La Rioja

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Fecha: abril 13, 2012
La democracia bajo el ciprés
María Antonia San Felipe 13-04-2012 | 11:45 | 2

Dimitri Christulas, decidió el pasado 4 de abril no contribuir a las preocupaciones que el Fondo Monetario Internacional y los gurús de los mercados que lo inspiran tienen en estos momentos. La última recomendación consiste en pedir que se recorten las prestaciones y se retrase la edad de jubilación ante “el riesgo de que la gente viva más de lo esperado”. Anticipándose a estas inquietudes de tan altos organismos y para evitar causarles más desazones a sus dirigentes, un desconocido anciano griego, a sus 77 años, decidió quitarse de en medio pegándose un tiro, bajo un ciprés, en la emblemática plaza Sintagma de Atenas. Fue su forma de contribuir a la salida de una crisis que este humilde farmacéutico no había provocado. Así el Estado se ahorra el pago de su modesta pensión, que él había obtenido durante varias décadas de cotizaciones, y que ha sido progresivamente reducida tras el estallido de esta decadencia del mundo occidental que llamamos crisis.

Es difícil eludir lo que este terrible suceso simboliza para el resto de compatriotas y de ciudadanos del mundo. El gesto de este anciano es una intencionada y desesperada denuncia de la forma en que se están haciendo las cosas en Europa. En su carta de despedida Dimitri, “el rebelde”, ha dejado claro que prefiere la muerte a la indignidad de verse obligado a rebuscar comida en la basura, pese a haber trabajado toda su vida, a la vez que desea íntimamente que los jóvenes griegos sin futuro decidan un día, no lejano, empuñar las armas y colgar a los traidores a la patria como un día los italianos colgaron a Mussolini. Dos alusiones evidentes a dos presidentes no elegidos por el pueblo e impuestos por los sacrosantos mercados, el de Italia y el de Grecia, presidido por Lukas Papademos, antiguo vicepresidente del Banco Central Europeo al que él ha comparado con Georgios Tsolakoglu, que también en abril, aunque de 1941, se abrió paso hacia la presidencia del país heleno tras entregar su patria a los nazis.

El dedo en la llaga lo ha puesto el anciano al recordar precisamente la Segunda Guerra Mundial ya que la vieja Europa, de la que tan orgullosos nos hemos sentido durante años, es precisamente el resultado de una lucha sin cuartel de la democracia contra los totalitarismos. Entonces se luchó por la libertad y se combatió la ausencia de ella. La Unión Europea era, hasta ahora, una institución cuya esencia estaba basada en la democracia representativa y en la protección de los derechos individuales. En la actualidad, el déficit democrático de Europa es un lastre todavía mayor que el déficit de nuestras cuentas públicas: se imponen gobiernos, nos mangonean Merkel y Sarkozy, nos asustan con la intervención, esclavizan las relaciones laborales y todo ello para que la resignación sea la norma básica de nuestro comportamiento. Por si esto fuera poco, se premia a los que han saqueado nuestras arcas y la corrupción y la ausencia de ética en los comportamientos públicos aparecen como un mal crónico. Yo creo que de esta dolencia grave no se sale sólo con docilidad y obediencia a todo lo que nos impongan como ha denunciado el anciano Dimitri. Yo sólo albergo un enorme temor al futuro porque presiento que, al final de esta crisis, además de al funeral de Dimitri puede que, junto al mismo ciprés, asistamos al entierro no sólo la Europa del bienestar sino de una Europa democrática y libre.

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