La Rioja
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Fecha: abril, 2017
Sin vergüenzas
María Antonia San Felipe 29-04-2017 | 8:00 | 0

España ya no es una península sino una isla rodeada por el océano de la corrupción. Al principio la ciénaga de mierda nos pareció un lago, desagradable, pero de dimensiones controlables. La voracidad de una clase política decadente e inmoral ha conseguido, con tesón, eficacia y años de dedicación a la mamandurria y al mangoneo convertir el lago en un mar de sorpresas tan inmenso como repulsivo. España ha pasado del estado del bienestar a ser un estado en permanente saqueo. El prodigio es sencillo: el enriquecimiento de unos convierte en endémica la pobreza de otros. Ese es el nuevo milagro económico español. En 2015, según los datos del Instituto Nacional de Estadística, 2,6 millones de españoles están en situación de pobreza severa. Sin estadísticas, también sabemos que una abundante y nutrida representación de políticos, mientras predicaban amor a España, nos vaciaban las arcas públicas y se forraban.
           Pese a que es imposible ocultar por más tiempo la verdad en este país todavía hay quienes pretenden hacernos comulgar con ruedas de molino, mintiéndonos sin sonrojarse, y quienes están dispuestos a perdonar que el saqueo se producía mientras nos sermoneaban con la cantinela de que vivíamos por encima de nuestras posibilidades.
           Como dice el humorista El Roto, ya no son necesarias las dictaduras porque nadie desobedece y porque, como dicen en la calle, nos tienen cogido el tranquillo. Esta es la realidad, solo levantamos la voz en los bares pero ante las urnas hay pánico al castigo. Por eso, en la cúpula del gobierno, Rajoy está tranquilo y el PP, también.
           El asunto de Nacho González, el expresidente de la Comunidad es una bomba en el corazón del Estado. Algunos duermen ya en la cárcel de Soto del Real pero los consentidores, los encubridores, los correligionarios silenciosos, los fiscales amigos y una amplia panoplia de beneficiados siguen en sus puestos de mando. Esperanza Aguirre se ha visto obligada a dimitir por no haber vigilado este sucio negocio de comisiones pero no puede olvidarse que la financiación del PP estaba entre los fines principales de esta trama organizada. Un delito que el fiscal anticorrupción, el amigo Manuel Moix, ha evitado señalar en primera instancia.
           Las escuchas telefónicas y la investigación han desvelado la tremenda complicidad y  la confusión entre las redes corruptas de políticos y el poder judicial. Todo esto es muy grave porque vulnera la división de poderes, que es la garantía del buen funcionamiento de un estado democrático. Es un escándalo tan descomunal como el dinero del que se ha apropiado la trama corrupta. Pero hay más, Cristina Cifuentes haciéndose como dice ella, “la rubia”, que es lo mismo que hacerse la tonta, está aparentado ser lo que no es. Ha sido su testimonio el que ha exonerado a Francisco Marhuenda y a otros. Una vergüenza que oculta la complicidad de intereses con la prensa sumisa, no con el periodismo libre. Sin olvidar que Cifuentes y Rajoy son, al fin y al cabo, los beneficiarios de las campañas del PP financiadas ilegalmente.
           La dimisión de Aguirre es insuficiente. Tanto Esperanza como Rita Barberá han sido utilizadas como cortafuegos para frenar el incendio del principal responsable político de todo este merduquero: Mariano Rajoy. El recado que le ha enviado Esperanza Aguirre, aunque solo sea por no vigilar, es un aguijonazo en la conciencia no solo del presidente sino de muchos militantes del PP. Mariano Rajoy está en el centro de la ciénaga, no sentado en una nube, por eso tiene que ir a declarar a la Audiencia Nacional, algo sin precedentes en esta democracia ultrajada. Si le queda un poco de  lo que debe tener un buen político, es decir, dignidad y sentido de estado, debiera dimitir antes de esa fecha. No va a hacerlo, pero puede ser que del pudridero de la corrupción salga, sin esperarlo, el final de un cuento de ranas en el que el único príncipe sea, tarde o temprano, la verdad y ojalá que también la justicia. Hace mucho que algunos extraviaron la decencia, pero la ciudadanía no puede perderla. Es hora de hacerles sentir vergüenza, no de consentir sinvergüenzas.

