La Rioja
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Autor: Kavafis
Vamos a contar mentiras
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María Antonia San Felipe | 24-10-2015 | 12:47| 0

A punto de estrenarse la última entrega de la Guerra de las Galaxias concluye la legislatura más larga y aciaga de la democracia. El presidente Rajoy que dirige sus propias películas, lleva meses realizando alucinantes viajes interestelares, igual que el capitán Han Solo. Claro que el héroe galáctico pilota su nave, el Halcón Milenario, con una destreza que no podemos atribuir al presidente Mariano que nos prometió el mejor futuro y nos ha conducido al ingrato pasado tras podarnos de derechos y limado de libertades. Acaba de celebrarse la última sesión parlamentaria y su contenido puede resumirse en la letra de aquella vieja canción que cantábamos de niños: por el mar corren las liebres, por el monte las sardinas, tralará…

Es comprensible que se produzca un desajuste entre quienes viven en el cielo y el resto de los humanos. Cuando se viaja por las galaxias la distancia hace que la Tierra se vea lejana y, por supuesto, la fila del paro ni se divise. Recorrer España en el coche oficial consigue que la realidad se distorsione y se imaginen mundos que no existen. Te pasa como en la canción de mi infancia, que el chiquillo se encontró con un ciruelo cargadito de manzanas, tralará y empezó a tirarle piedras y caían avellanas, tralará… En fin que llevamos cuatro años oyendo contar mentiras, tralará… Lo único seguro es que la verdad es una intolerable mentira que apesta a fraude y a corrupción, que rezuma soberbia y lejanía del ciudadano corriente. Cuando se gobierna es fácil cometer errores y eso es perdonable, pero lo que resulta intolerable es la mentira y mucho más cuando es reiterada. Ese es un pecado de difícil absolución que hace que la confianza se pierda y el voto huya.  

El lunes se convocará las elecciones y, lo reconozca Rajoy o no, muchas cosas han cambiado. El reciente debate entre pablo Iglesias y Albert Rivera ha refrescado el ambiente viciado por los viejos usos de políticos tramposos que solo van a la tele a entrevistas o debates con preguntas pactadas. Por eso, ver en un bar de barrio a dos líderes políticos hablando de manera distendida de las cosas que nos preocupan, con la misma naturalidad que lo hacemos los demás, es tan infrecuente en una democracia enferma como la nuestra que ahí ha radicado su éxito. Quienes han descalificado el debate, pierden el tiempo.

La elevada audiencia de Salvados de Jordi Évole demuestra que la apuesta fue un acierto y lo fue, tanto para la cadena de televisión como beneficioso para los intereses electorales de los dos líderes participantes que ganaron puntos antes sus respectivos públicos. El exitoso formato utilizado, es decir, su sencillez, pone de manifiesto que la gente pasa de los tinglados encorsetados. Al fin y al cabo, todo el mundo detesta aburrirse y perder el tiempo. Un debate electoral no sólo debe ser habitual en democracia sino un medio para tratar de acercarse a los votantes. Veremos qué ocurre, pero ese es el camino. Pedro Sánchez, más próximo generacionalmente a los líderes de los partidos emergentes, está obligado a aceptar cualquier formato si no quiere quemarse antes de iniciar la campaña. La incógnita es qué va a hacer el Rajoy-candidato, ¿tendrá las agallas suficientes para aceptar un debate sin trampas? Ya veremos. De momento, es un alivio que esta horrenda legislatura concluya, aunque lo hace como empezó, con una gran farsa. Un gobierno que constitucionalmente tiene un mandato de 4 años, ha aprobado 5 presupuestos. Es tan sorprendente el hecho como falsas sus cifras, bien saben ellos que sus previsiones son humo para la campaña electoral. En definitiva, otra gran mentira que sumar. Ya saben que la nueva película de la guerra galáctica se titula “El regreso de la fuerza”. Como votantes la fuerza es nuestra y el futuro también. Nos queda la esperanza de poder derrotar a los soldados del imperio y a las fuerzas del lado oscuro, ¿o no?

