La Rioja
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Autor: Kavafis
Ser o no ser
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María Antonia San Felipe | 07-01-2017 | 10:18| 0

Si un mendigo lograra entrar en la embajada de España en Londres durante una celebración, todos los invitados se apartarían del intruso exhibiendo un gesto de asco y una mueca de temor al contagio de cualquier desventura o al robo de la cartera. Todos darían por supuesto que el indigente había labrado su propia desgracia eligiendo la pobreza como quien hace oposiciones al cuerpo diplomático, es decir, con constancia en la búsqueda de su propio futuro. Sin embargo, la entrada en el salón del embajador plenipotenciario, Federico Trillo, estaría acompañada de sonrisas y aplausos, seguramente hipócritas,  aunque todos se sentirían satisfechos de compartir el tiempo de la historia con el invicto conquistador de Perejil. Algunos dirán que es un hombre de honor pero todos sabemos que ascendió tras prestar buenos servicios en las cloacas corruptas del caso Gürtel y en las subcontratación fraudulenta de aviones como el Yak-42, algo que ha ratificado el Consejo de Estado una barbaridad de años después.
           Nadie puede olvidar que la mayor hazaña del exministro Federico Trillo fue la toma de la isla Perejil, que había sido invadida por seis soldados de infantería de la Marina marroquí. Según Trillo, el 17 de agosto de 2002: “Al alba y con tiempo duro de levante…” tres helicópteros Coughar y dos Bolkov llegaron a la isla de Perejil con el objetivo de colocar la bandera en lo más alto y devolver a los seis marroquíes a la frontera con Ceuta. Las órdenes de la operación, denominada en clave «Romeo Sierra», emanaron del gabinete de crisis, integrado por el presidente José María Aznar, los vicepresidentes Mariano Rajoy y Rodrigo Rato, la ministra de Exteriores, Ana Palacio, el ministro del Interior, Ángel Acebes y, por supuesto, nuestro héroe, famoso por su “manda huevos”, Federico Trillo.
           Si con esta proeza transitó entre el ridículo de la historia y la parodia épica con la siguiente escribió, con sangre ajena, un episodio repleto de mentiras que pasará a los anales de la infamia y de la cobardía.  El 26 de mayo de 2003 un Yak-42 se estrelló en Turquía y en la catástrofe que, a juicio de los tribunales y ahora del Consejo de Estado pudo evitarse, murieron 75 personas (62 militares españoles, que regresaban a España tras una misión en Afganistán y 12 tripulantes). Trillo derivó en los militares la responsabilidad, él la eludió, encubierto por sus compañeros y por Rajoy. Espero que este episodio les persiga a todos como una sombra ensangrentada. Vistas las declaraciones del presidente del gobierno es evidente que a ninguno de ellos estas muertes les duelen en la conciencia. Rajoy alega que todo ocurrió hace muchos años, precisamente los mismos que llevan los familiares de las víctimas esperando que les pidan perdón por su negligencia, por sus mentiras, por la humillación, por su dolor y por haber profanado con su prepotencia la memoria de sus muertos.
           La apresurada e irresponsable identificación de víctimas o el precipitado funeral para acallar a la opinión pública se vislumbran como un clamorosa negligencia que intentó tapar otras miserias y que no puede esconderse en el olvido. Al final todo lo que se cierra en falso regresa y lo hace con más fuerza porque sabiendo que las muertes pudieron evitarse, se acrecienta el peso de la ofensa. Dicen que el gobierno va a relevar a Federico Trillo, como al resto de embajadores, porque toca. Él dice que no le echan que vuelve a España porque quiere. Es decir, que de nuevo las mentiras regresan. Ni se reconocen errores, por trágicos y palmarios que sean, ni se piden disculpas ni se cesa fulminantemente a quien no se debió premiar con tan lujoso retiro. Si miramos detrás de tanta hipocresía y entramos en la embajada siguiendo al mendigo podríamos escuchar cómo, antes de ser expulsado en nombre de la patria, le dice al embajador Trillo:
           -Si yo tuviera la misma catadura moral que usted, es posible que el embajador fuera yo.
           Ser o no ser decente, ser o no ser un pícaro, esa es casi siempre la cuestión.