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El paraguas
María Antonia San Felipe 23-04-2017 | 5:48 | 0

La corrupción en este país es como el mito del eterno retorno, siempre vuelve. Cuando una cierta calma se había instalado en Moncloa y en los cuarteles generales del PP tras el exitoso congreso que coronó de nuevo a Mariano Rajoy, sin oposición interna aparente, una gaviota negra ha sobrevolado su territorio y ha depositado sus excrementos en la hoja de ruta del gobierno. No hay como estrenar traje para que algún pájaro te regale una cagadita en la hombrera.
          Mientras conocíamos que el superministro Rodrigo Rato no había parado de hacer negocios ni de expatriar capital cuando estaba en el gobierno de Aznar ni tampoco durante su etapa al frente del FMI, en el PP se ocupaban en distanciarse del  gurú del milagro económico del PP, según su anterior doctrina. Rodrigo Rato es ya un apestado del pasado, así que respiraban ufanos cuando unos jueces, aplicando la ley, deciden que Mariano Rajoy debe declarar como testigo sobre el caso Gürtel en la Audiencia Nacional. Hay que reconocer que, incluso en esta democracia que nos parece imperfecta, todavía hay ámbitos que escapan del control del gobierno. ¡Viva la Constitución!
          El jarro de agua fría se produjo contra todo pronóstico, especialmente el de sus tutelados en la Fiscalía y en la Abogacía del Estado. Esperanza Aguirre también va a declarar y aunque dicen los juristas que los testigos no pueden mentir, lo que es seguro es que no dirán la verdad. Es la fuerza de la costumbre, porque esa es la única certeza que tenemos desde que comenzó el asunto, que llevan años mintiéndonos. Pero ahora lo que toca es hacerse el tonto que es la estrategia judicial más exitosa en este país. Recordemos a la infanta Cristina, a Ana Mato y a otros que nada sabían ni recordaban porque los millones caen del cielo los días de luna llena. Aunque a Mariano, no se hagan ilusiones, no lo veremos hacer el paseíllo hasta la Audiencia Nacional, él no es de esos toreros que esperan al morlaco a la salida de toriles a porta gayola, él es don Tancredo y su testimonio evitará el riesgo de cornada.
          Pues eso, que estaba Mariano pensando cómo salvar este trance haciendo nada mientras sus portavoces culpan a los demás de este contubernio y va el juez Velasco y ordena la detención del expresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González. El heredero de la cazatalentos Esperanza Aguirre está implicado en la trama Púnica y en la supuesta corrupción en el Canal de Isabel II. El corazón corrupto del PP madrileño ha quedado al descubierto y como guinda el juez ha imputado al mayor adulador del Reino, Francisco Marhuenda.
          Pero nada, la corrupción no existe en el PP, eso repiten sus voceros que han regresado a la vieja cantinela de que todo es un contubernio político contra ellos, un partido pulcro que no sabe nada de adjudicaciones públicas a cambio de dinero, que jamás tuvo caja B, ni conoció a Bárcenas, ni a Correa, ni a Granados ni a Rato ni a nadie de los que, todo el mundo intuye, pasaban por la ventanilla para pagar el correspondiente peaje. Dice el portavoz popular que no solo no hay derecho a esto, sino que es un abuso del derecho. Así que ahora toca desacreditar a los jueces que se venden a intereses espurios no como el PP donde solo admiten dirigentes inmaculados.
          Pero Mariano ya ha advertido a todos que estén tranquilos, no hay motivos para dimitir ni para preocuparse pues hasta ahora sin hacer nada, resistiendo y negando lo evidente han revalidado el gobierno. En el PP creen que a estas alturas la corrupción, por inmensa que sea, ya no les pasa factura electoral, pues según los sondeos de opinión son el único partido que aguanta y mejora resultados. ¡Que nadie pierda los nervios!, ha decretado Mariano argumentando que siempre que llueve escampa y tal como están las cosas ni siquiera tendrán necesidad de abrir el paraguas. A nosotros nos conviene hacerlo para evitar que tanta mierda nos caiga encima.

