La Rioja
img
Autor: Kavafis
El triunfador y el don nadie
img
María Antonia San Felipe | 06-01-2012 | 12:28| 0

 

Rodrigo había nacido en una familia bien de toda la vida, nieto de político e hijo de empresarios asturianos había estudiado en jesuitas, obtenido su licenciatura en Derecho y un Máster por la Universidad de California. Llegó a la política de la mano de históricos dirigentes de una formación conservadora y tras los éxitos de su partido llegó a ser vicepresidente y ministro de economía del gobierno de España. Aunque todo el mundo creía que sucedería al entonces presidente del gobierno, no fue designado para ello y terminó siendo director gerente del Fondo Monetario Internacional. De pronto, Rodrigo dejó tan importante institución justo cuando se estaba fraguando el tsunami económico que todavía perdura y sin que los gabinetes de análisis del FMI, que él dirigía, nos advirtieran de la que se avecinaba (o simplemente lo ocultaban, eso sólo Dios y él lo saben). Sin dar explicaciones públicas y sin concluir su mandato Rodrigo hizo la maleta y se vino a España. Con la ayuda de sus múltiples contactos, fue incorporándose a tareas, siempre bien retribuidas dados sus “reconocidos méritos”, en diversas entidades financieras. De pronto, accedió a la presidencia de Caja Madrid en una operación de navajeo político cuyas heridas todavía perduran. Fue un espectáculo poco edificante cuando muchas voces clamaban por la necesidad de despolitizar las cajas de ahorro en aras de la eficacia. En esos momentos los españolitos de a pie, simples mileuristas la mayoría, teníamos que prestarles (sin participación en beneficios) respiración asistida a esas cajas de dudosa gestión con un instrumento que denominaron FROB y que significa que, con nuestros impuestos, los sacamos del atolladero en que se habían metido ellos solitos tragando “ladrillo con expectativas de recalificación” a borbotones. De allí, Rodrigo accedió meteóricamente a la presidencia de Bankia tras la fusión (no sabemos si caliente o fría) de siete cajas de ahorro.

Alberto, sin embargo, había nacido de una familia modesta y estudió con aplicación toda su vida. Mientras se licenciaba en Matemáticas trabajaba en el Telepizza para ayudar a pagar sus estudios. Cuando obtuvo su sudado título, sus amigos, que habían abandonado los estudios y no habían conseguido terminar la secundaria, trabajaban en la construcción y se compraban cochazos de infarto. Alberto casi no salía los fines de semana porque sólo disponía de las cuatro perras que le pagaban en una subcontrata de una compañía de telefonía móvil y se dedicaba a estudiar oposiciones. El año en que empezó la crisis Alberto aprobó con nota alta y comenzó a dar clases en un instituto. Poco tiempo después le rebajaron el sueldo un 5%, pero él estaba contento ya que trabajaba en lo que le gustaba. Sus amigos Javier y Cholo se habían quedado en el paro y no podían ni pagar el seguro del BMW, pero eso le entristecía porque dentro de poco también se les acabaría el paro. Este año le van a volver a congelar o a bajar el sueldo y piensa con resignación que hay que ayudar a salir de ésta. No obstante, Alberto está harto de escuchar que los funcionarios son unos vagos, que tienen trabajo de por vida, que son unos incompetentes y, si escuchas a algunos, parecen los culpables de la crisis. Esta mañana, Alberto leía que este año los directivos de las cajas de ahorro rescatadas con fondos públicos han cobrado 80 millones de euros. Ha visto, con asombro, que nuestro amigo Rodrigo ha cobrado 2,3 millones, sin contar extras. Alberto recuerda que el recorte salarial y la congelación de sueldo a los funcionarios supuso un ahorro de 4.500 millones y que la cantidad que ha recibido del FROB la matriz de Bankia que dirige Rodrigo asciende a 4.465 millones. A Alberto que enseña matemáticas y a mí también nos parece que ambas cantidades son equivalentes. Hoy Rodrigo es admirado y se le considera un triunfador. Alberto está claro que es un don nadie, un puñetero funcionario que se merece que le bajen el sueldo. Ya saben ustedes que el que tiene padrinos jamás se ahoga en la pila.

Ver Post >
El año que matamos a Bin Laden
img
María Antonia San Felipe | 30-12-2011 | 10:25| 0

Termina el año en que Bin Laden, el inspirador del atentado más sanguinario de la historia, cayó ejecutado a manos de las fuerzas especiales de los EEUU. Ya casi no nos acordamos, así es este mundo en el que vivimos. Las urgencias de hoy ocultan las prioridades de ayer. No hay duda de que fue una acción rápida y eficaz aunque muy alejada de la ejemplaridad moral exigible a “los buenos”, nadie llora la muerte de un asesino pero la venganza fue bendecida con nuestro silencio.  Por eso, este año en que prescindimos de Bin Laden, cabe preguntarse en voz alta si vamos a ser capaces de regenerar la grandeza del cuerpo ideológico que la aprobación de la Carta universal de los derechos del Hombre, tras la segunda guerra mundial, supuso para el progreso de la humanidad.

