La Rioja
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Autor: Kavafis
Trabajar el futuro
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María Antonia San Felipe | 14-07-2017 | 7:50| 0

europarlamentoEn ocasiones una noticia menor te impacta y te empuja a hacerte preguntas. Por ejemplo, vemos el hemiciclo del Parlamento Europeo vacío mientras en la tribuna de oradores un señor se esfuerza en hablar ante nadie y, de pronto, el cabreo surge de forma natural, como si lo hubiera convocado el asombro. El primer ministro de Malta, Joseph Muscat rendía cuentas a nadie sobre los seis meses de presidencia y a nadie le importaba porque nadie había. El ciudadano se indigna y se pregunta: ¿Por qué no nos entienden, por qué no ven que nos duele su ausencia del puesto de trabajo? La respuesta es sencilla, simplemente no dan importancia a lo que nosotros consideramos relevante y eso ocurre porque cada vez están más lejos, no en distancia kilométrica sino en porcentaje de intuición política.
          Los eurodiputados se muestran tan distantes del trabajador como del autónomo, del abogado como del médico, del barrendero como del maestro. Es tal la lejanía que no es extraño que en la Unión Europea y los países que la integran se viva una deriva política que resulta más sencillo describir que solucionar. El abismo entre la clase política y los ciudadanos, entre los representantes y los representados se incrementa por ausencia de sintonía.
           Por eso, el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, se mostró sorprendido cuando el presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, al comprobar que de los 751 diputados solo asistían a la sesión una treintena, se enfadó y afirmó que aquello era “ridículo”, exageradamente “ridículo”. Sin duda una falta de respeto a los países pequeños ya que, añadió, “Si el señor Muscat fuera la señora Merkel, algo difícilmente imaginable, o el señor Macron, más imaginable, hubiese encontrado una Cámara llena”.
           Sin embargo, quienes vemos la imagen no solo lo consideramos una falta de respeto al orador sin público sino un insulto a los ciudadanos, cuando a los trabajadores se les pide, en toda Europa, compromiso y dedicación a su trabajo para poder conservarlo, en muchas ocasiones, con salarios exiguos y condiciones laborales mucho menos favorables que las de los señores eurodiputados.
           Dicen que los señores europarlamentarios estaban haciendo otras cosas pero según Junker, si hubiera estado otro jefe de estado como Merkel, las ausencias hubieran sido menos abultadas. Es cierto que, a veces, las apariencias engañan pero las imágenes del vacío parlamentario que se repiten habitualmente son demoledoras. Europa camina a la deriva desde hace tiempo y la prolongada crisis nos ha mostrado las goteras del edificio, que son muchas. Los movimientos antieuropeos y ultranacionalistas están amenazando y minando el proyecto común y poniendo en riesgo el espacio democrático más estable desde la Segunda Guerra Mundial, pero la falta de respuestas coherentes de las élites políticas de la burocracia europea también.
           Seguramente Juncker quiso llamar la atención de sus señorías porque ahora que Trump se acerca a Putin y que la Gran Bretaña, se separa del proyecto europeo, es cuando más necesaria es una Europa fuerte y cohesionada. El primer reto, al que parecen dar poca importancia los eurodiputados ocupados en no se sabe qué, es aproximarse más a sus propios electores. Es tiempo de que, en vez de pelear por ir en las listas de sus partidos en puestos de salida, se preocupen de sintonizar la misma frecuencia vital que sus electores. Ellos también tienen un contrato con nosotros y queremos verlos en sus puestos de trabajo actuando con diligencia. Al fin y al cabo, aunque ellos no parecen darle importancia, de sus decisiones no depende su generoso sueldo sino algo más importante: nuestro futuro.

