La puesta en escena consigue una atmósfera de complicidad con el espectador muy importante. El resultado impacta. Al salir queda en el espectador el regusto que invita a reflexionar sobre lo que ha visto porque lo que cuenta es duro incluso en el año 18 del siglo XXI.

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María Antonia San Felipe

Entre visillos

Juguetes Rotos

El pasado sábado 6 de octubre estuve en el Teatro Ideal de Calahorra viendo Juguetes Rotos, de Carolina Román interpretada por el calagurritano, Nacho Guerreros y Kike Guaza. Hay que reconocer que es una obra muy valiente y muy bien contada. Aunque se sitúa entre los años 60 y 70 del siglo XX tiene una gran modernidad porque abordar el problema de la identidad sexual que sigue siendo en muchos ambientes un tabú. El tema está tratado con enorme delicadeza introduciéndose en los sentimientos y en las dudas que marcan la evolución del personaje Mario (Nacho Guerreros) hasta convertirse en María. Nos expone la represión que hubo contra aquellos/as que se sentían distintos y fuera de los cánones de lo que era el estereotipo de hombres, bautizados (nunca mejor dicho) por las convenciones sociales de la época como normales. Creo que todavía hoy quedan resquicios de ello.Ese joven que sufre en silencio la dureza de las burlas y decide abandonar su pueblo para irse a Barcelona donde conoce otros ambientes en los que encuentra la comprensión de quienes tampoco dejan de ser marginales y en los que se sufre de otra manera en un clima de “libertad vigilada” por el régimen.

La escenografía es sencilla pero muy eficaz, llena de simbolismo: un palomar en el que permanecen encerradas las palomas o la verdad individual de cada persona que no se atreve a contar para no desentonar del ambiente general. Solo dos actores se encargan de contarnos la historia cambiando de registro según el personaje que interpretan. Está muy bien llevado ese juego interpretativo, hace la obra ágil y cercana. El rojo es el color que destaca sobre la grisura o negrura de lo que cuentan, es la pasión por vivir, quizá por sobrevivir.

Los dos actores están estupendos, Kike Guaza borda todos sus personajes, especialmente el que premonitoriamente sabemos que terminará en tragedia. Por su parte Nacho Guerreros supera con creces el papel en el que ha podido quedar encasillado en televisión, es una interpretación difícil que va creciendo de dentro afuera, menos espectacular aparentemente pero solo aparentemente. Evoluciona entre la inocencia y la ternura hasta romperse hacia afuera y hacerse grande haciendo realidad su sueño al final de la obra, en su añorado palomar de la infancia. Demuestra Nacho que tiene capacidad para interpretar personajes no tan lineales sino complicados y que tienen muchos planos que mostrar al espectador. Sin duda algo muy importante para un actor con mucha proyección. Estuvieron muy bien los dos. La puesta en escena consigue una atmósfera de complicidad con el espectador muy importante. El resultado impacta. Al salir queda en el espectador el regusto que invita a reflexionar sobre lo que ha visto porque lo que cuenta es duro incluso en el año 18 del siglo XXI. Enhorabuena.

Temas

Barcelona, Carolina Román, Juguetes Rotos, Kike Guaza, Nacho Guerreros, represión, Teatro Ideal, ternura

María Antonia San Felipe

Sobre el autor

Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.

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