Hace tiempo que no reflexionamos sobre principios porque la ausencia de ellos parece haber penetrado hasta la médula de nuestra organización social. Recordemos que 2011 se inició con el manifiesto de Stéphane Hessel predicando la santa indignación. Sus palabras promovían una forma de rebelión contra el continuo aplastamiento de nuestros derechos perpetrado por las viejas fuerzas del capital que, tengan el rostro que tengan y se llamen como se llamen, son el lado oscuro que siempre ha dominado el mundo desde el origen de los tiempos. Son nuevas formas de totalitarismo que buscan nuestra sumisión y por eso es necesario atacarlas con la misma energía que sus contemporáneos combatieron el nazismo o el stalinismo. No deja de sorprender que en esta sociedad, tan proclive a ensalzar la frivolidad, hayan sido dos nonagenarios, Stéphane Hessel y José Luis Sampedro, los que hayan iluminado con sus discursos el camino a una nueva generación de resistentes.

Sin embargo, antes de que las calles europeas se llenaran de indignados, los jóvenes tunecinos se ocuparon de derrocar la cleptocracia que los gobernaba ante la perplejidad de Europa. Con algo más de resistencia, cayó Mubarak y para acabar con el excéntrico Gadafi fue necesaria una guerra con apoyo occidental. No hay que olvidar la revolución yemení, las protestas en Jordania, Argelia, Marruecos y la terrible situación de Siria, cuyo tirano no se da por vencido ante la vergonzante actitud de Occidente. Al terminar 2011, la enorme esperanza que estos movimientos generaron se ha tornado en creciente decepción. En Egipto y en Libia se aplica la sharía, la ley islámica, como principio rector del cuerpo legal de los nacientes estados salidos de la fuerza de la revolución y muchos nos preguntamos ahora si no será peor el remedio que la enfermedad. El tiempo lo dirá.

En España, el año 2011 va a terminar con la impronunciable cifra de cinco millones de parados, no es de extrañar que el pesimismo sea la nota dominante hoy por hoy en la sociedad española. Los jóvenes más formados se apresuran a salir de España,  avocados al subempleo no es de extrañar que cojan sus títulos y sus másteres y emigren, como un día lo hicieron sus abuelos. Los que peinan canas y han perdido su empleo tienen todavía peor futuro y los abuelos acogen a hijos y nietos bajo el paraguas de su exigua jubilación. Ante este panorama la corrupción pública comienza a resultar intolerable tras haber sido consentida por quienes eran encargados de combatirla. Hasta el Rey, se ha visto obligado a proclamar lo obvio: que todos somos iguales ante la ley.  ¡Ojalá que así sea! Se vuelve a hablar de la honradez, la honestidad y el esfuerzo como valores que deben fomentarse en esta sociedad, al fin y al cabo estos son los principios que inspiraron el quehacer de nuestros padres y abuelos, porque ellos otorgan la dignidad que no procura el ejercicio de la delincuencia de guante blanco por mucha opulencia que proporcione. Ya lo decía mi abuela: pobres pero honrados, que más vale honra sin barcos que barcos sin honra. En fin, lancémonos al polvorón y al cava y brindemos porque 2012 nos haga olvidar para siempre a su antecesor.

Ver Post >
Sonrisas y lágrimas
img
María Antonia San Felipe | 23-12-2011 | 10:15| 0

 

A punto de sentarnos a la mesa de Nochebuena es conveniente pensar en cosas ligeras. Es decir, si nos viene a la cabeza la puñetera e inolvidable crisis puede que los langostinos se nos atraganten. Si nos asaltan las meninges los merecidos improperios que se merecen los que ocasionaron el desaguisado, es posible no sólo que se nos indigeste la cena sino que incluso se nos acelere un cólico nefrítico. Así que es conveniente distraer nuestros pensamientos, por ejemplo, con las tragicomedias que la prensa nos ha deparado en las últimas fechas.

Estos días hemos visto en la pantalla televisiva la singular representación del gran actor de reparto, Francisco Camps. Tan asombroso personaje ha protagonizado, con gran despliegue de gestos y con vestuario impecable, la comedia titulada “Trajes a medida”. No hay duda que hoy la crítica tiene una opinión unánime, hasta los más generosos consideran que su actuación ha resultado no sólo arrogante sino incluso patética. Poco importa, si fueron uno o veinticinco los trajes que la trama Gürtel pagó a Camps, lo que ha quedado claro ante la opinión pública es la cara tan dura que gastan los personajes encausados. Hoy sabemos que el expresidente, además de dejar a la Comunidad valenciana al borde de la bancarrota, ha hecho gala de una ilimitada desvergüenza en el transcurso del juicio.