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Hormigas y gigantes
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María Antonia San Felipe | 17-10-2015 | 9:26| 0

Una fila de hormigas atravesaba el sendero, la más pequeña, nada más asomar la cabeza para salir del refugio, vio un hombrachón con unas enormes zapatillas deportivas que aplastaba a sus compañeras de la primera línea. Debe ser ésta una tierra de gigantes, pensó la hormiguita. El caminante paseaba admirando el horizonte y, ajeno a la población de hormigas, tuvo la certeza de que hacía un día espléndido. La hormiguita suspiró contenta de no haber sido pisoteada por el gigante como sus compañeras de hormiguero.

¡Qué distintas parecen las cosas según el lugar desde el que se miren! Eso debía pensar Rajoy el otro día mientras, por la plaza Neptuno, desfilaban las tropas a sus pies el día de la Fiesta Nacional. Él, que vive feliz administrando su gigantesca mayoría absoluta, se sintió deprimido cuando en palacio Albert Rivera fue recibido a gritos de ¡presidente, presidente! Así son las cosas en este país, ayer fuiste gigante y de pronto te conviertes en hormiga y al revés. No es cosa de encantamientos de cuentos de hadas pero Rajoy con sus cospedales y sorayas debieran saber que ganar elecciones tiene que ver con “encantar” al electorado y, según las últimas encuestas, Rajoy tiene a los suyos “desencantados”. Aunque el señor presidente no tiene que olvidar que se cae a más velocidad de la que se sube. Él debiera saberlo por experiencia, porque la ley de la gravedad es evidente, sobre todo cuando te aproximas al suelo.

A estas alturas todos sabemos que la carrera hacia la Moncloa ha comenzado. Los estrategas andan revueltos mirando y remirando encuestas y tendencias, proyecciones de voto y de escaños que con el sistema electoral vigente puede dar sorpresas a unos y a otros. Claro está que el pánico donde mejor florece es en casa de los que más tienen. En el PP saben que cualquier descenso puede dejar a muchos de sus cuadros en la calle y el deterioro de la estructura de algunos partidos supone un riesgo para su funcionamiento. No olvidemos que el voluntariado altruista y generoso del que se nutrieron en otro tiempo, cuando ellos también parecían aire fresco, disminuye al tiempo que crece en los partidos nuevos porque generan una ilusión que se une al deseo mayoritario de la ciudadanía de transformar el sistema actual para regenerarlo de una larga enfermedad que ha terminado por devorarlo.

Las cosas han comenzado a cambiar incluso antes de las elecciones y ello ha sido obra de los propios ciudadanos que impulsan nuevas opciones o simplemente se alejan de las tradicionales. Todos aparentan confianza para retener al electorado fiel ya que en este país todo el mundo huye de lo que huele a derrota. Ahora el debate se centra en si habrá debate entre los líderes. Aunque, en realidad, la discusión se centra en saber si Rajoy será capaz de sorprendernos aceptando un careo sin trampas cuando lleva haciéndonoslas desde que llegó a Moncloa. El presidente confía en que el miedo guarde la viña, la suya, y que al final los votantes vuelvan a su redil y para eso va a fichar a los asesores de Cameron que salió de perdedor y arrasó en las últimas elecciones en el Reino Unido. El PSOE cree que los recortes salvajes unidos a la prepotencia de los líderes del PP y a la corrupción de personajes claves de su historia reciente, hayan hecho olvidar a los españoles sus propios errores y remonten por encima de las predicciones. Respecto a Podemos y Ciudadanos, cualquier resultado puede fortalecerles, especialmente a Rivera que está siendo presentado como el Suárez de la nueva transición. Aunque ahora lo importante es lo que hagamos los ciudadanos, que saldremos a votar  para decir a quién y qué queremos cambiar. Aunque lo haremos con las viejas reglas del sistema nuestro voto es siempre nuevo y puede ser tan eficaz y regenerador como queramos. Algunos todavía creen que somos hormigas pero nosotros sabemos que podemos ser gigantes.

