La Rioja
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Autor: Kavafis
Hipocresía
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María Antonia San Felipe | 10-06-2017 | 9:00| 0

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Que el objetivo de los terroristas y asesinos del autodenominado Estado Islámico es desestabilizar Europa y propiciar un clima de enfrentamiento social mediante el terror no es a estas alturas ningún secreto. Tampoco lo es que los atentados de Manchester y del puente de Londres han vuelto a hacer brotar la semilla del miedo que germina entre los ciudadanos europeos tras el extremo dolor que dejan los atentados. Lo normal, lo humano, lo comprensible es que ese temor anide en muchos ciudadanos que observan cómo, desde el enorme desprecio por la vida, se puede asustar a millones de personas. Conseguir un cuchillo y una furgoneta es sencillo, no hacen falta grandes infraestructuras, ni siquiera una pistola, solo fanatismo, dogmatismo y odio. Esos son los ingredientes que inoculan los dirigentes del DAESH.


Conociendo los fines del grupo criminal los gobernantes deben actuar desde la inteligencia y no desde la rabia, como estadistas: mirando al futuro y no a las urnas. Que los ciudadanos estemos espantados y estremecidos no es extraño pero todos esperamos que quienes administran los medios de protección y seguridad colectiva, estén a la altura de las circunstancias incluso reconociendo errores y no escondiéndose en su negligencia. Los británicos han sufrido en plena campaña electoral dos golpes durísimos y la reacción de la primera ministra Teresa May la ha puesto en entredicho. Cuando se publique este artículo ya sabremos la opinión de los ingleses de su gestión de la crisis, habiendo sido la ministra del Interior que durante seis años recortó medios humanos (20.000 policías menos) y materiales de las fuerzas de seguridad y de inteligencia británicas, tan eficaces en otros tiempos.


May sabe que la fuerza del Estado Islámico en Europa la componen radicales que se transfiguran en terroristas suicidas por todo el planeta ampliando sus redes de actuación y aparentando ser una organización muy eficaz, aunque sea más débil de lo que aparenta. Por eso, las últimas declaraciones de Teresa May antes de las elecciones son una improvisación. Quien tiene decidido inmolarse no tiene miedo a las leyes vigentes ni a las futuras, se mueve por su propia irracionalidad. Debiera ser más cauta y más sincera con sus conciudadanos, aunque no ha sido capaz ni siquiera de defender al alcalde de Londres. Sorprende que en el centro de este miedo apareciera el patán que faltaba: Donald Trump. En unas patéticas declaraciones criticó al alcalde de Londres, el laborista Sadiq Khan, por pedir a sus conciudadanos que mantuvieran la calma. Trump afirmó que era hora de “dejar de ser políticamente correctos”. Ya sabemos que él es incorrecto por naturaleza pero no se puede jugar alegremente con el temor ajeno.


El lunes siguiente al atentado, Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Bahréin, Egipto y Yemen rompieron sus relaciones con Qatar por su presunto “apoyo a varios grupos terroristas” que pretenden desestabilizar la región, en referencia al DAESH. Desde Qatar se considera injustificada la medida. Según Trump, él es el inspirador de la misma. La verdad es que debiéramos reflexionar sobre esta aparente buena noticia. Muchos expertos en Oriente Medio advierten que esta presión sobre Qatar obedece a una cuestión geoestratégica de Arabia Saudí, tradicionalmente hegemónica en la región en su disputa con Irán. Es decir, hay otros intereses que no son la lucha contra el terrorismo puesto que desde muchos medios occidentales se acusa a Arabia Saudí de financiar la difusión del extremismo islámico en el mundo. Sin olvidar, que Trump acaba de cerrar con Riad un acuerdo de venta de armas por más de 100.000 millones de dólares y que EEUU tiene en Qatar la base militar más grande del Medio Oriente con más de 11.000 soldados. Todo muy contradictorio. Es decir, señor  Trump a lo mejor para luchar contra el terrorismo hay que dejarse de bravuconadas y ser menos hipócritas y más eficaces. Alguien debe extender la inteligencia más allá de sus propias narices.

