolos por segunda vez. Mario Conde siguiendo su ejemplo, cuidaba su imagen de hombre estupendo con la complicidad de una parte de la prensa y de la sociedad que abría sus oídos para escuchar sus “sabias” opiniones.

En otro lugar de España, digamos que hablo de Madrid, Carmen, una mujer sin ninguna fortuna, se prostituye a diario ocultando su profesión a sus tres hijos y a los vecinos. Se casó joven, después se separó. Trabajaba en una tienda del centro y su marido le pasaba una pensión para el mantenimiento de los hijos. Con la crisis, Carmen perdió el trabajo y su exmarido, también. No han vuelto a tener empleo. Agotadas las prestaciones, sobrevivieron con los escasos ahorros y la ayuda de Cáritas. Ella, todavía joven, dirigió sus pasos hacia esa profesión socialmente maldita. Aunque trabaja con discreción tiene miedo de que sus hijos la descubran. Un día un vecino se convirtió en cliente habitual. El otro día, tomando un café en el barrio, algunos desde la barra la miraron, sonriéndose y con desprecio comentaron: -Ahí está Carmen, la puta de al lado. En la televisión del bar, daban la noticia de la detención de Mario Conde, nadie reparó en la dignidad de Carmen. La boa del Principito, en la selva humana, ya ha devorado a Carmen para siempre. A Mario Conde o a otros como él, ya veremos. Poderoso caballero es don Dinero. Esta es la eterna injusticia de todos los tiempos.

 

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Mala leche
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María Antonia San Felipe | 09-04-2016 | 06:38| 0

¿En qué creer cuando todo es mentira? Esta pregunta tiene difícil respuesta en este inmenso vertedero global en el que hemos convertido el mundo. Ni siquiera individualmente nos salvamos porque, en ocasiones, nos mentimos a nosotros mismos para soportar los disgustos que nos da la vida y conseguir tirar adelante con la mochila repleta de decepciones.
Pero claro, no quiero hablar de estas mentiras piadosas que jalonan nuestra supervivencia sino de la mentira organizada, sistemática, avariciosa y despiadada que sólo puede fraguarse en esa parte de la sociedad, la de los privilegiados y los poderosos que, teniéndolo todo, todavía quieren más. Insaciables eluden contribuir con impuestos al sostenimiento de su país. Tras el último de los escándalos, el de los papeles de Panamá, los protagonistas de esta película quedan todos con la reputación manchada, pero con la fortuna intacta. Porque claro, ¿quién abre una cuenta en un paraíso fiscal? Pues quien mucho tiene y mucho quiere esconder. El origen de las fortunas será legítimo o ilegítimo, seguramente hay más de lo segundo que de lo primero, pero la finalidad es la misma: eludir al fisco burlándose de sus conciudadanos.
Lo más escandaloso es que este tipo de montajes resulta práctica habitual orientada por los grandes bancos y tolerada por las autoridades que se declaran contrarias a los paraísos fiscales pero que no mueven un dedo para evitarlos hasta que salta un escándalo. Claro que los buenos propósitos duran cuatro días, en cuanto se disipa la marimorena se olvidan de la promesa y promueven una amnistía fiscal para salvar a amigos y poderosos y vuelta a empezar. Justicia a conveniencia.
El montaje es tan sencillo y está tan poco perseguido legalmente que no es extraño, como cuenta Oxfam Intermón, que empresas como Mossak Fonseca hayan llegado a tal nivel de demanda  que cada diez minutos constituían una empresa fantasma. Hay de todo, como en botica, empresarios, futbolistas, cineastas, casas reales, amigos y familiares de dictadores, políticos y estafadores todos que se ríen de nuestra inocencia. También nosotros somos un poco culpables porque cuando los sacan en la tele se nos cae la baba y aplaudimos, por ejemplo, los goles que nos meten en nuestra propia puerta. Nuestra frágil memoria permite que cíclicamente nos escandalicemos con igual virulencia que lo echamos al olvido.
En Islandia, el escándalo se ha llevado por delante al primer ministro Sigmundur David Gunnlaugsson. La gente se ha echado a la calle y ha dimitido en menos de cuarenta y ocho horas. Aquí todavía estarían contándonos otra descomunal mentira, como con Bárcenas, con la Gürtel, con la Pujolada, con lo de Valencia y con tantas otras cosas. Aquí no es de extrañar que Arias Cañete, comisario europeo y exministro de Agricultura, haya recibido un mensaje diciéndole: -Miguel, sé fuerte. La tía del rey, Pilar de Borbón, una caja de bombones para endulzar el mal trago y Messi unas botas de oro del club de fans. En el fondo, en este país hay debilidad por los pícaros. Supongo que Montoro estará preparando explicaciones llenas de fantasía, como la gran mentira del déficit público. Yo no me creo ni la cifra que han dado, seguramente es mayor, pero la culpa es de los enfermos de hepatitis C y del maestro armero, no de la caída de ingresos del estado por defraudaciones masivas como las de Panamá o de economías sumergidas a gran escala o tantos otros trucos tolerados. Una pena que no tengamos el desparpajo de nuestra querida Chus Lampreave para soltarle una fresca en la cara a todos los desaprensivos de la famosa lista y a los que han consentido sus manejos.
Querida España: menos lamentos y más mala leche con los que tan impunemente nos engañan y nos defraudan. Por cierto, prepare la declaración de la renta que Hacienda somos todos. ¡Ay qué risa!