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¡Viva Rato, abajo Platón!
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María Antonia San Felipe | 10-10-2015 | 12:45| 0

Dicen que, aplicando la ley Wert, han echado a Platón y a Aristóteles de las aulas al tiempo que Rodrigo Rato volvía al juzgado, este es el sino de los tiempos que vivimos. Pensar o enriquecerse, conocimiento o fortuna, esa es la cuestión.

El desprecio por la filosofía, ese complicado camino hacia la sabiduría, se ha convertido en ancestral en este país en el que pillos y sinvergüenzas ejercen más influencia que la buena gente que alberga en su cabeza más de dos dedos de frente. Los filósofos, los humanistas y, en general, los que cultivan el pensamiento más allá de la obtención de una rentabilidad económica o el utilitarismo práctico de la técnica son despreciados y no aparecen en la tele porque desentonan con doña Belén Esteban y toda esa variada fauna que practica tanto el desnudo integral de sus alcobas y amoríos como la exhibición de la plenitud de su ignorancia. Por eso la filosofía ha quedado relegada a ser obligatoria sólo en 1º de bachillerato, porque, seamos sinceros, ¿para qué narices sirve semejante asignatura aburrida y complicada?, ¿qué obtenemos del antiguo “pienso, luego existo”? o del “conócete a ti mismo”. Nadie va a darte un euro por ello, ¿no?, dicen los escépticos que se vuelven prácticos en cuanto intuyen la rentabilidad.

Así que mientras por la destructora de papel pasan socráticos y estoicos, platónicos y aristotélicos, Descartes y Kant, Hegel o Sartre, o sea, la historia del pensamiento occidental, ante el juez declara don Rodrigo, en otro tiempo, el Cid Campeador del milagro económico español y hoy villano de comedia y campeón de negocietes tan lucrativos que todavía obnubilan al público, aunque los que pasan por el calabozo sean otros. Al señorito Rodrigo de Rato y Figaredo sólo le han retirado el pasaporte, sus testaferros y secretarias, es decir, el servicio, duerme en el calabozo. Siempre hubo clases, esta es la reiterada lección de la universidad de la vida.

Según la leyenda urbana la filosofía no sólo es aburrida sino directamente un ladrillo insoportable y además, ¿para qué vamos a pensar?, con lo agotador que es. No nos rompamos la cabeza, en realidad nos pagan por obedecer, nos gratifican por ser rebaño, nos premian por ser obedientes y sólo te abres camino en este valle de lágrimas siendo sumiso a las órdenes de los que piensan por ti. En esto consiste el juego, por eso hay que erradicar de las aulas lo que te ayuda a pensar por ti mismo no vaya a ser que nos creamos libres: libres de exigir, libres de comparar sus sueldos y los nuestros, palacios con chabolas, empleo y subempleo, abundancia y miseria. Libres de preguntar en voz alta si es cierto que todos somos iguales ante la ley y concluir que la respuesta es: no. De imaginar cómo repartir la riqueza existente para que no haya un tercio de la población infantil en grave riesgo de pobreza o de reprochar la esclavitud que padecen quienes trabajan como en el siglo XIX para no poder vivir con la dignidad del XXI.

Aprender a pensar no ayuda sólo a encontrar respuestas sino a formular las preguntas correctas para desentrañar la madeja de la vida. Como, es de suponer, que los actuales jueces estudiaron algo de filosofía a lo mejor son capaces de preguntar al Cid Campeador de Bankia qué diferencia hay entre el Rodrigo Rato (político) y el Rodrigo Rato (empresario). Algunos tratan de diferenciar sutilmente a ambos pero yo, qué viví un tiempo en la caverna de Platón, me digo a mí misma: ¿a la presidencia del Fondo Monetario Internacional le llevó la política o su actividad laboral?, ¿a la cabeza de Bankia con qué padrinos políticos llegó?, ¿los supuestos sobornos o los presuntos fraudes los hizo de la mano de los amigos que cosechó en política o en su actividad empresarial familiar? Es decir, ¿la política enriqueció a Rato o Rato enriqueció la política? En fin, que a lo mejor me estoy haciendo un lío, aunque claro si, como dice Heráclito, “en los mismos ríos entramos y no entramos, [pues] somos y no somos [los mismos]”, ¿quién es Rodrigo Rato en realidad?