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El año que vivimos sin gobierno
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María Antonia San Felipe | 31-12-2016 | 8:00| 0

Cuando era pequeña, el fin de año siempre me parecía que olía a esperanzas. El futuro era para mí un pedazo de cielo a conquistar, una nueva ventana a la que asomarse para no perder ni una sola oportunidad, la vida era un continuo descubrir, un camino para hacer realidad sueños imposibles. Los niños de ahora también sueñan con el año nuevo, es lo que tiene la edad. Ya se sabe que la inocencia sólo la destruye el transcurrir del tiempo. Hoy, cuando ya no quedan hojas en el calendario, mientras contamos las uvas haremos balance y un poco de nostalgia nos invadirá.
En España éste será recordado como el año que vivimos sin gobierno 315 días y, pese a todo, sobrevivimos al vacío institucional aunque nadie puede negar que hemos encallado el barco en el acantilado de la decepción. Aires nuevos parecían inundar la política española, tiempos de regeneración y de nuevas formas de concebirla con el fin de restaurar la confianza de los ciudadanos en ella. Pues bien, cuando ya no queda año vemos que tampoco queda ilusión. Rajoy, aunque en minoría, sigue teniendo en sus manos el timón de la nación y el PP calienta motores para unas elecciones que pueden llegar a mediados del 2017. Nadie duda que sus perspectivas electorales son hoy mejores que las de sus competidores. Ciudadanos ha perdido toda su frescura, al final todo el mundo prefiere el original a la copia y más cuando ésta amarillea. Incluso la bandera de la lucha contra la corrupción podemos decir que, hoy por hoy, ondea a media asta en el despacho de Rivera.
En la izquierda me pregunto, reconozco que con tristeza, si todavía queda optimismo. De momento, en la mejor tradición de la izquierda andan, PSOE y Podemos, entretenidos en peleas internas mientras se distancian de quienes todavía confiaban en ellos. El PSOE camina a la deriva desde antes de que Pedro Sánchez llegara a ser su secretario general. Si Sánchez no supo sostener a su propio electorado la forma en que se produjo su derrocamiento/dimisión el pasado mes de octubre tampoco ha contribuido a ganarlo. La alternativa de Susana Díaz no parece generar mucho entusiasmo ni entre la militancia ni entre el electorado, aunque sí entre los dirigentes territoriales y cuadros destacados del partido. Esta dicotomía resulta muy inquietante ya que ahondar la brecha entre bases y dirigentes es como avivar las brasas que produjeron el incendio.
En la otra izquierda, parece que la supuesta juventud del proyecto de Podemos ha envejecido tan rápido que ya se han convertido en abuelos. Quienes tuvieron el mérito de remover las conciencias y agrupar en torno a ellos la indignación con un sistema que se había degradado en extremo, han tropezado en la misma piedra. Creían haber inventado otra forma de hacer política desde la fraternidad aparente y el twitter compulsivo. Pero ahora, sin haber cumplido las expectativas que se trazaron, las críticas a la cúpula dirigente y al líder se consideran deslealtades al proyecto común y por tanto son materia de purga como toda la vida han hecho los aparatos de los viejos partidos. No hay nada más viejo que el uso de puñales dentro de las organizaciones políticas para conseguir el poder.
Del mundo, de la globalidad, el balance de 2016 es realmente escalofriante. Un excéntrico Trump ha llegado a la Casablanca, Putin está ganando posiciones en el tablero estratégico de Oriente Próximo y en Siria se muere sin que a nadie le preocupe. Y en este escenario la ultraderecha crece en Europa alimentando los nacionalismos frente al proyecto comunitario y a la solidaridad internacional. Muchos de los grandes (Cohen, Prince, Bowie, Michael…) nos han dejado. Así que aunque se ha discutido la concesión del Nobel a Bob Dylan, yo me pregunto como él: “¿Cuántas veces debe un hombre levantar la vista, antes de poder ver el cielo?”. Pues bien, como la respuesta está en el viento, yo les deseo que el 2017 simplemente nos regrese a la esperanza.