Los detalles en la vida son importantes, por eso, a Camps (talla 54 de americana y 48 de pantalón) los trajes se los hacían con “ceñidor central”. Yo sabía que existían los miriñaques (cosas de mujeres), pero no sabía que se habían inventado los “ceñidores centrales” (cosas de hombres), modelo que utiliza con soltura el actor de teatro Paco Camps. Éste considera que un dirigente político debe ir bien vestido para agradar a sus conciudadanos que, de un modo u otro, pagan sus trajes. De gran interés ha sido también conocer como su amigo Ricado Costa, secretario general del PP valenciano, cuando quería comer kaviar o comprarse un reloj, llamaba a Álvaro Pérez, “el bigotes” para que se los consiguiera en vez de dirigirse, como cualquier mortal, a una tienda especializada en delicatessen o a una relojería. En fin, que para Nochebuena pueden ustedes llamar al “amiguito del alma” de Paco Camps para que les haga la compra, que ya veremos luego quien paga la factura. Hablando de facturas, es evidente que Camps evitó pagar sus trajes pero lo que no podrá eludir es la inmensa pérdida de credibilidad que su desvergüenza le ha ocasionado. Si ya me lo tiene dicho mi madre: ¡hija, que lo barato, siempre resulta caro!

Como hablo de teatro, me paso, sin más, al segundo acto. Entre las cosas sorprendentes de la semana, no puedo obviar comentarles la reacción que el fallecimiento del dictador norcoreano Kim Jong-il  ha ocasionado entre su pueblo. Para empezar, la muerte de tan inefable déspota fue ocultada hasta que el ejército consideró conveniente anunciar que “la fatiga física” había sido la causa de tan inconmensurable pérdida. Está claro que un líder, inefable guía de su sufrido pueblo, no puede morir de cosas vulgares como un infarto u otras enfermedades del vulgo. Asumida la pérdida, el ejército acongojó una vez más al pueblo anunciando lacrimosamente el acontecimiento y los occidentales hemos visto, con asombro, como ostentosamente se puede llorar sin derramar una sola lágrima pero asemejando que se acerca el fin del mundo. En fin, una muestra más de que la hipocresía guarda la viña, ya que, para sobrevivir en uno de los países más pobres de la tierra, primero hay que hacer la pelota al padre y después al hijo. Así es el miedo. Queridos lectores, FELIZ NAVIDAD.

Ver Post >
A los Amigos de la Historia de Calahorra, gracias
img
María Antonia San Felipe | 19-12-2011 | 10:28| 0

 

Escribir un libro es siempre una aventura y mucho más cuando el proyecto trata de salir adelante con más ilusión que medios. Ese es el reto que durante dos años ha tenido inmersa a la Asociación de Amigos de la Historia de Calahorra. Sus integrantes, en especial su junta directiva, han impulsado el nacimiento de un libro de Calahorra que abarcara su historia desde sus orígenes a nuestros días adaptado en su elaboración a las nuevas tendencias de la historiografía actual.

 Para conseguir hacer realidad este objetivo contactaron con investigadores y profesores especialistas en cada período histórico que se comprometieran a realizar su trabajo casi en un tiempo record para tan amplia empresa. Coordinados por José Luis Cinca y por Rosa González Sota un buen número de historiadores nos pusimos  a trabajar y ayer fue el día en que el sueño se hizo realidad.

 Ayer pudimos, por fin, tener el libro en nuestras manos escrito y maquetado con enorme ilusión e ilustrado con gran calidad. Creo que el fruto del trabajo realizado a contrarreloj y quitando horas al sueño por los comprometidos en tan interesante apuesta es lo suficientemente digno para que resulte del agrado de los calagurritanos.

 Es bueno resaltar que en su financiación han participado varias empresas de Calahorra que han aportado lo suficiente para que el proyecto no se fuera a pique desde el comienzo. No obstante, es bueno que sepan ustedes, que ahora el futuro económico de la Asociación de Amigos de la Historia de Calahorra depende de que los calagurritanos participen adquiriendo ejemplares para disfrute propio o para regalarlo a amigos y familiares. En estos tiempos difíciles en los que vivimos, creo que merece la pena apoyar a aquellos que se esfuerzan en hacer realidad proyectos culturales ambiciosos, sin el apoyo económico de ninguna administración, a base sólo de la generosidad altruista de los participantes.

