La Rioja
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Autor: Kavafis
Al calor del verano
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María Antonia San Felipe | 11-08-2018 | 8:34| 0

obama-winnieHuyendo del calor del verano y del máster de Pablo Casado me refugio delante del ventilador y me dedico a explorar las noticias. Leo, estupefacta, que el 7 de agosto a las 15:44, hora local de Estonia, un misil aire-aire AIM-120 AMRAAM fue disparado desde un Eurofighter español que participa en una misión de la OTAN en el Báltico. Dice el Ministerio de Defensa que se trata de un accidente “sin consecuencias” y anuncia la apertura de una investigación. Me percato de que el incidente ha tenido lugar a 100 Km. de la frontera rusa. ¡Madre mía, menuda historia para Mortadelo y Filemón! ¡Menos mal que Putin estaba en la siesta! Dicen los expertos que este modelo de misil está equipado con un mecanismo de autodestrucción. Si no se fija un objetivo, el proyectil se autofulmina en 10/12 segundos, como en las películas. Se desconoce si el caza español extravió el misil por casualidad o con intención, si se autodestruyó o llegó a tocar tierra y se encuentra durmiente en la reserva natural de Endla. Cuando esto escribo no se descarta ninguna hipótesis como en el atentado contra Nicolás Maduro.

Va a ser más fácil aclarar lo del misil que lo de Venezuela, porque allí todas las versiones son creíbles. Puede ser un autogolpe, un golpe interno o exterior. Lo cierto es que ahora nadie se cree nada, demasiados intereses en torno a la mentira. Maduro se presenta como una víctima, es una forma de despistar al pueblo de los problemas reales y de fortalecerse frente a los críticos, los de su propio partido, los que hay en el ejército y los opositores. Demasiados críticos a los que ahora tendrá que detener, neutralizar y reprimir legitimándose con la excusa de la autodefensa. A mí, que no soy espía aunque me guste James Bond, lo que me parece más increíble es lo de la injerencia extranjera pero ya se sabe que lo del enemigo exterior siempre ha sido una excusa perfecta para perpetuar el autoritarismo.

Mientras Maduro no para de abrir investigaciones su enemigo americano, Donald Trump, el más chulo del barrio, solo quiere que se cierren. Especialmente las que le persiguen como su sombra. Enfadado, ha exigido al fiscal general que cesen de una puñetera vez las pesquisas sobre las posibles conexiones entre su equipo de campaña y Rusia para hacerlo presidente. Ya está bien de dar explicaciones y de tocarle los cataplines ¡Ay, Donald, qué bonito es el Kremlin y que puñetera la Casablanca! Mucho más práctico para evitar disgustos suprimir la prensa libre que sigue con la matraca de la trama rusa. Por si fuera poco el desasosiego de nuevo la prensa le arruina sus megacumbres mundiales. Según The Washington Post, citando fuentes de inteligencia norteamericanas, está confirmado que Pyongyang trabaja en armamento de largo alcance después que Trump anunciara, tras su reunión con el líder norcoreano, que ya no eran “una amenaza nuclear”. Kim Jong-un sigue a lo suyo, produciendo potentes misiles en las mismas instalaciones donde se fabricó el modelo que puede alcanzar EEUU. Con hechos, Kim ha desmentido la imprudencia de las palabras del amigo americano. Y es que Donald no sabe que Kim Jong-un va siempre acompañado de unos señores con libretas que anotan las palabras de su amado líder, siguiendo el ejemplo de su abuelo Kim II-sung. Nada más despedir a Trump, los de la libreta anotaron: hacer lo contrario de lo que he prometido.

En medio de este tórrido verano leo que va a estrenarse la nueva película de Winnie the Pooh, el osito de Walt Disney, aunque su nueva aventura no se verá en los cines de China porque desde que los internautas lo compararon con el presidente Xi Jinping, los censores han hecho su trabajo prohibiendo al oso de ficción. ¡Pobre Winnie the Pooh, menos mal que siendo una fantasía no pueden destruirte! Querido osito, no desees ser real porque si se cumple tu sueño advertirás que la Tierra está llena de locos con dispositivo de autodestrucción. Bueno, Winnie si te empeñas a lo mejor, puedes venir a salvarnos. ¡Vaya calor!