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La bomba
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María Antonia San Felipe | 08-07-2017 | 9:08| 0

junqueraspuigdemont-655x368De nuestra primera Constitución (1812), ya saben, “la Pepa”, la de Cádiz, hay un párrafo que siempre me gusta releer, es su artículo 13. Un número mágico con un texto deliciosamente voluntarista e imposible: “El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen”. Es sencillo coincidir con nuestros antepasados en que finalmente a todos los individuos les mueve el deseo íntimo de conseguir la felicidad y para sustentarla hay que tener posibilidad de construir una vida con recursos propios. No es de extrañar que el último barómetro de CIS nos cuente que el 71,2%  de los españoles considera que el principal problema que tenemos es el paro. La gente quiere trabajar para vivir e intentar ser, al menos, medianamente feliz.

           Es por eso que casi 3 de cada 4 españoles tiene miedo al paro y solo 1 de cada 100 (1,2%) está preocupado por la independencia de Cataluña, el dato es todo un síntoma. Pese a la gravedad de la deriva que está tomando el tema del independentismo catalán la mayor parte de la ciudadanía está preocupada por su trabajo y, con enorme sentido práctico, no considera un riesgo la posible desconexión de Cataluña.

           La Generalitat está llevando el denominado “procés” al límite, pero la tensión también está minando al gobierno de Puigdemont, ya de por sí, inestable y secuestrado por los anticapitalistas de la CUP, una alianza que se está demostrando nociva para el nacionalismo de la burguesía catalana tradicional a quien estas urgencias, sin cobertura legal, la está dividiendo. A veces las prisas actúan como un boomerang y se vuelven contra quien lo lanzó como una bofetada del destino. El cese de un consejero del gobierno, Jordi Baiget, reconociendo que quizás el referéndum no pueda celebrarse es una muestra palmaria de la endeblez del proceso. Cualquiera con sentido común que sabe cómo se preparan unas elecciones libres intuye los peligros de pretender correr más de la cuenta.

           Aunque desde los portavoces del independentismo, incluido Pep Guardiola, se hable de que España es un estado “opresor” y “autoritario” la realidad desmiente tan exagerada mentira. Una cosa es que muchos consideremos que España debe mejorar su calidad democrática y otra afirmar que vivimos en un estado en el que no se respetan los derechos humanos ni las libertades civiles. En fin, sería mejor que algunos dejaran de frivolizar con estas cosas en un país que salió de la dictadura hace ahora cuarenta años y que sufrió la represión de un estado autoritario de los que se estudian como ejemplo en los libros de historia.

          Al final, abrir colegios electorales sin censos, sin funcionarios y sin cobertura legal puede resultar un fraude decepcionante precisamente para quienes desean que triunfe el sí y declarar la independencia. Una nación que añora ser un nuevo estado no puede fundarse en una mentira y en una acción que viole la legalidad si pretende quedarse en Europa y ser reconocido como tal. Lo que mal empieza mal acaba y esto bien no va a terminar.

          En el otro lado, el gobierno del PP debiera caminar con más cautela, al fin y al cabo, el independentismo y los independentistas se han fortalecido mientras Rajoy pilota la Moncloa. Una cosa será que los partidos mayoritarios apoyen al gobierno frente a una posible declaración unilateral de independencia, cada vez más improbable, y otra que se dé el visto bueno a su propia negligencia. Estamos ante el evidente fracaso de dos gobiernos ciegos que se retroalimentan el uno al otro para modelar sus propias identidades. Los dos están jugando a enfrentar los sentimientos y las emociones de la gente sin tratar de comprender su malestar, la tensión les da fuerza pero ambos deben saber que una vez que se ha soltado la espoleta es muy difícil evitar la explosión de la bomba.

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Tiempo de insolencia
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María Antonia San Felipe | 01-07-2017 | 10:11| 0

barcenas-2Dicen que no nos acordamos de los bosques hasta que se queman, con la corrupción nos pasa lo mismo, hasta que no han ardido las entrañas del sistema no nos hemos dado por enterados del barrizal en el que vivíamos. A lo mejor nuestra curiosidad evitaba saber la verdad y ahora somos conscientes de que, gracias a ese inmenso océano de indiferencia en el que nos movimos la ciudadanía, algunos fueron haciendo de su capa un sayo, forrándose a nuestra costa con la colaboración de nuestra indiferencia.

