La Rioja
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Autor: Kavafis
Tiempo de insolencia
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María Antonia San Felipe | 01-07-2017 | 10:11| 0

barcenas-2Dicen que no nos acordamos de los bosques hasta que se queman, con la corrupción nos pasa lo mismo, hasta que no han ardido las entrañas del sistema no nos hemos dado por enterados del barrizal en el que vivíamos. A lo mejor nuestra curiosidad evitaba saber la verdad y ahora somos conscientes de que, gracias a ese inmenso océano de indiferencia en el que nos movimos la ciudadanía, algunos fueron haciendo de su capa un sayo, forrándose a nuestra costa con la colaboración de nuestra indiferencia.

Esta semana, el prototipo de millonario que ha amasado una inmensa fortuna a la sombra del PP, Luis Bárcenas, ha comparecido ante una comisión de investigación del Congreso con la chulería propia de quien nada teme. En realidad, Luis Bárcenas lleva mucho tiempo cabalgando sobre la impunidad. Como le recomendó Mariano Rajoy, ha aprendido a ser fuerte porque nuestro sistema es débil y nuestra memoria frágil. Su fortaleza hunde sus pilares en la certeza de que el miedo en el cuerpo que recorrió a la cúpula del PP ha convertido en gatitos a quienes, insultándolo como si jamás lo hubieran conocido, aparentaban no ser cómplices necesarios y beneficiados últimos de sus aparentes tropelías. Ganaron las elecciones; Rajoy, resiste y el miedo quedó enterrado entre la basura.

Así que en el Congreso no es que hubiera reparto de papeles, simplemente hubo coincidencia en la táctica y en la estrategia entre el que tenía que dar explicaciones, Luis Bárcenas y quien debía ser el más interesado en exigírselas, el PP, si fuera verdad todo lo que nos han dicho hasta la fecha. En este clima de connivencia entre compañeros de organización tanto Luis Bárcenas como los portavoces del PP se escondieron tras el silencio respecto a la financiación ilegal de su partido, las comisiones, los sobresueldos en cajas de puros de los ministros y otras miserias conocidas. El espectáculo no es que fuera indignante, fue directamente insultante. Bárcenas se instaló en el mutismo pero, más allá de su estrategia judicial, su silencio gritaba por sí solo acompañado de gestos de desprecio. El mensaje era sencillo:
           -¡Pobres diablos! A mí no me acongojan estos ilusos.

Claro que no, sabíamos que era un sinvergüenza ahora comprobamos que también es un perdonavidas que se sorprende de que alguien ponga en tela de juicio sus andanzas por las cloacas del sistema para forrarse. Por su parte, el portavoz del PP, enardecido por el silencio de su antiguo correligionario, en vez de emplear la dureza que tan indecente asunto requiere, se lanzó a contar lo bien que va España. Viento en popa a toda vela, gracias al PP. El silencio de Bárcenas alentaba vientos de propaganda para evitar irritar al compareciente no fuera a soltar alguna pedrada sobre el frágil tejado del presidente Rajoy, el verdadero jefe al que todos sirven y protegen.

           No hay que ser un lince para deducir cuánto mejor estaría este país si todo el dinero desviado de las arcas públicas y toda la variedad de sinvergonzadas que hemos soportado hubiera financiado la economía social y los servicios públicos. Los silencios del PP y de su extesorero iluminan la certeza de un pacto tan obsceno y degradante para quienes lo han aceptado que nos muestra, de forma descarnada e hiriente, una España que debe ser enterrada para siempre.

           Esta semana en el Congreso, el mismo lugar en el que Bárcenas se rió de la soberanía popular, se ha celebrado el 40 aniversario de las primeras elecciones democráticas tras la dictadura franquista. España ha cambiado mucho pero ya no podemos permitir que quienes se han hecho fuertes en las trincheras de la corrupción y quienes los encubren, sigan minando una democracia todavía vulnerable. Hay que poner fin al tiempo de la insolencia mandando al infierno la chulería del insolente y de quienes lo protegen para salvarse.

