La Rioja
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Fecha: diciembre, 2017
Campanadas
María Antonia San Felipe 30-12-2017 | 1:38 | 0

chicas-banderasA punto de despedir el año y antes de que suenen las campanadas el ambiente ya huele a resaca, cuando abramos la puerta al 2018 la realidad nos dará la bienvenida. El tiempo vuela pero la realidad jamás salió corriendo, tratamos de olvidarla entre los vinos espumosos pero ella nos sonríe socarronamente desde la espera.

Pasaron las elecciones catalanas, cayeron los millones de euros, se repartieron las pedreas, nos comimos los langostinos y en Cataluña los canelones partidos en dos, dos mitades que se alejan entre ellas tanto como de nosotros. Dicen algunos que hemos vuelto a la casilla de salida, pero no, la realidad es que nada sigue igual. La gente está agotada, independentistas o unionistas, ya que al hacer balance del año todos han comprobado que en el camino han perdido a gran parte de sus amigos y con ellos la tranquilidad de compartir los pocos buenos momentos que nos regala la vida. Esto es lo que tienen las trincheras, aunque sean dialécticas, que el enemigo siempre tira a dar en el orgullo ajeno y cuesta reponerse de las lanzadas.

Es difícil aventurar qué va a ocurrir, nadie lo sabe, ni siquiera quienes han tejido por activa o por pasiva esta red de desencuentros. Creo que muchos pagarían por volver al pasado pero del pasado solo quedan los errores y nunca vienen con manual de instrucciones. Tampoco veo a nadie con voluntad de bajarse del burro para poder hablar sin hacer teatro. Las consecuencias letales de todo lo ocurrido van a ser palpables social y económicamente a partir de ahora. Los independentistas vuelven a sumar mayoría de escaños, aunque no de votos, pero ya saben que empecinarse no lleva a ninguna parte, eso ya está visto y comprobado. Esquerra, la CUP y los herederos de Convergencia no tienen otra causa en común que el sueño de la independencia y la lucha contra el ficticio estado opresor.

El cuento es muy viejo pero es como los cuentos antiguos, que da gusto escucharlos aunque uno se los sepa de memoria. Lo que ocurre es que además de soñar hay que comer, hay que vivir y hay que convivir, ese es el problema. La declaración unilateral de independencia no ha traído el paraíso, porque no ha sido reconocida por nadie. Era mentira desde el principio y los cuentacuentos lo sabían. Los secesionistas están fortalecidos en su fe y no han juzgado a Puigdemont, Junqueras y Forcadell por el fracaso ni por las mentiras sino por la esperanza que aun mantienen viva. Habrá que esperar a ver con qué grado de eficacia gestionan ahora el “éxito”  que proclaman. La suma de sus éxitos parciales no deja de estar teñida de amargura porque el triunfo de Ciudadanos, claro ganador de las elecciones, no les ha llenado de alegría porque saben que entre sus votantes también ha prendido otra esperanza, ya que en torno a ellos se ha posicionado mayoritariamente otra sensibilidad que no se sentía representada. El resto deberá reflexionar sobre la redefinición de su discurso y de su espacio electoral. El último de la fila, el PP no va a poder digerir fácilmente el descalabro sobre todo porque en tantos años de gobierno no ha sido capaz de ofrecer nada más allá de la invocación al cumplimiento de la ley.

Por cierto, es buen momento para hacer un poco de pedagogía democrática básica a unos y a otros. Ni a las causas judiciales abiertas por vulnerar la Constitución y el Estatut contra los independentistas ni a las instruidas por corrupción contra numerosos dirigentes del PP les dan carpetazo los resultados electorales. Seamos serios, o respetamos la división de poderes o luchamos porque la independencia judicial sea efectiva o la democracia habrá muerto de verdad y entonces si regresará la dictadura, la del ganador. No nos destruyamos como siempre en este país, ¡convivamos! No se sabe que va a pasar pero si nadie se baja del burro, el burro se cansará. Cuando suenen las doce campanadas queridos lectores, procuren disfrutar. Tarde o temprano ello parará.

