La Rioja
img
Autor: Kavafis
España huele a pueblo
img
María Antonia San Felipe | 04-07-2015 | 9:39| 0

 

En pleno verano el calor acelera la recolección del cereal, pero en España estos días más que a trigo o a cebada recién segados, huele a elecciones. Los partidos, nuevos y viejos, hacen balance de sus particulares cosechas mientras preparan la próxima batalla electoral. Analizando el panorama no es difícil concluir que los partidos tradicionales, pese al evidente retroceso, han sobrevivido al empuje de los emergentes. Saber que ocurrirá en unos meses es la materia sobre la que se especula con más entusiasmo, no en vano adivinar el futuro ha sido siempre una pasión de los hombres. Algunos afirman que la división derecha e izquierda ha quedado anticuada, pero no nos engañemos, en realidad, ambos bloques ideológicos perviven en la historia porque son una forma de esquematizar formas de ver la vida eternamente contrapuestas.

El poeta alemán Bertolt Brecht, dividió la sociedad entre los de arriba y los de abajo, una fórmula muy sencilla para expresar la dualidad entre poder y pueblo, entre ricos y pobres, entre clases sociales. Bien sabemos que los de arriba de la pirámide siempre fueron muy inferiores en número a los de la base y esos pocos son los que durante siglos han retenido tanto el poder como el dinero. Su conclusión era sencilla: “Hablar de comida es bajo. Y se comprende para los que ya han comido (…) Si los que viven abajo no piensan en la vida de abajo, jamás subirán”.

Es decir para cambiar las cosas es muy necesario tener un análisis muy preciso y certero de la realidad cotidiana vista desde abajo, desde ese lugar en el que el inventario de carencias resulta tan desolador como infinito. Pero, a través de los tiempos, siempre hubo valientes, héroes o locos (según el punto de vista) que combatieron el mal y la miseria y, más allá de los convencionalismos de su época, consiguieron cambiar las cosas. Siempre hubo quienes se rebelaron ante las injusticias y así, en el transcurrir de los tiempos, hemos llegado a disfrutar de un grado de libertad y de equidad envidiables para esos otros mundos en los que nadie respeta los derechos básicos de las personas. Está claro que en nuestra órbita occidental hemos llegado a consensuar una lista de derechos de la persona cuyo simple enunciado resultaba revolucionario hace unos años.

En definitiva, estamos como siempre. Unos juegan a que nada cambie por si lo que viene es peor que lo que tenemos y otros combaten el miedo a transformar una realidad ingrata e injusta para la mayoría y para ello tratan de cambiar al poder establecido. Por eso, coincidirán conmigo, hay muchos que juegan al despiste. En vez de programas políticos parecen elaborar anuncios publicitarios que nos embelesen, que conquisten nuestro corazón y a través de él, nuestro voto. Ese es el juego de estos días en los que más que a la izquierda o a la derecha muchos buscan reinar en el centro. Es posible que el centro político nunca haya existido, como no existe la perfección, pero todos aspiran a conseguirlo como si fuera el santo Grial y ellos los caballeros del rey Arturo. Para librar estas batallas, para ser el centro de nuestra atención se recurre al disfraz, a enmascarar la verdad, envolverla en papel de celofán para tentarnos. Es decir, muchos fingen ser lo que no son, como en tiempos de Oscar Wilde cuando, a finales del siglo XIX, escribía:

-(…) Tu sobrino y yo somos grandes amigos. Me interesa muchísimo su carrera política. Estoy segura de que va a tener enorme éxito. Piensa como un conservador y habla como un radical, y eso es muy importante en estos días.

Estamos, por tanto en el juego de siempre y por eso debemos analizar lo que hay detrás de las palabras y meditar si queremos quedarnos donde estamos o dar un paso hacia adelante tratando de cambiar esta ficción. Todo tiene riesgos, aunque el mayor peligro es perder la esperanza. Las elecciones se dibujan ya en el horizonte, por eso España huele a pueblo, a pueblo soberano.