Esta semana, el prototipo de millonario que ha amasado una inmensa fortuna a la sombra del PP, Luis Bárcenas, ha comparecido ante una comisión de investigación del Congreso con la chulería propia de quien nada teme. En realidad, Luis Bárcenas lleva mucho tiempo cabalgando sobre la impunidad. Como le recomendó Mariano Rajoy, ha aprendido a ser fuerte porque nuestro sistema es débil y nuestra memoria frágil. Su fortaleza hunde sus pilares en la certeza de que el miedo en el cuerpo que recorrió a la cúpula del PP ha convertido en gatitos a quienes, insultándolo como si jamás lo hubieran conocido, aparentaban no ser cómplices necesarios y beneficiados últimos de sus aparentes tropelías. Ganaron las elecciones; Rajoy, resiste y el miedo quedó enterrado entre la basura.

Así que en el Congreso no es que hubiera reparto de papeles, simplemente hubo coincidencia en la táctica y en la estrategia entre el que tenía que dar explicaciones, Luis Bárcenas y quien debía ser el más interesado en exigírselas, el PP, si fuera verdad todo lo que nos han dicho hasta la fecha. En este clima de connivencia entre compañeros de organización tanto Luis Bárcenas como los portavoces del PP se escondieron tras el silencio respecto a la financiación ilegal de su partido, las comisiones, los sobresueldos en cajas de puros de los ministros y otras miserias conocidas. El espectáculo no es que fuera indignante, fue directamente insultante. Bárcenas se instaló en el mutismo pero, más allá de su estrategia judicial, su silencio gritaba por sí solo acompañado de gestos de desprecio. El mensaje era sencillo:
           -¡Pobres diablos! A mí no me acongojan estos ilusos.

Claro que no, sabíamos que era un sinvergüenza ahora comprobamos que también es un perdonavidas que se sorprende de que alguien ponga en tela de juicio sus andanzas por las cloacas del sistema para forrarse. Por su parte, el portavoz del PP, enardecido por el silencio de su antiguo correligionario, en vez de emplear la dureza que tan indecente asunto requiere, se lanzó a contar lo bien que va España. Viento en popa a toda vela, gracias al PP. El silencio de Bárcenas alentaba vientos de propaganda para evitar irritar al compareciente no fuera a soltar alguna pedrada sobre el frágil tejado del presidente Rajoy, el verdadero jefe al que todos sirven y protegen.

           No hay que ser un lince para deducir cuánto mejor estaría este país si todo el dinero desviado de las arcas públicas y toda la variedad de sinvergonzadas que hemos soportado hubiera financiado la economía social y los servicios públicos. Los silencios del PP y de su extesorero iluminan la certeza de un pacto tan obsceno y degradante para quienes lo han aceptado que nos muestra, de forma descarnada e hiriente, una España que debe ser enterrada para siempre.

           Esta semana en el Congreso, el mismo lugar en el que Bárcenas se rió de la soberanía popular, se ha celebrado el 40 aniversario de las primeras elecciones democráticas tras la dictadura franquista. España ha cambiado mucho pero ya no podemos permitir que quienes se han hecho fuertes en las trincheras de la corrupción y quienes los encubren, sigan minando una democracia todavía vulnerable. Hay que poner fin al tiempo de la insolencia mandando al infierno la chulería del insolente y de quienes lo protegen para salvarse.