Nota: Queridos lectores gracias por leerme. De todo corazón os deseo un buen año y que ¡la fuerza os acompañe! La vida ya la iremos afrontando como venga. Buen 2018

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Tolerar el mal
María Antonia San Felipe 23-12-2017 | 10:02 | 0


bernard-lawCuando toleramos lo que nos parece mal, cuando guardamos silencio ante una injusticia, un abuso, un delito nos volvemos cómplices y lo sabemos. Sin embargo hacemos como que no nos damos cuenta porque el grupo, la sociedad nos vuelve un poco egoístas y bastante hipócritas. Nos volvemos ciegos, mudos y sordos hasta que estalla el escándalo y entonces nos rasgamos las vestiduras como si nada supiésemos. Cuando la denuncia alcanza su punto máximo y rompe el círculo donde ocurrían los hechos entonces condenamos, criticamos y ponemos el grito en el cielo pero, al tiempo, nos olvidamos y la rueda vuelve a girar. Al fin y al cabo en este mundo todo va y vuelve, sobre todo la maldad, siempre la injusticia.

Acaba de fallecer Bernard Law, el cardenal que encubrió en Boston uno de los mayores casos de pederastia. Cientos de abusos sexuales de sacerdotes a niños que fue destapado por el Boston Globe. Una investigación periodística rigurosa que ennoblece a la profesión. Era el año 2002, el escándalo llenaba de asombro al mundo entero. En realidad, en el entorno de su diócesis se sabía, se sospechaba, se intuía, se compraban silencios y se silenciaban denuncias. La Iglesia católica, como todas las organizaciones, no temen el delito y, en este caso, el pecado sino el escándalo. Sobre todo, que no se sepa, echar tierra encima, enterrar la ignominia porque el tiempo todo lo cura. El alboroto fue mayúsculo, la película Spotlight, ganadora de un oscar en 2015, contó lo sucedido. Pese a todo el purpurado ha vivido estos años tranquilamente en Roma como arcipreste de Santa María la Mayor. Ha muerto sin haber comparecido ante ningún tribunal civil ni parece ser que religioso. Desconocemos, cuando esto escribo, si la justicia divina le tendrá reservado un pedestal destacado en el infierno, un lugar que ya conocieron en vida las víctimas de sus encubrimientos. Si sabemos, porque lo ha informado la Santa Sede, que su funeral tendrá lugar en la basílica de San Pedro. Vamos, que no digo yo que el cardenal no deba ser enterrado, pero no en el corazón del Vaticano en una ceremonia concelebrada por arzobispos y obispos, con la asistencia del papa Francisco que no sabemos si pedirá perdón a las víctimas de los abusos por haberlas olvidado tan pronto como cedió el clamor del escándalo.

En la sede mundial del glamour, en la Meca del Cine el brillo de las estrellas más refulgentes ya no centellea ni por Navidad, ya se sabía que durante décadas algunos productores, directores y mandamases de la industria cinematográfica habían practicado el abuso y la coacción a las actrices. El mal parecía endémico. Muchos sabían, muchos callaban y muchos, sobre todo mujeres, sufrían para sostener sus carreras o para evitar concluirlas si decían que no al depredador de turno. Los casos de Kevin Spacey, Brett Ratner y de otros han precipitado un tsunami. No obstante, el caso de Harvey Weinstein uno de los más influyentes productores, ha sido una bomba que ha convulsionado la industria del cine americano. Solo unos días después de que The New York Times y The New Yorker (otro éxito del periodismo serio) destapara los abusos sexuales cometidos por Weinstein durante décadas la Academia de las Artes de Hollywood lo ha expulsado. Es algo sin precedentes pero que marca el camino para la erradicación de estas prácticas delictivas. Ahora son decenas de actrices, todas ellas muy conocidas, quienes se han decidido a denunciar violaciones y acoso, algo que muchos encubrían. De nuevo, el estallido del escándalo puede frenar los abusos, hasta que de nuevo gire la rueda de la maldad. Muchos se preguntan por qué se tarda tanto en denunciar, la respuesta es sencilla, la vergüenza y la humillación son difíciles de confesar y el poder de los agresores a veces asusta. Imaginen a muchas mujeres que sufren cotidianamente estas agresiones en el trabajo y que encima tienen que aguantar, incluso de otras mujeres, que ellas se lo andaban buscando.

