La Rioja

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Prefiero no creer
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María Antonia San Felipe | 22-02-2013 | 19:55

     

Creer o no creer esa es la cuestión. Podemos afirmar que en España además del desánimo y la indignación lo que impera es un clima general de descreimiento y aunque la otra tarde en el Congreso hubo fuegos artificiales, podemos decir que el espectáculo no concitó el interés de la ciudadanía. Se aplaudieron mucho entre los correligionarios pero en la calle la indiferencia fue general, más que palmas lo que se escuchó en los lugares por donde transita el pueblo soberano fueron duras críticas y sentidos reproches. Dicen algunos bien informados que Rajoy se pregunta en voz alta: ¿si hace poco más de un año nos creían, por qué hoy nadie lo hace? Y se lamenta, añadiendo: ¡que me pase esto a mí, precisamente ahora que hemos sacado la cabeza del agua!  

     Pues sí, señor Presidente, goza usted de una holgada mayoría absoluta parlamentaria y de una nula credibilidad y todo porque, en mi modesta opinión, a usted le ha ocurrido que como dice el viejo proverbio: con mentiras puede llegarse muy lejos, pero sin esperanza de volver. Efectivamente usted ha llegado a primer ministro de España sosteniendo un programa electoral falso, con el que encandiló a muchos que reprochaban a Zapatero que no les hubiera dicho la verdad. Debió haber aprendido de la dura lección que recibió su antecesor cuando tuvo que tragarse en mayo de 2010 el vaso de cicuta que le sirvieron los poderes fácticos europeos. De pronto, abrió los ojos y vio lo que no quería ver, la cruda realidad y quebrantó todas sus promesas. Usted dice que no ha cumplido las suyas pero sí con su deber y quiere que este sofisma sea el pilar sobre el que poder iniciar la recuperación de su credibilidad. Lo tiene sinceramente muy difícil porque si sostiene que también la “cruda realidad” le ha obligado a tirar por la borda sus promesas resulta evidente que en el momento en que la “cruda realidad”, es decir, mercados, BCE, Merkel y demás familia, se lo pidan volverá a incumplir lo que acaba de anunciar en el Congreso. No hace falta ni que tomemos nota, el tiempo lo dirá.   

     Lo mismo le está pasando ahora al PSOE, ya que aunque el PP se hunde en las encuestas el PSOE no remonta y la explicación es sencilla, está purgando los graves errores de no decir la verdad a tiempo y la confianza de los propios electores, una vez perdida, es muy difícil de recuperar. Quizás la valentía de un líder no está en resistir contra viento y marea, en esconderse de la prensa y de la verdad sino en tener la dignidad de reconocer los errores cometidos y si los incumplimientos son graves, debe anunciar una convocatoria electoral para volver a pasar de nuevo por el veredicto de una ciudadanía que se siente mayoritariamente traicionada.  

     Aunque en la tremenda crisis política e institucional que vivimos hay un asunto para el que no se necesita el visto bueno de Merkel ni del señor Draghi ni de los malignos mercados: poner coto al hiriente problema de la corrupción. Para esto no es preciso, Sr. Presidente ni cambiar la Ley, ni nada de nada. Sólo hace falta no burlar las que ya existen y sobre todo que no se cobije en la sede de su partido a implicados en casos de corrupción. Que Bárcenas y el marido de la ministra Ana Mato hayan seguido siendo asalariados de lujo del PP hasta ayer por la mañana es difícil de justificar, salvo que uno circule por el mundo ciego a la realidad que le rodea, al menos eso nos quieren hacer creer. Si en vez de enseñarnos su declaración de la renta, en la que no existe una casilla para declarar los sobres en B, nos contaran toda la verdad, aunque se pusieran rojos de vergüenza, quizá el gesto serviría de expiación para conseguir el perdón. Mientras PP, PSOE, CiU y todos los demás sigan encubriendo a imputados por corrupción cuando ya las pruebas son palmarias no habrá reconciliación posible. Toda España sabe que en el espectáculo falta la traca final, espero que no se queme en la hoguera. De momento, si el asunto es cuestión de fe yo prefiero no creer.