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Un tiempo que ya no existe
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María Antonia San Felipe | 24-06-2017 | 8:52| 0

pedro-sanzEsta es la crónica de un tiempo que ya no existe. Puede que movida por la nostalgia decidiera asistir, el 15 de junio, al pleno del Parlamento de La Rioja en el que se sustanciaba la reprobación del que durante veinte años fuera el omnipresente presidente de La Rioja, Pedro Sanz. Es sabido que esa desaprobación parlamentaria solo es una especie de reprimenda sin efectos jurídicos pero, indudablemente, no fue un buen día para un hombre acostumbrado a mover personalmente todos los hilos políticos de esta región. Pedro Sanz no tuvo la valentía de escuchar la censura sobre su chalet ilegal o la financiación de la sede del PP, por parte de los grupos parlamentarios a través de una propuesta materializada por Podemos y votada, en la parte de la reprobación, por Ciudadanos y el PSOE. Por eso, Pedro Sanz, popularmente llamado Pedrone, abandonó el hemiciclo huyendo de las palabras como quien huye del incendio que lo devora y que ya no puede controlar pese a haber ostentado el poder absoluto en esta región.
          Así que, el mismo día en que se cumplían los cuarenta años de que los españoles votaran las cortes constituyentes de 1977, mientras el popular Pedrone huía por la puerta trasera del hemiciclo, yo llegué a él para recordar otra fecha del pasado. El 7 de diciembre del año 2000, día en que se celebraban los actos del día de la Constitución, se recibía en el parlamento riojano al ministro Ángel Acebes, el mismo que esta semana ha prestado declaración en el juzgado por el sumario sobre corrupción del caso Gürtel, ya ven ustedes las vueltas que da la vida. Acebes llegó precedido por el presidente Sanz que, con su habitual falta de educación, se negó a saludar a quienes no le gustaban. Entre los castigados por su rencor estaba quien esto escribe.
          Sanz, en los momentos álgidos de una gloria que él creía eterna, ideó la ejecución de una venganza parlamentaria para reprobar a la diputada que denunciaba la adjudicación de importantes contratos de la Consejería de Salud a una empresa de la que era accionista el propio consejero. Hoy hubiera sido un escándalo de primera magnitud por el clima de crispación que produce la corrupción política pero, en ese tiempo que ya no existe, era posible darle la vuelta a la tortilla. A nadie le importaba, así que en vez de cesar al Consejero, se pidió la reprobación de esta columnista, entonces diputada socialista.
Para poder “censurar” a la parlamentaria que denunciaba irregularidades de su gobierno, Pedro Sanz, con su larga mano, consiguió que sus compañeros al frente del Parlamento forzaran el Reglamento y se admitiera una propuesta que no tenía precedentes. Digo forzando el Reglamento e incluso el sentido común, porque lo natural en un parlamento que tiene entre sus funciones la de controlar al gobierno, era reprobar al Consejero que adjudicaba obras de forma irregular y no a quien, lo denunciaba.
          En este nuevo tiempo, diecisiete años después, ese precedente parlamentario que promovió mi reprobación, aunque nunca llegó a efecto, es el que ha permitido tramitar el tirón de orejas a Pedrone. Casi siempre el pasado regresa, a veces, en forma de venganza y otras, de reparación del daño producido. Es lo que tienen los caprichos del tiempo.
          He aprendido que hoy nadie hubiera aplaudido ni consentido, como se hizo entonces, la salida de tono de Pedro Sanz pero es que el tiempo de la política no es el tiempo de la historia. De las risas del cortoplazo pasamos a la perspectiva que da el transcurrir del tiempo, se ve con más claridad la realidad y con más crudeza los hechos. Por eso, esta crónica es la de un tiempo que ya no existe aunque quienes quedaron seducidos por la telaraña del poder crean que siguen siendo el centro del universo. En el pasado, hasta los dinosaurios perecieron y, aunque sonreímos al recordarlos, ya no nos alcanzan ni aun en los sueños.

