La Rioja
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Asesinados
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María Antonia San Felipe | 27-01-2018 | 08:28

ancianos-bilbaoYa sabemos que la vida transcurre lejos de lo que otros nos señalan como importante, por eso conviene levantar los visillos para mirar lejos. Acumulo, imagino que como ustedes, un enorme cansancio de la interminable historia de la corrupción y del folletón tragicómico de Puigdemont porque cubren otras realidades que impactan en nuestro día a día y que, en ocasiones, remueven nuestras conciencias casi siempre aletargadas por la inmediatez asfixiante de lo cotidiano.

 La crudeza del asesinato, a sangre fría y con ensañamiento, de dos ancianos de 87 años en su domicilio en el barrio bilbaíno de Otxarkoaga me ha producido un estremecimiento. Dos personas, de extrema fragilidad, han sido asesinadas sin contemplaciones. Rafael, un hombre de escasa movilidad debido a un ictus que había sufrido, encontró la muerte a consecuencia de un brutal golpe en la cabeza. A Lucía la mató una de las cuchilladas que recibió en el corazón. Lo que se sabe es tan inquietante que obliga a exigir que los culpables paguen por lo que han hecho pero también a pensar en los derroteros por los que transita esta sociedad.

 Unos jóvenes de 14 años, con el robo como finalidad, han sido capaces de perpetrar un asesinato con brutalidad. No creo que matar sea sencillo, ni siquiera para un delincuente habitual, pero entre algunos sectores de la juventud algo está pasando, como si la violencia generara sobre ellos una seducción evidente. Bilbao ha sido noticia en los últimos tiempos por diversos sucesos violentos protagonizados por bandas de menores que hacen de la fuerza y la intimidación su principal recurso para perpetrar sus atracos. El resultado son tres muertos en un mes. A los ancianos hay que sumar el asesinato de un antiguo jugador del Amorebieta, Ibon Urrengoetxea, atracado en la vía pública además de una violación en grupo a una menor en Barakaldo y una agresión a otros jóvenes en el metro de Bilbao.  No podemos convivir indolentes entre la violencia sin preguntarnos sobre sus causas para tratar de buscar soluciones.

 Hay síntomas de una enfermedad que nos indican que esta sociedad camina por senderos tortuosos. La Fiscalía de Menores lleva tiempo advirtiendo del incremento de la violencia en delitos de todo tipo y especialmente de violencia machista entre adolescentes. Las autoridades están obligadas a buscar soluciones ante este terrible panorama que nos muestran las estadísticas y las crónicas de sucesos.

 No hay duda de que la crisis económica ha generado un mayor número de familias desestructuradas, hogares rotos y pobreza endémica. Todos estos factores hacen de los más jóvenes las víctimas preferidas de la creciente desigualdad social que se ha producido en España en la última década. La quiebra social incrementa el número de niños sin apoyo familiar, sin una escolarización regularizada que sobreviven entre los problemas de subsistencia y la ausencia de referentes morales. Se convierten en jóvenes  problematizados que chocan con un sistema institucional asistencial y educativo que ha visto recortados sus medios humanos y materiales lo que reduce su capacidad de intervenir para paliar las consecuencias de crecer en un medio hostil.

 Seguramente la maldad existe, pero la educación es el instrumento más eficaz para formar personas que basen su actuación en principios y valores. El actual sistema educativo ha minusvalorado, por ejemplo, la enseñanza de la filosofía porque dicen que no es útil para la vida pero si no se aprende a pensar no se distingue el bien del mal, la verdad de la mentira, el respeto a la vida ni el valor de la tolerancia, de la solidaridad y de todo aquello que construye una sociedad madura y libre. Han matado a Rafael y Lucía, podían ser nuestros abuelos o nuestros padres. Espero que paguen los culpables y que saquemos consecuencias del dolor que su asesinato ha producido. Nada sería más injusto que el olvido pero seguro que ningún gobernante se da por aludido.

Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.