La Rioja
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Autor: Kavafis
Principio de incertidumbre
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María Antonia San Felipe | 09-12-2017 | 10:08| 0

indepes-bruselasEn el 39 aniversario de la Constitución española se ha hablado de su posible reforma. En la calle, muchos nos preguntamos si alguien sabe adónde vamos. Sería frustrante que el final de este camino sea otra decepción más a añadir a la larga lista de desengaños que llevamos acumulados. Los últimos años han sido prósperos en mediocridades, corrupciones y otras miserias que empañan nuestro optimismo ante un futuro que, desde que el mundo es mundo, se rige por el principio de incertidumbre. 

Durante la Transición, ni tan glamurosa ni tan desastrosa como proclaman de uno u otro lado, había algo que marcaba el camino y aunaba voluntades, mayoritariamente queríamos una Constitución homologada con la tradición democrática occidental que nos permitiera entrar en Europa y garantizara la convivencia. Sabíamos de dónde veníamos: una dictadura y a dónde queríamos llegar: una democracia. España es hoy un país diferente, muy diferente al de 1978 pero con retos muy complejos y muy distintos a los de entonces que nuestros representantes no deben esquivar.

De las decisiones de hoy depende el porvenir. Los efectos de la crisis económica persisten todavía. Pueden contarnos lo que quieran pero está constatado que no hemos recuperado lo perdido en derechos laborales ni sociales suprimidos en la práctica. La precariedad y la baja calidad del empleo que se crea es la prueba que rebate el optimismo gubernamental.

La crisis política e institucional sigue agravándose. La desconfianza que ha generado la corrupción y la mediocridad de esos políticos, preocupados solo de forrarse, ha minado la credibilidad de todas las instituciones del Estado. El deterioro no va a solucionarse con más apaños. Es necesario reformar la Constitución para incorporar en torno a ella a las nuevas generaciones que no la votaron, para incluir derechos sociales entre los derechos fundamentales, profundizar en la independencia judicial y en la participación ciudadana.

El PP es el más reacio a la reforma porque la condiciona solo al problema territorial. Es el terreno en el que se ha sentido muy cómodo desde hace años y ya ven ustedes a dónde hemos llegado. La miopía de Rajoy niega la trascendencia del problema, la reforma no debe hacerse para contentar a los secesionistas, dice. Claro que no, a ellos no va a satisfacerlos nada, salvo la independencia. La Constitución debe reformarse para ilusionar a los españoles, para aglutinar en torno a ella a más ciudadanos en vez de a menos. Hay que dar respuesta al problema territorial afrontando la desigualdad que es el sustento de la quiebra social que se está produciendo y devolviendo a las instituciones la credibilidad perdida tras años de corrupción. Para lograrlo hay que consensuar el proyecto de España, de la España actual, comprendiendo su pasado pero mirando hacia el futuro. A lo mejor para conseguirlo hay que renovar a ciertas élites que se han sentido muy cómodas en esa ciénaga moral llena de ranas que ha gangrenado nuestras instituciones democráticas que conseguimos con dolor y renuncias.

Mientras esto escribo más de 45.000 catalanes se manifiestan en Bruselas, hablan de ausencia de libertades, de presos políticos y de persecución ideológica. La libertad de expresión de la que gozamos en Europa permite decir muchas cosas aquí y allí. Los manifestantes pedían una Cataluña independiente pero seguramente no había entre ellos una nutrida representación del casi medio millón de parados que hay en Cataluña, ni personas dependientes que se quedan sin ayudas, ni víctimas de la desigualdad de una sociedad empobrecida. Afrontar el problema supone huir de los dos polos que se atraen tanto como se necesitan. Yo creo que hay muchos que creemos en el futuro de una España de todos por eso exigimos reformas compartidas para no sentir, como decía Machado, que vivimos “entre una España que muere y otra España que bosteza”.