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Tiempo de decepción
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María Antonia San Felipe | 17-06-2017 | 8:33| 0

rajoy-y-granadosEn la vida cuando una puerta se cierra, otra se abre. Al tiempo que concluía la votación de moción de censura de Podemos contra Mariano Rajoy, se cerraba la puerta del Congreso y se abría la puerta de la prisión de Estremera para que Francisco Granados, presunto cabecilla de la trama Púnica, pudiera respirar al aire libre tras depositar una fianza de 400.000 euros. ¡Qué cosas tiene la vida! Ha podido Granados comprobar de primera mano el buen estado de las obras de la cárcel que él mismo inauguró en julio del año 2008, cuando era consejero de Justicia de la Comunidad de Madrid. Como conoce la administración y sus recovecos podrá ejercer de Defensor del Preso y encauzar las reivindicaciones de los reclusos, sus nuevos compañeros.
           Granados no es el único, muchos antiguos altos cargos del PP siguieron desde las diferentes cárceles el debate parlamentario, en otros tiempos lo hubieran visto desde el propio hemiciclo o en lugares preferentes. Hoy lo hacen desde la sala de televisión de Soto del Real, Alcalá de Henares, Estremera y otros lugares de retiro carcelario. Hace mucho calor pero ellos han sentido el frío y la sonrisa hipócrita de sus excompañeros cuyas campañas electorales contribuyeron a financiar, al tiempo que se enriquecían. Unos negocios muy convenientes para todos.
           En la parte glamurosa y fingidora del actual PP se dice que Mariano Rajoy, rodeado de basura por todas partes, ha ganado el debate y ha salido reforzado como si de un d’Artagnan parlamentario se tratara y Rafael Hernando, fuera su fiel mosquetero. Dice Rajoy, desde la soberbia, que se ha vencido a los radicales y extremistas pero a los españoles, a los que se les han mostrado los pañales sucios de quienes nos gobiernan, hubieran preferido que él hubiera sido un poco más radical contra las comisiones ilegales que financiaban su partido. Puede que la corrupción siga sin castigarles electoralmente pero estar inmersos en ella es un lastre muy difícil de superar porque cada día hay un escándalo que no tapa el anterior sino que lo aumenta. Mariano Rajoy exhibe éxitos económicos pero esos pequeños avances ni pueden ni deben ocultar tanta corrupción como niegan creyendo que todo el mundo es además de ciego, tonto.
           En el otro lado, el líder de Podemos, Pablo Iglesias, necesitaba darse una pátina institucional que hasta ahora había evitado, pese a los consejos de Errejón y otros compañeros. Ha mostrado otra cara, va comprendiendo que mantener un clima de tensión en la calle no es tan fácil como parecía y como otros partidos ya saben. En Podemos ha surgido con fuerza otra prometedora parlamentaria, Irene Montero, que por superar ha superado hasta las menciones machistas del bocazas de Rafael Hernando. El PSOE ha estrenado portavoz y tras el intercambio de reproches, lógico, de que podía haber otro gobierno en España si Podemos hubiera optado por abstenerse en la investidura de Pedro Sánchez, parece haberse inaugurado un nuevo clima de relaciones parlamentarias y políticas que solo el tiempo marcará en su recorrido.
           Ciudadanos y su líder, Albert Rivera, han sido más duros incluso que el PP contra Iglesias, es la única forma que tienen de sustraer votos al partido de Rajoy y de tratar de esconder que son el aire que respira su gobierno.
           Realmente el debate no ha dado para más puesto que no había grandes expectativas ante un instrumento parlamentario cuyo fracaso se conocía de antemano. Es innegable que en la ciudadanía queda un regusto de decepción porque hoy en España todo sigue igual que ayer. Da un poco de melancolía que pueda hablarse de ganadores y perdedores de un debate en medio de este basurero que tiene un notable administrador.
           Queda por saber, ahora que la sesión ha terminado, que opinarán Jaume Matas, Rodrigo Rato, Ignacio González, Francisco Granados, Francisco Correa y los más de 800 imputados del PP sobre el desparpajo parlamentario de su presidente al que, en otro tiempo, con tanta pasión sirvieron y, algunos, todavía sirven.