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Jugar con fuego
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María Antonia San Felipe | 02-04-2016 | 07:29| 0

A veces tengo dudas de si el 20 de diciembre pasado los españoles fuimos a las urnas o si por el contrario compramos un boleto de lotería, que por cálculo de probabilidades lo normal es que no toque y a lo mejor por eso todavía no tenemos gobierno. Aquel día votamos lo que votamos y ahora los partidos no pueden decirnos que no les gustó nuestra libre elección. Sería inaudito que pretendieran hacernos creer que la repetición de elecciones es algo natural porque no lo es y en España ya tenemos suficiente madurez democrática como para consentir la broma de que los que nos equivocamos fuimos nosotros.

Ha pasado la Semana Santa y Rajoy sigue tumbado en el sofá esperando el fracaso de los otros mientras él vive aislado de la realidad, ignorando la decadencia de su partido, su corrupción y su necesidad de regeneración. Por eso Aznar le ha insinuado que hay que renovar los liderazgos situándolo así en el tiempo de la historia. Rajoy, experto en dejar pasar el tiempo, corre el riesgo de convertirse en un aciago recuerdo.

Por fin, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se han reunido en un clima aparentemente más amable. Iglesias ha querido superar la paletada de cal viva del debate de investidura con sonrisas y renunciando a un puesto que, como bien sabemos, nunca tuvo: la vicepresidencia del gobierno. Él se lo guisó y él se lo ha comido, aparenta así querer un acuerdo. Está claro que Iglesias maneja los mundos virtuales con maestría y parece un prestidigitador cargado de golpes de efecto. Veremos qué ocurre, aunque también él sabe que está en situación de mayor debilidad que hace tres meses, el conflicto interno con Errejón no sólo pesa en lo personal sino en la fuerza de su propia organización.

Por su parte Sánchez, como sabemos, une a su mal resultado electoral la enorme presión de la presidenta andaluza Susana Díaz y de otras baronías ansiosas de administrar los restos del naufragio. Si Sánchez consigue la presidencia del gobierno los conflictos internos se aparcarán y quizás sea una manera de pacificar y de reorientar un PSOE tan confundido como el resto de la socialdemocracia europea. El mayor empeño de Sánchez es tratar de conseguir la cuadratura del círculo con su pacto con Ciudadanos y tendiendo la mano a Podemos, veremos si este reto es su mayor éxito o su mayor fracaso. Ahí reside el misterio.

El problema es que la suma de Ciudadanos y PSOE (130) no da y la de PSOE y Podemos (161), siendo mayor, tampoco. Alguno tiene que mover su posición en base a un acuerdo de mínimos sobre cuestiones que los tres comparten y entre todos tienen que superar los obstáculos, salvo que Rajoy, que es el que está más sólo, porque ha sido incapaz de intentar acuerdo alguno, se decida a permitir un gobierno sin él. Lo cierto es que tras la renuncia de Rajoy son: PSOE, Podemos y Ciudadanos los que tienen nuestro destino en sus manos. España está plagada de problemas mientras nos tienen entretenidos con estos fuegos de artificio. No podemos permitirnos el lujo de estar casi un año sin un gobierno con apoyo parlamentario suficiente para iniciar cambios urgentes y necesarios.