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Buenos hijos
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María Antonia San Felipe | 02-12-2017 | 10:04| 0

la-manadaSegún sus defensores José Ángel Prenda, Jesús Escudero, Ángel Boza, Alfonso Jesús Cabezuelo y A. M. G. son “patanes, infantiloides, simples o primarios en sus pensamientos” y aunque tienen “comportamientos que merecen reprobación” (tres de ellos tienen condenas previas de cárcel), en realidad son “buenos hijos, algunos trabajan, otros lo intentan, están muy unidos a sus familias”. Además, todas las mañanas al salir de casa saludaban a los vecinos y hasta en alguna ocasión, siempre que no fueran en manada, ayudaban a cruzar el paso cebra a las ancianitas. Según los abogados de la defensa debe conmovernos el juicio paralelo que está habiendo en la calle y en las redes sociales. El injusto calvario está destrozando sus vidas.

Entiendo que todo el mundo tiene derecho a la defensa aunque los argumentos de algunos abogados de La Manada me producen escalofríos. No puedo olvidar que estos “buenos hijos”, cuando salen de cacería son unos salvajes y cuando La Manada actúa grupalmente el nivel de estupidez y de maldad crece exponencialmente. Lo que hemos escuchado a lo largo del juicio no debe olvidarse fácilmente. Los jueces tienen ahora la palabra pero socialmente, hombres y mujeres, debemos ser intolerantes con las vejaciones de cualquier tipo hacia las mujeres. Mucho más ante una violación grupal que es el punto máximo del desprecio y del sadismo de los implicados.

Esta manada de “buenos hijos” todavía se consideran inocentes porque no entienden la magnitud de su felonía. No le dieron importancia entonces ni ven ahora la gravedad de su hazaña porque, aunque según sus abogados quieren mucho a sus madres, las mujeres para ellos son un objeto de usar y tirar. Por eso la joven quedó tirada en el portal, semidesnuda, sin teléfono, aterrada y sola. Obviaron su libertad y su dignidad como persona.

Ellos actuaban según sus propios códigos que ignoran la libertad ajena, ellos ya saben lo que quieren las mujeres, las mujeres quieren hombres que les den caña. Ellas disfrutan mientras cinco animales en manada las penetran anal, vaginal y bucalmente en un portal sin ninguna contemplación, sin preservativos, sin pedir permiso porque ella, puesto que no se quejaba, consentía. De lo contrario no hubiera tenido los ojos cerrados. Los cerró porque estaba encantada. Jesús Pérez, uno de los defensores, ha preguntado al tribunal: “¿Qué mujer hace una felación con los ojos abiertos”?, mientras que el otro, Agustín Martínez, ha apostillado: “es difícil hacer una felación con los ojos abiertos”. Incluso han lamentado que no haya estadísticas para demostrar que esa es una forma de disfrute.

Al escuchar estos argumentos he recordado los pelotones de fusilamiento, seguramente el que va a ser fusilado también cierra los ojos deseando morirse de miedo antes de que lo maten. Cuando no hay salida uno cierra los ojos para no ver, para desear que todo pase cuanto antes, para llorar hacia adentro, para tragarse el desconsuelo, para huir del horror, para morirse en la angustia. Ese y no otro es el sentido de los ojos cerrados de la víctima de La Manada.

Aventurar que esa mujer tan salvajemente agredida, como hacen los defensores de La Manada, disfrutaba durante esos 17 minutos que debieron parecerle infinitos es una osadía y un desprecio hacía todas las mujeres. Nadie conoce los recovecos del alma ajena, porque como, diría Alejandra Pizarnik: “lo que pasa con el alma es que no se ve/lo que pasa con la mente es que no se ve/lo que pasa con el espíritu es que no se ve”.

Los integrantes de La Manada son unos “buenos hijos” aunque íntimamente sus madres no estén orgullosas de ellos. Solo les deseo que la condena se ajuste a la magnitud de su hazaña.