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Nada nuevo bajo el sol
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María Antonia San Felipe | 04-08-2018 | 8:26| 0

casado-y-rivera-2Tarde o temprano llega el calor, aunque cierto es que en política siempre es verano. En agosto, el viento dominante es de componente electoral y esos aires siempre han traído ardores a las formaciones políticas. Hubo un tiempo, no lejano, en el que parecía que en España moría una etapa vieja, resignada a la inercia de la Transición política y nacía otra que prometía revolucionar nuestro universo político. El aire fresco que nos vendieron era de componente renovador, transformaría el modo de hacer política y prometía resultados milagrosos. Hoy constatamos con un toque de frustración evidente que no hay nada nuevo bajo el sol; calor y demagogia viajan de la mano.

Además si abandonamos tanto los prejuicios como los apriorismos y miramos la realidad política nacional, podremos concluir que estamos en un terreno de discusiones ideológicas similar al que hemos estado siempre. Entre otras cosas porque la política es también una forma de entender la vida. Es cierto que hoy en España hay más partidos y por lo tanto la representación popular está más fragmentada, esto sí es nuevo y todavía es pronto para aventurar si es mejor o peor pero, indudablemente, es un cambio en el panorama político. Sin embargo, las controversias ideológicas se siguen moviendo en el eje izquierda-derecha. En este terreno la novedad es menor, ya que el centro, siempre etéreo, bascula hacia ambos lados según soplan los vientos dominantes.

En el campo de la izquierda española, la división ha sido constante. En la actualidad también. Podemos quiso, de forma voluntarista, superar esa dicotomía y situarse en el territorio «de la gente», pero la gente no es un ente homogéneo sino variado y cambiante. Es evidente que tanto el PSOE como Podemos aspiran a consolidar el voto de una parte del electorado que se considera de izquierdas porque eso supone un suelo electoral importante sobre el que poder crecer. Hay por tanto una parte en la que ambas izquierdas se tocan y otra en la que divergen. Cuantificarlo es difícil. La llegada de Sánchez al gobierno, con el apoyo de Podemos, no trastoca el eje de la discusión, pero puede favorecer al PSOE. Por esta razón, Iglesias-Podemos está tratando de diferenciarse ocupando el territorio de la calle. La huelga del taxi, que ha paralizado las grandes ciudades en un conflicto sin precedentes, es un buen ejemplo. Veremos quien puede más en este combate por seducir a la izquierda de siempre.

La novedad, nadie puede negarlo, se ha producido en el territorio de la derecha. El PP y Ciudadanos compiten por ese espacio con más claridad de lo que parecía hace unos meses cuando Albert Rivera simulaba haber ocupado el centro político. Hoy está claro que no es así, palabras y hechos lo desmienten. Por su parte, el nuevo líder del PP tiene prisa por cubrir con un velo la crudeza del pasado corrupto de su partido y para ello no hay nada mejor que recurrir al territorio de las emociones. Por eso la elección de los temas ha sido fácil: inmigración y unidad de España. Ambos mensajes van dirigidos al territorio más visceral de nuestras desazones aunque no olvidemos, como señalaba Ortega y Gasset en 1914, “una misma palabra pronunciada por unos o por otros significa cosas distintas, porque va, por decirlo así, transida de emociones antagónicas”.

El caso es que ambos líderes, Rivera y Casado, como un par de gemelos, se han presentado Ceuta tratando de competir en la rotundidad de los mensajes como si el problema migratorio hubiera surgido ese mismo día. Para ello no han ahorrado ni obviedades ni, en el caso de Casado, tampoco mentiras. Ni vienen millones, ni hay papeles para todos, ni el problema es solo de España. Allí donde aparece Rivera, llega después Casado a predicar el apocalipsis que ha traído Pedro Sánchez. Exagerar los problemas no ayuda a erradicarlos pero consigue votos y aplausos por eso los gemelos están de gira, como las orquestas del verano. La demagogia es la canción del verano. Nada nuevo bajo el sol, está visto y comprobado.