Ver Post >
El espejo griego
img
María Antonia San Felipe | 27-06-2015 | 8:28| 0

El poder establecido, incluso en democracia, tiene como fin último tratar de mantenerse en el tiempo e igual que los poderes económicos, que nunca pasaron por las urnas, prefieren siempre tener un pueblo espectador que un pueblo involucrado en la realidad social y política. El ciudadano espectador siempre es más fácilmente manipulable que el ciudadano activista cuyo compromiso le obliga a averiguar si es verdad lo que le cuentan. Ya nos dijo Chomsky que “la propaganda es a la democracia lo que la cachiporra al estado totalitario”, así la propaganda puede utilizarse para fabricar consensos generalizados en la población sobre asuntos en los que existía una gran disparidad de opiniones. Es decir, nos pastorean para que no se altere el rebaño y la mejor manera es metiéndonos el miedo en el cuerpo. Digamos que en esta vieja técnica, en este juego de controles están instalados desde hace meses los dirigentes europeos, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo.

Las políticas de recortes sociales impuestas a países como España o Portugal con unas economías intervenidas y tuteladas han tenido un coste social tan evidente que se temía una explosión de la ciudadanía por la dimensión de los sacrificios impuestos. El triunfo de Syriza en Grecia inquietó especialmente a los miembros del Eurogrupo que más recortes habían padecido en esta prolongada crisis. Si el nuevo gobierno griego conseguía renegociar su deuda y frenar las reformas podía producirse un mimetismo en el resto de países. En España, donde el malestar por la corrupción y los recortes se estaba disparando, una nueva fuerza política, similar a Syriza, en las elecciones europeas disparó las alarmas de los poderes económicos y políticos. Al nuevo presidente griego, Alexis Tsipras le han querido dar  una lección para evitar el contagio. Tras el calvario, la posibilidad de acuerdo se ha ido incrementando ya que, en el fondo, nadie sabe cuáles serán las consecuencias para el resto de los países de la Unión Europea si Grecia abandona el euro, porque las guerras sabemos cuando empiezan pero nunca cómo concluyen.

De cara a la opinión pública europea lo que ha triunfado hasta ahora es el discurso de que las deudas hay que pagarlas y que los griegos han sido unos manirrotos viviendo por encima de sus posibilidades. Este es el relato que se han encargado de difundir desde los poderes económicos, mediáticos y políticos. Da igual explicar que en Grecia la inmensa deuda del país no fue generada sólo por el gasto público sino por el rescate de los bancos trasladando los riesgos de impago de éstos al Estado y poniendo a los griegos una soga al cuello. Tampoco es suficiente decir que las trampas contables de Grecia y las mentiras a la Unión Europea fueron pilotadas por el banco Goldman Sachs cuyo representante para Europa, entre 2002 y 2006, era Mario Draghi. Quizás por eso, en desagravio, ha estado echando una mano a la banca griega estos últimos días para evitar su colapso.

Ahora que el acuerdo está más cerca van a tratar de presentarlo ante la opinión pública como una rendición de Tsipras para desanimar a los griegos y para tranquilizar a los ciudadanos, sobre todo alemanes, contrarios a hacer concesiones. En el caso español, en puertas de elecciones, el éxito de Syriza sacaría los colores a Rajoy ya que la débil recuperación económica no cura las sangrantes heridas del paro y los recortes sociales. Europa, aplicó recetas muy distintas a las de EEUU y su crecimiento es mucho menor.  Grecia está acorralada pero Europa también. Aunque su principal fracaso, hoy por hoy, es que la democracia se ha convertido en un estorbo para la hegemonía del poder económico. Si los europeos miramos al espejo griego descubriremos que el mayor peligro no es el impago de la deuda helena, lo que de verdad está en juego es la democracia, por eso en el cielo de Europa hace tiempo que sólo se ven cuervos.