Deben sentarse en una mesa presidida por la sensatez y de ella debe salir un gobierno, si no es de coalición deberá ser propiciado por la abstención de Ciudadanos o de Podemos. Si finalmente se inicia la negociación a tres va a ser complicado romperla, salvo que todos nos estén engañando y estén preparando la escenografía de unas nuevas elecciones. Al final va a ser el miedo a perder lo que tienen el que, hoy por hoy, puede abrir las puertas a un acuerdo. Si habrá gobierno ni ellos lo saben, pero que no se olviden de que los ciudadanos cabreados pueden volver a votar lo mismo, situándolos en igual encrucijada o castigar al que les haya defraudado. No hay mayor riesgo que jugar con fuego.

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Victoria o venganza
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María Antonia San Felipe | 26-03-2016 | 08:22| 0

Generalizar el pánico es el objetivo último de la violencia terrorista, aunque la muerte sea la primera de sus consecuencias. La cercanía de las víctimas estremece al tiempo que convierte en indigno cualquier fin que se justifica sobre asesinatos. Los muertos, los heridos, sus familias, el dolor son lo primero que golpea nuestras mentes ante un atentando brutal como el de Bruselas, como el de París, como el de Madrid, como los de Túnez, Irak, Kuwait, Somalia y tantos otros que ya no recordamos. Tras esa primera angustia llega el momento de la solidaridad, no cura ni calma pero acompaña y mitiga la intensidad del dolor.

Después vienen las declaraciones institucionales y las palabras de dirigentes y representantes políticos. Están obligados a recordarnos que siguen ahí, que harán lo que tengan que hacer y entonces todos apelan a la unidad proclamando que sólo la fuerza de la democracia vencerá al terror. Yo también creo que la unidad es necesaria pero no estoy segura de que en esta Europa, que se resquebraja como proyecto, se esté apostando por la fortaleza de esa unión. Cabe dudarlo porque hace tiempo que esa conjunción de intereses debió pactar una política antiterrorista común. En realidad en común, totalmente en común, lo único que parece haber prosperado es una política económica errática, de dudosa eficacia, como bien sabemos.

Está claro que uno de los objetivos del grupo terrorista DAESH, autoproclamado Estado Islámico, es dividirnos a través del miedo, haciéndonos elegir entre libertad y seguridad, es decir, empujándonos a renunciar a lo que somos. No podemos dejarnos amedrentar doblegándonos a su juego. Es cierto que los atentados tienen como consecuencia directa que muchos se apresuren a pedir mano dura, cierre de fronteras, expulsiones y otras medidas extremas. Algunos desde la inconsciencia y otros desde una visión autoritaria de la vida, creen que sólo podemos defendernos fomentando la xenofobia y actuando desde el estómago y no desde la inteligencia, siempre más fría y sensata que la primera reacción de ira que provocan los asesinatos. Por eso estamos viendo reacciones irreflexivas por ejemplo contra los refugiados sirios que tratan de alcanzar Europa. Este enfoque es un tremendo error porque mayoritariamente esos refugiados también huyen de estos terroristas del DAESH que están destruyendo Siria. Hay otra circunstancia terrible y es que algunos de esos asesinos que se inmolan con cinturones de explosivos han crecido entre nosotros y han sido reclutados entre las franjas marginales de nuestra sociedad.

Sin embargo, aunque la masacre de Bruselas sea para ellos un éxito propagandístico, no hemos de pensar que hoy los terroristas son más fuertes que hace un año. Pueden matar indiscriminadamente, es eficaz para fortalecer su imagen ante los extremistas adeptos y además es más fácil que anexionar territorios para asentarse. Pero expertos en el territorio confirman que esta organización terrorista, que proclama a los cuatro vientos que ha conseguido levantar un califato desde el que gobernar el mundo islámico, ha perdido durante 2015 parte del territorio bajo su control en Siria e Irak, bien sea por la acción de Rusia o por la de las milicias kurdas que los combaten en Siria. Cortar sus fuentes de financiación, conseguida vendiendo productos que alguien compra, como el petróleo de Irak, heroína, mujeres o antigüedades es la manera de conseguir limitar su capacidad operativa.