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Volver a casa
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María Antonia San Felipe | 28-07-2018 | 7:40| 0

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“¡Qué importa un día! Está el ayer alerto
al mañana, mañana al infinito,
hombres de España, ni el pasado ha muerto,
ni está el mañana –ni el ayer− escrito”
(A. Machado)

Los aplausos cerrados producen espejismos porque esconden realidades que incomodan. Las convenciones de los partidos son un buen ejemplo. Al finalizar el congreso del PP, Pablo Casado, escuchó una ovación que ocultó las espadas blandidas en el camino. Ahora todos son de Casado. Él será quien haga las listas y en el Congreso la mayoría eran cargos públicos. El tiempo dirá cuánto hay de apoyo real al elegido y cuánto ha cosechado por la aversión de los seguidores de Cospedal a Soraya Sáenz de Santamaría. El devenir del tiempo despejará todas las dudas, esa es la enseñanza de Rajoy. En cualquier caso, estrenar liderazgo siempre da impulso a las organizaciones políticas, ya veremos hasta qué altura llega el nuevo líder del PP.

En sus primeras palabras Casado ha anunciado que el PP ha vuelto y efectivamente todo indica que regresa por donde solía. Es sorprendente que una de sus primeras propuestas haya sido la de regresar a leyes, cuya vigencia ha sido ya sobrepasada por la propia sociedad española, como la ley del aborto de los años ochenta. Para volver a las esencias no hay mejor cosa que pretender recortar derechos a las mujeres. A falta de otras ideas el conservadurismo se atrinchera en la nostalgia.

Tras su entrevista protocolaria para despedir a Rajoy, Casado ha abierto las puertas de par en par a José María Aznar. El expresidente ha vuelto a la casa que él edificó desde el partido fundado por Manuel Fraga. Su éxito fue construir la casa común de la derecha, de todas las derechas, incluso de aquella desde la que jamás se vislumbró el centro. De su presidencia en el partido y en el gobierno viene la herencia de la que surgieron todos los lodos que hundieron a Rajoy.

No es sorprendente este reencuentro, era necesario para evitar el naufragio. En los dirigentes del PP de toda España había cundido el pánico, los votos se les iban a raudales hacia Ciudadanos con las elecciones municipales a la vuelta de la esquina. En medio del desconcierto, alcaldes, concejales y diputados vieron que hasta José María Aznar, el guardián de las esencias, veía con buenos ojos la mirada seductora de Albert Rivera. Así que Casado lo primero que ha hecho es abrirle las puertas de su casa, para que todos los que lo echaban de menos puedan regresar a ella olvidando el hedor intenso de la corrupción. El otro reto de Casado será conseguir la unidad interna del partido. El discurso le ha quedado divino pero toda España ha visto a Cospedal y a Santamaría, juntas pero jamás unidas, separadas por una silla, símbolo inequívoco de su hoy frustrada ambición. No parece que Casado y su socia Dolores de Cospedal practiquen la unidad más allá de las palabras. Las heridas están abiertas.

De lo ocurrido en estos dos meses hay dos hombres especialmente sorprendidos. El primero es Rajoy, al que la corrupción echó del gobierno y al que han despedido los suyos con iguales aplausos que él despidió a Cristina Cifuentes en Sevilla para después olvidarla. El otro, es Albert Rivera que se había creído el cuento de la lechera y que ahora tendrá que competir con Casado, su propio gemelo, en el campo de la derecha.

Casado, en su primer discurso, dijo que el ayer y el mañana no están escritos. Para ello citó a Machado, un republicano muerto en el exilio. En realidad, Machado había escrito: hombres de España, ni el pasado ha muerto, ni está el mañana –ni el ayer− escrito. Que no olvide Casado que él y el PP también tienen pasado.