 

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Cuentos de Navidad
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María Antonia San Felipe | 24-12-2016 | 10:58| 0

A escasos kilómetros de la opulencia y colindante con los barrios en los que se sobrevive, se extiende la Cañada Real, el corazón geográfico de la miseria de Madrid. Violeta vive allí, en una casa de cartón y maderas cubierta con plásticos de todos los colores que su padre cambia cada cierto tiempo. Violeta sabe que es Navidad porque en los barrios del centro hay luces de colores y porque en el local que Cáritas tiene cerca de su chabola la hermana Paz les ha dado a los niños el doble de merienda. Con un papel de regalo recuperado de un contenedor del centro ha adornado unos taburetes que hacen de mesa y ha encendido una vela para cenar con su amiga Sara que está sola. Su padre no vendrá hasta que se recupere de ese mal que le come por dentro desde hace tiempo. Su madre ya se fue, murió hace tres meses aunque ella no sabe de qué. A lo mejor se murió de tristeza que, según Violeta, esa es una enfermedad más destructiva que la peste. Mientras esperan, se comen la merienda de Nocilla, se ríen y se abrazan con fuerza para espantar el frío que envían las estrellas en Navidad.
Hashin se ha dormido, aunque aterido, su rostro dibuja una serena sonrisa muy diferente a la infinita amargura que refleja el semblante de su madre. Amira juega con pedazos de trapos de colores y corre a abrazarse a su madre que la envuelve amorosa en la única manta que les queda. En un cobertizo, escondidos como ratas, se alimentan de miedo y sobreviven a la angustia premonitoria de la muerte. En Alepo todos temen a los que pululan por las ruinas, es difícil distinguir al enemigo. El sonido de los bombardeos que revientan edificios, destruyen futuros y alimentan rencores, se escucha nítidamente como si anunciara el fin del mundo. Las madres de Hashin y Amira son hermanas, sus maridos combaten lejos, aunque no saben dónde, no hay noticias. Uno se fue con los rebeldes y el otro con Al-Assad. Los niños nacieron al inicio de la guerra, por eso duermen tranquilos, hambrientos y helados, ajenos a la verdad creen que la vida sólo consiste en despertar cada mañana abrazados a unas madres que habitan en el miedo porque saben que no queda esperanza.
Huyendo de Boko Haram la familia de Hamal, siguiendo a miles de desesperados, acaba de llegar a un campo de refugiados en el corazón de África. En realidad, la suya no es una familia sino un resignado lamento. Sólo quedan él y dos hijos pequeños. A su mujer la violaron varios hombres armados y al amanecer ella se clavó un cuchillo. A su hija pequeña la secuestraron y no han vuelto a tener noticias. Hamal cuando despierta sueña que está muerto.
Otto salió de casa con una sola misión: hacer feliz a su hija pequeña porque llega la Navidad. Otto ahora está muerto, junto a su cadáver la policía encontró una bolsa llena de angelotes, renos y un Papá Noel que, como él, quedó aplastado por un camión conducido por un asesino que mata al servicio del fanatismo y de la infamia. En Breitscheidplatz, en Berlín, todo lo tiñe el dolor. Muy cerca y muy lejos los agitadores del odio, los asesinos y sus ciegos creyentes disfrutan su hazaña y planifican la siguiente.
Este es nuestro mundo. Que no es perfecto lo sabemos de siempre pero dudo que estemos haciendo lo suficiente para cambiarlo. Contemplo el panorama y más bien creo que nos esforzamos en destruirlo. Yo no sé si a ustedes les pasa lo mismo pero estos días advierto mucha hipocresía en el ambiente con forma de árbol de Navidad. Al anochecer observo el cielo buscando aquella estrella que me ilusionaba de pequeña. Me refiero a esa estrella luminosa con prolongada cola que iluminaba mi infancia y que me gustaría que volviera para alumbrar el futuro con un retazo de esperanza. Pese a todo y aun consciente de que la negrura es la que triunfa en este mundo, de todo corazón les deseo que sean felices siempre, incluso en Navidad.