Estamos obligados, irremediablemente, a superar el dolor, a fortalecer Europa con un proyecto de seguridad común que preserve nuestras libertades y que proteja nuestros ideales, porque a la irracionalidad asesina, aunque duela, se la vence desde la inteligencia que procura la fortaleza de los principios morales no desde el ciego y, a la larga, ineficaz deseo de venganza.

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Perdidos
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María Antonia San Felipe | 18-03-2016 | 21:33| 0

El comportamiento humano destruye los sueños y, en consecuencia, la realidad fulmina las utopías más hermosas. Puede decirse que la vieja Europa, el proyecto inacabado de Unión Europea, ha entrado en un proceso de autodestrucción, que está haciendo saltar por los aires ese sueño común, porque está traicionando sus propios principios fundacionales. Winston Churchill en un discurso en Zurich, el 19 de septiembre de 1946, abogaba por la creación de unos Estados Unidos de Europa como única forma de superar las terribles consecuencias de las dos últimas guerras mundiales. Consideraba que, tras el último conflicto bélico, “una masa trémula de atormentados, hambrientos, desposeídos y aturdidos seres humanos se encuentran ante las ruinas de sus ciudades y de sus casas y escudriñan los oscuros horizontes, temiendo un nuevo peligro, tiranía y terror”.  Y por ello se preguntaba, “¿por qué no podría haber un grupo europeo que diera un sentido de amplio patriotismo y común ciudadanía a las perturbadas gentes de este turbulento y poderoso continente…?”. Para conseguir “…perfilar los destinos de los hombres”, debía “darse un acto de fe en el que participen conscientemente millones de familias que hablan muchas lenguas”.

Este sueño de conseguir una Europa libre y, utópicamente, feliz chocaba probablemente contra la misma advertencia que él hacía, de que la Sociedad de Naciones no había fracasado “debido a sus principios o concepciones” sino que “falló porque estos principios no fueron acatados por los mismos Estados que los habían creado. Fracasó porque los Gobiernos de aquellos días temieron enfrentarse a los hechos y no se atrevieron a actuar cuando aún era tiempo”.

Podemos asegurar que a la Europa actual le ha ocurrido lo mismo, vaga desde hace tiempo por caminos que olvidan a las personas. Lo han hecho en esta larga crisis con los ciudadanos europeos, sobre todo con los más vulnerables económica y socialmente y lo están haciendo ahora con los refugiados. No supieron o no quisieron ver la que se nos avecinaba, poco antes de la dura recesión, y no han sabido o no han querido comprender que la guerra en Siria iba a producir la lógica huída de muchas personas de un conflicto que ahora cumple cinco largos años. Europa se está comportando de forma vergonzante y vergonzosa en este asunto. El preacuerdo con Turquía es humillante y alejado de la garantía de derechos universales que forman parte de los principios de la Unión y de la Declaración Universal de 1948. Si no queremos que vengan los que huyen habrá que tener una política exterior común para intentar parar la guerra en Siria y no dejarlo todo en manos de Putin y de Obama, pero eso como sociedad también nos incomoda. Debieran haberse abierto corredores humanitarios hace tiempo, pero tenemos gobiernos mediatizados por lo que dicen las encuestas y las sociedades temen lo que desconocen y más aún si se trata de confundir intencionadamente a refugiados con inmigrantes de todo tipo o con terroristas islámicos.

Los titubeos, la falta de claridad, de explicación de la realidad de la situación, de proyectos comunes que hagan superar el miedo al futuro y animen a luchar por él, hace que algunos aprovechen el río revuelto y nazcan partidos antieuropeos y xenófobos que como en Alemania han conseguido una nutrida representación en las últimas elecciones regionales dejando a Merkel y a los socialdemócratas malheridos. O que veamos escenas como la protagonizada en la plaza Mayor de Madrid por un grupo de seguidores del PSV Eindhoven que humillaron a varias mendigas que estaban en la Plaza Mayor pidiendo limosna y les gritaron “no crucéis la frontera”. Esto sí que da miedo, mucho miedo. Cuando se pierde el referente, ese punto en el horizonte hacia el que caminar, se extravía el rumbo. Repensando a Churchill diremos que es imposible “tener fe” en un proyecto que ya no existe, ese es el peor mal que hoy aqueja a Europa.