 

 

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El chulo del barrio
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María Antonia San Felipe | 21-07-2018 | 7:34| 0

trump-putinCuando llega el chulo del barrio el ambiente se enrarece porque actúa como un ciclón que arrasa las normas básicas de educación y, tras haberlo destrozado todo, se ausenta regalando al atónito auditorio un sonoro portazo. Donald Trump ha venido a Europa a demostrarnos que tiene el ego del tamaño de un oso polar y los principios del tamaño de una pulga. Trump es el chulo americano que mira al mundo por encima de su suficiencia que, en el fondo, es el síntoma de sus propias carencias como líder.

Primero la preparó en la OTAN, después en Alemania ofendió a su primera ministra Angela Merkel y, a renglón seguido, hizo lo mismo en Reino Unido con Theresa May ¡Qué casualidad que las dos son mujeres! Lo nunca visto. El presidente de la primera potencia mundial llega a otros países aliados y los insulta en la persona de sus más altas representantes. En el caso de Alemania, puso en duda su independencia respecto a Rusia y después se inmiscuyó en los asuntos internos del brexit británico, en un momento en que su primera ministra está tratando de sofocar una rebelión interna. Trump se permitió revelar que le había dado consejos a May y que no le había hecho caso, por eso estimaba que Boris Johnson podía ser un buen sustituto. Seguramente pensó que tenía más gordos atributos que la señora May. Además de la mala educación tampoco tuvo reparos en ensalzar a los sectores más eurófobos para, a continuación, apuntar que la Unión Europea, que Europa, en general, es enemiga de los EEUU.

Donald Trump es como un niño grande al que hay mucha gente que le ríe las bravuconadas aunque no tengan ninguna gracia, pero, conviene dejar claro que Trump es un patán, pero no un imbécil. En el fondo su viaje ha sido un aliento indirecto y un apoyo a los mayores enemigos de la Unión Europea dentro de la propia Europa. Su actitud ha sido un continuo desprecio a los valores democráticos y humanísticos que desde el inicio inspiraron la construcción europea, algo que, en un contexto de cuestionamiento de esos principios por parte de algunos gobiernos del este europeo y de ascenso de posiciones ultraconservadoras en el resto, es un peligroso juego cuyas consecuencias desconocemos.

No es broma lo sucedido en el viaje de este coloso de la mala educación. El colofón del espectáculo ha sido la reunión en Helsinki con Vladimir Putin, la única parte del periplo europeo que ha cautivado a Trump. Es tan evidente su fascinación por él que le resulta imposible disimularlo. En realidad a Trump le gustaría ser Putin, es decir, detentar un poder sin contrapesos ni límites como tiene el presidente americano en una democracia consolidada. Putin, otro chulo, hace lo que Trump sueña, dar órdenes sin que nadie le rechiste, sin ningún juez que lo limite ni parlamento que le replique. La falsa democracia de Putin es su sueño, el espejo en el que quisiera mirarse.

Ha sido en este embeleso evidente cuando Trump ha dejado patente su falta de principios. Al otorgar más credibilidad a la palabra de Putin que a los propios servicios de inteligencia americanos respecto a la injerencia rusa ha mostrado su debilidad emocional, su escasa talla como líder y el desprecio a su propio país. América no es lo primero, solo Trump es importante para Trump. Si Europa es su enemiga y él vive un idilio diplomático con Putin y con Kim Jong-un no es de extrañar que al volver a casa se haya encontrado a la clase política revolucionada. Sirven de ejemplo las palabras de John Brennan, exdirector de la CIA que en Twitter, resumió: “La actuación de Donald Trump excede los delitos graves y faltas. No ha sido menos que traición…está completamente en el bolsillo de Putin. Patriotas republicanos, ¿dónde estáis?”. Trump no sé si sabe adónde va pero intuyo que nos lleva a la Edad de Piedra. Solo queda una esperanza, en las pelis del oeste, el chulo bravucón siempre encuentra a alguien que la saca más rápido y le para los pies. No perdamos la esperanza.