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Dignidad
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María Antonia San Felipe | 25-11-2017 | 7:30| 0

GRA404 MADRID 24 06 2015 - Fotografia facilitada por el Ayuntamiento de Madrid de su alcaldesa Manuela Carmena junto al secretario de Estado de Seguridad Francisco Martinez d durante el acto solemne del patron de la Policia Municipal celebrado en el Parque del Retiro EFE

Vivimos en un tiempo en el que nada es lo que parece. Se vive de apariencias, del postureo y lo políticamente correcto pero en privado en cuanto no hay ojos que puedan observar aflora la verdad, la cruda verdad. La igualdad real entre hombres y mujeres no existe, ni siquiera en el ámbito europeo, y la violencia es tan cotidiana como el sol cada mañana. Lo que ha ocurrido con la víctima de La Manada y el intento grosero de culpabilizarla ha sido una patada en nuestras conciencias. En vísperas del Día contra la Violencia de Género tanta indignidad no debiera pasar desapercibida para nadie. Recordemos los tiempos duros de ETA, aquello de “algo habrá hecho” para ser señalado. Ahora resulta vomitivo pero algunos lo aceptaron durante años como justificación de lo intolerable. Es lo mismo. Quizás la falda era corta, vestía como una puta, quizás le apetecía pero hubo que insistirle, era una mala madre o la muy puta me quería dejar. Con estas excusas nos matan y nos violan. Hay una violencia explícita que nos enerva de inmediato pero hay mucha violencia soterrada y sutil, mucho día a día insoportable que no vemos. La banalización del dolor no va a aliviar las secuelas psicológicas de la víctima de La Manada. No ampararla también es violencia.

Seamos sinceros, en esta sociedad mentirosa y discriminatoria se habla de la igualdad de las mujeres en público pero cuando algunos hablan en círculos de confianza en seguida se nos envía a fregar los platos. Lo que le ha ocurrido a la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, es otro episodio, no tan grave, pero indicativo de qué poco han cambiado algunas cosas que creíamos superadas. En ese chat en el que participan unos cien policías locales madrileños, funcionarios públicos que simbolizan la autoridad y portan armas, se han permitido lanzar todo tipo de insultos contra Carmena. Si fueran críticas a su actuación política, divergencias con su concepción de la seguridad pública, no habría nada que objetar, pero se trata de proclamas fascistas, racistas, elogios a Hitler, odio concentrado e insultos inequívocamente machistas. Es todo ello una concentración ideológica explosiva.

Es sabido que Carmena sobrevivió a un atentado de la ultraderecha en 1977 en el que cinco de sus compañeros abogados fueron asesinados. Estos policías, con más odio que cerebro, le dedican frases escalofriantes: “Lo que es terrible es que ella no estuviera en el despacho de Atocha cuando mataron a sus compañeros”, “qué vejestorio más despreciable”, “Que se muera la zorra vieja ya”, “Hija de la grandísima puta roja de mierda mal parida”. Ya ven, además de roja como insulto ideológico, las palabras son “puta” (su madre), “zorra” y “vieja” (ella), palabras todas de desprecio a su condición de mujer y con contenido sexual peyorativo inequívoco. Al viejo se le respeta, simboliza la sabiduría, pero las viejas ya no sirven ni para el placer por eso se les desea que mueran y, en este caso, sufriendo.

Siento una enorme solidaridad con Carmena. En 1983, a los 26 años me eligieron alcaldesa de Calahorra, comprobé entonces que algunos veteranos de la policía me veían con recelo (qué sabía yo de seguridad, decían, si ni siquiera había hecho la mili). Lo dejo ahí, no precisaré más detalles, pero desde lo alto de la pirámide del mando policial sentí el machismo cotidiano. Las insinuaciones y bulos insultantes de las malas lenguas eran habituales y como muchas otras mujeres, me inmunicé. Siempre creí, y creo todavía, que la democracia cambiaría las mentalidades. Por eso los comentarios de esto policías hijos de la democracia me asustan porque huelen a fracaso. La lucha por nuestros derechos, como por el resto de derechos sociales, continúa. No podemos volver al siglo XIX. No olvidéis que las palabras “puta” y “zorra” no manchan nuestra dignidad sino la de quienes las pronuncian. Por las innumerables víctimas, por nuestra dignidad: ¡Ni un paso atrás!