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El dolor ajeno
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María Antonia San Felipe | 12-03-2016 | 19:41| 0

Desde que la imagen desgarradora e inquietante de Aylan Kurdi, el niño sirio encontrado muerto en la playa de Bodrum (Turquía), golpeara nuestras conciencias el tiempo que duró el telediario, cientos de refugiados que huyen de la guerra en Siria siguen muriendo en el mar y miles de ellos peregrinan un calvario por la civilizada Europa. Mientras, ajenos a esa realidad, los afanes diarios de la subsistencia nos alejan de la catástrofe de la guerra en Siria. La escritora Susan Sontag escribió, hace años, sobre la guerra y el dolor ajeno y afirmaba que “ser espectador de calamidades que tienen lugar en otro país es una experiencia intrínseca de la modernidad”, es la ofrenda diaria de esos turistas especializados que son los periodistas. Nos hemos acostumbrado tanto a que en primera línea de trinchera los periodistas nos muestren las catástrofes ajenas que hemos perdido la capacidad de conmovernos lo suficiente como para exigir que se haga algo. Pensamos que, al fin y al cabo, en el mundo siempre hay guerras, las vemos como un episodio más de la Ilíada porque la paz es la excepción en el mundo. Asumimos que las guerras son una hecatombe pero eludimos si quiera pensar en ellas porque no nos afectan. La guerra es una atrocidad, pero mientras suceda lejos no hemos de preocuparnos por ella, los muertos no son nuestros muertos, los rostros desconocidos de las víctimas no avergüenzan nuestras conciencias, nos son tan ajenos como su dolor.

Las cosas son así, a qué negarlo. Por eso resulta aún más deshonroso para Europa que sólo cuando miles de ciudadanos sirios con sus familias comenzaron a llegar, en un éxodo sangrante que perturba nuestra tranquilidad, hemos comenzado a sentir una cierta preocupación por una guerra en la que bandos de canallas se disputan el poder de un país hoy ya totalmente asolado. Lo más bochornoso de lo que está ocurriendo es que la ausencia de una política común de la Unión Europea está permitiendo que primen más los intereses políticos de cada uno de los países que la integran que la necesidad de organizar una respuesta humanitaria inmediata. Desde la mayoría de los países se está alentando una respuesta xenófoba totalmente alejada de los principios que albergó el nacimiento de Europa. En Turquía, las mafias organizan con precisión el tráfico de personas desesperadas que no vienen a quedarse sino a procurar salvar la vida. Los negocios en torno a los refugiados están haciendo millonarios a muchos y en Europa se sabe, se conoce las rutas y los manejos  de las mafias pero no se hace nada. El famoso reparto de cupos ha sido un rotundo fracaso y las vallas para impedir el acceso de los desesperados y el uso de gases lacrimógenos es el único éxito de los gobiernos para frenar a los que ya de por sí lloran por lo injusto de su destino.

Esta situación que se denomina por la prensa “crisis de los refugiados” es, en realidad, nuestra crisis, la de la Unión Europea como espacio de salvaguarda de los derechos humanos. Claro que si han limitado nuestros propios derechos qué no harán con los de los otros. Estos días el presidente del Consejo Europeo, el polaco Donald Tusk, ha enviado un mensaje directo “no vengáis a Europa”. El presidente húngaro Viktor Orbán ha apostillado que no sólo no deben venir, sino que es peligroso hacerlo porque no van a ser bien recibidos. Dinamarca ha modificado la legislación para requisar el dinero y los objetos de valor de los refugiados y lo mismo han hecho Suiza y algunos estados alemanes. Es la nueva forma de ganar votos en Europa, un descalabro moral. Aunque nos meten el miedo en el cuerpo anunciando una invasión, todavía quedan organizaciones humanitarias que están atendiendo a los que huyen, especialmente en Grecia, donde los ciudadanos y voluntarios ayudan como pueden, dada su también precaria situación social. Una vez más en este tema las personas individualmente van por un camino y los gobiernos por otro. No tengo soluciones, tampoco respuestas, pero me pregunto si hay un fracaso mayor que la inmensidad de nuestra pasividad como sociedad.