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Un tiempo que ya no existe
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María Antonia San Felipe | 24-06-2017 | 8:52| 0

pedro-sanzEsta es la crónica de un tiempo que ya no existe. Puede que movida por la nostalgia decidiera asistir, el 15 de junio, al pleno del Parlamento de La Rioja en el que se sustanciaba la reprobación del que durante veinte años fuera el omnipresente presidente de La Rioja, Pedro Sanz. Es sabido que esa desaprobación parlamentaria solo es una especie de reprimenda sin efectos jurídicos pero, indudablemente, no fue un buen día para un hombre acostumbrado a mover personalmente todos los hilos políticos de esta región. Pedro Sanz no tuvo la valentía de escuchar la censura sobre su chalet ilegal o la financiación de la sede del PP, por parte de los grupos parlamentarios a través de una propuesta materializada por Podemos y votada, en la parte de la reprobación, por Ciudadanos y el PSOE. Por eso, Pedro Sanz, popularmente llamado Pedrone, abandonó el hemiciclo huyendo de las palabras como quien huye del incendio que lo devora y que ya no puede controlar pese a haber ostentado el poder absoluto en esta región.
          Así que, el mismo día en que se cumplían los cuarenta años de que los españoles votaran las cortes constituyentes de 1977, mientras el popular Pedrone huía por la puerta trasera del hemiciclo, yo llegué a él para recordar otra fecha del pasado. El 7 de diciembre del año 2000, día en que se celebraban los actos del día de la Constitución, se recibía en el parlamento riojano al ministro Ángel Acebes, el mismo que esta semana ha prestado declaración en el juzgado por el sumario sobre corrupción del caso Gürtel, ya ven ustedes las vueltas que da la vida. Acebes llegó precedido por el presidente Sanz que, con su habitual falta de educación, se negó a saludar a quienes no le gustaban. Entre los castigados por su rencor estaba quien esto escribe.
          Sanz, en los momentos álgidos de una gloria que él creía eterna, ideó la ejecución de una venganza parlamentaria para reprobar a la diputada que denunciaba la adjudicación de importantes contratos de la Consejería de Salud a una empresa de la que era accionista el propio consejero. Hoy hubiera sido un escándalo de primera magnitud por el clima de crispación que produce la corrupción política pero, en ese tiempo que ya no existe, era posible darle la vuelta a la tortilla. A nadie le importaba, así que en vez de cesar al Consejero, se pidió la reprobación de esta columnista, entonces diputada socialista.
Para poder “censurar” a la parlamentaria que denunciaba irregularidades de su gobierno, Pedro Sanz, con su larga mano, consiguió que sus compañeros al frente del Parlamento forzaran el Reglamento y se admitiera una propuesta que no tenía precedentes. Digo forzando el Reglamento e incluso el sentido común, porque lo natural en un parlamento que tiene entre sus funciones la de controlar al gobierno, era reprobar al Consejero que adjudicaba obras de forma irregular y no a quien, lo denunciaba.
          En este nuevo tiempo, diecisiete años después, ese precedente parlamentario que promovió mi reprobación, aunque nunca llegó a efecto, es el que ha permitido tramitar el tirón de orejas a Pedrone. Casi siempre el pasado regresa, a veces, en forma de venganza y otras, de reparación del daño producido. Es lo que tienen los caprichos del tiempo.
          He aprendido que hoy nadie hubiera aplaudido ni consentido, como se hizo entonces, la salida de tono de Pedro Sanz pero es que el tiempo de la política no es el tiempo de la historia. De las risas del cortoplazo pasamos a la perspectiva que da el transcurrir del tiempo, se ve con más claridad la realidad y con más crudeza los hechos. Por eso, esta crónica es la de un tiempo que ya no existe aunque quienes quedaron seducidos por la telaraña del poder crean que siguen siendo el centro del universo. En el pasado, hasta los dinosaurios perecieron y, aunque sonreímos al recordarlos, ya no nos alcanzan ni aun en los sueños.