 Me dirán que no hago sino propaganda de un libro en el que he participado y que no soy objetiva porque soy parte interesada. Es cierto, he contribuido escribiendo un capítulo de esta Historia de Calahorra, pero también quiero confesarles que este libro ha sido posible por el empeño que José Luis Cinca y Rosa González Sota han puesto para que el barco no se fuera a pique. Creo que ellos y sus compañeros de junta directiva son los que, con una generosidad enorme poco habitual en este mundo materialista, han conseguido que al final este libro haya sido posible. Yo me siento contenta de que me hayan permitido participar en este historia de mi ciudad y sólo les transmito el deseo de que ustedes se entretenga leyendo el libro tanto como hemos disfrutado nosotros haciéndolo realidad. Mi agradecimiento a la Asociación de Amigos de la Historia de Calahorra y ¡ojalá! que los calagurritanos sepan recompensarles, se lo merecen.

Ver Post >
Lo que el rey sabe pero su yerno no
img
María Antonia San Felipe | 16-12-2011 | 10:05| 0

      El Rey es rey, pero intuye a los españoles, porque Juan Carlos I no sólo conoce la historia, sino que seguramente ha aprendido de ella. El Rey es consciente de que cuando su abuelo Alfonso XIII sufrió ataques de antiparlamentarismo y se alejó progresivamente de lo que sentían la mayoría de los ciudadanos de su Reino, la institución entró en picado con tanta rapidez que, como todo el mundo sabe, se acostó monárquica y se levantó republicana una mañana de abril de 1931. Alfonso XIII, salió de España, como él mismo declaró a ABC, consciente de que no contaba con el amor de su pueblo. Por eso don Juan Carlos, que había sido elegido por Franco para heredar su dictadura, supo, nada más perder de vista al padrino, que su primera tarea consistía en recuperar el amor de ese pueblo que en su día perdió su abuelo. Presintió, con meridiana claridad, que España no podía quedar fuera de la que siempre fue su posición europea En el año 1975, fecha en que se restauró la monarquía en su figura, toda Europa gozaba de regímenes democráticos alejados de los totalitarismos que surgieron en los años treinta. Ni España debía quedar aislada ni él podía ser un apestado en Europa tras la tragicomedia protagonizada en 1981 por militares golpistas, añorantes de una dictadura anacrónica que había pervivido vulnerando los derechos fundamentales de los ciudadanos. Pocos dudan que su comportamiento el 23-F convirtió a muchos republicanos en juancarlistas, aunque no en monárquicos. Así, con la tolerancia y aceptación de muchos republicanos la monarquía constitucional arraigó en una sociedad, hambrienta de democracia, que aparcó sine die la discusión sobre el tipo de jefatura del estado más conveniente a los españoles.

     El Rey sabe todo esto y también sabe que la historia enseña que, en un tris, la tortilla puede dar la vuelta si la imagen de la monarquía continúa su deterioro. Don Juan Carlos tampoco desconoce que heredar las jefaturas del estado es una reminiscencia anticuada y obsoleta en los tiempos que corren y que si el ciudadano se siente defraudado con el papel de la monarquía puede, soberanamente, optar por tener un Jefe de Estado elegido democráticamente como en Francia, Alemania o los EEUU. Que el Rey sabe todo esto es evidente, pero parece que su yerno, el deportista guapo y alto que todas las madres soñaban para sus hijas, no sabe nada de los riesgos que conlleva el abuso de una posición relevante en la mentalidad y en la paciencia, cada día más irritada, del vulgo. Urdangarín llegó a palacio y decidió utilizar su posición de advenedizo de la casa real para engordar fortuna y patrimonio. Su frase preferida en materia de negocios era: -Si yo estoy, los demás entrarán. Y entraron, claro que entraron. Nadie debe sorprenderse, este es un país en el que se buscan padrinos para todo y especialmente para forrarse a costa del erario público.

     Si la Casa Real ha dicho que no considera ejemplar el comportamiento de Urdangarín y que éste deberá defenderse por sus propios medios, es porque el propio Rey así lo cree y si esa es la consideración de su majestad, fíjense ustedes como debe ser la nuestra. El yerno, antes ejemplar y hoy repudiado, se ha convertido en una bomba de relojería que corre el riesgo de dinamitar la imagen del Rey, pero sobre todo la de su sucesor, menos legitimado y querido que don Juan Carlos. Debiera tener cuidado Urdangarín de contar, por boca de su abogado, que está indignado y que la ejemplaridad la da la ley. A estas alturas de la película, todos sabemos que hay cosas que son legales en este mundo hipócrita y materialista pero que son un escándalo, una vergüenza o una inmoralidad sin paliativos. Puede que Urdangarín no sepa distinguir, pero su suegro sí y por ello es consciente de que si no frena la hemorragia a tiempo, la ciudadanía puede libremente decidir que la Jefatura del estado no se hereda y que prefieren gritar: ¡viva la República! Esto es lo que el Rey sabe pero su yerno no.

Ver Post >
Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.