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El entuerto
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María Antonia San Felipe | 04-03-2016 | 19:51| 0

Es posible que la brillantez de los oradores haya complacido a sus respectivos seguidores pero el resultado final del debate de investidura suma una nueva frustración colectiva a las decepciones de los últimos tiempos. Las matemáticas son la única disciplina que no ha fallado en este debate que ya sabía a derrota incluso antes de ser convocado. A sumar y restar hace tiempo que aprendimos pero, en este país, somos más expertos en separar que en aunar, sin olvidar nuestra notable experiencia en buscar culpables de los fracasos antes que soluciones a los problemas. Mientras buscamos al malo de esta película se desvanece la posibilidad de sumar apoyos para formar un gobierno con un mínimo de propósitos compartidos.

Estamos inmersos en un galimatías de solución imposible. Hay que reconocer que el candidato Pedro Sánchez se ha esforzado cuanto ha podido. Ha asumido un papel protagonista que, inicialmente no le correspondía, pero al que la cobardía de Rajoy le ha empujado. Ha sorteado muchos obstáculos, los internos de su partido podían habérselos ahorrado sus denominados compañeros, pero ya saben ustedes que las ambiciones personales, es decir, el factor humano casi siempre distorsiona la realidad y también la historia. En cuanto a las dificultades externas ha procurado un imposible al tender la mano hacia dos de los actores principales de la película, Ciudadanos y Podemos, pretendiendo un entendimiento imposible entre la noche y el día.

Rajoy actuó en el debate como durante su mandato, con una superioridad que roza la soberbia de quien cree que el poder le corresponde por ser la fuerza mayoritaria a la que simplemente hay que sumarse cuando él ha sido incapaz de conseguir un solo apoyo más. Ya dije la semana pasada que su tiempo es el pasado y mientras no lo comprenda su partido no levantará cabeza aunque conserve el apoyo de muchos ciudadanos fieles a sus siglas pero no a él. Rivera le ha señalado la puerta pero Rajoy pretende, tras el fracaso de Sánchez, emerger como solución de un sudoku imposible. Si la izquierda parlamentaria no suma la derecha, tampoco y la transversalidad de una negociación más amplia significaría derogar sus propias leyes, revertir la mayoría de sus regresivas medidas sociales y una limpieza a fondo de sus filas manchadas por una corrupción que no ha sabido limpiar como le han recordado Rivera y otros.

El líder de Podemos Pablo Iglesias, se ha demostrado un brillante parlamentario pero ha sido incapaz de crear un clima de empatía con quien dice que quiere gobernar. Le guste o no, de su intervención en el debate se recordará su mención a la cal viva respecto a los gobiernos de Felipe González en la guerra sucia contra ETA, algo innecesario que rezuma un regusto a odio y que aleja la posibilidad de una negociación fructífera y sincera con el PSOE. Si la estrategia es conseguir elecciones su objetivo estará cumplido, pero si pretende lograr un acuerdo es un error para alguien que pretende la hegemonía de la izquierda y que nutre su respaldo electoral de las deserciones de votantes socialistas. Podemos no puede olvidar que el apoyo que ha conseguido no es garantía de fidelidad en el voto, de igual modo que nunca pasa la misma agua por el mismo río.

Hoy con la segunda votación se cerrará este debate de investidura fallido en su objetivo, el resultado es frustrante y lo que venga después es un misterio que sólo resolverán los nuevos y viejos políticos si juegan más al interés común que al propio. De momento, hemos de agradecer a Pedro Sánchez que si lo que nos depara el destino son nuevas elecciones que, al menos, haya tenido la generosidad de poner en marcha el contador de tiempo. Así sabemos ya que, en el peor de los casos, quedan sólo dos meses de calvario para procurar deshacer el entuerto que ellos son incapaces de resolver siendo tan listos y hablando tan bien desde la tribuna de oradores que les hemos prestado.