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Cenicienta
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María Antonia San Felipe | 03-10-2015 | 9:11| 0

Rodeados de seguidores, entre música, aplausos y cava festejaron su triunfo Artur Mas y sus socios. Grandes sonrisas adornaban los rostros aunque, en realidad, el escenario se movía bajo sus pies. Mientras Oriol Junqueras miraba hacia el horizonte en el que resplandecía una superluna y Romeva hablaba a la multitud, Artur Mas tuvo un pálpito que le hizo mostrar una sonrisa gélida con el regusto amargo de quien se sabe atrapado. Lo suyo es mucho peor que lo del cuento de Cenicienta, todavía no habían sonado las doce campanadas del baile cuando el encantamiento se deshizo. Los diputados de la CUP, cuyos votos son necesarios para conducir la carroza que le podría trasladar de nuevo al palacio de la plaza de san Jaume, anunciaron que no votarían a Artur Mas para presidente, con lo cual, antes de amanecer, se produjo el eclipse y él se descubrió abrazado a una gigantesca calabaza.

Los de la CUP son, según dicen, radicales antieuropeístas y anticapitalistas, pero se han mostrado más coherentes que Mas y sus socios. Según sus propias palabras, no piensan votar a un corrupto y recortador de derechos ni sumarse a una declaración unilateral de independencia simplemente porque no han superado el 50% de los votos del supuesto plebiscito. Así que ya vemos cómo las urnas han conseguido que las quimeras se conviertan en incertidumbres y los éxitos en derrotas. Dentro de nada y, si no, al tiempo, en las filas de Juntos por el Sí comenzará el fraccionamiento de las diversas tendencias y los diputados, que no pertenecen a un único partido, veremos a ver por dónde salen a la hora de elegir presidente.

Es evidente que Artur Mas apostó fuerte y a una carta y no parece que, pese al indiscutible triunfo electoral, el objetivo secesionista, el plebiscito que plantearon, se haya visto culminado por el éxito. Ante un órdago de estas características y tras esconderse en una lista electoral “ciudadana” como si no tuviera pasado político ni estuviera rodeado por episodios de corrupción, la coherencia personal debiera imponerse. Políticamente está muerto, aunque él no lo sepa. Mas ha perdido la apuesta y punto. Además ni ha sido el presidente de todos los catalanes ni está capacitado para unir la fractura social que sus políticas han propiciado. El problema es que ni en España ni en Cataluña, ni en Cataluña ni en España se practica la dimisión, lo único que podría redimir tan ampulosos errores. Parece que dimitir estuviera prohibido por la ley y ello es así porque imperan los caraduras y los vividores. Es buen ejemplo de lo contrario lo que, con singular elegancia, hizo el líder secesionista escocés Alex Salmond que dimitió inmediatamente de conocer el resultado negativo del referéndum por la independencia de Escocia y eso que él no cargaba a la espalda con tantas vergüenzas públicas.

Por su parte, Rajoy, que dirige un programa de humor desde la Moncloa, sigue empeñado en ilustrarnos de la complejidad del problema con la sesuda afirmación de que “un vaso es un vaso y un plato es un plato”, como si fuéramos idiotas y no supiéramos distinguir entre un elefante y un pollo o entre un tonto y un líder. En fin, que ahí sigue impertérrito, como si no hubiera pasado nada y aunque ya sabemos que un 48% no es un 50, ni mucho menos un 52%, sí sabemos que son más de 2 millones de personas y que a lo mejor ha llegado el momento de convencer, al menos a una parte importante, de que queremos que se queden en España antes que, tratando de conseguir votos en las elecciones generales, se propicie un incremento mayor del independentismo. Creo que Rajoy, criminalizando a Mas, es decir, victimizándolo y escondiéndose, negando su estruendoso fracaso en Cataluña, no va a mejorar su imagen  ni a reflotar su partido. Ya sabemos todos que un líder es un líder y un ciego es un ciego, aunque de momento, sumando al de España y al de Cataluña hemos conseguido tener dos invidentes.