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¡Ella se lo ha buscado!
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María Antonia San Felipe | 18-11-2017 | 7:45| 0

la-manada¡Ella se lo ha buscado! Cuántas veces hemos oído esa frase sin asumir que, por muy compleja que sea la ecuación, si en ella hay una mujer el resultado siempre es “culpable”. Siento indignación, dolor y angustia al ver lo que está ocurriendo en el juicio por la acusación de violación presentada por una joven contra La Manada. No hay aspecto que no ponga los pelos de punta.
Está tan arraigado desde el origen de los tiempos, se ha mamado durante tantos siglos que la mujer es la tentación, la maldad y la provocación que no es posible para muchos aceptar la igualdad y la libertad y mucho menos en el campo de la sexualidad. La mujer es la víctima ancestral de todas las religiones, en su malignidad pecaminosa encandila a los ingenuos hombres con sus faldas cortas y sus escotes largos. Estos chicos tan majos, que temen que se vulnere su derecho a la intimidad, fueron a Pamplona a rezar a San Fermín. Confío que después de este juicio quede claro que no fueron a correr el encierro sino a cazar una víctima.

Solo tener que rememorar lo sucedido ya tiene que ser espeluznante para la víctima. La historia de los violadores enseña que su defensa pasa por argumentar que la relación fue consentida. Tener que justificar que no se resistió más porque entró en estado de “shock” es humillante para esta mujer. Me la imagino rodeada por La Manada presintiendo lo que le podía ocurrir y me bloqueo yo incluso en mi casa. Pero todavía habrá, también mujeres, que piensen que no luchó bastante por su honor, que quizás La Manada que, actúa en grupo, se hubiera entonces conmovido. Pues no.

Todo esto es indignante y aun más que el Tribunal haya admitido como prueba un informe de un detective privado pagado por uno de los acusados. Si el machismo no existiera, los detectives, en su código ético, tendrían prohibido seguir a la víctima para comprobar si sufría lo suficiente como para deducir a simple vista que había sido violada. Por haber aceptado el encargo debiera perder la licencia y contratarlo debiera ser un agravante. Pero el machismo existe, vive entre nosotros, crece y se reproduce.

Sabemos que todavía hoy hay mujeres que son violadas y que sobreviven en silencio porque tienen miedo a contarlo, al rechazo social, a tener que justificar que fueron violadas porque no pudieron psicológicamente resistir más, que viven en un pozo temiendo no poder rehacer su vida. Y esto no pasa solo en países lejanos, pasa en España donde, según el Barómetro 2017 de ProyectoScopio elaborado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, uno de cada cuatro jóvenes ve normal la violencia machista en la pareja. Y donde dos de cada diez creen que la violencia contra las mujeres se exagera porque el problema está “muy politizado”.

Esto lo piensan los jóvenes y desgraciadamente también el resto de la sociedad. Hay quienes creen que el feminismo está pasado de moda, que ya se ha conseguido la igualdad y que las feministas son unas pelmas, unas feminazis aburridas y amargadas. Como no se aborda la dimensión real del problema a pocos importa que durante la crisis se hayan suprimido recursos formativos porque no se consideran prioritarios. Negando que el monstruo del machismo crece, nadie se rebela. Pero la realidad se impone. En España este año se han asesinado a 55 mujeres, la última delante de su hijo a la salida del colegio o se ha degollado a una niña de dos años en Alzira para castigar a su madre.

Estos días nos ha indignado la frialdad de estos cinco encantadores jóvenes que sostienen que no violaron a la joven sino que la amaron colectivamente con ternura. Nosotros pronto lo olvidaremos, la joven no lo hará jamás. Ellos son fuertes en La Manada pero hay muchas manadas silenciosas o cómplices. Desgraciadamente nada de esto es una fatalidad del destino, es el fruto de nuestra resignación.