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Tiempo de pasión
María Antonia San Felipe 15-04-2017 | 8:33 | 0

Cuenta el tango “Cambalache”, que el siglo veinte fue un despliegue de maldad insolente y que eso ya no hay quien lo niegue, ya vemos que a la altura del año 17 del siglo XXI nada indica que éste vaya a ser mejor. Vivimos entre injusticias y lo peor es que estamos instalados en la indiferencia. Mientras las bombas caen sobre Siria y el ejército de Al Asad gasea a la población civil en Europa hacemos como que no nos damos cuenta. Al tiempo que planificamos las vacaciones, contemplamos procesiones o nos tomamos una caña, millones de personas sufren las consecuencias de las guerras. Por dura que sea la realidad que nos rodea ya nada nos atormenta, solo nos conmueve circunstancialmente y luego se nos olvida. Incluso pasamos de exigir a las autoridades que hagan algo para frenar una guerra que ha producido más de 350.000 muertos y millones de desplazados. Así que los gobiernos del mundo marean la perdiz según sus propios intereses estratégicos o, en el peor de los casos, alimentan el espantajo del miedo a los refugiados aprovechando la locura terrorista del Daesh, que crece y se autoalimenta porque a alguien también le interesa.
            Observando como Al Asad no tiene reparos en exterminar con gas sarín a su pueblo y otras salvajadas como bombardear hospitales, una se pregunta qué concepción tienen algunos del poder para extender la muerte como una epidemia. Mantener el poder, ese es el único objetivo. De los grupos opositores poco sabemos. Así que lo único cierto es que la gente huye de la muerte y no podemos ignorarlo por más tiempo. La ONU es una entelequia, ni siquiera son capaces de ponerse de acuerdo en una resolución de condena y si lo hacen es un papel mojado que a nadie importa.
           El ataque estadounidense, ordenado por el presidente Trump, supuso el lanzamiento de 59 misiles tomahawk sobre el aeródromo del que salieron los aviones del régimen sirio que gasearon a los civiles, fue la represalia al bombardeo que acabó con 86 muertos, 30 de ellos niños. La orden de Trump ha resultado sorprendente porque hasta ahora había defendido lo contrario, una sospechosa postura que lo aproximaba más a Putin que a su antecesor, el presidente Obama.
           Esta intervención armada ha sido apoyada mayoritariamente por los norteamericanos y ha supuesto un reforzamiento de la imagen pública de Trump en las encuestas de opinión. Esta consecuencia directa hace que resulte sospechosa esta acción de Trump. Un hombre egocéntrico en grado superlativo, más preocupado por su imagen que por cualquier otra cosa en el mundo de las vanidades en el que vive, invita a observarlo con doble mirada. Las continuas sospechas sobre sus conexiones con Putin estaban levantando una oleada de recelos sobre la injerencia de Rusia en la política norteamericana. De pronto Trump, que en agosto de 2013 cuando Barack Obama sopesaba una acción militar en Siria tras un ataque químico que asesinó a 1.400 civiles en las afueras de Damasco, se mostró contrario a la intervención, ahora en un golpe de magia se conmueve, bombardea Siria y se enfada con el amigo Putin.
           En este juego de declaraciones sobreactuadas, el portavoz de la Casablanca ha cometido un error inmenso. Para explicar lo malo que es Al Asad ha querido dulcificar la maldad de Hitler, quien según él no utilizó gases contra la población civil, como si los asesinados con gas en los campos de concentración no hubieran existido. Todo resulta muy sospechoso al igual que la aparente tensión mostrada por el régimen de Putin en la reciente visita del secretario de Estado de EE UU, Rex Tillerson. En la diplomacia el arte de la mentira es tan sutil que, si se lo proponen, el mayor embuste parece una irrefutable verdad. Todo huele a teatrillo para reforzarse mutuamente. El mundo está en sus manos, lo cual en sí mismo es ya una amenaza. Disfruten de la semana de pasión que Al Asad, Putin, Trump y algunos otros disfrutan de la suya: el poder.