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Hipocresía
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María Antonia San Felipe | 10-06-2017 | 9:00| 0

may-y-trump
Que el objetivo de los terroristas y asesinos del autodenominado Estado Islámico es desestabilizar Europa y propiciar un clima de enfrentamiento social mediante el terror no es a estas alturas ningún secreto. Tampoco lo es que los atentados de Manchester y del puente de Londres han vuelto a hacer brotar la semilla del miedo que germina entre los ciudadanos europeos tras el extremo dolor que dejan los atentados. Lo normal, lo humano, lo comprensible es que ese temor anide en muchos ciudadanos que observan cómo, desde el enorme desprecio por la vida, se puede asustar a millones de personas. Conseguir un cuchillo y una furgoneta es sencillo, no hacen falta grandes infraestructuras, ni siquiera una pistola, solo fanatismo, dogmatismo y odio. Esos son los ingredientes que inoculan los dirigentes del DAESH.


Conociendo los fines del grupo criminal los gobernantes deben actuar desde la inteligencia y no desde la rabia, como estadistas: mirando al futuro y no a las urnas. Que los ciudadanos estemos espantados y estremecidos no es extraño pero todos esperamos que quienes administran los medios de protección y seguridad colectiva, estén a la altura de las circunstancias incluso reconociendo errores y no escondiéndose en su negligencia. Los británicos han sufrido en plena campaña electoral dos golpes durísimos y la reacción de la primera ministra Teresa May la ha puesto en entredicho. Cuando se publique este artículo ya sabremos la opinión de los ingleses de su gestión de la crisis, habiendo sido la ministra del Interior que durante seis años recortó medios humanos (20.000 policías menos) y materiales de las fuerzas de seguridad y de inteligencia británicas, tan eficaces en otros tiempos.


May sabe que la fuerza del Estado Islámico en Europa la componen radicales que se transfiguran en terroristas suicidas por todo el planeta ampliando sus redes de actuación y aparentando ser una organización muy eficaz, aunque sea más débil de lo que aparenta. Por eso, las últimas declaraciones de Teresa May antes de las elecciones son una improvisación. Quien tiene decidido inmolarse no tiene miedo a las leyes vigentes ni a las futuras, se mueve por su propia irracionalidad. Debiera ser más cauta y más sincera con sus conciudadanos, aunque no ha sido capaz ni siquiera de defender al alcalde de Londres. Sorprende que en el centro de este miedo apareciera el patán que faltaba: Donald Trump. En unas patéticas declaraciones criticó al alcalde de Londres, el laborista Sadiq Khan, por pedir a sus conciudadanos que mantuvieran la calma. Trump afirmó que era hora de “dejar de ser políticamente correctos”. Ya sabemos que él es incorrecto por naturaleza pero no se puede jugar alegremente con el temor ajeno.


El lunes siguiente al atentado, Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Bahréin, Egipto y Yemen rompieron sus relaciones con Qatar por su presunto “apoyo a varios grupos terroristas” que pretenden desestabilizar la región, en referencia al DAESH. Desde Qatar se considera injustificada la medida. Según Trump, él es el inspirador de la misma. La verdad es que debiéramos reflexionar sobre esta aparente buena noticia. Muchos expertos en Oriente Medio advierten que esta presión sobre Qatar obedece a una cuestión geoestratégica de Arabia Saudí, tradicionalmente hegemónica en la región en su disputa con Irán. Es decir, hay otros intereses que no son la lucha contra el terrorismo puesto que desde muchos medios occidentales se acusa a Arabia Saudí de financiar la difusión del extremismo islámico en el mundo. Sin olvidar, que Trump acaba de cerrar con Riad un acuerdo de venta de armas por más de 100.000 millones de dólares y que EEUU tiene en Qatar la base militar más grande del Medio Oriente con más de 11.000 soldados. Todo muy contradictorio. Es decir, señor  Trump a lo mejor para luchar contra el terrorismo hay que dejarse de bravuconadas y ser menos hipócritas y más eficaces. Alguien debe extender la inteligencia más allá de sus propias narices.