Ver Post >
Que corra el agua
img
María Antonia San Felipe | 20-06-2015 | 9:07| 0

El agua que no se agita, se corrompe. Por eso es preciso dejar correr el agua. Las últimas elecciones municipales y autonómicas dieron un triunfo aparente al PP en muchos lugares, pero no nos engañemos, tan legítimo es dejar gobernar a la lista más votada como establecer coaliciones. No es bueno tirarse de los pelos ni por lo uno ni por lo otro. Rita Barberá ha dejado de ser alcaldesa de Valencia porque el resto de partidos se han coaligado, aunque es bueno recordar que en 1991 se hizo con la vara de mando sin haber sido la lista más votada. Es un ejemplo, pero hay cientos. Por eso, en estos momentos, es bueno solicitar un poco de sosiego a quienes parecen haber enloquecido por la pérdida de sus gobiernos.

Lo cierto es que un elevado número de políticos, algunos con muchos trienios en el desempeño del cargo, han sido desalojados del poder: Rita Barberá y Fabra en Valencia, Luisa Fernanda Rudí en Aragón, Bauzá en Baleares, León de la Riva (un machista contumaz) en Valladolid, Dolores de Cospedal… El último ha sido el presidente riojano, Pedro Sanz, que parecía eterno y que se ha visto obligado a renunciar a su trono instalado en el Espolón logroñés muy cerca del general Espartero a caballo. Es innegable que ha quedado descabalgado y como San Pablo, cuando cayó de su montura en su camino hacia Damasco, ha visto que la realidad se transformaba ante sus ojos y que el poder se le escapaba aun reteniéndolo para su partido. Hay victorias amargas y batallas perdidas y ésta lo ha sido. Sanz, tras reconocer algo que ya sabíamos, que no es un hombre hecho para el diálogo sino para el rodillo y el martillo pilón, se ha visto obligado a dirigirse mohíno y cabizbajo hacia el Senado, un destino tranquilo y sosegado cuya utilidad es hoy totalmente desconocida. Es cierto que conserva el mando a distancia, pero ya veremos cuánto le duran las pilas del control remoto del poder que ha delegado forzado por un resultado electoral que no acepta.

Mientras Sanz y sus compañeros admiten la realidad y el nuevo mapa político, convendrán conmigo que este año 2015 se vaticinaban novedades, algunas radicales como consecuencia del hartazgo de los ciudadanos y es evidente que han llegado. Se están iniciando transformaciones en la implicación política de los ciudadanos y en su nivel de exigencia y, como ocurre en los cambios de ciclo, los puntos de vista difieren. Las mudanzas avivan el miedo a lo desconocido en algunos y, en otros, alimentan la esperanza. Sorprende sin embargo la virulencia y las presiones que están teniendo los regidores recién llegados. La polémica surgida en torno a los chistes del concejal del Ayuntamiento de Madrid, Guillermo Zapata, es el mejor ejemplo para analizar el estado de crispación que se pretende crear. No les oculto que sus chistes no sólo me parecen repulsivos, sino impropios de cualquier persona que ostente dos dedos de frente. Zoquetes los hay en todos los partidos y en todas las organizaciones humanas, alejarlos de la cosa pública es una meta a conseguir entre todos.

Dicho lo cual, convendrán conmigo que muchos de los que se han escandalizado por este hecho nunca fueron sensibles a los desprecios a otras víctimas, ni jamás pidieron dimisiones por saquear las cajas de ahorro desde gobiernos autonómicos; por forrarse con comisiones ilegales, ERES o cursos de formación; por mejorar su nivel de vida con sobresueldos o tarjetas en dinero negro; por tener cuentas ilegales en Suiza o en otros paraísos fiscales ni por tantas tropelías que llevamos soportando. Debiéramos tener la misma vara de medir para todos, ese sería un buen punto de partida. Aquellos que piensan que son los otros quienes deben cambiar quizás debieran empezar por cambiarse a sí mismos no tolerando la indignidad de las conductas de los suyos. A lo mejor, si todos comienzan dando ejemplo con el comportamiento propio consiguen que este país mejore para el bien de todos. Mientras, sería bueno que algunos se tomen una tila y dejen que corra el agua.