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Buitres
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María Antonia San Felipe | 26-09-2015 | 9:11| 0

He leído que los buitres están en vías de extinción lo que me ha dejado entre sorprendida y estupefacta. Eso será en algunos sitios de África porque en otras zonas parece que se multiplican. De hecho yo diría que bandadas de buitres sobrevuelan nuestro cielo y en cuanto bajamos la guardia se lanzan sobre nosotros como lo que son.

Según los expertos, a lo largo de decenas de millones de años, los buitres se convirtieron en los limpiadores más eficaces del mundo natural. La elevada acidez de sus jugos gástricos les permite comer carne infectada sin caer enfermos, es decir, cuando se alimentan de carne contaminada y dejan limpio el cadáver, se erradica la amenaza de una infección más extendida. Ellos detectan al animal difunto en cuestión de minutos y una vez se abalanzan sobre la presa, aunque sea tan grande como un rinoceronte, la dejan limpia en cuestión de veinte minutos. Según los expertos antes lo hacían en cinco porque eran multitud. Por eso los entendidos en estos siniestros animales concluyen que si los buitres siguen desapareciendo los lugares que ahora habitan se convertirán en una fosa hedionda. Es decir, que hasta los malos, malísimos son necesarios para mantener el orden natural de las cosas. Escalofriante ¿no?

Los buitres que planean sobre nuestras cabezas me han hecho preguntarme si ocurre en la sociedad igual que en la naturaleza. Así que, de pronto, he recordado que a comienzos del siglo XVIII, Bernard de Mandeville escribió “La fábula de las abejas, o cómo los vicios privados hacen la prosperidad pública”. El autor comparaba la sociedad con una colmena en perfecto orden, en el que los tunantes protestaban de la corrupción ajena exclamando: ¡Dios mío, si tuviéramos un poco de honradez! Los dioses decidieron intervenir. Erradicaron toda clase de vicio y ocurrió que el rearme moral de la nueva sociedad trajo el fin de la antigua y próspera sociedad. Así expresó, en clarificadores versos, la utilidad de la pervivencia de los bribones para beneficio de la sociedad:

Dejad, pues, de quejaros: sólo los tontos se esfuerzan

por hacer de un gran panal un panal honrado (…)

Fraude, lujo y orgullo deben vivir

mientras disfrutemos de sus beneficios.

Cabe preguntarse, ¿estamos ante una apología de la inmoralidad pública o ante una descripción de la realidad social? Yo creo que las miserias de la humanidad son lo único que parece eterno. Volvamos al cielo poblado de buitres y veremos que los rapaces  perviven confraternizando con nosotros e incluso escalando a lo más alto de la pirámide social.

Estos días los más altos directivos de la empresa alemana Volskwagen acaban de reconocer que trucaron más de 11 millones de coches para burlar los límites legales de las emisiones de gases tóxicos. El presidente de la compañía pide perdón (que es barato), alega ignorancia y promete propósito de la enmienda (hasta el próximo fraude). El escándalo del engaño ha sido tal que al final alguien paga siendo relevado del puesto (se van con el riñón cubierto). También habrá multas y sanciones de los Estados Unidos y Alemania para salvar la cara. Para los gobiernos guardar las apariencias y no parecer cómplices es importante. En otro lugar los griegos han votado y Alexis Tsipras ha vuelto a ganar las elecciones bajo la mirada contrariada de los dirigentes de la Unión Europea. Pues, a buen seguro, que pronto veremos más buitres sobrevolando Grecia que sobre la sede central de Volskwagen en Alemania. En la naturaleza como en la sociedad sólo los buitres sobreviven, al resto nos devoran.

 

 

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.