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Lágrimas
María Antonia San Felipe 08-04-2017 | 9:42 | 0

Cuentan las crónicas sobre el congreso del PP de La Rioja que en el transcurso del mismo hubo lágrimas. Pedro Sanz, conocido popularmente como Pedrone, el hombre que con mano de hierro ha conducido durante un cuarto de siglo los destinos de la derecha riojana lloró de emoción y, después del recuento de votos, comentan que de conmoción. No es para menos. En sus tiempos de gloria ni una mosca hubiera sobrevolado los salones de Riojaforum sin su permiso. Ahora que su poder ha quedado periclitado los afiliados de su partido se han tomado la revancha después de años de obediencia y sumisión al líder. Cuando supe de las lágrimas que habían rodado sobre sus mejillas, evoqué la insuperable escena de Quo vadis? cuando Peter Ustinov, en el papel de Nerón, llora antes de ordenar el incendio de Roma. En este caso el fuego de las urnas no precisó la ayuda de los bomberos aunque Pedro Sanz, por dentro, sintió que su orgullo ardía en la hoguera de la humildad, una virtud que jamás había practicado. La corona de laureles, que adorna a los líderes y que durante años lució, creyéndola eterna, desapareció para siempre de su frente y pasó a adornar la cabeza de un Ceniceros exultante.
Sanz que pudo retirarse con elegancia el día que fue relevado de la presidencia del gobierno, o incluso antes, no quiso hacerlo y permaneció en la sombra pretendiendo influir en su fortuito heredero que ahora regentaba el chiringuito gubernamental. Ceniceros fue siempre un hombre fiel y sumiso a Pedro Sanz, por eso él lo eligió. Durante años Ceniceros y otros muchos fueron su guardia pretoriana, llevaron adelante sus consignas y sus imposiciones. Obedientemente, aunque no lo compartieran, toleraron las salidas de tono de su jefe. Cuando Pedro Sanz elegía una víctima no cejaba en su empeño hasta destruirla, no siempre lo consiguió, pero su cohorte jamás alzó la voz ni en las purgas internas ni en las cacerías a miembros de la oposición.
           Por eso este proceso congresual del PP ha sido duro, muy duro, especialmente para José Ignacio Ceniceros que ahora desempeñaba el papel de víctima propiciatoria en el intento de Sanz de proclamar a su verdadera heredera. La rueda de prensa de Sanz explicitando su apoyo a Cuca Gamarra fue sorprendente, sus palabras no fueron de refuerzo de la alcaldesa de Logroño sino contra José Ignacio Ceniceros. Sanz, que jamás fue generoso, pedía generosidad. Él, que se va porque no le queda más remedio, hablaba de saber echarse a un lado para dejar paso. ¡Qué ironía! A las declaraciones teñidas de hipocresía hay que sumar las del presidente de la Cámara de Comercio de La Rioja, José María Ruiz Alejos, denunciando que no había timonel en el gobierno de La Rioja. Otro dardo envenenado a la línea de flotación de Ceniceros pilotado por Pedro Sanz.
           Es indudable que en el afán de acabar con José Ignacio Ceniceros se le ha ido la mano y eso ha terminado removiendo a la militancia que, en todos los partidos, no soporta la división pública de sus representantes. Al victimizar a Ceniceros con declaraciones tan duras e intempestivas, Pedro Sanz le ha dado la fuerza y, a su pesar, el liderazgo. Lleva razón Ceniceros cuando, antes de ganar, afirmaba que en este clima incluso el triunfo era una derrota. Pacificar su partido tras el proceso sangriento que se ha vivido es un reto. Después de haber sufrido en sus propias carnes el estilo implacable del más genuino Pedrone seguramente ha aprendido más que en toda su carrera política. Ahora sabe que lo que está mal, está mal aunque no se lo hagan a uno.
          Pedro Sanz sin práctica en asumir derrotas también ha aprendido lo efímero e imprevisible que es todo en política. Al actual vicepresidente del Senado le queda un retiro dorado despojado de todo poder de influencia. No será el único disgusto que coseche antes de pasar a integrar el único tiempo que le queda, el del olvido.