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Tiempo de pícaros
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María Antonia San Felipe | 17-12-2016 | 11:14| 0

Cierto que la picaresca no es exclusiva de España pero hemos de reconocer que es una disciplina en la que tenemos liderazgo, antigüedad, oficio y solera. Si el autor del Lazarillo de Tormes fuera contemporáneo nuestro nos divertiría a diario con una jugosa historia y nos la contaría en televisión en horario de máxima audiencia.
El caso de los padres de Nadia Nerea, la niña de 11 años afectada por una enfermedad genética rara, no es el más grave ni el más escandaloso de los engaños que hemos padecido pero nos enseña muchas cosas. No hablamos de gente de elevadas cualidades morales sino de unos vividores que pescan en tiempos revueltos pero que han sido muy hábiles explotando las debilidades de nuestra carcomida sociedad. No han obligado a mendigar a su hija, porque es un delito tipificado en nuestro código penal sino que han explotado la enfermedad de su hija del modo más fácil que existe actualmente para llegar a mucha gente y sorprenderles en su buena fe: la tele y la prensa. Ellos sabían y nosotros ahora que sin esa ayuda indirecta, aunque no cómplice, de los medios de comunicación, Fernando Blanco y su esposa no hubieran conseguido una cifra tan abultada de donaciones. Ahora se descubre el engaño aunque pudo acreditarse, hace tiempo, que tenían condenas y antecedentes delictivos.
Esta experiencia nos ha enseñado que es necesario recuperar los principios tradicionales de la prensa, el primero el de comprobar la veracidad de lo que se cuenta. Si los donantes han sido estafados la prensa también y por ende, sus lectores. La colaboración acrítica de la prensa ha puesto en entredicho su credibilidad. Desde que estalló el escándalo de la investigación contra el padre (o supuesto padre) de Nadia, es la propia prensa la que ha puesto pies en pared y ha decidido dar luz sobre los espacios oscuros de la versión de Fernando Blanco. Yo reconozco que no había seguido este caso con igual interés que otros, aunque me ha sorprendido que no hubiera médicos verificando la enfermedad, que nadie sepa en qué hospital de Houston fue tratada y mucho menos la identidad de los especialistas afganos escondidos en remotas cuevas en las que veo improbable la existencia incluso de probetas para investigar.
Creo que la prensa está obligada a realizar un profundo examen de conciencia. Las redes sociales están repletas de bulos que se difunden profusamente como verdades cuando es fácil comprobar que muchos son ingentes mentiras. Pero cuando los medios difunden una noticia o realizan un reportaje el lector, oyente o televidente, aunque no comparta el enfoque, sobreentiende la certeza de los hechos porque se supone que un periodista, igual que un historiador, no afirma algo que previamente no ha verificado. Esa es su esencia, por eso, es evidente que el resbalón ha sido notable y reconocerlo es la única forma de evitarlo en el futuro.
Es claro que en este caso hay varias víctimas evidentes. La primera es, indiscutiblemente, la niña que ha sido utilizada como una mercancía para conseguir dinero invocando la lástima, la caridad y la solidaridad al mismo tiempo. Los otros damnificados son los que han hecho de sus donaciones con la mejor intención, los que han creído la historia y, por último, la prensa que ha tropezado en la enorme piedra de la ingenuidad y la desidia al no haber comprobado los hechos y los antecedentes delictivos, totalmente probados, del supuesto padre de Nadia. Lo mejor sería que a partir de ahora las donaciones para investigación se canalicen a través de organizaciones de comprobada honestidad o de los propios hospitales públicos. Rodeados de pícaros como estamos mucho me temo que ahora acaben linchando a este hombre. Está claro que es un sinvergüenza pero su sacrificio en la plaza pública, puede servir para lavar la conciencia de quienes fueron benevolentes con otros mucho peores que quebraron nuestro sistema financiero y que pueden irse de rositas tras habernos saqueado y estafado a todos los españoles. El tiempo lo dirá.