No se puede aceptar lo intolerable y eso solo se consigue no cerrando los ojos ni callando los abusos, sean de la índole que sean, salvo que decidamos instalarnos para siempre en la hipocresía renunciando, por miedo, a nuestra dignidad.

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Pararse a pensar
María Antonia San Felipe 16-12-2017 | 10:11 | 0

eduardo-mendoza“Casi siempre es tarde cuando nos ponemos a pensar las cosas”, con esta opinión el escritor barcelonés Eduardo Mendoza concluye su último ensayo recién publicado. Tras concluir la lectura de ¿Qué está pasando en Cataluña?, repaso la irracionalidad en la que vivimos estos días y el panorama me parece desolador.

El profesor Jordi Borrell, director del Instituto de Nanotecnología de la Universidad de Barcelona, acaba de demostrar que el cerebro también puede menguar de repente. Ha llamado a Miquel Iceta, candidato del PSC, “ser repugnante” que tiene “los esfínteres dilatados”. Unos comentarios denigrantes y homófobos que retratan al personaje. El actor Toni Albà, humorista de TV3, ha dedicado un poema, de ínfima calidad y extremo mal gusto, a la candidata de Ciudadanos. Según él, una tal Inés: “Se disfraza en la gruta,/en demócrata se transmuta,/sueña que votos escruta,/y grita ¡míos! la mala puta”. Ni puta gracia tienen estos ripios que ahora dice que no son para Inés Arrimadas.

Un joven subido a un tanque del Ejército Español amenaza a Puigdemont y a Pablo Iglesias afirmando que “aquí estamos, buscando soluciones a los problemas de España”, “70 toneladas de puro amor y pura democracia”. El académico Pérez-Reverte se burla del diputado de Esquerra, con su “a Rufián le pegaban en el colegio o temía que le pegaran”, una forma de banalizar el acoso escolar.

Rodrigo Lanza, conocido militante antisistema, ha sido encarcelado como presunto autor de la paliza propinada a Víctor Láinez y que finalmente acabó con su vida. La discusión política, que terminó en la brutal agresión, se inició al observar el antisistema los tirantes con la bandera de España que llevaba la víctima.

Este es el clima de enfrentamiento y degradación de la convivencia en el que estamos inmersos sin que nos paremos a pensar dos veces lo que decimos, lo que divulgamos en las redes sociales o lo que hacemos. Damos prioridad a las emociones, nos puede el pálpito afectivo e ignoramos la voz de la inteligencia. Olvidamos, el razonamiento y la reflexión pausada para reprocharnos luego a nosotros mismos cómo no fuimos capaces de pensar antes de hablar, antes de actuar, antes de romper el vínculo de la amistad, antes de que los daños sean irreversibles.

Me invade, como a Eduardo Mendoza, un cierto desaliento. El escritor, desde la perspectiva que le da la distancia, observa el terremoto producido en la convivencia y lamenta no ver la salida “porque se ha llegado muy lejos sin saber ni cómo ni para qué. A menudo da la impresión de que ambas partes desearían poner fin a una tensión que ya no beneficia a nadie, que desgasta a sus protagonistas, desacredita al conjunto del país y causa unas pérdidas económicas, reales, visibles y muy difíciles de corregir a corto plazo”. Si en algún tiempo hubo dos Españas, también hay dos Cataluñas en pleno hervor. Hay riesgo de que ambas se desborden sin remedio al alcanzar el punto de ebullición, que más bien parece el punto de fisión. Ya no hay tiempo para el asombro, el camino recorrido no se desanda mirando atrás, porque no se puede borrar lo acontecido.