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Chistes prohibidos
María Antonia San Felipe 01-04-2017 | 9:16 | 0

El humor es una peculiaridad intrínseca del pueblo español. Cualquier suceso es un reto para nuestra desbordante imaginación. La producción de chistes incrementa, exponencialmente, el PIB por habitante y supera la media mundial de cualquier índice productivo. Sin chistes España no sería España y por supuesto el porcentaje de depresivos se incrementaría considerablemente. Si el humor es un síntoma de inteligencia la prueba de que el pueblo español lo es se demuestra en su capacidad de superar momentos muy difíciles a base de ingenio y agudeza.
           Recordemos la dureza de la posguerra, el hambre y la miseria embaldosando todos los rincones del suelo patrio. Pese al lema del franquismo, que rezaba (nunca mejor dicho) en las paredes de ciudades y pueblos: “en la España de Franco nadie pasa hambre”, lo cierto es que los muertos de hambre se contaban por millones. La agudeza culinaria era tal que se hacían tortillas de patatas sin huevos ni patatas, el café no era café sino achicoria, el pan era negro y los gatos parecían liebres, en realidad en la vida cotidiana a los españoles siempre les daban gato por liebre.
          Estas adversidades se superaban con humor, los chistes de chorizos, del estraperlo y de los que aparentaban comer pero no lo hacían eran el pan (negro) nuestro de cada día. Para replicar al lema del régimen nació el personaje de Carpanta, aquel hombre que, bajo un puente, soñaba con un pollo asado todas las horas del día. Y llegó Gila, a poner en entredicho todos los tabúes de un país con el alma encogida por las heridas de la guerra. Había un código de sobreentendidos, de lugares comunes en el pensamiento de los españoles, gracias a los cuales, los humoristas conseguían, en un país sin libertades, superar la censura con inteligencia y con la complicidad de los lectores.
          Cuando Carrero Blanco fue asesinado por ETA un 20 de diciembre de 1973, entre las calles Claudio Coello y Maldonado de Madrid, la noticia conmocionó al país e, indudablemente, supuso un punto de inflexión para la aparente fortaleza de un régimen totalmente anacrónico respecto al resto de Europa. Sin embargo, ningún asesinato, ni el del personaje más siniestro, es justificable en defensa de ninguna causa. No podemos dejar de constatar que el hecho cierto de que la fuerza de la explosión produjera la elevación del vehículo oficial a más de 35 metros de altura fue objeto, por aquellos días, de numerosos chistes.
          En 1983, en el corazón de los llamados “años de plomo” de ETA, es decir, cuando más dolor causaba la banda terrorista, los españoles pudieron reírse con chistes de Tip y Coll, amparados por el artículo 20 de la Constitución Española. Nadie se molestó ni tampoco los españoles pensaron que el famoso chiste sobre la prodigiosa carrera del presidente del gobierno, Luis Carrero Blanco: “De todos mis ascensos, el último fue el más rápido”, fuera una apología de ETA por parte de los humoristas. Por eso sorprende que cuando ETA ha sido derrotada, cuando el estado democrático ha vencido, se condene a una activista por difundir chistes de Carrero Blanco. Las víctimas cuentan con una enorme consideración social, por eso, cabe preguntarse qué está pasando en este país con la libertad de expresión. Es preciso recordar que se está produciendo un retroceso en nuestros derechos, en general. ¿Cómo es posible que una democracia asentada y estable limite más este derecho que una democracia incipiente?
          A muchos nos escandaliza que en este país la Audiencia Nacional haya condenado a la joven Cassandra a un año de prisión y siete de inhabilitación por unos tuits y, sin embargo, los que han saqueado España se vayan de rositas y quienes los amparan nos sigan mintiendo  día tras día. Está claro que esta sentencia no solo es un mal chiste sino la evidencia una democracia enferma. ¡Qué prohíban los chistes!

 

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.