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¡Viva el circo!
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María Antonia San Felipe | 03-06-2017 | 8:50| 0

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¡Me encanta!, lo reconozco. Por fin, en España va a ocurrir algo extraordinario: va a haber circo y todos los españoles tenemos entrada reservada para la función. ¡Qué vergüenza y cuánta hipocresía! Argumentan los portavoces del PP que el hecho de que los magistrados de la Audiencia Nacional hayan decidido que Mariano Rajoy acuda en persona a declarar como testigo por el caso Gürtel y la financiación irregular del PP es “una rareza” con el fin de montar un “circo mediático”. Entiendo que les moleste ver a Rajoy rodeado de los acusados en el prolongado y presunto latrocinio de las arcas públicas pero debieran procurar no reírse de nosotros en nuestras propias narices.
           Por primera vez desde la restauración democrática un presidente de gobierno, en ejercicio, va a tener que acudir a declarar ante los jueces por la financiación irregular del partido con el que llegó al gobierno en la época en la que él era el Secretario General de la cosa y por tanto el encargado de la maquinaria interna. Es decir que el circo, el inmenso circo de muchas pistas, está instalado desde hace años por los territorios del suelo patrio y ellos han sido quienes se han ocupado de montar las carpas, fichar a los artistas y poner en cartelera el denigrante espectáculo que contemplamos cada día.
           Llevan tiempo mareando la perdiz con el presidente escondido en el silencio o detrás de sus portavoces. Tiene pánico escénico a dar la cara porque su partido y él, según los propios jueces, se han negado a realizar declaración alguna en las instancias judiciales. Nunca sabremos todos los detalles de tan abultado episodio de corrupción pero, al menos, los jueces han decidido darle al pueblo, indignado y harto, una pequeña satisfacción. De esto se trata cuando hay circo, de sonreír con el espectáculo.
           Aunque claro, la función es permanente a poco que observemos el panorama. Mientras nos distraen con cualquier minucia, el gobierno continúa haciendo de las suyas. Ahora están tomando las medidas oportunas para que ni jueces ni fiscales les den ningún disgusto con la investigación de las causas por corrupción que les afectan directamente. Mariano Rajoy quiere tranquilidad. Veamos, Concepción Espejel, fue apartada por sus propios compañeros del caso Gürtel, al igual que Enrique López. Fueron recusados por su manifiesta proximidad al PP y ahora ella es la nueva presidenta de la sala de lo Penal de la Audiencia Nacional y López el flamante titular de la nueva plaza de la Sala de Apelaciones de dicha Audiencia. Es decir, están colocando a sus cancerberos para protegerse y utilizar la justicia en su propio beneficio.
           Del fiscal General del Estado, José Manuel Maza, es ya público que ha maniobrado para auxiliar a altos cargos políticos acusados de corruptelas y por supuesto para el fiscal Anticorrupción, Manuel Moix ya no tengo palabras: el zorro custodiando el gallinero. En el centro de la pista del supercirco judicial que nos ha montado el ministro/malabarista del ramo, Rafael Catalá, apareció de pronto un trapecista dando saltos mortales sobre un pastel gigante de merengue (ya me entienden), era el fiscal Moix que, además de mucha cara, tiene una sociedad en el paraíso fiscal de Panamá y nos ha contado un montón de mentiras. El triple salto mortal debiera llevarse por delante no solo a Moix, que ha caído por el peso de la vergüenza encima del merengue, sino también a quien propició su nombramiento, el ministro de Justicia y a quien lo nombró, el fiscal General del Estado. Las declaraciones del fiscal Maza anuncian que el espectáculo por el control de la justicia por parte del gobierno continúa.
           El presidente del tribunal, Ángel Hurtado, que ha votado contra la comparecencia personal de Rajoy,  dice que “su declaración ni es pertinente ni es necesaria, y además puede ser absolutamente perturbadora”. Lo que resulta terriblemente perturbador es este circo para tratar de impedir que la justicia haga su trabajo mientras se protege la impunidad por interés político. Rajoy que es el jefe del circo sigue escondido, pero ya saben: o cerramos el circo o !viva el circo!

moix

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.