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No siempre lo peor es cierto
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María Antonia San Felipe | 14-07-2018 | 7:30| 0

GRAF6449. MADRID (ESPAÑA), 09/07/2018.- El presidente del gobierno Pedro Sánchez y el president de la Generalitat Quim Torra, durante la reunión que ambos mantienen en el Palacio de La Moncloa en Madrid.- EFE/Ballesteros

No siempre lo peor es cierto, aunque en política muchos quisieran que así fuera. Exagerar para reforzar discursos y ganar audiencia es muy habitual en estos tiempos. Ante la entrevista entre el presidente del gobierno, Pedro Sánchez y el president catalán, Quim Torra, algunos habían hecho sonar de antemano las trompetas del Apocalipsis. Se insinuaba la genuflexión del Estado ante los independentistas, pago de deudas y devolución de favores. Es comprensible que el PP, al borde de la implosión y en momentos de grandes mudanzas, esté de los nervios y sobreactuando. Han pasado los tiempos en los que al PP la tensión con Cataluña le daba tan buenos resultados electorales que se negaba a ver que estaba dando alas al secesionismo llegando a impulsar el incremento de independentistas hasta un porcentaje jamás conocido. A ambos adversarios les iba bien en el desencuentro. Pero los españoles no debemos olvidar que ha sido gracias a la acción del PP cuando España ha estado a punto de quebrarse. Rajoy fue dejando hacer hasta que estalló el despropósito del procés y entonces Ciudadanos, a través de Inés Arrimadas, les robó el discurso y el espacio político hasta dejarlos en Cataluña reducidos a la mínima expresión.

Todos sabíamos que los Mossos no impedirían el referéndum ilegal del 1 de octubre, todos menos el ministro del Interior, tan propenso a confiar en la Virgen en vez de transmitir órdenes precisas a unas fuerzas y cuerpos de seguridad que se sintieron desprotegidos y abandonados. Una vez fracasado el cierre de los colegios electorales, las posteriores cargas policiales fueron el siguiente fiasco porque ofreció la mejor baza jamás soñada por el independentismo para victimizar su lucha en el tablero internacional.

No quiero insistir porque conocemos la historia. Ahora solo quedan dos posibilidades: continuar profundizando la brecha o tratar de revertirla. De momento Torra ha acudido a Madrid, han hablado y ambas partes han ratificado sus posturas, no puede ser de otra manera. El presidente Sánchez, que apoyó la aplicación del 155, ni puede ni debe negociar al margen de la legalidad y por mucho que Torra insista en aparentar lo contrario ni está en el mismo sitio ni olvida que hay cosas imposibles. La justicia en este país es independiente. Los jueces decidirán sobre los políticos presos que siguen en las cárceles catalanas que son igual de españolas. Tanto los falsos presos políticos como los falsos exiliados saben que no se le pueden pedir peras al olmo, han infringido el ordenamiento jurídico y eso tiene consecuencias imposibles de eludir. Como confesó la exconsejera Ponsatí, ahora huida en Escocia, “estábamos jugando al póker y jugábamos de farol”, no hay mejor definición. Han perdido y lo saben, pero después de tanta mentira y tras haber convencido a una parte importante de la población de que la república catalana era posible y sería realidad al alba del procés, no es fácil rectificar. Ahora saben que todo era mentira.

El pasado lunes una encuesta apuntaba que el 62% de los catalanes quiere negociar una mejora del autogobierno, mientras que el 21,5% apuesta por buscar la independencia para construir una nueva república. Creo que el dato es alentador.

Por eso la tarea del nuevo gobierno de España debe, con las cautelas debidas, centrarse en dos acciones fundamentales. En el exterior, nuestras embajadas han de contrarrestar las mentiras sobre España de los independentistas, algo que espero haga con acierto Josep Borrell. En el interior, rebajar la tensión política para que disminuya la tensión social que es alta y dolorosa. Todos los gestos del gobierno han de dirigirse sobre todo a los propios ciudadanos de Cataluña. Si en los próximos meses, el número de conversos de última hora al independentismo, disminuye y se sustenta nuestra posición internacional, el esfuerzo habrá merecido la pena. Es pronto para sacar conclusiones pero no es tarde para tener esperanza. El tiempo lo dirá.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.