Ver Post >
No puedes volver atrás
img
María Antonia San Felipe | 18-06-2015 | 7:04| 0

Se va, Pedro Sanz dice que se va, pero no del todo. Seguirá siendo senador y presidente del PP en La Rioja, en un partido en el que la presidencia la ostenta tradicionalmente quien de verdad manda. Los que le conocen, que son muchos en el pequeño ámbito de nuestra Comunidad Autónoma, no han podido sorprenderse. Sanz siempre administró el poder de una forma peculiar, a la antigua usanza. Durante veinte años, tras cinco mayorías absolutas,  lo ha ejercido a conciencia, sin dejar un resquicio a la generosidad con el adversario, ya fuera interior o exterior. El mando, a su entender, es patrimonio del jefe y se ejerce de forma jerárquica, para que nadie se llame a engaño. Controlar todos los detalles, saberlo todo de unos y otros, estar al tanto de cualquier pormenor, creerse temido le ha gustado y se ha gustado tanto en el papel que ahora le resulta difícil desprenderse del hábito y del cargo. Es comprensible, no existe adicción que uno pueda superar de golpe y mucho menos la del poder. Dicen los expertos que cuesta desengancharse, hacerse a la idea de que uno no es lo que fue, por eso Sanz se queda de presidente del PP de La Rioja. Esta es la señal que nos alerta de lo que en realidad pretende cuando dice que seguirá, por muchos años, al frente de su partido. No es el suyo, por tanto, un gesto de generosidad para lograr el pacto con Ciudadanos ni tampoco con La Rioja, que seguramente sobrevivirá a su largo mandato. Esta es la razón por la que su sucesor es un hombre de su total confianza, fiel a aquel a quien todo debe y del que todo sigue esperando.

Los resultados de las pasadas elecciones ya auguraban un posible relevo. Pedro Sanz ha disfrutado lo indecible tumbando pleno a pleno, mes a mes, año a año todas las iniciativas de la oposición, ha negado la participación, el diálogo y a veces el respeto parlamentario. Estoy segura de que Pedro Sanz, que tanto disfrutaba cuando le llamaban Pedrone, no podría superar que la realidad numérica del nuevo Parlamento no cumpliera fielmente todas sus órdenes dictadas desde el Palacete del Espolón. Para él perder una votación es como para un militar ser deshonrado al arrancarle los galones.

 Yo me cuento entre las muchas personas a las que el Presidente Sanz negaba el saludo en los actos oficiales. Esos comportamientos eran para él una chanza con la que pretendía humillarte, sin darse cuenta de que el poder, como la vida, son finitos por muy longevos que sean y que algún día a él  habrá, no sólo quien le niegue el saludo sino que muchos, más pronto que tarde, le olvidarán. Así son las cosas don Pedro, efímeras, fugaces y pasajeras. En su despedida yo le deseo lo mejor, no deje que ningún rencor ni rencilla alguna le reconcoman por dentro. Si me permite, ahora que desea no sólo que le admiren sino que le quieran, debiera ejercer el altruismo, deje que su sucesor no sienta en sus espaldas su permanente tutela. Deje a los suyos organizarse a su antojo y disfrute, se lo merece. Con todo el respeto y viendo, desde hace tiempo, los toros desde la barrera, me atrevo a sugerirle que deje a los suyos, a los más jóvenes o a los más dotados que vuelen solos, que tracen su camino que, a buen seguro, ya no es el suyo.

Puede que ahora sepa con certeza que debió renunciar a presentarse a estas elecciones, que quizás no debió hacer esto o lo otro, pero como dice el poeta, José Agustín Goytisolo, “tú no puedes volver atrás, porque la vida ya te empuja, con un aullido interminable”. Efectivamente, lo hecho, hecho está y ahora pasará a integrar los tiempos del recuerdo. Quiéralo o no, Pedro Sanz es ya parte del pasado.