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¡Viva el circo!
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María Antonia San Felipe | 03-06-2017 | 8:50| 0

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¡Me encanta!, lo reconozco. Por fin, en España va a ocurrir algo extraordinario: va a haber circo y todos los españoles tenemos entrada reservada para la función. ¡Qué vergüenza y cuánta hipocresía! Argumentan los portavoces del PP que el hecho de que los magistrados de la Audiencia Nacional hayan decidido que Mariano Rajoy acuda en persona a declarar como testigo por el caso Gürtel y la financiación irregular del PP es “una rareza” con el fin de montar un “circo mediático”. Entiendo que les moleste ver a Rajoy rodeado de los acusados en el prolongado y presunto latrocinio de las arcas públicas pero debieran procurar no reírse de nosotros en nuestras propias narices.
           Por primera vez desde la restauración democrática un presidente de gobierno, en ejercicio, va a tener que acudir a declarar ante los jueces por la financiación irregular del partido con el que llegó al gobierno en la época en la que él era el Secretario General de la cosa y por tanto el encargado de la maquinaria interna. Es decir que el circo, el inmenso circo de muchas pistas, está instalado desde hace años por los territorios del suelo patrio y ellos han sido quienes se han ocupado de montar las carpas, fichar a los artistas y poner en cartelera el denigrante espectáculo que contemplamos cada día.
           Llevan tiempo mareando la perdiz con el presidente escondido en el silencio o detrás de sus portavoces. Tiene pánico escénico a dar la cara porque su partido y él, según los propios jueces, se han negado a realizar declaración alguna en las instancias judiciales. Nunca sabremos todos los detalles de tan abultado episodio de corrupción pero, al menos, los jueces han decidido darle al pueblo, indignado y harto, una pequeña satisfacción. De esto se trata cuando hay circo, de sonreír con el espectáculo.
           Aunque claro, la función es permanente a poco que observemos el panorama. Mientras nos distraen con cualquier minucia, el gobierno continúa haciendo de las suyas. Ahora están tomando las medidas oportunas para que ni jueces ni fiscales les den ningún disgusto con la investigación de las causas por corrupción que les afectan directamente. Mariano Rajoy quiere tranquilidad. Veamos, Concepción Espejel, fue apartada por sus propios compañeros del caso Gürtel, al igual que Enrique López. Fueron recusados por su manifiesta proximidad al PP y ahora ella es la nueva presidenta de la sala de lo Penal de la Audiencia Nacional y López el flamante titular de la nueva plaza de la Sala de Apelaciones de dicha Audiencia. Es decir, están colocando a sus cancerberos para protegerse y utilizar la justicia en su propio beneficio.
           Del fiscal General del Estado, José Manuel Maza, es ya público que ha maniobrado para auxiliar a altos cargos políticos acusados de corruptelas y por supuesto para el fiscal Anticorrupción, Manuel Moix ya no tengo palabras: el zorro custodiando el gallinero. En el centro de la pista del supercirco judicial que nos ha montado el ministro/malabarista del ramo, Rafael Catalá, apareció de pronto un trapecista dando saltos mortales sobre un pastel gigante de merengue (ya me entienden), era el fiscal Moix que, además de mucha cara, tiene una sociedad en el paraíso fiscal de Panamá y nos ha contado un montón de mentiras. El triple salto mortal debiera llevarse por delante no solo a Moix, que ha caído por el peso de la vergüenza encima del merengue, sino también a quien propició su nombramiento, el ministro de Justicia y a quien lo nombró, el fiscal General del Estado. Las declaraciones del fiscal Maza anuncian que el espectáculo por el control de la justicia por parte del gobierno continúa.
           El presidente del tribunal, Ángel Hurtado, que ha votado contra la comparecencia personal de Rajoy,  dice que “su declaración ni es pertinente ni es necesaria, y además puede ser absolutamente perturbadora”. Lo que resulta terriblemente perturbador es este circo para tratar de impedir que la justicia haga su trabajo mientras se protege la impunidad por interés político. Rajoy que es el jefe del circo sigue escondido, pero ya saben: o cerramos el circo o !viva el circo!