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Tiempos de caloret
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María Antonia San Felipe | 27-02-2016 | 08:35| 0

El paisaje nacional está, hoy por hoy, teñido de decepciones y esperanzas, de intuiciones y ninguna certeza. La temperatura de las mesas de negociación sube y baja como el tiempo, tan pronto parece invierno como primavera. Aunque como diría Rita, son tiempos de “caloret”. Ciudadanos y PSOE acaban de anunciar un pacto, es el primer acuerdo entre partidos desde que votamos por Navidad. A continuación, Podemos, Compromís e IU se han levantado de la mesa de negociación paralela. Nadie da un euro por el éxito de la investidura pero, ¿qué pasará en los dos meses siguientes antes de la convocatoria electoral?, ¿cuántas veces lo improbable se ha tornado posible y lo previsible inalcanzable?

Los partidos, nuevos y viejos, no deben olvidar que los protagonistas de la democracia son los ciudadanos y que esto es lo que soberanamente han decidido. Es decir, que el cesto hay que hacerlo con los mimbres que el resultado electoral ha puesto a disposición de quienes tienen la obligación de articular la sociedad y de interpretar a los votantes. Muchos hablan ya de nuevas elecciones, pero no tengo tan claro que esa sea la única posibilidad, en todo caso, es la última y no está claro a quién beneficia. En realidad, nadie sabe nada y esa espiral de miedo es la que puede abrir de nuevo las puertas de la negociación si fracasa la primera investidura. Está claro que ninguno está diciendo toda la verdad sino la que conviene en su estrategia. Los votos no son patrimonio de nadie, son tan libres que pueden cambiar del modo que nadie piensa. ¿A qué arriesgarse? Hay mucha volatilidad y se masca la decepción en las calles. A nadie se le escapa que los acuerdos nacen de las renuncias a programas máximos, es la forma de avanzar sincronizadamente con lo que une. Hay muchas cosas en las que están de acuerdo una amplia mayoría de ciudadanos españoles, por ejemplo las que tienen que ver con la regeneración democrática, con la preservación de los derechos sociales, con el refuerzo de las libertades civiles y con la protección de la sanidad, la educación y la atención a dependientes. Esos son los senderos del acuerdo: satisfacer aspiraciones colectivas irrenunciables. Si quedan dosis de sentido común en las cúpulas de los partidos puede que haya gobierno, pero puede… que no.

El que con más claridad apuesta por el fracaso es Mariano Rajoy, tras renunciar al encargo de Felipe VI para formar gobierno, en una actitud incompresible y decepcionante para sus votantes, se frota ahora las manos ante un posible fracaso, lo que le aterra es que Pedro Sánchez (que se ha consolidado) lo consiga, porque entonces él tendrá que irse al registro de la propiedad de Santa Pola. Su tiempo es el pasado.

Los últimos días han sido tormentosos en el PP, por eso no es de extrañar que el ministro del Interior, el lenguaraz Jorge Fernández Díaz, diga que ve una mano negra en la explosión de los últimos casos de corrupción en el PP, poniendo en entredicho la labor de los jueces y de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Este es un desatino más del ministro y de su ángel de la guarda, Marcelo, que le ayuda, según cuenta, a aparcar el coche. Desde luego es más alarmante esa postura cínica de Fernández Díaz que el hecho de que, con sorna, muchos duden de la existencia del tal Marcelo. Que en el PP anden desolados, me conmueve. Dicen que están hartos. Yo pienso que de ser cierto, debieran imaginar cómo estamos el pueblo llano que llevamos años viendo, claro y meridiano, lo que ellos negaban y todavía niegan. Ya ven, se acerca la época del “caloret” valenciano y su fallera mayor, Rita Barberá, va camino de quemarse en el Tribunal Supremo. Los días de vino y rosas, de paseos en descapotables junto a Francisco Camps, han terminado. Ahora es tiempo de llanto y de rechinar de dientes. Los lamentos llegan tarde. Rajoy pide calma, al fin y al cabo, él no está en mejor situación y lleva demasiado tiempo sorteando la tragedia como el torero la embestida del toro. Sólo hay una diferencia, a uno le gritan “olés” y otros debieran abandonar el ruedo antes de que los expulsen los abucheos. En fin, ¿quién sabe ná?