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Tiempo de decepción
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María Antonia San Felipe | 17-06-2017 | 8:33| 0

rajoy-y-granadosEn la vida cuando una puerta se cierra, otra se abre. Al tiempo que concluía la votación de moción de censura de Podemos contra Mariano Rajoy, se cerraba la puerta del Congreso y se abría la puerta de la prisión de Estremera para que Francisco Granados, presunto cabecilla de la trama Púnica, pudiera respirar al aire libre tras depositar una fianza de 400.000 euros. ¡Qué cosas tiene la vida! Ha podido Granados comprobar de primera mano el buen estado de las obras de la cárcel que él mismo inauguró en julio del año 2008, cuando era consejero de Justicia de la Comunidad de Madrid. Como conoce la administración y sus recovecos podrá ejercer de Defensor del Preso y encauzar las reivindicaciones de los reclusos, sus nuevos compañeros.
           Granados no es el único, muchos antiguos altos cargos del PP siguieron desde las diferentes cárceles el debate parlamentario, en otros tiempos lo hubieran visto desde el propio hemiciclo o en lugares preferentes. Hoy lo hacen desde la sala de televisión de Soto del Real, Alcalá de Henares, Estremera y otros lugares de retiro carcelario. Hace mucho calor pero ellos han sentido el frío y la sonrisa hipócrita de sus excompañeros cuyas campañas electorales contribuyeron a financiar, al tiempo que se enriquecían. Unos negocios muy convenientes para todos.
           En la parte glamurosa y fingidora del actual PP se dice que Mariano Rajoy, rodeado de basura por todas partes, ha ganado el debate y ha salido reforzado como si de un d’Artagnan parlamentario se tratara y Rafael Hernando, fuera su fiel mosquetero. Dice Rajoy, desde la soberbia, que se ha vencido a los radicales y extremistas pero a los españoles, a los que se les han mostrado los pañales sucios de quienes nos gobiernan, hubieran preferido que él hubiera sido un poco más radical contra las comisiones ilegales que financiaban su partido. Puede que la corrupción siga sin castigarles electoralmente pero estar inmersos en ella es un lastre muy difícil de superar porque cada día hay un escándalo que no tapa el anterior sino que lo aumenta. Mariano Rajoy exhibe éxitos económicos pero esos pequeños avances ni pueden ni deben ocultar tanta corrupción como niegan creyendo que todo el mundo es además de ciego, tonto.
           En el otro lado, el líder de Podemos, Pablo Iglesias, necesitaba darse una pátina institucional que hasta ahora había evitado, pese a los consejos de Errejón y otros compañeros. Ha mostrado otra cara, va comprendiendo que mantener un clima de tensión en la calle no es tan fácil como parecía y como otros partidos ya saben. En Podemos ha surgido con fuerza otra prometedora parlamentaria, Irene Montero, que por superar ha superado hasta las menciones machistas del bocazas de Rafael Hernando. El PSOE ha estrenado portavoz y tras el intercambio de reproches, lógico, de que podía haber otro gobierno en España si Podemos hubiera optado por abstenerse en la investidura de Pedro Sánchez, parece haberse inaugurado un nuevo clima de relaciones parlamentarias y políticas que solo el tiempo marcará en su recorrido.
           Ciudadanos y su líder, Albert Rivera, han sido más duros incluso que el PP contra Iglesias, es la única forma que tienen de sustraer votos al partido de Rajoy y de tratar de esconder que son el aire que respira su gobierno.
           Realmente el debate no ha dado para más puesto que no había grandes expectativas ante un instrumento parlamentario cuyo fracaso se conocía de antemano. Es innegable que en la ciudadanía queda un regusto de decepción porque hoy en España todo sigue igual que ayer. Da un poco de melancolía que pueda hablarse de ganadores y perdedores de un debate en medio de este basurero que tiene un notable administrador.
           Queda por saber, ahora que la sesión ha terminado, que opinarán Jaume Matas, Rodrigo Rato, Ignacio González, Francisco Granados, Francisco Correa y los más de 800 imputados del PP sobre el desparpajo parlamentario de su presidente al que, en otro tiempo, con tanta pasión sirvieron y, algunos, todavía sirven.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.