moix

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Tiempo de humildad
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María Antonia San Felipe | 27-05-2017 | 8:24| 0

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La humildad es una virtud que se invoca mucho y se practica poco. En política debiera ser práctica habitual pero pasa como con el sentido común, que escasea. Por eso, tras el proceso de primarias que ha vivido el PSOE muchos deben estar haciéndose preguntas en torno al uso de tan escaso bien. Algunos han cometido errores evidentes por no querer ver la realidad. Puede afirmarse, sin margen de error, que los modos con los que Sánchez fue obligado a dimitir marcarían la carrera hacia la secretaría general de un PSOE malherido si los contendientes eran los dos protagonistas del enfrentamiento fratricida. Creo que hubiera habido menos tensión interna y más debate ideológico con otros candidatos, pero en el duelo Susana/Sánchez las posibilidades de que los militantes se decantaran a favor de quien había sido victimizado cotizaban al alza.
          La grandeza de la democracia radica en el voto secreto y por eso Susana y los suyos debieron haber solicitado el voto desde la humildad y no suponiéndose dueños de la victoria. El trago para Díaz ha sido amargo y no lo ha disimulado. El sabor a hiel  es más agudo porque su único sustento programático era que ella ganaba en Andalucía y el mundo, ya se sabe, se rinde a los ganadores. Nadie quiere perder ni siquiera al mus pero ya ven lo que son las cosas, el destino le ha regalado una derrota que no esperaba. Díaz ha encajado un duro revés en su propia casa, la de un PSOE malherido, dividido y sustentado por una militancia enfadada. Se ha equivocado y ahora le toca reflexionar y aprender. ¿Qué habría sido de Susana si en vez de exhibir apoyos de notables hubiera mostrado un variado catálogo de ideas y propuestas que relanzasen el proyecto socialdemócrata en España mirando a Europa? Nunca lo sabremos. Ahora que Susana Díaz ha sido derrotada deberá, desde la humildad, demostrar que también sabe perder, es la única manera que tiene de demostrar la talla política que aparenta.
          A Pedro Sánchez, indiscutible ganador, hay que desearle además de suerte, aciertos. De estos últimos depende no solo su futuro sino el del PSOE. Es cierto que el Sánchez que ha ganado estas primarias no es ni la sombra del que ganó las anteriores. En su mochila, además de dos derrotas electorales, acumula una mochila repleta de decepciones así que hay que suponer que es un líder mucho más experimentado que el primero. Debe enderezar un partido roto y está obligado a sofocar tanta tensión, innecesaria en muchos casos, como se ha acumulado en esta interminable campaña. Es de suponer que ya ha bebido enormes dosis de humildad al quedarse fuera de la política institucional y lejos de quienes le adularon en otros tiempos tras dimitir como diputado. Este también es un bagaje del que puede extraer lecciones, la sabiduría es solo el resultado de la experiencia.
          Seguramente muchos le piden una amplia dosis de venganza interna pero no debe escuchar eso cantos de sirena, pues como en Juego de Tronos: la noche es oscura y alberga horrores. Unidos se vencen mejor los obstáculos y son muchos los que hay que sortear para lograrlo. Sánchez consolidará su liderazgo si aprovecha esta nueva oportunidad para enmendar sus errores del pasado. En vez de dedicarse a las purgas y a venganzas internas sería interesante que se dedicara a mirar hacia afuera. Hay muchos votantes, antes fieles al PSOE y ahora huérfanos o votando a otros partidos, que están dispuestos a volver si ven un partido fuerte, unido y con ideas claras. Muchos esperan que se recuperen las esencias de la socialdemocracia pero no en una vuelta al pasado, sino comprendiendo la evolución de los tiempos en que vivimos y los nuevos retos a los que nos enfrentamos. Las nuevas generaciones tienen otra forma de ver la vida pero comparten con sus mayores algunos principios básicos, como, combatir la desigualdad o profundizar en la democracia y frenar la dictadura económica de la burocracia europea. Es tiempo de humildad y de autocrítica. Es necesario que la fraternidad destierre los insultos, las ideas sepulten los errores y la esperanza regrese al territorio baldío de la izquierda española. El tiempo lo dirá.