El odio florece y el ruido es tal que nadie escucha. Las mentiras han jalonado el camino, aunque es obvio que la dimensión de los embustes de los impulsores del procés ha sido inmensa aunque ahora quieran ocultarla. La campaña electoral se está desarrollando en las trincheras emocionales. Si no se superan los odios aflorados el desastre se consumará. Solo hay un modo de superar el enfrentamiento, comenzar a tolerarse. Tras de leer estos días La ciudad de los prodigios, que Eduardo Mendoza publicó en 1986, me he preguntado si en la situación actual le habrían concedido el Premio Ciudad de Barcelona o lo hubieran lapidado en plaza Cataluña. Una trágica remembranza. Comparto con él la desazón de que puede ser demasiado tarde, que los errores de ayer cubran de niebla el mañana. Confío, sin esperanza, en que entierren el odio y todos se pongan a pensar.

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Principio de incertidumbre
María Antonia San Felipe 09-12-2017 | 10:08 | 0

indepes-bruselasEn el 39 aniversario de la Constitución española se ha hablado de su posible reforma. En la calle, muchos nos preguntamos si alguien sabe adónde vamos. Sería frustrante que el final de este camino sea otra decepción más a añadir a la larga lista de desengaños que llevamos acumulados. Los últimos años han sido prósperos en mediocridades, corrupciones y otras miserias que empañan nuestro optimismo ante un futuro que, desde que el mundo es mundo, se rige por el principio de incertidumbre. 

Durante la Transición, ni tan glamurosa ni tan desastrosa como proclaman de uno u otro lado, había algo que marcaba el camino y aunaba voluntades, mayoritariamente queríamos una Constitución homologada con la tradición democrática occidental que nos permitiera entrar en Europa y garantizara la convivencia. Sabíamos de dónde veníamos: una dictadura y a dónde queríamos llegar: una democracia. España es hoy un país diferente, muy diferente al de 1978 pero con retos muy complejos y muy distintos a los de entonces que nuestros representantes no deben esquivar.

De las decisiones de hoy depende el porvenir. Los efectos de la crisis económica persisten todavía. Pueden contarnos lo que quieran pero está constatado que no hemos recuperado lo perdido en derechos laborales ni sociales suprimidos en la práctica. La precariedad y la baja calidad del empleo que se crea es la prueba que rebate el optimismo gubernamental.

La crisis política e institucional sigue agravándose. La desconfianza que ha generado la corrupción y la mediocridad de esos políticos, preocupados solo de forrarse, ha minado la credibilidad de todas las instituciones del Estado. El deterioro no va a solucionarse con más apaños. Es necesario reformar la Constitución para incorporar en torno a ella a las nuevas generaciones que no la votaron, para incluir derechos sociales entre los derechos fundamentales, profundizar en la independencia judicial y en la participación ciudadana.

El PP es el más reacio a la reforma porque la condiciona solo al problema territorial. Es el terreno en el que se ha sentido muy cómodo desde hace años y ya ven ustedes a dónde hemos llegado. La miopía de Rajoy niega la trascendencia del problema, la reforma no debe hacerse para contentar a los secesionistas, dice. Claro que no, a ellos no va a satisfacerlos nada, salvo la independencia. La Constitución debe reformarse para ilusionar a los españoles, para aglutinar en torno a ella a más ciudadanos en vez de a menos. Hay que dar respuesta al problema territorial afrontando la desigualdad que es el sustento de la quiebra social que se está produciendo y devolviendo a las instituciones la credibilidad perdida tras años de corrupción. Para lograrlo hay que consensuar el proyecto de España, de la España actual, comprendiendo su pasado pero mirando hacia el futuro. A lo mejor para conseguirlo hay que renovar a ciertas élites que se han sentido muy cómodas en esa ciénaga moral llena de ranas que ha gangrenado nuestras instituciones democráticas que conseguimos con dolor y renuncias.

Mientras esto escribo más de 45.000 catalanes se manifiestan en Bruselas, hablan de ausencia de libertades, de presos políticos y de persecución ideológica. La libertad de expresión de la que gozamos en Europa permite decir muchas cosas aquí y allí. Los manifestantes pedían una Cataluña independiente pero seguramente no había entre ellos una nutrida representación del casi medio millón de parados que hay en Cataluña, ni personas dependientes que se quedan sin ayudas, ni víctimas de la desigualdad de una sociedad empobrecida. Afrontar el problema supone huir de los dos polos que se atraen tanto como se necesitan. Yo creo que hay muchos que creemos en el futuro de una España de todos por eso exigimos reformas compartidas para no sentir, como decía Machado, que vivimos “entre una España que muere y otra España que bosteza”.

