La Rioja
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Pararse a pensar
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María Antonia San Felipe | 16-12-2017 | 08:11

eduardo-mendoza“Casi siempre es tarde cuando nos ponemos a pensar las cosas”, con esta opinión el escritor barcelonés Eduardo Mendoza concluye su último ensayo recién publicado. Tras concluir la lectura de ¿Qué está pasando en Cataluña?, repaso la irracionalidad en la que vivimos estos días y el panorama me parece desolador.

El profesor Jordi Borrell, director del Instituto de Nanotecnología de la Universidad de Barcelona, acaba de demostrar que el cerebro también puede menguar de repente. Ha llamado a Miquel Iceta, candidato del PSC, “ser repugnante” que tiene “los esfínteres dilatados”. Unos comentarios denigrantes y homófobos que retratan al personaje. El actor Toni Albà, humorista de TV3, ha dedicado un poema, de ínfima calidad y extremo mal gusto, a la candidata de Ciudadanos. Según él, una tal Inés: “Se disfraza en la gruta,/en demócrata se transmuta,/sueña que votos escruta,/y grita ¡míos! la mala puta”. Ni puta gracia tienen estos ripios que ahora dice que no son para Inés Arrimadas.

Un joven subido a un tanque del Ejército Español amenaza a Puigdemont y a Pablo Iglesias afirmando que “aquí estamos, buscando soluciones a los problemas de España”, “70 toneladas de puro amor y pura democracia”. El académico Pérez-Reverte se burla del diputado de Esquerra, con su “a Rufián le pegaban en el colegio o temía que le pegaran”, una forma de banalizar el acoso escolar.

Rodrigo Lanza, conocido militante antisistema, ha sido encarcelado como presunto autor de la paliza propinada a Víctor Láinez y que finalmente acabó con su vida. La discusión política, que terminó en la brutal agresión, se inició al observar el antisistema los tirantes con la bandera de España que llevaba la víctima.

Este es el clima de enfrentamiento y degradación de la convivencia en el que estamos inmersos sin que nos paremos a pensar dos veces lo que decimos, lo que divulgamos en las redes sociales o lo que hacemos. Damos prioridad a las emociones, nos puede el pálpito afectivo e ignoramos la voz de la inteligencia. Olvidamos, el razonamiento y la reflexión pausada para reprocharnos luego a nosotros mismos cómo no fuimos capaces de pensar antes de hablar, antes de actuar, antes de romper el vínculo de la amistad, antes de que los daños sean irreversibles.

Me invade, como a Eduardo Mendoza, un cierto desaliento. El escritor, desde la perspectiva que le da la distancia, observa el terremoto producido en la convivencia y lamenta no ver la salida “porque se ha llegado muy lejos sin saber ni cómo ni para qué. A menudo da la impresión de que ambas partes desearían poner fin a una tensión que ya no beneficia a nadie, que desgasta a sus protagonistas, desacredita al conjunto del país y causa unas pérdidas económicas, reales, visibles y muy difíciles de corregir a corto plazo”. Si en algún tiempo hubo dos Españas, también hay dos Cataluñas en pleno hervor. Hay riesgo de que ambas se desborden sin remedio al alcanzar el punto de ebullición, que más bien parece el punto de fisión. Ya no hay tiempo para el asombro, el camino recorrido no se desanda mirando atrás, porque no se puede borrar lo acontecido.

El odio florece y el ruido es tal que nadie escucha. Las mentiras han jalonado el camino, aunque es obvio que la dimensión de los embustes de los impulsores del procés ha sido inmensa aunque ahora quieran ocultarla. La campaña electoral se está desarrollando en las trincheras emocionales. Si no se superan los odios aflorados el desastre se consumará. Solo hay un modo de superar el enfrentamiento, comenzar a tolerarse. Tras de leer estos días La ciudad de los prodigios, que Eduardo Mendoza publicó en 1986, me he preguntado si en la situación actual le habrían concedido el Premio Ciudad de Barcelona o lo hubieran lapidado en plaza Cataluña. Una trágica remembranza. Comparto con él la desazón de que puede ser demasiado tarde, que los errores de ayer cubran de niebla el mañana. Confío, sin esperanza, en que entierren el odio y todos se pongan a pensar.

Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.