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Lágrimas en la lluvia
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María Antonia San Felipe | 20-05-2017 | 11:47| 0

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Hubo un tiempo en que creímos, con inocencia de novatos en democracia, que la división de poderes era esencial. Pasado el tiempo sufrimos una profunda desilusión. Nada es como parece y mucho menos, como debiera. Estoy hablando de la justicia esa balanza independiente que equilibra los poderes y que se administra en nombre del pueblo. En España más bien parece que se imparte tomándonos por los tontos del pueblo. ¡Qué espectáculo, señores! Todo tiene tintes de tragicomedia.          

          El ministro de Justicia, el Fiscal General del Estado y el Fiscal Anticorrupción acaban de ser reprobados por el Parlamento pero no va a pasar nada. Son fuegos artificiales, una regañina sin importancia ya que hace tiempo que lo importante dejó de importar a nadie. El Fiscal General, José Manuel Maza ya ha declarado que no le incomoda ser reprobado, al fin y al cabo, ¿quiénes son los diputados si él es nombrado a propuesta del Gobierno? Tampoco él se arrepiente de haber nombrado un Fiscal Anticorrupción, Manuel Moix, que cuida y protege a los acusados de corrupción en el caso Lezo. Todo muy ejemplar en este merduquero en que han convertido la justicia.
           Y por supuesto, a Rafael Catalá, el deslenguado ministro de Justicia no lo va a cesar Rajoy que, por cierto, nunca pensó que gobernando en minoría tuviera tanta paz. Al fin y al cabo solo es una pirueta de una oposición dividida que patalea de cuando en cuando pero no es capaz de oponer una alternativa que limpie las cloacas del sistema. Es lo que hay señores, así que paciencia y a seguir tragando cada mañana una mentira nueva y cada tarde una rectificación o una chulería sin propósito de enmienda.
          Nos cuentan que quieren acabar con la corrupción pero no notamos ningún cambio ni de actitudes, ni de palabras, ni de hechos. Rajoy tiene que declarar como testigo por el caso Gürtel y si tan grande es su deseo de limpiar el vertedero que rodea la corrupción en torno a sus campañas electorales tendría que personarse a pecho descubierto en la Audiencia Nacional y contar toda la verdad y nada más que la verdad. Claro que si lo hace todos sabemos que el precio es alto: la dimisión irrevocable.
Nada de esto va a ocurrir porque la valiente elección del presidente Rajoy va a ser declarar a través de televisión, es decir, abusando de privilegios, como siempre. Está blindado y protegido y nadie a su alrededor advierte que debiera está rojo de vergüenza. Claro que Rajoy mirará a su colega presidencial, Donald Trump y pensará que no solo él tiene líos irresolubles. Ahí está el presidente norteamericano, rodeado de escándalos a cada cual más llamativo.
          El New York Times acaba de publicar que Trump le pidió a Comey, al que fulminantemente cesó como director del FBI, en un encuentro en el Despacho Oval de la Casa Blanca,  que “se olvidara” de la investigación a Flynn.  Es decir, que paralizara las pesquisas sobre la relación del entonces consejero de Seguridad Nacional, Mike Flynn, con el Gobierno ruso. La prensa americana cita las propias notas de Comey tras la reunión. De ser así, Trump podría ser acusado de obstrucción a la Justicia, ya que las notas de un agente del FBI tienen valor legal como prueba en un juicio. Un nuevo Watergate está naciendo. Cuentan que Rajoy ya le ha enviado un telegrama a Trump diciéndole: -Donald, sé fuerte. Haz como yo. Quédate quieto y no te verán.
          En fin, que el poder solo sueña con burlar a la justicia y a nosotros. Cuanto más nos engañan a los de a pie, menos les incomodamos. Cuanto más silencio guardemos más fuertes serán quienes lo ostentan y más débil será la justicia. Si algún día las generaciones venideras consiguen perfeccionar esta democracia maltrecha, podremos contarles, igual que el replicante Roy Batty en la película Blade Runner: – Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Para añadir: -He visto amordazar a la justicia mientras se escuchaba un atronador silencio. Y nunca pasó nada, todo se perdió en el tiempo como lágrimas en la lluvia.