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Estrellas estrelladas
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María Antonia San Felipe | 19-02-2016 | 21:53| 0

Todos sabemos que el universo popular de los últimos veinte años ha estado iluminado por dos estrellas que relucían más que el sol, sobre todo cuando el sol se llama Mariano Rajoy. Me refiero a Rita Barberá y a Esperanza Aguirre. Es cierto que hay otras estrellas más recientes, Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal, han brillado últimamente en el PP pero no con tanta intensidad ni persistencia en el tiempo. Sería como pretender comparar a los Beatles y a los Rolling Stones con Los Diablos y Fórmula V. Nada que ver. La verdad es que Rita es una auténtica fallera mayor, no necesita traje, ella sola era Valencia y en España ha sido como la Dama de Elche, un icono de la españolidad a la vieja usanza. Por su parte, Esperanza Aguirre ha mostrado siempre ese toque supremo que tienen los metales nobles por derecho. Ella siempre ha mirado a todos desde arriba. La condesa de Bombay, incluso en calcetines cortos, ha conservado siempre su altivez con un toque de prestancia difícil de superar.

En común tienen, además de desparpajo, un instinto de supervivencia política que conecta con un electorado fiel y entregado a la causa, incluso cuando la balsa de la corrupción se convirtió en un océano. Pero las olas de ese mar embravecido pueden llevarse por delante incluso el espigón de la playa y eso le está pasando a Rita. Las investigaciones judiciales y el hartazgo de la ciudadanía amenazan con dejarla recluida en su casa. Tras veinticuatro años de alcaldesa suprema de Valencia, a Rita se le rompió la mayoría absoluta. “Vaya hostia, vaya hostia”, exclamó la noche electoral. Así que tras el clamoroso tropezón ha venido el mayúsculo resbalón. Se ha visto con claridad que no es posible estar rodeado de mierda por todas partes sin que te manche. Como lo sabía se fue a Madrid, al fin y al cabo, en el mausoleo en que se ha convertido el Senado, se vive bien y se cobra al mes más que en un año en la mayoría de nuevos empleos. Además Mariano, que teme que la ola marrón le salpique, ya la ha blindado para él protegerse detrás. Ya pueden hacer lo que quieran porque el maremoto valenciano a Rita se la va a llevar por delante más pronto que tarde.

En Aguirre todo es más multicolor. Esperanza es incapaz de defraudar a la afición, ¡buena es ella! Antes muerta que sencilla. Después de múltiples redadas anteriores, la Guardia Civil registró la sede del PP madrileño y varios domicilios, como el de Javier López Madrid y la empresa de su suegro Villar Mir, matriz de OHL, una de las sospechosas de haber engrasado la rueda de la corrupción para financiar irregularmente al partido en el gobierno. Todo ello supuestamente, claro. Pero tan claro y meridiano parece que el brillo nos ciega y nos sube la bilirrubina por encima del rabillo de la boina de la paciencia. Bueno pues cuando nosotros, los ciudadanos de a pie, no sólo vemos sino que olemos la mierda, otra vez Esperanza nos sorprende. De improviso, el domingo, después de la misa mayor, la condesa de Bombay dimite otra vez. Claro que yo estoy por cantarle esa vieja canción de José Alfredo Jiménez: No me amenaces, no me amenaces;/cuando estés decidida a buscar otra vida,/pues agarra tu rumbo y vete;/ya estás grandecita,/ya entiendes la vida/ya sabes lo que haces/Porque estás que te vas,/y te vas, y te vas,/y no te has ido/ y yo estoy esperando tu amor,/o esperando tu olvido. Ya ven, cuando la oyó Mariano, a la hora del aperitivo, se le atragantó el vermut. Rajoy sí que pensó en el olvido pero ella lo tiene siempre en su pensamiento y le ha brindado su amago de dimisión a ritmo de bofetada. Si a mí se me lleva el mar de la corrupción, a ti también, Mariano- pensaba en la rueda de prensa.

Manténganse atentos a las pantallas, no hay dos sin tres. No sabemos si habrá presidente pero si lo hay no será Mariano, claro que en otro país hace tiempo que Mariano hubiera pedido perdón y dimitido. De momento el cielo sigue estrellado.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.