Publicado el 17 de junio de 2015

 

Ver Post >
El llanto
img
María Antonia San Felipe | 13-06-2015 | 8:25| 0

Este fin de semana se elegirán alcaldes en toda España y no duden que, en muchos salones y en apartados rincones de las casas consistoriales, habrá llanto y crujir de dientes. Múltiples serán los ejemplos de quienes tras permanecer lustros blandiendo la vara de mando serán expulsados a sus oficios anteriores, si los tienen, desde los paraísos del poder municipal. Es lo que significa la democracia, que nadie es eterno, que el poder es transitorio y que cuando se accede a él se inicia el camino que resta hasta abandonarlo. Algunos serán felices en la bienvenida, los recién llegados estarán pletóricos fruto del voto mayoritario o del pacto. Por el contrario, habrá otros que mirarán por última vez su escaño, ya ocupado por otro, y emulando a Bécquer, íntimamente, le dirán: -Como yo te he querido… desengáñate, ¡así… no te querrán!

Mientras unos vienen, otros se van. La vida continúa. En medio de estos trajines desde Moncloa se anuncian cambios, dicen que no serán sólo de chapa y pintura así que estamos expectantes por conocer si habrá renovación de ruedas, de motor, de cojinetes o si finalmente todo se resumirá en un cambio de aceite. Parece que el presidente del gobierno ha hecho caso del consejo de Juan Vicente Herrera, presidente en funciones de Castilla-León, que le instó a mirarse en el espejo de los derrotados, clara premonición de lo que se avecina. Cualquiera con dos dedos de frente sabe que una remodelación del gobierno en pleno verano, cuando se avistan ya las elecciones de noviembre, no puede ser la solución. Será un parche para tratar de frenar la sangría de un partido unido por el poder. La amplitud del poder absoluto que han detentado en toda España les ha permitido aparentar una cohesión ficticia, alrededor de un líder gris que cada vez está más cuestionado por los suyos y más alejado de la sociedad que lo encumbró. Si la reacción presidencial se hubiera producido el año pasado, tras la celebración de las elecciones europeas que cambiaron el panorama electoral, las cosas hubieran podido ser diferentes. Estaremos atentos a las tardías decisiones del presidente adoptadas a la luz del desamor electoral.

Veamos. Mientras se pactan alcaldías y presidencias de gobierno autonómicos y mientras el presidente Rajoy, el don Tancredo español, reflexiona sobre las encuestas, el Fondo Monetario Internacional acaba de reaparecer en escena para darnos una de cal y otra de arena. La parte buena es que augura que la economía española crecerá por encima de las últimas previsiones al 3,1%. La mala, debe ser de cal viva, porque sugiere la necesidad de nuevas reformas y, ya saben ustedes, que cuando los señores del FMI pronuncian esas palabras, es porque se avecina  un nuevo calvario para la mayoría de la población. Los consejos son abaratar y facilitar el despido, subir el IVA y extender el copago en sanidad y educación. ¡Madre mía!, con sólo el enunciado se me hiela la sangre porque a los nuevos alcaldes los hemos votado nosotros libremente pero a estos señores no sé quien los ha elegido. Sin olvidar que al frente de este organismo, que no vio venir la mayor crisis económica del último siglo, estuvieron personajes tan innobles como Rodrigo Rato o Dominique Strauss-Kahn.

Está claro que en el gobierno han sido obedientes pero no son tontos, por eso se han apresurado a decir que no piensan hacerles caso, al menos por ahora que hay elecciones, pero la hoja de ruta ya se la han marcado. Además los señores del FMI aconsejan no retroceder en las reformas, que se va por el buen camino, una forma velada de querer orientar el voto de los españoles acongojándolos pintando negro el horizonte. Eso sí, sobre la creciente desigualdad y empobrecimiento de la sociedad española no se ha pronunciado el FMI, al fin y al cabo, sus analistas, que no viven con el salario mínimo, aconsejan a los pobres a conformarse porque, al fin y a la postre, todo en la vida es susceptible de empeorar. Ya lo decían, hace dos siglos, los absolutistas añorantes del Antiguo Régimen: ¡Vivan las cadenas!

Ver Post >
Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.