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Fascistas
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María Antonia San Felipe | 11-11-2017 | 7:34| 0

ariza-justiniano

Estábamos ciegos hasta que Puigdemont y quienes le apoyan nos han abierto los ojos. Desde su acomodado exilio ha proclamado a toda Europa que el fascismo ha vuelto, que en España el franquismo ha resucitado. No puedo dejar de escuchar estas afirmaciones sin sentir un escalofrío, ya que la acusación no solo se refiere al gobierno de Rajoy, destacado generador de independentistas, sino a todo el que disiente de ellos. Ahora muchos ciudadanos, incluso los que pasaron por las cárceles y combatieron el franquismo para conseguir las libertades democráticas, también son fascistas.

Desconcertados se sienten hoy muchos viejos luchadores por las libertades de este país. Entiendo al antiguo secretario general del PCE, Francisco Frutos, preocupado por la actitud de quienes se proclaman de izquierda mientras alientan al independentismo que ignora a los no nacionalistas y se proclama “traidor al racismo identitario que estáis creando”. A esta preocupación se ha unido Borrel y líderes históricos de Comisiones Obreras como Julián Ariza que ha recordando que costó mucho conquistar la democracia y, por respeto al sufrimiento pasado, “hubiera sido necesario evitar el insulto de compararla con el franquismo”. Conmueve la opinión de Justiniano Martínez, un sindicalista, preso político del franquismo, torturado en la cárcel, al que “algunos pijos” “llaman burgués y fascista, mientras asisten a huelgas pagadas por patrones y gobiernos”. Justiniano denuncia a estos revolucionarios de coche oficial a los que sería conveniente recordar que para conseguir las instituciones democráticas y restaurar la Generalitat, hubo huelgas de semanas, cajas de resistencia para pagar salarios no cobrados mientras “hoy se hacen huchas para los responsables de la corrupción del tres per cent”.

Justiniano grita apenado: “No me hablen de libertades quienes solo las han disfrutado”. Es doloroso ver como se está banalizando la dureza del franquismo y la crudeza de su represión comparándola con la situación actual. Puigdemont asegurando en Bruselas que en España se tortura a políticos independentistas nos está insultando a todos. Su afirmación de que “Cataluña solo ha prosperado cuando se ha gobernado ella misma”, no solo niega la historia sino que es la prueba del supremacismo insolidario que promueve, un ultranacionalismo tan sectario como el supuesto autoritarismo que denuncia.

Este discurso de que España no es una democracia que sostiene el independentismo está calando al coincidir con el de esa nueva izquierda que considera que el régimen del 78, así lo denominan, fue en realidad una estafa a los españoles. La Transición no fue de color de rosa, hubo muertos y detenidos, hubo consensos y también renuncias. El éxito fue conseguir la democracia con una constitución homologada, por eso entramos en la Unión Europea. El fracaso vino después cuando, lograda la estabilidad, la enfermedad de la corrupción y la incapacidad para frenar los abusos especulativos del poder deterioraron el sistema. En los años de bonanza a nadie escandalizaron estas cosas hasta que llegó la crisis y nos expoliaron los derechos. A partir de ahí nos instalamos entre la decepción y la indignación. Todavía no hemos salido de nuestro asombro ni erradicado la corrupción. No es justo echar la culpa de lo que somos hoy a esos luchadores del antifranquismo que nos trajeron la democracia. Por el contrario, en su memoria, tenemos la obligación de perfeccionarla.

No creo que sean los nacionalismos quienes nos iluminen el camino. Hace falta mucha generosidad, desterrar el enfrentamiento e instaurar el diálogo. Las personas son la prioridad porque cuando una familia no llega a fin de mes, cuando una anciana no puede pagar la luz, cuando el autónomo cierra, cuando una mujer es maltratada o un trabajador explotado no importa el lugar donde nacieron. Volvamos a lo importante y olvidemos las supuestas revoluciones de autoafirmación identitaria que patrocinan las élites para su bienestar que nunca será el nuestro.

el-abrazo

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.