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Buenos hijos
María Antonia San Felipe 02-12-2017 | 10:04 | 0

la-manadaSegún sus defensores José Ángel Prenda, Jesús Escudero, Ángel Boza, Alfonso Jesús Cabezuelo y A. M. G. son “patanes, infantiloides, simples o primarios en sus pensamientos” y aunque tienen “comportamientos que merecen reprobación” (tres de ellos tienen condenas previas de cárcel), en realidad son “buenos hijos, algunos trabajan, otros lo intentan, están muy unidos a sus familias”. Además, todas las mañanas al salir de casa saludaban a los vecinos y hasta en alguna ocasión, siempre que no fueran en manada, ayudaban a cruzar el paso cebra a las ancianitas. Según los abogados de la defensa debe conmovernos el juicio paralelo que está habiendo en la calle y en las redes sociales. El injusto calvario está destrozando sus vidas.

Entiendo que todo el mundo tiene derecho a la defensa aunque los argumentos de algunos abogados de La Manada me producen escalofríos. No puedo olvidar que estos “buenos hijos”, cuando salen de cacería son unos salvajes y cuando La Manada actúa grupalmente el nivel de estupidez y de maldad crece exponencialmente. Lo que hemos escuchado a lo largo del juicio no debe olvidarse fácilmente. Los jueces tienen ahora la palabra pero socialmente, hombres y mujeres, debemos ser intolerantes con las vejaciones de cualquier tipo hacia las mujeres. Mucho más ante una violación grupal que es el punto máximo del desprecio y del sadismo de los implicados.

Esta manada de “buenos hijos” todavía se consideran inocentes porque no entienden la magnitud de su felonía. No le dieron importancia entonces ni ven ahora la gravedad de su hazaña porque, aunque según sus abogados quieren mucho a sus madres, las mujeres para ellos son un objeto de usar y tirar. Por eso la joven quedó tirada en el portal, semidesnuda, sin teléfono, aterrada y sola. Obviaron su libertad y su dignidad como persona.

Ellos actuaban según sus propios códigos que ignoran la libertad ajena, ellos ya saben lo que quieren las mujeres, las mujeres quieren hombres que les den caña. Ellas disfrutan mientras cinco animales en manada las penetran anal, vaginal y bucalmente en un portal sin ninguna contemplación, sin preservativos, sin pedir permiso porque ella, puesto que no se quejaba, consentía. De lo contrario no hubiera tenido los ojos cerrados. Los cerró porque estaba encantada. Jesús Pérez, uno de los defensores, ha preguntado al tribunal: “¿Qué mujer hace una felación con los ojos abiertos”?, mientras que el otro, Agustín Martínez, ha apostillado: “es difícil hacer una felación con los ojos abiertos”. Incluso han lamentado que no haya estadísticas para demostrar que esa es una forma de disfrute.

Al escuchar estos argumentos he recordado los pelotones de fusilamiento, seguramente el que va a ser fusilado también cierra los ojos deseando morirse de miedo antes de que lo maten. Cuando no hay salida uno cierra los ojos para no ver, para desear que todo pase cuanto antes, para llorar hacia adentro, para tragarse el desconsuelo, para huir del horror, para morirse en la angustia. Ese y no otro es el sentido de los ojos cerrados de la víctima de La Manada.

Aventurar que esa mujer tan salvajemente agredida, como hacen los defensores de La Manada, disfrutaba durante esos 17 minutos que debieron parecerle infinitos es una osadía y un desprecio hacía todas las mujeres. Nadie conoce los recovecos del alma ajena, porque como, diría Alejandra Pizarnik: “lo que pasa con el alma es que no se ve/lo que pasa con la mente es que no se ve/lo que pasa con el espíritu es que no se ve”.

Los integrantes de La Manada son unos “buenos hijos” aunque íntimamente sus madres no estén orgullosas de ellos. Solo les deseo que la condena se ajuste a la magnitud de su hazaña.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.