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Mirar y ver
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María Antonia San Felipe | 13-05-2017 | 8:00| 0

Que mirar y ver no son la misma cosa es algo que sabemos pero que olvidamos con demasiada frecuencia. En Francia se ha frenado a la ultraderecha de Le Pen pero el germen sigue intacto ya que sus principales apoyos han sido cosechados entre la clase obrera que se siente abandonada por sus representantes tradicionales.
           El estrepitoso fracaso del Partido Socialista ha sido tan importante que no es posible predecir sus consecuencias. Habrá que ver si en el escaso tiempo que resta para las elecciones legislativas de junio puede reorganizar a los supervivientes. En Inglaterra, que está ya en campaña electoral, el Partido Laborista puede cosechar desastrosos resultados. No podemos olvidar que tanto Benoît Hamon como Jeremy Corbyn fueron elegidos en las primarias correspondientes y que ambos levantaron grandes pasiones frente a sus rivales pero no ocurrió lo mismo entre sus votantes. Ello indica que no sólo los dirigentes de ambos partidos, sino también sus militantes han caminado por senderos divergentes a sus potenciales votantes. En el caso francés (6,3%) el abismo que se ha abierto bajo sus pies produce el vértigo de un desmoronamiento.
           En España el PSOE está entregado a su propia batalla y sería conveniente que todo el partido (dirigentes, candidatos y afiliados) reflexionasen sobre el proceso en el que están participando. Si miran bien lo que ha ocurrido en el país vecino debieran poner las barbas a remojar. El ambiente en que se está celebrando la campaña electoral interna es de una crudeza extrema, la tensión se vislumbra de arriba abajo y de abajo arriba. No es de extrañar, pues el proceso de primarias nace de un Comité Federal cainita que ha dejado heridas sangrando y mucho resquemor entre la militancia que se siente manejada e incomprendida. Los dos candidatos que han obtenido más avales de la militancia, Susana Díaz y Pedro Sánchez, esgrimen sus razones legítimas pero las afrentas previas que ambos acumulan hacían aconsejable que no fueran los protagonistas de esta carrera en la que el PSOE se juega su supervivencia.
           Susana Díaz esgrime a su favor la fuerza que le da ser la presidenta de Andalucía y representar a la mayor federación socialista, aunque no sea secundada por todos. Cree que puede ganar, tiene apoyos notables y se ha educado en la organización interna del PSOE para llegar a lo más alto. La distribución geográfica de sus avales ha puesto de manifiesto que Sánchez gana en 11 federaciones y Susana en 6. Es decir, que tiene un nivel de rechazo que, quizás, no esperaba.
           Pedro Sánchez se queja de que Díaz tiene a su favor al aparato del partido y, sin duda, sabe de lo que habla porque él lo controló con mano de hierro a través de César Luena. Él ya ha concurrido dos veces a las elecciones con exiguos resultados. Sin embargo, lo sucedido en el Comité Federal del 1 de octubre pasado le ha dado una fuerza de la que carecía tras su segunda derrota electoral. Fue victimizado ante todo el país en una reunión muy poco edificante, lo que significa que del infierno puede pasar al cielo del poder interno. Pedro Sánchez tiene posibilidades de ganar, más de las que creían sus enemigos e incluso sus amigos que se pasaron a la candidatura de Patxi López que, hoy por hoy, tiene menguadas posibilidades.
           Quedan todavía muchos militantes socialistas sin candidato claro, que hubieran preferido otros rostros y más ideas que cuchillos para ganar sus voluntades. Todo es muy incierto, puede ocurrir que quien gane las primarias obtenga su último éxito. Si no se pone en juego algo más que pelea interna, si no se produce una profunda regeneración ideológica que abandone la complicidad con las políticas aceptadas por el PSOE en el año 2010, si no hay un proyecto sincero que devuelva la confianza a los votantes maltratados y excluidos, a los que se lleva tiempo dando la espalda, ese partido ganador, que todos dicen querer, puede convertirse en un partido con más ambiciones que líderes y con más historia que futuro.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.