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Las Kellys
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María Antonia San Felipe | 10-12-2016 | 10:01| 0

…Y entonces el hombre mordió al perro. Ya sabemos que esta sería una noticia de primera plana por eso cuando un empresario ha denunciado la explotación laboral de las trabajadoras de hotel, sus palabras han sorprendido en un país donde ya nada nos asombra. Antonio Catalán, presidente de AC Hotels by Marriott, ha advertido de que en España se está produciendo una explotación en el sector turístico con las camareras de piso que cobran entre 3 y 4 euros por habitación y, en algunos casos, incluso menos (2,15 €). La subcontratación de ese servicio, hasta ahora realizado por personal propio, pone en manos de empresas, ajenas al sector, la realización de ese trabajo. La intención no es otra que eludir los convenios que fijan unos 1.000 euros de salario para aplicar otros que contemplan apenas 600, teniendo que trabajar seis días a la semana en lugar de cinco. La crítica de Catalán ha sido contundente y ha cuestionado la reforma laboral del año 2012 que facilita los despidos, destruye los salarios y favorece una forma de fraude laboral que se multiplica en el sector. Sin olvidar, que esto también deriva en bajas cotizaciones lo que mengua la financiación de la Seguridad Social.  Esto está ocurriendo cuando España recibe más turistas que nunca por haberse convertido en un destino preferente por la situación de inseguridad que se vive en el norte de África o en el Próximo Oriente.
           Pese a que la subcontratación hace que las camareras de piso tengan problemas para organizarse sindicalmente, ellas han decidido luchar para que la sociedad visibilice una realidad que sólo es un ejemplo más de los derroteros que está tomando el mercado laboral en España. Hay que reconocerles valor porque al hacerlo algunas corren el riesgo de ser despedidas. Desgraciadamente la dignidad en el trabajo, algo que parecía conseguido tras promulgarse la legislación laboral que emana de la Constitución Española de 1978, también la estamos perdiendo en esta crisis eterna que en vez de un desequilibrio económico parece una continua humillación.
           Así que, en defensa de su dignidad, las “que limpian” hoteles, han creado “las Kellys”, una asociación de camareras de planta, que se ha presentado primero en Barcelona y después en el resto de España. Las Kellys cuentan que pasaron de desahogarse en corrillos o en internet a autoorganizarse. Piden cosas de sentido común: iguales derechos laborales para todas (en plantilla, subcontratadas, en prácticas, eventuales, fijas y fijas discontinuas), derechos para las embarazadas, inspecciones laborales o que la categoría del hotel se vincule a la calidad del trabajo que genera.
           Supongo que el capote que les ha echado Antonio Catalán ha sido importante pero ya veremos si la denuncia pública tiene o no consecuencias prácticas para ellas. Lo que las Kellys denuncian es la punta del iceberg de una realidad laboral que se multiplica en España y que comienza a generalizarse. El elevado desempleo lleva a situaciones que empujan a los trabajadores a acceder a trabajos en condiciones extremas por salarios de miseria y si no los aceptan en la fila hay cientos que sí lo harán.
           A este paso vamos a volver a ver a la gente concentrarse en las plazas de pueblos y ciudades pero no para  manifestarse en defensa de sus derechos, sino a la espera de que venga alguien a ofrecerles trabajo para el día, a destajo y por un jornal de miseria.
           Cuando veo que en este país tiene más éxito una campaña para desacreditar a un director de cine, porque se siente más o menos español, que una manifestación para exigir que no se recorten los recursos en educación o en sanidad me desanimo sin remedio. Me entristezco cuando veo que se sigue vitoreando, entre otros, a Ronaldo o a Messi, tras burlar a la hacienda pública del país que los acoge o a otros muchos enfangados en la corrupción. Por eso reivindico la dignidad de las Kellys y me escandalizo porque observo que seguimos aplaudiendo los goles que nos meten en nuestra propia puerta.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.